miércoles, 28 de febrero de 2024

16 años de blog y una selección de álbumes sobre cumpleaños


Tal día como hoy hace dieciséis años, este blog empezó su andadura en la red. Parece que fue ayer cuando empecé a hablar de libros infantiles. Aun así, la cosa tiene truco… Si buscan en el historial, verán que el primer post se publicó el 22 de febrero del 2008. En realidad ese sería el no-cumpleaños de este espacio, pues si me siguen desde el principio, sabrán que en realidad esta bitácora comenzó un año antes, en 2007, concretamente el 28 de febrero, aunque alojada en otra dirección. Como tuve que migrar muchas de aquellas reseñas a este otro lugar durante el 2008 y el 2009 (casi 200 ese año), decidí hacer una mezcla de fechas y festejar el nacimiento de esta casa de monstruos el 28 de febrero del 2008, una fecha muy redonda.
Como todos los años les doy las gracias por seguir bicheando esta casa llena de monstruos literarios en la que todo está permitido, excepto no hablar de los libros para niños y jóvenes. A los seguidores que fueron, a los que siguen siendo y a los que serán. Si bien es cierto que no estamos en uno de los momentos más boyantes de la llamada LIJ, ni mucho menos de los blogs, yo siempre quiero pensar que algo estoy haciendo bien cuando mucha gente de este mundo, se sigue pasando por aquí de vez en cuando.


Probablemente un día, me dé una ventolera, lo cierre de golpe y porrazo, y me busque una nueva afición. Quizá cuando cumpla dieciocho años, alcance la mayoría de edad y pueda volar del nido. Pero hasta entonces, aquí me tienen dándoles la murga con muchos libros y pensamientos muy dispares.
Si otros años lo he celebrado con entrevistas a mis seguidores, tipos de lectores, consejos LIJeros, exposiciones ilustradas o autores fracasados, hoy le llega el turno a un buen puñado de libros sobre cumpleaños, una temática muy explotada, sobre todo en los álbumes comerciales y las series, pero en la que también encontramos muy buenas historias.


Desde Kate Greenaway hasta Maurice Sendak, son infinidad los autores que han hilvanado sus historias tomando como punto de partida una fiesta de este tipo. Inesperadas, disfrutonas, bochornosas o disparatadas. Cualquier es posible en el universo de la ficción. A bote pronto se me ocurren estas, pero seguro que voy añadiendo otras muchas que les pueden servir, no solo para regalar a sus seres queridos, sino para hablar de muchas otras cosas en las que familia, amigos y nosotros mismos tenemos mucho que decir.
Como siempre, añado tres estrellas a aquellas que me vuelven loco y les dejo que me apunten las que crean convenientes en los comentarios. No sin antes despedirme y mandarles un cálido abrazo por todos estos años leyendo juntos.



Nora Brech. ¿Quién quiere celebrar mi cumpleaños? Nórdica. 



Eric Carle. El mensaje secreto de cumpleaños. Kókinos. (***)



Michel Escoffier y Matthieu Maudet. Feliz cumpleaños, Caramelo. SM.



Astrid Lindgren e Ingrid Vang Nyman. Pippi celebra su cumpleaños. Kókinos.



Violeta Denou. Teo y su cumpleaños. Timun Mas.



Benjamin Chaud. El peor cumpleaños de mi vida. Kókinos. (***)



Helen Oxenbury. La fiesta de cumpleaños. Juventud. (***)



Susanna Isern y Adolfo Serra. No me invitaron al cumpleaños. NubeOcho.



Rachel Piercey y Freya Hartas. El Gran Roble Viejo y la fiesta de cumpleaños. Lectio.



Anaïs Vaugelade. El cumpleaños del señor Guillermo. Corimbo. (***)



Nono Granero. Calzas, Pecas, Brinco y Chas. Cumpleaños. A fin de cuentos. 



