Mostrando entradas con la etiqueta Isidro Ferrer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Isidro Ferrer. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de octubre de 2025

¿Espíritu crítico? ¿Dónde?


Este año me toca impartir una nueva asignatura. Investigación y desarrollo científico, que así se llama, consiste en desarrollar en los alumnos el pensamiento científico y ya se pueden imaginar ustedes que, con la juventud que tenemos, la cosa está difícil.
Yo siempre parto de dos premisas: la curiosidad y el espíritu crítico. Lo primero es intentar que ellos mismos se planteen sus propias hipótesis en base a cuestiones o evidencias fácilmente observables. A ojos de la ciencia, el mundo que nos rodea, la realidad es la única forma de alcanzar la verdad. El método científico dixit y así lo llevamos haciendo desde hace siglos. Es la parte que no se les da del todo mal. Lo peor se refiere al espíritu crítico…


A pesar de lo espabilados que son, tienen los ojos muy llenos de pan. La verdad es que ellos no tienen la culpa, sino más bien una sociedad que ha caído en picado gracias a una degradación educativa sin precedentes. La lectura instrumental ha caído en picado. El libro ha quedado relegado a un segundo plano, en parte, gracias a una administración subyugada a los intereses económicos de las grandes multinacionales. Ni textos académicos, ni periódicos. La diversidad de opiniones se ha esfumado porque la información procede de espacios completamente dirigidos como las redes sociales o plataformas digitales como YouTube (si los de mi época nos quejábamos de la televisión, agárrense los machos con Instagram o TikTok que dependen de algoritmos mucho peores). Y para más inri, aparecen unas tecnologías supuestamente facilitadoras. ChatGPT y otras “inteligencias” merman la resolución de problemas y la autonomía en el aprendizaje, minimizan el debate, así como la interacción entre ellos y crean nuevos sesgos (intencionados) u errores.
Por si todo esto fuera poco, no se olviden de cómo se han criado estos chavales: hiperprotegidos e hiperconsentidos. En definitiva, hay poca humildad, todo un lastre para esta faena de lo reflexivo, donde no hay cabida para los egos y las superstars de poca monta.


Estas son las razones por las que cada vez más valoro los libros que nos invitan a explorar senderos desconocidos. Y si lo hacen desde un punto de vista poético, como es el caso de La fábrica de las preguntas, mejor que mejor. Este álbum de María José Ferrada e Isidro Ferrer que acaba de ver la luz gracias a la editorial A buen paso, nos plantea un cuestionario muy juguetón al tiempo que explora el mundo a través de un puñado de animales. Pues como bien apuntan ellos La fábrica de las preguntas aparece a veces en un zapato y otras, entre las flores de la maceta.


Un ratón, un pato, un murciélago, un conejo, un zorro o un tigre se interrogan sobre hechos muy dispares. ¿Las pulgas extrañan el sol durante el invierno? ¿Toman leche las estrellas? ¿Suspiran las cerezas? o ¿Cómo sabe el gusano que hay una casa dentro de la manzana? Preguntas con respuestas de todos los colores y sabores que atraviesan la mente de lectores y espectadores gracias a un juego discursivo que combina dos lenguajes.


Por un lado, nos interpela de manera directa gracias a las palabras y por otro, también lo hace indirectamente gracias a unas imágenes elaboradas a base de collages con recortes de papel, cartón estampado y madera pintada que dibujan las figuras de veinte animales más o menos evidentes a los que ponerle nombre. Formas orgánicas e interrogantes líricos que nos sugieren y nos empujan a examinar el universo de las ideas, uno que suele permanecer apagado si nadie pulsa el interruptor.

viernes, 26 de abril de 2024

No a los ismos, sí a lo humano


En esto de la LIJ encontramos con frecuencia cierto compromiso social en el que se abordan cuestiones complejas. La guerra, la inmigración, el racismo, la igualdad entre hombres y mujeres, o la libertad sexual son temas muy recurrentes en los libros infantiles y que invitan a reflexionar a los lectores sobre la realidad que nos rodea con una perspectiva más amplia.
De este modo, y desde ciertos grupos editoriales, se nos venden los libros como armas que laceran conciencias, visibilizan problemas y cambian el mundo. Sin embargo, y aunque moralmente tiene su cabida, siempre me gusta andarme con ojo a la hora de tratar unos temas que pueden ser un arma de doble filo por diferentes motivos.


