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miércoles, 27 de febrero de 2013

¡Y ya van cinco!



Cinco años han pasado desde que inicié esta andanza entre álbumes clásicos, ilustraciones, historias, palabras, abecedarios, opiniones y lecturas. ¡Cómo pasa el tiempo! Seiscientas cuarenta y seis entradas, trescientos setenta y cinco seguidores (¡quiero más! ya saben donde darle… je, je, je), ochocientos cuarenta y siete comentarios, y más de ciento sesenta y siete mil visitas, se agolpan en este lugar que me absorbe mucho tiempo pero que también me ofrece muchas satisfacciones, que se deben, principalmente a ustedes.
Si a todo ello añadimos que durante este año se celebran cincuenta años desde que Harper & Row publicaran por vez primera el Donde viven los monstruos (Where the wild things are en lengua inglesa) de Maurice Sendak, obra cumbre de la Literatura Infantil que no sólo da nombre a este lugar, sino que ha sido adaptada al cine en dos ocasiones (en su versión animada de 1974 por los estudios Weston Woods y en el largometraje dirigido por Spike Jonze en 2009), ha inspirado una opera (1980), algunos temas musicales e incluso unos test de la Walt Disney Company, tendré que celebrar este quinto aniversario doblemente.
A veces dudo de la importancia de este libro, sobre todo por todas las virtudes que se le presuponen, todas ellas derivadas de los estudios psicológicos que muchos “especialistas” han hecho de él o de las intrincadas lecturas que muchos “entendidos” se empeñan en vociferar desde sus púlpitos. Está claro que los premios que ha obtenido la obra y su autor -entre ellos la Medalla Caldecott, el Hans C. Andersen, el Memorial Astrid Lindgren o la Medalla de las Artes de los EE. UU. de Norteamérica-, la buenas (y malas) críticas que se le han propinado, o la tan extraña y hermética vida de su autor, han logrado crear una leyenda de este libro, que para mi, sigue contado la historia de un cabreo infantil con un bonito final moldeado por un viaje a caballo entre el sueño y la imaginación.
Por todo ello, no sólo espero que me ayuden a soplar esta tarta, sino que también les felicito por formar parte de este sitio que un día creo Sendak, ese en el que vivimos todos los monstruos.

lunes, 25 de febrero de 2013

Libros y nazismo (2)



Continuando con mi propósito de elaborar una breve selección de títulos relacionados con las barbaries que trajo consigo el nazismo, desgrano hoy Soldados de plomo (editorial Bruño), otra de las obras del premio Hans C. Andersen, Uri Orlev.
Aunque esta novela juvenil está narrada en tercera persona, contando las idas, las venidas y las desgracias de un niño judío y su familia, hace alusión a la propia vida del autor, otra de las numerosas víctimas del antisemitismo, pilar abominable del social-comunismo hitleriano que obligó a Orlev a permanecer unos años en el campo de concentración de Bergen-Bersen junto a su madre y hermano para ser testigo de las perrerías que allí tuvieron lugar.
Aunque parecida a otras muchas novelas sobre el tema, plagadas de calamidades y descripciones capaces de emocionar a un témpano de hielo (¡Qué naturaleza la humana!... los animales, al menos, no disfrutan con la muerte de sus congéneres), en ella podemos encontrar ciertos rasgos bastante llamativos, como son:
-          Orlev no se conforma con relatar un suceso, focalizando toda la narración en el drama y la lágrima fácil, sino que lo contextualiza, es decir, aporta otros datos reales que aproximan al lector a otros puntos de vista, un aspecto necesario en novelas históricas de este tipo.
-          El escritor, además de basarse en las relaciones entre víctimas y verdugos, arroja otra serie de sentimientos e impresiones, que van desde el odio, hasta la conmiseración, la penitencia o el perdón. Denoto esto como un rasgo diferenciador puesto que muchas otras obras del mismo estilo (véanse libros, películas o documentales) centran la atención sobre las víctimas y su papel de mártires.
-          La mirada infantil. Aunque el protagonista, como en gran parte de la narrativa infantil y juvenil, sea un niño, Uri Orlev es capaz de transmitirnos dos rasgos sumamente importantes, por un lado su humanidad (ningún niño es bueno o malo, angel o demonio, simplemente ES), y por otro lado el crecimiento personal que en él se obra, no sólo por el paso de los años, sino por todo lo vivido.

viernes, 22 de febrero de 2013

Cuando llega la noche



Disfrutando del doodle sobre Edward Gorey que hoy nos regala Google, les remito una oda a la noche, que engullendo las siluetas de los montes, llega. Trae frío, soledad y miedo; la duda de si mañana habrá un nuevo amanecer…

Blasfemé,
imploré,
pinché,
subí tras alguien
para echarle el diente.