Agnès Laroche y Stéphanie Augusseau. ¡Feliz cumpleaños! Tramuntana.



Colas Gutman y Marc Boutavant. Perro Apestoso ¡Feliz cumpleaños! Blackie Books.



Jung-Hee Spetter y Anke de Vries. ¡Feliz cumpleaños, Vivi! Fondo de Cultura Económica.



Albertine. Serafina. El cumpleaños. Libros del Zorro Rojo. (***)



Doris Meissne-Johannknecht y Melanie Kemmler. Un cumpleaños. Lóguez. (***)



Maurice Sendak. Chancho-Pancho. Kalandraka. (***)



Anthony Browne. ¿Qué tal si...? Fondo de Cultura Económica.



Beatrice Alemagna. El fabuloso desastre de Harold Snipperpot. HarperKids. (***)



Rafa Ordóñez y Rafa Antón. El cumpleaños de la mosca (y sus 3917 invitadas). La guarida.

lunes, 26 de febrero de 2024

Nuevos apuntes sobre la censura en la Literatura Infantil y Juvenil


El pasado sábado participé en la jornada profesional que la Asociación LASAL (Salamanca Animación a la Lectura) organiza cada año para que diferentes facciones del sector se encuentren en torno a un aspecto de la llamada LIJ y puedan intercambiar ideas y opiniones que enriquezcan el debate en este universo de los libros para críos y no tan críos.
En esta ocasión nos reuníamos bajo el título ¡Eso no se dice! La censura, los silencios y lo disimulado en la Literatura Infantil y Juvenil, un tema con bastante chicha que nos dio para hablar largo y tendido durante unas cuantas horas. El partido se dividió en cuatro tiempos. Empezó Santiago Rico Alba con su charla inaugural ¿Dónde viven los niños? El segundo estuvo dedicado a la edición y creación gracias a una mesa redonda moderada por Francisca Noguerol y en la que intervinieron Ellen Duthie, Patric San Pedro y Nando López. El tercer bloque se centró en la censura desde el mundo de la mediación y la crítica gracias a Ana Garralón, Freddy Gonçalves y un servidor, que fuimos coordinados por Sònia Oliveira. Y el cuarto y último se desarrolló en tres talleres vespertinos impartidos por algunos de los ponentes anteriores.
Como este espacio, además de aglutinar reseñas y selecciones, hace de cuaderno de notas, recogeré aquí algunas de las ideas que más me llamaron la atención de nuestra mesa redonda-coloquio. Con esto quiero decir que no voy a transcribir palabra por palabra lo que allí se dijo, sino que intentaré hacer un resumen muy personal, incorporando cuestiones e impresiones que se pueden añadir a estos apuntes sobre la censura publicados hace años. ¡Allá voy!


Tras presentarnos, Sònia disparó la primera cuestión. ¿Es lo mismo mediar y censurar? Ana Garralón dio un no rotundo. No pueden serlo porque la labor del mediador se centra en seleccionar y ofrecer alternativas de lectura. Nada que ver con apartar una obra a ojos de los lectores por diferentes motivos. Freddy Gonçalvez y yo respondimos con ciertas reservas, pues cuando uno pone su mirada en unas obras y la retira de otras, le resta visibilidad a las segundas. Además, yo añadí la autocensura del lector desde su propia voz, mencionando El verano que mi madre tuvo los ojos verdes, un ejemplo de lectura audaz y controvertida que despierta diferentes puntos de vista en su encuentro con los lectores.


