lunes, 2 de marzo de 2026

Jardines muy personales



Aunque enero y febrero nos han regalado agua a manta (los que vivimos en un clima subdesértico estamos embobados), ya veremos si no llega demasiado pronto el verano y achicharra los brotes verdes ipso facto. Que teniendo en cuenta lo loco que anda el clima últimamente, es lo más probable.
No obstante, hasta que esto ocurra, disfrutemos del verdear de los campos, las yemas reventonas y las semillas germinando. En un par de semanas aparecerán las primeras flores engalanando los parterres, se abrirán camino nuevos colores y todo cambiará su aspecto. Despuntarán tulipanes, jacintos, peonías, narcisos y lirios. Almendros, ciruelos, melocotoneros y albaricoqueros se vestirán de rosa y blanco.


Incluso nosotros nos avivaremos. Saldremos de nuestras cuevas y escondrijos. Para disfrutar del sol, de otros como nosotros, encontrarnos con los amigos e incluso con el amor. Es curioso como la naturaleza sigue su camino dentro y afuera. Baja el interruptor y un millón de sensaciones se agolpan en nuestro interior.
Nos preguntamos y nos respondemos, como los pájaros en su vuelo. Vivarachos como ratones y hacendosos como las hormigas. Nos enredamos en nuestros pensamientos y nos liberamos de esa hojarasca que se quedó adherida. También hurgamos en los demás. Abonamos el futuro mientras regamos el presente. ¿Y el pasado? A la primavera no le trae cuenta.


Y así, nos adentramos en Un jardín propio, el álbum de Marta Ardite y Alicia Varela (Babulinka) que nos invita a acompañar a una niña en su paseo intimista por un lugar de recreo muy particular. Y es que el sendero vital de la protagonista es, como el de cualquier otro lector, un cúmulo de ideas y reflexiones que lanza sin ninguna cautela. Acompañada por un lapicero y una rana garabateada, la cría se cuestiona, baraja posibilidades y va forjando un pensamiento embebido de existencialismo.


Además, gracias a metáforas visuales y un lenguaje poético, el trabajo de las autoras se complementa para lanzarnos mensajes con mucho sabor. Como ese trazo que divide la página horizontalmente y a través del que Alicia Varela define dos mundos, uno subterráneo y otro aéreo, por los que deambula la acción. Quizá reflejos, quizá no. Lo que está claro es que uno y otro se complementan, como el cielo y la tierra, como el yin y el yan.


Una obra muy enriquecida en la que, además de hacer referencia a la Wood Wide Web, aprovechan para homenajear las obras de grandes artistas del siglo XX. Picasso, Mondrian, Calder, Matisse, Kandinsky, Pollock, Hopper, Klimt, O’Keeffe, Delaunay, Lamorisse, Rothko, Magritte o Klee se entremezclan con las ilustraciones de Varela gracias a composiciones que permiten la interacción entre unos elementos y otros. Sin olvidar a Virginia Wolf y Una habitación propia, este libro tiene muchas aristas por las que desbordarse, sobre todo, para los lectores competentes.

viernes, 27 de febrero de 2026

Romance de la desidia paterna


A pesar del empeño que pone el mundo editorial para diseminar entre los chiquillos todas esas producciones literarias que, de una manera casi natural, han ido impregnando nuestra cultura, cada día que pasa, caen más en el olvido.
Y ahora me dirán que los críos de ahora no están para rima. Y yo les diré que tienen un morro que se lo pisan. La culpa de todo la tienen ustedes, pues las fórmulas poéticas no entran por los ojos, sino por el oído. Y si ustedes están tan ocupados con sus trabajos, sus teléfonos móviles, su crossfit y sus series de Netflix, ¿quiénes se las va a cantar a los chiquillos? No me vengan con hostias, que me tienen hasta las narices. La ignorancia de las criaturas no solo bebe del analfabetismo paterno, sino de su propia dejadez. Que los míos tampoco eran doctores en filología medieval, pero ya se encargaba mi padre de martillearnos con las cintas de Joaquín Díaz o Paco Ibáñez en casa o en el coche. Una solución más que aceptable.
Querer es poder. Y ustedes no quieren. Es lo único que tengo claro después de tantos años habitando esta morada monstruosa. Y si tienen una pizca de vergüenza, compren un libro como el de hoy y léanselo a sus chavales. No hay nada más miserable que privar a un hijo de lo posible. Que yo me voy a Valladolid a ver si olvido ese romance de la desidia paterna

