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jueves, 11 de junio de 2015

Sobre el mañana...


A mi amigo Pablo, que abandona la soltería.

En este mismo instante, detengo mis dedos, alzo la vista y, mirando a una pared que se asemeja al infinito, pienso “¡La de cosas que he dejado atrás!”. Seguro que no soy el único y ahora usted rememora un sinfín de momentos que han formado parte de su vida… Recuerda aquel batacazo que, además de muchas lágrimas y una pequeña cicatriz en la rodilla, fue la prueba de fuego que no le hizo rendirse ante ese vehículo de dos ruedas que llamamos bici. Tampoco ha olvidado las tardes de verano en las que, junto a una caterva de adanes con la cara llena de granos, iba detrás de aquella pandilla de pavas que se habían atrincherado en los columpios del parque. Háblenos de sus profesores, de lo parias que eran, de las primeras borracheras, de su primer beso. De lo amargo que fue despedirse de él, y de las ganas con las golpeó un balón que, nadie sabe cómo, entró en el minuto justo y en el sitio adecuado. Sí, tiene razón: tantas cosas nos han pasado que hasta que otro no las dice, a uno no le vienen a la cabeza. Pero en eso consiste el paso del tiempo: en acordarse de lo pasado y dejar paso a lo nuevo.


Me exaspera oír aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, y prefiero comulgar con el poeta, más sabio, menos irascible y, sobre todo, más desprendido. Abrir la puerta, tomar nuevos caminos y dejar que te sorprendan, es un ejercicio de altruismo, no sólo para aferrarse al pasado con una sonrisa, con una caricia, sino para despojarse de las heridas, de los lastres que nos duelen a cada uno. Ya se encargará el futuro de las nuevas penas y alegrías, de otros besos y otros llantos, pero el tiempo está para eso, para pasarlo. Ya, ya sé… Me hablarán de los cambios, de los miedos, de muchos otros quebrantos, pero si lo piensan bien, todo cambio a la vez es útil y a la vez es vano… Fíjense lo poco que significa el tiempo, que lo que un día nos parece increíble, al siguiente se torna vulgar, y lo que otrora era ceniciento, hoy tiene un colorido especial.


Todos los libros nos hablan del ir y del devenir, de cómo cada cual elige la mejor forma de pasarlo, pero si hoy tuviera que elegir uno, sería Con el paso del tiempo, del ilustrador colombiano afincado en Argentina José Sanabria (Ediciones La Fragatina), una fábula dividida en tres partes y realmente hermosa, donde confluye el tiempo desde dos puntos de vista que al final se torna uno solo, el del mañana…, algo que no deben olvidar, porque lo único que podemos hacer, es eso: saber que está.

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