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jueves, 28 de junio de 2018

¡Una de libros de actividades para el verano!



Llegan los calores y aquí estamos, pasando penurias hasta que lleguen las vacaciones (reales, que aún nos quedan reuniones diversas). Nada mejor como una buena sombra y la orilla del mar para entretenerse durante las próximas semanas. Seguramente muchos de ustedes echen mano de novelas, sopas de letras, sudokus o autodefinidos, pero ¿y los niños? Sí, sí… que construyan castillos de arena, que le den patadas al balón o busquen erizos entre las rocas, pero en las horas de más calor, como no se echen la siesta, ¡el Dios que los aguanta! Así que, aquí les dejo una buena tanda de libros de actividades que no tienen desperdicio para que ofrezcan ocio a pequeños y jóvenes durante los meses de verano en vez de los típicos cuadernillos de repaso (yo los odiaba profundamente). ¡Ah! ¡ Y todos ellos también aptos para adultos!


Robin Jacobs. Pasaporte. Fulgencio Pimentel. Empezamos con uno de los libros de actividades que más me ha gustado de los últimos meses. Orientado para niños que cruzan fronteras de la mano de sus padres, la editorial Fulgencio Pimentel les provee de un segundo pasaporte con el que descubrir, no sólo los países visitados, sino el antes, el durante y el después. Instrucciones divertidas y ocurrentes ayudan al pequeño artista en su labor de dar tumbos y conocer el mundo con monedas, logotipos de aviones o comidas exóticas.



María Ramos y Tu yo del futuro. El libro del futuro. Fulgencio Pimentel. No les voy a negar que este engendro de papel tiene mucho swagg, más que nada porque es una cápsula del tiempo convertida en libro (¿se lo imaginaban?). Este libro nos pide datos, nos da instrucciones, nos busca y nos encuentra. Cómo somos, nuestras familias, cuáles son tus aficiones y sueños. Mirando al futuro desde el presente, oteando el pasado desde el mañana. Si añadimos que la editorial se compromete a ayudarnos en su rescate dentro de unos cuantos lustros, la cosa no tiene desperdicio. ¡Me vuelve loco esta idea!



El Hematocrítico (Miguel Ángel López) y Olga Capdevila. Cuadernito de escritura divertida. Blackie Books. En este cuaderno, además de escribir cosas que se nos ocurren en el día a día o en nuestra imaginación desde una perspectiva humorística (es la especialidad de este maestro-autor), podemos encontrar contextos poco frecuentes en un libro de escritura, como la pantalla de una tablet o una conversación a través de Whatsapp (lugares próximos al público infantil hoy en día) para crear conversaciones extrañas, chistes o cartas. Aderezado por el grafismo en negro y rosa fluorescente de la siempre acertada Olga Capdevila, creo que el grito de guerra puede ser: ¡No se lo pierdan!



Anders Arhoj. Búscame. Andana. Desde que vi este libro en la estantería, me quedé prendado por su portada tan sugerente (todavía no sabría diferenciar la delantera de la trasera excepto por el color). Un par de ojos en un fondo magenta me miran, otro par de ojos sobre fondo azul también. Nos invitan a abrir los nuestros como platos e ir buscando en cada doble página a los personajes protagonistas de este desafío, de estos dos caminos que confluyen en un encuentro final. Con una factura gráfica impecable, el autor danés propone escenarios coloristas y divertidos sin desperdicio.



Aleksandra Artymowska. La maravillosa aventura de Lucas en busca de sus amigos. Mtm. En este otro libro hay que buscar (y encontrar, que no hay reto sin premio) salidas que ayuden a Lucas (y al lector) a pasar página. Es así como escenarios laberínticos cada vez más intrincados, son el escollo que encuentra Lucas para dar con sus amigos. Cavernas, tuberías, árboles, paisajes polares, estatuas y un sinfín de obstáculos en los que el niño encuentra mundos imaginarios donde disfrutar. ¿Logrará dar con ellos? Sean optimistas y ayuden a sus hijos con la tarea de un buen sherpa.



