jueves, 17 de mayo de 2018

De atajos, vidas cruzadas y mucho humor



Estamos en la recta final del curso y se empieza a denotar el agotamiento. No obstante y hasta la llegada de la ansiada y solemne, todos los actores de la llamada comunidad escolar tendremos que seguir haciendo nuestro papel…
Entre los alumnos hay de todo. Vagos de solemnidad y otros que trabajan a destajo. También los padres quieren demostrar su valía, bien acudiendo a última hora a preocuparse (o parecer, más bien) por la marcha de sus vástagos, bien haciendo su labor en la sombra (que les confieso que es la que más se agradece). Los maestros, como se imaginarán, estamos hinchados, unos de aguantar, otros de enseñar y los menos, de hacer estas dos cosas simultáneamente. El caso es que la mayoría de alumnos, padres y docentes, seguimos hasta el final.


No obstante y sin ser agorero, también hay que tener en cuenta que, además de participar, el resultado es importante (hoy no quiero charlas terapéuticas sobre conformismo y premios de consolación, que perder jode, en mayor o menor medida, pero jode), la razón por la que muchos, a pesar de haberse rascado el fandango durante nueve meses, buscan atajos para llegar como vencedores.
Son atajos los cursos intensivos con los que las academias hacen su particular agosto (que cada vez, y gracias a Bolonia, se adelanta más a junio) y enseñan todo tipo de trucos para lograr el cinco en la evaluación extraordinaria. También hay trampas… Que si tengo que ir a la consulta de mi primo el médico, que si mi hijo estuvo toda la noche estudiando pero se ha levantado vomitando, que si le han echado mal de ojo (ríanse pero es verídico, tanto o más como aquella alumna que mató a su madre de cáncer con tal de salirse con la suya… Alucinen porque no exagero). Y por último y lo más típico, también tenemos llantos. Aquí lagrimea hasta el apuntador. Abuelas, primos, madres, padres, perros, gatos, e incluso alumnos, sollozan con tal de que te apiades...


Y hablando de atajos llegamos a un maravilloso libro de David Macaulay. El atajo. Publicado en castellano por Océano Travesía, es un libro que se desmarca de la mayoría de los libros informativos de este autor como Castillo Medieval, Pirámide, Catedral Ciudad Moderna (Timun Más, descatalogados) o Cómo funcionan las cosas (Círculo de Lectores, descatalogado también), todos ellos álbumes informativos, y se encuadra más en la línea de ficción de Blanco y Negro o Angelo. Como seguramente haya pasado desapercibido para muchos de ustedes (yo he tardado unos meses en toparme con él), he aquí unas notas.
Lo primero de lo que hay que hablar es de la relación que este álbum tiene con la vida misma, es decir, nos presenta una historia no lineal, toda una suerte de caminos que son posibles, que se bifurcan, que transgreden las normas humanas y se atienen a lo azaroso. Es por ello que, a pesar de parecer intrincado y poco asimilable por algunos lectores (adultos incluso), creo que es un libro necesario por ser el fiel reflejo de lo que ocurre en nuestro día a día desde una perspectiva temporal.


En segundo lugar podríamos hablar de la coincidencia estructural con películas como Amores perros, Crash, Love actually, Sin City o Las horas, en las que una serie de historias presentadas de manera individual tienen un nexo común que se va descubriendo conforme se suceden los fotogramas. En el caso que nos ocupa, un vendedor de sandías, una niña y su mascota porcina o un ornitólogo, son algunos de los personajes que protagonizan las ocho historias (incluidas animales) que se cuentan en sus más de sesenta páginas. La diferencia con el séptimo arte (y aquí viene lo lúdico de este título) es que un libro nos permite ir y venir una y otra vez, favoreciendo que la lectura se convierta en un juego (N.B: Les aseguro que los lectores de este libro-álbum acabarán mareados de tanto pasito pa’lante, tanto pasito pa’tras).


