viernes, 15 de octubre de 2021

"El juego del calamar" o la desinfantilización de la infancia


Vuelve la polémica con El juego del calamar, la serie coreana de moda que ve hasta el Tato, niños incluidos, los mismos que representan sus escenas violentas mientras se comen el bocata en el patio del colegio. Y venga, todos echándose las manos a la cabeza. Que si las criaturas están a pique de enrolarse en la legión, que si algunos padres merecen ser quemados en la hoguera, que si la vuelta de los rombos es inminente, y bla, bla, bla.
Tanta escandalera y yo aquí, adherido al debate para constatar que nadie suelta el móvil mientras cena con sus hijos, pero todos se indignan con la sola idea de que los críos se entretengan con una de ficción violenta. Menos mal que tener dos ojos me tranquiliza bastante. Y si subtitulo las imágenes con el “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” (consigna favorita de los adultos ejemplares) se me esboza hasta la sonrisa.


Armin Greder

Dejando a un lado la ironía, creo que el punto de partida no tiene la menor trascendencia: una fábula distópica llena de violencia junto a un problema de censura paternalista (lo de toda la vida). Sobre las distopías les recomiendo a otros especialistas (si es que me consideran dentro de esa categoría) y para reflexionar sobre la censura les recuerdo ESTE POST. 
Lo verdaderamente complejo del asunto viene cuando estos dos factores se mezclan con un tercero llamado la desinfantilización de la infancia, una cosa muy seria que se puede extrapolar a otras muchas facetas de la vida social y cultural, incluida la Literatura Infantil.


Shaun Tan

Como muchos sabrán, el concepto de infancia ha variado a lo largo de la Historia, sobre todo en lo que se refiere al aspecto social, algo a tener muy en cuenta en este debate sobre espectadores y calamares que hoy nos ocupa. Así definimos tres tipos de niño a lo largo de los siglos:
- El niño premoderno (por ejemplo el del medievo) compartía con el adulto actividades productivas, educativas, lúdicas y sociales. No se volcaban en él sentimientos diferentes a los de un adulto ni se le velaban aspectos importantes de lo cotidiano, como por ejemplo el sexo o la muerte (lean ESTE OTRO POST).
- El niño moderno, ese que nace a partir del siglo XVII, pasa a ser dependiente de un proceso de crianza, tanto maternal (algo que Ariés en 1962 define como “mignotage”), como escolar (la escuela, ese territorio educativo ad-hoc). También juega y se divierte mucho más, no participa del mundo laboral hasta estar crecidito, solo conoce una parte de la realidad, y se le presuponen sentimientos diferentes a los del adulto.
- El niño posmoderno se moldea por los cambios que acontecen durante los siglos XX y XXI. Más independiente y solitario, gestiona parcelas de su propia crianza, se enfrenta a sentimientos más complejos, ya no juega ni se divierte de la misma manera, sigue sin trabajar, se forma de manera perpetua y tiene "toda" la realidad a su alcance (N.B.: pueden echar un ojo a los trabajos de Postman o Nadorowski en la bibliografía).


Edward Gorey

Sí, amigos, la inocencia, la necesidad de cuidado o la fragilidad, ya no sostienen al niño. Los cambios en la institución familiar, la incorporación de la mujer al mundo laboral, la estructura tentacular de la escuela como medio de poder estatal y familiar, los avances tecnológicos, el libre acceso a la información, la omnipresencia de las redes sociales, o la disfuncionalidad en las relaciones humanas, han propiciado un nuevo escenario para el desarrollo de niños diferentes a los que conocíamos.
Fíjense. Somos tan buena gente y estamos tan preocupados por ellos, que queremos darles clases magistrales sobre identidad de género, ecologismo, consentimiento, racismo,  inteligencia emocional y hasta de indigenismo, pero eso sí ¡Nada de violencia, sexo, drogas o punk! (sobre todo si es explícito, que algunos no saben leer entre líneas). ¡Uy qué lío! ¡Benditas paradojas! Tanta moral, tanta doctrina, tanta corrección política, tanta hostia. Empieza bien la cosa….
Con todo esto quiero decir que el mundo infantil y el adulto se encuentran cada día más cercanos. Hipersexualización, consumismo, depresión, ansiedad… Las fronteras se diluyen inexorablemente porque el proteccionismo es cada vez más difícil. Los niños son individualistas, carecen de referentes tangibles, viven aislados real pero no potencialmente (¡tablets y ordenadores que no falten!), o se pasan el día en aulas matinales y clases extraescolares. El niño actual, el autónomo-autómata, necesita aferrarse instintivamente a su propia supervivencia en un tiempo y espacio cada vez más hostiles para esa idea dieciochesca que poco a poco se va esfumando.


Maurice Sendak

Con este panorama, ¿de qué quieren protegerlos? ¿De qué se extrañan? Lo raro es que no vean Funny Games, A Serbian Film, La gran bacanal o Nekromantik, una buena tanda de películas con las que muchos de ustedes se cagarían de miedo.
“Ay, Román, pero ayúdanos, ¿en qué quedamos? ¿Son niños los niños? ¿Queremos que lo sigan siendo? ¿Sí o no a este juego de moluscos?” Queridos, ustedes verán lo que hacen con sus hijos, que ya son mayorcitos. Yo les informo de la realidad por si la habían olvidado o simplemente tenían los ojos vendados. A mí, lo único que me aterra es saber que hay niños tan despiertos como para entender la citada serie... 

