miércoles, 14 de marzo de 2018

¡Bendita sea la noche!



El tardeo está de moda y con él son muchos los humanos de mediana edad (como diga “maduritos” alguno me va a sacar las corás...) que se lanzan a la calle para poder lucirse a plena luz del día. Evidentemente todo ello ha tenido sus no pocas consecuencias (clínicas de estética, gimnasios y rayos UVA aparte) y el personal está abandonando poco a poco el mundo de la noche, no sólo por sus hijos -abuelos y niñeras mediante-, sino por su propia integridad física, que también merece ciertas atenciones (y es que las resacas de tres días son bastante recias... no hay de qué extrañarse...).
Yo por el momento sigo prefiriendo la noche, esa en la que todos los gatos son pardos y si te he visto no me acuerdo. Me motiva mucho más el crepúsculo, sentarme en una terraza y ver como poco a poco se apaga el día, palidecen los colores y las lámparas se encienden despacio. La noche alberga mucho misterio, esa penumbra que te envuelve. Me encanta. Lo hace todo más alegre, también más triste. Es más quieta, más sugerente, quizá un poco lúgubre, sobre todo con la neblina del invierno, también alegre y chispeante como la del verano. La noche, la noche, siempre la noche...


Uno de los libros más nocturnos que conozco es El libro de la noche, y como estaría bien diseccionarlo (me encanta y creo que se merece más de una mirada), he aquí la mesa de autopsias. Este libro de Rotraut Susanne Berner publicado por Anaya, es lo que llamamos un boardbook de considerable tamaño (generalmente suelen ser de dimensiones más pequeñas por ser uno de esos libros en los que la búsqueda de detalles interesantes pueden constituir un acicate para los prelectores y porque les permite un acercamiento a su entorno de una manera sencilla).
Contextualizado en una serie inmejorable -les recuerdo que tiene el mismo formato, escenario y personajes que la serie de Las estaciones- hace alusión a un pequeño pueblo que, alejado del ambiente ruralizado tan común en los álbumes infantiles, prefiere ubicar esta historia en un pueblo donde el modus vivendi urbanita convive con el más campestre (¿No les recuerda a esos pequeños pueblos de Europa Central tan bien provistos de servicios? En los nuestros no contamos con estaciones de tren y grandes almacenes...), lo que origina ciertos contrastes muy útiles a la hora de introducir al lector en universos diferentes. Es así como se dan cita en la misma fiesta animales, trenes, plantas, fuegos artificiales, iglesias católicas y ortodoxas, comercios o paisajes.


En segundo lugar hay que mencionar el sinfín de personajes que desfilan ante nosotros y que, a modo de fotogramas de una secuencia cinematográfica se mueven de una a otra doble página continuando su acción. Unos dan un paseo, otros persiguen a un ladrón, otros pasean en bicicleta, otros contemplan los fuegos artificiales... Es decir, la autora recurre al recurso de lo coral para Asimismo también presta atención a lo variopinto de las sociedades occidentales caracterizándolos con diferentes indumentarias, presta atención a las razas, a la condición sexual o las diferencias generacionales. En este punto también hay que hablar de ese juego de búsqueda/seguimiento que introduce Berner sobre varios personajes. La familia de gatos, Oskar y su ganso (una pareja que más tarde, junto con otros personajes, merecerá la atención de su autora en obras monográficas), el sombrero de Susana, el bolso de Gabriela o el mapache son protagonistas que añaden más interacción si cabe a una lectura gráfica tan enriquecedora.


Lo que más me gusta de este libro es la gran cantidad de guiños que la autora hace a personajes y títulos de la Literatura Infantil, apuntes metaficcionales que contribuyen a ampliar y corresponder las lecturas infantiles del espectador. De entre todos destaco el retrato del protagonista de El maravilloso viaje de Nils Holgërson a través de Suecia de Selma Lagerlöff (fíjense en uno de los cuadros que decoran las habitaciones del primer piso de la primera doble página) y los libros que aparecen en toda la obra. Aunque son pequeñitos he podido vislumbrar algunos (¡Si me ayudan a encontrar más títulos les estaré muy agradecido!) como ¡Buenas noches! de su serie Miguel, el Por la noche de Wolf Erlbruch (ambos están sobre las estanterías de la biblioteca), el Buenas noches, gorila de Peggy Rathmann y el que aquí destripamos (en el escaparate de la librería).


