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jueves, 16 de abril de 2020

Aprobado general



Enchufo la tele y nos comunican desde la “Bananian Republic of Spain” que el resumen de este curso escolar debe ser “aprobado general”. A pique del síncope, exclamo “¡Madre mía! ¡El fin del mundo y yo con estas pintas…!” Hago lo posible por deshacerme de unos rulos que no salen ni a tiros, engullo el último panecico de Semana Santa, y me entra la risa floja. Suena el teléfono, lo cojo con cierto tembleque. La Marimar al aparato.


-¿Dónde vas, chalao? Relájate un poquito.- Le hago caso porque ella es tan pelleja como clarividente.- ¿Ya, mangurrián?
- Ay, sí… Es que me he quedao con las patas vueltas… ¿Pero dónde tienen la cabeza?
- Ay, cari, yo no sé para qué les haces caso, si esto es lo que están deseando. ¿No ves que su único fin es tirar dardos? Dividirnos. ¡Seguir funcionando! Con lo que tú has sido y no caigas…
- Nena, que llevamos un mes que no vivimos... Cuando no es por el coronavirus es por el Google Classroom.
- Mira, hazme caso. Respira hondo, échate un buen copazo y disfruta del espectáculo. Todos sabíamos que nos iba a pasar como a los médicos. Primero que si queríamos vacaciones, ahora que si nos estamos pasando. Y ellos siguen con su tole tole: vendiéndonos barato.


- Pero mujer, y mis criaturas, ¿qué?
- Ya sabes que ellos son lo de menos. Que se lleven las ostias y se aguanten, que para eso son ciudadanos de cuarta.
- Mari, joder…
- Román, que te lo digo yoooo… No te calientes la cabeza. ¿Todavía no te has enterado que niños y jóvenes no le interesan a casi nadie? No los quieren en su casa, tampoco en la calle. Que si dan mucha faena. Quejicas, inútiles, problemáticos… Eso sí, ¡que no repita mi Yony!  
-¡Estoy contigo! Ni que la repetición fuera el acabose… Mira la Jose y el Juli, dos veces repitieron, la una en la empresa de satélites y el otro ingeniero informático. Si hasta mi orientadora dice eso de “Esta cría necesita madurar…”
-Ellos verán… Nosotros a cumplir, que si no luego nos chumban a la federación de chiripitiflaúticos y a la comuna Montessori… Los peores ya sabes quienes son... Esta cuarentena no saben ni dónde meterse ni como malcriar a sus hijos. Que si cuántos deberes NOS manda la maestra, que si SE ME dan muy mal las mates, que si no respeta NUESTRAS vacaciones… ¿Tú te crees, cari? ¿A su edad ponerse a hacer “cículos”? Qué ganas de reinar… Recemos porque los pseudo-comunistas estos se inventen los gulag para padres.


- Yo es que no lo entiendo. Y que manía de comparar la primaria con la secundaria... Los nuestros ya son grandes y autónomos…
- Sin pagar cuota. Aunque a este paso...
- Eso... que vaya ruina... Los pequeños con un poco de vigilancia también se las ingenian muy bien solos. Todos sin problemas y con tiempo para matar moscas con el rabo. ¿Por qué los tratan como inútiles?
- Pues no, nene…, aún tienes que oír que el teletrabajo son los padres.
- ¿Acaso es que no íbamos a considerar la situación actual? ¿Acaso somos ogros malvados? Sabemos de las carencias de cada uno, de los padres que pueden y los que no…
- ¡Ay, si es que tú eres mu’ bueno y mu’ bienpensao!
- Bueno, no demasiado (que tengo mis triquiñuelas), pero justo, un rato. Que eso de que los gandules y los jetas se salgan con la suya, lo llevo fatal ¡Que con los que se meten a políticos, ya tenemos bastante!
- Ea… Yo sólo te digo que te prepares y te aprovisiones de una caja de Jaggermeister®. Que si todavía no te has dado a la bebida, ya tendrás tiempo, porque aquí, la que no es puta es diminuta, y nosotros vamos camino de serlo este verano, o lo que es peor, el curso que viene.
- Más razón que un santo… Nenica, tenemos que vernos.
- A ver si voy al centro de salud, me rajo las venas en la sala de espera, se apiada de mí algún sanitario y me hacen el test de inmunidad.
- Eso, que decimos de la escuela, pero lo de la sanidad, vaya tela… ¡Ni con aplausos!
- Román, no hay solución. ¿Es que no sabes que ahora resulta que todo el mundo sabe hacer pan? Pues lo mismo pasa con sanar y educar.