Conde Niño por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está.
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el conde Niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!
Y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre,
juntos nos ha de enterrar.
Él murió a la medianoche,
ella, a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde,
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza,
de él, un fuerte gavilán;
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

Anónimo.
En: 12 romances.
Selección de Manuela Rodríguez y Antonio Rubio.
Ilustraciones de Fernando Vicente.
2026. Pontevedra: Kalandraka.


miércoles, 25 de febrero de 2026

Joyas recuperadas


Los monstruos de habla española estamos de enhorabuena porque por fin se recuperan en nuestra lengua Las aventuras de Archibaldo el koala, la conocida serie de álbumes infantiles de Paul Cox. Muchos años después de que la editorial mallorquina José J. de Olañeta, las publicara por primera vez en nuestra lengua, Libros del Zorro Rojo acaba de publicar el primer volumen (esperemos que sigan con los siguientes).


Titulado El enigma eucalipto, este primer episodio de la serie, además de presentarnos a todos y cada uno de los 25 koalas y los 25 tejones que protagonizan estas aventuras un tanto corales en una isla en mitad del Pacífico, nos cuenta el primer caso de este detective. Los campos de eucaliptos que rodean la ciudad están siendo diezmados y la supervivencia de sus habitantes está en peligro. Quizá sea el clima, los cuidados o las plagas. Los koalas intentan en vano salvar las plantaciones. Pero Archibaldo, ese héroe que siempre está liado aclarando los extraños sucesos que acontecen, se esconde en mitad de la noche y descubre que los responsables de sus preocupaciones son ¡sus vecinos los tejones! ¿Conseguirán los koalas frenar sus tropelías? ¿Regresará la paz a la isla?


Como en muchos otros títulos que he traído a este cuaderno de bitácora, Paul Cox disfruta con su humor absurdo y un surrealismo manifiesto. Chicles con sabor a eucalipto y guerras a sartenazos nos hacen reír, pero también nos obligan a replantearnos situaciones de la vida cotidiana que siempre tienen su reflejo en la LIJ de calidad.


En lo que a formato se refiere, también toca hablar de las dimensiones de unos libros que pretenden ser un homenaje al Babar de Brunhoff. El tono tostado del papel, la composición de dobles páginas que combinan elementos del cómic y el álbum ilustrado, las tintas limitadas o una tipografía caligráfica nos retrotraen a las series narrativas del siglo pasado (¿Ven a Sapo y Sepo de Lobel o el Crictor de Tomi Ungerer?). Por eso es tan importante no pasar por alto ningún componente del objeto-libro, incluyendo esa doble página desplegable que tanta importancia tiene en este episodio.


Da gusto perderse en los detalles que el autor incluye en cada ilustración. Leer el menú del restaurante, contar uno a uno los habitantes de la isla, disfrutar con la caracterización de los personajes (eso de los oficios vuelve loco a cualquier chiquillo), explorar la cartografía del lugar, aprender a contar hasta el número 50, conocer el rubicesto (J. K. Rowling no ha sido la única que ha inventado un deporte) o contemplar códices antiguos, son algunas de las propuestas de este libro desbordante.