Si ya es bastante complicada la naturaleza individual, no digamos la sociedad, un sistema complejo que, según sociólogos y estadistas, es muy difícil de caracterizar, comprender y, sobre todo, controlar por la enorme cantidad de variables que subyacen a cualquier conflicto por pequeño que sea.
Imaginen que cierto editor tiene cierto compromiso con los libros de temática LGTBI y decide publicar un libro estupendo sobre las relaciones homosexuales. Tras indagar en el origen de su autor, descubrimos que es alemán y que uno de sus abuelos murió en las cámaras de gas del Tercer Reich. Tiramos más del hilo y resulta que es de ascendencia judía y que su familia cercana decidió mudarse a Israel durante los 90 y es propietaria de una de las fábricas que provee de indumentaria al ejército israelí, el mismo que en estos momentos bombardea la franja de Gaza.
Si en el instante que se descubre el pastel a un lector le da por la cultura de la cancelación y comienza una campaña en contra de la citada editorial por apoyar la guerra, ya la tenemos liada. Si una asociación de gays, lesbianas y otras orientaciones sexuales gusta de meterse en el ajo en defensa del autor, más madera. Y cuando se inmiscuyan en el circo las víctimas del genocidio nazi, ¡¿para qué queremos más?!


Si bien es cierto que la denuncia social es muy respetable, sobre todo desde un planteamiento fáctico en el que los hechos se relatan, también puede levantar suspicacias y nuevos conflictos, pues lo intrincado de nuestra naturaleza social favorece la diversidad de percepciones que suelen establecerse en un flujo multidireccional.
Ante la duda y en estos casos, yo siempre abogo por apelar a lo humano, como es el caso del libro de hoy, que con el título de No, se acerca a las librerías de la mano de Paula Carbonell, Isidro Ferrer y A buen paso.


Todo empieza camino del colegio. Uno al que su amigo no llega. La vuelta a casa también se hace difícil. Todo es un caos y no la encuentran, por lo que deciden pararse en el parque a jugar. De repente llega su madre angustiada y, tras darles muchos besos, les dice que van a jugar al escondite. Aparece un agujero en el suelo, el hambre y la sed. ¿Los encontrará su padre algún día?


No se adentra en la historia de dos hermanos que ven su vida cotidiana truncada por la guerra desde una perspectiva muy infantil. No hay muertos, no hay armas, ni cruentas batallas. Todo sucede en un escenario donde dos figuras de madera, elementos con geometrías angulosas y la luz tenue, sobran para construir una narración sobrecogedora. Con pocas palabras, este álbum casi silencioso, nos deja mudos. En él no se ahonda en los detalles. Las voces infantiles, la parquedad y una sobria puesta en escena son los recursos narrativos esenciales que propician esa atmósfera triste y solemne.


Amplios espacios, una tipografía cambiante y detalles turbadores (fíjense en esa escalera rota o el diámetro del agujero). Todo parece haber sido medido al milímetro para despertar un diálogo complejo con los lectores. Suspense, dramatismo y vaivenes emocionales que descubrimos en esta lectura sosegada donde, alejada del ruido de otros títulos antibélicos, nos encontramos con ese cariño familiar que eclipsa el desastre de las bombas.

