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viernes, 22 de enero de 2016

Hablando de LIJ con... María Cristina Ramos


Román Belmonte: Me encanta y me halaga que haya accedido a este tercer grado. Es un honor charlar sobre poesía infantil con una dama rimada. Y a las damas, no hay que tutearlas, más si cabe, cuando las admiras a través de sus palabras... Defínase con unas cuantas.
María Cristina Ramos: Mecer, golondrina, tejido, silencio, sandía, mirada, misterio…
R.B.: Por cierto, ¿con que rima monstruo?
M.C.R.:
Monstruo no sabría con qué rima
pero tengo palabras que se arriman,
que rodean con gracia y que perviven
con los monstruos y el lugar en donde viven.

R.B.: (Boquiabierto)
M.C.R.: Y yo pregunto:
¿Qué es el aire cuando acaba de nacer?
R.B:
Un vuelo suave, tranquilo... Ligera poesía.
M.C.R.:
¿Por qué los cangrejos se dedican a la relojería?
R.B:
Porque ellos, como el tiempo, andan del derecho y del revés

Perdone las dobleces pero, ¿piensa o escribe en verso?

M.C.R.:
Ay, Román, usted siempre con sus treces!
Cabría responderle en dulce prosa
pero usted me provoca con palabras
ligeras y fragantes como rosas.
Si acaso no declina
el entredós,
si acaso no se espina
el tú o el vos,
puedo seguir jugando
en entreversos;
avise usted si pierdo la hebra fina.


R.B.: Recíteme unos versos infantiles en voz alta...
M.C.R.:
Quiero a la sombra de un ala
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

R.B.: Hablando de palabras, versos y rimas... ¿es más fácil hacer un soneto con acento argentino?
M.C.R.: Tal vez...

No sé si fue la madre que cantaba
el revolar de espumas y de olvido.
No sé si algo de luz o algo de nido
tuvo la sombra que el parral me daba.

Si fácil no es la vida, la palabra
¿acaso es pan verbal, casi destino
que se vuelve vitualla en el camino
cuando el cielo sin paz se descalabra?

En agua de sonetos yo he bebido
voz de abuelos lejanos que vivieron
sueños de mar y oleajes peregrinos.

De sus voces secretas he nacido
y está el mar redondeando mi silencio
que habla a solas de todo lo perdido.


R.B.: Somos pocos los divulgadores de la Literatura en general y la Literatura Infantil en particular, que abanderamos versos infantiles en nuestro ideario de forma regular, ¿cree que eso va en detrimento de la visibilidad de un género tan minoritario?
M.C.R.: No somos muchos, pero somos buenos… Y como no atino mucho a responder, ¿podría responder usted?
R.B.: (Risas) ¡No deje la pelota en mi tejado o se llenará de peros!... El pero número uno: ¿Cómo vamos a engordar la poesía con lo pobres de rimas que andan las estanterías?; el pero número dos: ¿Dónde están los poetas cuando se les necesita? (Arrime la oreja, Doña Cristina... Hace un par de años hice un llamamiento a poetas y/o poetisas -N.B.: Como yo no entiendo de connotaciones peyorativas, prefiero prestarle atención a sus palabras y avanzar con la poesía infantil- para poder seguir llenando los viernes de los monstruos con dulce rima, y no se sorprenda si le digo que aún los ando esperando...); y el pero número tres (estoy algo soñoliento): la poesía es a la literatura, lo que la música al arte. Está tan presente que no le importa a nadie.
Cambiando de tercio... Siempre he creído que poetas o poetisas como Gloria Fuertes o María Elena Walsh trascendieron en sus respectivos países dedicándose al público infantil porque fueron aupadas por las instituciones gubernamentales y educativas, así como por los medios de comunicación, algo que en nuestros días es impensable... ¿A que se debe la falta de apoyo a la cultura hoy?
M.C.R.: Disiento un poquito. María Elena Walsh se abrió camino en nuestro país de la mano de la música y de su propia excelencia. Fue una voz fundadora de una sensibilidad en un momento de país.
En cuanto al apoyo institucional, en Argentina ha habido en los últimos años un gran apoyo al libro y la lectura. Aún así hay conexiones rotas que hay que reparar. Seguimos buscando docentes que descubran la poesía y la compartan gozosamente. Y digo poesía, no texto rimado solamente.
R.B.: ¿Por qué la poesía infantil es una parcela la mar de femenina?
M.C.R.: No lo sé. Creo que se impone aún un prejuicio que impide que el mundo masculino se deje impregnar por lo poético.