*Nota: La viñeta de portada es propiedad de @tutorporsorpresa (Jaume Font) y el resto de las ilustraciones pertenecen a reconocidas obras de la Literatura Infantil donde la violencia también habla.

Bibliografía

Ariés, Philippe. 1987. El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen. Madrid, Taurus.
Nadorowski, Mariano. 1994. Infancia y poder. La conformación de la pedagogía moderna. Buenos Aires: Aique.
Postman, Neil. 1988. La desaparición de la niñez. Barcelona: Círculo de Lectores.

Y para los que sepan inglés, una revisión crítica de todos estos temas con bibliografía actualizada:
Meynert, Mariam. 2013. Conceptualizations of childhood, pedagogy and educational research in the postmodern: A critical interpretation. Lund University.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Universalidad literaria


Alejado del mundanal ruido en ese reducto campestre donde mi familia descansa y engulle todo lo que pilla durante los fines de semana veraniegos, puedo tomar una distancia prudencial en lo que a la actualidad se refiere y reflexionar sobre esto, aquello o lo de más allá. Hoy le ha tocado a la llamada universalidad literaria.
Me gustan las personas y, aunque empiece a percatarme de que cada día que pasa, me resulten más homogéneas, siempre hay momentos de la vida en los que encuentro mucha inspiración en unos y otros, pues de algún modo, hay algo desconocido que todos compartimos y con lo que nos identificamos.


Si no me creen, les pongo un ejemplo de esta impepinable realidad: siempre me ha llamado la atención, que lectores o no, la mayor parte de los seres humanos que me rodean no permanecen impasibles ante un buen libro. Da igual su procedencia, su estrato social, su nivel cultural, su condición sexual o su edad. Todos ellos se ven reflejados en las palabras que recoge.


¿Y cómo es posible si esa historia puede desarrollarse en un contexto geográfico diferente al nuestro, haber sido escrita hace tres siglos, o ser pura ficción? Se debe a que el creador ha indagado en la naturaleza humana mientras producía su obra. Esa búsqueda de lo esencial y primigenio desde un análisis y actitud no fragmentaria de los sujetos, conlleva a construir una imagen fehaciente de nuestra condición. Es lo que posibilita que cualquier producción artística de cierta categoría no tenga fecha de caducidad y siga vigente a pesar del marco espacio-temporal en el que se desarrolle.


Quizá por eso la mayor fuente de inspiración de los escritores es lo diario, lo cotidiano. El mundo, un caldo con los más variados aromas y sabores, ese vivero en el que germinan tantas y buenas historias que siempre guardan una extraña conexión con unos y con otros por muy extrañas, impactantes, truculentas y exóticas que nos parezcan.


Así llego hasta Pequeñas historias, una colección de viñetas que Miguel Tanco ha ido realizando durante los últimos tiempos en su perfil de Instagram y que Gema Sirvent y la editorial Libre Albedrío han recogido en un único volumen, el primero, prometen, de una serie que tiene mucho de esa universalidad que hoy me ocupa.
No es para menos teniendo en cuenta que el autor español afincado en Italia nos hace llegar un conjunto de pequeñas vivencias y detalles de la vida cotidiana, en las que podemos ver el reflejo de cualquier niño e incluso de nosotros mismos. La infancia está llena de aventuras imaginadas, de paradojas divertidas, poéticas y descaradas; más de las que nos imaginamos.


Invitándoles a que buceen por las páginas de este libro (que yo hubiera hecho de un tamaño algo menor) y que esbocen unas cuantas sonrisas y alguna que otra carcajada, les dejo. Me voy al parque a recoger momentos con los que regar las ideas.

lunes, 11 de octubre de 2021

El regreso del disco de vinilo


El disco de vinilo ha vuelto con fuerza. A pesar de que en los años 90 el CD desterrara al vinilo de las tiendas generalistas y las plataformas digitales on-line se hicieran con el cotarro musical en el nuevo milenio, el vinilo ha sobrevivido en tiendas especializadas. Y aunque les parezca un negocio más testimonial y romántico que otra cosa, siguen vendiendo esos grandes discos de plástico negro con dos caras llenas de surcos diminutos que necesitan de una aguja y una cápsula fonocaptora que vaya descodificando las vibraciones. De hecho desde el año 2015, la venta de discos de vinilo en Reino Unido se dobló en solo un año y ha ido aumentando tanto en países como EE.UU o Japón que está a pique de alcanzar al CD. ¿Por qué? He aquí algunas consideraciones que pueden arrojar algo de luz.


En primer lugar hemos de tener en cuenta el factor nostálgico y sentimental, uno que se acrecenta cuando la gente empieza a cumplir años. Y si además tenemos en cuenta que quiénes hoy día tienen poder adquisitivo son cuarentones en adelante, el sentimentalismo orientado al consumo hace el resto.
La segunda se basa en el coleccionismo, pues no hay que olvidarse de que muchas casas discográficas producen formatos diferentes. El CD y el disco de vinilo no tienen la misma imagen en la portada (suele ser mejor la del vinilo por el tamaño), algunos incluyen libretos enormes, varios discos… El vinilo tiene otro rollito, un aire más vintage que llama más la atención.


