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lunes, 28 de mayo de 2018

Ternura infantil para empezar la semana



Empezamos una nueva semana y considero que hay que darle un bonito aire (¡Lo bien que le sientan las tormentas a mi alergia!), no sea que empeore esa indigestión que suele ocasionar la jornada laboral del lunes. Así que hoy, si me lo permiten y en loor de eso que los monstruos llamamos retahílas y canciones breves, me permito la licencia de traer a este espacio (así, de sopetón y sin preámbulos vitales) uno de esos libros tiernos y redondos que tanto gustan a padres y niños pequeños, no sólo porque se desborda más allá de las páginas, sino porque la idea está muy, pero que muy bien lograda sin caer en clichés y repeticiones enfermizas.


Diez deditos, un libro de la escritora australiana Mem Fox y mi siempre admirada Helen Oxenbury, ha sido reeditado por Kalandraka este mes. Es un libro para prelectores y primeros lectores (como todos los la semana pasada) que toma como excusa un texto repetitivo y acumulativo para internarse en el ideario infantil. Aunque son muchas las reseñas que defienden este título con ese mensaje buenista del “Todos iguales, todos diferentes”, un servidor, que abomina de toda la caspa progre que pulula en el mundo del libro infantil prefiere ser conquistado por otras cuestiones menos someras.


En primer lugar cabe destacar que las autoras no sacrifican la idea inicial en pro de ese mensaje de tolerancia, sino que éste pasa a un plano más secundario. Sobre todo porque prima el juego de palabras, e incluso la posibilidad de desbordarlo en un juego de contacto, más que exaltando esas diferencias que recogen los niños representados en las ilustraciones, el otro punto interesante de este álbum.


Y es que el pincel de Helen Oxenbury, a pesar de caracterizar a cada niño dependiendo de su procedencia, raza o credo, presta más atención a la gestualidad infantil, a sus juegos, incluso a sus riñas, al contacto que existe entre ellos, a su ternura, que a lo multicultural, esa premisa que tanto vende en ciertos círculos hoy día. Por lo menos es con lo que yo me quedo, que estoy harto de que me vendan moralinas.
Así que, ¡feliz lunes con estas rimas sencillitas que me parece que más de uno se va a hinchar de cantar!

Hubo un bebé que nació
en un lugar muy lejano.
Otro nació el mismo día
en un hospital cercano.
Y los dos bebés tenían,
como bien se puede ver,
diez deditos en las manos,
diez deditos en los pies…


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