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miércoles, 11 de junio de 2025

Mascotas ¿adecuadas?


Parece que tener una mascota (o varias, según gustos) se ha instaurado en la sociedad. Nos venden animales de compañía como churros y todo quisqui traga. A mí, que cada uno haga lo que quiera, pero siempre he sido de la opinión de que cada uno en su casa y el burro en la linde por muchas razones.


La primera es que las viviendas españolas son las menos adecuadas para cierto tipo de mamíferos, como los perros y los gatos. Por mucho que se empeñen ciertos dueños, los muchos seres vivos necesitan un espacio mínimo para realizar sus actividades diarias y los ochenta metros cuadrados que se les ofrecen de media en nuestros hogares siempre son insuficientes (otra cosa es que se acostumbren a las celdas, como los seres humanos en las prisiones). Y si nos ponemos a hablar de la limpieza o el mobiliario, ni te cuento…


En segundo lugar, y a pesar de las condiciones sanitarias que la mayor parte de los propietarios les ofrecen, hay que tener en cuenta que los animales son portadores de un sinfín de enfermedades de todo tipo. La sarna, la toxocariosis, la tiña, infecciones por Bartonella, leptospirosis, campilobacteriosis, la gripe aviar, la psitacosis o la criptococosis. Algunas, como la rabia, se pueden prevenir con vacunas y visitas habituales al veterinario, pero otras, son más difíciles ya que son inherentes a su modus vivendi.


Por último, siempre me gusta hablar de otros riesgos para la integridad física... La mayor parte de los animales actúan por instinto y por tanto, tienden a la protección. Algunos poseen estructuras de defensa, como pueden ser garras o colmillos, otros, los más exóticos, cuentan con picos, aguijones o glándulas tóxicas. Siempre puede haber situaciones en las que se desorienten y ataquen a sus dueños, a los hijos de estos o a un tercero. Lo que en un principio parecía una inofensiva tarántula o un amigable caimán, se puede convertir en nuestra peor pesadilla.
Quizá sería conveniente que, aparte de los caprichos personales o familiares, las fantasías y lo emotivo, nos empezáramos a plantearnos la adopción de gatos callejeros o la compra de aves exóticas desde una perspectiva más realista en la que sopesar pros y contras hacia los animales y hacia nosotros mismos para no ser como la protagonista del libro de hoy.


No es una pantera, el álbum de Cristina Pieropan que nos presenta la editorial Ekaré, nos cuenta la historia de una niña que le pide a su padre una pantera como animal de compañía. El padre, como persona cabal, acude de su viaje con un loro. El loro puede ser precioso e incluso puede hablar, pero no tiene nada que ver con una pantera. Lo mismo pasa con el conejillo de indias. Le llega el turno a un gato que, a pesar del tamaño, es tan negro y suave como una pantera, pero no termina de serlo. ¿Llegará el día en que pueda acariciar una pantera de verdad?


Humor blanco y mucho encanto. Esta niña nos explica con mucho desparpajo las razones de ser dueña de una pantera desde una perspectiva tan infantil como necesaria. Acunar a sus amigos entre las patas, defenderla de los matones del colegio o acompañarla sigilosamente a ver a su amiga. La chiquilla sabe lo que quiere y se enfrenta a las imposiciones del mundo adulto desde un prisma inteligente y justo con razonamientos inocentes que arrancan sonrisas, hasta que su abuelo (paciente y sabio) le hace cambiar de opinión...


Con un estilo inconfundible, la artista italiana nos regala un álbum donde la técnica del grabado coloreado con acuarela crea esa atmósfera delicada y entrañable que necesita una historia como esta. También es muy interesante el juego que se establece entre ilustraciones con marco o sin él. Mientras las que se refieren a la realidad mantienen el marco, las que se refieren a las ensoñaciones de la protagonista ocupan se desbordan en las dobles páginas. Deseos y realidad se confunden en esa especie de neblina que aporta el fondo beige del papel mientras suena esa frase que, a modo de mantra, nos retrotrae a la infancia.
Y no lo olviden: antes de hacer cautivo a un animal, piénsenlo dos veces.

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