También tenemos un sonido diferente. Analógico y con imperfecciones, en el que una simple mota de polvo o una pequeña ralentización en el giro pueden modificar la canción que estamos escuchando. Una razón por la que muchos dj’s siguen utilizando este soporte para hacer sus mezclas y muchos melómanos con tiempo lo prefieren.
Por último me atrevería a hablar del carácter juguetón del vinilo, un disco al que hay alque darle la vuelta (¡Lo que corríamos mi hermana y yo para ver quién era el primero!), al que hay que poner a la velocidad adecuada (no es lo mismo el de 33 rpm que el de 45 rpm) y al que frecuentemente hay que limpiar -junto con la aguja del tocadiscos. Rituales muy necesarios en el universo de lo fácil.


Y así llegamos al disco que acaban de sacar Ediciones Modernas El Embudo para engordar su colección ¿Te suena? durante este septiembre. Un sencillo en tapa blanda que incluye dos canciones ilustradas, en la cara A El manisero y en la B, Un elefante se balanceaba.
Es así como remasterizan El manisero, una composición del músico cubano Moisés Simons (cuya autoría sigue suscitando cierta polémica), y Un elefante se balanceaba, la coplilla que todo el mundo conoce y que forma parte del ideario infantil, para disfrute de todos esos niños que además de contar hasta doce, quieren pasarlo en grande.


Gracias a la historia que Elena Odriozola ha ideado para conectar ambos hits, la lectura se enriquece a base de aprendizaje (si no saben cómo teje una araña su tela, este es el libro), juegos de búsqueda y manipulación del objeto-libro (¿Quién dijo que no nos pudiéramos balancear sobre las palabras?). Todo ello aderezado de toques de humor -fíjense en las guardas- y técnicas digitales que recuerdan al grafismo de otros tiempos.
¡Ah! Y no se olviden de que la música corre de cuenta del lector, ¡que no todo lo iban a poner ellos!

viernes, 8 de octubre de 2021

De fauna marina


Con esta curiosidad científica que la naturaleza me ha dado, no puedo evitar acercarme a la playa y disfrutar de la fauna variopinta que allí acampa. Están los deportistas de orilla, esos que exhiben su destreza con las palas o el balón, y de paso se remojan los pinrreles o se dan un chapuzón. También los paseantes… playa pa’rriba, playa pa'bajo, no pierden ripio de lo que sucede debajo de las sombrillas o a pie de chiringuito mientras charlan y mueven un poco las carnes sobrantes. Guiris en modo cangrejo que no falten. Bien untados de aceites bronceadores o protectores solares siguen a la carrera del moreno perfecto y un cáncer de piel galopante. ¿Y qué me dicen de los chulazos bien tuneados? Cuerpos de gimnasio, tetas postizas, rayos UVA, extensiones capilares, bien de tatuajes… Da gusto verlos aunque no vayas a catarlos. No se nos deben olvidar los hamaqueros, los clanes playeros, las viejas amargadas, los buitres madrugadores y los niños porculeros.
Prometiéndoles un análisis más pormenorizado de todos ellos más adelante, les dejo en compañía de otros animales, esos que llenan las páginas de un libro tan marino, como simpático.

Envuelta en tules y gasas
va flotando la medusa
por los jardines del mar.
-¿Adónde vas con tus velos,
campanita de cristal?
-Yo voy a los lavaderos
que hay en la orilla del mar
para lavar mis cabellos
con el jabón de las olas
hicieron de espuma y sal.

* * *

El pez sierra no corta.
El pez perro no ladra.
El pez rata no roe
y el pez loro no habla.

El pez sol no calienta.
El pez gallo no canta.
El pez luna no alumbra
y el pez lija no raspa.

La del fondo del mar…
¡vaya fauna más rara!

Carlos Reviejo.
La medusa quiere lavar su cabello y ¡Vaya fauna!
En: Abezoo Océano. Un abecedario pasado por agua.
Ilustraciones de Javier Aramburu.
2021. Madrid: SM.

miércoles, 6 de octubre de 2021

De huellas ecológicas y pecadores


Nos decía la ONU este verano que nos estamos cargando el planeta. Se ve que algún gurú se acababa de leer el Gaia de Lovelock y tenía ganas de maltratarnos como meros pecadores. Yo me acordaba de aquel chiste que contaba mi abuela en el que un cura, en mitad del sermón, espetaba a sus feligreses “¡Por vosotros los martirizaron! ¡Por vosotros lo crucificaron!...” Hasta que uno saltó y le dijo “¿Y por ti, cacho cabrón, qué le hicieron?” Pues esto es lo mismo.
Nos quieren hacer creer que modificando nuestras costumbres, nuestros hábitos de vida, vamos a cambiar el mundo. Reciclaje, uso consciente de los recursos, ahorro de agua, energías renovables… Llevo toda mi vida oyendo las mismas cantinelas, muy objetivas por otro lado. Pero, ¿dónde quedan las responsabilidades gubernamentales, económicas e industriales?


Decía un reconocido catedrático que tuve como profesor, que estaba más que estudiado que el impacto de tenían estas decisiones individuales sobre los recursos naturales, no era tal, sobre todo porque el llamado ecologismo, como ismo que es, lo que había hecho era desdoblar necesidades de consumo y no generar ni desarrollar políticas en base a criterios ecológicos y científicos.
Hace meses me hablaba el Micky de los lastres judeocristianos en la sociedad moderna. Señalábamos el pecado y la penitencia, dos que ha heredado la sociedad occidental, no solo para seguir mangoneando a los creyentes, sino para venderles lo que haga falta. Dietas saludables, bolsas de plástico, energías limpias, turismo sostenible y, sobre todo, humo.