A todo lo anterior hemos de añadir situaciones increíbles, paródicas, humorísticas y/o paradójicas que nos arrancan más de una sonrisa. Sí, escenas jocosas y divertidas que, lejos de parecer vacuas y estériles, nos empujan a preguntarnos sobre dos principios, trascendentales para muchos, y sobre los que se basa El atajo: la relación causa-efecto (uno que mueve gran parte de la obra de este autor) y el tiempo. ¿Qué es el tiempo? ¿Cómo podemos representarlo? ¿Dura lo mismo el tiempo para todos? ¿Por qué sucede esto? ¿Podría o tenía que suceder?... Un sinfín de cuestiones que pueden parecer lógicas pero no lo son.
En definitiva un libro que lejos de ser el cáos que parece, nos ayuda a entender lo incomprensible del mundo mientras desenredamos una deliciosa maraña de ficción.


miércoles, 16 de mayo de 2018

Jardines, magia e incógnitas



Cada vez que un libro de Chris Van Allsburg se edita, un rayo de sol se abre paso en la estantería. No lo puedo evitar, me pongo tontorrón y empiezo a palmotear como un león marino. Abrir la tapa de uno de ellos es como descorrer el telón de una obra de teatro ¡y empieza la función!
La obra de hoy se titula El jardín de Abdul Gasazi , ha sido editada en castellano por Fondo de Cultura Económica y la incluí en mi selección de los mejores del 2017. El propio Van Allsburg ha comentado varias veces que le tiene mucho cariño a este álbum porque fue el que le abrió las puertas en el mundo de la literatura para niños, de hecho fue su primer álbum (1979) y con el que obtuvo una mención Caldecott.


En primer lugar se podría decir que en este libro se recogen la mayor parte de los puntos comunes de la obra de Van Allsburg como son su el contrato fantástico con el lector,  los finales abiertos y sugerentes, y un estilo de ilustración realista y detallado.
En lo que respecta a las ilustraciones decir que están realizadas con grafito, algo que comparte con La escoba de la viuda, Jumanji o Los misterios del Señor Burdick, pero en este caso el carácter estereoscópico de las escenas se hace todavía más patente, ya que el autor presta mucha atención a la volumetría de las figuras y la disposición de los planos constituyentes, algo que quizá se relacione con su formación como escultor, una etapa de su vida a la que estaba más ligado durante sus comienzos.
Sobre el texto hay que decir que, a pesar de las oraciones simples y directas que lo vertebran, es bastante abundante para ser un álbum contemporáneo (ya saben que cada vez hay más economía del lenguaje verbal en el género), algo que no va en detrimento del potente discurso que alberga.


Van Allsburg nos presenta de nuevo un protagonista solitario, un niño en este caso, que debe enfrentarse a una situación aparentemente sencilla: una vecina le pide que cuide de su perro mientras ella se ausenta de casa. Es así como Fritz, el presa canario (¡me gusta esta raza de perros!) huye de manos de Alan y acaba en el jardín prohibido de un mago jubilado con ganas de pocos amigos.
Mientras pasamos las páginas del libro no debemos perdernos detalles muy interesantes… No hay que perderse los motivos florales que visten los hogares de la señorita Hester y el señor Gasazi. Tapicerías, alfombras y papel pintado están llenos de flores y hojas, una riqueza de ornamentación vegetal que parece despertar la curiosidad del lector por ese misterioso jardín y que afianza todavía más el gusto (casi obsesivo) del mago Gasazi por el mundo de las plantas.


Por otro lado les insto a fijarse en las esculturas que flanquean la entrada al jardín, ¿hacia dónde miran? Claramente y en contra de lo que cabría esperar, se sitúan mirando hacía el jardín, parecen haber sido congeladas en esa carrera compartida junto a Alan, e invitan a penetrar en la espesura del vergel de Gasazi y desafiar la prohibición de entrar en él con perros.
También hay que fijarse en uno de los puentes que aparecen en una de las escenas que parece estar inspirado por el de estilo japonés que Monet recogió en uno de sus cuadros, en el cielo que parece ir evolucionando de despejado a nublado a lo largo del día, y en el conejo que pulula por alguna de las páginas y que parece ser la razón por la que Fritz ha salido desbocado.