Todas las imágenes que acompañan a esta entrada pertenecen al libro Mamá va al cole, de Éric Veillé y Pauline Martin, editado en castellano por Blackie Books.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Los docentes y la literatura infantil y juvenil


Con frecuencia hablo de padres, madres, bibliotecarios y libreros para referirme a los llamados “mediadores de lectura”, pero creo que hoy debo dedicarle este espacio a los que, a mi juicio, son, junto a las familias, quienes más deben comprometerse con esta extraña, dura y maravillosa tarea de inculcar el vicio (algunos hablan de afición o competencia, pero ya saben que lo mío es el jevimetal) de leer: los maestros.
Si tenemos en cuenta que un docente pasa de media con sus alumnos unas cuatro horas al día (a veces incluso más), y hacemos una pequeña operación aritmética, concluiremos con que la interacción niño-maestro constituye la sexta parte de la jornada, un tiempo nada despreciable a la hora de educar, no sólo en matemáticas, plástica o “cono” (odio esta denominación), sino para despertar el gusto por una “cosa” llamada lectura (iba a decir libros pero con el despegue de otros productos y soportes de lectura, no sé si atreverme...).
Evidentemente son muchos los maestros que recriminan a los padres y a la sociedad esa perorata insana de “vosotros estáis ahí para eso”, una afirmación a menudo utilizada por muchas familias para tirar balones fuera y delegar en la Escuela (en connivencia con el llamado Estado) sus tareas; pero a pesar de ello, conozco a más maestros que invierten su esfuerzo cotidiano en la difícil empresa de la “corresponsabilidad educativa” y enseñar por mera pasión, que a aquellos otros institucionalizados y/o contaminados por la pereza.


Aunque los maestros de hoy día están muy profesionalizados y especializados en didáctica, es imposible estar informado de todas las materias que imparten y, generalmente, agradecen en gran medida toparse con enteraos, blogs o guías que les mantengan al día de las novedades en lectura, algo que constato cuando he participado en charlas, cursos y talleres de literatura infantil... ¡Oye, que no me sueltan!...
Probablemente, la causa de este desconocimiento reside en las escuelas de magisterio y facultades de filología, en las que poca formación sobre “didáctica de la lectura” y “literatura infantil y juvenil” se recibe (en algunas universidades, ni siquiera saben qué es...), algo que redunda en uno de los enormes problemas con los que topa el maestro a la hora de inculcar este vicio saludable entre sus pupilos: ¿Qué leer? ¿Cuántos niveles de lectura son posibles? ¿Cómo animar a la lectura?...
A pesar de ello, me resulta curioso que, cuando un docente descubre la literatura infantil, se envenena con ella de por vida, y empieza a acudir a librerías y bibliotecas, se informa de este o aquel libro, mira y remira, empieza a cogerle el gusto a esa asignatura pendiente y, poco a poco, se convierte en otro monstruo que no para de hablar de libros y que contagia, no sólo a sus alumnos, sino a todo su entorno, de esa extraña y hermosa sensación.
También es obvia la notable diferencia entre los profesionales de la educación primaria y los de la secundaria. Los primeros, más laxos, más elásticos y más prácticos, mientras que los segundos imparten materias más encorsetadas, son más teóricos y resignados (como profesor de educación secundaria diré aquí que he aprendido muchas cosas de los maestros, entre otras, obtener gran rendimiento de la actividades más sencillas). Mientras que en la escuela la lectura se presenta como algo lúdico, en los centros de secundaria pasa a ser una herramienta, un vehículo más..., craso error puesto que es en esta etapa cuando hay que incorporar el hondo significado del verbo “leer” con la mecánica que se ha adquirido en etapas educativas previas, algo muy relacionado con que, excepto los profesores de “Lengua y Literatura”, son pocos los que se involucran en la lectura entretenida y placentera, atienden poco a los gustos del alumnado y las actividades programadas en pro del libro son testimoniales.


No obstante, he de decir que estas virtudes y defectos no son patrimonio de los docentes, sino de los centros, organismos e instituciones en las que desempeñan su trabajo. He visto bibliotecas escolares ordenadas de cualquier manera, cerradas a cal y canto, transformadas en cuartos de castigo o, sencillamente, inexistentes. También escasez de bibliotecarios, bajo presupuesto para ampliar fondos, poco reconocimiento por parte de los equipos directivos y compañeros, pocas facilidades para la innovación, y un sinfín de peros más que imposibilitan (al maestro que quiere) trabajar por la lectura y la literatura y, en consecuencia, también en contra de la ignorancia.
Es por ello que hoy, con estas palabras y tomando como excusa el gracioso libro Los secretos del cole ¿Adónde van los profes cuando se pone el sol? de Éric Veillé, con prólogo a cargo de El Hematocrítico y editado por Blackie Books, rindo hoy homenaje a la figura del docente como mediador de lectura. Y no hay más que hablar.