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viernes, 25 de mayo de 2012

De copias y originales



Una vez transcurridos cinco meses desde la toma posesión del nuevo gobierno, teniendo en cuenta el modesto número de seguidores que tiene este lugar, y cantando esa de Nino Bravo con mucha cautela, me dispongo a hilar una disertación sobre la creatividad…
Todos nos creemos la mar de originales -yo, el primero…-. En este país nos pasamos la vida inventando cosas nuevas o, en su defecto, robándole las ideas al vecino mientras éste se echa la siesta… Y como en la facultad me enseñaron a aportar evidencias con tal de vislumbrar el ansiado conocimiento empírico, les ilustro esta falta de innovación con una serie de recortes... (¡Ups, perdón!, ¡quería decir “pruebas”!): a) aumentar la jornada laboral, b) disminuir el salario a los funcionarios, c) eliminar contrataciones temporales, d) cobrar el peaje de vías rápidas, e) imponer el co-pago sanitario… Todas ellas, podría decirse que son medidas anticuadas, recurrentes y facilonas que se aplicarán durante una legislatura que, como tantas otras, me ha decepcionado sobremanera… (¡menos mal que se me olvidó votar!).
No se equivoquen, señorías: quien crea, arriesga. Sin cojones, no hay creatividad. Quien no imagina, jamás verá lucir una idea. Y  ustedes, de un bando y de otro, carecen de ellas. El que piensa, quién discurre, puede que se acerque al éxito, en cambio, el hombre pusilánime, el temeroso, está perdido.
Es por ello que el que cree en lo que hace, quien invierte su tiempo en darle otra cara al mundo, obtiene recompensas mayores, aunque estas no sean instantáneas y tengan un reconocimiento tardío, como en el caso de la autora alemana Hannah Höch, una fotógrafa y artista que quiso revolucionar el mundo de los libros para niños y a la que el tiempo, le ha regalado una sonrisa gracias a su Álbum ilustrado (editorial Gustavo Gili), un pequeño catálogo de quimeras y otros seres poéticamente sobrenaturales.

lunes, 21 de mayo de 2012

La justicia por su mano





Durante el fin de semana pasado, además de podar (no se me ocurre otro verbo más visual) mi barba, cortar el poco pelo que cubre mi cabeza, ejercitar un poco los músculos y bucear entre toneladas de ropa sucia, he sido testigo de primera mano de un hecho que me ha dejado atónito y que, a continuación, les relato… Estaba yo compartiendo risas y alguna cerveza vespertina con unos amigos, y dos de ellos decidieron salir fuera del local de copas a tomar el aire para dedicarle unas bocanadas de humo al cigarro, cuando la persona (por llamarle de alguna forma) sobre la que recae la (in)seguridad de dicho bar, decidió propinarle un empujón y dos galletas a uno de ellos. Evidentemente, entre las hostias y el cigarro, hubo unas palabras, de incitación más que amables, de este individuo hacia mis amigos, cosa que no convenció a los policías nacionales que al lugar de los hechos acudieron, ya que, en vez de defender al magullado, se dedicaron a ofrecer todo tipo de gestos cariñosos y alabanzas al homínido encargado del derecho de admisión. Ante semejante estampa, uno se debate entre empuñar un machete y descuartizar a los que integran los llamados Cuerpos de Seguridad del Estado (N.B.: Y que según el Sr. Rajoy no se merecen la bajada de salario que nos aplican al resto de funcionarios…) o enrolarse en la marina mercante e irse lejos de una nación cutre en la que cualquier ex­legionario de los países del Este que cuida del orden de un garito que apesta a colonia barata y al que cualquier chotona minifaldera podría asesinar con un caramelo bañado en cicuta, tenga más credibilidad que un ciudadano de comportamiento intachable… Así nos va…
Por todo ello, haciendo alarde del individualismo más castizo y siguiendo el ejemplo de ese oso serio y firme que va buscando su gorro rojo en la obra de Jon Klassen, Yo quiero mi gorro (editorial Milrazones), les conmino a que en época de crisis, aboguen por tomarse la justicia de su mano (antes de hacerlo asegúrense de no estar bajo los efectos del alcohol o los psicotrópicos) y repartir equitativa, proporcional y severamente los castigos que crean menester.

