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jueves, 15 de marzo de 2018

Dentistas, ¡un clásico!



Es escuchar la palabra "dentista" y me hecho a temblar. Eso de tumbarse en una camilla, de que te digan que abras la boca con total amplitud y que empiecen a guiscarte con esa especie de ganzúa que, además de tacto frío, produce un sonido tan desagradable, me supera. Uno empieza a ponerse nervioso y reza a quien toque para que no le encuentren alguna miseria con la que sacarle los cuartos (aún no he conocido odontólogo barato, y según me cuentan, es una profesión bastante rentable, más cuando consigues clientela estable... Y si no, ¿a cuento de qué han salido sacamuelas de debajo de las piedras?).


Limpiezas, empastes, extracciones, periodoncias,... La clínica dental más próxima le provee de toda una suerte de tratamientos para dejarle la dentadura en buena forma, algo muy importante teniendo en cuenta que la longevidad en la especie humana continua a buena marcha y no es cuestión de perder los dientes a los cuarenta... ¡Con todo lo que nos queda por masticar, sería una pena!
Si a ello añadimos todos los dispositivos de embellecimiento dental, el negociazo está servido. Carillas de porcelana, implantes, blanqueamientos dentales y las clásicas ortodoncias se abren camino entre la población para cegarnos a su paso con tanto brillo y perfección. No se prive de na', los dientes ¡como una patena!


De todas formas y antes de meternos en lo literario, una crítica a los excesos dentarios... Salud y estética a veces no se dan de la mano y lo cierto es que, a veces, veo bastante aberrante eso de que te limen tus propios dientes para colocarte otros falsos. No sé la suya, pero mi dentina es mía y no hay diente postizo que la suplante, más todavía si sigue operativa y coleando. No se obnubilen por alcanzar la perfección porque muchas veces, aspecto y funcionalidad no se funden en un abrazo y a la larga cunden culpa y arrepentimiento, en mi opinión el mayor de los castigos.


Y así, entre muela y muela, llegamos al Doctor De Soto de William Steig (también padre de ¡Shrek! e Irene la valiente entre otros muchos), uno de los dentistas de ficción más afamados de la esfera "lijera", que regresa tras muchos años de ausencia a las librerías españolas de la mano de Blackie Books. Muy conocido entre los niños de habla inglesa, este ratón es capaz de colarse en la boca de un cerdo, un burro o una vaca para solucionar los problemas bacterianos que allí acontecen. El problema viene cuando ha de adentrarse en las fauces de un zorro que quiere hincarle el diente (una vez curado, claro está). ¿Qué sucederá?...


Mientras corren a su librería/biblioteca más próxima y lo averiguan, aquí unos apuntes más sobre este título... Aunque fue publicada por primera vez en 1982, la obra es atemporal y universal, algo que se puede extrapolar al resto de libros de Steig. El humor, la valentía y el ingenio son puntos fuertes de esta historia en la que nadie sale mal parado. Es curioso constatar como Steig da un giro narrativo exquisito para poner en alza valores que se alejan del victimismo y/o buenismo imperantes en nuestro tiempo para aupar la inteligencia como única vía de solución, concordia y equilibrio, pero sin alejarse mucho de lo irónico que conecta con el lector: el zorro obtiene su merecido y el Doctor De Soto es un héroe por partida doble.


Sobre el estilo y los detalles que campan por las páginas de este libro, decir que me encantan los dibujos infantiles a tiza sobre las aceras de la calle, los mecanismos con poleas que desarrolla el Doctor De Soto para poder atender a sus pacientes, el vestuario de los personajes (ese toque vintage me gusta), y la escena en la cama del matrimonio de ratones (¡tiene un aire tan neoyorquino! ¡tan peliculero!).
Igualmente les animo a disfrutar de su cortometraje de animación que podrán encontrar en esta miscelánea sobre libros infantiles y cine de animación. 
¡Hasta mañana! ¡!Que me voy al dentista a ver si me libro de una endodoncia!

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