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lunes, 22 de diciembre de 2025

Los beneficios de la amistad


Teniendo en cuenta que nos encontramos embebidos en una época del año en la que las reuniones de amigos son una constante, he reunido un puñado de curiosidades referidas a la amistad como preámbulo a una tanda de álbumes protagonizados por buenos amigos.


Seguramente habrán oído aquello de quién tiene un amigo tiene un tesoro, ¿verdad? Pues deben saber que es totalmente cierto ya que muchos estudios científicos apuntan a que son beneficiosos para la salud. Las personas que tienen amigos tienen niveles mayores de dopamina, oxitocina y endorfinas, sustancias del bienestar y la felicidad. Así mismo, son menos propensas a sufrir enfermedades cardiovasculares y ciertos trastornos mentales, incluidos el estrés y la depresión. Su sistema inmunitario es más fuerte, por lo que están más protegidos ante infecciones y se recuperan antes de cualquier dolencia. ¿Será cierto eso que tener amigos alarga la vida?


Ya saben que hay mucha gente que vive enganchada a las redes sociales y creen que cualquier relación que se establezca a través de ellas se puede considerar amistad. Pues va a ser que no… Según algunos estudios, los verdaderos amigos nunca se conocen a través de las pantallas, pues el vínculo que se establece entre dos amigos necesita de una percepción global en la que se articulan diferentes niveles. Comunicación verbal y no verbal, interactividad y reciprocidad, pautas comportamentales, contexto social y cultural, etc.


Aunque no me gusta nada esa expresión que se refiere a los amigos como “la familia que se elige” (Si muchos supieran que sus amigos fueron elegidos por un jefe de estudios, cambiaría su percepción), hay que darles en parte la razón, pues la amistad puede llegar a ser un sentimiento tan profundo que muchas personas conectan tanto con sus amigos que pueden sentir su dolor, su alegría o su tristeza tanto como ellos, sacrificarse laboral o personalmente (donar un órgano) o sentir celos de una tercera persona. ¿Algo parecido a lo que nos ocurre con nuestra madre, los hermanos o un primo, no?


Mientras indago más en este fenómeno, les invito a disfrutar con cuatro álbumes. Empiezo con Fred y Gloria, un libro de Ratha Tep y Anna Pirolli (Flamboyant).
Cuando Fred recibe la carta de Gloria, su amiga por correo, tiene claro lo que debe hacer: cruzar el océano. Pero todo sería más fácil si supiera donde está. Como no tiene ni idea, comienza un periplo en el que irá encontrándose con una serie de animales que le van indicando lo que ellos entienden por el océano. Una oruga, una rana y una tortuga. Cada uno le explica lo que ellos creen que es el océano, pero nada, sigue sin dar con él. La peor parte llega cuando se encuentra a la orilla del mar y debe cruzar al otro lado. ¿Lo conseguirá? ¿Conocerá finalmente a Gloria?


En este álbum que ya he incluido en mi selección de libros sobre cartas y carteros, las autoras no solo se centran en las relaciones de amistad sino que nos hablan de muchas otras cosas, como por ejemplo la perspectiva y el tamaño relativo de las cosas, el crecimiento personal y la búsqueda de aventuras. Todo ello aderezado con una nota de humor blanco donde las sorpresas finales también nos dicen mucho (¿Qué opinan ustedes de los encuentros a ciegas? ¿Pueden ser productivos?)


Ilustraciones coloristas, una naturaleza exuberante, animales con rasgos antropomorfos, mapas (Me quedo hipnotizado cuando encuentro alguno en un libro infantil), onomatopeyas que juegan a las canciones repetitivas, juegos visuales (¿Han visto alguna vez unas constelaciones tan divertidas?) o las guardas peritextuales que nos permiten saben la procedencia de los protagonistas, son algunos de los elementos que hacen de este libro una propuesta más que singular sobre este tema.


El segundo título de esta pequeña tanda es ¡Oh, zanahorias!, el nuevo álbum de Mariajo Ilustrajo publicado por Bindi Books, su editorial de cabecera en nuestro país. Este libro nos cuenta la historia del señor Conejo, un tipo de vida tranquila que pasa el invierno leyendo acompañado de su taza de té y sus plantas. Cuando llega la primavera y un poco aburrido de esos meses de soledad, coge los aperos y se dirige al huerto para plantar lo que más le gusta: zanahorias. Pero este año una semilla está creciendo muchísimo y, tras observar que se mueve, decide arrancarla. ¿Pero esto qué es? ¡Una zanahoria que habla, anda y no sabe estarse quieta! Esto supone todo un reto para el señor Conejo a quien le gusta la calma y la soledad. ¿Será capaz de librarse de ella?


