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viernes, 28 de febrero de 2020

¿Y qué tipo de lector de LIJ eres tú? 12 años de blog



Señoras y señores, ¡hoy cumplo 12 años en la red! La docena, ni más ni menos. Nadie hubiera puesto la mano en el fuego por mí pero todavía sigo aquí dándoles la murga, reseñando lo que puedo (este año está siendo muy ajetreado y tengo poco tiempo) y hablando de lectura y libros infantiles.
Hay quien dice que los blogs hace tiempo que murieron. Yo no hago ni caso. Este sigue más vivo que nunca. No sé si gracias a las redes sociales o a mi verborrea caustica, pero el caso es que sigo poniendo ladrillos a esta casa de monstruos lectores por si acaso un día hay que buscar un refugio.
Sí. He organizado una exposición virtual, he hablado de política en la literatura infantil, de protagonistas con gafas, también de pelirrojos, de tipos de librerías, de la censura en los libros para niños, de la muerte en los libros infantiles, de filatelia y LIJ, de álbumes pop-up, de flip-books… He hablado de tantas cosas que cuando me he levantado esta mañana he dicho: “Román, ¿y cómo pijo vas a celebrar tú este doceavo aniversario?” Yo venga darle vueltas a la cabeza y nada, todo eran clichés muy manidos...
Aburrido, finalmente he cogido el “García Rollán” (uno de esos tochos de botánico venido a menos) para cotejar una especie, y se me ha encendido la bombilla. “Y si hicieras una clasificación de los tipos de lectores adultos de literatura infantil, ¿qué categorías incluirías?”
Me ha parecido una idea bastante chistosa esta de la taxonomía, más que nada porque mientras le daba a la manivela se me venían a la cabeza montones de seguidores, de amigos LIJeros y de conocidos que podían pertenecer a una u otra tipología.
De esta manera he llegado a completar doce (una por cada año de existencia) y aquí las tienen, para que se vean reflejados en ellas (yo me veo en muchas a la vez), para que disfruten y se echen unas risas a costa de ustedes mismos, de todos los monstruos que disfrutamos de la literatura infantil y juvenil, y sobre todo, para que me acompañen mientras soplo las velas de una tarta que merece ser compartida un año más.
¡Muchísimas gracias por seguir ahí!


 TIPOS DE LECTORES ADULTOS QUE LEEN
 LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

1. Lector por daño colateral. En esta primera categoría se incluyen a todas esas madres, padres, maestros y público en general que jamás se interesaron por los libros para niños hasta que un día tuvieron que acompañar a sus críos a la biblioteca o contarles un cuento gracias al empeño de la directora de turno y, sin saber cómo, quedaron envenenados por la literatura infantil. Son peligrosos, con tendencias adictivas y pueden mutar en el resto de tipologías aquí descritas. Con frecuencia sus hijos acaban aborreciendo los libros infantiles y se suelen avergonzar de ellos en público.

2. Lector ñoño. Se adscriben a ella todos aquellos lectores adultos que por una extraña razón sienten una atracción irremediable hacia las historias empalagosas en las que el amor paternal, el buenismo, lo emotivo y el amaneramiento abundan. Son muy numerosos en puertas de colegio, clases extraescolares y fiestas de cumpleaños. Sienten debilidad por libros con tapas color pastel, preferentemente de color rosa o azul. Todavía se sigue estudiando el origen de esta cuasi-patología que probablemente tenga que ver con una concepción sobreprotectora hacia la infancia.

3. Lector coleccionista. Entre estos se incluyen a todo tipo de personas que sienten una atracción sistemática por adquirir y atesorar libros, sobre todo aquellos que incorporan sugerentes ilustraciones o trabajados engendros móviles en sus páginas. Tratan al libro, sobre todo al álbum, como un oscuro objeto de deseo que hay que mimar y cuidar. Su manía por la correcta conservación de los volúmenes les lleva a comprar estanterías y soportes de exhibición cada dos por tres. Esta adicción puede ocasionar el divorcio y/o la bancarrota.

4. Lector utilitarista. Siempre buscan una utilidad a cualquier libro para niños que cae en sus manos. Los libros sirven para enfrentarse a la timidez, para hablar de feminismo, o para contar hasta tres. Da igual el argumento, el lector utilitarista estirará del hilo hasta conseguir su objetivo. Desarrollan actividades de todo tipo con recursos variopintos, bien para reforzar la idea primigenia del libro, bien para ensalzar cualquier otra que no tenga nada que ver con ella. Se relaciona con cierto síndrome didáctico.

5. Lector temático. Es un tipo de lector de libros infantiles que se rige por las modas. Si se llevan los libros sobre emociones, llena la casa de estos, si más tarde le llega el turno a los informativos, es capaz de comprar todos los que encuentra en los grandes almacenes. No se rige por un gusto estético determinado, solo por su ingesta masiva y sus tendencias exhibicionistas. Tiene lazos de parentesco con el lector utilitarista y el coleccionista, aunque este tipo de hibridación no es frecuente.