Por último y sin ánimo de conflictos, me encantaría conocer el/los motivo/s que han llevado a Julia Osuna, la traductora de gran parte de las obras que se están recuperando de este autor francés, a tomar ciertas decisiones, empezando por el título del libro y terminando por el nombre original de la isla donde sucede la acción, lo que más me ha chirriado. Tanto la primera edición española, como el resto de ediciones que conozco (inglés, alemán o italiano), mantienen Rastepap como denominación de la isla, mientras que en esta se puede leer Kokotetetonga. Primero, porque en la traducción ya hay bastantes elementos sobre los que aplicar la elocuencia y la cosecha propia por necesidad, véanse los nombres de los personajes (un trabajo impecable, ya que ha hecho justicia a los primigenios, no como sucedía en la edición anterior). Segundo, porque no comprendo esa desmesurada intervención sobre un nombre propio tan importante que, por muy sonoro y simpático que les resulte a los lectores, rompe el marco de lectura en una obra que consta de varios volúmenes que pretenden una continuidad temporal. ¿Licencia semántica? ¿Ganas de trascender? ¿Caprichos aleatorios? ¿Divertimento inocente? ¿Torpeza editorial? Enigmas de la LIJ.

lunes, 23 de febrero de 2026

De casas y moradas


Este fin de semana, la gente ha salido de sus casas como alma que lleva el diablo. Algo que no me extraña teniendo en cuenta la de semanas que algunos llevábamos sin ver el sol. Hay que ver lo imposible que se pone un español cuando lo encierran en su casa. Bien sean las enfermedades o el mal tiempo, eso de ver pasar las horas entre cuatro paredes, nunca es de buen gusto.
Otra cosa es disfrutar de la vida de puertas para adentro, cosa que se agradece cuando decidimos darle utilidad a todos esos objetos que guardamos con recelo en nuestras cuevas particulares. Libros, electrodomésticos, instrumentos musicales, máquinas fotográficas, útiles de pintura, máquinas de coser, juegos de mesa o productos de limpieza. Tenemos a nuestro alcance montones de enseres que nos invitan a la productividad, el entretenimiento, el disfrute o el engorde.


Si bien es cierto que en nuestro país nos priva una cervecita en compañía para sintetizar vitamina D, estaría bien plantearnos sacarle jugo, aunque sea solo un par de días a la semana, a todas esas habilidades, aficiones e intereses que se pueden desarrollar en nuestros hogares. Que los bares están la mar de bien para orearse y socializar, pero nos envuelven en la improductividad.
Por eso y para que le encuentren sentido a su vivienda, aquí les traigo cinco álbumes donde las casas son las protagonistas, porque si bien es cierto que cada propietario busca una forma de ensalzar la suya, todas comparten un leitmotiv común.


El primero de esta pequeña selección de libros hogareños es Hogar, un álbum de Isa Pirracas publicado por Bindi Books. A Milo y Tula les encanta pasar el tiempo en casa y los días que hace buen tiempo les gusta desayunar en el balcón y observar lo que sucede a su alrededor. Todas las casas del barrio se parecen, pero al mismo tiempo son muy diferentes. Cada vecino hace las cosas a su manera y eso es lo que va construyendo un hogar, algo que descubriremos con Tula y Milo.


Hay hogares musicales y otros que parecen no estar habitados. Los hay en los lugares más insospechados y en mitad de la nada. Ambulantes o muy calurosos. Un faro, una caravana, una nave espacial o una colmena pueden ser lugares estupendos para vivir, pero cada uno con sus peculiaridades. Alejados de la civilización, ruidosos, muy cálidos o con demasiada animación.


Gracias a unos juegos de búsqueda que se plantean en cada doble página, los lectores no dejarán escapar los detalles y se adentrarán en las curiosidades de la naturaleza, de nuestras necesidades vitales y de los diferentes espacios que habitamos tanto humanos, como animales gracias a un lenguaje que galopa entre la ficción, la no ficción y el álbum de actividades.


