miércoles, 20 de mayo de 2026

De trabalenguas y pejigueros


Mi hermana y yo hemos dado mucho por culo. Supongo que como todos los hijos. Más todavía en aquellos años en los que no había clases extraescolares y las amas de casa hacían acopio de paciencia e ingenio para mantener a raya esa mezcla de aburrimiento e hiperactividad que tan insoportable se hace en la infancia.
Mientras otras madres echaban mano de la tele, la mía optaba por el parque. Así se echaba sus chascarrillos, mientras nosotros nos untábamos de alegría, mierda y barro. La jodienda venía cuando nos poníamos enfermos y tocaba encerrarnos entre cuatro paredes. Había libros, algún juguete y mucho tiempo. Nada era suficiente, por lo que, a veces, la Fefa recurría a esos entretenimientos verbales que nunca pasan de moda: los trabalenguas.
Su favorito era el de El cielo está… y el que protagoniza el libro de hoy, Tres tristes tigres, para mi gusto el ejercicio de dicción y aliteración más difícil en nuestra lengua. A día de hoy, todavía me parece una tortura. Y supongo que para muchos de ustedes también. Pero lo más sorprendente de todo es que, después de tantos años, siga conservando la magia y logre captar la atención de generaciones de niños que se pirran por las palabras, aunque la sociedad se empeñe en desterrarlas de su universo.


Y así, con el recuerdo de mi madre y nuestra lengua de trapo, además de rogarles que apaguen las pantallas y disfruten de los juegos verbales con sus vástagos, les acerco el álbum que se ha marcado Edu Flores a cuenta de la famosa jerigonza.
Como ya se podrán imaginar, Tres tigres tiquismiquis (editorial Apila) está protagonizado por el conocido trío de felinos que, hastiados de escuchar siempre la misma historia, se rebelan y convencen al narrador para que le dé una vuelta de tuerca al guion. No contentos con lograrlo, deciden sacarlo loco con todos sus caprichos y reparos. ¿Por qué están en un trigal si ese no es su hábitat natural? ¿Por qué dicen que son tristes si no lo están? ¡Y tampoco son idénticos!… ¿Será capaz de contentarlos?


Ambientada en unos estudios de cine (fíjense en las guardas), esta propuesta tan simpática invita al lector a formar parte activa de ella gracias a las interacciones que recoge, véase como ejemplo ese “encuentra las diferencias”. Ideado para leer en voz alta (fíjense en las variaciones tipográficas) y partirnos de la risa con ese humor tan blanco, sugiere nuevas herramientas con las que desbordar otros espacios lingüísticos tradicionales.


Aunque algunos lo lleven al terreno del didactismo, un servidor gusta de ese tono irreverente que rebosa en la LIJ, donde la subversión a las pautas adultas constituye una vía de escape imaginativa. Lleno de referencias a los cuentos tradicionales, guiños a otros títulos del catálogo editorial y un golpe de efecto final, este libro interpela al lector pidiéndole que se una a la fiesta de la lengua.


Por si no les parece bastante el reconocimiento que recibió por parte de la Biblioteca Pública de Nueva York como uno de los mejores títulos para niños en español del 2025, ya les dice un servidor que se arriesguen. No todo va a ser condimentos gráficos y discursos metafísicos. Hay libros que bien valen una sonora carcajada echando mano de la verborrea de toda la vida.

lunes, 18 de mayo de 2026

Lágrimas reptilianas


¿Por qué lloramos? Se puede llorar de tristeza, rabia o risa. Sin embargo, en otras ocasiones, esa pregunta nos ronda la cabeza porque no entendemos o es difícil identificar el motivo que nos lleva a ello.
Antes de nada, el llanto es una respuesta fisiológica y psicológica ante cambios vitales que unas veces son muy evidentes y otras, no tanto. Por lo general, suele ser una válvula de escape del cuerpo. Liberar el estrés acumulado durante una temporada vertiginosa, procesar emociones complejas como la muerte de un ser querido o una ruptura sentimental, una reacción a cambios hormonales como la menopausia o simplemente por agotamiento.
Eso sí, hay que tener muy claro que eso de llorar a todas horas no es muy normal. De hecho, el llanto supone una llamada de atención ya que implica una exteriorización de una condición y como tal, supone un signo de alerta ante los demás. Más todavía si viene acompañado de insomnio, apatía o nerviosismo.