martes, 7 de noviembre de 2023

Paso a paso, piedra a piedra


Siempre me han fascinado las piedras. Su forma, sus colores, sus materiales, su ubicación. Tienen algo especial. Las hay planas y ovaladas, también angulosas y algo cúbicas. Negras, grisáceas, doradas, blancas e incluso rojizas. Unas brillan como un cristal y otras parecen refulgir cuando están mojadas. Las encontramos por todos lados. A la orilla del mar (mis favoritas, las pizarras desgastadas), en el fondo de un río y en lo alto de las montañas.
No sé qué tienen, pero enganchan. Que se lo digan a mi sobrino, que parece una urraca. Cuando encuentra una especial, ¡a la buchaca! Así pasa, que mi hermana no gana para sustos con la lavadora y tiene que supervisar cualquier bolsillo por pequeño que sea.


No sé por qué, pero siempre he pensado que siempre hay cierta inclinación masculina hacia ellas. Mientras los críos las cogen y manipulan a todas horas, las chiquillas sienten cierta animadversión por estas. Quizá sea una impresión, sáquenme de dudas si estoy equivocado.
No obstante, niños y piedras pueden ser un binomio altamente peligroso, más todavía cuando pierden la noción de lo humano y se dejan llevar por ese halo salvaje que siempre merodea a los infantes. Por eso no hay que perderlos de vista, que a la mínima se apedrean entre ellos o a un gato, en vez de ver como saltan los cantos rodados sobre la superficie de un gran charco.


Montones de piedras son las que ha coleccionado Isidro Ferrer en un libro recuperado por la editorial A buen paso. Piedra a piedra, no solo nos habla de su historia personal con las piedras (si siguen su trabajo, se habrán dado cuenta de esta relación tan duradera), sino que desarrolla una especie de guía didáctica para otros humanos que quieran entrar al trapo con ellas.
Animales reales o imaginados, escenas bucólicas y un porrón de retratos. Personajes que se suceden en las páginas de un libro a caballo entre el cuaderno de campo y el libro de actividades. Sugerencias creativas de todo tipo que no solo nos retrotraen a la infancia, sino al arte y las técnicas figurativas.


A través de sus ilustraciones tridimensionales, el autor aragonés nos acompaña en su recolección, buscar su lenguaje e intervenirlas de muy variadas maneras. Una investigación llena de curiosidad que, a modo de serendipia, nos divierte y embelesa a partes iguales.

domingo, 18 de abril de 2021

Libros de artista, álbumes de artista... ¿qué son?


En las últimas charlas sobre álbum a las que he asistido, he oído bastantes veces las expresiones "libro de artista", "libro de autor" "cuaderno de artista" o "libros-objeto", unas denominaciones que a veces se utilizan indistintamente pero que tienen sutiles diferencias. A eso mismo me dedicaré hoy, a sacarlas a la luz, y de paso me internaré en los llamados álbumes de artista, un apartado donde incluyo algunas publicaciones de última hornada.


Por lo general, cuando hablamos de libro de artista, nos referimos a una publicación concebida y diseñada por un artista como obra de arte en sí misma. Para ello, el autor es consciente de algunas de las características del libro como objeto: su capacidad de circulación geográfica, el bajo coste y la longevidad del soporte hacen más accesibles sus creaciones y llegan así a un mayor número de personas. Es decir, utiliza el libro como objeto democratizador de sus ideas ya que, hasta hace poco, dicho formato ha sido considerado el principal medio de difusión de masas.
Fotografía, collage, libros acordeón, arte postal, grabado, libros alterados (son aquellos libros de artista que se realizan sobre otros libros), medios digitales, óleo, elementos pop-up y móviles, dioramas, troqueles… Cualquier técnica y concepto artístico es válido a la hora de desarrollar un libro de artista, algo que propicia cierta problemática a la hora de sistematizar los criterios que permitan identificarlos y clasificarlos.
Lo mismo sucedería sobre su reproducibilidad. Generalmente, el libro de artista es único o tiene una edición muy limitada, un hecho que aúpa el coleccionismo y la revalorización, véanse Twentysix Gasoline Stations de Edward Ruscha (3000 ejemplares), el Quadrante Illeggibile Bianco e Rosso de Bruno Munari (2000 copias) o La boîte verte de Marcel Duchamp (300 ejemplares ordinarios y 20 de lujo). Este hecho tiene poco que ver con el libro convencional, uno altamente reproducible debido a su carácter industrial. Sin embargo, en la actualidad no se considera una característica diferenciadora, ya que hay libros de artista que se han reproducido una y otra vez por diferentes intereses.


