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martes, 2 de junio de 2015

Soñar en futuro


Aunque evito a toda costa darle rienda suelta a mis ilusiones y sueños mortales, ese niño que habita en mí es muy insistente, y muchas veces, como si de un vendaval se tratase, queda libre y volandero por entre las calles y sus recovecos. No lo puedo evitar y a veces sueño despierto. Unas veces con ser un superhéroe y acabar con la maldad que veo a diario (¡Qué ganas de darle su merecido a más de uno!), y otras veces sueño con lo alcanzable, con lo cotidiano: una playa desierta, una sombrilla, hamaca, un buen libro, alguien que te quiera al lado y mucho té helado. Si muchos viven su tiempo pensando en cambiar lo que ha pasado, un servidor es más de sueños futuros, de los que vendrán (Qué manía tienen muchos de arrepentirse de esto, de lo otro… ¡Que no hay marcha atrás, es siempre hacia delante!).


Cada día tiene sus ensoñaciones… Ayer soñaba con que el día pasara pronto. Esta mañana que el tiempo no fuera demasiado ligero (¡con la de cosas que tenía que hacer!). En estos momentos deseo llegar a mi casa y que no haya ni una mota de polvo (¡Eso sí es soñar!... seguramente tendré que remangarme y ponerme a la faena) y esta noche rezaré por que mañana sea un nuevo día. También es cierto que cada uno sueña dependiendo de sus circunstancias. Unos con ver a sus hijos a la mañana siguiente, otros quieren que sus padres sonrían a diario, el de más allá se conforma con una buena primitiva, aquel pobre hombre con que la muerte le llegue pronto, y los últimos, ni sueñan ni padecen (¡De todo tiene que haber!).


Sin lugar a dudas, lo peor que tienen los sueños es ser capaces de darles forma, de lograrlos. Con esfuerzo o sin él, muchos se hacen realidad, pero seguramente para que sucedan hay que intentarlo. Demoler muchos muros, sortear trabas sin cesar, hacer muchos agujeros en nuestros tejados y no dejar que el pesimismo de los demás, ese que cae como una losa sobre ellos, los cubra. Háganme caso: luchen por sus sueños. A pesar de que he visto muchos truncarse, he constatado como otros muchos han brillado en estos tiempos en el que las frustraciones son una constante para muchos. 


Y si necesitan un buen ejemplo les dejo aquí Si quieres ver una ballena, otro hermoso libro de Erin E. Stead y Julie Fogliano (Editorial Océano Travesía), en el que un niño que quería ver una ballena, se acercó mil y una veces a la orilla del mar, se dejó balancear por el vaivén de las olas y asesorar por las directrices de la ciencia, hasta que, finalmente y por sorpresa…


lunes, 16 de junio de 2014

Y termina la primavera...


Esperando que el equipo español florezca durante la noche del miércoles con un buen ramo de goles (aunque visto lo visto, lo más posible es que venga el coche escoba a recoger nuestros pedazos…), nos vamos despidiendo de una primavera tardía y extraña, no sólo por la climatología y otras desavenencias con los turistas centroeuropeos, sino también por los políticos advenedizos, los reyes inmunes, los príncipes que dentro de poco serán reyes, una Merkel cada vez más ufana, las crisis de partido, el simpaticón de Obama, las omnipresentes y protagonistas Rusia, Irán, Irak y Siria, el banco europeo y sus tipos de interés,  e, incluso, por la hija de la Pantoja y su dieta de la alcachofa.
Hasta en mi vida se ha instalado la agitación primaveral, una que mueve y amasa a su antojo fechas y agendas, provee de viajes relámpago y pone muchos trastos por en medio… Tendré que poner orden a esta vida tan revuelta y comenzar a ordenar los trozos del presente y el pasado, de tal manera que puedan germinar nuevos y fuertes retoños que fructifiquen, si no en breve, dentro de un pausado tiempo.


Espero que la revolución cerebral –y hormonal- que han traído consigo marzo, abril, mayo y parte de junio, esa misma que huele a campos floridos marchitos y tiene un cierto regusto a crisis tormentosa, se estabilice durante el estío, uno que se promete caluroso y tranquilo como las aguas de una bahía, algo que siempre es de agradecer para el sosiego de curritos y sempiternos trabajadores.


Aunque un poco tarde, la editorial Océano, nos trae uno de los libros que sorprendieron el año pasado a los estadounidenses (los amos del cotarro) y que lleva por título Y de pronto es primavera, de Julie Fogliano y Erin E. Stead (el ganador de la medalla Caldecott por su fantástico Un día diferente para el señor Amos), un álbum imprescindible que no sólo nos aproxima a la sorpredente llegada de la primavera, sino que constituye un verdadero cuaderno de campo para que los más pequeños descubran los entresijos que la madre naturaleza guarda en sus entrañas y que ayudan a trocar el marrón de la tierra en un verde lleno de esperanza.