lunes, 11 de mayo de 2026

Seis historias fraternales


Aunque “parientes y trastos viejos, pocos y lejos”, hoy toca hablar de hermanos. Por mucho que les pese, les recuerdo que haberlos, haylos. Cada vez menos, porque la vida ya no está para muchos hijos, pero algunos seguimos teniendo con quien discutir.
Teniendo en cuenta que cualquier niño de 11 años, pasa un 33% de su tiempo libre con sus hermanos (que ya es…), menos nos debe extrañar que los hermanos se peleen entre sí. Eso es lo que constatan muchos estudios, que coinciden en que los hermanos entre 3 y 7 años se pelean 3,5 veces en una hora.


Más todavía si entran en juego los padres. Y es que, a pesar de repetir hasta la saciedad que quieren por igual a todos sus hijos, las investigaciones apuntan a que esa no es la realidad. El 65% de las madres y 70% de los padres tienen preferencias sobre uno de sus hijos. Un hecho muy curioso es que, en la mayoría de las familias numerosas, los hijos pueden decir quién es el favorito de toda la prole.


En lo que a diferencias reales se refiere, podríamos hablar del coeficiente de inteligencia. Según algunos estudios, los hermanos mayores presentan índices más elevados. Una explicación puede ser que pasen mucho tiempo enseñando a los pequeños y eso les ayude a reforzar sus propios conocimientos y capacidades. Eso sí, esto sucede durante los primeros años, porque todos se ponen al mismo nivel cuando alcanzan los doce años aproximadamente.


Sobre el carácter, hay que apuntar que, durante la infancia, los hermanos más jóvenes suelen ser más extrovertidos, rebeldes y creativos. Quizá porque tratan con más gente, necesitan destacar en medio de una prole numerosa o que los padres, más experimentados y relajados después de otras crianzas, son más permisivos con sus vástagos.


Para terminar con este pequeño listado de curiosidades, decirles que, en promedio, los hermanos pequeños suelen tener una mejor salud y viven más tiempo que los mayores ya que están expuestos a menor estrés y responsabilidades, así como tienen un sistema inmune más debilitado debido a un mayor aislamiento durante la infancia como apuntan varias investigaciones japonesas y alemanas.


Mientras cotejan esto con su propia realidad, pueden echar mano de algunos de los álbumes protagonizados por hermanos que he querido reunir en este post para pasar un buen rato o regalárselo a sus hermanos en el caso de tenerlos.



Para empezar, Adrien Albert nos regala Un beso para mi hermano gracias a la editorial Libros del Zorro Rojo. Tobías y Simón han pasado el día juntos haciendo un montón de cosas. Tomarse unas instantáneas en un fotomatón, subir en patinete, visitar una tienda de pelucas o ver una película. Al final de la tarde hay poco tiempo y Tobías sube al autobús apresurado. Se dicen adiós con la mano, pero les falta lo más importante: un beso de despedida. Ese es solo el comienzo de una sucesión de casualidades que dan unos cuantos giros a la narrativa construyendo el final que todos deseamos.


Es así como un beso entre dos hermanos se convierte en el interruptor de una epopeya cotidiana que transita lo inverosímil. Con viñetas que cambian de tamaño y que se superponen a otras imágenes, esta historia que juega con el tiempo y sus ritmos nos presenta una aventura llena de incidentes un tanto loca (N.B.: Que no se me olvide decirle a mi conductora de autobús favorita echar unos cartuchos de dinamita en la guantera), pero igualmente entrañable.
Dos conejos en un mundo de humanos (es muy curioso como los lectores identifican animales con niños… ¿Será cosa del ideario?), carambolas y ternura fraternal. Inevitablemente, solo me falta hacerles una pregunta: ¿Qué serían ustedes capaces de hacer por un beso? ¿Y por sus hermanos?



Continuamos con Hermanos, un álbum escrito por Marie Le Cuziat e ilustrado por Hua Ling Xu (editorial Eccomi) que nos presenta a la pareja de hermanos más realista de esta tanda. Martín tiene el pelo castaño como el café y Telmo es rubio como el trigo. Uno es alto y otro es bajito. A uno le gusta leer y el otro se divierte tocando el teclado. Martín es muy observador, mientras Telmo no puede parar quieto. ¿De verdad son hermanos? La gente lo duda constantemente e incluso siembra la duda a ellos. ¿Qué es lo que les hace ser hermanos?