Por último dar un aplauso a la exposición de ilustraciones de algunas obras LIJ que Berner ha organizado sobre las paredes del último piso del centro cultural donde podemos encontrar imágenes de La hija del Gruffalo de Axel Scheffler, otra de El nuevo Pinocho de Nikolaus Heidelbach, de Donde viven los monstruos y La cocina de noche ambas de Maurice Sendak, y una última de Quint Buccholz de su obra Duerme bien, pequeño oso.
En definitiva, que si no se percatan de que este libro es la bomba, les recomiendo que se vayan a dormir... que es de noche.


viernes, 9 de marzo de 2018

Sin patio pero sin prisa


Señoras, señores, ¡hoy no trabajo! Por estos lares celebramos el día del docente y nada, hacerles saber que aunque he cambiado el patio del instituto por la biblioteca (uno, que lleva mucho trabajo atrasado...), acabo de tomar una poesía entre las manos ambientada en los recreos escolares y el origami (ya saben que siento debilidad por el papel plegado), que va dedicada a mis alumnos. ¿Que te parece, Cris Ramos?

Cuando anunciaron recreo
las patitas del reloj,
el silencio se hizo hoja
que una hormiga se llevó.

Y en bullicio galopante
niños y niñas salieron
a poblar todo el espacio
que en el patio consiguieron.

En el aula practicaban
el plegado y la doblez,
por eso traen en sus manos
cien figuras de papel.

[…]

María Cristina Ramos
En: Grulla en el recreo.
Ilustraciones de Valeria Cis.
2014. Buenos Aires: Planeta Lector.


jueves, 8 de marzo de 2018

Las Sinsombrero (o las mujeres de la Generación del 27) para niños



Desde que Marta Soto de la Biblioteca Telo (C.E.I.P. José Calvo Sotelo) le “echara mucha cara” (ese fue su punto de vista, no el mío, de hecho le estoy más que agradecido por todo lo que he aprendido) y me pidiera un post sobre las Sinsombrero, he estado hurgando en estanterías, hemerotecas y algunos lugares de la red para traerles el presente post que, aunque sólo es un acercamiento a este grupo de mujeres desde la perspectiva de la LIJ, creo que también es un reconocimiento a la tarea que, a pesar de las modas impuestas por Hollywood durante los últimos meses, han desarrollado mujeres luchadoras desde los albores de la sociedad occidental.


Maruja Mallo

Para entender el contexto que dio origen a un movimiento como este, hay que remontarse a una sociedad española modelada por la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil. Tras la pérdida de Cuba y las últimas colonias españolas, aflora la crisis social y económica que lleva aparejada cierto sentimiento antifeminista, uno al que se enfrenta un sector de la sociedad que, aupado por las corrientes europeístas que demandan un papel más activo y visible en las sociedades cosmopolitas, deja entrever movimientos como los de las primeras sufragistas, que piden una representación política para la mujer. Las mujeres han hecho frente a situaciones terribles como las que trae la Primera Guerra Mundial y están en pleno derecho de exigir una independencia de la sociedad patriarcal. Es así como las políticas María de Maeztu, Clara Campoamor o Victoria Kent, la escritora Zenobia Camprubí, o la maestra María de la O Lejárrega empiezan a visibilizar el cambio que más tarde, durante la Pre y Posguerra, se extendería a la esfera cultural de mano de las Sinsombrero, el grupo de intelectuales que nos ocupa en este monográfico.