Otra cosa muy diferente es lo que hacen ciertas personas para manipular a otros, lo que se llama vulgarmente, lágrimas de cocodrilo. Esta expresión tan utilizada en el mundo occidental, tiene su origen en relatos de la antigüedad que calaron muy hondo a partir de la Edad Media en las que se apuntaba a que los cocodrilos lloraban para inspirar pena en sus presas y luego aniquilarlos.
Aunque Shakespeare o Henry Purcell la utilizaron en sus obras para imprimir dramatismo a sus personajes, la realidad es que los cocodrilos producen lágrimas cuando están mucho tiempo fuera del agua para mantener sus córneas húmedas. Incluso se piensa que su mecanismo de secreción se relaciona con la apertura de las fauces. De ahí esta relación un tanto sesgada.


Si prefieren otra explicación más inverosímil, siempre pueden acudir a la que André François dio en su primer libro como autor del texto y las ilustraciones (1956) y que esta primavera reedita la editorial Kalandraka para los lectores en lengua castellana.
En Lágrimas de cocodrilo nos encontramos con un niño muy llorón al que su padre le recrimina esa compasión tan superficial. Como este no sabe a qué se refiere, el progenitor le explica pacientemente. Así es como empieza una historia de lo más rocambolesca y surrealista donde la instrucción y la fantasía se entremezclan. “Es fácil atrapar un cocodrilo; sólo necesitas una LARGA CAJA DE MADERA y te embarcas para Egipto” sentencia el padre. ¿Cómo terminará?


Aunque se trata de un álbum ilustrado aparentemente sencillo, en él podemos encontrar cuestiones muy reseñables, como el uso de la segunda persona (siempre hay cierto extrañamiento en este recurso textual… ¿Acaso el protagonista y el lector son la misma persona?), el uso de la metáfora gráfica, imágenes contradictorias (¿Dónde están los comensales de la mesa? ¿En el estómago del cocodrilo o salieron corriendo?) o esa mezcla entre didactismo paternal y hedonismo disfrutón que tan bien le sienta a la LIJ.


Si nos centramos en las características físicas del libro, hay que destacar esa caja dura y resistente que, a modo de carta y estableciendo una sinergia metaliteraria con la lectura, contiene al propio libro. De forma estrecha y alargada (10,5 x 3,5 x 0,5 cm), es ideal para contener un cocodrilo (recuerden la fisionomía de cualquier reptil). De hecho, ahí está, ya que el libro que se aloja dentro tiene un cocodrilo impreso en las tapas. No obstante, si el lector gusta de manipular el objeto que se presenta ante él, podrá ver cómo asoma su dentadura a través de una pequeña ventana abierta en la caja (¿Será el franqueo de este envío tan especial?), así como una etiqueta que se hace pasar por título: "1 cocodrilo".


Sobre el arte de François, ensalzar una vez más su maestría con el dibujo y la caracterización de unos personajes que destilan simpatía y desenfado. Como en otras obras, utiliza el trazo negro y una paleta de color limitada (naranja y verde) que le confieren ese toque vintage tan especial que ostentan libros de la misma época.
En definitiva, una joyica que hay que atesorar.

miércoles, 13 de mayo de 2026

La difícil convivencia


Con la crisis inmobiliaria que vive este país, cada vez se hace más difícil encontrar un lugar en el que morar. A los guiris que pagan luz solar a precio de caviar y de paso ponen patas arriba los precios de los alojamientos turísticos, se suman oleadas de inmigrantes que, desde Latinoamerica, el África subsahariana, Europa del Este o el Magreb, han sacado de orbita los alquileres en los barrios obreros.
Pero que no se nos olvide que en la ecuación de la vivienda también estamos nosotros, españolitos, pillos y miserables que nos pirramos por cuatro duros, aunque todo eso suponga perder ese patrimonio que es la tierra y encarecernos la vida unos a otros.
Por último, lejos de lo humano y cerca de lo divino, tenemos a los políticos, unos seres del averno que, en vez de resolver los problemas, los complican más todavía gracias a caprichos personales, intereses varios, leyes anacrónicas o tretas surrealistas.