Con un texto muy poético, este libro nos encamina a una historia intimista que nos plantea las diferencias entre hermanos como un valor intrínseco a la hora de compartir espacio y tiempo. Todo ello ensalzado por unas ilustraciones realizadas en acrílico que juegan con diferentes planos para articular una relación ambientada en un periodo estival. Riachuelos, prados, árboles, olas y arena se unen en pro de una lectura llena de luz y lazos invisibles.



De la misma editorial que el libro anterior, llegamos a ¡El bebé soy yo!, un libro de cartón firmado por Georgette. El protagonista va a tener un hermanito. El nuevo bebe, como le dicen sus padres. Pero él lo tiene claro, en esta familia ¡el bebé es él! No hay sitio para el nuevo bebé en la trona, ni en la bañera, ni en la cuna, ni en el cambiador. Pero sus padres le advierten: “Ya eres mayor” ¿Qué pasará entonces?


Utilizando la alegoría del príncipe destronado, la ilustradora francesa especializada en libros para prelectores nos invita a adentrarnos en una historia que trata los sentimientos encontrados que experimenta un niño ante la llegada de un hermano y el cambio de etapa del desarrollo. Un relato sencillo pero que bebe de los conflictos internos y experiencias complejas. Esperemos que el protagonista no lance al nuevo bebé por la ventana…



¡Y yo más! de Tami Harel y Einat Tsafarti publicado por Kókinos. Seguramente alguna vez se han visto envueltos en una competición con sus hermanos. Si uno es grande, el otro lo es más: si el otro es fuerte, el uno todavía más. Esto es lo que le pasa a una pareja de hermanos antes de irse a la cama. Así hasta que sucede algo que pone a los dos en el mismo rasero… ¡Descúbrelo!


Con ese toque de comedia de situación que tanto nos gusta a los monstruos, este simpático boardbook (junto con el anterior están incluidos también en la selección de libros de cartón de este curso) se desarrolla en el mismo marco espacial: una habitación con dos camas enfrentadas donde un chavalín y su hermana mayor se sumergen en el juego de las comparaciones. Este recurso no solo da pie a fijarse en los detalles (que no se les escape ni el reloj-gato ni el peluche de grandes orejas), sino a marcar una secuenciación rítmica que los prelectores siempre agradecen. Más todavía si la historieta termina de manera tan entrañable…



Andana publica en nuestro país El mejor hermano mayor del mundo, un álbum de Ben Mantle que ahonda en los encontronazos que a veces surgen entre hermanos. Nano y Félix, Félix y Nano. Dos hermanos que aparentemente tienen una relación “supiguay”. Y digo aparentemente porque, aunque Nano idolatra a su hermano, Félix está un poco harto de él. Le resulta un tanto pesado porque lo sigue a todas partes y quiere hacer lo mismo que él. Por eso mismo, un día, Nano acude a la cabaña que Félix ha construido en el árbol y se encuentra con un cartel que le prohíbe la entrada. Así que Nano, un tanto enfadado, decide alejarse de su hermano y decide construir su propia cabaña en mitad de la lluvia. ¿Lo conseguirá?


Como en otras de sus obras, el estilo expresivo y desenfadado de Mantle hace más liviano el enfrentamiento entre los hermanos protagonistas, añadiendo humor y ligereza a una situación bastante difícil (si tienen hermanos o varios hijos sabrán a qué me refiero). Así es como el relato transita por el rechazo, el orgullo, el asombro, el reconocimiento y la reconciliación desde diferentes puntos de vista que consiguen convivir en aras del cariño.



Aunque se publicó hace un par de temporadas, recupero en esta pequeña selección el Hermanos de Iris de Moüy (Babulinka Books) para poner el punto y final a esta pequeña selección. Una hermana pequeña hace aparición. Es tan pequeña que su hermano no puede jugar con ella, por lo que decide darle leche. Tanta leche le da que la hermana crece lo suficiente para acompañarle en sus correrías. Cabalgan a lomos de una cebra, escapan de las fauces de un león, viajan hasta planetas desconocidos y nadan entre sirenas. Pero lo mejor de todo es que pueden…


Con un texto muy económico, la autora consigue darle forma al vínculo tan estrecho que surge entre dos hermanos gracias a la alternancia entre ilustraciones en blanco y negro y a color que diferencian las dos etapas en las que se divide la acción. Por un lado tenemos un universo realista adscrito a la espera y por otro los momentos de juego en los que la imaginación se desborda conjuntamente. Por último, dos cosas que me encantan: el formato (parecido a un flexi-book) y ese final a modo de flip-book. ¿A quién no le roba el corazón tanta sencillez?