Bunpel Yorifuji. Rakugaki. Cómo potenciar tu imaginación a través del dibujo. Blackie Books. Dirigido a zoquetes del dibujo (sí, como lo oyen, con desparpajo y alegría) este manual intenta dar unas pinceladas muy acertadas (se lo digo yo que el dibujo es una de mis aficiones) sobre las bases del trazo y la línea. Recomendaciones posturales, sobre el material, líneas básicas, volumetría… nos empujan a dar vida a personajes y situaciones. No crean que hay que complicarse mucho la existencia, cada uno hace lo que puede y eso es lo mínimo para pasarlo bien.



Peng + Hu. Hirameki. El genial pasatiempo de la mancha y el garabato. Sexto Piso. Hirameki es un pasatiempo oriental en el que partiendo de una mancha, de acuarela generalmente, el ocioso busca en su imaginación algo que quepa en ella. Coge un bolígrafo y lo dibuja sobre esta sin pudor. Es así como este libro nos propone diferentes ejercicios temáticos sobre páginas llenas de manchas. Bien fácil y entretenido. ¿Será por eso que el significado literal de esta palabra nipona es “rayo de inspiración”?



Serge Bloch. 3, 2, 1… ¡A dibujar! Cocobooks. De la mano de uno de los mejores ilustradores franceses del momento, se nos presenta un libro muy divertido en el que Serge Bloch da una serie de consejos y pautas para crear escenarios de ficción gracias a elementos reales que tienen poca relación. Es así como se origina su estilo inconfundible a caballo entre el collage y la edición  fotográfica. Me gusta (sobre todo para mí... ¿quién me lo regala?).



E. G. Lutz. Qué dibujar y cómo dibujarlo. Mtm. Orientado a todo tipo de público, en este libro publicado por primera vez en 1913 (no se dejen guiar por su aspecto, ¡los niños también leen libros de otra época! ¡Más todavía si son geniales!) encontramos una serie de sugerencias o clases breves de la mano de uno de los maestros de Walt Disney (o al menos es lo que se dice). En cada página se presenta un proceso para dibujar gallinas, ranas, mapaches o niños, y que cualquiera sea capaz de darles vida con una lápiz y un papel. ¿Se animan?



Asís Percales. Manual del Pintamonas. Mosquito Books. Entre tanto libro para colorear flores y mandalas, nace este manual con una idiosincrasia similar. Lo diferente es que no hay que dar color a motivos repetidos, sino a ilustraciones con cierto aire vintage (me recuerdan a la “old school” del tatuaje) y muy cañí. Para todos los públicos, aunque yo me atrevería a regalárselo a algún adolescente modernito, que siempre pueda añadir algo de su cosecha.


miércoles, 27 de junio de 2018

¡Que llegue MI verano...!



Este junio me lleva frito. Tengo ganas de mandar el curro a paseo y perderme conmigo mismo o con quien se tercie para celebrar la vida. Pasear por la playa, madrugar cuando me apetezca, trasnochar, tomarme veinte cervezas, releer a Quevedo o Babrio, olvidar muchas cosas que me permitan recordar otras, echarme la siesta sobre la yerba... Eso es el verano para mí. Y todavía parece primavera. Sólo dos días para que llegue. Demasiado...

Racimos de niños
cuelgan del cielo:
las cometas quieren
llevárselos lejos.

Batir de alas contra el vidrio:
mi vecino observa inmóvil
los bichos que captura
en su frasco de cristal.

Primavera.
Ángeles Quinteros.
En: Un año… Poemas para seguir las estaciones.
Ilustraciones de Ángeles Vargas.
2018. Barcelona: Yekibud Yekinabud.


martes, 26 de junio de 2018

A bordo...



Siento un profundo respeto al mar, al océano. Soy hombre de secano, y eso se nota. Vivo acostumbrado al firme de la tierra en vez de al vaivén de la olas. Si a ello añaden que aprobé “Mecánica de fluidos” a la sexta, tuve tiempo para darme cuenta de cuán compleja es la naturaleza del agua, el líquido por excelencia, que por más que deseemos supeditarlo a nuestra voluntad, quieto no queda.
Sin contar el vikingo (Diríjanse a mi primera papilla, para más detalles), he viajado dos veces en un barco. La primera me dejé llevar por un regimiento de adolescentes italianos y fue hasta divertido (¿Para qué ambientarles si se lo pueden imaginar?), la segunda hubo marejada y mi endolinfa nunca me lo perdonará (Uno no sabe dónde agarrarse ni qué vomitar. Sólo maldices el día en el que accediste a ello). Con ello les quiero decir que ni se les ocurra sugerirme un crucero vacacional. Ya saben mi respuesta por mucha promesa o cena del capitán que me ofrezcan: yo me quedo anclado en el continente y ustedes verán.


