jueves, 10 de mayo de 2018

Instagram y la mediación lectora. Una selección de bookstagramers.



El pasado sábado se celebraron las V Jornadas sobre Bibliotecas Escolares y Planes de Lectura de Albacete, un encuentro entre los docentes que nos dedicamos a promover esto de la lectura en niños y jóvenes, promovido por el Grupo Colaborativo de Bibliotecas Escolares de la provincia de Albacete y secundado por el Centro Regional del Profesorado de Castilla-La Mancha. Acompañados por bastantes bibliotecarios municipales y dos excelentes ponentes, Ana Garralón y Pep Bruno, además de aprender unos de otros, más de ochenta colegas de profesión pasamos el día compartiendo experiencias y puntos de vista sobre el verbo leer.
Como sé que muchos de ustedes se han interesado por todo lo que allí se habló (les aseguró que algunas propuestas de trabajo fueron muy interesantes) y no sé hasta qué punto dichas comunicaciones estarán disponibles o no, me he decidido a traer aquí la mía, una que llevaba por título Instragram o cómo atrapar lectores potenciales en la red social de moda. Dándole un par de vueltas y teniendo en cuenta que aquí no tengo límite temporal, la he re-estructurado en dos partes para facilitar su lectura y comprensión por esta vía.
Espero que la disfruten, les plantee preguntas y les sea útil, pero antes de entrar en harina me gustaría dar las gracias a José Manuel, Gela, Fuensanta y tantos otros que forman parte de esta conspiración albaceteña de mediadores de lectura y que han depositado su confianza en otros compañeros de profesión, como el monstruo aquí firmante, para compartir sus locuras con los libros.


Instagram, unas consideraciones orientadas a la mediación lectora

Instagram es la red social que más ha crecido en los últimos años. Con alrededor de ochocientos millones de perfiles activos a diario se perfila como una de las redes sociales con más proyección a la hora de aupar iniciativas, no sólo comerciales, sino también culturales. Si a ello unimos que la mayor parte de sus usuarios son jóvenes entre 15 y 35 años y que alrededor de un 20% de estos confiesan que es su red social favorita, no debemos desestimar este espacio de intercambio virtual como una herramienta para aupar el hábito lector entre aquellos estudiantes que la utilizan de manera directa.
De entre todas las características intrínsecas de esta red social, sus usuarios destacan sobre todo la positividad del formato, en contra de lo que ofrecen otras redes sociales como Facebook o Twitter, donde la forma de desarrollar los contenidos es menos directa, los contenidos no son del interés de esta franja de edad, y el mensaje final se adscribe a otras esferas donde abunda la impostura. Estemos de acuerdo o no, debemos considerar que esta percepción del usuario puede facilitar una relación igualmente positiva con los contenidos que alberga esta red social, por lo que deberíamos considerar una prioridad que los libros y la lectura estén presentes en ella y circunscribirlos a uno de los entornos comunicativos en boga. Si a ello añadimos que el vínculo que los lectores establecen con los libros tiene un gran componente emocional, sería interesante utilizar estas sinergias a la hora de aupar la relación de estas generaciones con el acto lector.
En segundo lugar debemos de tener en cuenta que Instagram está ideado para uno de los soportes con los que más interactuamos diariamente, el teléfono móvil (N.B.: Tanto es así que las imágenes y vídeos pierden calidad al visionarlos en otros como la tablet o el ordenador), y por tanto es una de las redes sociales más visitadas hoy día, algo que sigue ayudando en la interacción de los usuarios con los contenidos de la misma.