6. Lector sectorial. La literatura infantil es su ámbito laboral. A él se adscriben otros subtipos como el lector escritor, el lector ilustrador o el lector editor. Se dedica a darle vida a los libros para críos. Son bastante exigentes y buscan la innovación literaria, valoran la experiencia estética e intentan dar una vuelta de tuerca a la lectura. Es frecuente encontrarlos en corrillos junto a lectores prescriptores mirando por el rabillo del ojo a lectores ñoños y utilitaristas.

7. Lector hedonista. Lee lo que le viene en gana. Aunque tiene sus preferencias bastante claras está abierto a todo tipo de sugerencias. Álbum, narrativa, cómic… Suele seguir las tendencias y las novedades del mercado. De amplia sonrisa, se deja aconsejar. Acude a bibliotecas y librerías con frecuencia. Lee para darle gusto al paladar. Es muy disfrutón y vive ajeno a poses elitistas y otras chanzas de poder.

8. Lector prescriptor. Lector voraz cuya máxima es valorar y clasificar lecturas de primera mano. Bibliotecarios, libreros y algún que otro especialista intentan dar cabida a buenas lecturas en sus bibliotecas. Rescatan libros expurgados y se abalanzan sobre las librerías de viejo. No siempre dejan sus prejuicios a un lado. Son bastante disciplinados e intentan equilibrar la balanza de la lectura. Quien tiene un lector prescriptor como amigo, tiene un tesoro. Hazte con uno pronto o tu mesita de noche puede convertirse en un estercolero.

9. Lector académico. Lectores de aire refinado que pululan en los pasillos de escuelas de magisterio, universidades e instituciones afines. Diseccionan cualquier libro que pillan entre las manos, y hurgan en los intereses y miserias de los pequeños lectores. Sonreír poco y exhibir cierta soberbia intelectual son dos de sus rasgos definitorios. Acostumbran a camuflarse entre los lectores profesionales y los lectores prescriptores. Por todos es conocida la épica batalla entre lectores académicos y lectores ñoños.

10. Lector fanático. Son entusiastas a rabiar. Si dos de estos lectores se encuentran, que Dios pille confesado a quienes los acompañe. Que si has leído este libro o este otro, que si Jon Klassen u Oliver Jeffers. No se cansan, nada puede pararlos. Atesoran un bagaje tan grande sobre libros y lecturas para infantes que son verdaderas enciclopedias andantes. En exceso pueden perjudicar gravemente la salud. Lástima del que se encuentre con uno de ellos en la librería infantil de turno.

11. Lector influencer. Nacidos al amparo de la burbuja de la LIJ de los últimos años, estos lectores tienen una clara vis mediática. Bloggers, booktubers y bookstagramers se deshacen en elogios sobre la LIJ, bien para potenciarla, bien para obtener visibilidad y/o beneficios a través de campañas y publicidad (N.B.: A estos hay que cogerlos con pinzas). Fotografías, vídeos y reseñas de todo tipo de libros ponen la nota alegre en eso de la mediación lectora, no sea que los lectores académicos aburran a las piedras.

12. Lector fetichista. Sienten fijación por obras concretas de la LIJ y algunos personajes de ese universo. Clásicos y no tan clásicos, este tipo de lectores se pirran por Peter Pan, Dorothy, Pomelo o Tom Sawyer. Sapo y Sepo, Harry Potter, Alicia, Mary Poppins o el Max de los monstruos son los alter ego infantiles de muchos lectores adultos que los internalizan hasta cotas insospechadas. Compran todo el merchandising, ven todas las versiones cinematográficas e incluso se disfrazan de ellos. El clímax de la locura lectora, vaya.

jueves, 10 de mayo de 2018

Instagram y la mediación lectora. Una selección de bookstagramers.



El pasado sábado se celebraron las V Jornadas sobre Bibliotecas Escolares y Planes de Lectura de Albacete, un encuentro entre los docentes que nos dedicamos a promover esto de la lectura en niños y jóvenes, promovido por el Grupo Colaborativo de Bibliotecas Escolares de la provincia de Albacete y secundado por el Centro Regional del Profesorado de Castilla-La Mancha. Acompañados por bastantes bibliotecarios municipales y dos excelentes ponentes, Ana Garralón y Pep Bruno, además de aprender unos de otros, más de ochenta colegas de profesión pasamos el día compartiendo experiencias y puntos de vista sobre el verbo leer.
Como sé que muchos de ustedes se han interesado por todo lo que allí se habló (les aseguró que algunas propuestas de trabajo fueron muy interesantes) y no sé hasta qué punto dichas comunicaciones estarán disponibles o no, me he decidido a traer aquí la mía, una que llevaba por título Instragram o cómo atrapar lectores potenciales en la red social de moda. Dándole un par de vueltas y teniendo en cuenta que aquí no tengo límite temporal, la he re-estructurado en dos partes para facilitar su lectura y comprensión por esta vía.
Espero que la disfruten, les plantee preguntas y les sea útil, pero antes de entrar en harina me gustaría dar las gracias a José Manuel, Gela, Fuensanta y tantos otros que forman parte de esta conspiración albaceteña de mediadores de lectura y que han depositado su confianza en otros compañeros de profesión, como el monstruo aquí firmante, para compartir sus locuras con los libros.


