El viernes se estrenó en los cines de toda España Wildwood: el bosque salvaje, la nueva película de Laika, un estudio de cine estadounidense especializado en la técnica de animación “stop-motion”. Tras adaptar a la gran pantalla libros como Coraline de Neil Gaiman (Los mundos de Coraline) o ¡Tierra de monstruos! de Alan Snow (Los Boxtrolls), le ha llegado el turno a Las crónicas de Wildwood, el primer volumen de la trilogía de Colin Meloy (texto) y Carson Ellis (ilustraciones), que fue editado por Alfaguara allá por 2012 y que acaba de recuperar Duomo Ediciones para aprovechar el tirón de la película (espero que se anime con la segunda y tercera parte).
La historia comienza cuando Prue McKeel, una chiquilla de doce años, se despista y una bandada de cuervos se lleva a Mac, su hermano pequeño, por los aires. Tras pedir ayuda a Curtis, un compañero de clase, la persecución los llevará hasta el Territorio Impenetrable, un lugar más allá del río Willamette, en la ciudad de Portland, donde se encontrarán con animales que hablan, conspiraciones de poder, batallas sangrientas y poderes sobrenaturales.
Es imposible resumirles las más de 568 páginas que configuran un relato muy intrincado, pero si me gustaría hacer una pequeña radiografía de los recursos narrativos, las ilustraciones y los puntos discursivos que me han resultado más interesantes.
Aunque la novela parece tener una protagonista indiscutible, Prue, el autor utiliza el personaje de Curtis para desdoblar el itinerario narrativo. Cada uno toma un camino (algo semejante a lo que ocurre en El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien) y sufren experiencias diferentes. Mientras la figura de Prue realiza el llamado viaje del héroe, Curtis sufre una transformación más explosiva que se adentraría en los derroteros de la literatura iniciática. La primera va y viene de Wildwood al mundo real, se reconcilia con el pasado, con sus padres y crece, el segundo decide habitar un universo nuevo en el que, finalmente, se descubre a sí mismo y encuentra su lugar.
Del mismo modo, la novela adquiere una perspectiva coral donde caben multitud de lugares y personajes como Alexandra, una gobernadora viuda condenada al exilio que, completamente trastornada por los dramas personales, pretende destruir Wildwood con la ayuda de un ejército de coyotes, Brendan, un hombre noble y valiente que encabeza a los bandidos que mantienen a raya a las hordas de Alexandra, el Búho Rex, príncipe heredero del Principado Aviar que se ve encarcelado por culpa de tretas de poder, Iphigenia, la anciana mística y líder en el Bosque del Norte que tiene la habilidad de comunicarse con las plantas o Richard, el cartero que ayuda y guía a Prue.
Este libro tiene muchos elementos de la tradición (fíjense en los cuentos tradicionales, la novela fantástica o de aventuras), pero los incluye en una sociedad imaginaria que está organizada con jerarquía, burocracia y disputas de poder. Es decir, el bosque no es un territorio simbólico en el que los niños transiten a la madurez, sino que se configura políticamente. Esto puede parecer un punto fuerte para que el lector más avezado se haga preguntas sobre la autoridad, el odio a los diferentes o la legitimidad de las instituciones, pero también puede aburrir a otros lectores.
Aparte de los dilemas morales, las decisiones éticas y los conflictos humanos, hay que añadir el discurso ecologista que subyace en toda la historia, pues si Alexandra consigue llevar su plan a cabo, la hiedra despertará y acabará con todo lo que pillé. Es decir, salvar a Mac, también es salvar Wildwood.
Con un estilo muy descriptivo (a veces, demasiado), cierto tono épico, notas de humor e ironía, es una lectura accesible, aunque he de decir que yo hubiera prescindido de ciertos pasajes y ese tono tan solemne para imprimir un ritmo más fluido y desenfadado.
Sobre las ilustraciones de Carson Ellis, esposa de Colin Meloy (todo queda en familia…), decir que acompañan al texto y contribuyen a la caracterización de los personajes y la ubicación espacial con ese estilo a caballo entre lo vintage, el folk y el indie que tanto reconocimiento tuvo durante los primeros años dos mil.
La artista realizó dos tipos de ilustraciones, unas en tinta negra que se van intercalando a modo de escenas, miniaturas u ornamentos, y otras a color que ocupan toda la página. Todas cooperan entre y enfatizan el significado de la obra. Igualmente, se agradecen los mapas que nos ubican a lo largo del viaje, así como todas esas referencias del Portland real que introduce en las imágenes y que nos sitúa en esa frontera de credibilidad e incredulidad que tanto nos seduce a los monstruos.
No sé si la adaptación al cine de animación será fiel a la historia, pero da buena cuenta de las sinergias que este tipo de películas tienen con la LIJ (no se olviden de visitar ESTE POST donde trato con profusión el tema). No obstante, yo siempre les animo a leer antes de ver, que este libro de fantasía tiene su aquel.















.jpeg)
.jpeg)

















.jpg)