viernes, 8 de mayo de 2026

De rimas y cocinas


El consumo de pescado en España ha descendido un treinta por ciento en la última década. Tanto es así que las pescaderías se ven obligadas al cierre, las grandes superficies están considerando eliminarlas para dedicarse al producto envasado y la variedad de especies que consumíamos antaño ha quedado diezmada por esos paladares tan pueriles que criamos hoy día en el terruño.
Y la cosa no va solo de peces, pues las legumbres y la fruta empiezan a brillar por su ausencia en la cesta de la compra, el cordero y el conejo son testimoniales, la casquería ni verla y lo del pan es para echarse a llorar. Sí, ahora echen mano de su querida IA y constaten la realidad.
Lo más gracioso es que al españolito medio se le llena la boca con la dieta mediterránea y la cocina casera, mientras los pucheros se llenan de polvo en los armarios, los restaurantes y establecimientos de comida preparada hacen el agosto a diario y las familias solo comen como Dios manda los domingos en casa de las abuelas.


No me vengan con rollos. Abundan los cuchiflitos instagrameros, la cocina de fusión, las dietas fit y, sobre todo, la dejadez, la holgazanería y la pereza. Todos tienen tiempo para ir al gimnasio, procrastinar en las redes sociales, atiborrarse de series o irse de cervezas, pero ninguno para encender los fogones. A eso, en mi pueblo, también se le llama no tener vergüenza.
Por eso, yo siempre pienso que el mejor regalo que puede hacerte alguien hoy en día, es cocinarte. Pensar el guiso, ir al mercado, colgarse el delantal y meterse en harina. ¡Eso es amor y lo demás tonterías...! Si además consideramos que todo ese trabajo se resuelve en un instante tan efímero llamado bocado, el gesto merece silencio, respeto y cariño. He dicho.
Así llegamos al libro de hoy, un poemario que toma por bandera sartenes y pucheros y nos invita a probar un menú bien sabroso en el que se intercalan rimas que saben a entrantes, platos principales y postres. Hay de todo. Adivinanzas y chanzas hortofrutícolas, sabores conocidos y desconocidos, juegos refrescantes y palmas con mucho salero. Palomitas de maíz para acompañar la tarde, un café en rica compañía, historias de amor o recetas tan repugnantes como divertidas. ¡Reciten en voz alta y disfruten de la comida!

Tomate frito

Yo te quiero y te requiero,
como la mera a su mero,
y mi corazón ya late
como si fuera un tomate.

Late así, tomate frito,
que si no yo me derrito,
que me sabes a patatas,
que te meto en una lata.

Yo te quiero y te requiero,
como la mera a su mero,
y mi corazón ya late
como si fuera un tomate.

Late así, tomate frito,
que me lo dijo Pepito.
Comeremos ensalada
y no te daremos nada.

***

Pillo, pillo

Pillo, pillo,
pepinillo,
cebolletas
con barquillo.

Vinagreta,
cuchufleta,
babarillos
en chancletas.

Pillo, pillo,
pepinillo,
entra a casa
que te pillo.

Mar Benegas.
En: Con mucho gusto.
Ilustraciones de Rosa Ureña.
2026. Madrid: Bookolia.

domingo, 3 de mayo de 2026

Madres o ecosistema de lectura


Cuando les pregunto a mis alumnos de bachillerato sobre la posibilidad de que el feto humano sea un parásito, siempre se quedan boquiabiertos. No me extraña, pues están acostumbrados a esas sentencias empalagosas sobre la maternidad que la cultura se ha encargado de ensalzar por los siglos de los siglos (amén), en vez de darle a la ciencia para comprender aquello de “dar mucho y pedir poco” o “amor grande, amor de madre”.
Nadie habla del flaco favor que los hijos hacemos a las madres durante la gestación. Pensamos que nuestras progenitoras son seres todopoderosos que dan la vida y nos acogen incondicionalmente en su seno sin sufrir daños colaterales. Pies no, señores, nada más lejos de la realidad.


No soy de los que consideran que la generación filial de los mamíferos sea un parásito estricto por dos razones. Una es que se trata de una relación intraespecífica, es decir, interaccionan individuos de la misma especie. Y otra es que va encaminada a la reproducción. No obstante, conviene llamar la atención sobre el riesgo que supone el embarazo para una mujer.
En primer lugar, los seres humanos se desarrollan en el útero materno, es decir, están alojados en el seno de otro individuo. Aunque esta estructura esté orientada exclusivamente para ello, supone modificaciones anatómicas, más todavía tratándose de un proceso relativamente lento. En segundo lugar hay que hablar de los cambios fisiológicos en los que intervienen hormonas y metabolitos que modifican el funcionamiento del organismo. Además, y aunque ambas generaciones compartan acervo genético, hay que llamar la atención sobre la serología y el sistema inmune, pues suelen actuar como enemigos de lo ajeno y a veces entran en conflicto. Por último, tras el parto y considerando que los humanos no alcanzamos una independencia temprana, las madres estirazan de los hijos unos cuantos años (dos, según la biología).


