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lunes, 30 de enero de 2012

Grandes figuras de la ilustración de LIJ (X): Howard Pyle





















Aunque Howard Pyle fue un ilustrador demasiado prolífico, y para mi gusto, estuvo muy encasillado en ciertos géneros, he considerado oportuno referirme a él en esta sección, dada su importancia, por un lado, como defensor entusiasta de la ilustración literaria entendida como tal, y por otro, como profesor y mentor de una generación de grandes ilustradores norteamericanos.
Pyle nace el 5 de marzo de 1853, en Pennsylvania en el seno de una familia de cuáqueros a cuya cabeza se encontraba, William Pyle, su padre, y Margaret Churchman, su madre. Como la mayor parte de los miembros de esta hermandad, sus progenitores estaban interesados por la cultura, heredando así Pyle, sus ambiciones literarias.
Como la cultura de estas sectas centroeuropeas estaba basada en las doctrinas místicas escandinavas y en las leyendas populares de corte anglosajón, la educación que Pyle recibió, sobre todo en el ámbito familiar ya que obligado por los negocios comerciales la familia se desplazaba con frecuencia, estuvo marcada por un poso europeo e idealista.
Al mismo tiempo que trabaja en el negocio de cuero paterno, su madre le contagia el entusiasmo por Leech o John Tenniel, ilustradores ingleses clásicos que despertarán en él sus inclinaciones artísticas y que desarrollará más tarde en el estudio de Van der Weilen, Philadelphia, donde se forja inicialmente su estilo pictórico.
Tras escribir un artículo ilustrado por él mismo sobre las costumbres de Chincoteague, Virginia, en 1976 se le abren las puertas del periodismo ilustrado en Nueva York de la mano de la revista Scribner’s Magazine. Tras esta primera publicación y dado que el panorama editorial no era muy halagüeño por la dura competencia, Pyle, tarda otros dos años en ver publicado otro de sus trabajos en Harper’s Weekly, que le abre finalmente camino en el mundo editorial. En 1880 regresa a Wilmington, Delaware, con cierto renombre como escritor-ilustrador y un año más tarde contrae nupcias con Anne Poole.
Desde 1983, año en el que colaboraba con las publicaciones más importantes de la época sin moverse de su hogar, empiezan a ver la luz muchas de sus obras. Como consecuencia de su reputación, Pyle comienza a impartir clases en varias instituciones de Pennsylvania, el Drexel Institute of Arts and Sciences and Industry de Philadelphia o en Chadds Ford (Wilmington, Delaware) donde funda su propia escuela. En julio de 1903, la Howard Pyle School of Illustration Art, comienza su primer curso en el que están matriculados Jessie Willcox Smith, Maxfield Parrish, Harvey Dunn, Percy Ivory, Frank Schnoover y N. C. Wyeth, destacados ilustradores norteamericanos que junto a otros han pasado a la historia con el sobrenombre colectivo de “The Brandywine School”. En total, 110 artistas norteamericanos de la primera mitad del siglo XX -40 de ellos mujeres- fueron alumnos suyos. Todo un hito para la época.
Durante esta época Pyle publica 20 libros de los que es autor, todos ellos también ilustrados por él mismo utilizando diversas técnicas entre las que destacan el revolucionario fotograbado y la impresión a color. Así, podemos citar The Merry Adventures of Robin Hood (1883), Whithin the Capes (1886), Pepper & Salt (1886), The rose of Paradise (1888), The Wonder Clock (1888), Otto of the Silver Hand (1888), Men of Iron (1892), A Modern Aladdin (1892), The Garden Behind the Moon, The ghost of Captain Brand (1896), Book of Pirates (1921) y los cuatro volúmenes de las leyendas artúricas: The Story of King Arthur and His Knights, The Story of the Champions of the Round Table, The Story of Lancelot and His Companions, y The Story of the Grail and the Passing of Arthur (1903-1910). Además ilustra obras de otros autores como N. Hawthorne (A Wonder Book for Girls and Boys), W. Irving (History of New York), A.Tennyson (The Lady of Shalott) o Mark Twain (Saint Joan of Arc).
Tras realizar diversos encargos de pintura al óleo que hoy día se pueden ver en el Museo de Arte de Delaware–podemos citar “The Nashville Battle” (1906)-, Pyle se da cuenta de que, como autodidacta, necesita ampliar sus conocimientos técnicos sobre pintura clásica y decide viajar al viejo continente, concretamente Italia, con toda su familia en 1910 para estudiar con profundidad la Historia del Arte Universal.
El 11 de noviembre de 1911, a los 58 años, muere víctima de una fuerte depresión y un cólico renal que le sobrevinieron en la ciudad de los artistas, Florencia.
Del arte de Pyle destacar que, aunque como otros artistas contemporáneos -Randolph Caldecott o Walter Crane- denota cierto sabor a grabado casero de aire pétreo y estático, avanza hacia el movimiento y la composición, característica que supo imprimir en muchos de sus discípulos. Decir también que es de los primeros artistas que despuntan en el trabajo a color, trabajando el difumino de las formas, técnica que ensalza, más que el dramatismo, la tragedia, una visión muy adecuada para las historias de corte histórico que ilustró. Para finalizar decir que, aunque su obra no me llena en exceso, Howard Pyle era ordenado, exigente y vibrante, cualidades que hicieron de él, el mentor y maestro de toda una generación de ilustradores.