Les recomiendo detenerse igualmente en la figura mastodóntica del señor Gasazi, una mole bastante impasible que impresiona y que, comparada con lo humanizado de la de Alan (quizá frágil y fácilmente identificable por cualquier niño), parece impasible, estática, inamovible.


Otro de los detalles interesantísimos de entre todos los que se hallan en este título, está en esa escena en la que Alan se encuentra durmiendo en el sofá mientras el hocico de Fritz sale por debajo de este. Si se dan cuenta, Alan aparece de espaldas al espectador, una posición que Van Allsburg elige intencionadamente para no desviar la atención del lector sobre el verdadero protagonista: el cuadro que cuelga de la pared empapelada y en el que se ve representado un puente en mitad de un paisaje ripario, un lugar que, conforme pasemos las páginas, volveremos a encontrar convertido en escenario de la acción principal. Con esto Van Allsburg lanza otra incógnita: ¿y si todo ha sido un sueño de Alan inspirado por ese cuadro? Podría ser puesto que Fritz sigue vivito y coleando cuando llega su dueña a casa... ¡Peeeero…! (Y he aquí el último detalle que señalo) ¿acaso la gorra que descansa a los pies de Fritz en el último fotograma no es la que nos despeja todos los enigmas que encierra este libro? (¿Recuerdan el cascabel de El expreso polar…?). N.B:: Lo dejo a su elección, que ya saben que a Van Allsburg le gusta abrir muchas puertas a sus lectores y sería una faena traicionarlo.


El sueño, la magia, la incertidumbre, el conejo, lo fantástico… No sé por qué todo me recuerda sobremanera a la Alicia de Carroll... ¡Un momento! Oigo aplausos… La función ha terminado.

martes, 15 de mayo de 2018

Comuniones y ¿álbumes religiosos?



Mayo, además de polen en suspensión y escozor de ojos nos trae montones de comuniones. Hubo un tiempo en que la primera comunión pasó a un segundo plano, sobre todo en plena crisis económica, y estos actos se restringían a los estrictos círculos familiares. Parece ser que aquello pasó a la historia y hemos recuperado el boato y la tontería tirando la casa por la ventana a la hora de celebrar el sacramento de la eucaristía.
Y es que se ve que luce mucho eso de encasquetarle a las criaturas un disfraz y señalarlos con el dedo mientras desfilan por el altar (es como verlos sobre el escenario de La Voz Kids o algún que otro programa televisivo tercermundista, pero sin un ápice de talento). Cientos de flashes se disparan y ellos refulgen como merengues blancos, pero a mí no me la dan: jamás podrán tapar el sol con un dedo ni eclipsar a Naomi Campbell sobre la alfombra roja.


Me da cierta vergüencica ajena todo este teatro, no por el acto eclesiástico en sí (muy respetable a pesar de las creencias de cada uno), sino más bien por la farándula española que lo rodea, máxime cuando los protagonistas de tamaño espectáculo son niños al servicio de la ostentación y el despilfarro. Me pasa lo mismo con las puestas de largo, el mejor ejemplo de que el medievo sigue vivo (“He aquí mi hija, señores, para que ustedes la desfloren…” Y todos tan contentos…).
Fíjense dónde hemos llegado, que hasta los apóstatas se creen con derecho de unirse a la fiesta sacándose de la manga las llamadas comuniones civiles y justificar de alguna manera el derroche desmanotado (Media Markt mediante). El caso es que yo, a pesar de vivir exento de compromisos religiosos, discrepo ante este dichoso oportunismo diciendo que, quien convenga participar de la fiesta lo haga de una manera religiosa, que para eso son quienes la han creado.