En el cielo, rojo como una “Marsellesa”
se estremecía al morir el ocaso.

Es una locura.

No pasará nada.

Llegará la noche,
después de hacer boca
tragará.
¿Veis?
Otra vez el cielo soborna
con un puñado de estrellas salpicadas de traición

Llegó,
comió vorazmente,
repantigada sobre la ciudad.

Vladimir Maiakovskiï
En: La nube en pantalones.
Ilustraciones de Manuel Flores.
2012. Barcelona: Sd Edicions.

miércoles, 20 de febrero de 2013

De adaptaciones y caperuzas



En cierto foro (no me acuerdo en cual… ojeo tantas cosas al cabo del día que es bastante difícil citar todas las fuentes), leí que cuando un artista es incapaz de crear algo nuevo, acude a las adaptaciones de los clásicos. Por el contrario, ayer di con cierta entrevista en la que varios autores defendían las adaptaciones por el mero hecho de intentar dar nuevas visiones sobre historias sobradamente conocidas para así mejorarlas en un contexto diferente. Si estas dos razones le añadimos esa tercera que arguye que, en tiempos de crisis son mejores las copias mediocres que las malas ideas, ya hemos puesto al fuego un cocido de lo más jugoso en el que mucho tiene que decir la Literatura Infantil y Juvenil…
En mi modesta opinión y con el poco bagaje humanístico que acarreo, me urge decir que, excepto los griegos, pocos son los que han inventado algo en esta arcaica cultura occidental, un saber que se ha ido enriqueciendo de refritos y alguna que otra idea chispeante, como cualquier otro… Aunque muchos defiendan estos cambios instantáneos y otras apariciones marianas, soy de los que opinan que el gradualismo no sólo se hace patente en el contexto evolutivo de la Biología, sino en otras ramas y disciplinas que pasito a paso, agregan nuevas perspectivas, diferentes visiones, eso sí, sin que ello se convierta en esa innecesaria costumbre de meter en el microondas, una y otra vez, esas sobras que aguardan en el frigorífico un inapetente final.
Con estas cavilaciones, el último libro (idea e ilustraciones) de Roberto Innocenti, aunque escrito por Aaron Frisch, editado en nuestro país, y titulado La niña de rojo (Kalandraka a la batuta), les recomiendo disfrutar de un nuevo concepto de la caperucita de Perrault o los hermanos Grimm (¡hay tantas versiones de este cuento popular que por una más…!), esa que se pierde entre escombros, neones, centros comerciales, asfalto y bandas callejeras, para finalmente, elegir el propio final de su historia.

lunes, 18 de febrero de 2013

Libros y nazismo (1)


El pasado 30 de enero se cumplieron ochenta años desde que Adolf Hitler fuera nombrado canciller de Alemania por el entonces presidente Paul von Hindenburg, un hecho que repercutió increíblemente, no sólo en la Historia universal del siglo XX, sino en otros contextos como el artístico, el tecnológico o el literario, el que aquí nos ocupa.
Decenas de títulos que trazan argumentos sobre las barbaries acontecidas durante el nazismo, se agolpan en las estanterías de bibliotecas y librerías, por lo que la triste excusa de los campos de concentración, las cámaras de gas y la limpieza religiosa, étnica o sexual, siguen vivas, no sólo en el ideario colectivo, sino como recuerdo de todos los que murieron por los complejos y la envidia, causas de cualquier conflicto.
Lejos de profundizar en el contexto histórico (sobre ello hay muchos que saben más que yo) y dado lo ávidos que son mis lectores por las recomendaciones de lectura temáticas -soy poco aficionado a los listados, aunque creo que a veces son necesarios…-, durante esta y las próximas semanas reseñaré algunos libros para niños, jóvenes y no tan jóvenes que creo de buena calidad, de poca lágrima y bastante objetivos, sobre los acontecimientos que trajo consigo el Tercer Reich (y no me refiero precisamente al “escarabajo” de Volkswagen, las carreteras alemanas o la Cruz de Honor de la Madre Alemana).
El primero de estos libros es el re-editado recientemente Cartas a Bárbara, de Leo Meter (Lóguez). En esta edición, bellamente acompañada por las ilustraciones originales del autor, se recogen las cartas que el artista y escenógrafo alemán Leo Meter envía a Bárbara, la hija que tuvo con la judía de origen holandés Elisabeth Plaut, durante la II Guerra Mundial desde Ucrania, adonde es enviado para luchar en el bando germano. De sutil belleza y lenguaje cercano, narra la realidad de una vieja Europa minada por la tristeza, omitiendo en todo momento la palabra “guerra”, un vocablo censurado por régimen nazi. Léanlo con una sonrisa porque en todas sus páginas cabe la esperanza.

