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viernes, 21 de noviembre de 2008

Arte gitano


En esta casa nos gusta el flamenco…., desde La Paquera y Caracol, hasta Fernanda y Bernarda; raíces como Mairena y La Niña de los Peines, o vástagos como Carmen Linares y Miguel Poveda…, sin olvidar a Camarón, por supuesto. ¡Ea!…, es lo que hay…
Esto de hacer partícipe de mis gustos al lector, no es una cuestión que me agrade ya que, muchos de ellos, sin escatimar en prejuicios, se dedicarán a encasillarme, de lo que, advierto, estoy curado de espanto… Y si me gustan las peteneras ¿qué?... Lo gracioso de todo esto es que, tanto pro-flamencos, como anti-flolclóricos, se sirven de supuestas realidades para seguir llevándose a su terreno a las mentes obtusas y de paso, chupar del bote (¡Mama! ¡Qué rica está la leche condensada!) En fin, se trata de una cuestión de bandos. O merengue o culé, con leche o solo, izquierda o derecha, blanco o negro, pan con chocolate o petisuis… Y yo, aquí, tan contento.
Y ya que he hecho referencia al arte de la soleá y el martinete, cuya responsabilidad recae, en gran parte, sobre la raza gitana, hoy me voy a decantar por aconsejar un título algo calé. Maíto Panduro, obra de Gonzalo Moure, con gran éxito editorial, narra la historia de un niño gitano que anhela poder comunicarse con su padre, encarcelado tras cometer un delito. La relación que se establece entre la maestra de Maíto y el propio personaje, aunque brusca, tiene una nota de dulzura y comprensión. Una buena metáfora sobre lo necesario de la alfabetización y cómo inculcarla.

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