Llámenme exagerado o cobarde, pero un servidor, que ha conocido bastantes lobos de mar, sabe de sobra que la vida marítima no es moco de pavo... que eso de chupar meses de camarote no puede ser bueno ni para la moral ni para el cuerpo. Y por si no tuvieran bastante, viven marcados por una fama inmerecida de alcohólicos, proxenetas y tunantes.
Y mientras van pensando en las mieles del océano (yo con una barquita me conformo), hoy les traigo uno de esos álbumes tan hermosos a los que Roberto Innocenti nos tiene acostumbrados. Mi barco era la sorpresa que Kalandraka nos guardaba de cara al verano. Y digo sorpresa porque este libro tiene mucha vela (nunca mejor dicho).


En primer lugar decir que llama mucho la atención este híbrido que oscila entre la ficción y la no ficción, una mezcla que cada vez se utiliza más en el álbum informativo. Esto probablemente se puede deber a la recreación argumental y atmosférica que favorezca la asimilación de contenidos no ficcionales por parte del lector, o quizá para crear una diversificación que permita llegar a más tipos de lectores, por otro lado. En el caso que nos ocupa, me decanto por el primero, ya que el gran Innocenti hace cierta diferenciación física entre la ficción (primera parte del libro) y la no ficción (páginas finales).
No obstante, hay que llamar la atención, y como sucede en muchos otros casos de ficción realista, sobre la imposibilidad de alejarse completamente de un contexto, sobre todo histórico, cuando hablamos de literatura. Cuando la acción se desarrolla en una época determinada, se añaden detalles interesantes, otros conocimientos adicionales al hilo argumental que siempre han de tenerse en cuenta puesto que las creaciones humanas en la mayor parte de las ocasiones son eco del mundo que nos rodea. Esto se puede observar en ese viaje al pasado que nos hace el autor italiano al recorrer un siglo XX lleno de contiendas bélicas (la guerra civil española incluida).


Para no destriparles más este libro / manual de navegación, les invito a que buceen entre sus páginas y descubran los mil y un detalles a los que la mano de Roberto Innocenti nos tiene acostumbrados. Sus perspectivas cinematográficas y su colorido algo naïf (a veces me recuerda a Henri Rousseau) me gustan más conforme pasan los años, más todavía en este barco en el que sí puedo viajar sin riesgo de zozobrar.



lunes, 25 de junio de 2018

Perdido en el bosque



Hace tanto tiempo que me perdí en este bosque de los libros para niños, que empiezo a pensar que siempre estuve aquí. Como cualquier incauto que se adentra en la espesura, creí que no sería para tanto, que al final podría atravesarlo sin demasiado trabajo, no detenerme a cada paso. Hoy sé que la linde queda lejos, que los caminos guardaban muchas sorpresas. Eso a veces me asusta. Otras, convengo conmigo mismo que habitar este espacio es un consuelo.
Al principio me di no pocas caminatas. Como un explorador sin rumbo que anhelaba descubrirlo todo. Libando de este o aquel libro un poco de néctar con el que nutrirme. Hoy el ritmo no es tan frenético. Prefiero la quietud, detenerme bajo el dosel, inhalar sus aromas. Que penetren bien adentro y me impregnen. Quizá sea la mejor manera de entenderlo todo, si es que hay algo que entender.
Aquí puede pasar cualquiera. Da igual la edad, no importan las etiquetas. Muchos otros se internan, y al final, todos nos encontramos. Compartimos sendas tortuosas, tomamos veredas separadas, o departimos en un claro sobre la mullida hojarasca. Perdidos. Incluso esa palabra suena bonita en mitad de esta floresta.
Cavilo estos días. Recapitulo sobre lo acontecido, en lo que esa a la que cariñosamente llamamos Literatura Infantil me ha dado. No sólo me acuerdo del trino de los pájaros, del vuelo de las hadas, de los lobos hambrientos o de los duendes jugando... Sí, la vida es extraña. Y menos mal que existen los bosques.