Y entre tanto ateo y creyente, hoy me decanto por un libro mu' cristiano, El arca de Noé de Peter Spier. Aunque ya lo recomendé en este monográfico de álbumes sin palabras, lo traigo aquí por segunda vez teniendo en cuenta su publicación en castellano por la editorial Patio y de paso, detenerme un poco más en él.
Si bien es cierto que no se podría clasificar como un libro sin palabras propiamente dicho ya que en él encontramos un poema alemán del siglo XVII basado en el fragmento bíblico que introduce la historia, el corpus central de este libro se ha creado teniendo en cuenta una sucesión de escenas que se encargan, no sólo de narrarnos una  historia conocida por todos, sino de enriquecerla a través de detalles que desbordan el mito, y crear así una interpretación original de lo que aconteció a Noé y su arca llena de animales.
Hay que apuntar igualmente que, aunque el formato es de álbum, todo él se articula sobre el recurso de la viñeta, la unidad espacio-temporal elemental del cómic y la novela gráfica, por lo que adquiere carácter híbrido y podría clasificarse también en estos géneros.


Lo mejor de este título galardonado con la Medalla Caldecott (1978) es la riqueza que presenta, ya que la diversidad de formas animales que aparecen en él (les recomiendo que observen con detenimiento las tapas desplegadas) pueden dar mucho juego cuando de pequeños lectores se trata. Incluso les diré que he llegado a ver algún animal extinto que otro (¡Encuentren al dodo!).
Si a todo ello añadimos que el humor, el valor del trabajo, o la frustración están muy presentes en esta historia que, a pesar de estar basada en un pasaje bíblico, prefiere prescindir de connotaciones ortodoxas, para mí es una de las mejores producciones religiosas dirigidas a los niños que he visto últimamente y que merece la pena extrapolar a cualquier tipo de lector, no sólo para conocer el hecho cultural que embebe parte de occidente, sino por pasar un rato excelente por la lectura y las narrativas gráficas.



sábado, 12 de mayo de 2018

Sólo le pido a Dios que termine Eurovisión


Tras realizar mis tareas domésticas y echarme algo al buche, pongo la tele para dejar de ser un indocumentado (estoy peor que mis alumnos: viviendo en la ignorancia…) y me encuentro ¿a que no saben a quién? ¡Pues a la Amaia y el Alfred! ¡Otra vez! ¡La millonésima! (¿Notan ese deje ácido, verdad?) Sinceramente, me hallo hasta el escroto de estos nenes. Y no precisamente porque un servidor esté en contra de que los jóvenes hagan realidad sus sueños (cosa que debería pasar siempre), sino más bien porque no tenemos bastante con pagar los costes de la broma “eurovisiva” (y sus precuelas, claro está), sino que además nos toca sufrirlos a todas las santas horas del día (Resoplido)…
No es que canten mal (ni mucho menos), pero esta tortura vietnamita a la española se está yendo de madre por ñoña, insulsa y aséptica. Hasta la Rosa, con sus tragedias y miserias, tenía más guasa y sobrasada. O es que lo ibérico se está europeizando hasta cotas insospechadas, o es la imagen, el estereotipo juvenil hispano que se desea potenciar desde la televisión patria. Sólo faltan las de “Lo malo” para acrecentar este tormento... Sinceramente, esta noche nos toca festival de la canción y echo de menos a Massiel.
Hace cincuenta años que María de los Ángeles Félix Santamaría Espinosa (que así se llama)  ganó Eurovisión gracias a una canción del Dúo Dinámico y a las presiones “indepes” sobre Juan Manuel Serrat. Todo muy español (ya saben…) y nada que ver con este panorama tan apocado y pusilánime que llevamos padeciendo tres meses (que se dice pronto, ¡¿eh?!). Y como no me quiero poner negro confrontar personalidades (que si no, apaga y vámonos) sólo les dejo con esta entrevista sin desperdicio a la Massiel-ísima (no deja títere con cabeza esta pájara) y comparen ustedes mismos.
De repente, me paro a pensar y caigo en que todo este conreo (denótese el mancheguismo) se debe a una de esas cosas que nos hace humanos: la voz. Y es que las cuerdas vocales, el lenguaje, el habla, es lo que nos hace únicos frente al resto de los animales. Como bien dice José Fragoso en Mi voz, con ella nombramos a las cosas, podemos hacer pedorretas, contar historias, llamar a tus amigos, y, sobre todo, cantar (cosa que nos ocupa hoy). Y es que en este álbum ilustrado editado por Narval, se incluyen con mucho salero (menos mal que algunos españoles, a pesar de pulular por EE.UU., lo siguen conservando) toda una suerte de actividades que se relacionan con el mundo de las ideas y la palabra. En definitiva, un libro a caballo entre la ficción y la no ficción muy recomendable para parlanchines, vendepeines y cantantes en ciernes.
Y hasta aquí, la perorata del sábado. A ver qué pasa esta noche. Esperemos que el martilleo de “su canción” (ironías de los pronombres posesivos) no dure como los cincuenta años del “La la lá”, aunque por la parte que me toca, sigo diciendo de como Massiel, nadie (o en su defecto Salomé). Ea, así es la vida. Y Eurovisión.