A estas dos premisas hay que unir una tercera que considera que la forma de relacionarse de nuestros alumnos pasa inevitablemente por las tecnologías de la información y la comunicación, el teclado o la interfaz de usuario. Son nativos digitales, se desenvuelven perfectamente en el mundo de internet, de los buscadores o el software (realidad que tenemos que asimilar aquellos que no lo somos). Esto ha servido para que muchos autores como Felipe ZayasJosé Rovira Collado, consideren que el uso de las nuevas tecnologías sea un arma eficaz para adquirir destrezas de lectura, así como incide positivamente sobre otras estrategias de mediación lectora, como por ejemplo los clubes de lectura.
Por último llamo su atención sobre el hecho de que niños y jóvenes se hallan inmersos en las redes sociales desde muy jóvenes. Y son esos espacios virtuales que utilizan para comunicarse entre sí y con parte del mundo que les rodea, esos lugares de intercambio habitados por gente variopinta, los que podrían formar parte del acto lector social o comunitario al que se han referido estudiosos como Michèle Petit y sobre el que se fundamenta lo colectivo de la literatura, una experiencia que puede partir de lo coral.



En mitad de este panorama nacen los bookstagramers, jóvenes más o menos anónimos que, sin ser especialistas en mediación lectora, desarrollan diferentes estrategias que congregan a multitud de seguidores de corta edad en torno a los libros y sobre las que merece la pena detenerse, más todavía cuando estas iniciativas son mejor valoradas por el público lector potencial que las de otros perfiles profesionales o bitácoras, institucionales o personales, que cuentan con un gran número de seguidores en otros formatos y redes sociales pero no alcanzan notoriedad en esta.


A pesar de todos estos pros con los que supuestamente contarían estos bookstagramers, son muchos los sectores de la mediación lectora que no ven en ellos un acicate para la creación de nuevos lectores y mucho menos lectores competentes reales por diversas razones entre las que se cuentan:
- que la mayor parte de las sugerencias de lecturas se adscriben al universo paraliterario lo que supone dudas sobre su formación y compromiso literario,
- que quedan patentes intereses comerciales en muchos de ellos
- que se busca la trascendencia de lo efectista en detrimento de una experiencia estética,
- y que la palabra, ese invento sobre el que descansan lo literario y la lectura, queda relegada a un segundo plano en una red social en la que prima la imagen.
Si bien es cierto que no debemos obviar todos estos peros, también hay que hacer una llamada de atención sobre que, tanto los bookstagramers, como los booktubers, constituyen los mayores ejemplos conocidos de mediación lectora entre iguales, un tipo de mediación poco habitual ya que tradicionalmente en estos procesos ha primado el modelo intergeneracional. Es a través de ellos cómo el libro adquiere un carácter de vínculo entre multitud de jóvenes de diferentes procedencias, constituyendo así una comunidad en la que todos se sienten parte activa y donde pueden compartir una experiencia de lectura, un vínculo nada desdeñable teniendo en cuenta la gran capacidad de influencia que todos tienen sobre el resto a la hora de leer.


Tras desgranar este contexto y en lo que se refiere a perspectivas futuras sobre el papel de la mediación lectora en Instagram, podemos apuntar a tres conclusiones/líneas de trabajo:
a. Supone un reto para los mediadores de lectura formados lanzarse a estas plataformas digitales y aupar el objeto libro y sus visiones literarias desde una perspectiva profesional.
b. Igualmente se deberían fomentar aquellos perfiles que puedan contribuir a la pluralidad en lo que a sugerencia de lecturas se refiere, y por tanto empujar a los usuarios inmediatos hacia una educación literaria real y no a los clichés y convencionalismos que tanto abundan en esta red social.
c. Por último, sería deseable una mayor presencia de los profesionales de la mediación lectora en este tipo de foros para velar por la calidad de los contenidos y una diversidad de espacios adecuada a los lectores y otros mediadores, de manera que la literatura no se viera subyugada a otros intereses.