Seguimos con La casa ruidosa, un álbum de Sally Nicholls y Gosia Herba, recién editado por CocoBooks. Detrás del portón está la casa ruidosa. ¿Qué esconderá en su interior? Hay un jardín. También una habitación llena de juegos. Podemos bajar al sótano y luego subir a la sala de estar. Entrar en el baño. Y terminar en el dormitorio. Aparentemente no parece una casa muy diferente del resto. ¿O sí…?


Con el dinamismo que caracteriza la obra de la ilustradora polaca, cada doble página se llena de montones de personajes que configuran una pequeña verbena en cada doble página. Niños y animales tocan instrumentos, exclaman, lanzan ruidos y sonidos, y exclaman. Así, montones de onomatopeyas llenan cada estancia de esta casa tan particular gracias a tipografías variadas que forman una parte importante de la composición visual.


Cambios de orientación (eso de obligarnos a girar el libro siempre es un plus), detalles que pueden pasar desapercibidos y mucho humor son el santo y seña de un libro que puede parecer silencioso, pero es capaz de dejarte sordo si se lo propone.


El tercer título de hoy es Mi hogar, mi casa, un libro de Carl Johanson publicado también por CocoBooks. ¿Alguna vez habéis imaginado como es una casa-manzana por dentro? ¿Y cómo se ve una casa-zapato? También hay peras que son perfectas para vivir. Incluso una cafetería o la consulta de una dentista. Si no me crees, abre este libro de gran formato en el que caben multitud de miradas.


Reales o imaginados, todos los hogares necesitan gente que los llene de vida. Solos o acompañados. Parejas o familias enormes. También muebles, comida y electrodomésticos. Una casa tampoco es divertida si no hay vecinos (aunque a veces sea mejor echarlos de menos). Pueden ser clásicas o modernas. Ubicadas en el fondo del mar o en lo más profundo del subsuelo. Hechas de ladrillo, cristal o madera.


Y así, disfrutando con la vis fantástica de su autor, terminaremos ayudando a Valentina a buscar las herramientas que se han ido perdiendo por las dobles páginas. Siguiendo en la línea de otros títulos como el Casas de Carson Ellis, pero más canalla y simpático, consigue establecer un diálogo tan lúdico como discursivo con el lector-espectador de 8 a 88 años.


Gracias a la labor de Studio These Days y Yaren Yavuz, Flamboyant acaba de lanzar al mercado Explora y descubre en casa. Incluido en la selección de boardbooks de este curso, este libro dirigido a prelectores y primeros lectores nos invita a conocer los diferentes elementos de nuestro hogar recorriendo habitación por habitación.


En la cocina encontramos un frigorífico, menaje del hogar y mucha comida (si abundan la fruta y la verdura, mejor que mejor). En nuestro dormitorio hay un despertador que nos da los buenos días, una cama que hay que hacer todas las mañanas y un armario con nuestra ropa. En la sala de estar tenemos la televisión, una mesa, un sillón y cuadros en las paredes. ¿Pero qué habrá en el cuarto de baño, el garaje o el desván?


De una manera colorista y divertida, los autores invitan a conocer las cosas que pululan a nuestro alrededor desde una perspectiva general y particular, gracias a una gran ilustración panorámica de cada habitación y una pequeña franja inferior donde podemos ver nombrados todos los objetos importantes. Del mismo modo, añaden cartelas y comentarios oportunamente, invitando al espectador a participar de este juego de conocimiento.


Para terminar, tenemos Cabañas de todo el mundo, un álbum de Emmanuelle Mardesson y Sarah Loulendo publicado por Thule. Aunque no esté dedicado a casas reales, hace un recorrido por un buen puñado de construcciones lúdicas alrededor de todo el mundo. Lucile, que así se llama la protagonista de este álbum a caballo entre la ficción y la no ficción, decide construir una pequeña cabaña, pero antes de hacerlo investiga cómo son las de otros chiquillos de diferentes partes del globo.


