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miércoles, 27 de enero de 2016

Buena literatura vs. ediciones preciosistas


No son pocos los monstruos que me han reprochado en algunas ocasiones que reseñe o incluya en mis selecciones libros que, a su juicio, no son muy sobresalientes y que consideran más bien mediocres. Siempre que me lo permiten, les rebato el argumento diciéndoles que está obnubilados por este mundo consumista y que confunden lo mediocre con lo modesto, es decir, suelen (solemos, que uno no es de piedra...) mezclar los términos “buen libro” y “libro bien editado”. ¡Y de eso va el post de hoy!


Es cierto que la edición es una parte verdaderamente importante de un libro o álbum ilustrado redondo, como bien dije AQUÍ , pero no todo es tan obvio y hay que apuntillar un poco para concretar ciertas cuestiones... Lo primero es darle un tirón de orejas a muchos editores que se valen de la preciosista (o bonita) edición para vender productos mediocres. Seguramente porque son pocos consumidores/lectores que se dan cuenta de ello debido al exquisito envoltorio en el que se presentan. Cajas de bombones, frascos de perfume, paquetes de chicles..., todo lo que se encuentra a la venta tiene un componente estético dirigido a un público determinado, entra por los ojos y ¡voilá!: soltamos la pasta. Es por ello que hay que discernir entre contenido y continente, no sea que con tanta imagen y edición, nos vendan humo a precio de oro.


En segundo lugar me gustaría llamar la atención sobre lo que yo llamo los “libros-objeto”, un fenómeno que surge de elevar a la enésima potencia la edición para dejar a un lado el fin mismo del libro: el lenguaje textual y/o ilustrado, algo que lleva a muchos lectores a confundir un libro bien editado con esto (no todo lo que está hecho de papel es un libro en el sentido estricto de la palabra). Como ejemplos puedo citar los pop-up decorativos o algunos libros que da pena abrir.


También hay que hacer una defensa de todos aquellos buenos libros que serían excelentes si se hubiera cuidado su edición mucho más. Claro está que también hay que apelar al sentido común, y decir que no somos nosotros quienes ponemos el dinero sobre la mesa. Debemos comprender que muchas editoriales están limitadas tanto en medios, como en presupuesto, y no pueden subrogarse por entero a la maquetación, el diseño, la tipografía, el papel, la impresión, el cartón y otros detalles que conllevan un coste más elevado del proceso. Por otro lado tengo que destacar la labor que muchas de estas empresas desarrollan dentro del mundo editorial ya que, si no fuera por ellas, muchos proyectos personales que no tienen cabida dentro de las grandes y conocidas, y que han sido desechados por diversas razones, no verían nunca la luz y se empobrecería el espacio LIJ.


Por último quiero decir que lo ideal en un álbum ilustrado es que el contenido y la edición se acoplen como un efectivo engranaje para moverse al unísono, algo que pocas veces ocurre pero que, cuando sucede, da lugar a obras como Álbum para días de lluvia, de Dani Torrent y editado en castellano por Bonito Editorial; un libro de buena calidad que nos cuenta la historia de un niño que recoge momentos cálidos y luminosos para cuando llegue el tiempo gris y que hoy les traigo como ejemplo de simbiosis entre historia honesta y buena edición. ¡Que bien vale una mención!


1 comentario:

  1. ¡¡Cuánta razón en tus palabras!!. Gracias por esta entrada.

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