Ana María Matute. 2018. En el bosque. Ilustraciones de Elena Odriozola. Libros del Zorro Rojo.


jueves, 21 de junio de 2018

Un poco de narrativa para disfrutar del verano


Nos queda tan solo una semana para decir adiós a las aulas (un acontecimiento que estoy deseando más que nunca) y muchos nos pasaremos el día en las orillas. Piscinas y playas verán aumentar sus respectivas poblaciones y entre la fauna diversa, aparte de cuñaos, nenes llorones, cincuentonas renegrías y otros animales acuáticos, se toparan con algunos lectores. Es por ello que, en este día soleado, reparto sugerencias de narrativa y me detengo en las obras que he leído durante los últimos meses y que más me han gustado. Así que, si son de esos que leen debajo de la sombrilla, saquen papel y lápiz (¡Qué antiguo eres, Román! ¡Que lo que se lleva ahora es el móvil!) y apunten este listado.


Mónica Rodríguez. 2018. Naszka. Ilustraciones de Zuzanna Celej. Colección Nandibú. Editorial Milenio. Se dan en esta pequeña aventura varios puntos recurrentes de la literatura infantil entre las que destacan una protagonista perdida y un animal protector. A ello hay que unir un lenguaje directo y articulado en oraciones simples, que en mitad de una ambientación invernal más que sugerente, nos embebe en una fábula honesta y sin pretensiones que se desarrolla en mitad de la naturaleza. Mención especial reciben las acuarelas de la Celej, siempre evocadoras y sutiles.


Erich Kästner. 2018. Emilio y los detectives. Ilustraciones de Walter Trier. Editorial Juventud. Con una nueva edición, traigo aquí uno de los ya clásicos de la literatura infantil. Ambientada en el Berlín de la primera mitad del siglo XX, esta historia de ladrones y persecuciones está protagonizada por Emil, un niño provinciano que viaja a la capital con el encargo de entregar cierta cantidad de dinero a su abuela. Durante el trayecto es víctima de un robo que es el detonante de una aventura en la que una banda de detectives le ayudarán a recuperarlo. Llevada al cine varias veces (la primera con guión de Billy Wilder) es una narración maravillosa en la que se desata ese carácter subversivo de la LIJ clásica, se aleja de moralinas y deja fluir el discurso de cada personaje con total libertad. Recomendadísimo antes de internarse en la llamada literatura juvenil, no sólo por ese espíritu valiente que nos impregna, sino por la inocencia que también destila.


Mónica Rodríguez. 2018. Biografía de un cuerpo. Editorial SM. Uno de los libros juveniles más aclamados durante los últimos meses, no sólo por haber ganado el último premio Gran Angular, sino por otros motivos... Si bien es cierto que el estilo me recuerda al de Alma y la isla, este es un libro más complejo. Por la construcción psicológica (no sé si debería decir psiquiátrica) del protagonista, por el tipo de estructura, una a caballo entre la ficción, la biografía novelada y la antología poética (es difícil de explicar, cuando lo lean lo entenderán mejor) y una ruptura con algunos de los clichés que suelen, solían rodear al mundo de los bailarines y sus familias (aporta una visión mucho más contemporánea que la de, por ejemplo, Billy Elliot), es un libro que merece una parada. No es de extrañar que la Rodríguez haga doblete con este título teniendo en cuenta que ha sabido plasmar la gestión de los miedos y guerras interiores con las que luchan los adolescentes frágiles y aturullados (se lo dice uno que sabe de eso).