Sònia continuó: ¿Hay censura en la LIJ actualmente? Si atendemos exclusivamente al contenido de las obras, Ana Garralón lo dudaba seriamente. Según ella, hoy por hoy, cualquiera puede publicar lo que le dé la gana, hay muchas editoriales, la oferta es muy variada y los lectores son muy diversos. Cualquier obra puede tener su recepción en mayor o menor medida a pesar de que los grupos de poder políticos y religiosos compliquen ese alcance entre el público potencial.
También apuntamos a las formas, concretamente a la censura que supone la corrección política. Personajes planos, argumentos lineales y ausencia estética son el resultado de muchas de esas creaciones que rezuman compromiso. Ese mundo feliz que nos han traído los ismos y las cuotas de visibilidad, castiga a lo literario en su parte más hermosa y humana. Los “libros intensitos”, los “libros por” y los “libros para” proliferan como setas, copan las listas de ventas y no dejan resquicio para que aflore la verdadera belleza. Una visión de la literatura más comercial que Freddy Gonçalvez invitaba a combatir desde la lectura analítica y compartida. Para deslavazar obras que tienen más que ver con la autoayuda, la pedagogía y el exorcismo de los traumas personales, necesitamos un ejercicio crítico en el que la comparativa desmonte las facetas menos artísticas del mercado editorial.
Por otro lado y enlazando con lo anterior, el mercado también se hace eco de esos temas controvertidos o inapropiados para ensalzar el valor (pseudo)literario de algunas producciones. Una exaltación de la censura que sirve como reclamo de ventas entre ese público infantojuvenil que busca en la subversión y el libertinaje un modo de contrarrestar las convenciones del mundo adulto. ¿Censura o campañas de publicidad inmejorables?


La última pregunta que recuerdo de Sònia fue ¿Existe censura en la mediación? Contó con muchos puntos de vista, gracias en gran medida a las aportaciones de los asistentes. Veamos...
Hablamos de la censura intrínseca que favorece la propia industria y una elevada producción (unos 7000 títulos según las estadísticas que manejaba Ana Garralón). Familias, docentes, bibliotecarios y otros mediadores dirigen su foco a aquellas obras con mayor repercusión en el mercado, bien por desconocimiento del resto, bien por diferentes estrategias publicitarias, al tiempo que olvidan otras que bien merecen ser leídas. Es imposible estar al día y el propio sector silencia libros que pasan inadvertidos a pesar de su gran calidad literaria.
Esta realidad se enlazó con la censura en la biblioteca. Aunque las estadísticas nos digan que los libros más demandados por los usuarios pertenecen al circuito más comercial, la biblioteca, como institución pública que está al servicio de todos los ciudadanos, tiene que romper una lanza por la mediación plural diseminando otro tipo de producciones literarias para que esa inercia social no se traduzca en censura cultural.


Se apuntó también a la obligatoriedad de la lectura en las aulas (para algunos, la imposición es censura) y la necesidad de diversificar lecturas donde el canon y otras formas literarias, como la novela gráfica o el libro-álbum, coexistan para ofrecer un selección equilibrada en opciones, intereses y finalidades.
Al hilo de esto, se añadió la necesidad que crear itinerarios lectores para ensalzar la mirada literaria sin prejuicios hacia obras de diferente naturaleza, una práctica que ejemplificó Santiago Rico en la parte de su ponencia que relacionó El cerdito amable de Beatrix Potter con La metamorfosis de Kafka o los clásicos griegos.
También se señaló a esa censura que supone la sobreprotección hacia la infancia (No quiero un libro que hable de cosas ajenas a la vida de mí nieta o que la pueda incomodar) y la necesidad de romper con esas preconcepciones buenistas de la mediación lectora.
Y para terminar, señalamos una paradoja: es bastante curioso que al libro se le pongan limitaciones de contenido, cuando la mayor parte de los niños y jóvenes tienen acceso a todo tipo de información a través de internet y las redes sociales. La sociedad es permisiva con el uso de los dispositivos electrónicos, pero sin embargo, no le pasa una al libro, ese objeto de deseo que, venerado por lectores y no lectores, se supone que contiene la verdad absoluta e inmutable aunque se encuentre en pleno proceso de devaluación cultural. Incomprensible.