Remedios Varo

Reciben este nombre una treintena de mujeres que cultivaron las artes y el pensamiento, nacidas entre 1898 y 1914, es decir, fueron coetáneas de la llamada Generación del 27, un grupo de artistas y pensadores españoles, como Federico García Lorca, Rafael Alberti o Salvador Dalí, cuya influencia marcaría un antes y un después en la cultural española del siglo XX y a la que también se pueden adscribir ellas. Aunque muchos las denominan "compañeras, amigas o parejas de", yo me decanto por obviar este hecho ya que todas tienen una personalidad y carácter independientes. De entre estas y por orden alfabético de apellido, destacarían los siguientes nombres propios:

Lili Alvárez (deportista y escritora; Roma, 1905 – Madrid, 1998)
Consuelo Berges (escritora; Ucieda, Cantabria, 1899 – Madrid, 1988)
María Campo Alange (escritora y crítica de arte; Sevilla, 1902 – Madrid, 1986)
Luisa Carnés (escritora y periodista; Madrid, 1905 - México, 1964)
María Cegarra (química, profesora y poeta; La Unión, 1903 - Murcia, 1993)
Rosa Chacel (escritora; Valladolid, 1898 – Madrid, 1994)
Ernestina de Champourcin (poeta; Vitoria, 1905 – Madrid, 1999)
Carmen Conde (escritora y maestra; Cartagena, 1907 – Madrid, 1996)
Mercedes Formica (jurista y escritora; Cádiz, 1913 – Málaga, 2002)
Elena Fortún (escritora; Madrid, 1886 – Madrid, 1952)
Marga Gil-Roësset (escultora, ilustradora y poeta; Las Rozas, 1908- Madrid, 1932)
Carmen de Icaza (escritora; Madrid, 1899 – Madrid, 1979)
María Teresa León (poeta; Logrono, 1903 – Madrid, 1988)
Maruja Mallo (pintora; Viveiro, Lugo, 1902 – Madrid, 1995)
Margarita Mansó Robledo (pintora; Valladolid, 1908 – Madrid, 1960) 
Concha Méndez (escritora; Madrid, 1898 – México, 1986)
Julia Minguillón (pintora; Lugo, 1907 – Madrid, 1965)
Elisabeth Mulder (escritora y poeta: Barcelona, 1904 - Barcelona, 1987)
Margarita Nelken (escritora, crítica de arte y política; Madrid, 1894 – México, 1968)
Carlota O'Neill (escritora; Madrid 1905 – Caracas, 2000)
Lucía Sánchez Saornil (poeta; Madrid, 1895 – Valencia, 1960)
Angeles Santos (pintora; Portbou, 1911 – Madrid, 2013)
Delhy Tejero (pintora; Toro, Zamora, 1904 – Madrid, 1968)
Josefina de la Torre (poeta; Las Palmas de Gran Canaria, 1907 - Madrid, 2002)
Pilar de Valderrama (poeta; Madrid, 1989 - Madrid, 1979)
Remedios Varo (pintora; Anglés, Gerona, 1908 - México, 1963)
Rosario de Velasco (pintora; Madrid, 1904 – Barcelona, 1991)
María Zambrano (filósofa y pensadora; Vélez-Málaga, 1904 – Madrid, 1961)


Su sobrenombre les viene de una anécdota narrada por la pintora Maruja Mallo en la que, un día de los años 20, se encontraban en el centro de Madrid Federico García Lorca, Salvador Dalí, Margarita Mansó y ella, y decidieron pasear por la Puerta del Sol sin sombrero para dejar así fluir las ideas, lo que constituiría una alegoría a la libertad de pensamiento y una provocación que se saldó con insultos y pedradas por parte de los que por allí pasaban. Este gesto fue adoptado por los intelectuales de la época como un acto de rebeldía a la opresión, de ruptura con los corsés e ideologías de la época, sobre todo en aquellas mujeres que querían romper con sus papeles de madres y esposas.


Rosario de Velasco

Si bien es cierto que la mayor parte de estas mujeres pertenecían a clases sociales como la burguesía y la aristocracia, es decir, a familias donde la cultura y el pensamiento podían tener ciertas prioridades ya que el sustento era más fácil, dentro de las Sinsombrero podemos hablar de dos tipos de mujeres, aquellas que sí pudieron escapar del régimen franquista y las que no pudieron hacerlo por motivos familiares y/o económicos. Más se conoce de las primeras que de las segundas, evidentemente por el heroísmo que supone haber podido huir a otros países, generalmente europeos o de América latina, para regresar a nuestro país tras el exilio. En España quedaron las otras que, lejos de ser engullidas por las tretas de la dictadura, supieron reconvertirse y sobrevivir a la censura y otras tristes lides que se guardaban para con los artistas.
Del primer grupo se sabe bastante, sobre todo porque algunos sectores de la política se han adueñado de ciertas figuras para ejemplificar una lucha que a veces poco tiene que ver con lo que defendieron estas mujeres. El segundo, a pesar de estar constituido por mujeres igualmente transgresoras y libres, ha sido todavía más olvidado ya que sufrir un cambio traumático a un régimen opresor y seguir publicando durante la dictadura, no está bien visto por el sentimiento más hipócrita de la esfera progre, relegándolas a un segundo plano (que en realidad es cuarto) por traidoras, supervivientes y mujeres.