Jan Terlow. 2018. Invierno en tiempo de guerra. Editorial Harperkids. Le tenía ganas a esta novela, no sólo porque es una de las pocas novelas que habla de la Holanda nazi, sino porque en esta historia se habla de la supervivencia en un contexto hostil, más que de los horrores de la contienda. Terlow prefiere alejarse de lo secundario, dejar a un lado la política y sus cuitas, para detenerse en la naturaleza humana, en sus aberraciones y virtudes. En la necesidad de huir de Michiel, el protagonista, en aprender poco a poco, a confiar y desconfiar, una premisa sobre la que se fundamenta el comportamiento en época de conflictos. El dolor, la rabia, la desesperación, la inteligencia, la traición, la esperanza y el sinfín de avatares que tienen lugar en las páginas de este viaje iniciático, me ha recordado a las obras de Uri Orlev (Una isla entre las ruinas, por ejemplo) aunque desde una perspectiva quizá más emocional.


Ray Bradbury. 2018. La mujer tatuada y otros cuentos de amor. Ilustraciones de Eva Sánchez Gómez. Editorial Ekaré. Este librito me lo leí en el tren, en cierto viaje a Madrid. Ya había leído algo de Bradbury, pero este tiene un no-sé-qué que me envolvió con cierta dicha. Será porque los tres cuentos que recoge nos hablan de las diferentes facetas de las que puede vestirse el amor, de sus extrañas formas, de su sencillez, de lo sobrenatural y tantas veces estúpido que puede llegar a ser. Y así no fueron pocas las veces que se me dibujó la sonrisa. Una bruja que utiliza el cuerpo de otros para enamorarse, el último individuo de una especie que sigue en busca de un amor, y una mujer tatuada que ve peligrar su gran amor a consecuencia de una piel repleta de garabatos, son las situaciones escogidas por el mago del relato breve para trasladarnos a universos complejos que al mismo tiempo sentimos cercanos.


Emily Brontë. 2018. Cumbres Borrascosas. Colección Tus Libros. Editorial Anaya. Convertido en oscuro objeto de deseo de muchas féminas (algún día tendré que hacer un estudio al milímetro para dar con el porqué), esta obra maestra de la literatura inglesa también se ha colado en mi estantería. Lejos de la sensación un tanto pastelona que deja entrever su versión para la gran pantalla, la obra maestra de Emily Brontë da buena cuenta de su genialidad como escritora (y su tormento como persona, que no lo tuvo nada fácil). El perfil psicológico de los personajes, ese amor maldito (también feliz, que siempre cabe en casos como este tan dispares), la atmósfera envolvente y una estructura narrativa impecable, nos embeben en una lectura llena de fuerza y vitalidad que, lejos de edades y de lo que los jóvenes piensan sobre este tipo de libros (a ver si se dejan a las influencers y empiezan con buenos libros), es atemporal. Más todavía en una edición con anotaciones, tamaño de letra muy aceptable y biografía de la autora (echo de menos los apéndices finales en las que las ediciones antiguas de esta colección indagaban en el contexto cultural y político de los autores y sus obras, pero bueno...). Si les encantan los libros que tienen chicha, este es el suyo sean mujeres u hombres, que el (des)amor no entiende de sexo ni condición. Lo siento, pero he de decirles que esto es literatura, literatura de verdad.

martes, 19 de junio de 2018

Flip-books, folioscopios o cine de mano: un monográfico



Flip-books, riffle-books, folioscopios, daumenkino, cine de dedo, libro animado, cine portátil o cine de bolsillo. Estas son algunas de las denominaciones que recibe el tipo de libro que traigo hoy a la palestra. Aunque ya he hecho referencia a estos libros en otras entradas como este monográfico sobre libros móviles y pop-up o en este otro en el que se habla de la relación entre LIJ y cine de animación, he creído conveniente detenerme un poco más en estos libritos, primero porque siempre que incluyo algún vídeo sobre ellos en el Instagram de los monstruos me fríen a preguntas, y segundo porque resultan fascinantes para todo tipo de público.
En primer lugar, definamos un flip-book… Consiste en un libro-álbum de pequeño tamaño y con formato generalmente horizontal, que recoge una secuencia de imágenes que varían gradualmente de una página a otra. Pasando esas páginas a gran velocidad utilizando el pulgar, se crea una percepción de movimiento aparente que será de mayor o menor duración cuanto mayor sea el número de imágenes-páginas.
Como cualquier otro libro-álbum, hay que decir que el flip-book es un objeto de difícil clasificación por conjugar generalmente dos lenguajes, el textual y el gráfico (aunque en este caso se podría decir que prima el segundo, algo por lo que algunos expertos lo etiquetan dentro de los álbumes gráficos sin palabras), y al que se le añade una particularidad, la secuenciación rápida. Si además tenemos en cuenta su tamaño (caben en una mano), libreros y bibliotecarios nos saben muy bien si ubicarlos con los libros móviles, los libros-juego, los libros de artista o las películas de animación. Lo único que está claro es que se puede adscribir a la parcela de las narrativas gráficas.