Las hay de madera y en mitad del bosque, también de hielo (es lo que abunda en el Polo Norte), e incluso con el tejado lleno de yerba. Tras visitar doce cabañas muy diferentes y fijándose en todos los detalles, decide incluir en la suya elementos como una chimenea o un pasadizo secreto. Acompáñala en este viaje, no solo para conocer las diferentes culturas que se recogen en este álbum, sino para disfrutar con los paisajes que rodean a cada una de estas construcciones.


lunes, 16 de febrero de 2026

¿Genuinos?


En este mundo que vivimos lo más importante de todo es saber quiénes somos. Y no me refiero al nombre completo o el número de identificación fiscal (si me apuras, más importante que el de pasaporte), sino a ser conscientes de nuestra existencia, cómo la abordamos y cuáles son nuestras prioridades.
Es por ello que lo que más se castiga hoy en día en los medios de comunicación y las redes sociales, es la falta de entidad. Cuando alguien o algo se parece demasiado a otra cosa, la gran mayoría lo rechaza. La gente no quiere burdas copias de aquellas zapatillas, el partido político de turno, la canción que suena a todas horas o el libro que ha ganado ese galardón.


Y no me refiero a la originalidad, un rasgo muy difícil de alcanzar teniendo en cuenta que ya ha llovido desde que los griegos y los romanos inventaran nuestra cultura (N.B.: Hace poco visité Pompeya y les puedo asegurar que lo único que les faltaba eran los microchips), sino a lo genuino. Apunto a lo legítimo, a eso que nos define. Qué características nos diferencian de los demás y qué aportamos a este momento.


Cuando algo es demasiado manido, repetitivo, casposo y homogéneo, todo el mundo se lanza a desecharlo. Vivimos en una sociedad consumista que aboga por esa especie de sorpresa constante que le da un vuelco a la perspectiva. Golpes de efecto que, si además se acompañan de carisma y frescura, revolucionan la visión general de cualquier campo.
Probablemente en unas semanas, unos meses o unos años, nos olvidemos de lo vibrante que nos resultó, pero mientras tanto, nos anima el cotarro sobremanera toparnos con esos matices que lo convierten en hallazgo y serendipia, para más tarde ponerle nombre.


Precisamente de esto es lo que nos habla Foxy & Meg encuentran un pero-pero, el álbum de André Letria y Ricardo Henriques publicado hace unos días por La Topera editorial y que forma parte de una serie de gran éxito en el país vecino y que se desbordó allá por el año 2010 en forma de serie de animación con 26 episodios animados de tan solo tres minutos.


En la historia que nos ocupa, el zorrito y la gallina (no es difícil saber quién es quién) se encuentran con algo en mitad de un paseo. Es grande, de color grisáceo y con una forma más o menos ovalada. ¿Qué será? La miran, la rodean, la observan. Piden opiniones más o menos expertas. A un médico, a un grupo de turistas encaprichados con el arte. En grupo o en solitario, hasta que de repente, un cocinero clarividente toma las riendas del asunto. Pero…


Con un lenguaje gráfico muy económico y letra mayúscula, los autores dan vida a una comedia de situación con estructura de sketch que busca, no solo la interacción con sus lectores, sino poner en valor su capacidad inventiva y desbordar la imaginación. Con un pequeño juego de palabras un tanto repetitivo, los autores lusos nos acercan a esa incredulidad e inocencia infantiles gracias a la perspectiva de lo desconocido y las adivinanzas visuales que siempre ensalzan el humor.

sábado, 14 de febrero de 2026

Verbalizar el amor


San Valentín se abre paso en pleno carnaval y, aunque sea poco, hay que celebrarlo. Que si bien es cierto que un servidor ya no está para demasiados arrumacos, otros le dan mucha importancia al 14 de febrero y hay que contentarlos.
Y como ayer le di prioridad al teatro, hoy toca una pizca de poesía, un género que siempre se agradece cuando se trata del corazón y sus bondades. Así recupero un álbum que bien vale una visita y les invito a disfrutar de ese amor tan verbal que en él se recoge.