Y así estamos, con más de dos millones de viviendas vacías, montones de pisos patera, viviendas ocupadas, embargos de todo tipo, pérdida del poder adquisitivo de jóvenes y familias y una inflación insostenible para el currito. Todo ello aderezado con la convivencia y sus problemas derivados. Se lo dice un servidor, que hasta hace bien poco ha estado compartiendo piso a lo largo y ancho de la geografía española…
Y es que la vida en común es muy difícil. Hay que tragar lo que no está escrito, tener mano izquierda, ponerse en el lugar del otro y, sobre todo, aprender a callarse. Si no, estalla la bomba de relojería que se ha estado calentando durante semanas y liamos la tercera mundial.


Un buen ejemplo de este tipo de conflictos es Aggie y el fantasma, el nuevo libro de Matthew Forsythe que acaba de publicar la editorial Andana y recoge la historia de Aggie, una chavala que, por fin, encuentra una casa en la que vivir tranquila en mitad del bosque cuidando su jardín. Pero ¡ups! Aparece un fantasma muy cansino que no la deja tranquila ni a sol ni a sombra. Se zampa el queso, le quita los calcetines y aparece sin previo aviso. La propietaria decide establecer una serie de normas para aligerar la convivencia, pero el fantasma se las pasa por el arco del triunfo. Incluyo echan una partida a las tres en raya para que se vaya. ¿Conseguirán vivir en paz y armonía pese a sus diferencias?


La afrenta, el enfado, la impotencia, el agotamiento e incluso la culpabilidad, son emociones y sensaciones que siempre se entremezclan en situaciones como la que recoge este álbum. La voz madura y reflexiva de una lechuza que susurran calma. Jaleos y vítores que piden la guerra desde ambos bandos. Todo parece embrollarse más de la cuenta en un conflicto sin mucha enjundia que es sacado de quicio.


Sobre los aspectos técnicos, decir que, como en otros de sus libros, Forsythe saca mucho partido al difumino, algo que le viene de perlas en esta historia de fantasmas donde la niebla, la noche y las sombras dibujan una atmósfera un tanto lúgubre y tenebrosa. Por otro lado, la divertida caracterización de los personajes insufla un toque desenfadado a la narración. Interiores encantadores que recuerdan a las ambientaciones de Beatrix Potter o Jill Barklem, guiños a los personajes de estudio Ghibli, notas disparatadas que avivan la acción y giros efectistas que provocan la empatía del lector hacia el fantasma hacen de este libro una buena metáfora sobre las chanzas entre compañeros de piso.

lunes, 11 de mayo de 2026

Seis historias fraternales


Aunque “parientes y trastos viejos, pocos y lejos”, hoy toca hablar de hermanos. Por mucho que les pese, les recuerdo que haberlos, haylos. Cada vez menos, porque la vida ya no está para muchos hijos, pero algunos seguimos teniendo con quien discutir.
Teniendo en cuenta que cualquier niño de 11 años, pasa un 33% de su tiempo libre con sus hermanos (que ya es…), menos nos debe extrañar que los hermanos se peleen entre sí. Eso es lo que constatan muchos estudios, que coinciden en que los hermanos entre 3 y 7 años se pelean 3,5 veces en una hora.


Más todavía si entran en juego los padres. Y es que, a pesar de repetir hasta la saciedad que quieren por igual a todos sus hijos, las investigaciones apuntan a que esa no es la realidad. El 65% de las madres y 70% de los padres tienen preferencias sobre uno de sus hijos. Un hecho muy curioso es que, en la mayoría de las familias numerosas, los hijos pueden decir quién es el favorito de toda la prole.


En lo que a diferencias reales se refiere, podríamos hablar del coeficiente de inteligencia. Según algunos estudios, los hermanos mayores presentan índices más elevados. Una explicación puede ser que pasen mucho tiempo enseñando a los pequeños y eso les ayude a reforzar sus propios conocimientos y capacidades. Eso sí, esto sucede durante los primeros años, porque todos se ponen al mismo nivel cuando alcanzan los doce años aproximadamente.


Sobre el carácter, hay que apuntar que, durante la infancia, los hermanos más jóvenes suelen ser más extrovertidos, rebeldes y creativos. Quizá porque tratan con más gente, necesitan destacar en medio de una prole numerosa o que los padres, más experimentados y relajados después de otras crianzas, son más permisivos con sus vástagos.


Para terminar con este pequeño listado de curiosidades, decirles que, en promedio, los hermanos pequeños suelen tener una mejor salud y viven más tiempo que los mayores ya que están expuestos a menor estrés y responsabilidades, así como tienen un sistema inmune más debilitado debido a un mayor aislamiento durante la infancia como apuntan varias investigaciones japonesas y alemanas.