Así que, el que crea que detrás de cada madre no hay una buena dosis de sacrificio, que se lo vaya mirando para celebrar este día tan maternal. Y si de paso echa mano del Dulzura de Emília Nuñez y Anna Cunha, mejor que mejor.
Publicado en nuestro país por la editorial tinerfeña Diego Pun y con tan solo una palabra, la de su título, nos cuenta una historia que entremezcla el amor maternal, las relaciones intergeneracionales y la lectura como vínculo. Todo esto gracias a la vida de una mujer que, mientras está encinta, planta una semilla. Tanto su hija como la semilla se abren camino gracias a sus cuidados. La niña se hace mayor y abandona el hogar para labrarse un futuro como maestra. Regresa a casa para darle a su madre la noticia de que está embarazada y la madre le hace un regalo: ese libro que tanto leyeron cuando era una niña.


Galardonado con el premio Jabuti en su convocatoria de 2023, este álbum explora diversos puntos de vista desde una perspectiva coral que descansa sobre dos pilares fundamentales: la familia y los libros. Sin pretensiones ni demasiados golpes de efecto, la narrativa que construye este libro, además de honesta, es muy calmada gracias a esas tintas medias que llenan las imágenes y el ritmo pausado que desprenden sus composiciones estáticas.


Historias paralelas, metáforas vegetales, referencias cromáticas, rostros desdibujados y un final tan dulce como su título, hacen de este libro un buen ejemplo de lenguaje multimodal que facilita el acceso a cualquier tipo de lector. Así, poco a poco, vamos desentrañando un mensaje polifónico tan cotidiano como hermoso que indaga en la familia como ecosistema lector, contexto inspirador y empuje vocacional, algo que, bien mirado, ya es bastante.

jueves, 30 de abril de 2026

Combatir el insomnio


Anoche dormí fatal. Mea culpa. Lo admito. Y lo peor de todo es que eso de “en casa del herrero, cuchara de palo” es una gran verdad. Algo que se podría hacer extensivo a lo de “consejos vendo que para mí no tengo”, pues antes de acostarme me salté unas cuantas reglas de oro que recogí en A pierna suelta para conciliar el sueño.
La primera es que me dio por ver una película bastante más tarde de lo que acostumbro. Teniendo en cuenta que mi televisión no funciona desde hace un lustro y que dependo del ordenador para el disfrute audiovisual, eso de mirar una pantalla durante dos horas afectó a mi capacidad de conciliar el sueño.
En segundo lugar, me puse hasta las trancas de adobo. Y miren ustedes que un servidor no suele entregarse a la gula nocturna, pero estaba con un apetito de mil demonios tras recuperar la rutina después del fin de semana (trabajo, ejercicio, quehaceres domésticos…), abrí el frigorífico, me dejé llevar por el ansia viva y Morfeo me pasó factura…


El tercer error fue de principiante. Cambié mi edredón antes de tiempo y con el fresco que nos han traído los últimos coletazos del invierno (de madrugada el mercurio ha bajado hasta los 5ºC en estas latitudes), la noche se hizo un tanto desapacible. No olviden que necesitamos una temperatura óptima para dormir.
Creo que esta noche, y teniendo en cuenta la maratón que me espera mañana con esto del puente del primero de mayo, me retiraré de los quehaceres informáticos temprano, practicaré el ascetismo en lo que a gastronomía se refiere e intentaré cubrirme con una mantita por si reaparece el frío nocturno. Pero sobre todo, echaré mano de un remedio infalible: leer un poquito. Y teniendo en cuenta que tengo el salón a rebosar de lecturas pendientes, no será difícil.


Y es que, como le sucede a la protagonista de Menuda nochecita, padecer insomnio es una lata. Nos lo cuenta Bruno Zocca, el autor de ¿Y si fuera otra cosa? gracias a Liana editorial. La chica no puede coger el sueño por más que lo intente. Quizá haya olvidado algo durante el ritual previo… Lavarse los dientes, ponerse el pijama, darle las buenas noches a su padre y apagar la luz. Pero nada, no consigue quedarse dormida. Por eso decide darse un paseo nocturno. Primero por la casa y después decide salir afuera. Todos duermen. Su padre, el perro, las ardillas, los pájaros, los ratones e incluso la luna. ¡Un momento! ¡Hay alguien que sigue despierto! ¡Un oso gigantesco! ¿Qué pasará?