Instagram, unas consideraciones orientadas a la mediación lectora

Instagram es la red social que más ha crecido en los últimos años. Con alrededor de ochocientos millones de perfiles activos a diario se perfila como una de las redes sociales con más proyección a la hora de aupar iniciativas, no sólo comerciales, sino también culturales. Si a ello unimos que la mayor parte de sus usuarios son jóvenes entre 15 y 35 años y que alrededor de un 20% de estos confiesan que es su red social favorita, no debemos desestimar este espacio de intercambio virtual como una herramienta para aupar el hábito lector entre aquellos estudiantes que la utilizan de manera directa.
De entre todas las características intrínsecas de esta red social, sus usuarios destacan sobre todo la positividad del formato, en contra de lo que ofrecen otras redes sociales como Facebook o Twitter, donde la forma de desarrollar los contenidos es menos directa, los contenidos no son del interés de esta franja de edad, y el mensaje final se adscribe a otras esferas donde abunda la impostura. Estemos de acuerdo o no, debemos considerar que esta percepción del usuario puede facilitar una relación igualmente positiva con los contenidos que alberga esta red social, por lo que deberíamos considerar una prioridad que los libros y la lectura estén presentes en ella y circunscribirlos a uno de los entornos comunicativos en boga. Si a ello añadimos que el vínculo que los lectores establecen con los libros tiene un gran componente emocional, sería interesante utilizar estas sinergias a la hora de aupar la relación de estas generaciones con el acto lector.
En segundo lugar debemos de tener en cuenta que Instagram está ideado para uno de los soportes con los que más interactuamos diariamente, el teléfono móvil (N.B.: Tanto es así que las imágenes y vídeos pierden calidad al visionarlos en otros como la tablet o el ordenador), y por tanto es una de las redes sociales más visitadas hoy día, algo que sigue ayudando en la interacción de los usuarios con los contenidos de la misma.


A estas dos premisas hay que unir una tercera que considera que la forma de relacionarse de nuestros alumnos pasa inevitablemente por las tecnologías de la información y la comunicación, el teclado o la interfaz de usuario. Son nativos digitales, se desenvuelven perfectamente en el mundo de internet, de los buscadores o el software (realidad que tenemos que asimilar aquellos que no lo somos). Esto ha servido para que muchos autores como Felipe ZayasJosé Rovira Collado, consideren que el uso de las nuevas tecnologías sea un arma eficaz para adquirir destrezas de lectura, así como incide positivamente sobre otras estrategias de mediación lectora, como por ejemplo los clubes de lectura.
Por último llamo su atención sobre el hecho de que niños y jóvenes se hallan inmersos en las redes sociales desde muy jóvenes. Y son esos espacios virtuales que utilizan para comunicarse entre sí y con parte del mundo que les rodea, esos lugares de intercambio habitados por gente variopinta, los que podrían formar parte del acto lector social o comunitario al que se han referido estudiosos como Michèle Petit y sobre el que se fundamenta lo colectivo de la literatura, una experiencia que puede partir de lo coral.



En mitad de este panorama nacen los bookstagramers, jóvenes más o menos anónimos que, sin ser especialistas en mediación lectora, desarrollan diferentes estrategias que congregan a multitud de seguidores de corta edad en torno a los libros y sobre las que merece la pena detenerse, más todavía cuando estas iniciativas son mejor valoradas por el público lector potencial que las de otros perfiles profesionales o bitácoras, institucionales o personales, que cuentan con un gran número de seguidores en otros formatos y redes sociales pero no alcanzan notoriedad en esta.