Por su puesto que cada uno de nosotros tiene su propia huella ecológica y sería deseable minimizarla. Pero esto no quiere decir que todos debamos profesar pleitesía a otra nueva religión que se fija poco en aquellos que sí pueden cambiar el rumbo del planeta. Dejen de apuntar a otros iguales como culpables de la crisis climática, la contaminación de los océanos o la deforestación, y piensen que, tanto la industria, como el sector energético hacen lo que quieren con nuestro entorno (impunemente, todo sea dicho) en connivencia con gobiernos que les ayudan a mantener sus privilegios y monopolios.
Es por ello que me alegra ver libros en el mercado editorial infantil que, como el de hoy, se dejan los golpes de pecho y los discursitos de autoayuda para presentar las problemáticas ambientales sin culpables, de un modo objetivo y evitando la imposición de discursos (¡Que ecologismo no es ecología! ¡Léanse a Margalef!).


El bosque de los hermanos, de Yukiko Noritake y editado por CocoBooks es uno de esos álbumes que se construye en base a dos historias paralelas, las de dos hermanos que, a su manera, dan forma a una playa que han heredado. Mientras uno aprovecha los árboles que ha talado para construir una cabaña, el otro arrasa con el bosque para levantar un chalet. Si el uno prefiere bañarse en la orilla, el otro lo hace en una piscina.


Y así, poco a poco, en cada doble página, vamos contemplando la transformación del mismo ecosistema desde un punto de vista diferente que no tiene por qué ser excluyente, algo de lo que se encarga un texto mínimo y poético donde podemos encontrarnos todos los lectores y del que podemos entresacar nuestras propias conclusiones y extrapolar los deseos más personales que, sin duda alguna, dejarán su huella en nuestro entorno. 
Yo ya decidí con cuál de las dos me quedo, ¿y usted?

lunes, 4 de octubre de 2021

Tempus fugit


Con el tiempo uno se vuelve más pausado, no solo porque pierde agilidad, sino porque es más consciente de la fragilidad de su cuerpo.
Con el tiempo nos hacemos menos preguntas. No tiene que ver con una mayor o menor curiosidad, sino con prestar atención a las que verdaderamente interesan. Pero sobre todo, con saber encontrar las respuestas de manera más fácil. ¿Quizá sea esa también la razón por la que, con el tiempo, nos sentimos más soberbios e ignorantes? Respondan ustedes si tienen tiempo, que a mí me basta con escribir esta reseña.


Con el tiempo somos más descarados. La vergüenza es un lastre que nos hace perder más que ganar y preferimos cultivar la naturalidad a complicarnos a base de impostura y mamoneos.
Con el tiempo la pereza nos acecha. En el trabajo, con la escoba, entre sartenes, por las discotecas, durante la lectura, e incluso con las personas... Llámenlo desidia, llámenlo agotamiento, el caso es que ahí está y cada uno la orienta en el aspecto que menos le aporta.
Quien diga que con el tiempo no se ha vuelto más terco, miente como un bellaco. No conozco a nadie que los años le hayan restado tozudez. Cabezotas y obstinados campan a sus anchas.


Con el tiempo la soledad acecha. Unas veces pesa y entristece, otras nos permite alzar el vuelo con una sonrisa. Supervivencia, egoísmo o llamadas de atención. El caso es que todos nacemos y morimos en nuestro propio pellejo.
Con el tiempo aprendemos a valorar el tiempo porque ya nos queda poco y hemos de aprovechar el que se presenta ante nosotros. Es curioso como la referencia de lo vivido acorta los minutos futuros. Todo es subjetivo, incluso el tiempo.


Y así, con el tiempo pasando y leyendo estos pensamientos que se han ido agolpando en mi sesera durante los meses de julio y agosto, aquí les traigo un álbum hermoso, el de Isabel Minhós Martins y Madalena Matoso que no podía llamarse de otra manera que Con el tiempo.
Editado en castellano por Fulgencio Pimentel e Hijos, que así se llama la colección para pequeños y jóvenes lectores de esta casa editorial, este libro reflexiona sobre el correr de los minutos, las horas, los días y los años. Centrados en fenómenos cotidianos y observables (ya saben que el tiempo no es el mismo para la formación de un supercontinente que para un simple mosquito) los lectores van descubriendo las transformaciones que suceden a su alrededor y toman conciencia de su evanescencia.


Con este texto directo y articulado gracias a unas ilustraciones sugerentes y coloristas, el tándem formado por estas portuguesas nos vuelve a regalar un libro delicioso que se balancea entre el álbum de ficción y el informativo para saborearlo detenidamente y encontrar mil y un detalles sobre el paso del tiempo (¿Se han fijado en ese caracol? ¿En la goma de borrar?), un concepto tan abstracto como cercano.
Y tras leer esta reseña, lo único que les pido en este principio de curso es que valoren el tiempo que invierto en mantener este espacio vivo de la misma manera que yo agradezco el tiempo que invierten en leerme.

