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lunes, 6 de octubre de 2025

Sonidos con mucho trasfondo


Si alguna vez han invertido la tarde en el parque rodeados de mocosos, habrán podido constatar que, más que un lugar de recreo, aquello parece un zoológico. No solo por el trajín que supone tanto movimiento, sino por la enorme cantidad de ruidos que se entremezclan en un ecosistema casi naturalizado.
Gritos de alegría, también de miedo, angustia o necesidad. Llantos y carcajadas. Sustos dados y recibidos. Exclamaciones de sorpresa, silbidos y afrentas. Pedos y soeces varias. Imitaciones y representaciones teatrales. Trompazos y golpes contra los materiales más insospechados… Más que criaturas humanas, recuerdan a pequeños animales que, en vez de utilizar el verbo, sienten una preferencia extrema por sonidos exentos de palabras.


Es lo que tiene el lenguaje primario, mucho más útil a ciertas edades en las que la comunicación se resume a lo universal, ya que lo que toca gestionar son situaciones vitales muy básicas. Pedir comida, buscar ayuda, comunicarse con el grupo o llamar la atención de los iguales. En realidad, son cuestiones que elefantes, guacamayos, lobos o koalas solucionarían de una forma parecida.
No me extraña que los libros infantiles se llenen de onomatopeyas, esas imitaciones lingüísticas de los sonidos que rodean a los chiquillos. Utilizadas para añadir expresividad, dinamismo y generar imágenes sensoriales en la mente de quienes las leen, estas recreaciones escritas son bastante curiosas, pues dependen del idioma que utilicemos. Si quieren referirse al canto del gallo en español, escribirán “¡Quiquiriquí!” y si lo hacen en inglés, será “Cock-a-doodle-doo!”. Algo parecido pasa con el estornudo o el maullido de un gato. ¡Diviértanse buscándolo!


Y así, con onomatopeyas y animales, llegamos a ¡Oh!, un libro firmado por Massimo Caccia y Giovanna Zoboli que ha publicado este otoño Libros del Zorro Rojo. Dedicado a prelectores (o eso nos creemos los adultos), recoge un buen puñado de estampas que representan diferentes situaciones protagonizadas, generalmente, por parejas de animales donde la expresividad de los actores y las onomatopeyas e interjecciones que los acompañan, nos invitan a encontrar la historia que subyace tras la imagen.


Si encuentran a un pingüino a lomos de una jirafa gritando “¡Guau!”, ¿qué pensarían que ha sucedido? Puede que haya sucumbido al asombro contemplando su enorme cuello o quizá que se haya deslizado sobre este a modo de esquiador avezado. Si ven la imagen de una pata de elefante sobre una tortuga que asoma tímidamente su cabeza y acompañada de un “¡Auch!”, ¿quién ha hecho daño a quién? ¿La tortuga al elefante o viceversa?


Con mucha diversión, líneas definidas, colores planos, potentes contrastes y composiciones estudiadas, el ilustrador italiano seduce nuestra mirada con posturas sorprendentes, divertidas o imposibles que pueden desbordarse en nuestra imaginación a modo de conclusión (también predicción). Todo un juego de pareceres con el que pasar las horas desentrañando un total de veinticuatro enigmas animales muy emocionales.

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