Mientras cotejan esto con su propia realidad, pueden echar mano de algunos de los álbumes protagonizados por hermanos que he querido reunir en este post para pasar un buen rato o regalárselo a sus hermanos en el caso de tenerlos.



Para empezar, Adrien Albert nos regala Un beso para mi hermano gracias a la editorial Libros del Zorro Rojo. Tobías y Simón han pasado el día juntos haciendo un montón de cosas. Tomarse unas instantáneas en un fotomatón, subir en patinete, visitar una tienda de pelucas o ver una película. Al final de la tarde hay poco tiempo y Tobías sube al autobús apresurado. Se dicen adiós con la mano, pero les falta lo más importante: un beso de despedida. Ese es solo el comienzo de una sucesión de casualidades que dan unos cuantos giros a la narrativa construyendo el final que todos deseamos.


Es así como un beso entre dos hermanos se convierte en el interruptor de una epopeya cotidiana que transita lo inverosímil. Con viñetas que cambian de tamaño y que se superponen a otras imágenes, esta historia que juega con el tiempo y sus ritmos nos presenta una aventura llena de incidentes un tanto loca (N.B.: Que no se me olvide decirle a mi conductora de autobús favorita echar unos cartuchos de dinamita en la guantera), pero igualmente entrañable.
Dos conejos en un mundo de humanos (es muy curioso como los lectores identifican animales con niños… ¿Será cosa del ideario?), carambolas y ternura fraternal. Inevitablemente, solo me falta hacerles una pregunta: ¿Qué serían ustedes capaces de hacer por un beso? ¿Y por sus hermanos?



Continuamos con Hermanos, un álbum escrito por Marie Le Cuziat e ilustrado por Hua Ling Xu (editorial Eccomi) que nos presenta a la pareja de hermanos más realista de esta tanda. Martín tiene el pelo castaño como el café y Telmo es rubio como el trigo. Uno es alto y otro es bajito. A uno le gusta leer y el otro se divierte tocando el teclado. Martín es muy observador, mientras Telmo no puede parar quieto. ¿De verdad son hermanos? La gente lo duda constantemente e incluso siembra la duda a ellos. ¿Qué es lo que les hace ser hermanos?


Con un texto muy poético, este libro nos encamina a una historia intimista que nos plantea las diferencias entre hermanos como un valor intrínseco a la hora de compartir espacio y tiempo. Todo ello ensalzado por unas ilustraciones realizadas en acrílico que juegan con diferentes planos para articular una relación ambientada en un periodo estival. Riachuelos, prados, árboles, olas y arena se unen en pro de una lectura llena de luz y lazos invisibles.



De la misma editorial que el libro anterior, llegamos a ¡El bebé soy yo!, un libro de cartón firmado por Georgette. El protagonista va a tener un hermanito. El nuevo bebe, como le dicen sus padres. Pero él lo tiene claro, en esta familia ¡el bebé es él! No hay sitio para el nuevo bebé en la trona, ni en la bañera, ni en la cuna, ni en el cambiador. Pero sus padres le advierten: “Ya eres mayor” ¿Qué pasará entonces?


Utilizando la alegoría del príncipe destronado, la ilustradora francesa especializada en libros para prelectores nos invita a adentrarnos en una historia que trata los sentimientos encontrados que experimenta un niño ante la llegada de un hermano y el cambio de etapa del desarrollo. Un relato sencillo pero que bebe de los conflictos internos y experiencias complejas. Esperemos que el protagonista no lance al nuevo bebé por la ventana…



¡Y yo más! de Tami Harel y Einat Tsafarti publicado por Kókinos. Seguramente alguna vez se han visto envueltos en una competición con sus hermanos. Si uno es grande, el otro lo es más: si el otro es fuerte, el uno todavía más. Esto es lo que le pasa a una pareja de hermanos antes de irse a la cama. Así hasta que sucede algo que pone a los dos en el mismo rasero… ¡Descúbrelo!


