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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Bromas, ingenio e imaginación


Un año más, como por arte de magia, se me olvida gastarles una inocentada (¡Ay Senén!¡Qué descaro tuvo el español que transformó la masacre de Herodes en el pitorreo padre!), y les advierto ganas me sobran, pero no hay manera de sacar un hueco: el remolque de quehaceres va amontonándose irremediablemente sobre el escritorio y me es imposible idear alguna broma con la que rodar de risa a su costa…. El próximo no se libran…, si es que consigo dar con la broma oportuna… cosa harto difícil.
Mire usted, si la vida se compone en su mayor parte de cosas tristes, ¿por qué quien hace reír siempre está en un segundo plano? ¿Quién dijo que provocar la carcajada del populacho es cosa de mediocres y juglares de medio pelo? Prefiero descojonarme a llorar a moco tendido, prueba de ello es que, desde que era un niño, he admirado la labor de chistosos, comediantes y payasos, todas ellos mentes lúcidas, ingeniosas, ocurrentes, rápidas… e imaginativas. ..
Sin imaginación no hay risa…, ni disfraces, ni chistes, ni parodias…, ni magia, ni música, ni danza… No hay artistas callejeros, ni pintores, ni trapecistas, ni sueños… No habría cuentos, palabras o poesía… No habría nada… ¡Bien podría el llamado “plan Bolonia”, ese que ha dado más de un quebradero de cabeza a todo tipo de rectores universitarios (cosa de la que me alegro), haber incluido entre su catálogo de estudios un “Máster en imaginación”!
Y con eso, con un poquito de imaginación recién llegada de la mano de Sven Nordqvist en su ¿Dónde está mi hermana? (editorial Flamboyant), les dejo hasta el viernes, día en el que despediremos este año 2010.

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