viernes, 1 de octubre de 2021

Disfrutar de las palabras


Una de las conversaciones (y discusiones) favoritas del Camino se centraba en la capacidad que tiene la lengua de permanecer viva entre los hablantes, qué hace que esto suceda y si las lenguas que se han recuperado por intereses políticos serían capaces de permanecer vivas. Las opiniones eran de lo más variopintas. Todos acordábamos que preservar un acervo cultural estaba de puta madre, pero se abría cierto debate sobre las limitaciones comunicativas de las lenguas minoritarias, lo artificioso de las lenguas normativas -véase el euskera batúa-, sobre la necesidad de subvencionarlas e imponerlas para conservarlas, y sobre la poca trascendencia que ciertas lenguas que se mantenían en el uso privado habían tenido sobre el ámbito público a pesar de ser de obligado uso.
En estas yo me puse a mirar a un lado y otro de la senda para disfrutar de la vegetación norteña. Montones de helechos, brezos y labiadas. Cogí una muestra al azar y no sé quién me preguntó el nombre científico. Todos pusieron cara de tontos al oír el latinajo. Prueba evidente de que hasta las grandes lenguas se esfuman como la niebla.
No se lo piensen. Disfruten de todos los idiomas que puedan. En forma de palabras de amor, de discusiones interesantes, reuniones divertidas, refranes, trabalenguas, y montones de dichos populares como los que hoy nos amenizan en forma de versos más que elegantes.


Yo sé algo que tú no sabes.
tú no sabes que yo sé algo.
Algo que tú no sabes yo sé.

¿Ah, sí?

Un pajarito me lo contó.
Me lo contó un pajarito.
Un pajarito contómelo.

***

Babia,
ese lugar
del firmamento
al que solo se va
con el pensamiento.

Fran Nuño
Me lo ha dicho un pajarito y Estar en Babia.
En: Del dicho al verso. Divertimento poético con frases populares.
Ilustraciones de Jan Barceló.
2020. Barcelona: Yekibud Editores.



miércoles, 29 de septiembre de 2021

Suplantación de poderes


Ha sido un verano extraño. Tan pronto nuestros televisores nos animaban a salir cuando nos diera la real gana para gastar hasta el último euro en nuestras vacaciones, que nos instaban a quedarnos en casa por culpa de la llamada quinta ola, esa que nos iba a llevar a la ruina hospitalaria de nuevo, que nos sumiría en otra debacle por culpa de todos esos jóvenes, pecadores e inconscientes que se habían lanzado a las calles por la euforia estival.
Por un lado nos premiaban como ciudadanos ejemplares. “Disfrutad como héroes que sois, que para eso os habéis tirado un año y pico ahorrando”. Y por otro se dedicaban a jodernos con sus toques de queda y artimañas varias. “Iros a la playa, idiotas, levantad el turismo como ratas enjauladas”.


Nos han atiborrado de mascarillas, han puesto a la venta los test de antígenos más caros del continente y nos han vacunado como al ganado porcino. ¿Para qué? ¿Para tener un verano más limitante que el del año pasado? Y me sigo preguntando: ¿Hasta cuándo van a seguir utilizando la pandemia como herramienta de poder, como arma de propaganda, como parapeto para ocultar otros problemas igual de serios?
Ahora nos dicen que una triple dosis, que habrá más olas, que no nos relajemos ¿No sería mejor abrir el ocio nocturno que tener las calles a rebosar de botellones? ¿No sería mejor ir buscando medicamentos para combatir la enfermedad que atiborrarnos a vacunas? ¿No sería mejor dejar de ver la televisión?


Yo no sé cómo, a estas alturas de la película, no se le han hinchado lo suficiente las pelotas a algún juez como para llevar al trullo a más de un político. Por manipulador, por mentiroso, por cobarde (Este último rasgo, aunque útil y muy de moda, siempre me ha resultado asqueroso).
Ahora saltarán otros cobardes diciendo “Qué más da quiénes gobiernen si el resultado siempre es el mismo” “Prefiero lo malo conocido que lo bueno por conocer” “Al menos estos no…” Y yo, que soy partidario de los cambios, de la evolución, respondo que prefiero las alternancias de poder a un enquistamiento social de los males que trae consigo cada ideólogo. Que no quiero hacerle siempre el trabajo sucio a la misma facción.


Si piensan que digo tonterías, aquí tienen El rey cerdo, un álbum escrito por Koos Meinderts e ilustrado por Emilio Urberuaga (ediciones Ekaré), donde se habla, ente otras cosas, de lo fácil que es suplantar a un gobernante mediocre por otro gobernante que se volverá igual de mediocre que el primero y que probablemente será suplantado por otro.
Utilizando una parábola moderna protagonizada por un rey al que le encanta atiborrarse de gorrino y un cerdo que se plantea su insignificante existencia, se desarrollan una suerte de casualidades que con algo de sinsentido y humor nos dejan entrever una realidad que se ha repetido una y otra vez en multitud de lugares.


No se pierdan un texto en el que subyacen muchas preguntas y disfruten de unas ilustraciones coloristas y llenas de detalles que descubrirán los buenos observadores (Y para los malos, unas pistas… les invito a que se fijen en los cuadros del palacio y en el dosel de la cama, que descubran al personaje oculto en cada doble página y le hagan una caricia en la guarda trasera, y por último que disfruten del homenaje que un Urberuaga autorretratado le hace al gran ilustrador holandés Max Velthuijs).
Y tras la lectura sólo nos quedará preguntarnos aquello de: ¿A todo gorrino le llega su San Martín? Esperemos que sí. Y yo me alegraré.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Un alfabeto hermoso y una pregunta para darle al coco


Aparte de agendas escolares y todo tipo de material de oficina (creo que las papelerías son uno de esos vicios que comparten muchos docentes), los maestros empiezan a aprovisionarse de todo tipo de recursos para desarrollar en las programaciones didácticas del curso que empieza.
Fichas descargables, fotocopias, ideas antiguas con una vuelta de tuerca… Cualquier cosa es susceptible para desarrollar un contenido, un procedimiento o una actitud (o como los quiera llamar la ley de turno), algo que siempre se agradece teniendo en cuenta que detrás de cada propuesta siempre hay cierto trabajo que, por mínimo que sea, merece un respeto.