jueves, 10 de mayo de 2018

Instagram y la mediación lectora. Una selección de bookstagramers.



El pasado sábado se celebraron las V Jornadas sobre Bibliotecas Escolares y Planes de Lectura de Albacete, un encuentro entre los docentes que nos dedicamos a promover esto de la lectura en niños y jóvenes, promovido por el Grupo Colaborativo de Bibliotecas Escolares de la provincia de Albacete y secundado por el Centro Regional del Profesorado de Castilla-La Mancha. Acompañados por bastantes bibliotecarios municipales y dos excelentes ponentes, Ana Garralón y Pep Bruno, además de aprender unos de otros, más de ochenta colegas de profesión pasamos el día compartiendo experiencias y puntos de vista sobre el verbo leer.
Como sé que muchos de ustedes se han interesado por todo lo que allí se habló (les aseguró que algunas propuestas de trabajo fueron muy interesantes) y no sé hasta qué punto dichas comunicaciones estarán disponibles o no, me he decidido a traer aquí la mía, una que llevaba por título Instragram o cómo atrapar lectores potenciales en la red social de moda. Dándole un par de vueltas y teniendo en cuenta que aquí no tengo límite temporal, la he re-estructurado en dos partes para facilitar su lectura y comprensión por esta vía.
Espero que la disfruten, les plantee preguntas y les sea útil, pero antes de entrar en harina me gustaría dar las gracias a José Manuel, Gela, Fuensanta y tantos otros que forman parte de esta conspiración albaceteña de mediadores de lectura y que han depositado su confianza en otros compañeros de profesión, como el monstruo aquí firmante, para compartir sus locuras con los libros.


Instagram, unas consideraciones orientadas a la mediación lectora

Instagram es la red social que más ha crecido en los últimos años. Con alrededor de ochocientos millones de perfiles activos a diario se perfila como una de las redes sociales con más proyección a la hora de aupar iniciativas, no sólo comerciales, sino también culturales. Si a ello unimos que la mayor parte de sus usuarios son jóvenes entre 15 y 35 años y que alrededor de un 20% de estos confiesan que es su red social favorita, no debemos desestimar este espacio de intercambio virtual como una herramienta para aupar el hábito lector entre aquellos estudiantes que la utilizan de manera directa.
De entre todas las características intrínsecas de esta red social, sus usuarios destacan sobre todo la positividad del formato, en contra de lo que ofrecen otras redes sociales como Facebook o Twitter, donde la forma de desarrollar los contenidos es menos directa, los contenidos no son del interés de esta franja de edad, y el mensaje final se adscribe a otras esferas donde abunda la impostura. Estemos de acuerdo o no, debemos considerar que esta percepción del usuario puede facilitar una relación igualmente positiva con los contenidos que alberga esta red social, por lo que deberíamos considerar una prioridad que los libros y la lectura estén presentes en ella y circunscribirlos a uno de los entornos comunicativos en boga. Si a ello añadimos que el vínculo que los lectores establecen con los libros tiene un gran componente emocional, sería interesante utilizar estas sinergias a la hora de aupar la relación de estas generaciones con el acto lector.
En segundo lugar debemos de tener en cuenta que Instagram está ideado para uno de los soportes con los que más interactuamos diariamente, el teléfono móvil (N.B.: Tanto es así que las imágenes y vídeos pierden calidad al visionarlos en otros como la tablet o el ordenador), y por tanto es una de las redes sociales más visitadas hoy día, algo que sigue ayudando en la interacción de los usuarios con los contenidos de la misma.