A pesar de todos estos pros con los que supuestamente contarían estos bookstagramers, son muchos los sectores de la mediación lectora que no ven en ellos un acicate para la creación de nuevos lectores y mucho menos lectores competentes reales por diversas razones entre las que se cuentan:
- que la mayor parte de las sugerencias de lecturas se adscriben al universo paraliterario lo que supone dudas sobre su formación y compromiso literario,
- que quedan patentes intereses comerciales en muchos de ellos
- que se busca la trascendencia de lo efectista en detrimento de una experiencia estética,
- y que la palabra, ese invento sobre el que descansan lo literario y la lectura, queda relegada a un segundo plano en una red social en la que prima la imagen.
Si bien es cierto que no debemos obviar todos estos peros, también hay que hacer una llamada de atención sobre que, tanto los bookstagramers, como los booktubers, constituyen los mayores ejemplos conocidos de mediación lectora entre iguales, un tipo de mediación poco habitual ya que tradicionalmente en estos procesos ha primado el modelo intergeneracional. Es a través de ellos cómo el libro adquiere un carácter de vínculo entre multitud de jóvenes de diferentes procedencias, constituyendo así una comunidad en la que todos se sienten parte activa y donde pueden compartir una experiencia de lectura, un vínculo nada desdeñable teniendo en cuenta la gran capacidad de influencia que todos tienen sobre el resto a la hora de leer.


Tras desgranar este contexto y en lo que se refiere a perspectivas futuras sobre el papel de la mediación lectora en Instagram, podemos apuntar a tres conclusiones/líneas de trabajo:
a. Supone un reto para los mediadores de lectura formados lanzarse a estas plataformas digitales y aupar el objeto libro y sus visiones literarias desde una perspectiva profesional.
b. Igualmente se deberían fomentar aquellos perfiles que puedan contribuir a la pluralidad en lo que a sugerencia de lecturas se refiere, y por tanto empujar a los usuarios inmediatos hacia una educación literaria real y no a los clichés y convencionalismos que tanto abundan en esta red social.
c. Por último, sería deseable una mayor presencia de los profesionales de la mediación lectora en este tipo de foros para velar por la calidad de los contenidos y una diversidad de espacios adecuada a los lectores y otros mediadores, de manera que la literatura no se viera subyugada a otros intereses.



Buenos bookstagramers: características y selección

Teniendo en cuenta el contexto anterior y partiendo de mi propia experiencia con Instagram a partir de la cuenta que Donde Viven Los Monstruos LIJ tiene en esta red social @dondevivenlosmonstruosblog , he creído conveniente hacer una serie de consideraciones que les pueden servir como guía a la hora de seleccionar a bookstagramers cuya labor sea notable en pro de los libros y la lectura, ya que no todo consiste en colocar a tíos/as buenos/as con un libro en las manos haciéndose los interesantes (hay Instagram más allá de los it-boys/it-girls). He aquí algunas de las características en las que yo me detendría…



Contenidos generales

-Diversidad:
Es importante que, siguiendo la línea temática a la que se adhiera el perfil, se conjuguen diferentes tipos de contenidos que desarrollen un nexo común. Si mi perfil trata sobre LIJ es importante prestar atención a novedades y clásicos, a diferentes formatos como el libro-álbum, la novela, el cómic o el libro de conocimientos, presentaciones de libros, lugares comunes, etc. Es decir, constituir un espacio digital donde la diversidad de contenidos preste una función lúdica e informativa.

-Intertextualidad/Interdisciplinariedad:
Teniendo en cuenta los déficits con los que cuenta esta red social, urge buscar sinergias entre la literatura y el mundo que nos rodea a la hora de atrapar lectores. Poner en relevancia elementos visuales y textuales que tienen que ver con la literatura, buscar una contextualización que no sólo parta del aspecto estético, sino que abrace a la obra que presentamos o buscar detalles que puedan generar un debate, pueden ser armas más que interesantes.

-Interactividad:
Comentarios públicos o privados, invitados, sugerencias recíprocas, sorteos, retos, encuestas, peleas de gallos o emisiones en directo son puntos fuertes de esta red social por la que fluye la comunicación de una forma más instantánea que en otras, y que un buen bookstagramer debe usar en caso de necesidad (también es interesante no abusar) para interaccionar con el resto de personas que configuran su comunidad de seguidores.

-Regularidad/Inmediatez:
No debemos olvidar que estos lugares son bitácoras y que permiten estar al día, no sólo de novedades editoriales, sino de temas de actualidad literaria, celebraciones en torno a los libros, presentaciones y otras actividades, es por ello que mantener un ritmo constante de publicaciones y estar al tanto de lo que sucede, ayuda en un buen bookstagram.



Contenidos específicos

-Gráficos:
Por un lado tenemos las imágenes, que para mí, deben tener tres requisitos fundamentales: ser originales, creativas y estéticas (Nota: No debemos olvidar que Instagram nació como una red social para amantes de la fotografía y este punto es esencial). Si además de esto, se relaciona con el libro de alguna manera (no es una árida imagen publicitaria) y sugiere otros discursos, mejor que mejor. Los amantes de las literaturas gráficas sabemos que las imágenes pueden decir muchas cosas por sí solas, y en la mano del bookstagramer está el buscar detalles, coincidencias, inspiración, curiosidades o incluso erratas que den valor a la obra sobre la que se habla. En algunos casos efectistas, en otros con menos fuegos de artificio, pero el caso es llamar la atención de los seguidores sobre esa imagen y presentar la obra de un nuevo modo, sin pasar desapercibida.
Por otro lado tenemos los vídeos en los que, además de las características anteriores, yo añadiría la de ser sintéticos (existe la limitación temporal en los de la bandeja de entrada) y estar bien editados.