Con un final sorprendente pero encantador y mucho humor blanco, el autor italiano presenta un álbum con estructura de sketch que es ideal para relanzar dos ideas. La primera es la establecer rutinas para que críos sean independientes en aspectos importantes de su mundo cotidiano, y la segunda sienta las bases para aupar la lectura como compañera inmejorable a la hora de tener dulces sueños.


Como aspectos destacables en las ilustraciones, he de apuntar la presencia de una familia monoparental (ponerlo en evidencia con naturalidad y sin pedagogía me resulta muy agradable), la caracterización de los personajes (Recuerdo a Klassen. Los ojos, los ojos. Siempre los ojos), el sinfín de detalles que convierten cada doble página en un juego de búsqueda, la alternancia de marcos entre las imágenes que me trasladan a tiempos pasados y algunas composiciones deliciosas (como la utilizada en la tapa). Una buena propuesta para pestañear plácidamente.

lunes, 27 de abril de 2026

Sorteando la canícula


Con las temperaturas que se está gastando abril, no me quiero imaginar lo que serán los meses venideros. Vamos a pasar las de Caín. Estoy temblando.
Lo peor de todo es que tienes que aguantar los comentarios del personal que adora el secano. Que si “Ya era hora”, que si “Lo estaba deseando”. Anormales. Como si los cuarenta y cinco grados que sufrimos durante el verano fueran lo más óptimo para nuestro “body” (A ver si leéis un poquito de antropología física, caris…).
Lo del verano en este país, no tiene nombre. Ni en el norte, ni en la sierra, ni a remojo en la piscina, ni con aire acondicionado. Eso de vivir en un horno es insoportable. Más todavía conforme se está poniendo la vida. Cervezas a diez euros (¡Para que luego digan de Copenhague!), menú diario a 30 pabos (descongelado) y lo de las pernoctas, ¡para matarlos! Ya no tenemos ni para caprichos estivales. Ni sueldo, ni vivienda, ni vacaciones, ni bares. Dios nos salve de esta España desértica, ladrona, inepta y absurda. Y lo digo así, alto y claro.


Mi recomendación es que busquen una encina imponente (los pinos, ni verlos) o en su defecto un buen risco (nunca para despeñarse) y disfruten bajo su regazo durante las tardes que se aproximan botijo en mano. Y si son de esos que le buscan pegas a cualquiera de mis sugerencias, les propino un libro para que se les quite la tontería. Que Al abrigo, el último libro de Adrien Parlange publicado en nuestro país por Océano Travesía, les ilustra de maravilla.
Este título del siempre sorprendente autor francés nos acerca la historia de una niña que se refugia del calor bajo la sombra de una roca en mitad de un paisaje baldío, una llanura desértica. Al rato, aparece una serpiente (¿Conocen algún libro de este señor en el que no aparezca una?) que también busca un poco de cobijo térmico y allí se encuentran las dos. Más tarde llega un zorro. Después una liebre. También un erizo. Un buen puñado de animales acaban compartiendo el abrigo que proporciona esa piedra. ¿Cómo lo conseguirán?


Como en otros álbumes (véase Las desastrosas consecuencias de la caída de una gota de lluvia), Parlange desarrolla sus ideas utilizando la luz y el color de una manera muy elegante. Las figuras de cada doble página se rodean de colores uniformes que van mutando poco a poco conforme pasamos las páginas. Del naranja, pasamos al amarillo, de este a los tonos rosados y finalmente aparecen los morados. Una paleta de color que representa el paso del tiempo desde una perspectiva cromática muy interesante. También tenemos la sombra de la roca central que cambia de longitud y de posición en cada doble página. Un reloj de sol que va señalando las horas y que al mismo tiempo supone un juego visual de primera magnitud al que los personajes deberán enfrentarse a lo largo de la narración.