Buenos bookstagramers: características y selección

Teniendo en cuenta el contexto anterior y partiendo de mi propia experiencia con Instagram a partir de la cuenta que Donde Viven Los Monstruos LIJ tiene en esta red social @dondevivenlosmonstruosblog , he creído conveniente hacer una serie de consideraciones que les pueden servir como guía a la hora de seleccionar a bookstagramers cuya labor sea notable en pro de los libros y la lectura, ya que no todo consiste en colocar a tíos/as buenos/as con un libro en las manos haciéndose los interesantes (hay Instagram más allá de los it-boys/it-girls). He aquí algunas de las características en las que yo me detendría…



Contenidos generales

-Diversidad:
Es importante que, siguiendo la línea temática a la que se adhiera el perfil, se conjuguen diferentes tipos de contenidos que desarrollen un nexo común. Si mi perfil trata sobre LIJ es importante prestar atención a novedades y clásicos, a diferentes formatos como el libro-álbum, la novela, el cómic o el libro de conocimientos, presentaciones de libros, lugares comunes, etc. Es decir, constituir un espacio digital donde la diversidad de contenidos preste una función lúdica e informativa.

-Intertextualidad/Interdisciplinariedad:
Teniendo en cuenta los déficits con los que cuenta esta red social, urge buscar sinergias entre la literatura y el mundo que nos rodea a la hora de atrapar lectores. Poner en relevancia elementos visuales y textuales que tienen que ver con la literatura, buscar una contextualización que no sólo parta del aspecto estético, sino que abrace a la obra que presentamos o buscar detalles que puedan generar un debate, pueden ser armas más que interesantes.

-Interactividad:
Comentarios públicos o privados, invitados, sugerencias recíprocas, sorteos, retos, encuestas, peleas de gallos o emisiones en directo son puntos fuertes de esta red social por la que fluye la comunicación de una forma más instantánea que en otras, y que un buen bookstagramer debe usar en caso de necesidad (también es interesante no abusar) para interaccionar con el resto de personas que configuran su comunidad de seguidores.

-Regularidad/Inmediatez:
No debemos olvidar que estos lugares son bitácoras y que permiten estar al día, no sólo de novedades editoriales, sino de temas de actualidad literaria, celebraciones en torno a los libros, presentaciones y otras actividades, es por ello que mantener un ritmo constante de publicaciones y estar al tanto de lo que sucede, ayuda en un buen bookstagram.



Contenidos específicos

-Gráficos:
Por un lado tenemos las imágenes, que para mí, deben tener tres requisitos fundamentales: ser originales, creativas y estéticas (Nota: No debemos olvidar que Instagram nació como una red social para amantes de la fotografía y este punto es esencial). Si además de esto, se relaciona con el libro de alguna manera (no es una árida imagen publicitaria) y sugiere otros discursos, mejor que mejor. Los amantes de las literaturas gráficas sabemos que las imágenes pueden decir muchas cosas por sí solas, y en la mano del bookstagramer está el buscar detalles, coincidencias, inspiración, curiosidades o incluso erratas que den valor a la obra sobre la que se habla. En algunos casos efectistas, en otros con menos fuegos de artificio, pero el caso es llamar la atención de los seguidores sobre esa imagen y presentar la obra de un nuevo modo, sin pasar desapercibida.
Por otro lado tenemos los vídeos en los que, además de las características anteriores, yo añadiría la de ser sintéticos (existe la limitación temporal en los de la bandeja de entrada) y estar bien editados.

-Textuales:
Reseñas, resúmenes, citas,  referencias bibliográficas, datos de interés, contenidos relacionados con la imagen, opiniones, enlaces y hashtags, son detalles que no se le pueden escapar a un buen bookstagram, más todavía cuando lo que intentamos inculcar es el gusto por la palabra, por la lectura, y de esta manera también aupamos la lectura instrumental a través de hipertextos.


Y teniendo en cuenta estas premisas (siento no tener tiempo para un análisis más exhaustivo y objetivo), llego a unos cuantos bookstagramers que, aunque no recojan todas ellas en cada uno de sus perfiles, pueden ejemplificar varias y sirven como orientativos a la hora de seleccionar/recomendar un bookstagram aceptable. Animándoles a seguirlos y de activar las notificaciones para cada uno de ellos (incluido el mío, jejeje), les dejo con mi selección particular donde abundan -¡cómo no!- los dedicados a la literatura Infantil y Juvenil.


Parejas de buenas lecturas y helados con buen criterio.