jueves, 14 de febrero de 2013

San Valentín y la nefasta distribución: una historia para no reseñar





A consecuencia de un cuello totalmente dolorido, me encuentro completamente abocado a las quejas y denuncias de todo tipo, de las que hoy, efeméride amorosa, entra a formar parte la dirigida a las editoriales de literatura infantil a tenor de la mala distribución de sus productos…
Andaba yo rebuscando (y no precisamente cebollas) entre estanterías, algunas novedades primaverales (no pongan jeta de asombro, aquí no manda el calendario sino la evidencia: ¡miren los almendros cuajados, en flor!), y no veía nada… Nada de Lóguez; Edelvives, ni por asomo…, poca cosa de Kalandraka, OQO o Libros del Zorro Rojo; ni gota de Ekaré… de La Fragatina, Almadraba, Océano o Corimbo, “res”. Flamboyant, A Buen Paso, Impedimenta o FCE, prácticamente inexistentes. El jinete azul estaría con Everest, y El Naranjo de cañitas con Edebé… ¿Y Los cuatro azules? ¿se habrán retirado? Una pizca de Juventud, menos de Lumen y nanay de Media Vaca. A Pintar-pintar me lo encontré hace mil años y nunca más se supo… Sólo podía ceñirme a algunos títulos de SM, Anaya, La Galera o Lumen… A menos que encontrase algo de Bárbara Fiore, la entrada de hoy estaría vacía… Por allí apareció Encarnita, esa viciosa del libro-álbum bueno, bonito y barato, y nada, ninguna pista que me hiciese dar con lo que buscaba… No habría una pizca de amor “lijero” durante este San Valentín…
Deambulé desde Dionisio Guardiola hasta la calle Concepción, atravesé la ciudad desde uno a otro centro comercial, Tesifonte Gallego arriba, Tesifonte Gallego abajo… Pero no di con lo que buscaba… Así que, después de tanta pamplina, habiendo citado a la mayor parte de las editoriales LIJ del país (hubiese preferido hacerlo por otros motivos…), sólo les pido, desde la frustración que se siente como aficionado lector al no dar con el libro deseado (será la primera vez que reseñe algo que no he leído) que, si los encuentran, disfruten con estas tres historias de amor.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Miradas que valen un aplauso



Aparte de unas cervicales sumamente dañadas (según la fisioterapeuta la contractura oprime la arteria vertebro-basilar… ¡total na’!), la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma ha traído a mi vida, un año más, esa ilusión de niño por el disfraz y la máscara.
El carnaval, una fiesta pagana reconvertida por el ansia de poder vaticana, tan de moda estos días (¿fumata blanca o fumata gris?... sólo sé que esa chimenea se parece a la de la estufa de leña que nos calienta en los domingos de campo y huerta…, ¿tendrá algo sobrenatural?), se tiene que mamar desde temprana edad, y sembrar así la semilla del sinvergüenza canalla que cantará en lo venidero a lo mundano y lo divino, o en su defecto, a lo que le dé la real gana.
Ya se sabe que para dar la murga o ser un gran chirigotero, el mayor de los requisitos es llevar un niño dentro, de esos que poco saben de normas, leyes o consensos, para poder soplar a gusto la turuta que entone el cuerpo (y el intelecto), aunque también es cierto que, en cuestión de disfraces, no todo vale, porque bien es sabido que lo sencillo, bonito y profundo tiene una melodía que da valor donde sobra el gusto, un tándem del que pocos hacen gala en estos días de tanto crédito y papel moneda…. Y si el atuendo acompaña a la letra, sólo faltan ritmo y melodía; esas que ponen los ojos del niño sobre el problema, lanzan el dardo de la evidencia a unos oyentes cada vez más embobados, forjándose así el aplauso y haciendo grande un mundo chico.
Y si no denotan que las miradas pequeñas distinguen lo humano de lo fútil, observen la vida a través de la lente de El catalejo, una historia con dos directoras, Marta Serra Muñoz y Violeta Lópiz (editorial Almadraba), que se olvidan de ver para enseñarnos a mirar.

lunes, 11 de febrero de 2013

Poesía carnavalera



Y hoy, lunes de coros, no puedo evitar invertir el orden de las entradas semanales y dejarles con la letra de uno de los pasodobles de los ganadores en la categoría de chirigota del Carnaval de Cádiz de este año 2013, la agrupación “Los de Gris”, cuya intervenciones en la semifinal y la final del concurso en el Gran Teatro Falla pueden disfrutar AQUÍ y AQUÍ, y llenarse de su risa canalla, su crítica lenguaraz y de la poesía de sus letras.