-Textuales:
Reseñas, resúmenes, citas,  referencias bibliográficas, datos de interés, contenidos relacionados con la imagen, opiniones, enlaces y hashtags, son detalles que no se le pueden escapar a un buen bookstagram, más todavía cuando lo que intentamos inculcar es el gusto por la palabra, por la lectura, y de esta manera también aupamos la lectura instrumental a través de hipertextos.


Y teniendo en cuenta estas premisas (siento no tener tiempo para un análisis más exhaustivo y objetivo), llego a unos cuantos bookstagramers que, aunque no recojan todas ellas en cada uno de sus perfiles, pueden ejemplificar varias y sirven como orientativos a la hora de seleccionar/recomendar un bookstagram aceptable. Animándoles a seguirlos y de activar las notificaciones para cada uno de ellos (incluido el mío, jejeje), les dejo con mi selección particular donde abundan -¡cómo no!- los dedicados a la literatura Infantil y Juvenil.


Parejas de buenas lecturas y helados con buen criterio.


Guardas, tapas y camisas de álbumes con mucho que decir.


Estanterías y librerías a rebosar de libros.


Una bitácora excelente de libros para niños y gente que gusta de serlo


Buenas lecturas teatralizadas e interpretadas en imágenes


Canal de YouTube en portugués sobre LIJ con un gusto exquisito


Presentación de álbumes ilustrados del mundo anglosajón actuales desde Australia


Librería argentina especializada en LIJ con un instagram más que interesante.


Sugerencias de lectura de gente como tú y yo desde los andenes de metro de Nueva York, Londres, Ciudad de México y El Cairo.


 Clásicos desde Corea en bellas atmósferas


Presentaciones de libros coloristas sin objetividad (que también es un criterio).


Fantásticas propuestas con mucha relación con los álbumes y la ilustración infantil


Desde Sau Paulo con muchas propuestas de álbum ilustrado


Literatura infantil y álbumes de todo tipo con buena selección en portugués


Todas las imágenes y vídeos que acompañan a este artículo, exceptuando las capturas de pantalla de los diferentes perfiles que se han seleccionado, pertenecen a @dondevivenlosmonstruosblog / Román Belmonte.

lunes, 2 de abril de 2018

Siete razones para que los adultos lean libros infantiles / 7 Reasons Why Adults Read Children's Books




No pocas veces me pregunto porqué leo libros infantiles, qué razones me llevan a ser un monstruo..., pero siempre dejo que el aire meza unas respuestas que pueden parecer inverosímiles, estúpidas o insustanciales... ¡Peeero! en este lunes de pascua he decidido darles forma para celebrar el Día del Libro Infantil y Juvenil con ustedes. ¡Compártanlas o añadan las suyas, que todas valen!
Why do I read Children's Books? What are the reasons to be a wild reader...? I always let the answers in the air because some of them could seem unlikely, stupid or unsubstantial, but today I have decided to share them to celebrate the International Children's Book Day!


La primera razón por la que me gustan los libros infantiles es porque nunca he tenido muchos. Sí, como lo oyen, nunca fui un niño que tuviera libros en exceso, más que nada porque, como bien he dicho en otras ocasiones, mis padres adolecían de la ¿manía, vicio o afición? de amontonarlos sobre las estanterías y prefirieron que sus hijos respiraran oxígeno en vez de polvo. Eso sí, nos paseaban de biblioteca en biblioteca para que nos acostumbráramos a ellos. Y como parece ser que eso de no tener una biblioteca infantil personal me tiene traumatizado, lo estoy supliendo con creces.
The first reason I like Children's Books is because I have never had many of them. My parents had a terrible vice or hobby? to pile books on the shelves, so finally they preferred that their children breathe oxygen instead of dust. Of course, we visited a lot of libraries (another great vice!) but it seems that I am traumatized for not having my own library. Don't worry! Today I am supplying that lack of children's books with a huge personal library.



