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lunes, 17 de noviembre de 2008

Burros y zoología


Aunque soy biólogo (como Doña Ana Obregón –las damas primero- y Don Santiago Ramón y Cajal –aunque médico, dedicó sus investigaciones a la neurobiología-), no siento gran atracción por el mundo de la zoología, rama del saber dedicada al estudio del mundo animal. Me atraen más las plantas, más cómodas y estáticas…, eso de que los animales se muevan es un engorro para el avance del conocimiento. Excepto la avifauna y los insectos (seres volanderos en todas las acepciones del término), no soy un aficionado a los bichos.
Y dado lo zoófilo de este escrito, no he hallado mejor manera para honrar al mundo de los animales que una obra cuyo protagonista es otro animal, Platero y yo. ¿Quién no conoce a Platero, ese burro pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón? Pocas obras literarias de este país son un tributo semejante al que Juan Ramón Jiménez hizo a un asno y a la infancia.
Llama mucho la atención su prologuillo, donde Juan Ramón Jiménez hace una advertencia que comparto plenamente: Suele creerse que yo escribí Platero y yo para los niños, que es un libro para niños. No. […] Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, como las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! […] Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre […].
A lo que yo añado: del mismo modo que los hombres pueden leer los libros que lee el niño.
Para terminar, una petición… Lean Platero y yo, por favor.

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