La cosa no se queda ahí, porque ¿acaso no se han dado cuenta de que este es un cuento acumulativo en toda regla? Sí, de esos que tanto gustan a los críos, pero a base de imágenes. Si se atreven a inventar un nuevo texto, sería la mar de interesante… De esos repetitivos, incluso con rima. ¡Hale! ¡Ya tienen una idea para darle brío a la lectura!
Por último, hay que hablar del triunfo de lo imposible, no solo por los ejercicios de contorsionismo que realizan los personajes en cada doble página para no quedar a la intemperie bajo el sol abrasador, sino por esa idea cooperativa que une a los diferentes por el bien común. Las figuras parecen dar forma a un puzle orgánico en el que se pueden apreciar diferentes actitudes a lo largo de las páginas. Si al principio, el espacio entre los personajes deja entrever reticencias entre ellos (la niña y la serpiente, el zorro y la liebre), cuando todo termina podemos observar como todos se articulan e interaccionan en completa armonía (¿Quién termina con la brizna de hierba en la boca? ¿A quiénes abraza la serpiente?). Hermoso mensaje.


Para terminar, no me quiero ir sin apuntar al formato y la encuadernación. Horizontal y con hilo visto, permite crear escenas completamente apaisadas (la ausencia de lomo ayuda a la completa apertura de la doble página) en las que la acción queda bien distribuida y las escenas adquieren un carácter más cinematográfico. Por cierto, la imagen en diagonal de la portada es una maravilla que invita a abrirlo sin dilación. Háganle caso.

jueves, 23 de abril de 2026

Celebrando los libros con Astrid Lindgren


Hoy es 23 de abril y, como manda la tradición, toca celebrar el Día del Libro.
Si bien es cierto que el panorama editorial nos está dejando titulares bastante descorazonadores (véase como ejemplo ese que ponía en el punto de mira que la mayoría de los títulos que encontramos en las librerías no vende ni un solo ejemplar), los monstruos seguimos defendiendo la lectura como una herramienta básica para enfrentarnos a la existencia.
Y es que, en una época convulsa donde las ideas, principios, pensamientos y modas poco o nada tienen que ver con los de los siglos anteriores, el libro sigue siendo ese espacio íntimo donde cabe lo polifónico, donde podemos descubrirnos a nosotros mismos y a los demás, los que están y los que fueron. Un lugar en el que la humanidad, sea la que se sea, se encuentra. Les puede parecer insuficiente, pero esa frontera nos capacita como comunidad. Tolerante o intolerante, respetuosa o irrespetuosa, amigable u hostil…, pero, al fin y al cabo, juntos.
Así, en este jueves primaveral en el que no caerá una gota del cielo, pero sí que cundirán los libros, he creído oportuno señalar Mi mundo perdido, un compendio de textos de Astrid Lindgren que hace poco más de un año recuperó la editorial Kókinos.
Con el subtítulo Sobre libros, lecturas, escritura para niños y recuerdos, este volumen se compone de once capítulos que Astrid Lindgren escribió en diferentes épocas de su vida. Un casi ensayo que se articula en cartas, conferencias, reflexiones y artículos periodísticos que nos arrojan una suerte da semblanza de una de las escritoras de LIJ más reconocidas en el panorama internacional.
Desde una perspectiva quimérica, pero igualmente sincera, esta lectura reflexiva dirigida a todos los que amamos los libros, sobre todo infantiles, desentraña cuestiones que muchos nos hemos preguntado alguna vez. ¿Dónde encontraba la inspiración? ¿Qué sintió durante la infancia? ¿Qué relación mantenía con sus padres? Muchas respuestas que se abordan desde el libre albedrío pero que siguen un mismo hilo conductor.
La autora de Pippi Langstrumpf nos habla de sus querencias, sus pasiones y principios. Con mucho de autobiográfico, pero sin esa línea temporal que a veces puede desbordar (sobre a todo los que se pierden con los contextos históricos), la autora sueca se adentra en la historia de amor de sus propios padres, habla sin tapujos sobre la escritura de libros que se dirige a los niños, defiende el ecologismo o ensalza el papel del bibliotecario infantil.
Todo esto consigue dibujar un arquetipo tan entrañable, como solemne, un libro que despierta muchas sensaciones. Desde lo nostálgico y emotivo, hasta lo crítico e irónico. Nos cuenta cuando, en la cocina de su niñez, escuchó por primera vez el relato de Bam Bam y el hada Viribunda, descubriendo inconsciente que los libros serían parte fundamental de su vida o de unos años de juventud muy convulsos en los que la Segunda Guerra Mundial se abría camino en una Europa herida.
Asevera y opina, acaricia y susurra, divierte y anima. Desde un juicio íntimo y personal. Así era ella. Y así está escrito.

miércoles, 15 de abril de 2026

Pequeños catálogos


Siempre que me topo con libros como el de hoy, me viene a la cabeza el título del disco que El último de la fila publicó en 1990. Nuevo pequeño catálogo de seres y estares. Era el favorito de mi madre. No sé cuántas veces lo pondríamos. Toda la familia nos sabíamos de memoria las letras de aquellas canciones de pop noventero. Músico loco, Cuando el mar te tenga, En mi pecho, Todo el día llovió… Un manojo de temas que he ido guardando en mi subconsciente durante todos estos años y que siempre aflora cuando me encuentro con estos libros-manuales.