R.B.: Cada vez que visito una librería me doy de bruces con la realidad: cuatro libros de poesía frente a tropecientos de narrativa... ¿Será más difícil parir una poema que una novela? ¿Será más fácil vender párrafos o estrofas?...¿A qué cree que se debe?
M.C.R.: Es un tema complejo. Los libros de poesía se venden menos en parte porque se los asocia con cierta dificultad en la lectura, en un tiempo en que todo debe ser rápido y cambiante, en un mundo que parece alimentarse de vértigos. Es más, la narrativa que se lee mayoritariamente es una narrativa lavada, sin demasiado trabajo de discurso. Si bien estoy generalizando, extraño ese tiempo en que leíamos narrativa y remarcábamos párrafos para volver a leer o para compartir, porque su impacto nos desbordaba, alimentaba nuestra sed de leer. Además, volviendo a la poesía, a veces hay encuentros con textos de estafa. Llamo así a aquellos escritos en verso, que no llevan a la hondura, a la reconfortante alegría o al deslumbramiento de lo poético. Si lo más frecuente es encontrarse con ese tipo de textos es natural ponerse a salvo, huir hacia otra cosa.
R.B.: Los teóricos defienden la poesía infantil, junto a retahílas y canciones, como grandes aliadas a la hora de construir lectores. En un mundo en el que poco queda ya de los juegos a pie de calle y la tecnología sirve de distracción, ¿sigue vigente esa interacción entre rimas y lectura o deberíamos buscar alternativas?
M.C.R.: Las dos cosas me parecen acertadas. Pero en mi experiencia no hay niños que no disfruten de la poesía si se les lee bien. Pero ¿qué es leer bien un poema? Haberlo leído previamente, haber conectado con su mundo de sugerencias, haber encontrado la voz capaz de acompañarlo. Muchas veces descubrimos la belleza de un poema cuando alguien nos lo lee dedicando su tiempo y su voz, donando su propia lentitud, su singular delicadeza.


R.B.: La primera vez que leí su Papelitos, recordé algo... En mis años de escuela, los maestros nos obligaban a memorizar poemas. Todavía me acuerdo de muchas estrofas y, aunque en aquel entonces no comprendía las razones, hoy me alegro de que alguien se empeñara en que guardásemos versos en la cabeza. ¿Sigue siendo el maestro el mayor divulgador de Literatura Infantil?
M.C.R.: Sin dudas, el maestro y el bibliotecario. Y creo que hay que volver a invitar a los chicos a que memoricen poemas. Y digo invitar, que no se trate de una imposición. Memorizar un poema elegido es también encontrar un territorio interior con el cual vincularse cada vez. Y son espacios que necesitan de esa cadencia, de ese acompañamiento de sensibilidad que reside en la palabra poética.
R.B.: ¿Y esos libros dedicados que me iba a enviar? ¿Para cuándo?... No me gustaría que le concedieran el Andersen (ese al que ya ha sido nominada una vez) y no tener en mi poder algo que valdría millones...
M.C.R.: Ahora, cuando cambie la luna.
R.B.: Me chifla jugar, comer y leer... ¿A que le gusta jugar a usted? ¿Y comer? ¿Y leer?
M.C.R.: Jugar sobre todo con las palabras, como en el casi contrapunto del inicio de esta tan linda, refrescante y a la vez seria entrevista que creaste, Román.
Comer, uva moscatel. Leer aquello -que no es fácil encontrar- que me hace detenerme en el tiempo, cerrar los ojos, paladear las frases, sentir que se renueva el mundo.




Aunque la ciudad de Mendoza (Argentina) vio nacer a María Cristina Ramos Guzmán en 1952, esta reside en Neuquén, la Patagonia, desde 1978, desde donde ha ejercido su labor como poeta/isa, escritora, editora, divulgadora y profesora de literatura. De entre el sinfín de libros de poesía infantil que ha publicado destacan Un sol para tu sombrero (Libros del Quirquincho, 1988, Re-ed. Sudamericana, 1999), Maíces de silencio (obra con la que fundó la editorial Ruedamares en 2002), La luna lleva un silencio (Anaya, 2005), Papelitos (FCE, 2007) o Dentro de una palabra (Sudamericana 2014). También ha cultivado la narrativa para niños (Cuentos de la buena suerte, El libro de Ratonio o Belisario), para adultos (La secreta sílaba del beso) y el ensayo (Aproximación a la narrativa y poesía para niños: los pasos descalzos y La casa de aire: la literatura en la escuela). De entre todos los galardones y reconocimientos, destaca su nominación para recibir el premio H. C. Andersen en 2013.

2 comentarios:

  1. Gracias por regalarnos este diálogo monstruoso y por descubrir títulos que nos sigan invitando a la poesía. Hasta pronto!

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