Con ese toque de comedia de situación que tanto nos gusta a los monstruos, este simpático boardbook (junto con el anterior están incluidos también en la selección de libros de cartón de este curso) se desarrolla en el mismo marco espacial: una habitación con dos camas enfrentadas donde un chavalín y su hermana mayor se sumergen en el juego de las comparaciones. Este recurso no solo da pie a fijarse en los detalles (que no se les escape ni el reloj-gato ni el peluche de grandes orejas), sino a marcar una secuenciación rítmica que los prelectores siempre agradecen. Más todavía si la historieta termina de manera tan entrañable…



Andana publica en nuestro país El mejor hermano mayor del mundo, un álbum de Ben Mantle que ahonda en los encontronazos que a veces surgen entre hermanos. Nano y Félix, Félix y Nano. Dos hermanos que aparentemente tienen una relación “supiguay”. Y digo aparentemente porque, aunque Nano idolatra a su hermano, Félix está un poco harto de él. Le resulta un tanto pesado porque lo sigue a todas partes y quiere hacer lo mismo que él. Por eso mismo, un día, Nano acude a la cabaña que Félix ha construido en el árbol y se encuentra con un cartel que le prohíbe la entrada. Así que Nano, un tanto enfadado, decide alejarse de su hermano y decide construir su propia cabaña en mitad de la lluvia. ¿Lo conseguirá?


Como en otras de sus obras, el estilo expresivo y desenfadado de Mantle hace más liviano el enfrentamiento entre los hermanos protagonistas, añadiendo humor y ligereza a una situación bastante difícil (si tienen hermanos o varios hijos sabrán a qué me refiero). Así es como el relato transita por el rechazo, el orgullo, el asombro, el reconocimiento y la reconciliación desde diferentes puntos de vista que consiguen convivir en aras del cariño.



Aunque se publicó hace un par de temporadas, recupero en esta pequeña selección el Hermanos de Iris de Moüy (Babulinka Books) para poner el punto y final a esta pequeña selección. Una hermana pequeña hace aparición. Es tan pequeña que su hermano no puede jugar con ella, por lo que decide darle leche. Tanta leche le da que la hermana crece lo suficiente para acompañarle en sus correrías. Cabalgan a lomos de una cebra, escapan de las fauces de un león, viajan hasta planetas desconocidos y nadan entre sirenas. Pero lo mejor de todo es que pueden…


Con un texto muy económico, la autora consigue darle forma al vínculo tan estrecho que surge entre dos hermanos gracias a la alternancia entre ilustraciones en blanco y negro y a color que diferencian las dos etapas en las que se divide la acción. Por un lado tenemos un universo realista adscrito a la espera y por otro los momentos de juego en los que la imaginación se desborda conjuntamente. Por último, dos cosas que me encantan: el formato (parecido a un flexi-book) y ese final a modo de flip-book. ¿A quién no le roba el corazón tanta sencillez?

viernes, 8 de mayo de 2026

De rimas y cocinas


El consumo de pescado en España ha descendido un treinta por ciento en la última década. Tanto es así que las pescaderías se ven obligadas al cierre, las grandes superficies están considerando eliminarlas para dedicarse al producto envasado y la variedad de especies que consumíamos antaño ha quedado diezmada por esos paladares tan pueriles que criamos hoy día en el terruño.
Y la cosa no va solo de peces, pues las legumbres y la fruta empiezan a brillar por su ausencia en la cesta de la compra, el cordero y el conejo son testimoniales, la casquería ni verla y lo del pan es para echarse a llorar. Sí, ahora echen mano de su querida IA y constaten la realidad.
Lo más gracioso es que al españolito medio se le llena la boca con la dieta mediterránea y la cocina casera, mientras los pucheros se llenan de polvo en los armarios, los restaurantes y establecimientos de comida preparada hacen el agosto a diario y las familias solo comen como Dios manda los domingos en casa de las abuelas.


No me vengan con rollos. Abundan los cuchiflitos instagrameros, la cocina de fusión, las dietas fit y, sobre todo, la dejadez, la holgazanería y la pereza. Todos tienen tiempo para ir al gimnasio, procrastinar en las redes sociales, atiborrarse de series o irse de cervezas, pero ninguno para encender los fogones. A eso, en mi pueblo, también se le llama no tener vergüenza.
Por eso, yo siempre pienso que el mejor regalo que puede hacerte alguien hoy en día, es cocinarte. Pensar el guiso, ir al mercado, colgarse el delantal y meterse en harina. ¡Eso es amor y lo demás tonterías...! Si además consideramos que todo ese trabajo se resuelve en un instante tan efímero llamado bocado, el gesto merece silencio, respeto y cariño. He dicho.
Así llegamos al libro de hoy, un poemario que toma por bandera sartenes y pucheros y nos invita a probar un menú bien sabroso en el que se intercalan rimas que saben a entrantes, platos principales y postres. Hay de todo. Adivinanzas y chanzas hortofrutícolas, sabores conocidos y desconocidos, juegos refrescantes y palmas con mucho salero. Palomitas de maíz para acompañar la tarde, un café en rica compañía, historias de amor o recetas tan repugnantes como divertidas. ¡Reciten en voz alta y disfruten de la comida!

