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lunes, 27 de octubre de 2014

Benditas excusas


Llama mucho la atención cómo los poderosos manejan a su antojo el mundo sirviéndose del desconocimiento de los ciudadanos. Contar verdades a medias, manipular la información, obviar detalles importantes y un largo etcétera de astucias son el pan de cada día para que banqueros, políticos, grandes multinacionales, personalidades de la cultura, medios de información, publicistas y otros manejantes sigan viviendo a nuestra costa, sin importarles lo más mínimo como vivimos los pobres mortales.
Seguramente esperaran que abomine todos estos comportamientos, pero lo cierto es que les hago saber que los ciudadanos tienen gran parte de culpa al creerse a pies juntillas esta sarta de fútiles excusas con tal de no moverse del sillón. La ignorancia, aparte de ser el peor de los castigos, también se ha convertido en la más cómoda de las excusas. Yo no sabía… él no sabía… vosotros no sabíais… son locuciones verbales que, en vez de plantarle cara a la vida,  están diseñadas para poner en evidencia, una vez más, que poco nos interesa un mundo cuyo motor  gira en torno a los partidos del futbol, los debates televisivos y el alcahueteo más horripilante, ese circo actual (y virtual) que los que mandan se han encargado de crear para una sociedad del bienestar conformista e insulsa.


Me dirán, ¡oh, queridos lectores!, que ustedes son privilegiados por atesorar hermosas y floridas bibliotecas, que se hinchan a ver los documentales de la segunda cadena, y que actúan en consecuencia social por el mero progreso, pero les hago saber que, como las marionetas que somos (yo el primero), nos dejamos embaucar por otras necesidades prioritarias (llámense estas teléfonos elegantes, coches de alta gama o ropa de buena etiqueta), en vez de hacerle frente a las astucias de otros, y romper las reglas de un juego que ninguno de nosotros ha establecido.


¿Creen que eliminar a las modelos escuálidas de las pasarelas cercenará la anorexia? ¿Qué matricular a nuestros hijos en un colegio concertado les librará de consumir drogas? ¿Creen que votando a Podemos la deuda pública disminuirá?... Me parecen meras excusas para lavar nuestras conciencias rotas, una actitud fuera de toda ética que otros, esos que organizan la guerra, los que deciden por nosotros haciéndonos pensar que el voto es personal e intransferible (¡qué necedad mayúscula!), aprovechan para seguir gobernando el cotarro a merced de las excusas que todos exhibimos para expiar nuestras culpas.


Y para seguir con pretextos y disculpas (esos con los que seguimos engordando nuestro espíritu infantil, irresponsable y sencillo), les dejo con todas las excusas inimaginables que el protagonista de No he hecho los deberes porque…, un librito ilustrado de los geniales Davide Cali y Benjamin Chaud (una coedición de Nubeocho con Pepa Montano), se inventa para explicarle a su profesora la falta para con su deber diario.
Monos juguetones, un robot descontrolado, un extraño jarabe para la tos, plantas carnívoras y hasta un pozo de petróleo son algunas de las historias de las que echa mano el niño para justificar su falta de formalidad en lo que a quehaceres escolares se refiere. Un libro muy bien articulado en cuanto a contenido y forma (fíjense en la relación entre las guardas y la portada o en los mensajes peritextuales de la tapa trasera) que guarda una sorpresa final que redondea ese toma y daca clásico entre profesores y alumnos.
¡Y ojalá todas las excusas fueran como estas!


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