[…]

Eres tú la razón
pa’ que nazca mi copla,
es el único motivo
porque saco chirigotas.

Y los nervios tengo a flor de piel
esperando otra vez
que mis notas te lleguen,
lucharé aquí poniendo mi voz
y con ella va mi corazón
para que tú te la quedes.

Toma, aquí dejo mi pasodoble,
que lo mimen las almas nobles
y lo aprenda el chirigotero,
que si escucho de tu voz la melodía
soñaré con ese día.

De verdad te juro, compañero,
si tú lo quieres cantar,
no me hace falta mas na’,
y es el premio que me llevo.

Chirigota “Los de Gris”
Letra de Moisés Camacho Ortega.
Música de José María Barranco Cabrera.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Huelgas con sabor a des-unión



Hoy, tal como ayer, nos encontramos ante las mal bautizadas jornadas de lucha (creo que a este país todavía no ha llegado “la primavera árabe”… pero bueno, siempre hay algún nostálgico que se acuerda del franquismo) en la Educación, sobre todo secundaria, siendo muchas las opiniones que se agolpan en los pasillos, las salas de estar y, sobre todo, en mi cabeza.
Todos hemos sido estudiantes (o al menos lo hemos intentado, unos haciendo novillos, otros ligoteando con la guapa intelectual de turno, y, los menos, buscando un futuro universitario –por cierto, bastante desangelado, todo hay que decirlo…-), y nos ha encantado eso de buscar excusas para disfrutar del sol invernal y restregarnos en el asfalto, o sobre cualquier rincón lleno de grama…, con cierta moderación… Lo de tres días consecutivos de huelga estudiantil me parece el clímax de la sinrazón, no para cafeterías y otros lugares recreativos (los mejor parados estos días), sino para la imagen que da la familia educativa en momentos tan críticos como los actuales.
Poco se habló en el último programa de “Salvados” (La Sexta TV), dedicado a la comparativa entre el sistema educativo finlandés y el español, de las características climáticas que afectan a unos y otros, así como de la idiosincrasia y acervo cultural que aúpan o degradan una y otra, tan extremista como puede ser la coreana, la canadiense o la japonesa, todas ellas grandes potencias educativas y sin mucha inversión…
Siempre he creído en la escuela (soy de los que encontraban mucho atractivo a esa vida agitada de griterío, tramas amorosas, pasillos atestados, travesuras y prohibiciones, apuntes olvidados, trabajos en grupo y otros sinsabores de la adolescencia), pero también creo que la Educación no es una labor unilateral en la que el Estado y sus trabajadores sean los últimos responsables de esta, sino que estudiantes y familias tienen también parte de responsabilidad (33% unos y 33% otros) en poder exhibir ante el mundo y las agencias calificadoras de la prima de riesgo, que España, fuera de cretinismo, corrupción y siesta, es capaz de formar no sólo a aquellos que emigran buscando una realidad mejor, sino a aquellos que se quedan para luchar por un país que Alemania, Italia, Francia, EE. UU. o China, entre otras, intentan convertir en su club de putas particular.
Concluyendo: no hay mejor lucha ni mejor ejemplo, que el de marcarse un objetivo, hacer frente común y llevarlo a cabo hasta el final, hasta llegar al cielo, llámese éste “futuro” o “autobús”, ese que niños, padres, abuelos y vecinos convierten en el paraíso que muchos disfrutan en Un autobús caído del cielo del australiano Bob Graham (ganador de la Medalla Kate Greenaway en 2002) y editado en nuestro país por Flamboyant (2012).