Si no lo conocían, ya pueden acercarse a su librería más cercana y hacerse con un ejemplar. Para leerlo en compañía, susurrarlo o regalarlo. No se preocupen, estoy seguro que darán en el clavo. Juegos de palabras, realismo metaliterario, líneas sinuosas, formas grotescas, erotismo a raudales, lo mínimo, libertad y espacio, signos ortotipográficos y el rojo, siempre el rojo. ¿Qué más se le puede pedir al amor?

Dale la vuelta al amor,
busca el significado,
y quédate
con el contrario.

Eso es lo que
siento por ti.

Yo te escribía
y tú me leías.

Aunque no por mucho tiempo.

Pues yo era ilegible
y tú indescriptible.

***

Me encadené a ti,
y tú a mí.
Así de enamorados
anduvimos,
-que no andamos-,
en el pasado.

Te acompañé
a casa.

En el vano de la puerta
te conté
un cuento
antes de dormir.

Estabas pendiente
de mis labios…

Geert de Kockere.
En: Amo amar, amor.
Ilustraciones de Sabien Clement.
Traducción de Goedele De Sterck.
2012. Albolote: Barbara Fiore.


viernes, 13 de febrero de 2026

¡Bienvenido sea el carnaval!


Mañana comienzan las carnestolendas y a mí, que me gusta mucho un disfraz, me apetece recomendarles dos libros para adultos (¡Que los monstruos leemos de todo!) en el mismo post. En primer lugar, quiero animarles a leer uno por el que siento predilección. Se trata de El Carnaval: análisis histórico-cultural, un estudio muy concienzudo de Julio Caro Baroja (vamos, una verdadera tesis doctoral que le ocupó más de treinta años investigando) sobre los orígenes de una festividad que se relaciona con ritos ancestrales y que ha ido amoldándose con el paso de los siglos a otras realidades, sobre todo religiosas, como la abstinencia pre-pasional.


Sin embargo, lejos de todas esas connotaciones cristianas que facciones y partidos políticos le dan a esta celebración, esta obra ensalza la desmedida, la inversión de papeles, la sátira, el simbolismo del exceso a través de la gula, la carnalidad y el despojo de las convenciones sociales que, tomando como excusa esa lucha entre Don Carnal y Doña Cuaresma, llevamos a cabo en numerosos lugares de Europa, sobre todo el sur del continente. Crímenes, fechorías, encuentros prohibidos…, el carnaval es así. Y si no, que se lo digan a Shylock, el mercader de Venecia...

LAUNCELOT.- Y han conspirado juntos…; no quiero deciros que veréis una mascarada, pero si la veis no fue entonces baldío el que mi nariz sangrara el último lunes de Pascua, a las seis de la mañana, que caía este año el mismo día que el Miércoles de Ceniza de hace cuatro años por la tarde.
SHYLOCK.- ¡Cómo! ¿Hay máscaras? Escúchame bien, Jessica. Cierra con cerrojo mis puertas, y cuando escuches el tambor o el silbido ridículo del pífano de cuello encorvado, no te encarames a las ventanas, ni alargues tu cabeza sobre la vía pública para embobarte ante los payasos cristianos de pintados semblantes, sino, al contrario, tapa los oídos de mi casa, quiero decir mis ventanas; no dejes entrar en mi severa morada los ruidos inútiles de la disipación. Por el báculo de Jacob juro que no tengo ninguna gana de festejar hoy; sin embargo, iré. Andad delante, bribón; decid que voy a llegar.