Rosario de Velasco

Aunque la mayor parte de la producción artística de estas mujeres se desarrolló orientada hacia el mundo adulto, también hay ejemplos claros de obras dirigidas al público infantil, así como otras que también se pueden extrapolar a ese mundo de una manera clara.
Dentro de las autoras que dirigieron sus obras al público infantil tenemos bastantes, sobre todo las que crearon en su juventud pequeños relatos y cuentos, como Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre, pero son tres las que los vieron publicados: Marga Gil Roësset, Elena Fortún y Concha Méndez.


Marga Gil Roësset

Es cierto que la figura de Marga Gil Roësset siempre ha originado muchas conjeturas. Las controversias que suscitó una muerte prematura a consecuencia del desencanto y la impotencia, el profundo amor que sintió hacia Juan Ramón Jimenez, o esa belleza honda y salvaje que desprendía, darían para mucho, pero un servidor prefiere centrarse en sus facetas como artista de vanguardia y multidisciplinar.
Perteneciente a una familia culturalmente activa, ella y su hermana Consuelo fueron animadas por su madre desde la infancia a desarrollar sus capacidades creativas, una costumbre que generó tres libros de carácter infantil que bien merecen una parada.
El primero de ellos fue El niño de oro, un libro que sería publicado en 1920 y en el que Marga demuestra una sorprendente habilidad para la ilustración a pesar de su juventud. Escenas realizadas en tinta y dos colores, negro y amarillo, que beben de corrientes modernistas y que hacen ciertos guiños a los pre-rafaelitas, el realismo y el impresionismo, constituyen uno de los títulos que precederán a los primeros álbumes ilustrados de nuestro país (véase Mercé Llimona). Imágenes intensas, sugerentes, y a veces grotescas (en cierto modo me recuerdan a Schiele), se reúnen en una obra dirigida a los niños, de la que hoy día sólo se pueden encontrar ediciones facsímiles, y que debería estudiarse en muchas escuelas de ilustración contemporáneas.




Después vería la luz Rose des Bois (1923) un nuevo cuento de hadas de corte clásico en el que Gil Roësset continua con el estilo del primero donde se puede observar un estilo más maduro y solemne, sobre todo en lo que a composición (muchas diagonales,) y técnica (más detalles) se refiere. Quizá no sea un estilo tan fresco y cercano como el de El niño de oro, pero para mi gusto sirve para aupar a Gil Roësset como una verdadera artista que construye un universo propio con gran personalidad.



Por último tenemos Canciones de niños (1932), un libro con música de su cuñado José María Franco, en el que la artista, meses antes de suicidarse a los 24 años, decide romper con las obras anteriores para introducir el color. Aguadas sutiles donde los tonos medios y relajados proporcionan una atmósfera más ligera y calmada llenan un libro quizá más próximo a lo que estamos acostumbrados hoy día en lo que a ilustración infantil se refiere. Lo anecdótico de este título viene cuando más tarde, en 1933, se edita un edición abreviada en Francia que según algunos estudiosos inspiraría a Antoine de Saint-Exupery a la hora de dar forma a las ilustraciones de El principito con las que hay un cierto parecido.




En segundo lugar toca hablar de María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo o lo que es lo mismo, Elena Fortún, la madre de Celia, Cuchifritín, Lita y Lito, La Madrina, el mago Pirulo, Roenueces, el profesor Bismuto y otros muchos personajes que nacieron al calor de Gente Menuda, el suplemento infantil de Blanco y Negro (Diario ABC), donde ella comenzó a colaborar a partir de 1928. Aunque la fecha de su nacimiento no la incluiría de manera estricta entre las “sin sombrero” desarrolla su actividad profesional en la misma época y sufre los mismos avatares que el resto.