Y con estoy y unas empanadillas riquísimas, me despedí de Salamanca hasta nuevo aviso. 
Mil gracias a los organizadores por pensar en mí, a los compañeros por sus contribuciones tan inspiradoras y a los asistentes por el interés y cariño en esta jornada tan agradable como nutritiva.

viernes, 23 de febrero de 2024

El juego de la vida


TODOS: ¡Roar, roar!

LUCAS: ¿Quién es aquel monstruo fiero
                que nació de padre y madre,
                le parió una madre sola
                y de muchas madres nace?
SOLE: Aquí es hombre, allí mujer,
            aquí niña, allí gigante,
            aquí habla, allí está mudo,
            aquí sucio, allí elegante.

GRACIA: Ya se rompe en mil pedazos,
                  ya está entero en un instante,
                  ya está vivo, ya está muerto,
                  ya es de piedra, ya es de carne.

LUCAS: Es más pesado que el plomo
                y más ligero que el aire.

PEDRO: Sin alas sube a los cielos.

GRACIA: Y de allí al momento cae.

PEDRO: Es un montón de mentiras,

GRACIA: Sus mentiras son verdades.

PEDRO: Observa cuantos engaños
                en esta persona caben.

GRACIA: O lo ahorcan por ladrón,
                  o lo eligen como alcalde,
                  o lo quieren por señor
                  y llega a ser importante.

SOLE: Aquí está en España ahora
            y al momento viaja a Marte,
            está en la India o en Roma,
            en la China o en Levante.

LUCAS: ¿Quién sabe la adivinanza?

PEDRO: Pues que sepa el que no la sabe…

GRACIA: … que la respuesta es sencilla.

SOLE: En este escenario cabe.


Jorge Padín.
Versión de Loa del comediante de Lope de Vega.
En: La vida es juego. Fiesta de entremeses del Siglo de Oro.
Ilustraciones de Borja Ramos.
2023. Pontevedra: Kalandraka.



jueves, 22 de febrero de 2024

El reino de la quincalla



Ya no se lleva eso de visitar chatarrerías y desguaces. Recuerdo cuando yo tenía mi forito (diminutivo del Ford Fiesta, todo un clásico) y se me rompía un faro o el guardabarros. Iba al desguace, preguntaba por el modelo y en un santiamén tenía la pieza de repuesto.
Ahora dile tú a cualquier niñato que acuda a uno de estos lugares, que te suelta con la palanca de cambios en los morros. Que para eso tiene de esclavos a sus padres. Y si ellos no atienden a sus llantos d desvalido, siempre queda el servicio oficial, que además de costarte el triple, es más fiable.


¡Con lo que me gusta a mí una chatarrería bien llena de quincalla! La peña no sabe lo que se pierde. Montones de tesoros escondidos entre la basura, entre la chatarra. Será que tengo el síndrome de Diógenes y valoro todo tipo de escoria. Así pasa, que almaceno todo tipo de objetos y me las veo negras para encontrar algo.


Lo único que deben tener en consideración es que no les engañen con el precio, pues además de ser objetos en desuso, intentan tangarte lo que no está escrito. Que una cosa son las joyas y otra, los herrajes. Y así llegamos a ¿Puedes encontrar el brazo de mi robot?, un álbum de Chihiro Takeuchi que acaba de publicar Océano Travesía.


Una mañana, un robot se despierta y descubre que le falta un brazo. Él y su mejor amigo buscan dentro y fuera de la casa, en un jardín, en una feria, en un acuario, en una biblioteca e incluso en una tienda de caramelos, pero no lo encuentran. Intenta sustituirlo por una piruleta, una raspa, un tenedor, pero nada le sirve al robot. ¿Conseguirán dar con ella?