Guardas, tapas y camisas de álbumes con mucho que decir.


Estanterías y librerías a rebosar de libros.


Una bitácora excelente de libros para niños y gente que gusta de serlo


Buenas lecturas teatralizadas e interpretadas en imágenes


Canal de YouTube en portugués sobre LIJ con un gusto exquisito


Presentación de álbumes ilustrados del mundo anglosajón actuales desde Australia


Librería argentina especializada en LIJ con un instagram más que interesante.


Sugerencias de lectura de gente como tú y yo desde los andenes de metro de Nueva York, Londres, Ciudad de México y El Cairo.


 Clásicos desde Corea en bellas atmósferas


Presentaciones de libros coloristas sin objetividad (que también es un criterio).


Fantásticas propuestas con mucha relación con los álbumes y la ilustración infantil


Desde Sau Paulo con muchas propuestas de álbum ilustrado


Literatura infantil y álbumes de todo tipo con buena selección en portugués


Todas las imágenes y vídeos que acompañan a este artículo, exceptuando las capturas de pantalla de los diferentes perfiles que se han seleccionado, pertenecen a @dondevivenlosmonstruosblog / Román Belmonte.

miércoles, 9 de mayo de 2018

En el bosque de la vida...



Si ayer me detenía en un libro con mucho swag, hoy le llega el turno a ese sentimentalismo que de vez en cuando me sobrecoge y emerge tras visitar a solas y descalzo cualquier rincón provisto de vegetación frondosa y tranquila que  ilumina mi subconsciente. Es por ello que les animo a acercarse a algún cauce y meter los pies en el agua fresca del río mientras el sol les da en la cara. Y rejuvenecerán. Más todavía si llevan un libro como el de hoy encima…


El bosque de Riccardo Bozzi, Valerio Vidali y Violeta Lópiz (editorial Milrazones) es una rara creación, de esas que sorprenden y llenan a partes iguales. Es uno de esos álbumes que destilan poesía por los cuatro costados, no sólo porque tiene cierta vis de libro de autor (también los llaman álbumes de artista), sino por la creación de un discurso narrativo bello y complejo…


En realidad el bosque, además de una propuesta estética muy cuidada en la que abundan los amplios espacios en blanco (parece como si los autores abrieran un espacio a nuestros pensamientos y emociones, ¿no creen?), no deja de ser una metáfora de nuestra propia vida, de cómo la mirada se torna hacia nosotros mismos para concienciarnos de que estamos inmersos en el juego de la naturaleza y las reglas que esta ha dispuesto para todos los que la conformamos. Desde el germen al bosque. Del bosque a las semillas… Un recorrido idóneo para hablar de un fenómeno, el de la vida, también de vaivén, también circular, y en el que también hay cabida para hallar nuevos caminos por los que transitar sin olvidar salida y meta.


A todo ello hay que añadir el juego de miradas que se establece en sus páginas plegadas, gofradas (repujado en papel para producir un estampado en relieve) y troqueladas. Texturas que acariciar, mirillas a través de las que espiar y adivinar nombres propios entre el follaje; ventanas todas ellas de un mundo que se abre en ese pasar de páginas, cosas que parecen ser unas y después se trocan en otras. En definitiva, mirar el mundo barajando anticipación y exploración (¿Acaso no tienen estas ilustraciones mucho de Henri Rousseau, de sus escenarios selváticos?) en esa jungla interior que guarda cualquier ser humano.