jueves, 26 de enero de 2012

Convivir...



En estos tiempos de crisis a todo quisqui se le ve el plumero: el “Yo, mi, me, conmigo” es la consigna que abandera más de uno, dada la gran cantidad de muertos de hambre que pululan por las calles. Porque oiga, aquí, de esa solidaridad con la que nos bombardean desde todos los púlpitos políticos, ni gota. Es mejor preocuparse de uno mismo, que preocuparse por el vecino, ese que de vez en cuando baja a llamarte la atención porque las doce no son horas de andar dándole el follón, sólo porque le jode que un servidor organice una cena al año y sea feliz de vez en cuando... Ya sabemos todos, el primero Mark Twain, que, entre risa y risa, bien nos joden. ¡Que se lo digan a mi compañera de piso, que con un fandango del tamaño de la torre Eiffel y no contenta con que su novio le prepare los Tupper de toda la semana, saque brillo a la cubertería, deje el suelo como los chorros del oro y de vez en cuando se la trajine, pretende que un servidor descuide sus tareas y le hornee la casa mientras ella se dedica a trabajar! ¡Así va España!: Lo mío para mí, y lo de los demás, a repartir.
A la postre, toda esa panda de vendepeines, ilustrados de todo a cien, cariacontecidos, chantajistas emocionales y víctimas de su propia ineptitud, predican que todos seamos como hermanos y apoyemos el hombro para llevar la mortaja que ellos han tejido con su malfacer, algo a lo que me niego en rotundo… Bastante castigo tengo con aguantarles la envidia, el único y solemne castigo que compartimos desde que nos inscribieron en el registro civil de un país como este.
Así, y deseando conocer alguna de sus malas experiencias en cuanto a convivencia se refiere, les dejo con ¿Cuándo se irán estos?, un álbum ilustrado de Ute Krause que pueden encontrar en la línea editorial de Corimbo y que refleja a la perfección las situaciones insostenibles que pueden originarse cuando los intereses de unos y otros chocan en un día a día mutuo.

lunes, 23 de enero de 2012

Grandes figuras de la ilustración de LIJ (IX): Iván Bilibin


Iván Yàkovlevich Bilibin, más conocido como Iván Bilibin, nació el 4 de agosto de 1876 en Tarjovka, un suburbio de San Petersburgo (Rusia). De su infancia, poco he podido encontrar, de la juventud, algo más... Ingresó en el liceo en 1890 y terminó con Medalla de Plata, cinco años más tarde. A partir de 1895 asiste a la Escuela de la Sociedad de Estímulo de las Artes, al mismo tiempo que inicia sus estudios de Derecho en la Universidad de San Petersburgo.
En marzo de 1899 la revista Mir Iskusstva (Mundo del Arte) le encarga unos dibujos que darán inicio a su carrera como ilustrador de libros. Unos meses después, en el mismo año, Bilibin asiste en Moscú a una exposición de Victor Vasnetsov (exponente de la pintura romántica de inspiración nacional) cuyas obras incluían escenas folklóricas, como Bogatires, y, profundamente impresionado, Bilibin se siente inspirado para dibujar sobre las costumbres y la imaginería de la vieja Rusia. Tras contemplar las acuarelas de esta época, el Departamento Ruso de Documentos de Estado le pide una serie de ilustraciones para una edición de cuentos rusos. 


