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lunes, 27 de abril de 2020

Batallas interminables



Ya les advertí al comienzo de esta cuarentena que gracias al dichoso virus nos íbamos a preguntar muchas cosas. Y les he de decir que no me equivocaba porque, si algo ha puesto de manifiesto este microorganismo es que el español solo entiende de sí mismo. Lejos de acidificar el medio (ya saben que el pH es lo mío) les hago saber que no es una característica exclusiva del Homo hispaniolensis (Atención, periodistas, para el que no lo sepa, el nombre científico de una especie está constituido por dos latinajos en cursiva, de los cuales sólo el primero va en mayúscula), sino que puede hacerse extensivo a otras especies de la estupidez animal.


Si no teníamos bastante con las decisiones que la subespecie politiquensis ha llevado a cabo durante todo este tiempo (¿Dónde están los test? ¿Y las libertades constitucionales?), ni con las mierdas que los periodistas se marcan desde sus respectivos medios propagandísticos y mesiánicos, desde ayer nos han empezado a soltar a la calle… ¿Que cómo ha ido la vuelta al cole? Fatal, señores. Toda una catástrofe. Y les digo otra cosa: Ustedes sigan, que nos vamos a cagar, no sólo por el COVID-19, que también, sino porque ese modus vivendi que tanto gusta a los españoles se va a TER-MI-NAR.
Esta era la razón por la que yo no quería palmas de a ocho, tampoco quería escuchar frases como “Somos una piña” o “Juntos ganaremos el pulso a este virus”, ni mucho menos sufrir el Resistiré hasta en la cola del supermercado (“¡El Dúo Dinámico! ¡Qué par de visionarios…!” Decía el abuelo de al lado). Se nos llenaba la boca de solidaridad y fraternidad, pero nadie se acordaba de lo cainitas que somos en este país.


Queridos lectores, llevo desde el 14 de marzo encerrado y a pesar de no estar en contacto con nadie, tengo bastante con el vecindario. Desde mi balcón he constatado todo tipo de acciones y comentarios que denotan una apabullante falta de respeto y sensatez hacia nuestros iguales. Está el que se dedica a insultar a todo quisqui desde el balcón (¿Se acuerdan de aquellos que denunciaban a los vecinos en la Guerra Civil? Pues ya saben...), el otro invierte sus horas paseándose con una barra de pan bajo el brazo. También los hay que se quejan amargamente de los maestros y sus abandonadas criaturas (aunque ayer le vinieran de puta madre para chafardear con los parroquianos), los que nos recuerdan durante todo el santo día el apocalipsis (¡Por vosotros nos hemos contagiado! ¡Por vosotros nos hemos quedado sin papel higiénico!... ¿Y por ti, cacho cabrón, qué ha pasado?), el típico que lo único que desea es aburrir al personal con un altavoz y sus gustos musicales (pero que el de arriba no se ponga a saltar a la comba, ¿eh? ¡Eso si que no!), y los que dan ejemplo de civismo coronavírico pero están a pique de cargarse a la parienta a palos.


No pasa nada, todo vale y aún nos queda mucha miseria que ver pues cualquier batalla es susceptible de forjarse en una situación como esta. Aunque la verdad es que yo siempre prefiero otro tipo de contiendas más amables. Como por ejemplo la que acontece en el último libro de la editorial catalana Sd.Edicions. En él, además de un montón de personajes de cuentos clásicos como los tres cerditos, los músicos de Bremen o la princesa y el sapo, Maria Pagès, la autora de La batalla interminable -que así se llama este álbum sin palabras inspirado por el mago de la transformación, Michel Ocelot-, se sirve de un lugar mágico que habita la anatomía del objeto libro (la divisoria de la doble página), para cambiar la fisonomía de todos aquellos que atrevan a cruzar de una página a otra, y crear así un elemento narrativo y fantástico que siempre está pero que nunca tiene mucho protagonismo, e incluso se evita.

2 comentarios:

  1. Después de leerte tengo muchísimas ganas de tener esta maravilla en las manos.

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  2. Hola Román! Soy la autora de este libro. Encantada que lo recomiendes y que te haya ayudado a sobrellevar la cuarentena. Me ha gustado mucho tu entrada sobre la anatomía del objeto libro: con información muy entendedora y práctica para entender cómo se hace (y está hecho) un álbum ilustrado. Fundamental conocer sus partes para poder domeñarlo. Gracias!

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