Y con muchas más cosas que decir pero sin pronunciarlas, les dejo penetrar en la espesura de este libro con tantos niveles discursivos como lectores, y que seguramente habrá dado más de un quebradero de cabeza a sus autores. Es lo que tienen las cosas bien hechas: que gustan.

martes, 8 de mayo de 2018

De trapos y atrapados



Con el sol de mayo brillando y empezando la cuenta atrás de muchas cosas (por suerte o por desgracia hay que cambiar de aires), parece que la cosa se anima y, como las flores reventonas y los bichos revolucionados, la primavera bulle en nuestro interior (más todavía cuando la polinización de las gramíneas haga acto de presencia… ahí sí que más de uno nos vamos a cagar…), a muchos se les suben los humos más allá de la ionosfera y la tontería sobresale como las lorzas.
Ahora sí que empezamos a ver los resultados de las largas tardes de gimnasio y lo que nos trae las nuevas colecciones de trapos de las multinacionales del sector (corte y confección, no de toldos). Echando una ojeada les adelanto que la ropa vaquera, los tejidos naturales, los tonos claros y con cierto cromatismo se llevan la palma este año. En ropa de tío la cosa está poco transgresora, todo muy uniforme pero elegante, en la de tías se abandonan las curvas en pro de la comodidad, véanse monos y batines muy anchotes y aireados.


Yo, por mi parte, espero poder lucirme al ritmo de los sones machacones de la Natti Natasha y el Maluma, con una miaja de dignidad (chichas mediante, of course). Está visto que, llegados a una edad, los cuerpos no están para muchos fuegos artificiales y tenemos que conformarnos con disimular, algo que prefiero a embutirme en dos tallas menos y necesitar toneladas de 3-en-uno® para desprenderme de los pantalones –si es que no es un bidón de gasolina para prenderles fuego, conmigo fuera, que hago el mono pero no el gilipollas-.


Ahora no me vengan con el rollo de que ustedes no han pecado nunca de presumidos, que ninguna se han encasquetado zapatos incomodísimos, pantalones de tortura o camisetas salchichonas, que no han sufrido horrores para desprenderse de estas prendas que les oprimen pies, muslos y barrigas, de ese alivio que se siente al despojarse de una ropa que bien podría llamarse tripa. Que no, que no, que no les creo…
Y así, muy dicharachero, llego a Atascado de Shinsuke Yoshitake (Barbara Fiore Editora) uno de los libros más simpáticos del año, no sólo por lo absurdo de un argumento que hace troncharse a cualquiera (el grado de identificación que el lector puede alcanzar con su protagonista me ha punzado sobremanera) por desbordar lo humano en todos los sentidos. En este título que podríamos incluir en esa tendencia sobre la estructura narrativa de tipo sketch en el libro-álbum de la que hablé hace unas lunas, nos topamos con un chico torpe que se queda literalmente atrapado en su propia ropa (¿Ven? ¡Como ustedes, como yo!), una situación que sirve de hilo conductor para todo tipo de cábalas y conjeturas.


Problemas y más problemas (me encantan este tipo de libros) a los que el niño logra encontrar la solución gracias a su capacidad inventiva. Si a ello añadimos que en una de las escenas aparece completamente desnudo (ya saben lo que me gusta a mí el tándem provocación vs. censura) y en otra nos topamos con una ingeniosa crítica a las dictaduras, el librito tiene enjundia. Así que, concédanse un capricho durante este martes (que aún queda semana y hay que tomársela con un poco de alegría), acudan a su librería más cercana y atásquense en este libro, que bien merece unas carcajadas.


viernes, 4 de mayo de 2018

¡Feliz Día de la Madre (combativa)!



Se ve que este domingo es el día de la madre por lo que se avecina la inmejorable excusa de comprar una bandeja de pasteles (ya saben que me encanta la galguería… un buen palo de crema, miguelitos, merengue con fresas…) y ponernos a tragar como auténticos cerdos. Y seguramente, en algún momento de la sobremesa, alguna palabra será la chispa adecuada para desencadenar un cisma familiar.
No se crean que hay dinero de por medio (nos apañamos con poco) ni tampoco cuestiones religiosas (tenemos clara la postura) ni discusiones políticas (¿acaso merece la pena?), lo nuestro, como buenos manchegos, son las chorradas. Podemos reñir por quien sujeta a las criaturas para que los demás coman con tranquilidad, enfrentarnos porque uno tiene más barriga que el otro, y se puede liar la de San Quintín por quien se come la última onza de chocolate. El caso es liberar tensiones y dejar salir los malos rollos que todos llevamos dentro, como si de una cura terapéutica se tratase.
Así que ya saben, concédanse un capricho el domingo, denle alas a sus pasiones (las más odiosas, por supuesto) y suelten la lengua en pro de la relajación muscular. Y si no saben qué palabra mágica pronunciar para desatar la tempestad, echen mano de “malacatú”, un vocablo maravilloso.