En 1900 se graduó en Derecho obedeciendo al mandato paterno, sin embargo nunca ejerció dicha profesión (curiosa similitud con Edmund Dulac…).
Bilibin también recibía clases en el taller dirigido por el pintor y escultor realista Iliá Repin, donde presentó diez ilustraciones de cuentos folklóricos: El cuento del zarevich Iván, El pájaro de fuego y el lobo gris, La zarevna rana, El pequeño pato blanco, Vassilisa la bella y La pluma de Finist, el halcón resplandeciente.


Entre 1902 y 1904 el artista viajó por el norte de Rusia, donde quedó impresionado por la arquitectura antigua y el folklore ruso. Fruto de ese viaje es su escrito Artes folclóricas del norte de Rusia (1904).
Otra influencia importante en su arte fueron las impresiones tradicionales japonesas, conocidas como ukiyo-e, una evidencia que queda plasmada en una de las ilustraciones de El Romance del Zar Saltán, de su hijo el príncipe Guidón Saltánovich, famoso y poderoso paladín, y de la bellísima zarievna Cisne de Alexandr Pushkin, que recuerda a La gran ola de Hirosige.


Entre los años 1905 y 1906, Bilibin publicó dibujos en revistas satíricas. Uno de ellos le valió un apercibimiento administrativo. Se titulaba El asno Equus asinus al 1/20 del natural y aludía claramente al zar Nicolás II.
Bilibin es considerado uno de los fundadores del arte gráfico ruso, pero su obra no se limitó a la ilustración. En 1904 por encargo del Teatro Nacional de Praga realizó los decorados y el vestuario de la ópera Snegúrochka, de Rimski-Kórsakov, dedicándose desde entonces al arte escenográfico en óperas como Ruslan y Ludmila (1913) o Sadko (1913-1914).


El artista deja Rusia en 1920 y se instala en Egipto hasta 1925, donde abre un estudio, realizando acuarelas y paneles murales en El Cairo -Borís y Gleb en un barco (1921)- o los frescos y un iconostasio para la iglesia ortodoxa siria de Alejandría. Asiste en París a la apertura de la Exposición Universal, donde regresará más tarde (1927) para una exposición de artistas rusos. Durante 1926 y 1927 realiza también unos frescos y otro iconostasio para la iglesia rusa del cementerio de Praga.
Retomará su labor como ilustrador de cuentos rusos y orientales para un editor francés en 1931 al mismo tiempo que realiza trabajos murales como El bogatir Míkula Selianínovich del consulado soviético en París (1935). En 1936 regresa a Rusia, donde impartirá clases y conferencias en la Academia Soviética de las Artes hasta 1941, y se embarcará en numerosos proyectos como El Cuento de la Ciudad de Kiev y los Bogatires Rusos.


La Segunda Guerra Mundial le sorprende mientras trabaja en Leningrado en la ilustración de bilinas, y en los decorados y el vestuario para una película cuya realización se vio interrumpida por la guerra: El herrero Coloso. Tras el asedio que desde 1941 a 1944, sufre la ciudad por las tropas de Hitler, centenares de miles de personas mueren, y entre ellos, Iván Bilibin. El 7 de febrero de 1942 los Cuentos Populares Rusos recopilados por Afanasiev se quedaron huérfanos.