Seguramente es la escritora de todo este grupo cuya fama alcanzó cotas más elevadas, sobre todo debido a la gran aceptación que cosechó su serie Celia entre las niñas de la época, incluso durante el exilio de su autora. 
Compuesta por seis títulos publicados a partir de 1929 -Celia, lo que dice, Celia en el colegio, Celia y sus amigos, Celia novelista, Celia madrecita y Celia en la revolución- y ambientada en la época de la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República, la serie supo conectar con un público femenino de pre y posguerra que veía en su protagonista cierta vis de lo que sería una niña que en cierto modo transgredía las formas y los estereotipos de una época donde religión, clasismo y sexismo mandaban.


Cuestionaba el mundo adulto, era independiente y libre, una mujer del futuro (no del nuestro, sino del suyo, no olvidemos los anacronismos). Así mismo, en el último de los títulos de esta serie, Elena Fortún fue dura con el significado de una guerra civil como la nuestra, en la que puso en tela de juicio esa llamada “revolución” apelando así a un sentimiento pacifista, lo que pudo ser la causa de que este título permaneciera en la sombra hasta 1987 año en el que se publicó por primera vez... Quizá la Celia Gálvez de Montalbán de sus libros simplemente era lo que sería su autora más tarde, una mujer que tendría que enfrentarse a numerosos episodios dramáticos de una manera solitaria (ver su novela de carácter autobiográfico Oculto sendero).
Aparte de todo lo dicho de Elena Fortún hay que mencionar su compilación de entremeses de teatro escolar titulada Teatro para niños que destaca por integrar la psicología infantil en el ideario infantil de la época.


Ángeles Santos

Por último debemos hablar de Concha Méndez, uno de los pilares de este grupo de mujeres, no sólo porque es la encargada de difundir junto a su marido Manuel Altolaguirre la obra de la Generación del 27 desde su imprenta, sino por ser una de las autoras más prolíficas.
Aunque su obra poética es bastante conocida y de ella se pueden entresacar creaciones para el público infantil (de ello hablaremos después), es más que notable su producción teatral para niños entre las que destacan dos obras publicadas, El ángel cartero (1931) y El carbón y la rosa (1935), y dos inéditas, El pez engañado y Ha corrido una estrella escritas en 1933 y 1935 respectivamente, durante su estancia en Londres. Este hecho es más que importante porque desde los años 20 los renovadores de las artes escénicas, como el ilustrador y escenógrafo Salvador Bartolozzi (Pinocho y Chapete, Pipa y Pipo), empezaron a mirar hacia el teatro infantil como fuente de inspiración, no sólo por su ingenuidad, la frescura, el humor, y el uso del guiñol y las marionetas para acercarse al primitivismo del espectador, sino por el sentimiento crítico que ello podía generar.


Maruja Mallo

En El ángel cartero (en cuyo estreno contó con decorados de Maruja Mallo) Mendéz da forma a una versión modernizada de un auto de Reyes Magos: los monta en un avión para ir hasta Belén donde adorarán al Niño Jesús. Si además tenemos en cuenta que combina, tanto elementos de la tradición (alas, túnicas, oro, incienso y mirra), como contemporáneos (luz eléctrica, mecánicos, alpinistas o aviadores), y un lenguaje directo y sin artificios, la vanguardia está servida.


Por otro lado El carbón y la rosa, es una obra de gran carga poética y plástica, sencilla y lírica, profunda y, sobre todo, vitalista, en la que el amor entre dos protagonistas aparentemente diferentes acaba triunfando. Sin pretensiones de didactismo habría que destacar la conjunción entre folclore, simbolismo y creatividad para aupar la sensibilidad artística del espectador, del niño.