Su autora, a base de imágenes monocromas y elaboradas a base de cartulina negra y una cuchilla, nos interna en escenarios sugerentes y cargados de detalles. Nos invita con humor a explorar un universo muy particular que me ha recordado al Excentric Cinemá de Coron y a esos juegos de recortes infantiles que tanto gustaron a H. C. Andersen. Una colección de maravillas que no se pueden perder. Y si encuentran el brazo, mejor. 

miércoles, 21 de febrero de 2024

Juegos memorísticos


El currículo de 3º de la ESO se presta a hablar de muchas cosas con los alumnos y realizar montones de actividades curiosas. Con el grupo que tengo este año he decidido desarrollar algunas actividades referidas a la memoria, un tema con el que suelen entusiasmarse. No es para menos, pues la mente es poderosa y nunca deja de sorprendernos, más que nada porque todavía sigue siendo la gran desconocida. Veamos unas cuantas cosas sobre ella…
¿Sabían que muchos recuerdos no se olvidan, sino que permanecen ocultos en esa maraña que forman nuestras neuronas? Existen formas para recuperarlos. Ejercicios, juegos e, incluso, un choque de realidad para que afloren de ese cajón recóndito.


También hay que hablar de la mala memoria. Es inevitable y hay cuestiones o cosas que, por mucho que nos empeñemos, acabamos olvidando. Del mismo modo, nuestro cerebro también modifica los recuerdos conforme pasa el tiempo, ya que solo conservamos lo más relevante. Hace asociaciones de ideas, puede añadir detalles de cosecha propia o modificar ligeramente el orden de los acontecimientos. ¡Menos mal que tenemos agendas, móviles y otros chivatos!
La memoria y las emociones están íntimamente conectadas. Es por ello que recordamos más fácilmente aquello que nos emociona. Así, detalles curiosos que nos estimulan o momentos hermosos de nuestra vida son inolvidables. Del mismo modo, cuando recordamos un momento triste, la mirada se queda sombría, y cuando nos centramos en uno alegre, nuestra cara se ilumina. Esta relación es evidente teniendo en cuenta que unos y otras se hallan en el sistema nervioso.


Otra cuestión que me parece maravillosa es la de que muchos de los recuerdos que conservamos de la infancia no son tales. Es decir, no los hemos experimentado, sino que han sido construidos de manera artificial gracias a los relatos que nuestros hermanos, padres o abuelos nos han ido contando o las fotografías que conservamos de aquellos años. El cerebro mezcla unos y otros a su antojo y ¡voilá! He aquí esos momentos.


Y hablando de recuerdos aquí les traigo Las primaveras de Adrien Parlange, que no contento con dejarnos una joya que reseñé hace días, nos regala este libro tan especial gracias a Fulgencio Pimentel, esa editorial que hace las cosas tan bien.
Todo empieza con un niño recién nacido tendido sobre la arena de la playa. Sus primeros pasos. Una amistad insoldable, el primer amor, los años de estudiante, una boda, un hijo, paseos por el campo… Emotiva pero nada extraordinaria, la historia de una vida como la tuya y la mía a lo largo de 85 años


No obstante, el autor prescinde de los malos momentos, de lo fallido, para centrarse en los más agradables. El amor, la amistad, los nacimientos, las sensaciones intensas, las sorpresas y sobresaltos, en definitiva, los ecos de la felicidad. Una que, casualmente, suceden durante las primaveras, esa estación que da nombre al libro, un periodo del año que se relaciona con el bullir de la vida.
En sus 78 páginas, Parlange, además de hacer un ejercicio memorístico gracias a las ventanas físicas que toman forma dentro del objeto libro y da buena cuenta de los momentos que reaparecen, se quedan o se esfuman, instantes que se superponen desde roles diferentes (hijo, padre o abuelo). El francés se acerca a ese hilo invisible que construye la vida gracias al paso de unas páginas troqueladas que van saltando de año en año.