William Shakespeare.
El mercader de Venecia.
Acto II Escena 5.
1967. Madrid: Austral.

jueves, 12 de febrero de 2026

El disfraz innecesario


Desde que no andamos como nuestra madre nos trajo al mundo, el atuendo siempre ha sido una forma de significarse. Para ricos y pobres, para hombres y mujeres, para niños y mayores. La ropa es una forma de identificarse. He ahí la razón por la que todavía hoy hay una cantidad inimaginable de marcas de ropa con las que unos y otros buscan significarse.
Colectivos, géneros, tribus urbanas, poder adquisitivo… Si lo piensan bien podríamos hacer una radiografía de cada uno de nosotros simplemente analizando el tipo de ropa que vestimos. Materias primas, manufactura, visibilidad de la marca, colores, diseño… Todo habla sobre quiénes somos, pues el ser humano, desde tiempos inmemoriales busca diferenciarse de sus iguales de un modo u otro.


No obstante y en muchos casos, el aspecto suele ser poco concluyente. Más todavía en un mundo en el que todo quisqui juega a parecer en vez de ser, la estrategia estrella en redes sociales y medios de comunicación insustanciales que solo busca el aplauso. Y es que esa transgresión que muchos entendían como forma de vida, se convierte en pretensión en este universo de la impostura.
Menos mal que todavía nos queda el carnaval, esa fiesta que empieza hoy (¡Jueves Lardero, señores!); la mejor excusa para la desobediencia, dar rienda suelta a lo incorrecto y dejarnos de pamplinas. No pocos se enfundarán en cuatro trapos y se lanzarán a las calles, las verbenas y los bares transformados en el personaje que deseen para cometer todo tipo de paripés y atrocidades. Ya saben que disfrazarse es una cuestión de actitud. Dejarse llevar por la inspiración y entrar en el papel es mucho más interesante que emperifollarse sin fuste.


Y si no, que se lo digan a la protagonista de Feliz cumpleaños, el último libro de Heena Baek publicado por Kókinos, su editorial de cabecera en nuestro país y que ya he añadido en esta selección de libros cumpleañeros.
La cebra está hecha un desastre. Toda su vida está llena de oscuridad y tonos grisáceos que la atormentan, un verdadero drama teniendo en cuenta que se acerca su cumpleaños. Menos mal que su tía quiere que se ponga las pilas y le envía un regalo muy especial: un armario que le ofrece un outfit diferente para cada día. Sin esperarlo, el armario le da en el asa y se empieza a sentir muy animada. Se deja llevar y comienza a disfrutar de ese universo textil tan variopinto que le ofrece el mueble. Parece otra, se siente especial y muy disfrutona y decide celebrar su cumpleaños con una fiesta por todo lo alto. Pero de repente, el día llega y el armario solo le ofrece un capirote de cumpleaños. Al ver que no hay con qué vestirse, suspende el evento y se mete en la cama muy triste, pero la función debe continuar...


Como en muchos otros de sus libros, Heena Baek utiliza esa magia a la que nos tiene acostumbrados con un sentido un tanto aleccionador, pero siempre brillante. Y es que cambiar la perspectiva de una persona que sufre una depresión, sea por las causas que sean, siempre es un bonito mensaje. Y si, además, se hace uso de un escenario onírico, mejor que mejor.
Por otro lado, Baek afianza la incorporación en sus obras del objeto fantástico como elemento expiatorio, una forma de vía de escape de esa realidad tan insustancial que nos azora en la sociedad actual. Como sucede en los cuentos tradicionales, caramelos, panes o en este caso, armarios, son los encargados de dar esa vuelta de tuerca necesaria a unos (anti)héroes que, lacerados por sus circunstancias, intentan recobrar su espacio en el relato de una forma autónoma.


En lo que a recursos narrativos se refiere, además de sus ya clásicos dioramas y esculturas, la autora coreana utiliza esta vez una serie rítmica que establece un marco de lectura repetitivo que, al quebrarse, crea una sensación de extrañamiento (o decepción, para gustos los colores), que resuelve con un final (pseudo)optimista que siempre se agradece. Me encantan, tanto la descripción de todos modelitos (ese guiño a la moda siempre tiene mucho tirón) y las escenas basadas en las nuevas tecnologías, pues videollamadas y chats favorecen esa aproximación a los lectores del nuevo milenio.

martes, 10 de febrero de 2026

¡Entre reyes anda el juego!