Sobre el trabajo de Bilibin, yo destacaría el preciosismo y la calidad geométrica del ornato que acompaña a cada una de sus ilustraciones, que no sólo es propia de la corriente modernista, el art-noveau, en general y de este autor en particular, sino de toda una generación posterior de ilustradores soviéticos (ver por curiosidad el trabajo de Guennadi Pavlishin en los Cuentos del río Amur de Naguishkin). Estas orlas, son casi un marco que delimita la realidad dentro de la ficción de un modo diametralmente opuesto a la imagen televisiva, lo enriquece y eleva a otra categoría narrativa.
Sobre la temática, destacar los elementos naturales. Bosques, lagos, caminos, cumbres montañosas, paisajes nevados son los escenarios elegidos para ubicar la acción, cosa que ocurre en muchos ilustradores eslavos, véase John Bauer.


La composición teatral de las escenas dota a los personajes del movimiento que en un principio no cabría esperar por las líneas marcadas del dibujo. Si a ello añadimos el realismo de las formas, bien definidas, fieles y graves, tenemos imágenes impactantes, introduciendo al espectador en la narración y haciéndolo partícipe de la lectura.
Por último hablemos del color… Bilibin no sólo sabe de composición, dónde colocar los elementos que definen la imagen para causar impacto, rozando lo teatral y cinematográfico, sino que sabe darles el color apropiado. Lo que en un principio puede parecer una gama cromática plana y homogénea, resulta ser un contraste entre luz y oscuridad que, a modo de signos de puntuación, resaltan lo importante de la ilustración, sus focos de atención y nos acercan a la realidad.


Si buscan donde contemplar las ilustraciones de este señor, sólo tienen que buscar los cuentos rusos de Afanasiev. Hubo un tiempo (hace casi cuarenta años) que podíamos encontrar todas  las ilustraciones reunidas en los tres tomos editados por Anaya dentro de su colección Laurín. Como está ya descatalogada (quien la tenga que la cuide porque hoy día vale una pasta) y el interés por estos autores parece renovado son dos las editoriales que se han lanzado a editar algunos cuentos con las ilustraciones de Bilibin, concretamente, Basilisa la bella y otros cuentos populares rusos de Reino de Cordelia y El pájaro de fuego y otros cuentos rusos de Libros del Zorro Rojo. Así que ya saben: háganse un regalo.




jueves, 19 de enero de 2012

¡Esto es viajar!



En un abrir y cerrar de ojos nos encontraremos con otras vacaciones, con otro puente. Espero que no sea en el ecuador de enero, ese mes tan sufrido para el bolsillo, que, después de los turrones y los regalos navideños, se ha quedado, más que vacío, deshuesado. Aunque la primera cuesta del año se resienta, siempre sacaremos algo de dinero. Debajo del colchón, en esa hucha olvidada (por si acaso, no confíen sus ahorros a bancos y otras entidades con ánimo de lucro, que bien es sabida la voracidad que gastan…). Lo mejor es invertir su dinero en algo que de verdad necesiten o, en su defecto, les apetezca (mientras no pasen hambre... todo vale). Y si no lo tienen, cierren los ojos, imaginen que nadan en un mar de billetes, y déjense llevar… ¿Qué les apetece? ¿Ese anillo de brillantes que les deslumbra cada vez que se cruzan con el escaparate de Chopard? ¿Ese deportivo de alta gama que cada mañana les adelanta en el camino del trabajo? ¿O ir a un “estrella Michelín” para catar todas las chucherías que elabora ese cocinero de moda?
Mientras se deciden y atendiendo a lo modesto de mi presupuesto, intentaré perderme por Londres o París, dos destinos la mar de interesantes. Quizá piensen que soy un sibarita detestable por pensar en esas frivolidades cuando otros no tienen con qué calentarse, pero les aviso que los únicos viajes que pienso hacer en los próximos meses son a través de las páginas de los libros de Sasek, reeditados por la editorial madrileña Nórdica Libros (la primera vez en 1958 por la editorial inglesa W. H. Allen), y que recogen multitud de rincones de las citadas ciudades. 