Por citar otros recursos y técnicas narrativas, llamo la atención sobre la paleta de color de las ilustraciones que se columpia por amarillos, magentas, violetas, malvas y verdes. También serpientes y luciones, fresas que vienen y van, el protagonista como espectador o paisajes mutantes. Nadie puede decir que este universo no pertenezca a Parlange.

martes, 20 de febrero de 2024

Una tanda de humor


Ya terminaron los carnavales, esa fiesta a todo color en la que, inevitablemente, campa el humor. Yo los disfruté en Cádiz, cuna de la gracia y el salero, pese a quien pese. Muchos años sin escuchar en directo cuplés y chirigotas. Una juerga tan especial, como popular. Como las de antes, en los que el disfraz te lo hacías con cualquier hato viejo o prestado, y la gente salía a la calle a dejarse llevar.
Si bien es cierto que yo soy más de las ilegales, pues se permiten otras licencias, en esta visita he denotado como el lado más canalla se diluye en esa corrección política que tanto me hastía. Parece que a los ofendiditos les jode cualquier comentario y las agrupaciones carnavaleras viven acojonadas.


La sátira, la burla y la ironía están perdiéndose ante esa corte de sacerdotes que, como las franquicias, llena todas las ciudades. Claman libertad cuando solo buscan homogeneizarnos e higienizarnos en pro de una religión inerte y estúpida. Todo se parece a la leche de soja, tan falsa, como insípida.
El humor denota inteligencia, sobre todo en carnaval, esa ínsula Barataria donde gobierna la crítica social y el clamor popular, un momento necesario para desfogar, decir todo lo que nos plazca y aplaudir a rabiar en ese sentir plural. Pues lo colectivo, que tanto bueno tiene, también capa al individuo, esa censura velada que va minando lo libertino.


Así que, déjense de gaitas y permítannos vivir a nuestras anchas. Que como el pan está por las nubes, al menos tenemos circo. Algo que también agradecemos los que gustamos de los libros para críos. Y sin más dilación, he aquí una dosis de humor escrito.


Empiezo con Libro Libresco, un álbum de Juan Arjona y Enrique Quevedo editado por A buen paso. En él, un león vive solo en mitad del desierto llevando una vida de lo más insulsa. Se levanta, se peina, contempla el paisaje y se echa a dormir. ¿Quieres cambiar su rutina? Pues sigue leyendo porque gracias a un paquete que le llega por vía aérea todo va a cambiar.


Un libro donde lo absurdo se abre camino gracias a los juegos de palabras con la adjetivación y la redundancia como el recurso indispensable. Si a ello sumamos las siempre coloridas y vistosas ilustraciones del mago Quevedo, la cosa está que arde. Composiciones estudiadas, detalles juguetones y una caracterización de los personajes que invita a la carcajada desde el extrañamiento, son la compañía perfecta a un texto tan surrealista, como disparatado.


Seguimos con Punta y Tunta y su viaje a lo más alto de la cadena alimentaria, un libro de Klára Pavlovcová editado a finales de año por Iglú. Sus protagonistas son una pareja de patos que habiendo descubierto que no están en lo alto de la pirámide alimentaria y que pueden acabar en las fauces de algun depredador, léase, perro, tiburón o ser humano, se afanan por poner a todos ellos en su sitio y coronar lo más alto de la cadena.



Surrealista como él solo, este libro de la autora checa, llega al panorama editorial para invitarnos a disfrutar con unos protagonistas que bien pueden recordar a otros tándems feroces de la llamada LIJ. Con mucho mal genio y esa gracia tan torpe que ostentan los patos (aunque sean indios), seguro que se lo pasan en grande leyendo y contemplando unas ilustraciones en las que las texturas y la perspectiva tienen mucho que decir.


Continuamos con ¡Sigan a esa rana! Escrito por Philip C. Stead, ilustrado por Matthew Cordel y publicado en nuestro país por Océano Travesía, es la secuela de Entrega Especial, otro libro disparatado que pueden conocer en mi selección de libros sobre cartas y carteros.


