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jueves, 5 de febrero de 2009

Ceguera



Hace unos meses, las operaciones con alguna connotación estética estaban a la orden del día. Y digo algunos meses porque se supone que las “boyantes” economías familiares podían facilitar este tipo de lujos (ahora se ve que la realidad es otra…): que si la ortodoncia pa’l nene, que si le pegamos las orejas a la Esther, que si la agüela estaría la mar de bien con un chorreón de Botox® o ¿y si le plantamos un cresta sioux al papa a base de injertos capilares? Ríanse, ríanse, pero conozco a más de una que ha pedido préstamos bancarios para ponerse un buen par de mingas… En fin, que este mundo loco, loco, sigue girando (y esperemos que lo haga unos cuantos años más) y yo aquí, viéndolas venir, que es lo mío.
Más de uno/a me ha aconsejado que me opere de miopía y diga adiós a las lupas. Sintiéndolo mucho les he dicho que nanay, que un servidor es muy feliz con sus dioptrías y que las gafas, además de imprimir carácter, son un complemento del vestir más, combinable con todo tipo de vestimentas y abalorios. Así que, las operaciones a base de rayos láser, para los que tengan ganas de quedarse ciegos…
Y disertando sobre operaciones, ojos y ciegos, la recomendación literaria de hoy no podía ser otra: Siete ratones ciegos. En este fantástico libro-álbum, Ed Young (Medalla Caldecott incluida) nos habla del periplo de siete (una vez leí en cierto estudio sobre literatura infantil que los números impares, y concretamente el siete, eran muy importantes en los cuentos populares) ratones muy coloridos (en cierto curso, una maestra me comentó que era una historia perfecta para enseñarles los colores a sus alumnos de educación infantil). Debido a su ceguera y a las diferentes sensaciones que van percibiendo, los roedores no son capaces de ponerse de acuerdo sobre qué es lo que tienen enfrente. ¿Conseguirán averiguarlo?

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