Metro de Londres

Miroslav Sasek..., otro de esos ilustradores que hay que conocer...
De familia bohemia (de la región, no trashumantes) y molinera, nace en Praga en 1916, años antes de la II Guerra Mundial. En su juventud empieza a trabajar para una gran casa editorial, un hecho que le despierta sus inclinaciones artísticas desde la adolescencia. No obstante estudia arquitectura ya que sus padres no veían nada claro que el oficio de artista fuera serio (aunque bien es cierto que el chico está un tiempo estudiando en la Academia de Bellas Artes de París). Tras la entrada del comunismo en Checoslovaquia en el 48, Sasek decide emigrar a Munich, Alemania, donde su mujer tiene su puesto de trabajo. Allí ejerce como locutor para la cadena radiofónica "Free Europe" desde 1951 hasta 1957. Durante este periodo de tiempo, Sasek no se desvincula del mundo artístico y realiza otros trabajos, así como proyectos personales.


Mercado de pájaros cercano a Notre Damme

Así nace Esto es París, el primer libro de la colección viajera de Sasek, que ve la luz en 1959. En esta obra, su autor rinde un tributo a la ciudad de las luces, a su gente, sus avenidas, edificios históricos y museos. Y es que, aunque Sasek se consideraba un ciudadano del mundo, siempre sintió cierta debilidad hacia la capital francesa, el lugar donde se instalaría durante sus últimos años de vida.
Gracias al éxito de Esto es París, Sasek se anima a ampliar la colección con un segundo libro, Esto es Londres, otro magnífico título en el que da alas al humor fino e irónico del viajero moderno que no sólo busca turisteo, sino embeberse del día a día. Escoge estampas cotidianas que por un lado suenan a costumbre y por otro a parodia, unas imágenes que recuerdo y con las que me río cada vez que visito la polis del Támesis.


Kiosco en el Sena


Cola en una parada de bus londinense

A estos dos títulos le siguen otros nuevos como Esto es Roma, Esto es Nueva York o Esto es Edimburgo (N.B.: Este último junto a Esto es Venecia y Esto es Hong-Kong eran los favoritos de su autor). Un total de dieciocho libros que todavía hoy sirven de guía de viajes para muchos niños soñadores. 
Hoy en día es difícil hacerse a la idea de porqué unos libros de viajes infantiles alcanzaron tanta fama, pero no olvidemos que en esa época, las escapadas y odiseas que nos marcamos muchos y la omnipresente televisión, no estaban al alcance de cualquiera. Por ello los niños y sus familias agradecían productos que mostrarán de primera mano los entresijos de las grandes ciudades desde una perspectiva objetiva y detallada, algo a lo que Sasek prestó sumo cuidado pues, según sus propias palabras, "El detalle es muy importante para los niños".
No se lo piensen dos veces, abran estos libros, vayan pasando sus páginas y contemplen vistas panorámicas, estampas callejeras y obras de arte. Desde los Campos Elíseos a los variopintos personajes del metro de Londres ¡No me digan que eso no es viajar!