viernes, 18 de mayo de 2012

Abecedario minero



Hoy no hablaré de cómo se dejó de extraer el cinabrio en Almadén a instancias de unas directivas europeas que encubrían una estrategia especulativa por parte de estadounidenses y chinos; tampoco hablaré de la intención de cerrar la Escuela de Ingeniería de Minas de Almadén tras 235 años de historia; ni mucho menos les haré saber que cuando a un pueblo se le despoja de identidad, sólo le queda la esperanza… Hoy, únicamente les hago llegar este abecedario, para que sepan que todavía quedan palabras que saben a mina… y que hay ojos que siguen llorando mercurio.

Z de Zaca
V de Vírgula
T de Trasdós
S de Solera
R de Rondana
P de Picayo
N de Nivel
M de Malacate
L de Legra
J de Jufa
I de Inundación
H de Hitones
G de Galga
F de Forzado
E de Entibar
D de Desatierres
CH de Chiflón
C de Cangilón
B de Baritel
A de Almadén*

*Díez De Revenga Torres, Pilar. El léxico de la minería a través de un diccionario inédito del siglo XVIII.
*Díez De Revenga Torres, Pilar & Puche Lorenzo, Miguel Angel. La Colección de voces usadas en la minería, edición y estudio de un manuscrito anónimo del siglo XIX.

martes, 8 de mayo de 2012

Cuando mueren los monstruos...



Sigo soñando con esos monstruos amables que se escondían en mi niñez, deseando ser uno de ellos… Y así rondar por la vida de otros, deambular con la tranquilidad de los ancianos y la ligereza de los niños, ser libre, sentirme especial… Así son los monstruos… Únicos. Irrepetibles… Y por mucho que nos pese, no hay razones que expliquen esta naturaleza…
Cuando un monstruo nace, una ventana se abre, y deja pasar a su través toda suerte de vendavales que, envolviéndonos en un agitado vaivén, nos impregnan de él, de su infinito lenguaje, esa magia que no desaparece de este mundo, aun cuando cruza a la otra orilla pagando un triste peaje…
Sic tibi terra levis, Maurice Sendak.

lunes, 7 de mayo de 2012

Yo no conocí a Muelle...



Yo no conocí a Muelle, era muy joven. Pero sí a otros. Otros que firmaban en los muros de mediados de los 90, otros que pintaban cualquier resquicio de las tapias recién enlucidas… Por aquel entonces no había hip-hop en nuestra lengua y los aficionados se volvían locos en las tiendas de discos buscando a Kriss Kross, Def Jef, Snoop Dogg, Salt’n’Pepa o 2Pac, cantantes y grupos que muchos importaban gracias a los canales de pago, el único programa radiofónico especializado, o a través de amigos que se habían ido a hacer las Américas. Entonces, ser un b-boy, era, más que costoso, caro.
El hip-hop en castellano llego luego, con Ari, SFDK, Violadores del Verso, Frank T o Nach. Rimas variopintas que fueron calando en juventudes que, pese a la cercanía, me iban quedando lejanas. Los grafiteros perdieron la esencia, buscaron la estética y encontraron la notoriedad: nuevos estilos, nuevas huellas del arte callejero que, alejándose de la clandestinidad, no hurgaban en los sueños de una adolescencia que empezaba a cambiar. Un estilo de vida, una religión, había pasado a ser, sin más, una moda en la que Pull & Bear y Berska habían hundido su inmensa zarpa.
Queda poco ya del sonido de la bola de metal que zurría en los espráis de pintura, quedan ya pocos trazos rápidos y mágicos sobre el hormigón desnudo de los puentes… Tan sólo los vagones de mercancías tapizados por cientos de firmas que se amontonan a las entradas de las grandes ciudades, dan fe de aquellos pioneros que, como Muelle, fueron testigos de un movimiento juvenil que tomo la calle como escenario.
Es difícil creer que otra cultura urbana sea capaz de aunar disciplinas artísticas, como música y pintura, bajo un mismo concepto. Es difícil creer que los hombres del mañana aporten semejante montaña de libertad colectiva bajo el individualismo que predica un solo nombre, un solo tag… Es por ello que, hasta que otros jóvenes inventen otro modo de hacerse oír, hasta que, de una tierra abonada de descontento, broten otras flores de otros colores (más que harto me tienen los que abogan por resucitar republicanismos, jipismos, nazismos, marxismos, fascismos y pacifismos… ¡un poco de imaginación!) seguiré acunándome con esa que dice “… ¿Quién es un héroe? ¿Un auténtico, único, que cuida cada día de ti sin ningún pánico? Grande, rápido… ¿No sientes sus latidos? No busques otro Superman que el tuyo va contigo. En la calle, en el trabajo, donde quieras, hay una persona que mientras vivas estará a tu vera. ¿Qué te esperas? ¿Alguna historia peliculera? Piensa, recapacita, ¿o es que no te enteras? Tú eres tu héroe…”.

