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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un poco de literatura juvenil...


Seguramente muchos dicen que este blog, de literatura juvenil, poco. Y llevan toda la razón… No voy a negar que el álbum ilustrado me roba mucho menos tiempo, es más fácil estar al corriente de las novedades (se publica mucho menos) y se puede compaginar con la labor semanal en este blog. Pero durante la última semana y una vez terminado el ajetreo laboral, he robado unas cuantas horas a la rutina diaria para sumergirme en tres títulos a los que tenía ganas y así redimirme de mis pecados con este sector de la LIJ. ¡He aquí mis opiniones al respecto!


El primero de todos es Campos verdes, campos grises (editorial Lóguez), un clásico “lijero” en el que, a través de la parca narrativa de la recientemente fallecida Ursula Wölfel, podemos sumergirnos en una serie de pequeñas historias cuya intensidad deja un amargo sabor en nuestra conciencia e intenta presentarnos la realidad de hoy día a través de diversos paisajes humanos, a lo largo y ancho del orbe terrestre. Aunque dirigida a lectores competentes en edad infantil, creo que es el adulto quien se siente más cercano a estas estampas de marcado corte constructivista. Es por ello que sería necesario un adulto que, ejerciendo de guía, les haga meditar sobre lo (in)comprensible de nuestra especie.


Tras aguantar la constante jodienda de mi bibliotecaria favorita con este título, me decidí por el último ganador del premio Barco de Vapor, El tesoro de Barracuda (editorial SM), de mi paisana Llanos Campos, algo de lo que, he de decir, no me arrepiento en absoluto. Es un libro sencillo, sin pretensiones, jocoso, rítmico, con un trasfondo fantástico (se nota que esta mujer ha desarrollado su labor dentro del teatro infantil), y recomendado hasta la saciedad (lo voté para la selección del diario El País, con eso lo digo todo…). Hacía falta un poco de aire fresco en esto de la literatura juvenil patria ya que se estaba convirtiendo en un pequeño cortijo que ofrecía mucho título repetitivo y poca diversión… Si a ello unimos las adecuadas ilustraciones de Julia Sardá (me chifla esta mujer), tenemos un título la mar de recomendable para alumnos que terminan la educación primaria y otros que empiezan la secundaria. (N.B.: A ver si la editorial se dignase a enviarme un ejemplar, porque últimamente me tienen la mar de desatendido…).


Por último decidí darle una oportunidad a una de esas novelas lacrimógenas que ha engatusado a quinceañeras enamoradas-de-la-vida de todos los confines terrestres. Bajo la misma estrella de John Green (editorial Nube de Tinta), además de vender lo que no está escrito (creo que millones de ejemplares), ha inspirado una película estrenada el pasado verano, algo que me llevó a plantearme el despiece de este fenómeno literario. Me puse bajo el flexo durante unas cuantas noches y descubrí que, además de dos personajes un tanto extremos (a veces no comprendo bien porqué en este tipo de novelas los adolescentes tienen una idiosincrasia tan adulta…, soy experto en púberes y puedo decir que muchos de ellos, pese a tener vidas horribles, son incapaces de pensar como Ortega y Gasset), la historia envuelve algo más que personas enfermas de cáncer y una novela inconclusa sobre la que se construye el amor. Trata del miedo a la perdida, tanto de la propia vida, como de los sentimientos que tenemos hacia los demás, del dolor que supone el amor eterno, de la herida amarga y la dulce cicatriz que queda en nuestros corazones cuando el amor verdadero arraiga en ellos. Algo que bien merece reseñarse aunque no sea del gusto de todos los monstruos que amamos la lectura por encima de todo.


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