Si bien es cierto que este tipo de álbumes híbridos entre la ficción y la no ficción abundaron durante un tiempo, cada vez los encontramos menos en las librerías. No obstante, siempre aparece alguno que nos recuerda a aquellas obras tan disfrutonas de los años 80 o 90, incluso del nuevo milenio que aupaba el sector más comercial de la LIJ (no se olviden el Princesas olvidadas o desconocidas de Dautremer y todos esos que incluí en este post.


Quizá esta realidad se deba al auge del álbum informativo estricto, pero eso no quita para darles un poco de vuelo cuando caen en nuestras manos, pues si bien es cierto que son productos con mucho tirón, también tienen una parte fantástica más que destacable y desbordan ciertas temáticas con imaginación y elegancia. Como los tres libros que traigo hoy.


Empiezo con El libro de los gnomos, una pequeña enciclopedia sobre estos seres ideada por Loes Riphagen y que ha sido recientemente publicada por Kókinos. Aunque les recuerde a Los gnomos, el volumen enciclopédico que Wil Huygen y Rien Poortvlietde desarrollaron sobre estos seres fantásticos, el aquí reseñado, tienen un aire mucho menos solemne y se dirige a prelectores y primeros lectores por varias razones.


Aunque está dividido en diferentes secciones (la familia, la casa, la ropa o el colegio), todo se orienta al conocimiento de un universo mágico desde una perspectiva más lúdica. Si bien es cierto que esta compartimentación facilita la lectura por parte de lectores menos competentes, ayuda a organizar el contenido de una manera más reconocible por los primeros lectores, como pueden ser las actividades cotidianas. Por otro lado, siempre hay lugar para anécdotas, recetas o actividades sencillas que pueden expandir el conocimiento del mundo real e invitar a la interactividad.


Inventos como el levantaánimos o el lenguaje de signos, los disfraces que usan o los peligros más comunes a los que se enfrentan estas criaturas, son una buena excusa para leer y releer sus páginas una y otra vez. Textos breves, pequeñas historietas y cierta perspectiva humorística hacen de este libro una buena apuesta en lo que a álbumes-manual se refiere


Seguimos con Érase una vez… Los récords de cuento, un libro escrito por Laura Ortega Vesga e ilustrado por Anna Aparicio Català (editorial Flamboyant). Con apariencia de revista, este libro de grandes dimensiones y a todo color hace un recorrido por los personajes de cuento y otros hechos maravillosos que recogen ciertas obras de la literatura infantil.


Reunidos por categorías, las autoras nos hablan de la cabellera de Rapunzel, la nariz de Pinocho o la sensibilidad de la protagonista de La princesa y el guisante. Tampoco se olvidan del espejo de la madrastra de Blancanieves, el mal humor de Campanilla o de esos duendes que ayudaron al zapatero. Un sinfín de cuestiones que nos llevan a conocer estas creaciones tradicionales o clásicas desde un punto de vista muy desenfadado.


Con entrevistas al Gato con botas, el Lobo Feroz o uno de los tres cerdidos, un apéndice final en el que podemos encontrar todos los títulos de las obras que recoge este manual y un desplegable interior que reúne a lo más florido de la LIJ, hace de este libro una apuesta muy interactiva con la que ahondar en ese acervo colectivo, así como descubrir elementos curiosos y llamativos que invitan a la lectura (o relectura) de estos.


Terminamos con la Enciclopedia de medicina fantástica que Pedro Mañas y Mariana Alcántara acaban de publicar gracias a la editorial Thule. Como el título sigue así: “…de la doctora Anastasia Cienmales. Con el apoyo del Colegio de Médicos expulsados del Colegio Oficial de Médicos”, ya nos podemos imaginar que este compendio médico tiene mucho de inverosímil, algo que se agradece teniendo en cuenta la de sinsabores que nos acarrea esta ciencia experimental cuando no hay cura para ciertos problemas.
Así uno se puede tomar las patologías como un invento más, cosa que bien vale una lectura, pues ya está bien de dramas. Es hora de hacer las delicias de todos aquellos que fantasean con la medicina como disciplina mágico-artística.