Los folioscopios, como otros engendros relacionados con la ilusión óptica y el cinematógrafo, véanse el  fenaquistiscopio o el kineógrafo, nacen en pleno siglo XIX (data de 1868, y fue creado y patentado por John Barnes Linnet). Desde entonces su producción y destinatarios se han diversificado. Aunque seguramente los folioscopios más conocidos son los que recogen pequeñas situaciones cómicas, secuencias de las primeras películas de dibujos animados, escenas de cómics populares e incluso grandes gestas del deporte, también los hay que nos adentran en el mundo de las curiosidades científicas, las situaciones familiares, como reclamo publicitario, productos artísticos o incluso los contenidos eróticos, conocidos como strip-flips, que abundaban en la Francia de las primeras décadas del siglo XX.


Pero ¿cuáles son las razones por las que, en vez de guardarse en las vitrinas de museos como el zoetropio o el praxinoscopio, el flip-book continúa entre nosotros? He aquí un buen puñado:
- Por un lado, al pertenecer a la esfera del objeto libro, tiene carácter manipulativo e interactivo, algo que ya imprime carácter (todo lo que sea toquitear y dialogar nos encanta).
- En segundo lugar es muy sencillo de utilizar a cualquier edad (para poner en marcha un flip-book no hace falta acudir a la universidad, sólo se necesita el pulgar oponible que nos ha dado nuestra condición humana).
- Cabe decir que encierra un acto íntimo (no es como una sala de cine, sino que aquí sólo caben una o dos butacas, uno o dos mirones).
- También hay que decir que es una producción lúdica que divierte y sorprende a partes iguales (y si además este juego tiene una apariencia tan sencilla, más todavía).
- Otro de sus puntos fuertes es la estructura de tipo sketch que tanto éxito cosecha en los géneros de la narrativa gráfica (si quieren leer algo más de esto, aquí tienen un pequeño artículo), que también se puede relacionar con la brevedad que tanto gusta en las sociedades posmodernas (se ve que hay poco tiempo para el consumo de productos culturales y mucho para los bares o la televisión…).
- Lo de ser fácilmente transportable es una baza inmejorable (el otro día me comentó una madre que siempre llevaba en el bolso uno para que sus hijos se entretuvieran coloreándolo en la sala de espera del dentista).
- Tiene una belleza analógica, anacrónica y romántica. Descubrir un antepasado del cine en la era digital, de los efectos especiales, no sólo es hermoso o entrañable, sino casi mágico.
- En penúltimo lugar y a mi juicio algo muy interesante, es que permite disfrutar de la función mil y una veces (ya saben lo cansinos, repetitivos y adictivos que se ponen los críos con lo que les encanta).
-Y por último es que no sólo podemos disfrutar del espectáculo que nos ofrece un flip-book, sino también podemos darle forma, participar en su proceso de creación.


Jenny Rope. 2017. Wednesday. Napa Books

Tras estas consideraciones iniciales sobre estos libros animados, siendo consciente de que les están entrando unas ganas locas de hacerse con varios de estos engendros, y teniendo en cuenta que no hay demasiados ejemplos en el mercado editorial español, he decidido hacer un pequeño recorrido por los flip-books más actuales y dirigidos a niños (ya saben que este espacio está orientado a ese tipo de lector) de los que tengo constancia (PETICIÓN: Si conocen alguna colección más les ruego encarecidamente que la añadan en los comentarios de esta entrada).
Empiezo haciendo alusión a la propuesta más comercial de todas, concretamente a la que nos hace la editorial Hachette Heroes con los fragmentos míticos de seis películas de la factoría Disney, como por ejemplo Peter Pan, La bella y la bestia o Alicia en el país de las maravillas.