lunes, 4 de febrero de 2013

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XVII): Dorothy P. Lathrop








Dorothy Pulis Lathrop nació 16 de abril 1891 en Albany, Nueva York. Su madre era pintora, su hermana escultora, y su abuelo era dueño de una librería, por lo que parecía destinada a una carrera a caballo entre el arte y la literatura. En sus inicios como estudiante de arte en el Teacher’s College, dibujó junto a Arthur Dow, aunque en un principio le sedujera más la idea de escribir que la de ilustrar. Más tarde, asiste a clases de dibujo en Pennsylvania bajo la supervisión de Enrique McCarter, y a la Art Students League, con F. Luis Mora como profesor.
Es en 1918, cuando la entonces maestra de 27 años de arte en Albany, colabora con Walter de la Mare e ilustra con 12 imágenes The Three Mulla-Mulgars (1919), una fabula protagonizada por tres monos en la que usa muchos recursos pictóricos sacando partido del amplio abanico de posibilidades que ofrece esta obra fantástica. A este libro le siguen otros del mismo autor, como Down-A-Down Derry (un libro de poemas de hadas de 1922 que ilustra con la técnica del punteado que rivalizaría con su contemporáneo Dugald Stewart Walker) o Crossings (editado en 1923 y con grandes influencias de Beardsley).
Más tarde, en 1926, trabaja con Ethel May para Tales from Enchanted Isles, una inmejorable antesala para su libro más conocido -aunque menos representativo-, Hitty: her first hundred years (de 1930, reeditado durante varias décadas por MacMillan en lengua inglesa, la última, la Navidad de 1999), un libro de Rachel Field. Con un estilo algo arcaico y pomposo, probablemente como deferencia a la edad del personaje, fue galardonada con la Medalla Newbery (American Library Association) ese mismo año.
A este le siguen otros de diversos autores entre los que se cuentan, Dutch Cheese (1931), Mr Bumps and his monkey (1942) o Bells and Grass (1942), todos ellos de Walter de la Mare, The Little Mermaid de Hans C. Andersen (1939), Little Boy Lost, de  W. H. Hudson, The Princess and Curdie y The Light Princess, ambos de MacDonald, o The Animals of Bible, a picture book, de Helen Dean Fish, con el que obtiene la Medalla Caldecott en 1937.
Al mismo tiempo y a partir de 1931, Dorothy comienza a escribir sus propios libros. The Fairy Circus (1931), The Colt from Moon Mountain (1941), Angel in the Woods (1947), Bouncing Betty (1936), Dog in the Tapestry Garden (1942), Let Them Live (1951), Littlest Mouse (1955), Puffy and the Seven Leaf Clover (1954), Skittle-Skattle Monkey (1945) o Follow the Brook (1960), dan muestras de su talento como escritora e ilustradora.
Tras más de 86 libros ilustrados, en los que es evidente la atracción que sintió por plasmar el mundo animal (su hermana, Gertrude, decía que más que compartir una casa con su hermana, compartía un zoológico en constante cambio), una labor tardía como escritora y editora, Dorothy Pulis Lathrop fallece en Nueva York, el 30 de diciembre de 1980.

El estilo de Lathrop, aunque preciosista, se basa en técnicas sencillas como son la tinta y el lápiz, un hecho que añade un toque de misterio a las imágenes que, si bien están protagonizadas por animales, les imprime cierta personalidad humana, una vivaz llama que aporta luz en un mundo complejo, tenue, gris y, probablemente, algo juguetón.

viernes, 1 de febrero de 2013

... y cierra España.



Hace cosa de mil años, en cierta entrevista televisiva, le preguntaron a María del Monte (sí, la tonadillera): “¿Qué hizo con el parné ganado en sus primeras galas?” Y ella, rotunda y cañí, contestó que, como cualquier pobre, comprarse un Mercedes-Benz®. Aquello se me quedó grabado y constata, día tras día, que la pobreza de este país es inconmensurable.
La miseria que sufre nuestro ¿estado? no se mide por el grado de alfabetización ni por el acceso a los alimentos; tiene su termómetro en coches de alta gama, “smartphones” y cruceros por el Mediterráneo, unidades que no entienden de clase, ni condición, sino más bien de ostentación. El problema se hace más acuciante cuando esa carencia monetaria (e intelectual, véanse los esfuerzos de la prensa en afiliarse a uno u otro partido) se mimetiza con el poder, un combinado explosivo que acarrea corruptelas de todo pelaje que hacen de este país el sumum de la vergüenza.
Y no se engañen proclamando su inocencia, acudiendo a manifestaciones en contra de unos u otros, escupiendo contra Europa, ni echándole la culpa al imperialismo americano (¡eso sí son tribunales de justicia!), cómplices ciudadanos y votantes, ya que ansían, como cualquier otro, estar a sus once vicios pese a quien pese. Sólo necesitan asomarse a la mirilla y contemplar como, escayolistas, profesores, concejales, duques, banqueros y jueces, cantan a coro lo de “Billetes, billetes verdes, ¡pero qué bonitos son!”, dando fe -una vez más- de que España no tiene solución (a menos que alguien quiera ahorrar y trabajar…). Así que: apaga la luz y vámonos.

Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

[…]

Es galán, y es como un oro:
tiene quebrado el color;
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
que pues da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

[…]

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y, pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

[…]
Francisco de Quevedo.
Poderoso caballero es don Dinero.
En: Antología poética.
2002. Madrid: Espasa.