La segunda es la curiosidad. Yo leí a muchos de mis, todavía, autores infantiles favoritos durante la infancia. Richard Scarry, Arnold Lobel, Solotareff, Luis de Horna, Ulises Wensell, Asun Balzola, Quentin Blake, Satoshi Kitamura o los Provensen en el álbum, Ende, Dahl, Barrie, Lagërloff o Defoe en la narrativa, o Uderzo y Goscinny, Derib y Job, Herge, o Letùrgie y Fauche en el cómic. Pero cuanto más autores conozco, más crece en mí esa sensación de que me muchos se quedaron en el olvido. Hay tantas cosas por descubrir en el universo de la LIJ que todavía hoy sigo abriéndome paso en la espesura de este bosque apasionante.
The second is curiosity. I read many of my still favourite authors during childhood. Richard Scarry, Arnold Lobel, Gregorie Solotareff, Luis de Horna, Ulises Wensell, Asun Balzola, Quentin Blake, Satoshi Kitamura or the Provensen (picture books), Ende, Dahl, Barrie, Lagërloff or Defoe (novels) or Uderzo and Goscinny, Derib and Job, Hergé, Letùrgie and Fauche (comic). But the more authors I know, the more I need to know. There are many things to discover in the universe of Children's Lit and I am trying to make the most of it nowadays.


La tercera razón tiene que ver con lo formativo. Todos los adultos que convivimos con niños y jóvenes, nos vemos inmersos, por ósmosis, compromiso u obligación, en el mundo de la literatura infantil y juvenil. Tenemos que saber sus preferencias, ofrecer sugerencias y alternativas de lectura, abrir nuevos caminos y bifurcarlos, unas tareas que desde el desconocimiento son harto difíciles. Padres, docentes, bibliotecarios, narradores o mediadores somos personas adultas que por nuestra dedicación vamos ampliando un mundo que conocimos hace años, porque nosotros también fuimos niños. Es por ello que, cuando empezamos a tirar del hilo, cuanto más nos sumergimos en ese océano de los libros infantiles, alimentamos ese monstruo que todavía mora en nosotros pero desde una perspectiva cooperativa y solidaria hacia otros recién llegados.
The third reason is related with the formative way. Adults who live or work with children and young people, have to dive (by osmosis, commitment or obligation) into Children's Literature world. We have to know their preferences, offer reading suggestions and alternatives, open new paths for them. Parents, teachers, librarians, narrators or reading mediators are adults who, due to our dedication, need to expand a world that we have known for years, because we were also children. That is why we feed those wild readers that still live in us but from a cooperative and solidary perspective towards other newcomers.


La cuarta razón de mi afición por la literatura infantil, más concretamente por el álbum, deriva de otra de mis aficiones, el dibujo y la pintura. Siempre he dibujado, tengo buena mano según muchos, y hago mis cosillas sin bombos ni fuegos de artificio. También he visitado muchas de las grandes pinacotecas europeas, entre las que destaco, sin duda alguna, el Museo del Prado, mi balneario particular durante muchos de los domingos universitarios (Seguramente soy de los que más visitas guiadas de extranjis ha hecho, ¡pido perdón a todos los guías!). Mi admiración por la belleza, la composición, los detalles, los repetidos motivos, las gamas cromáticas y la historia de las grandes obras de arte son otras razones que me traen una y otra vez a la literatura infantil, ya que los mundos del álbum y el arte pictórico tienen muchas cosas en común y comparten multitud de sinergias, donde la imagen lo dice todo desde un lenguaje no verbal.
The fourth reason why I like picture books, derives from drawing and painting, another of my hobbies. I have always drawn and painted. I love fine arts. I have also visited many of the great European art galleries, among which I highlight the Museo del Prado, my private spa during many Sundays as an university student. I admire beauty, composition, details, repeated motifs, chromatism and history of the great works of Art. These are other reasons that bring me every now and again to picture books, because these two worlds have many things in common and share a principle: the image as a non-verbal language.


La quinta es la animadversión hacia el mundo adulto. Sólo tienen que leerme para saber que abomino de casi todos los inventos del ecosistema adulto. De la política y sus embustes, de los ismos, de las convenciones sociales, de la codicia y la envidia, del utilitarismo, de los prejuicios y etiquetas, de la hipocresía y la demagogia, de unos venenos que yo, en calidad de adulto, también fomento. Por todo esto leo libros infantiles, para expiar una especie de culpa que, por un instante, olvido en pro de un sentimiento profundo. Y en ese lugar, un remanso de obviedad, de libertad, de subversión, puedo rebelarme ante el día a día, ante una supervivencia que entiende más de estrategias que de deseos.
The fifth is I dislike the adult world. I abhor all adult world inventions. Politics, its lies, isms, social conventions, greed and jealousy, utilitarianism, prejudices and labels, hypocrisy and demagogy, all these poisons that I, as an adult, also promotion. I read Kids Lit because of that, to atone for a kind of guilt that, for a instant, I forget in favor of a deep feeling. And in that haven of obviousness, freedom or subversion, I can rebel against these days when I survive with strategies instead of desires.