lunes, 16 de enero de 2012

Grandes figuras de la ilustración de LIJ (VIII): Edmund Dulac





















La entrada de hoy está dedicada a otro de los ilustradores que pertenecen a la llamada “Edad de Oro de la Ilustración”, época que abarca aproximadamente el primer cuarto del siglo XX.
Edmund Dulac (también conocido como Edmond) nació el 22 de octubre de 1882 en Toulouse, Francia. A edad temprana apuntaba maneras como buen dibujante, decantándose por la acuarela, medio artístico que no abandonará durante toda su carrera profesional. Aunque comienza a estudiar derecho en la universidad de su ciudad natal, decide compaginar la vida académica con las clases en la Escuela de Bellas Artes. Dos años de aburrimiento legislativo y haber conseguido un premio en dicha Ecóle, convencen a Dulac de que su futuro no recaerá en las leyes, sino en el arte, por lo que decide abandonar la universidad y dedicarse a tiempo completo a su labor como artista, ganando así los Grand Prix anuales de 1901 y 1903 de dicha institución. En 1904, una beca le permite viajar a París para asistir a la Académie Julien durante tres semanas, tras las cuales, decide abandonar su Francia natal y trasladarse a Londres, donde comienza su carrera meteórica a los 22 años.
Al cabo de un tiempo en Londres, Dulac recibe su primer encargo por parte del editor J. M. Dent: una colección de relatos de las hermanas Bronte, para los que realiza un total de sesenta ilustraciones. Tras este trabajo, colabora con Pall Mall Magazine, una publicación periódica en la que ya habían aparecido trabajos de Rackham y Robinson.
Tras la publicación de Rip Van Winkle y Peter Pan in Kensington Gardens de Arthur Rackham, otros editores deciden publicar otros trabajos orientados hacia el mismo público, para lo que buscan nuevos ilustradores. Así es como, con la Leicester Gallery (lugar en el que Dulac vende los originales de sus ilustraciones aunque las editoriales exploten sus derechos de autor) ejerciendo de intermediaria, Dulac firma con la editorial Holder & Stoughton para ilustrar The Arabian Nights (1907), relación que se mantendrá durante muchos años.
Después de esta colección de cuentos Dulac ilustra libros como The Tempest de Shakespeare (1908), Rubaiyat del autor Omar Khayyam (1909), The Sleeping Beauty and Other Fairy Tales (1910), Stories de Hans Christian Andersen (1911), The Bells and Other Poems de Edgar Allan Poe (1912, año en el que le es otorgada la ciudadanía inglesa), Princess Badoura (1913), Sinbad the Sailor and Other Stories From the Arabian Knights (1914), King Albert’s Book, Princess Mary’s Gift Book (1914), Edmund Dulac’s Picture Book for the French Red Cross (1915) y The Dreamer of Dreams de la entonces Reina de Rumania (1915),
Después de la Primera Guerra Mundial, época durante la que se editan Edmund Dulac’s Fairy Book (1916), Tanglewood Tales (1916) y The Kingdom of the Pearl (1918), la edición de libros ilustrados decae y la contribución de Dulac en este campo finaliza, por lo que decide abrirse a otros campos, como el de las caricaturas en el periódico semanal The Outlook durante 1919-1920, el de los retratos, el de la escenografía, el del diseño de cajas de chocolate o el de las artes gráficas, para hacerle frente a la pobreza de la posguerra.
Durante la Segunda Guerra Mundial diseña los sellos postales de Gran Bretaña (por ejemplo el que conmemoraba la coronación de George VI, las olimpiadas de1948 o los primeros sellos de la Reina Elizabeth II como monarca) y los billetes de la Francia libre y del Banco de Polonia..
En 1924 comienza su relación con The American Weekly, un suplemento dominical, para el que crea las portadas dentro de temáticas tan variadas como las escenas bíblicas, la vida en el campo o los cuentos de Canterbury. Al mismo tiempo que realiza estas colaboraciones que durarían hasta el año 1949, Dulac retoma la ilustración de clásicos narrativos, entre los que se cuentan The Green Lacquer Pavilion (1925), Treasure Island (1927), A Fairy Garland (1928), The Daughters of the Stars (1939), The Golden Cockerel (1950) y The Marriage of Cupid and Psyche (1951).
Dulac fallece de un infarto cardiaco el 25 de mayo de 1953 mientras trabaja en el Comus de Milton, que verá la luz de manera póstuma en 1954.
Y ahora, aspectos técnicos y artísticos… Cuando Dulac llega a Inglaterra (sobre 1890), el mundo de las artes gráficas estaba en pleno desarrollo, sobre todo en lo que se refería a las técnicas de impresión a color y los métodos de producción a gran escala. Estas dificultades son las que agregan valor a la contribución de estos artistas que, con métodos más rudimentarios a los de hoy, lograban unos trabajos llenos de vida y precisos. Del trabajo de Dulac llaman la atención varias cuestiones. En primer lugar la ausencia de líneas que delimiten el dibujo, es decir, prefiere delimitar las formas utilizando las diferentes gamas cromáticas, que entintar el trabajo. En segundo lugar decir que muchos de sus trabajos tienen cierta inspiración oriental, influencia que también se deja ver en el posterior Modernismo. Y por último, destacar la evolución del cromatismo en este artista: en sus primeras etapas se decanta por los colores más suaves y apagados, acuosos y tranquilos, mientras que en sus últimos trabajos prefiere el color intenso, brillante y rígido que impregna de fuerza y dramatismo las escenas.