Sigo con la colección “Cine de papel” que tiene la casa catalana Sd Edicions y que está compuesta de cinco títulos, dos de Paola Dragoneti, Plaf! y Berp!, y tres de Cesc Pujol que llevan por título Amb gust de sal, Bestiolari de granja y L'home florit. Me encantan, bien por su humor, bien por su toque surrealista, pero todas tienen mucho que decir.



Continuo con cuatro títulos del autor Otto T. que hace un tiempo editó en España la editorial Comanegra, concretamente El pájaro y las orejas de burro, La rana y el tocado de flores, El pez y el sombrero de copa y El hipopótamo y el gorro de papel. En todas ellas hay mucho humor, guiños a los cuentos de hadas clásicos y mucha transformación de los protagonistas.



No se me pueden olvidar los dos flip-books para colorear del gran Hervé Tullet que la editorial Cocobooks editó en nuestro país. El árbol y El campo son dos historias circulares bastante minimalistas que dan buena muestra del ciclo de la vida tan socorrido en las historias infantiles y a las que los niños pueden imprimir carácter a través de ceras o lápices.





En lo que a edición independiente se refiere (todos los anteriores los pueden pedir en su librería de referencia, estos que siguen ya no) tenemos la colección de cines de mano Teatro Arbolé (Zaragoza), un conjunto de trece títulos que utilizando personajes del mundo del teatro o del circo, pretende hacer llegar a los más pequeños las artes escénicas desde una perspectiva lúdica y diferente.
Por último y quizá la propuesta más sugerente, nos la hace la editorial mallorquina Flipboku, un proyecto personal gracias al que ya han visto la luz dos flip-books de extraordinaria factura, Bendito Machine y Molecularis. De los que quizá el segundo sea el que más me gusta para los niños por aunar las formas orgánicas, la narración visual y el pinta y colorea en el mismo formato. ¡No se los pierdan porque tienen mucha aceptación fuera de nuestras fronteras!


Si se quieren gastar un poco más (todas los libros que les he citado rondan entre los 5 y los 10 euritos y podrían engrosar este listado de álbumes infantiles por 10 euros o menos), echando un vistazo fuera de nuestras fronteras y sin ánimo de que esto se convierta en un listado interminable de títulos, les dejo cuatro propuestas maravillosas para que vean la amplitud de un universo muy desconocido por estos lares pero no tanto en Japón o Estados Unidos, donde podemos disfrutar de cosas como las que siguen (N.B.: Algunos ya están descatalogados):


Seigenesha. 2016. God of Bug Eater.


Seigeneha. 2014. Strobofly (un flip-book con tres partes dependiendo de donde se ubique el pulgar).


Harumin Asao. 2012. A Cat’s Welcome.


Ed Emberley. 1983. The Chicken/The Chameleon (de su serie de flip-books informativos o de conocimientos, que también los hay)

De todas formas, hacer un folioscopio es bastante sencillo además de una buena forma de animar a sus hijos, sobrinos, nietos o discípulos a conocer de primera mano los comienzos de las artes cinematográficas. Si quieren hacerlo de un modo casero les recomiendo coger un taco de Post-it® (si es del tamaño estándar, cojan una navaja de mi tierra, Albacete, y guillotínenlo por la mitad, así les cunde más y tienen el tamaño ideal), cualquier utensilio de escritura o pintura e ideen su propia secuencia. También pueden coger pedazos de cartulina y sujetarlos con una pinza. 


Si además quieren algún consejillo para que sus creaciones sean más impactantes y agradables al ojo humano, pueden echar mano de Blanko, otra idea que se han inventado en Flipboku para los iniciados en dicho arte que además de evitarnos la tarea de la encuadernación, nos dan sugerencias para su realización.


Si aún así, tampoco consiguen un flip-book creíble (yo sé que los hay muy torpes), no se desanimen porque seguro que en algún momento coincidirán con la realización de algún taller que les invite a hacer uno de forma sencilla y agradable, como el titulado Y una docena de flip-books que desarrollan Julie Escoriza y Joan Casaramona o el Haz tu libro animado! a cargo de la Maleta del Cine.