Tomate frito

Yo te quiero y te requiero,
como la mera a su mero,
y mi corazón ya late
como si fuera un tomate.

Late así, tomate frito,
que si no yo me derrito,
que me sabes a patatas,
que te meto en una lata.

Yo te quiero y te requiero,
como la mera a su mero,
y mi corazón ya late
como si fuera un tomate.

Late así, tomate frito,
que me lo dijo Pepito.
Comeremos ensalada
y no te daremos nada.

***

Pillo, pillo

Pillo, pillo,
pepinillo,
cebolletas
con barquillo.

Vinagreta,
cuchufleta,
babarillos
en chancletas.

Pillo, pillo,
pepinillo,
entra a casa
que te pillo.

Mar Benegas.
En: Con mucho gusto.
Ilustraciones de Rosa Ureña.
2026. Madrid: Bookolia.

domingo, 3 de mayo de 2026

Madres o ecosistema de lectura


Cuando les pregunto a mis alumnos de bachillerato sobre la posibilidad de que el feto humano sea un parásito, siempre se quedan boquiabiertos. No me extraña, pues están acostumbrados a esas sentencias empalagosas sobre la maternidad que la cultura se ha encargado de ensalzar por los siglos de los siglos (amén), en vez de darle a la ciencia para comprender aquello de “dar mucho y pedir poco” o “amor grande, amor de madre”.
Nadie habla del flaco favor que los hijos hacemos a las madres durante la gestación. Pensamos que nuestras progenitoras son seres todopoderosos que dan la vida y nos acogen incondicionalmente en su seno sin sufrir daños colaterales. Pies no, señores, nada más lejos de la realidad.


No soy de los que consideran que la generación filial de los mamíferos sea un parásito estricto por dos razones. Una es que se trata de una relación intraespecífica, es decir, interaccionan individuos de la misma especie. Y otra es que va encaminada a la reproducción. No obstante, conviene llamar la atención sobre el riesgo que supone el embarazo para una mujer.
En primer lugar, los seres humanos se desarrollan en el útero materno, es decir, están alojados en el seno de otro individuo. Aunque esta estructura esté orientada exclusivamente para ello, supone modificaciones anatómicas, más todavía tratándose de un proceso relativamente lento. En segundo lugar hay que hablar de los cambios fisiológicos en los que intervienen hormonas y metabolitos que modifican el funcionamiento del organismo. Además, y aunque ambas generaciones compartan acervo genético, hay que llamar la atención sobre la serología y el sistema inmune, pues suelen actuar como enemigos de lo ajeno y a veces entran en conflicto. Por último, tras el parto y considerando que los humanos no alcanzamos una independencia temprana, las madres estirazan de los hijos unos cuantos años (dos, según la biología).


Así que, el que crea que detrás de cada madre no hay una buena dosis de sacrificio, que se lo vaya mirando para celebrar este día tan maternal. Y si de paso echa mano del Dulzura de Emília Nuñez y Anna Cunha, mejor que mejor.
Publicado en nuestro país por la editorial tinerfeña Diego Pun y con tan solo una palabra, la de su título, nos cuenta una historia que entremezcla el amor maternal, las relaciones intergeneracionales y la lectura como vínculo. Todo esto gracias a la vida de una mujer que, mientras está encinta, planta una semilla. Tanto su hija como la semilla se abren camino gracias a sus cuidados. La niña se hace mayor y abandona el hogar para labrarse un futuro como maestra. Regresa a casa para darle a su madre la noticia de que está embarazada y la madre le hace un regalo: ese libro que tanto leyeron cuando era una niña.