El sexto de mis motivos es el regreso a Nunca Jamás, a la infancia perdida. El mundo nos anima y aboca a la inocencia y la sinceridad infantil una y otra vez, pero no deja de ser una mera declaración de intenciones ya que nunca decimos “Sigue aquí, quédate y no crezcas”. Los ignoramos, empujamos a los niños y jóvenes a ese voraz universo de la realidad, a que abandonen la fantasía casi por completo. Veo como mis alumnos crecen y se transforman en personas mayores, se contaminan y van perdiendo ese brillo en los ojos que, aunque necesario, es ligeramente triste. Por ello debemos leer LIJ, para volver a la infancia, recordar momentos felices, visitar nuestra patria compartida: la fantasía.
The sixth of my reasons is returning to Neverland, the lost childhood. We usually aim to feed us with the childhood innocence and sincerity, but we never say "Stay here, stay and do not grow up". We ignore children and young people, we push them into our universe of reality and we try they finally abandon the fantastic world. I see how my students grow, how they become contaminated, how they lose the brightness in their eyes. Of course it's necessary but slightly sad. That's the reason why we must read Kids' Lit, to return to childhood, remember happy moments, visit our shared homeland: Fantasy.


La última de mis razones es la pasión. Cuando algo te gusta intensamente lo haces por inercia. Me paso el día entre libros, librerías, bibliotecas, revistas especializadas, artículos académicos, blogs y otros emplazamientos donde los libros infantiles son los protagonistas. Cavilo en la piscina sobre mis álbumes favoritos, elijo los libros de los que hablaré mientras paseo, anoto en el calendario las citas importantes sobre libros, apunto ideas curiosas sobre las que profundizar, charlo con mis alumnos de lo que les gusta. Leo y releo. Y no me canso. Lo veo natural. Los libros para críos y no tan críos han pasado a formar parte de mi vida, de mis amigos y mi familia (a los que doy mucho la lata, la verdad). Creo que, sencillamente, soy un lector de LIJ innato.
Sí, soy adulto y leo libros infantiles.
The last of my reasons is passion. When you love something, you do it by inertia. I spend all day among books, bookstores, libraries, magazines, academic articles, blogs and other places where Children's Books live. I think about my favorite picture books when I swim, I choose the books that I would like to talk about while I walk, I sign important dates about books on the calendar, I point out curious ideas related with picture books, I chat with my students about what books they like. I read and re-read. And I do not get tired. I see it natural. Children's Books have become part of my life, my friends and my family. I think that I am an innate Kids' Lit reader.
Yes, I am an adult and I read Children's Books.


lunes, 13 de febrero de 2017

¿Por qué leemos lo que leemos? Lectores libres de libros presos


Ian Falconer

Es obvio que continuar con la lectura, eso de descifrar una serie de códigos, generalmente verbales, para hallar en ellos diferentes tipos de mensajes, es una decisión personal más allá de la obligatoriedad u otras causas. El lector lo es porque quiere.
No obstante, a pesar de esa libertad que tiene el acto lector, los que gustamos de esa afición no prestamos mucha atención a si nuestras lecturas están condicionadas, a si elegimos los libros que leemos, si nos eligen ellos a nosotros o, lo que es peor, si otros los eligen para nosotros, algo de lo que trata mi perorata de hoy.



Marco Somà

Los libros, no en la actualidad, sino desde hace muchos años, están ligados a ciertos intereses. Política, moda, industria y un largo etcétera de influencias envuelven al libro, ese producto, ese objeto, esa pieza de arte (cada uno que elija cómo lo define), que en una sociedad de consumo como la que vivimos tiene mucho a lo que exponerse.
Dejando a un lado las conspiraciones (es una palabra hiperbólica, muy gorda, que podemos usar con cariz literario), sí, tenemos que hablar de lo tendencioso de los libros...
Por un lado tenemos el aspecto físico del libro. La imagen que proyecta el libro es muy importante. Un tema en el que diseñadores gráficos tienen mucho que decir. Tipografía, camisas, tapas, ilustraciones... Todo, absolutamente todo lo que rodea al libro como objeto está pensado. Ideado para un tipo de público, para un tipo de lector, para un tipo de comprador. Los libros, como las cajas de cereales y las camisetas, entran por los ojos y sería estúpido negar que, más de uno de los que aquí estamos hemos dicho aquello de “¡Qué buena pinta tiene...!”, o ante dos ediciones del mismo título hemos preferido una (no siempre la mejor) por su aspecto.