A estas dos premisas hay que unir una tercera que considera que la forma de relacionarse de nuestros alumnos pasa inevitablemente por las tecnologías de la información y la comunicación, el teclado o la interfaz de usuario. Son nativos digitales, se desenvuelven perfectamente en el mundo de internet, de los buscadores o el software (realidad que tenemos que asimilar aquellos que no lo somos). Esto ha servido para que muchos autores como Felipe ZayasJosé Rovira Collado, consideren que el uso de las nuevas tecnologías sea un arma eficaz para adquirir destrezas de lectura, así como incide positivamente sobre otras estrategias de mediación lectora, como por ejemplo los clubes de lectura.
Por último llamo su atención sobre el hecho de que niños y jóvenes se hallan inmersos en las redes sociales desde muy jóvenes. Y son esos espacios virtuales que utilizan para comunicarse entre sí y con parte del mundo que les rodea, esos lugares de intercambio habitados por gente variopinta, los que podrían formar parte del acto lector social o comunitario al que se han referido estudiosos como Michèle Petit y sobre el que se fundamenta lo colectivo de la literatura, una experiencia que puede partir de lo coral.



En mitad de este panorama nacen los bookstagramers, jóvenes más o menos anónimos que, sin ser especialistas en mediación lectora, desarrollan diferentes estrategias que congregan a multitud de seguidores de corta edad en torno a los libros y sobre las que merece la pena detenerse, más todavía cuando estas iniciativas son mejor valoradas por el público lector potencial que las de otros perfiles profesionales o bitácoras, institucionales o personales, que cuentan con un gran número de seguidores en otros formatos y redes sociales pero no alcanzan notoriedad en esta.


A pesar de todos estos pros con los que supuestamente contarían estos bookstagramers, son muchos los sectores de la mediación lectora que no ven en ellos un acicate para la creación de nuevos lectores y mucho menos lectores competentes reales por diversas razones entre las que se cuentan:
- que la mayor parte de las sugerencias de lecturas se adscriben al universo paraliterario lo que supone dudas sobre su formación y compromiso literario,
- que quedan patentes intereses comerciales en muchos de ellos
- que se busca la trascendencia de lo efectista en detrimento de una experiencia estética,
- y que la palabra, ese invento sobre el que descansan lo literario y la lectura, queda relegada a un segundo plano en una red social en la que prima la imagen.
Si bien es cierto que no debemos obviar todos estos peros, también hay que hacer una llamada de atención sobre que, tanto los bookstagramers, como los booktubers, constituyen los mayores ejemplos conocidos de mediación lectora entre iguales, un tipo de mediación poco habitual ya que tradicionalmente en estos procesos ha primado el modelo intergeneracional. Es a través de ellos cómo el libro adquiere un carácter de vínculo entre multitud de jóvenes de diferentes procedencias, constituyendo así una comunidad en la que todos se sienten parte activa y donde pueden compartir una experiencia de lectura, un vínculo nada desdeñable teniendo en cuenta la gran capacidad de influencia que todos tienen sobre el resto a la hora de leer.


Tras desgranar este contexto y en lo que se refiere a perspectivas futuras sobre el papel de la mediación lectora en Instagram, podemos apuntar a tres conclusiones/líneas de trabajo:
a. Supone un reto para los mediadores de lectura formados lanzarse a estas plataformas digitales y aupar el objeto libro y sus visiones literarias desde una perspectiva profesional.
b. Igualmente se deberían fomentar aquellos perfiles que puedan contribuir a la pluralidad en lo que a sugerencia de lecturas se refiere, y por tanto empujar a los usuarios inmediatos hacia una educación literaria real y no a los clichés y convencionalismos que tanto abundan en esta red social.
c. Por último, sería deseable una mayor presencia de los profesionales de la mediación lectora en este tipo de foros para velar por la calidad de los contenidos y una diversidad de espacios adecuada a los lectores y otros mediadores, de manera que la literatura no se viera subyugada a otros intereses.