Aunque el Malacatú de María Pascual (editorial A Buen Paso) tiene mucho que ver con los “malacatús”de la tradición oral, nos acerca a un universo enriquecido más que interesante donde estas retahílas se transforman en el hechizo idóneo para esgrimir en caso de discusión entre padres e hijos. La batalla entre una madre y su vástago ante la negativa del segundo de no lavarse los dientes, me recuerda al enfrentamiento intergeneracional que el Max de Sendak y su madre tienen a la hora de cenar. Asimismo y siguiendo con la referencia a Donde viven los monstruos, podríamos decir que en este caso, el universo onírico al que Max acude para sufrir su catarsis de manera individual, es sustituido por un duelo de sortilegios, un juego compartido que tiene el mismo fin: ese tratado de paz entre el mundo adulto y el infantil.


Además del desarrollo del argumento hay que hacer una llamada de atención sobre el formato, en este caso apaisado o a la italiana (como la Squilloni). Esto permite desplegar un espacio panorámico contextualizado en mitad de una cocina (¿cotidiano, no?) y en el que observamos dos planos de acción (se podría hablar de tres teniendo en cuenta la habitación, pero prefiero no liar más al personal). Mientras que en el primer plano madre e hijo recitan en voz alta (no se olviden de hacer lo mismo cuando lo lean) y alternativamente sus rimas fantásticas (me encanta esta sensación de cadencia, de oleaje) para transformarse en los más variopintos engendros, en segundo término se despliegan multitud de detalles, de otras historias que tienen que ver con juguetes, personajes del ideario infantil actual o pasado - hay muchos guiños al siglo XX que me chiflan, como los indios y vaqueros, la lucha entre Luke Skywalker y Darth Vader, o los dinosaurios de Jurassic Park... ¿Será que esta madre tan combativa ronda la cuarentena?-, utensilios de cocina vivarachos y una atmósfera colorista (les llamo la atención sobre este punto porque si se dan cuenta, el color se centra en todos los personajes animados y no en el escenario, algo que le confiere cierto aspecto de diorama) que crean otros planos discursivos en un texto enriquecido en el que el lector puede perderse durante largo rato.


Como ven, hay más de una razón por la que este álbum de la siempre sorprendente María Pascual recibió el "Premio Internacional de Álbum Ilustrado de la Biblioteca del Cabildo de Gran Canaria", y sobre todo, para regalárselo a alguna madre que otra en los próximos días, y que seguro que leerá junto a sus hijos (después de lavarse los dientes, claro…).



jueves, 3 de mayo de 2018

Olivia o cómo alcanzar el éxito



Hace tiempo que tenía intención de detenerme en la Olivia de Ian Falconer, una de las series de libro-álbum que más tirón ha tenido en los últimos años, y teniendo en cuenta que se acaba de publicar en España la última secuela protagonizada por esta cerda tan salá y que lleva por título Olivia la espía (Fondo de Cultura Económica, como el resto de la serie), creo que va tocando una mirada intensiva sobre todo lo que rodea a este producto editorial.


Aunque Olivia empezó siendo un juego de su autor, Ian Falconer, que quiso hacer un regalo a la mayor de sus sobrinas con un personaje inspirado en ella y su nariz respingona, la cosa se desbordó inesperadamente y la primera de estas historias, que llevaba sólo por título el nombre de la protagonista, fue el principio de un super-ventas que ha ido más allá del mundo editorial. 