viernes, 13 de enero de 2012

Destina el 0,7% de tus impuestos a la investigación científica




Esta iniciativa de la que muchos os habréis hecho eco los últimos días, surgió como iniciativa del blog Resistencia Numantina y su administrador Francisco J. Hernández. Consiste en solicitar por distintas vías, la inclusión en el documento de la Declaración de la Renta de una casilla para destinar el 0,7 del IRPF a la investigación científica... Una opción que mitigue la preocupante fuga de cerebros de nuestro Estado, una opción que palie los efectos de la disminución presupuestaria que los gobiernos de distinto signo han acometido sobre Investigación + Ciencia + Desarrollo en España, una decisión que nos haga crecer como país, que nos ayude para emerger de la crisis actual. Una iniciativa a la que te puedes sumar aquí.

Porque la Ciencia, entre otras cosas, es futuro.
Porque la Ciencia, entre otras cosas, es altruismo.
Porque la Ciencia, entre otras cosas, es voluntad.

Si hay algo en nosotros verdaderamente divino, es la voluntad. Por ella afirmamos la personalidad, templamos el caracter, desafiamos la adversidad, corregimos el cerebro y nos superamos diariamente.

D. Santiago Ramón y Cajal. Premio Nobel de Medicina 1906.

miércoles, 11 de enero de 2012

Efeméride dickensiana









Ayer, mientras trasteaba con este sitio, me percaté de una falta imperdonable: haber dedicado una sola de las entradas de “Donde viven los monstruos” al admirado Charles Dickens, por lo que hoy, aprovechando que durante este año bisiesto, multitud de entidades van a conmemorar el bicentenario de su nacimiento, me uno a los fastos y dedico unas palabras a uno de mis escritores favoritos y al que, a un mismo tiempo, considero un precursor de la literatura infantil.
De Dickens he leído El almacén de antigüedades, Canción de Navidad, David Copperfield y Oliver Twist (N.B.: Me hubiera encantado leer en su día Grandes Esperanzas, pero en los noventa era dificilísimo dar con buenas ediciones en castellano de la misma, por lo que sólo me queda esperar a que la editorial Alba me regale un ejemplar de la fantástica edición que han sacado a la luz últimamente… ¡Por pedir que no quede!), y quiero/puedo entresacar, tanto de su obra, como de su biografía, una serie de matices que podrían relacionarse con la LIJ… ¡Ahí van!
En primer lugar destacar que gran parte de la obra de Dickens está plagada de personajes niños, no sólo los grandes protagonistas de sus historias, sino otros secundarios. Quizá esto se deba a que la vida de Dickens quedase marcada por una infancia difícil, o porque el autor viese en los niños una manera de emocionar al público, de empatizar fácilmente con sus lectores. Al mismo tiempo enfatizar que estos pequeños protagonistas (Oliver Twist, David Copperfield o Nell Trent) se rodean de una mayoría de figuras adultas con intenciones un tanto dudosas, de entre las que destaca una con gran corazón que, a modo de hada madrina, guía sus pasos en la narración, cosa que me recuerda al Pinocho de Collodi (esto es simplificar mucho, ya que la elaboración de los personajes en la prosa de Dickens es tan compleja que ha dado lugar a multitud de estudios que sobrepasan las líneas de una entrada como esta).
De Dickens también hay que destacar su emotividad. A veces tan recargado y barroco que puede rozar el patetismo, el sentimentalismo con el que Dickens empapa las páginas se podría asemejar en gran medida al de muchas obras de literatura infantil-juvenil clásicas y/o modernas, como la Heidi de Johanna Spyri o las Mujercitas de Louise M. Alcott.
Aunque no podemos decir que el estilo de Dickens sea sencillo, sí podemos decir que, aunque detallista, es directo y vivaz, imprimiendo ritmo a la acción (léase como ejemplo el viaje por etapas de El almacén de antigüedades), sólo recargando de florituras a los momentos más trágicos de la misma.
Por último, apuntar a una de sus obras… Canción de Navidad. Se erige como uno de los paradigmas navideños de todos los tiempos: establece una serie de ideas fundamentales en el acervo cultural moderno occidental. Es decir, sin Canción de Navidad, la Navidad nunca sería tal y como la conocemos.
¡Y que viva 200 años más!