Maruja Mallo

Tras hablar de las obras dirigidas al público infantil, llega el turno de hablar de otras obras, fragmentos o poemas que, aunque fueran pergeñados para un público adulto, podrían extrapolarse perfectamente a un público infantil. Aunque esta selección dependería de quien la hiciera, sí podemos citar algunas obras completas como Versos y estampas y La isla de Josefina de la Torre, o Inquietudes, Surtidor y Canciones de mar y tierra de Concha Méndez, entre las que contamos con testimonios o versos de sus primeras etapas como autoras que hablan de la modernidad, de los ideales y de la universalidad de la infancia y la juventud, etapas de la vida que sirven como acicate para un posterior desarrollo intelectual. He aquí una serie de fragmentos que, acompañados de la obra pictórica y gráfica de otras mujeres de este movimiento, nos hablan de otras niñas, otras mujeres, de sí mismas.

Desde la esquina bajábamos al muro, corriendo, y saltábamos ligeras, unas tras otras, volviendo a subir y a saltar. Una voz de vez en cuando, gritaba: ¡cuidado; se van a hacer daño! Pero no hacíamos caso. Al saltar nos gustaba mucho ver flotar en el aire los encajes y los vuelos de los delantales como alas de mariposa.

Josefina de la Torre. 1927. Versos y estampas.


Ángeles Santos

Entre los atlas y los pupitres, qué firmes y gráciles son las niñas. Se confunden con las líneas azules, con los marecitos, como cabelleras, de las cartas geográficas.
Cada vez que decían una letra, ondulaba el coro. Yo señalaba la rosa de la a, el lirio fresco de la ele...
¿De qué isla, de qué árbol, de qué fuente crece este chorro de luceros que son los niños?

Carmen Conde. 1934. Júbilos.


Julia Minguillón

*     *     *

Danzarina de las nieves.
De los vientos mariposa.
Sobre una mar de blancor
vuela la patinadora,
y desciende las vertientes
como el claror de la Aurora.
El rumor de las alturas,
el rumor de las corrientes,
lleva en su falda plisada
hecha ritmos, hecha pliegues.

Vuela la patinadora
descendiendo las vertientes;
mariposa de los vientos,
danzarina de las nieves.

Concha Méndez. 1926. La patinadora. En: Inquietudes.


Delhy Tejero

*     *     *

La tarde tiene sueño
y se acuesta en la copa de los árboles.
Se le apagan los ojos
de mirar a la calle
donde el día ha colgado sus horas
incansable.
La tarde tiene sueño
y se duerme mecida por los árboles.
El viento se la lleva
oscilando su sueño en el aire.

Josefina de la Torre. 1930. La isla.


Delhy Tejero

*     *     *

Huele a sol y a resina.
crece el pino apuntando
a una meta celeste.

La mañana suspensa
en un jardín remoto,
una rosa perdida.
que perfuma el recuerdo.

¿Terminar el poema?
dejarlo tembloroso
como una rosa viva
pendiente de su sombra.
Aletea el silencio.
Alguien viene a buscarme
y huele a eternidad
solamente un minuto.

Ernestina de Champourcín. 1984. La pared transparente.


Maruja Mallo

Si bien este artículo pretende ser una introducción a la obra de unas mujeres que, desde espacios como la Residencia de señoritas de la Calle Fortuny (hoy día Fundación Ortega y Gasset) o el Lyceum Club Femenino con sede en la Casa de las Siete Chimeneas, defendieron el papel que la mujer debía desempeñar durante las décadas ulteriores, es sólo un punto y seguido para ensalzar y buscar el patrimonio que de ellas pueden heredar los niños y jóvenes de hoy día. En primer lugar porque la mayor parte de la obra de estas mujeres no se comenzó a editar hasta finales del siglo XX, y todavía hoy son bastante desconocidas para el público en general porque el acceso a sus obras se hace difícil. En segundo por mérito propio, que es lo que hace grandes a mujeres y hombres de cualquier condición.
Les animo a que lean y admiren sus obras. En museos, en bibliotecas y en ferias del libro antiguo y de ocasión y seleccionen para sus hijos, sobrinos y alumnos, lecturas e imágenes, porque desde que en 1934 Gerardo Diego y Manuel Altolaguirre en su antología Poesía española contemporánea, incluyeran los poemas de Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcín y reconocieran así la valía de sus coetáneas, son pocos los ejemplos que selecciones poéticas que cuenten con ellas entre sus páginas o que se dediquen a su obra de manera exclusiva, menos todavía en las dirigidas a jóvenes y niños, de entre las que me gustaría destacar dos:
- Antología poética de la Generación del 27 de Loqueleo-Santillana publicada en este 2018 y la que más presencia tiene de la obra de estas mujeres (nueve en total) que se dirige a jóvenes y adultos.
Generación del 27 para niños y jóvenes de Ediciones de la Torre (2003) donde se incluyen poemas y fragmentos de Ernestina de Champourcín y Concha Méndez, y tiene un carácter más infantil.
También comentar que, atendiendo a sus biografías y en relación con los álbumes informativos infantiles, les animo a echar un vistazo a los títulos que sobre Maruja Mallo y María Zambrano ha publicado la editorial Hotel Papel.