Buenos bookstagramers: características y selección

Teniendo en cuenta el contexto anterior y partiendo de mi propia experiencia con Instagram a partir de la cuenta que Donde Viven Los Monstruos LIJ tiene en esta red social @dondevivenlosmonstruosblog , he creído conveniente hacer una serie de consideraciones que les pueden servir como guía a la hora de seleccionar a bookstagramers cuya labor sea notable en pro de los libros y la lectura, ya que no todo consiste en colocar a tíos/as buenos/as con un libro en las manos haciéndose los interesantes (hay Instagram más allá de los it-boys/it-girls). He aquí algunas de las características en las que yo me detendría…



Contenidos generales

-Diversidad:
Es importante que, siguiendo la línea temática a la que se adhiera el perfil, se conjuguen diferentes tipos de contenidos que desarrollen un nexo común. Si mi perfil trata sobre LIJ es importante prestar atención a novedades y clásicos, a diferentes formatos como el libro-álbum, la novela, el cómic o el libro de conocimientos, presentaciones de libros, lugares comunes, etc. Es decir, constituir un espacio digital donde la diversidad de contenidos preste una función lúdica e informativa.

-Intertextualidad/Interdisciplinariedad:
Teniendo en cuenta los déficits con los que cuenta esta red social, urge buscar sinergias entre la literatura y el mundo que nos rodea a la hora de atrapar lectores. Poner en relevancia elementos visuales y textuales que tienen que ver con la literatura, buscar una contextualización que no sólo parta del aspecto estético, sino que abrace a la obra que presentamos o buscar detalles que puedan generar un debate, pueden ser armas más que interesantes.

-Interactividad:
Comentarios públicos o privados, invitados, sugerencias recíprocas, sorteos, retos, encuestas, peleas de gallos o emisiones en directo son puntos fuertes de esta red social por la que fluye la comunicación de una forma más instantánea que en otras, y que un buen bookstagramer debe usar en caso de necesidad (también es interesante no abusar) para interaccionar con el resto de personas que configuran su comunidad de seguidores.

-Regularidad/Inmediatez:
No debemos olvidar que estos lugares son bitácoras y que permiten estar al día, no sólo de novedades editoriales, sino de temas de actualidad literaria, celebraciones en torno a los libros, presentaciones y otras actividades, es por ello que mantener un ritmo constante de publicaciones y estar al tanto de lo que sucede, ayuda en un buen bookstagram.



Contenidos específicos

-Gráficos:
Por un lado tenemos las imágenes, que para mí, deben tener tres requisitos fundamentales: ser originales, creativas y estéticas (Nota: No debemos olvidar que Instagram nació como una red social para amantes de la fotografía y este punto es esencial). Si además de esto, se relaciona con el libro de alguna manera (no es una árida imagen publicitaria) y sugiere otros discursos, mejor que mejor. Los amantes de las literaturas gráficas sabemos que las imágenes pueden decir muchas cosas por sí solas, y en la mano del bookstagramer está el buscar detalles, coincidencias, inspiración, curiosidades o incluso erratas que den valor a la obra sobre la que se habla. En algunos casos efectistas, en otros con menos fuegos de artificio, pero el caso es llamar la atención de los seguidores sobre esa imagen y presentar la obra de un nuevo modo, sin pasar desapercibida.
Por otro lado tenemos los vídeos en los que, además de las características anteriores, yo añadiría la de ser sintéticos (existe la limitación temporal en los de la bandeja de entrada) y estar bien editados.

-Textuales:
Reseñas, resúmenes, citas,  referencias bibliográficas, datos de interés, contenidos relacionados con la imagen, opiniones, enlaces y hagstags, son detalles que no se le pueden escapar a un buen bookstagram, más todavía cuando lo que intentamos inculcar es el gusto por la palabra, por la lectura, y de esta manera también aupamos la lectura instrumental a través de hipertextos.