En esta ocasión, la tía Josefina le cuenta a Sandi cómo se vio envuelta en una persecución por culpa de una enorme rana que engulló al hijo de un almirante mientras andaba de expedición en Perú. Así empieza una historia trepidante y alocada por salvar al chaval y catalogar al tremendo batracio. 


Disparate tras disparate, los autores nos envuelven en una historia que, además de mucho desenfado, ensalza la figura femenina en el universo de la ciencia y aboga por la ternura intergeneracional a base de humor. Una combinación estupenda que unida a elementos narrativos excelentes (¿Ven esas guardas? ¿Esa portadilla peritextual? ¿Los giros narrativos?) permite al lector zambullirse en ella y dar rienda suelta a la imaginación. El que crea que este mundo no está enriquecido con los ingredientes más especiales, que se le seque la hierbabuena.


Nos detenemos también en El arenque volador, un libro con mucha guasa de Germán S. Miller y Carla Novillo, que ha editado la casa madrileña Pastel de luna. El protagonista se dispone a lavarse las manos antes de comer y, sin saber cómo, un barco asoma del grifo y atraca en el salón de la abuela. El Capitán Pescado se ha equivocado de rumbo. Las ideas del contramaestre Quisquilla, el cocinero Rosmarús y Concha, la jefa de máquinas para encauzarlo debidamente son una birria. La única que merece la pena es la del protagonista. ¿Conseguirán llegar al puerto?


Una situación impensable, un poquito de tensión narrativa (la abuela, la abuela, siempre la abuela… las manos, las manos, siempre las manos) e ideas en las que no habita la razón, son los ingredientes de una historia que arrasa entre los chavales. ¡Se me olvidaba! Las ilustraciones le vienen al pelo: mucho croquis, juegos de perspectiva, personajes bien caracterizados y una técnica mixta donde el collage se desborda, son su santo y seña.


El penúltimo libro de esta pequeña tanda es El gato montés, una historia en formato álbum de Margarita del Mazo, ilustrada por Daniel Montero Galán y publicada por la editorial gallega Triqueta. Si les gustan las historias escatológicas, no se lo pueden perder.


Nadie quiere cruzar el Bosque Oscuro. Además de ser un lugar tenebroso y sombrío, esta habitado por el feroz gato montés. Pero un día, la madre de Paca, Pedro y Paco (parece que este libro ha sido escrito para mi familia materna) se pone muy enferma y alguien tiene que ir en busca del médico. ¿Lograrán cruzar el bosque? ¿Se encontrarán con el temible felino?


Tomando prestado un personaje de la tradición oral, la escritora y narradora da una vuelta de tuerca a una historia que muchos padres y abuelos conocer para crear una historia a caballo entre el miedo y el humor. Aderezada con las mil tonalidades del crepúsculo que Montero Galán ha elegido para sus ilustraciones cercanas y llenas de dinamismo y perspectiva cinematográfica, seguro que os encanta. Os lo digo yo.


Para terminar, un mensaje para todos esos amargados que no dejan ser felices a los demás. Con texto de Payan Ebrahimi, ilustraciones de Reza Dalvand y edición española a cargo de La Maleta, tenemos Campeón.


Lucca ha nacido en una familia de campeones. Todos sus antepasados han destacado en alguna disciplina deportiva, pero algo pasa con él. Nunca ha sido bueno en ningún deporte, no tiene el ceño fruncido ni ese lunar en la parte superior del labio. Por más que lo intenta no consigue parecerse a todas esas personas que llenan la pared de su casa. Pero tras darle muchas vueltas, da con la forma...


Con un giro inesperado, los autores iranís construyen una fábula ideal para muchos lectores que quieren romper con las tradiciones familiares o darle una lección a los siesos de turno. Ilustraciones muy bien llevadas donde el tamaño relativo de las figuras y los omnipresentes y siempre vigilantes retratos se figuran recursos narrativos muy efectivos.
Y hasta aquí esta colección de libros risueños que espero les haga disfrutar durante los días que se vienen.