La autora española establecida en Reino Unido nos presenta esta vez una historia de amistad (¿O quizá enemistad?) entre dos personajes aparentemente muy diferentes (Recuerden a Don Quijote y Sancho Panza, Mortadelo y Filemón o Mofeto y Tejón) a los que el azar ha unido (Como todas las grandes historias entre amigos, ¿no?). Con un guiño surrealista al Amanece que no es poco de Cuerda y esa magia desenfadada que tanto gusta a los primeros lectores, consigue dar un vuelco narrativo y modificar la opinión de un personaje con pequeñas reminiscencias al señor Scrooge de Dickens.


Gracias a la expresividad de los personajes, un lenguaje visual que recuerda a otros autores de la LIJ anglosajona y ese toque de humor que imprime en todos sus libros, consigue darle forma a una historia muy cercana que nos hace ir y venir a esa página donde se cuenta el verdadero secreto para hacer crecer a los grandes amigos (¿La han descubierto? ¡Espero que sí!).


Continuo con la tercera parte de una trilogía muy conocida de Oliver Jeffers. Dónde esconder una estrella (editorial Andana), que así lo ha titulado el archiconocido autor, nos cuenta la historia del protagonista. Tiene dos amigos, la estrella y el pingüino. A los tres les encanta jugar al escondite. El niño siempre encuentra a la estrella primero y luego busca al pingüino en su escondite favorito. Pero un día, el pingüino se esconde tan bien que se queda atascado y el niño deja a la estrella sobre una barca para ayudarlo, con la mala suerte de que, olvidándose de ella, termina a la deriva. ¿Adónde la llevarán las corrientes marinas? ¿Conseguirán encontrarla?


Haciendo uso de muchos de los recursos narrativos que ya utilizó en Perdido y encontrado y Cómo atrapar una estrella, el autor irlandés nos sumerge en un relato de anhelos y paralelismos entre dos niños que buscan un amigo. Fíjense que hay dos historias (Había una vez un niño... / Había una vez una niña...), un conflicto (¿Quién ganará finalmente la amistad de la estrella?) y muchas vueltas de tuerca.


Personajes surrealistas que proceden del espacio exterior, detalles humorísticos en segundo plano (¿Se han fijado en el pingüino y sus muñecos de nieve?), imágenes secuenciales y guiños que recuerdan a los títulos predecesores, ensalzan un mensaje universal en el que cualquier lector, independientemente de su edad, puede verse reflejado. Y es que todos compartimos el mismo firmamento a pesar de nuestras diferencias.


Por último, aprovecho la coyuntura para recuperar La vida sin Santi, un título de Andrea Maturana y Francisco Javier Olea publicado por Fondo de Cultura Económica hace unas cuantas temporadas. Los autores de Secreto, nos traen la historia de Maia y Santi, dos niños que son muy amigos. Nunca se aburren de jugar y están muy conectados. Todo cambia el día que el padre de Santi tiene que irse a estudiar muy lejos de casa y se lleva a toda la familia con él. El día de la despedida llega y con él, un gran vacío se abre en la vida de Maia. Ese vacío no le permite disfrutar de ciertos momentos y lugares ni deja que otros niños se le acerquen. Con el tiempo todo cambia y ese hueco se rellena con personas y cosas nuevas. Entonces Maia se pregunta: ¿Si regresa Santi habrá espacio para él?


Con un estilo muy reconocible en el que conviven metáforas visuales y un lenguaje verbal muy parco y directo, los autores nos hablan del proceso que acontece cuando perdemos el contacto con un amigo. Ese mundo que crece entre las manos de Maia, las sombras que proyecta, su agujero en el pecho, los nuevos momentos que crecen como las enredaderas y rellenan el espacio…


No se dejen guiar por las apariencias. Seguro que todos ustedes tienen algún amigo del que se han sentido alejados y han experimentado las mismas sensaciones y emociones que Maia. No saber cómo reaccionarán, creer que han traicionado esa amistad, que han encontrado gente que los sustituya o pensar que no se reconocerán después de tanto tiempo, son pensamientos recurrentes. Pero lo verdaderamente importante es que, a pesar del correr del tiempo, hay afectos que perduran con fuerza.

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