Empezando con una breve historia de la enfermedad firmada por su supuesta autora y terminando con una serie de contratiempos para pasar el tiempo como la miopía inversa o la intoxicación cosmética, ya se pueden imaginar lo que les espera. La fiebre del baile, el mal del contorsionista o el aliento tóxico, son algunas de las enfermedades que pueden conocer a través de sus páginas.


Alejado de toda realidad fisiológica, este libro juega con las palabras, modifica expresiones conocidas, diagnostica lo imposible, pero sobre todo, nos hace reír, que al fin y al cabo, es la mejor de las medicinas.

lunes, 13 de abril de 2026

Gastronomía sobrevalorada


Hoy comienza la Feria de Bolonia y como la mayor parte del sector del libro infantil y juvenil se va a poner hasta las trancas de parmesano, salami, parmigiano reggiano, balanzone, porchetta, fior de latte, mortadela y biscotti bolognesi, toca hablar de gastronomía italiana.
No sé qué pensarán ustedes, pero un servidor la encuentra innecesariamente endiosada. Para mi gusto y aunque sea un éxito rotundo, es demasiado monótona y sobrevalorada. Pasta y pizza, pizza y pasta. La base de cualquier comida en toda la bota.
Es cierto que los tienen muy diversificados, pero cada vez que visito el país de los Apeninos acabo hasta las narices de rigatoni, rotelle, farfalle, fusilli, pappardelle y sagnarelli, de pizza napoletana, romana, bianca o fritta. Da igual que sea margherita, marinara, diavola o quattro formaggi, que se cocine con salsa arrabiatta, carbonara, amatriciana o pesto genovés, es siempre lo mismo. Lo peor de todo es que se empeñan en ensalzar sus diferencias (mínimas y sutiles) o tienes que aguantarlos a todas horas mientras alaban las bondades de este sota, caballo y rey culinario (¡Chonivinistas!).


Lo siento, pero no tienen nada que hacer con la española. Las legumbres son testimoniales (algún plato hacen por ahí…), las verduras muy básicas, pocos guisos de cuchara (y si los hay llevan pasta… ¡qué hartura!), no existe la tortilla ni la ensaladilla, el consumo de pescado es muy bajo (si acaso, anchoas, crustáceos y moluscos) y geográficamente es muy uniforme.
Quizá el éxito de la comida italiana radica en ese sabor uniforme que, utilizando las masas de harina de trigo como fundamento, llega a todo tipo de público. Cualquier plato tiene un trasfondo muy almidonado que agrada a paladares infantiles, delicados y nada exigentes. Si a ello añadimos que su elaboración puede industrializarse con cierta facilidad y que sus inventores son los reyes del marketing, no nos debe extrañar que haya pasado a llamarse “comida internacional”.


Y para acompañar esta crítica gastronómica, traigo a este espacio los Espaguetis de Pablo Albo y Andrea Antinori (espero que no se enfade mucho conmigo…), un álbum publicado por la editorial Takatuka que nos cuenta la historia de una familia cualquiera en un día cualquiera que se dispone a preparar un poco de pasta para matar el aburrimiento. El padre no se lo piensa dos veces y pone a hervir el agua. Cuando el hermano mayor, un teenager en ciernes, echa mano de estos, se encuentra con una nota: los espaguetis han huido. Es el momento en el que comienza toda una aventura con persecución y viaje a Italia incluidos.


Con ese humor tan surrealista sobre el que suelen erigirse las historias de mi casi-paisano, el libro nos adentra en la rutina familiar utilizando como excusa ese momento tan coral de preparar la comida. Bien pensado, es una buena oportunidad para caracterizar a todos los miembros de una pequeña tribu al tiempo que anima a cooperar a los lectores en las tareas del hogar. La voz narrativa me encanta, pues tiene muchos reflejos que pueden sacarnos los colores, así como elementos simpáticos (juegos de palabras, confusiones verbales y descontextualizaciones) que bien valen unas carcajadas.


Lo mismo sucede con las ilustraciones de Antinori donde el color, la composición, el desenfado y las desproporciones (Nota: Observen a esa insignificante troupe de personajes enfrentándose a pomodoros y macarrones… ¿Acaso son tan inútiles que van a fracasar ante un plato tan sencillo como los espaguetis a la boloñesa?) complementan al texto estupendamente.
Aderezado con un pequeño vocabulario italiano a modo de apéndice final (cortesía del ilustrador) y algún que otro guiño metaliterario (el toro, el toro…), tengo que decirles que me ha encantado (a pesar de la omnipresente pasta).