Cuando llega esta época y sobre este tema, siempre me asalta la misma pregunta: ¿Y dónde queda el libro literario como recurso educativo? 
A veces me respondo que donde tiene que estar, en las estanterías, que para eso las compró la administración de turno. 
Otras me digo “Román, que un libro es una cosa muy seria para transformarla en un recurso”. 
Las menos me acuerdo de los buenos maestros que conozco y, haciendo alarde de optimismo, siento que el libro está ahí, que habla cuando le toca por las voces de unos y otros, e incluso hay quien se lo lleva a su casa para leérselo a los que ya no van a la escuela.
Disfrutón, didáctico, silencioso… Lo importante es que el libro infantil esté y no pase a ser invisible, que muchas veces es lo que sucede en ese maremágnum pedagógico en el que se ha convertido la escuela.



Para que vayan tomando nota de títulos más que interesantes, no solo como recurso, sino como divertimento (que ya saben que es lo que más me gusta de un buen libro), les dejo Un árbol crece y nadie le pregunta por qué, un álbum de Eugénio Roda y Cecilia Afonso Esteves que publicó hace meses la editorial Yekibud.
Y es que este álbum nos acerca al universo de los abecedarios desde un prisma muy especial en el que grafismo y lirismo se dan la mano para despertar nuestro lado más juguetón y reflexivo, más obvio y poético.


Partiendo del llamado alfabeto del ser, los autores de esta delicada y potente creación nos proponen un buen puñado de definiciones que, acompañadas de otros tantos aforismos, nos sumergen en una cotidianidad repleta de belleza. 
Palabras como “memoria” “quién” o “indecisión” se van sucediendo en una suerte de juego interactivo en el que el libro propone y el lector dispone. 
Mención aparte para unas ilustraciones bien pensadas y ejecutadas donde el color azul y las aves son una constante que invitan a la calma, pero también al vuelo, sobre todo imaginativo.
Y así se aprende pero también se desaprende, porque no todo en la vida se mira desde el mismo ángulo, ni mucho menos con los mismos ojos.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Selección de libros informativos 2020-2021 (II)


Debido a las diatribas que me acosaron durante el fin de curso pasado, me fue imposible publicar la segunda parte de la selección de álbumes informativos del 2020-2021. Es por ello que aprovechando el inicio de este nuevo curso y coincidiendo con la última semana de esta septembrina Feria del Libro de Madrid, he creído apropiado sacarla a la luz para que vayan a gastarse los cuartos en libros que alimenten su curiosidad dentro de diferentes campos de conocimiento. 
Como siempre les invito a que cotejen la primera tanda y las de cursos pasados (2019-2020 -1ª parte y 2ª parte- y 2018-2019 -1ª parte y 2ª parte) que también tienen en la pestaña "Selecciones de libros". 
También les vuelvo a recordar una vez más el esquema de presentación: citar los libros agrupados por áreas de conocimiento, incluir referencia bibliográfica junto a una pequeña reseña en defensa de cada título, y si además el libro me ha encantado por diferentes razones (ilustraciones, formato, cercanía al lector, temática novedosa, rigor científico...), le propino tres estrellas, algo que esta vez no he tenido muy claro.
Sin más presentación, les dejo con este listado que puede ser de utilidad a todos aquellos lectores que prefieran una dosis de realidad a las ficciones narrativas y poéticas que acostumbramos a recomendar en las bitácoras sobre lectura y libros infantiles.
¡Disfrútenla como mejor les parezca! ¡Que leer y regalar libros hace mucho bien!




Teresa Blanch, Anna Gasol y Giselfust. Las profesiones olvidadas. Astronave. (***) Empiezo esta relación de libros informativos con un título sobre profesiones extintas (una temática así, es merecedora de atención). Cigarreras, serenos, escribientes, ascensoristas… Son muchas los trabajos que el llamado progreso ha borrado del mapa y que merece la pena conocer gracias a este libro a todo color apto para mentes curiosas, amantes del pasado y todo tipo de nostálgicos.




Soledad Romero Mariño y Montse Galbany. Benditos errores. Mosquito Books. (***) Por si no lo sabían hay veces que un error puede traernos una alegría, algo que les sucedió a todas las personas que habitan este libro, gente común, inventores o científicos que, por suerte, la pifiaron para descubrir e idear nuevas comidas o bebidas, muchos artilugios como el post-it y las cerillas, o medicamentos como la mismísima penicilina. Dieciséis historias dignas de mención en un álbum de temática novedosa.




Gilles Laroche. Ciudades perdidas. Juventud. (***) Seguramente has oído hablar de Machu Pichu, de Tenochtitlán o de Akrotiri. Seguro que también te has preguntado dónde están, quiénes las descubrieron o cómo se vivía en ellas. Este es el libro que te ofrece las respuestas. El autor de ¿Qué hay dentro?, otra obra imprescindible sobre la arquitectura, se interna esta vez en la fisionomía, geografía e historia de un puñado de ciudades que desaparecieron por diferentes motivos pero que siempre se tienen muy presentes en nuestro ideario colectivo. ¡Piérdanse en sus ilustraciones sin más dilación!