lunes, 9 de enero de 2012

Grandes figuras de la ilustración de LIJ (VII): John Bauer






















Regreso este año 2012 con una de las secciones que más aceptación tuvo el curso pasado en este lugar en el que viven los monstruos: Grandes ilustradores de la LIJ (¡cómo les gusta una biografía!)…, hoy dedicada a John Bauer.
John Bauer, uno de los mejores ilustradores suecos del temprano siglo XX junto con Carl Larsson, nace en Jonkopping el 4 de junio de 1882 como el tercero de los cuatro hijos del matrimonio formado por Emma y Joseph Bauer. Su infancia transcurre feliz hasta que su hermana, Anna, fallece a la temprana edad de 13 años cuando él sólo cuenta doce. Este hecho lo afecta profundamente, sentimiento que queda plasmado en todo su arte, de cierto aire melancólico y contemplativo.
A los dieciséis años, Bauer viaja a la capital, Estocolmo, con la idea de estudiar artes, objetivo que logra dos años más tarde al ingresar en la Real Academia de las Artes.
En aquellos años de estudio, el estilo de Bauer quedó impregnado del de los dos iconos artísticos suecos de la época, Carl Larsson y Anders Zorn, aunque también por el trabajo surrealista y fantástico de Arnold Bocklin.
Es en su época de estudiante, cuando recibe su primer encargo como ilustrador, Lange, lange sedan, de Anna Wahlenberg, una colección de cuentos en la que trabajará utilizando como modelo para uno de ellos –La princesa hada- a Ester Ellquist, una compañera de clase, a la que también retrata en 1904.
Tras finalizar sus estudios es el encargado de ilustrar un libro sobre la región sueca de Lappland y que será publicado en 1906 bajo el título de Lappland. Det stora svenska. Durante ese mismo año contrae matrimonio con su colega Ester.
Es al año siguiente, en 1907, cuando John Bauer comienza su colaboración con Bland Tomtar och Troll (Entre elfos y trolls), un libro navideño para niños que lo encumbrará como una de las grandes figuras de la ilustración sueca.
En 1908, Bauer y su esposa, viajan a Alemania e Italia, concretamente a Volterra, donde invertirán dos años empapándose de las diferentes corrientes artísticas de la época, tiempo durante el cual Bauer sigue publicando sus ilustraciones en Bland Tomtar och Troll hasta 1910.
Durante 1911, Bauer se desmarca de la publicación que le ha dado prestigio y colabora con otro libro anual, Fadernas Gudasaga, varios escritores y todo tipo de revistas dirigidas al público infantil, cosa que le hace ganar más popularidad y crédito.
Un año más tarde Bauer retoma su labor en Bland Tomtar och Troll hasta 1915, año en el que nace su hijo Bengt, pasando a dedicarse a su vida familiar, hecho que desmoraliza al joven artista y quiebra la estabilidad familiar. Así, en 1918, con Bauer deprimido y la decisión de romper su matrimonio, toda la familia, en afán de retomar sus vidas por separado y obligados por un accidente ferroviario, embarcan en un ferry para cruzar el lago Vattern. Bauer muere ahogado a los 35 años junto a su esposa y su hijo.
Y ahora, los apuntes artísticos… El trabajo de Bauer, sobre todo en Bland Tomtar och Troll -1907-1910 y 1912-1912- y que está recopilado en la edición en castellano de Cuentos Suecos (Editorial Anaya, colección Tus libros), deja entrever su evolución como artista… La monocromía y las líneas sencillas en los comienzos, dejan paso a tonos más coloristas aunque envueltos de esa neblina luminosa y quieta que desarrolla en la madurez. La composición, a caballo entre el clasicismo y el modernismo, es el fuerte de las escenas, dramáticas e impactantes, una calidad artística que ennoblece al texto que acompañan. Por último, una nota curiosa: llamo la atención sobre que Bauer no quiera hacer hincapié en el aspecto malvado de los trolls, sino que prefiere dotarlos de cierta humanidad, incluso de cierto toque humorístico, despojando así a estas criaturas de su imagen desagradable, todo un detalle por su parte.