También pueden descargar flip-books en formato pdf, imprimirlos, recortar cada una de sus páginas, cogerlas con una pinza y ¡voilá! ¡Ya tienen su cine de mano particular! De entre toda la oferta que pueden encontrar en Google si utilizan la consigna “printable flipbook”,  me encanta la animación de Pangea (ea, soy profe de geología) que pueden descargar gratis en la página del Royal Ontario Museum



y la idea (esta vez de pago, todo no puede ser...) de Scott Blake que lleva por título Hole Punch.


Y si ya quieren rizar el rizo y protagonizar su propio libro animado, les recomiendo pasarse por la editorial Soy de Cine una iniciativa de la empresa malagueña Minichaplin que realiza flipbooks con secuencias de fotos de un cumpleaños, un viaje o una boda. Un regalo precioso para cualquiera.
Antes de decirles adiós y para saber más sobre flip-books, he aquí los enlaces de The Flippist Flipbooks y The Flipbook Museum, dos geniales perfiles de Instagram en los que encontrarán folioscopios artesanales increíbles en uno y ediciones maravillosas en el otro.


Espero que les haya gustado este pequeño monográfico sobre un tipo de libro que, a pesar de su sencillez, me sigue transportando a la infancia, esa etapa de la vida en la que descubrir y sonreír siempre van de la mano.


lunes, 18 de junio de 2018

Desconocimiento + fantasía + atmósfera = Tres claves de cuento



Nada es lo que parece. Se lo digo yo que siempre parezco una cosa, y luego resulto ser otra. Por hache o por be, desconcierto al personal. Será que hago lo que me viene en gana. Y así me pasa, que el espectador no sabe a qué atenerse, sobre todo porque está acostumbrado a lo predecible, y cuando ante él se presenta algo o alguien que no sigue las reglas del juego de manera estricta (¡Dejemos lugar a la improvisación!), le rompe los esquemas.


A ello hay que unir las concepciones mentales, lo imaginado. Lo creamos o no, todos estamos sujetos al mundo fantástico en menor o mayor grado. Casi con total seguridad los niños son quienes experimentan la fantasía de una manera más vívida, pero no se olviden de que los jóvenes, los adultos, también tenemos lo nuestro. Soñar con que la selección gane el mundial de fútbol, montarnos pájaras con un décimo de lotería, sobre esta entrevista de trabajo, ese milagro sanador, o soñar con el príncipe holandés que nos espera en alguna clase de yogui pilates, aunque comúnmente lo denominamos como ilusión, no deja de ser un producto de nuestro mundo interior.
Y si además nos sumergimos en una atmósfera, en un ambiente que nos ayuda a darle a la manivela, las imágenes se acentúan, se hacen cada vez más y más tangibles, incluso palpables y así nos encontramos con la tercera dimensión, como en las pesadillas y delirios, como en las pantallas de cine.



No podemos evitarlo, entre la ruptura de lo establecido y que nos encanta construir castillos en el aire, el ser humano sigue viviendo a pesar de todo y todos, por encima de la cantidad de momentos negativos que nos rodean. Y así con un poquito extrañeza, otra pizca de imaginación y unas gotas de ambientación, llegamos a uno de los libros más encantadores de esta primavera, El Grotlin de Benji Davies (sí, el mismo de La Ballena o La isla del abuelo), editado por su editorial de cabecera en España, la valenciana Andana.



Localizado en una ciudad de aire victoriano (ya saben que siento verdadera debilidad por esta época de la historia inglesa), Davies nos cuenta una sencilla historia que tiene pinceladas de humor, suspense y ternura. La narración se construye sobre la canción que un viejo artista callejero recita al anochecer. Por un lado suena a nuestros romances de ciego, y por otro a las típicas rimas que cantaban los cockneys en las tabernas de los muelles del Támesis.



Son esas letrillas sencillas las que sirven de guión para una acción protagonizada por una serie de niños que buscan en diferentes escenas cómo será un misterioso ser, el llamado grotlin, que se cuela en sus casas para echar mano de algunos utensilios que aparentemente no tienen conexión.
Sin desvelarles la identidad de ese personaje (les aseguro que lo encontrarán tan sorprendente como entrañable), sólo me resta animarles a que dejen volar su ingenio, que bien vale un hermoso viaje como el de este libro.