Galardonado con el premio Jabuti en su convocatoria de 2023, este álbum explora diversos puntos de vista desde una perspectiva coral que descansa sobre dos pilares fundamentales: la familia y los libros. Sin pretensiones ni demasiados golpes de efecto, la narrativa que construye este libro, además de honesta, es muy calmada gracias a esas tintas medias que llenan las imágenes y el ritmo pausado que desprenden sus composiciones estáticas.


Historias paralelas, metáforas vegetales, referencias cromáticas, rostros desdibujados y un final tan dulce como su título, hacen de este libro un buen ejemplo de lenguaje multimodal que facilita el acceso a cualquier tipo de lector. Así, poco a poco, vamos desentrañando un mensaje polifónico tan cotidiano como hermoso que indaga en la familia como ecosistema lector, contexto inspirador y empuje vocacional, algo que, bien mirado, ya es bastante.

jueves, 30 de abril de 2026

Combatir el insomnio


Anoche dormí fatal. Mea culpa. Lo admito. Y lo peor de todo es que eso de “en casa del herrero, cuchara de palo” es una gran verdad. Algo que se podría hacer extensivo a lo de “consejos vendo que para mí no tengo”, pues antes de acostarme me salté unas cuantas reglas de oro que recogí en A pierna suelta para conciliar el sueño.
La primera es que me dio por ver una película bastante más tarde de lo que acostumbro. Teniendo en cuenta que mi televisión no funciona desde hace un lustro y que dependo del ordenador para el disfrute audiovisual, eso de mirar una pantalla durante dos horas afectó a mi capacidad de conciliar el sueño.
En segundo lugar, me puse hasta las trancas de adobo. Y miren ustedes que un servidor no suele entregarse a la gula nocturna, pero estaba con un apetito de mil demonios tras recuperar la rutina después del fin de semana (trabajo, ejercicio, quehaceres domésticos…), abrí el frigorífico, me dejé llevar por el ansia viva y Morfeo me pasó factura…


El tercer error fue de principiante. Cambié mi edredón antes de tiempo y con el fresco que nos han traído los últimos coletazos del invierno (de madrugada el mercurio ha bajado hasta los 5ºC en estas latitudes), la noche se hizo un tanto desapacible. No olviden que necesitamos una temperatura óptima para dormir.
Creo que esta noche, y teniendo en cuenta la maratón que me espera mañana con esto del puente del primero de mayo, me retiraré de los quehaceres informáticos temprano, practicaré el ascetismo en lo que a gastronomía se refiere e intentaré cubrirme con una mantita por si reaparece el frío nocturno. Pero sobre todo, echaré mano de un remedio infalible: leer un poquito. Y teniendo en cuenta que tengo el salón a rebosar de lecturas pendientes, no será difícil.


Y es que, como le sucede a la protagonista de Menuda nochecita, padecer insomnio es una lata. Nos lo cuenta Bruno Zocca, el autor de ¿Y si fuera otra cosa? gracias a Liana editorial. La chica no puede coger el sueño por más que lo intente. Quizá haya olvidado algo durante el ritual previo… Lavarse los dientes, ponerse el pijama, darle las buenas noches a su padre y apagar la luz. Pero nada, no consigue quedarse dormida. Por eso decide darse un paseo nocturno. Primero por la casa y después decide salir afuera. Todos duermen. Su padre, el perro, las ardillas, los pájaros, los ratones e incluso la luna. ¡Un momento! ¡Hay alguien que sigue despierto! ¡Un oso gigantesco! ¿Qué pasará?


Con un final sorprendente pero encantador y mucho humor blanco, el autor italiano presenta un álbum con estructura de sketch que es ideal para relanzar dos ideas. La primera es la establecer rutinas para que críos sean independientes en aspectos importantes de su mundo cotidiano, y la segunda sienta las bases para aupar la lectura como compañera inmejorable a la hora de tener dulces sueños.


