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lunes, 22 de marzo de 2021

De putas, inquisidores y escondites


En los ochenta los parques estaban a reventar de críos y, mientras nosotros hacíamos el mono, las madres (por aquel entonces muchas no trabajaban fuera de casa) solían hablar de los temas que les preocupaban. El consumo de heroína o la prostitución eran cuestiones con las que los chavales del barrio estábamos muy familiarizados. Encontrábamos jeringuillas por cualquier lado y algunos vivían en un callejón atestado de prostíbulos.
Estas mujeres que habían visto cambiar España con la Transición hablaban sin tapujos sobre legalización de drogas y putas. Por un lado estas prácticas pasarían a tener un mayor control gubernamental y económico, y por otro, el declive del mercado negro dificultaría el entramado mafioso que tanto daño había hecho a familias de toda condición.


En el caso de la prostitución se dejaban misas y prejuicios a un lado para decantarse por una vis más práctica. Avanzar tenía mucho más sentido que dedicarse a señalar a otras mujeres que, por diversas circunstancias, se habían visto abocadas a ejercer la profesión más vieja del mundo. Estaba comprobado que diferentes países que habían regularizado esa tarea estaban controlando un negocio donde chulos y meretrices ejercían de dueños y señoras de la explotación sexual, y de paso dar un giro a las redes de trata de blancas. Un futuro diferente en el que, al menos, esas mujeres adquirieran unos derechos laborales y sociales gracias a un trabajo que llevaba existiendo miles de años.


Y ayer me entero de que la vicepresidenta del gobierno, en aras de su corona de santa, anuncia que su partido, autodenominado “progresista”, va a presentar una ley para “abolir” la prostitución. ¿Mandeeee? Lo primero es que la prostitución en España se define como ilegal/alegal (dependiendo de quienes la ejerzan o consuman) y por tanto el termino "abolir", aunque se refiere a una tendencia legislativa sobre esta problemática, es incorrecta. Lo segundo es preguntarse qué pretenden. Alucino con la banda de demagogos que está al mando. Son capaces de darle la vuelta a la tortilla para seguir sin regularizar una situación que podría beneficiar a muchos sectores. ¿Qué pretenden? ¿Continuar cooperando con los cárteles de la prostitución? Se ve que les interesa... Y seguro que tampoco se olvidan de exprimirnos a impuestos para, supuestamente, ofrecer alternativas a la prostitución y quedar como ¿salvadores de la integridad humana?
El problema de la prostitución es complejo y hay que tener en cuenta muchas consideraciones. Veamos unas cuantas... Hoy día ha dejado de ser un problema exclusivamente femenino y tampoco se circunscribe a los estratos sociales más desfavorecidos; interacciona con otros ámbitos como el de la inmigración, el acceso al mercado laboral, el turismo, la economía sumergida, la religiosidad o la liberación sexual; y plantea problemas éticos y morales del tipo: Si alguien quiere ejercer la prostitución, ¿no puede hacerlo porque es una forma de "esclavitud"? ¿Y quien quiera consumirla, un "esclavista"?
Ideólogos de pacotilla, hay que vivir en el mundo real, ver lo que yo veo en las redes sociales, en las universidades o en los despachos de las grandes multinacionales. Dejen de mirar a otro lado y háganse cargo de los problemas en vez de lanzar peroratas a sus palmeros.


Con esta nueva Inquisición al mando (tan progre, como retrógrada... ¡qué paradoja!) he decidido buscar un buen escondite y salvaguardar mi integridad mental y física, no sea que me abduzcan con celeridad y ya no pueda deleitarles con nuevos descabellos. 
Lo mejor que he podido hacer es coger Escondites. Manual de lugares secretos, un álbum de Mateusz Wysocki y Agata Królak, un catálogo inmejorable de lugares secretos que publicó Limonero hace un par de años.
Si tienen que ocultar algo (o por el contrario, descubrirlo), deben leerlo, pues les proveerá de muchas claves para que nadie lo vea. O si lo ve, para volverlo a esconder. Lugares tan habituales como el altillo, debajo de la alfombra o sobre el estante más alto (mi padre es especialista en usar el del frigorífico para almacenarlo todo para que se eche a perder) y tan poco sospechosos como la boca, un bolsillo agujereado o detrás del espejo.
Y de paso que nos inspiramos, descubrimos los pequeños rincones de lo cotidiano con mucha poesía y una pizca de humor, algo que últimamente escasea. Escóndanse y sean libres, que cada día que pasa, lo somos un poco menos.

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