El conejo travieso ha sacado los pies del tiesto en su país adoptivo y, en vez de divertirse con el fútbol americano, se ha contagiado de la llamada batalla cultural. Y no es que haga mal, pues esto de defender a tu público potencial siempre ayuda a vender discos y seguir en el candelero (Que a estas alturas de la vida capitalista casi todo es muy lícito. Hasta Zara sacó tajada…), sino que me resulta cuanto ni menos chocante que se sigan politizando eventos que deberían pertenecer a la esfera deportiva/festiva.
Y no es que Donald Trump sea santo de mi devoción (otro día le daré para que vaya a la peluquería, que falta le hace), pero considero que, a estas alturas de la vida, los ciudadanos (traduzco: espectadores) deberían saber cómo discriminar el contenido real de los aderezos del relato, cosa que no sucede a pesar de haber erradicado (o eso dicen) el analfabetismo de Occidente.


Déjenme decirles que ayer, medios de comunicación de masas y redes sociales se pasaron el día diseccionando, enriqueciendo y analizando los movimientos, eslóganes, artistas invitados, decorados, el vestuario y el cuerpo de baile que Bad Bunny y sus patrocinadores (¿Quiénes serán?) desplegaron en su actuación del medio tiempo de la Super Bowl. Cosa que no me extraña teniendo en cuenta que es un escaparate sin parangón.
Lo vi claro. Aunque no sé si las referencias a las que unos comentaristas y otros hacían alusión eran reales (hay gente con demasiada inventiva y papel celofán), quedó claro que la intencionalidad de todo esto era echarle leña al fuego desde uno y otro frente, pues por todos es sabido que sin huestes no hay guerra que valga. Y lo peor de todo es que, a pesar de las que todos llevamos perdidas, entremos al trapo.



Por si sirve de algo, hoy les traigo Reyes, un libro que nos habla de todo eso gracias la elocuencia y el saber hacer de Rocío Alejandro (la también autora de La huerta de Simón) y Fondo de Cultura Económica.
Este álbum sin palabras (yo creo que, incluso sin la del título, hubiéramos entendido todo a la perfección) nos cuenta la historia de dos reyes. El del reino azul era feliz dándole forma a sus dominios, pero un día vio a lo lejos al rey verde que también estaba haciendo lo propio. Como los poderosos suelen tener un ego muy grande, el rey azul quería que su reino fuese mejor que el verde. Para ello creó edificios cada vez más grandes. Cuando el rey verde se percató de esto, entró en el juego y comenzó a elevar la altura de sus construcciones también. ¡Los dos querían que su reino sobresaliese respecto del otro! La disputa continuó hasta que uno de ellos se dio cuenta de que el problema era el otro y entonces…


Con un lenguaje gráfico sencillo y minimalista, la ilustradora argentina se interna en esta alegoría sobre las cuitas de poder y los conflictos bélicos. Utilizando la contraposición cromática (un recurso muy utilizado en este tipo de temáticas), la técnica de los sellos y tampones, la doble página como escenario discursivo y una bellísima metáfora final, consigue un discurso redondo.
Mucho movimiento, composiciones más que elegantes y detalles mínimos, este álbum de pequeñas dimensiones (¡Hasta en eso han acertado!) hace disfrutar a lectores de todas las edades e, incluso, desbordarse en actividades igual de sencillas que pueden incluir pataletas infantiles destructivas (Cuando lo leí por primera vez me recordó a esos juguetes de paralelepípedos de madera). Por todo esto y mucho más, ya está incluido en este post sobre álbumes y poder, este monográfico de la guerra en la Literatura Infantil y esta selección de álbumes silentes. ¡Disfrútenlo y haya paz!