André Rodrigues, Larissa Ribeiro, Paula Desgualdo y Pedro Markun. ¿Quién manda aquí? Un libro sobre política para peques. Takatuka. Una vez más la política es la protagonista de un libro que plantea cuestiones básicas sobre el funcionamiento de una disciplina que, aunque no me guste lo más mínimo, está presente en muchos aspectos de nuestra vida diaria. No está de más que los chavales sepan las bases de lo que moldea las sociedades desde tiempos inmemoriales.




Kathy Stinson y Marie Lafrance. Los libros de la señora Jella. Juventud. (***) A excepción de cuatro fanáticos de la Literatura Infantil, muy pocos conocen la figura de Jella Lepman, periodista y fundadora de la Internationale Jungendbibliotek de Munich, ese templo de los libros infantiles y juveniles que muchos soñamos con visitar algún día. Esta es su biografía en forma de álbum ilustrado de una mujer (¿o quizá niña?) que hizo mucho por esta pasión nuestra y no se la pueden perder.



María Canosa y Bea Gregores. Emilia Pardo Bazán. Una mente poderosa. Bululú. Continuamos con otra biografía ilustrada, en este caso con la de una de las damas de la literatura española. Tanto para los que se acuerden del retrato que decoraba el ya extinto billete de 500 pesetas, como para quienes no, aquí tienen un libro bien traído sobre esta gallega, feminista y autora de La tribuna o Los pazos de Ulloa.



Laurie Lawlor y Laura Beingessner. Rachel Carson y el libro que cambió el mundo. Errata Naturae. (***) Para terminar con esta tanda de biografías femeninas les traigo un librito que resume la vida y obra de la bióloga marina que publicaría en 1962 Primavera silenciosa, uno de los libros insignia del conservacionismo que cambió la visión de montones de lectores de medio mundo. Merece la pena, se lo dice un profesor de ciencias naturales.




Regina Giménez. Geo-gráficos. Zahorí Books. (***) Sin duda es uno de los libros estrella de esta selección, una delicia visual que combina arte y datos curiosos para amantes de la geografía física, el grafismo, el minimalismo y las escalas. Si a ello unimos que las ilustraciones geométricas de la artista catalana, además de cierto deje dadaísta, me recuerdan sobremanera a la obra abstracta de la sueca Hilma af Klint, solo puedo decirles: aduéñense de él, regálenlo, hagan lo que quieran, pero no se lo pierdan.



Patricia Geis. Los volcanes. Combel. (***) Una de las materias de las que más difícil resulta encontrar buenos libros informativos es la geología. Por este motivo es de agradecer encontrar un álbum como este en el que los contenidos científicos, los troqueles, las solapas y los elementos pop-up se articulan maravillosamente para difundir saberes sobre el vulcanismo en el momento en el que sigue manando lava del volcán Cumbre Vieja de la isla de La Palma.




Laurent Moreau. ¡A jugar fuera! Patio. (***) Regresa a este espacio de monstruos el autor francés con uno de esos libros que aúna ficción y no ficción. La madre, harta de tener a sus críos enredando en casa los manda a tomar viento. Es en el exterior y con mucha imaginación donde la pareja se perderá entre los ecosistemas más extraordinarios de los cinco continentes y montones de animales. Un deleite visual y plástico. ¡Ah! ¡Y no se pierdan el apéndice final!




Mariona Tolosa Sisteré. Un paseo por el bosque. Flamboyant. (***) Si en la historia anterior la imaginación era un componente fundamental, en esta ocasión el paseo de los protagonistas es mucho más real y cercano pero igualmente efectivo. Una familia que descubre paso a paso los misterios y sorpresas que les ofrece el bosque, un lugar tan cercano como desconocido. Simpático y cercano. Ideal para primeros lectores.




Kate Messner y Christopher Silas Neal. Arriba en el huerto y abajo en la tierra. Corimbo. Llega a las librerías otro de esos álbumes a caballo entre ficción y no ficción sobre la naturaleza que tenemos más a mano. Un nieto y su abuela se disponen a preparar el huerto durante el otoño. Arrancan los tallos secos, mueven la tierra o retiran la hojarasca mientras el protagonista observa y descubre los pequeños detalles que acontecen en el suelo. Así pasará el tiempo y el huerto irá cambiando. Poético.




Iban Eduardo Muñoz y Alberto Montt. Plantas domesticadas y otros mutantes. Flamboyant. (***) Ahora que el vegetarianismo está tan de moda conviene recordar que la mayor parte de las verduras y hortalizas que comemos nada tienen que ver con aquellas plantas primigenias que con el paso de los siglos se han ido mejorando para que sean más aprovechables por el ser humano. No sólo los perros y los gatos se hibridan para la obtención de razas puras, sino que es algo que también. Un tono distendido, humorístico y descriptivo que me encanta.



Blanca Lacasa y Gómez. ¡Ey! Esta es mi casa. Errata Naturae. Si los seres humanos vivimos entre cuatro paredes hechas de piedra, madera o ladrillos, el resto de los animales también tienen sus propias viviendas. Unos como las abejas las hacen con cera, otros como las hormigas excavan larguísimas galerías, y así hasta una docena de animales que nos presentan sus particulares casas para dar buena cuenta de que la naturaleza es muy variada.