Por último y deseando que les guste, les recomiendo disfrutar de esta plataforma que surgió a tenor del reportaje incluido en el programa Imprescindibles de La 2 de RTVE, al mismo tiempo que espero su opinión en los comentarios, que aporten nuevos datos y otros títulos a considerar, y que compartan este monográfico en las redes sociales. ¡Feliz día de lluvia!

miércoles, 7 de marzo de 2018

De frío y valientes



Aunque las marquesinas de los autobuses empiezan a rezar que la primavera YA ha llegado (¿les suena, no?) parece ser que este invierno se va a prolongar más de lo acostumbrado. No sólo por la cadena interminable de borrascas que han sobrevolado nuestra geografía durante las últimas semanas, sino porque rompe de golpe y porrazo con esa idea instalada en nuestro subconsciente del supuesto y eterno verano.


Mientras yo vivo encantado, no sólo porque me encuentro mucho más activo con el frío (con el viento no tanto) y no doy tiempo a que mi metabolismo almacene tejido adiposo pardo, sino porque le estoy sacando partido a las prendas de abrigo (que me cuestan lo mío), otros se ven más jodíos. Que si una gabardina, un jersey mal traído, camisetas de manga corta, abrigos de chichinabo... Lo suyo es sufrir más que sobrevivir. Se lo digo yo que, cada día veo tiritonas de escándalo. “Yo no sé cómo te atreves a venir de esa guisa, ¡con la que está cayendo y tú en mangas de camisa!”. Así pasa, que pillan unos resfriados que cortan lo humano.


La sorpresa viene cuando te das un garbeo por las tiendas, ves como las maniquís lucen la temporada primavera-verano, sufres un perrequeque, y afuera, a la intemperie y sin aire acondicionado, hay seis grados. De pronto giras la cabeza y ves la cola interminable de la caja y ya es cuando deseas con todas tus fuerzas sumergir a media España en aceite hirviendo. “Pero, ¿estamos tontos?” Pregunta mi madre con un codazo. Yo me resigno y le digo que nos vayamos a toda mecha, no sea que de repente me transforme en pirómano.


Lo mejor viene cuando durante el fin de semana nos echamos a las calles, llenamos los bares, las salas de cine, cafés, restaurantes y teatros, para certificar así la involución del ser humano, ese que gusta de pasar calamidad vistiendo en el rigor del invierno hatos propios del verano, para que el domingo se quintupliquen los casos de amigdalitis, faringitis y pulmonía en las salas de urgencia hospitalarias.


Eso es de gente osada que, como Irene la valiente, la protagonista de uno de los libros de Willliam Steig (sí, sí, el de Shrek) que acaba de reeditar la editorial Blackie Books, es capaz de enfrentarse a una tormenta de nieve con tal de acercarle a la señora duquesa el vestido para su cena de gala (¡Lo que hay que hacer para tener contenta a la aristocracia!) y dejarse a su madre pachucha en la cama. 
En el fondo Irene es un ejemplo de sacrificio y perseverancia que al final obtiene un premio más que merecido: el reconocimiento de todos los adultos, incluida su madre, orgullosísima de una hija que no ceja ante nada. Pero por favor, si quieren que cunda el ejemplo de esta niña, enfúndense en abrigos, bufandas, gorro y paraguas, calzado de invierno, forros polares y guantes, que, a pesar de ser animales homeotermos, hace tiempo que perdimos el pelo, uno cuyas funciones ha heredado la ropa. No sea que pillemos un tabardo y tengamos que oír a nuestros padres “... ¡Jugarse la vida por unos pantalones...! ¡Ole tus cojones!”