Y teniendo en cuenta estas premisas (siento no tener tiempo para un análisis más exhaustivo y objetivo), llego a unos cuantos bookstagramers que, aunque no recojan todas ellas en cada uno de sus perfiles, pueden ejemplificar varias y sirven como orientativos a la hora de seleccionar/recomendar un bookstagram aceptable. Animándoles a seguirlos y de activar las notificaciones para cada uno de ellos (incluido el mío, jejeje), les dejo con mi selección particular donde abundan -¡cómo no!- los dedicados a la literatura Infantil y Juvenil.


Parejas de buenas lecturas y helados con buen criterio.


Guardas, tapas y camisas de álbumes con mucho que decir.


Estanterías y librerías a rebosar de libros.


Una bitácora excelente de libros para niños y gente que gusta de serlo


Buenas lecturas teatralizadas e interpretadas en imágenes


Canal de YouTube en portugués sobre LIJ con un gusto exquisito


Presentación de álbumes ilustrados del mundo anglosajón actuales desde Australia


Librería argentina especializada en LIJ con un instagram más que interesante.


Sugerencias de lectura de gente como tú y yo desde los andenes de metro de Nueva York, Londres, Ciudad de México y El Cairo.


 Clásicos desde Corea en bellas atmósferas


Presentaciones de libros coloristas sin objetividad (que también es un criterio).


Fantásticas propuestas con mucha relación con los álbumes y la ilustración infantil


Desde Sau Paulo con muchas propuestas de álbum ilustrado


Literatura infantil y álbumes de todo tipo con buena selección en portugués


Todas las imágenes y vídeos que acompañan a este artículo, exceptuando las capturas de pantalla de los diferentes perfiles que se han seleccionado, pertenecen a @dondevivenlosmonstruosblog / Román Belmonte.

miércoles, 9 de mayo de 2018

En el bosque de la vida...



Si ayer me detenía en un libro con mucho swag, hoy le llega el turno a ese sentimentalismo que de vez en cuando me sobrecoge y emerge tras visitar a solas y descalzo cualquier rincón provisto de vegetación frondosa y tranquila que  ilumina mi subconsciente. Es por ello que les animo a acercarse a algún cauce y meter los pies en el agua fresca del río mientras el sol les da en la cara. Y rejuvenecerán. Más todavía si llevan un libro como el de hoy encima…


El bosque de Riccardo Bozzi, Valerio Vidali y Violeta Lópiz (editorial Milrazones) es una rara creación, de esas que sorprenden y llenan a partes iguales. Es uno de esos álbumes que destilan poesía por los cuatro costados, no sólo porque tiene cierta vis de libro de autor (también los llaman álbumes de artista), sino por la creación de un discurso narrativo bello y complejo…


En realidad el bosque, además de una propuesta estética muy cuidada en la que abundan los amplios espacios en blanco (parece como si los autores abrieran un espacio a nuestros pensamientos y emociones, ¿no creen?), no deja de ser una metáfora de nuestra propia vida, de cómo la mirada se torna hacia nosotros mismos para concienciarnos de que estamos inmersos en el juego de la naturaleza y las reglas que esta ha dispuesto para todos los que la conformamos. Desde el germen al bosque. Del bosque a las semillas… Un recorrido idóneo para hablar de un fenómeno, el de la vida, también de vaivén, también circular, y en el que también hay cabida para hallar nuevos caminos por los que transitar sin olvidar salida y meta.


A todo ello hay que añadir el juego de miradas que se establece en sus páginas plegadas, gofradas (repujado en papel para producir un estampado en relieve) y troqueladas. Texturas que acariciar, mirillas a través de las que espiar y adivinar nombres propios entre el follaje; ventanas todas ellas de un mundo que se abre en ese pasar de páginas, cosas que parecen ser unas y después se trocan en otras. En definitiva, mirar el mundo barajando anticipación y exploración (¿Acaso no tienen estas ilustraciones mucho de Henri Rousseau, de sus escenarios selváticos?) en esa jungla interior que guarda cualquier ser humano.


Y con muchas más cosas que decir pero sin pronunciarlas, les dejo penetrar en la espesura de este libro con tantos niveles discursivos como lectores, y que seguramente habrá dado más de un quebradero de cabeza a sus autores. Es lo que tienen las cosas bien hechas: que gustan.

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