Tándem Seceda y Ester García. ¿Quién soy? Crías de Animales. África / Europa. Faktoría K de Libros. (***) Elefantes, lobeznos, leones u oseznos llenan las páginas de estos libros informativos sobre la fauna. Son los pequeños animales que habitan los bosques europeos o la sabana africana los encargados de acercarse a los lectores para presentar de un modo ameno y directo sus hábitos y costumbres. Acompañado de las ilustraciones realistas de Ester García seguro que enseñan y sorprenden a partes iguales.



Julia Rothman. La vida en el océano. Secretos y curiosidades del mundo marino. Errata Naturae. El océano es un completo desconocido. Su inmensidad y profundidad nos intriga y apabulla a partes iguales. Es por ello que la autora de La vida en el campo y Cuaderno de naturaleza se interna en ellos para contarnos un sinfín de datos curiosos sobre los ecosistemas marinos y sus habitantes con su habitual estilo.




Theagan White y Loveday Trinick. Oceanarium / Katie Scott y Ester Gaya. Fungarium. Impedimenta. Regresan a las librerías dos nuevos volúmenes de la colección Visita el museo que tanto bueno ha traído al panorama del libro informativo para pequeños y adultos. Excelentes comisarios han seleccionado textos de grandes expertos en la materia, para aupar estos libros como el regalo perfecto para micólogos experimentados u oceanógrafos en ciernes. ¡Que descubrir montones de seres marinos y el mundo de los hongos hace bien!




Lucas Riera y Angel Svoboda. Evolutivos. Mosquito Books. (***) Uno de los libros informativos más llamativos de esta tanda. Rebosante de luz y color, las potentes ilustraciones del autor alicantino llaman la atención de cualquiera. Un libro en el que se dedica una doble página a las garras, las escamas o las antenas, estructuras de los animales que han ido evolucionando para realizar diferentes funciones, así como presta atención a algunos de las especies extintas más llamativas. Un álbum impactante que muchos profesores de ciencias podrían utilizar en sus clases.




Pablo Barrecheguren e Isa Loureiro. El cerebro humano. Explicado por Dr. Santiago Ramón y Cajal. Juventud. (***) Para quien no lo sepa le diré que Ramón y Cajal fue uno de los descubridores de la neurona y un gran estudioso de los tejidos nerviosos, por ello nadie mejor que él para guiarnos en este increíble viaje a través del sistema nervioso humano, su estructura o los procesos que tienen lugar en él. A todo color, textos accesibles, recursos narrativos variados y excelentes infografías, es un libro para neurocientíficos o psicólogos en ciernes.




Agnieszka Kacprzyk y Marianna Sztyma. ¿De dónde vengo? Thule. Empezamos con la sección dedicada esos libros que hablan sobre la sexualidad y reproducción humanas con esta obra honesta y sin pretensiones que de un modo sencillo y directo aborda las típicas preguntas que muchos niños hacen a sus mayores. Si a ello unimos una delicadas, luminosas y elegantes ilustraciones que complementan el texto desde una visión poética, el resultado es más que notable.




Peter Mayle y Arthur Robins. ¿De dónde venimos? Maeva Young. (***) Regresa a las estanterías este clásico del libro informativo. Recién reeditado y con contenidos revisados, esta joya sobre la reproducción humana que hizo reír a muchos niños de los ochenta y noventa vuelve a la realidad lectora para enseñarnos montones de cosas sobre la sexualidad y la gestación con su toque “a-cartoon-ado” y anglosajón. De-li-cio-so.




Katharina von der Gathen y Anke Kuhl. Cuéntame más cosas. Takatuka. Vuelve a la carga la secuela de Cuéntamelo todo, uno de esos libros que marcó un antes y un después en la educación sexual de los pequeños lectores. Las autoras amplían sus respuestas a todas esas nuevas preguntas que les han lanzado los niños en un nuevo volumen con ese formato tan sugerente. ¡Atención, padres, maestros y educadores de toda condición! ¡Llega la revolución sexual!



Mia Cassany e Iker Ayestarán. Victoria. 16 historias inspiradoras sobre deportistas. Mosquito Books. En el apartado deportivo traemos uno de esos libros sobre historias de esfuerzo, sacrificio y, sobre todo, humanidad. Aventuras y desventuras de dieciséis deportistas del mundo del rugby, la gimnasia o el ciclismo, que no sólo hablan de triunfos deportivos, sino de otro tipo de valores igualmente importantes en los tiempos que corren, y que incluso en algunos casos convirtieron la derrota en triunfo.




Juliette Einhorn y Heléne Druvert. El cielo. Maeva Young. De su viaje por el cuerpo humano y la gestación, la ilustradora francesa Heléne Druvert pasa al medio aéreo y todo lo que sucede en él. La formación de las nubes, la polinización de las plantas, las estrellas, el avión o el globoaerostático. Un sinfín de conceptos y procesos que se presentan a base de troqueles y solapas que descubren y sorprenden a partes iguales. Es lo que tienen los libros interactivos, que además de aprender, jugamos.


Mariona Cabassa y Soledad Romero Mariño. Opuestos. Las fuerzas contrarias del universo. Zahorí Books. Llegamos al último de los títulos de esta pequeña selección, un libro perteneciente a una colección que como su propio nombre indica nos presenta Los ciclos mágicos del universo. Una suerte de conceptos de la vida cotidiana emparejados en cada doble página. Caras de una misma moneda, antagonistas aunque complementarios, el cielo y la tierra, la vida y la muerte, la noche y el día, la razón y la emoción se desatan gracias a unas ilustraciones donde el simbolismo y el color se conjugan para ahondar en lo poético.



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