Jean-François Segura

Luego viene el merchandising: quienes los venden. Cada librero y cada editor tiene sus estrategias de exposición y venta. Hay algunos que prefieren los regalos (el que regala bien vende), los precios promocionales (hay mucho bolsillo vacío en esto de los libros), el artículo de lujo (lo caro también tiene su público), las actividades en torno al libro (Presentaciones, cuentacuentos, coloquios, clubes de lectura y encuentros con autores, ¡bienvenidos!) o la mejor -o peor- visibilidad en los espacios de exposición, son las más frecuentes en el cara a cara con los libros. Pero sin lugar a dudas, es el mercado de novedades lo que ha provoca la máxima expectación en el consumidor de libros (¡Si es nuevo, me lo llevo!).
Otra cosa son las relaciones comerciales de tipo virtual con los libros (¡Que estos bichos también saben cómo ingeniárselas en el mundo digital...!). Desde que internet irrumpió en nuestras vidas y los gigantes de la compra/venta online crecieron al amparo de una sociedad cómoda y sin tiempo, han nacido nuevas formas de vender un producto con largo recorrido histórico. Los motores de búsqueda saben lo que queremos para endosarnos la publicidad que más se adecue a nuestros intereses y algunas empresas de transporte tienen tasas especiales para unos objetos que se almacenan con facilidad.



Corey R. Tabor

Pero, ¿qué hay del contenido de los libros? ¿A nadie le interesa? Si, aunque parezca que no, a todos les interesa... Aunque muchos digan que la proliferación de ciertas líneas argumentales, la inclusión de tipos de personajes o la elección espacio-temporal de las tramas se deban al libre albedrío e inquietudes de los autores, un servidor tiene sus reservas sobre estas supuestas coincidencias temáticas en los libros. Mientras que actualmente la gente se pirra por libros sobre espiritualidad y vida saludable, hace un par de años lo hacían por libros sobre violencia de género. Hace diez años, los que trataban la convivencia entre culturas copaban las librerías, y hace veinte, el machismo era el leitmotiv. Que los libros se tiñan de actualidad tiene más que ver con un proceso de retroalimentación social que favorece y aupa el consumo que se genera sobre estos tópicos, que con un interés de hacer despegar la lectura entre los ciudadanos (N.B.: Se me vienen a la mente los emocionarios y los libros sobre migración que han proliferado en los últimos años en la LIJ).
En este entramado social del libro, mucho tienen que decir los políticos. ¿Por qué, desde las instituciones, se les da visibilidad a unos autores y a otros no? ¿Quién decide cómo se gastarán nuestros impuestos en la promoción de ciertos libros? ¿De qué hablan los títulos que ponen en el punto de mira las campañas y planes lectores? ¿Fomentan el comunismo, el fascismo, el secesionismo o el buenismo? En definitiva, premios nacionales y centenarios son la mejor excusa para adoctrinar al pueblo (con supuestas afinidades ideológicas entre autores y poder, todo hay que decirlo) mientras de paso nos colgamos alguna medalla.



Gabriel Pacheco

También hay que apuntar a ciertas instituciones y fundaciones en pro de la lectura que tánto abogan por la lectura. Conviene recordar que muchas de ellas nacieron al amparo de casas editoriales que todavía hoy siguen financiándolas, que muchas de ellas tienen relación con la Iglesia o con los medios de comunicación y que la inmensa mayoría entran en el doble juego de los intereses creados y el altruismo cultural mediante vínculos poco explícitos, aprovechando que todavía hay gente que lee y se fía de sus criterios.
También deben hablar la familia, la escuela y la biblioteca. No voy a ahondar en la influencia que familiares (No sólo padres, que siempre se les carga con el muerto, sino hermanos, nietos, tíos o abuelos. Yo jamás hubiera leído El zoo de Pitus si no hubiera sido por una tía adicta al Círculo de Lectores, y mi madre nunca se hubiera parado con la prosa adulta de Roald Dahl si mi padre no leyera con tanta rapidez) y amigos (¡Cuánto me fío de este colega! ¡Me gusta todo lo que me recomienda!) tiene en esto de las elecciones de lectura. Tampoco cabe ser pesado con la responsabilidad de la escuela en propiciar un acervo de lecturas lo suficientemente buenas y diversas como para enriquecer nuestros criterios de selección (Maestros, hablen de libros, hablen...). Ni en el compromiso que debe tener el bibliotecario a la hora de desbordar la lectura en las mil facetas que puede brillar estos diamantes mal nombrados (“Libro”, ¡qué palabro!).
Por último, detenerme en las redes sociales, unas de las que formo parte y en las que, por un lado, observo que sirven de plataforma publicitaria a autores y editoriales, muchas de ellas están contaminadas por afinidades de todo tipo, y otras no exponen con claridad los criterios de sus selecciones. ¿Somos los influencers todo lo independientes que el público espera de nosotros? ¿Actuamos bajo el sesgo? ¿Nos arriesgamos a la hora de proponer nuevas lectura que se salen de la tónica imperante?



Sasha Ivoylova

Concluyendo, nadie lee lo que realmente quiere, sobre todo porque estamos sujetos a una serie de impulsos con los que, desde diferentes ángulos, nos bombardean una y otra vez. Sí, leemos libros presos. Entonces..., ¿somos lectores libres?  



Marine Bourre

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