GÓMEZ SOTO, Jorge. 2010. Yo conocí a Muelle. Madrid: SM. Colección Gran Angular. 256 pp.

miércoles, 2 de mayo de 2012

¿Conducir es fácil?



A todos aquellos que no tienen permiso de conducir o han sufrido horrores para obtenerlo


¿Es el carné de conducir una bendición o un castigo? De entre las obligaciones que marca nuestro Estado, es, con muchos honores, la más democrática, ya que, tanto los de alta cuna, como los de baja cama, tienen que apoquinar el precio estipulado por las tan odiadas autoescuelas, y presentarse a los exámenes tantas veces como sea menester para obtener la deseada calificación de “apto”. Esta claro que el sistema de obtención de esta licencia en nuestro país es un negocio en toda regla… Tráfico, inspectores médicos, profesores de autoescuela…: todos quieren que aflojemos la cartera, y así pasa, que en época de vacas flacas, ni El Tato se saca el dichoso carné.
En cualquier caso, analicemos el tipo de personal que acude a las autoescuelas del país, seguramente la mejor de las materias primas para elaborar varias tesis doctorales… Por norma general, el alumnado en estos centros de formación, ronda los veintitantos, aunque siempre hay alguno en primera fila que sobrepasa la cuarentena y que, a base de preguntas que jamás saldrán en el examen y pagar las tasas una docena de veces, obtiene ese papelote que otrora lucía rosa. Entre inmigrantes necesitados y algún que otro energúmeno becado por el INEM (¡menos mal que ya se acabaron tales subvenciones!), destaca esa niña bien del barrio a la que papá le ha regalado un Mini, un automóvil que terminará por conducir el novio de turno. También esta Pepito, ese chico tan majo que, aunque no obtendrá el certificado de E.S.O. jamás, está la mar de aplicado en estos menesteres, actitud que propiciará el henchido orgullo paterno y los desmesurados deseos carnales de las “honeys” del barrio. Más allá, jugando con el móvil, está La Mari… Incorregible… Se ha matriculado cinco veces en la autoescuela y se ha desmatriculado otras tantas, debido a inconfesables razones que, sobre un péndulo, la acercan y apartan del maravilloso mundo del automovilismo. Dos amigos, en un alarde de sacrificio, han decidido invertir los ahorros de toda una vida para intentar circular con un camión y así facilitarles las cosas, una vez que esto despegue en septiembre… Y así, uno tras otro, llegamos a un chico que sin saber porque, pasará los dos meses de verano intentando hacerse con un trozo de plástico que, según todos dicen, le abrirá nuevos caminos, nuevas sendas, que den alas a su libertad.

Pérez Hernando, Fernando. 2012. Conducir es fácil. Barcelona: A buen paso.