martes, 6 de marzo de 2018

Pequeños y valientes



No soy partidario del arrepentimiento, sobre todo porque hay que ser consecuente con lo que hace uno. Eso no quiere decir que quepa cierto ejercicio reflexivo para darnos cuenta de las locuras que hemos cometido y, si se ha producido algún daño, enmendarlo en la medida de lo posible. Si no hay perjuicio que valga, no hay más tu tía, apechuga con lo dicho o hecho porque, a pesar de lo que piensan muchos, es de lo que trata la valentía.


En los tiempos que corren podríamos decir que ser valiente (como otros muchos comportamientos del ser humano) está sobrevalorado, no sólo porque la mayoría de las veces se confunde con la pose, la discrepancia o el ego, sino porque se ha empezado a desligar de otros temas como el honor y lo bizarro (¡Peligro, peligro!).


Cada vez me llama más la atención la incongruencia con la que actúan ciertas personas, sobre todo cuando observas que su palabra es efímera, se desdicen constantemente, y lo único que persiguen es la notoriedad cueste lo que cueste. No son empáticos, tampoco solidarios, ni mucho menos desinteresados. Y eso de ser valiente cuando a uno le apetece, como que huele.
La valentía es arrojo, prestancia, valor, y nada que ver con tirar la piedra y esconder la mano. Meten cizaña, desatan tormentas, no dan la cara y luego, babean. Un asco... Cada vez me acuerdo más de Ariadna Puello (“A la mierda con los héroes fuera de serie...”) y de El sastrecillo valiente de Arnica Esterl, Olga Dugina y Andrej Dugin. Centrémonos pues en el segundo para dejarles el primero como epílogo...


Si atendemos a los dos lenguajes que configuran este maravilloso álbum, primero hablaremos de la historia de la alemana Arnica Esterl. Su adaptación del cuento clásico de los hermanos Grimm, está construida con un estilo narrativo de corte tradicional y directo, donde el protagonista, un sastrecillo que ha matado a siete moscas de un plumazo, se enrola en una aventura de superación personal. Capaz de pasar con astucia las pruebas que ante él se presentan y salir como triunfador, es un personaje con el que cualquier pequeño lector se puede identificar. Pero lo mejor viene cuando a ella se le unen las ilustraciones del matrimonio formado por los rusos Olga Dugina y Andrej Dugin. 


Con un estilo muy personal que también podemos encontrar en Las plumas del dragón, crean universos que logran desbordar la narración. Mientras que la ambientación tiene lugar a caballo de la pintura flamenca y la renacentista (para mi gusto Patinir, Da Vinci y Botticelli tienen mucha influencia en los paisajes que crean esa atmósfera misteriosa), la mayor parte de sus sugerentes detalles beben de la fantasía inventiva de El Bosco, así como de un surrealismo más contemporáneo (fíjense en los huevos que aparecen sobre los tejados de las cabañas, ¿acaso no les recuerdan a Dalí?) que se observa en la descontextualización de objetos y la hibridación como génesis de un mundo imposible donde armaduras o instrumentos musicales pueden ser excusas para novedosas quimeras. Animales sobredimensionados como el prehistórico celacanto, un jabalí gigante o el mítico unicornio y su apéndice kilométrico, contrastan con elefantes diminutos para poner en alerta al observador para buscar nuevas digresiones e irrealidades.



Uno de los detalles que más me gustan de este libro, es el guiño que hacen a Pieter Brueghel El viejo y su obra La torre de Babel en la página izquierda de la escena donde que el protagonista atrapa al unicornio. Mientras que la torre aparece desdibujada entre la niebla de un segundo plano, el pintor aparece retratado en la esquina inferior izquierda acompañado de un enano espectador. El hecho de que el lienzo nos muestre su trasera es una forma de interaccionar con la curiosidad del lector, ¿es fortuito o acaso nos está pintando a nosotros, los verdaderos héroes? Habrá que preguntárselo a ellos.




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