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miércoles, 11 de febrero de 2009

Dando la lata


El otro día pensé (feo asunto, créanme) que llegará el momento en el que no pueda ofrecerles muchas más novedades, que este espacio les parecerá torpe y repetitivo, pues no es más que mi simple reflejo, y a menos que me convierta en todo un sorprendente camaleón, mi persona tiene un límite, como la de cualquier otro, y la idiosincrasia, pese a evolucionar, se estanca en la inamovible superficie de un lago sobre el que, de vez en cuando, caen piedras que perturban su tranquilidad momentáneamente pero que, tras un breve instante, regresa a estado original.
Acto seguido recordé que, tratándose éste de un baúl lleno de libros (a veces me imagino frente a cada uno de ustedes, hurgando en un enorme cofre, y que, mientras voy sacando las joyas que atesoro, contemplo como se van transformando en niños y niñas con la boca llena de sorpresa), es casi imposible que se agoten la inspiración, los temas de conversación o las sugerencias de lectura, ya que, si tenemos en cuenta que la Literatura la creamos todos, los que se fueron y los que estamos, los que escriben y los que leemos, los que dan la cara y los que viven escondidos, todavía me queda mucho de qué hablar.
Y hoy, por dar la lata, les voy a recomendar una obra de Don Benito Pérez Galdós que bien merece ser leída (que conste que todas sus obras lo merecen), Marianela. Teniendo en cuenta que este señor es de lo mejorcito que ha dado la patria a la Literatura Universal (palabras mayores), sólo queda enaltecer la historia de María Canela. Antes de leerla, recuerdo que me echó para atrás el nombre de la colección en la que se incluía, Tus libros: Romántica, pero aún así y conociendo la tendencia de las editoriales a encasillar todo, puse mis cinco sentidos en la obra. Aunque el argumento es casi tradicional (fea ama a guapo), me pareció una historia preciosa que no sólo se interna en los sentimientos, sino que va más allá (como le encantaba hacer al genio de Galdós): implicaciones sociales, de pensamiento y críticas a la decadente España de la época. Ni cabe decir que está narrada con maestría y buen hacer. El título, aunque a los lectores de “best-seller” les pueda parecer hasta estúpido, es un claro homenaje a la protagonista que es, indiscutiblemente, una de las personalidades más hermosas que he conocido. Una única objeción: ¿Se casarían ustedes con Marianela?

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