Si nos fijamos en los libros de Olivia a priori nos podrían parecer poco aptos para pequeños lectores ya que en los primeros volúmenes el estilo de sus ilustraciones era bastante minimalista en lo que a formas y colorido se refería ya que sus líneas se basaban (N.B.: Hablo en pasado porque hay álbumes como Olivia en Venecia que adopta un tono más colorista) en el contraste negro, gris y blanco, y entre las manchas y notas de color primaba el rojo, el color favorito de esta cerda. 


Si bien es cierto que esto se combinaba con una caracterización de los personajes en la línea del “cartoon” o historieta, junto a un texto económico y directo, no cabría esperar un éxito tan arrollador, por lo que llegados a este punto tenemos que referirnos a varias cuestiones que nos den una explicación…


La primera es la Eloise de Kay Thomson y Hilary Knight, otra serie de libros con una niña de carne y hueso como protagonista que, aunque no fue concebida en inicio para niños, tuvo gran aceptación entre el público menudo. Además de compartir una protagonista femenina y rebelde (en la línea que permitían los años 50 y 60, claro está), la paleta de Falconer recuerda sobremanera a la de Knight, lo que hace suponer que en parte fue inspirado por esta serie de libros ilustrados de la segunda mitad del siglo XX.



La segunda se refiere a la psicología del personaje y su mirada hacia todo lo que le rodea… Olivia cuestiona todo lo que le rodea, que por lo general se refiere al mundo adulto, y esto es algo que se relaciona directamente con ese carácter subversivo de la LIJ del que tantas veces hemos hablado en este lugar de monstruos. Sí, Olivia es incisiva e inquisitiva, pero siempre con un punto de inocencia y dulzura que le resta gravedad y le imprime credibilidad. 


Y si a esta capacidad para poner en tela de juicio cualquier cosa, le unimos que es curiosa por naturaleza, el resultado es doblemente cautivador. Por un lado, el pequeño lector se ve reflejado en el personaje, y por otro y aunque saque de quicio a sus padres (Me encanta que su madre esté empeñada en llevarla al psicólogo a la mínima…, ¿será esta otra crítica mordaz del autor hacia el mundo adulto que intenta desacreditar la clarividencia de la infancia?), es capaz de conectar con el adulto desde la parodia y el sinsentido, dos características que generan un discurso pluriestratificado en el que tienen cabida multitud de lectores, lo que hacen más valiosa a esta serie de álbumes.


En el carro caben otras peculiaridades que no hay que saltarse por alto, como el entorno cosmopolita que rodea a esta cerda. Olivia le habla al mundo desde la ciudad de Nueva York, una de las cunas de la modernidad y donde se encuentran edificios e instituciones como el Empire State Building o el Metropolitan Museum (que también se han incluido de una u otra manera en estos libros). Olivia no sabe lo que es una pocilga, ella vive en un apartamento, Olivia no sabe lo que es el barro, pero si lo que es el ballet (¡He aquí la faceta de Ian Falconer como escenógrafo!), cuestiones con las que se identifican la mayor parte de los niños que viven en las grandes urbes del planeta que por otro lado es dónde se consumen la mayor parte de los libros infantiles del mundo.


Y por si fuera poco, a todo esto hay que añadir el gran compromiso que el autor tiene con el mundo del arte contemporáneo y de vanguardias. Ian Falconer, con una dilatada trayectoria como artista editorial (Siempre me ha llamado mucho la atención la disposición de los elementos en cada página de Olivia: exquisitamente pensados), intenta rendir tributo a los grandes artistas del siglo XX. Pollock, Degas o Mark Rothko, son algunos de los artistas que inspiran a Falconer y cuyas obras se plasman en algunas de las páginas de sus libros, unos guiños que se agradecen desde lugares como este.


Si bien es cierto que en alguno de los ocho volúmenes que conforman esta serie (por ahora, que seguro que ve la luz alguno que otro más) existen situaciones en las que se puede encontrar cierta moralina, cierto aire pedagógico, el conjunto de la obra arroja un vendaval libertario que abre puertas y ayuda a trazar caminos, algo que se reconoció con la Medalla Caldecott y por la infinidad de seguidores que tiene esta cerda un tanto caustica y sin filtro llamada Olivia.


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