Contacto

martes, 15 de diciembre de 2015

Una sonrisa en el corazón


Nos tomamos la vida a pies juntillas, con demasiada trascendencia. No sé si es un acierto o quizá un lastre artificial que cada uno soporta sin razón aparente y en la medida de lo posible. Desde pequeños nos han enseñado que la seriedad es una virtud (yo prefiero la templanza, es más práctica). La gente quiere ser muy honrada (¿O quizá creíbles...? ¡Qué confuso es todo!). La gente quiere ser muy respetables (respetando poco... ya saben lo de nuestros prejuicios). Algunos lo consiguen metiéndose una estaca por el culo, otros colgándose toda la ropa de AmazonBuyVip©, los menos leyéndose cuatro libros (¡Qué sabihondos y bienhablados), y la inmensa mayoría con una vida redonda que en su plenitud pase por los hijos, los coches, el apartamento en la playa y un perro que pasear. Todo es maravilloso. Pero, ahora que me fijo: ¿A cuenta de qué? ¿De borrar la sonrisa?


En esta vida llena de doctrinas, malencarados y falsas carcajadas, un servidor se atreve a defender los laberintos complejos, las cosas sencillas, las decisiones descabelladas, los libros para niños y, sobre todo, la amplia risa, todo ello amenizado con un poco de cabeza (que no está el horno para bollos). Táchenme de lo que quieran, pero aquí estoy yo, intentando ser feliz -aunque a veces sea infeliz; no hay que ser necio pues no todo es de color de rosa-, con mis gilipolleces y mis miserias, con mis alumnos diurnos y mis farras nocturnas, y esa sonrisa sempiterna (N.B.: Sé que a muchos les jode por pura envidia, así que, cuando quieran, les regalo la sonrisa... y también las miserias).
Ya sé que muchos me tratan de mercachifle, de juerguista, vividor y absurdo, pero, lo siento, seguiré con mi sonrisa, liviano, poco convencional, decir lo que me plazca (a estas alturas de la vida creo que me puedo ir concediendo esos caprichos)... vamos, hacer el payaso, que es muy necesario.


Perdónenme si a veces me paso de la raya (bien recuerdo a aquella que me voceaba por el rellano de la escalera: “¡Sí, sí... pero con la risa bien que jodes!), pero también han de reconocerme que antes de reírme de lo que toca, me río de mí mismo, una medicina doblemente expectorante, la mejor receta que me ha dado el tiempo para sobrevivir a este mundo gris.


Y para que vean que me preocupo por todos aquellos que se toman el devenir tan en serio (incluso esas fruslerías y maldades que digo de los libros), he aquí El granjero y el payaso. De este álbum ilustrado de Marla Frazee y editado en nuestro país por Algar, podría decir mil cosas, pero sólo voy a decir tres: es exquisito, tremendamente honesto (cuando me refiero a que un trabajo es transparente y sin dobleces, me refiero a esto, a hacer bien tu trabajo, a no ser forzado ni pretencioso, a no buscar la diferencia) y universal; todo ello, sin una sola palabra (muchos no quieren oír hablar de libros sin palabras, y creo que es porque no saben leerlos).
Miren su fiel reflejo en el granjero y encontrarán su infancia en el payaso. Lean este libro y dibujen una amplia sonrisa en el corazón.

3 comentarios:

  1. Qué buena pinta tiene este libro.
    Caballero andante Román, La espada y el escudo del caballero son la sonrisa sincera y el sentido crítico de la vida.

    ResponderEliminar
  2. Qué buena pinta tiene este libro.
    Caballero andante Román, La espada y el escudo del caballero son la sonrisa sincera y el sentido crítico de la vida.

    ResponderEliminar
  3. "Caballero des-andante" me viene más al pelo... XD

    ResponderEliminar