Como aspectos destacables en las ilustraciones, he de apuntar la presencia de una familia monoparental (ponerlo en evidencia con naturalidad y sin pedagogía me resulta muy agradable), la caracterización de los personajes (Recuerdo a Klassen. Los ojos, los ojos. Siempre los ojos), el sinfín de detalles que convierten cada doble página en un juego de búsqueda, la alternancia de marcos entre las imágenes que me trasladan a tiempos pasados y algunas composiciones deliciosas (como la utilizada en la tapa). Una buena propuesta para pestañear plácidamente.

lunes, 27 de abril de 2026

Sorteando la canícula


Con las temperaturas que se está gastando abril, no me quiero imaginar lo que serán los meses venideros. Vamos a pasar las de Caín. Estoy temblando.
Lo peor de todo es que tienes que aguantar los comentarios del personal que adora el secano. Que si “Ya era hora”, que si “Lo estaba deseando”. Anormales. Como si los cuarenta y cinco grados que sufrimos durante el verano fueran lo más óptimo para nuestro “body” (A ver si leéis un poquito de antropología física, caris…).
Lo del verano en este país, no tiene nombre. Ni en el norte, ni en la sierra, ni a remojo en la piscina, ni con aire acondicionado. Eso de vivir en un horno es insoportable. Más todavía conforme se está poniendo la vida. Cervezas a diez euros (¡Para que luego digan de Copenhague!), menú diario a 30 pabos (descongelado) y lo de las pernoctas, ¡para matarlos! Ya no tenemos ni para caprichos estivales. Ni sueldo, ni vivienda, ni vacaciones, ni bares. Dios nos salve de esta España desértica, ladrona, inepta y absurda. Y lo digo así, alto y claro.


Mi recomendación es que busquen una encina imponente (los pinos, ni verlos) o en su defecto un buen risco (nunca para despeñarse) y disfruten bajo su regazo durante las tardes que se aproximan botijo en mano. Y si son de esos que le buscan pegas a cualquiera de mis sugerencias, les propino un libro para que se les quite la tontería. Que Al abrigo, el último libro de Adrien Parlange publicado en nuestro país por Océano Travesía, les ilustra de maravilla.
Este título del siempre sorprendente autor francés nos acerca la historia de una niña que se refugia del calor bajo la sombra de una roca en mitad de un paisaje baldío, una llanura desértica. Al rato, aparece una serpiente (¿Conocen algún libro de este señor en el que no aparezca una?) que también busca un poco de cobijo térmico y allí se encuentran las dos. Más tarde llega un zorro. Después una liebre. También un erizo. Un buen puñado de animales acaban compartiendo el abrigo que proporciona esa piedra. ¿Cómo lo conseguirán?


Como en otros álbumes (véase Las desastrosas consecuencias de la caída de una gota de lluvia), Parlange desarrolla sus ideas utilizando la luz y el color de una manera muy elegante. Las figuras de cada doble página se rodean de colores uniformes que van mutando poco a poco conforme pasamos las páginas. Del naranja, pasamos al amarillo, de este a los tonos rosados y finalmente aparecen los morados. Una paleta de color que representa el paso del tiempo desde una perspectiva cromática muy interesante. También tenemos la sombra de la roca central que cambia de longitud y de posición en cada doble página. Un reloj de sol que va señalando las horas y que al mismo tiempo supone un juego visual de primera magnitud al que los personajes deberán enfrentarse a lo largo de la narración.


La cosa no se queda ahí, porque ¿acaso no se han dado cuenta de que este es un cuento acumulativo en toda regla? Sí, de esos que tanto gustan a los críos, pero a base de imágenes. Si se atreven a inventar un nuevo texto, sería la mar de interesante… De esos repetitivos, incluso con rima. ¡Hale! ¡Ya tienen una idea para darle brío a la lectura!
Por último, hay que hablar del triunfo de lo imposible, no solo por los ejercicios de contorsionismo que realizan los personajes en cada doble página para no quedar a la intemperie bajo el sol abrasador, sino por esa idea cooperativa que une a los diferentes por el bien común. Las figuras parecen dar forma a un puzle orgánico en el que se pueden apreciar diferentes actitudes a lo largo de las páginas. Si al principio, el espacio entre los personajes deja entrever reticencias entre ellos (la niña y la serpiente, el zorro y la liebre), cuando todo termina podemos observar como todos se articulan e interaccionan en completa armonía (¿Quién termina con la brizna de hierba en la boca? ¿A quiénes abraza la serpiente?). Hermoso mensaje.


Para terminar, no me quiero ir sin apuntar al formato y la encuadernación. Horizontal y con hilo visto, permite crear escenas completamente apaisadas (la ausencia de lomo ayuda a la completa apertura de la doble página) en las que la acción queda bien distribuida y las escenas adquieren un carácter más cinematográfico. Por cierto, la imagen en diagonal de la portada es una maravilla que invita a abrirlo sin dilación. Háganle caso.