Bruno Munari. Quadrante Illeggibile Bianco e Rosso.


Marcel Duchamp. La boîte verte.

Dentro de los libros de artista también podríamos hablar del cuaderno de artista. Debido a su carácter personal e íntimo, estas herramientas de estudio son libros de artista per se. Solo habría que matizar que los cuadernos llevan implícito un grado de experimentalidad mayor y responden más a un proceso que a un producto artístico final en el que el discurso está debidamente construido y presentado al lector-espectador. Como cualquier otro libro de artista puede ser único o reproducible, algo que siempre responde a un interés personal o capricho, tanto del autor, como de un editor externo.


Dieter Roth. Little Temptative Recipe.

Por último hay que detenerse en los libros de autor. Con esta denominación nos referimos a todos aquellos libros que se publican sin la intervención de un editor o una casa editorial, algo que hoy día es sinónimo de autoedición. En ellos, el autor es responsable de todos o la mayoría de los aspectos del proceso de creación y edición del libro. Ello no implica que sean libros exclusivos o con tiradas de 500 ejemplares -existen libros de autor que han vendido miles de copias-, ni que contengan ideas transformadoras dirigidas a los cambios sociales. Si bien es cierto que tienen buena prensa ya que responden a deseos personales o innovadores que muchas veces no tienen cabida en la edición convencional, muy pocos son libros de artista.


Edward Ruscha, Twentysix Gasoline Stations.

Una vez definidos estos tres tipos de libros, me gustaría establecer ciertos paralelismos con el llamado libro-álbum, uno de los géneros mayoritarios en la Literatura Infantil y que reúne una cantidad sustancial de libros de artista.
Lo primero que debemos de tener en cuenta es que los libros de artista surgen en el siglo XX, sobre todo en el segundo tercio, una época donde las vanguardias artísticas -léanse surrealismo, arte pop o el movimiento Fluxus- desarrollan las primeras producciones artísticas de este tipo. Es también la época en la que el álbum infantil se desarrolla enormemente, por lo que existe un paralelismo que hace emerger puntos comunes que conectan unos con otros, más todavía si tenemos en cuenta que el libro-álbum es un género en el que empiezan a ingresar numerosos artistas gráficos reconocidos.


Katsumi Komagata. Meet Colors - Little Eyes

Uno de esos puntos comunes es la imagen. Tanto el libro de artista, como el libro-álbum se desligan del lenguaje textual para desbordarse a través de otros lenguajes, principalmente el gráfico, de manera que la idea encuentra nuevas narrativas donde caben miradas diferentes que alientan discursos más o menos transgresores, más o menos transformadores, más o menos literarios.
Otra sinergia es la materialidad. El libro de artista se interna en el objeto libro, despliega sus páginas, las modifica y replantea su utilidad para circunscribirse a nuevos elementos que ayuden al mensaje artístico, algo que también hace el libro-álbum al sacar partido de elementos como las guardas o las tapas para desbordar el discurso literario. La arquitectura del libro habla por sí misma e interacciona con el lector-espectador.


Warja Lavater. Le petit chaperon rouge.

Entonces, ¿cualquier libro-álbum podría considerarse libro de artista? No.
Por lo general los libros de artista suelen responder al acto creativo de un único artista, mientras que los álbumes integran varias voces e ideas, algo que en muchas ocasiones supone una ruptura del discurso artístico.
Tampoco quiere decir que cualquier libro ilustrado por un artista de renombre deba ser tratado como libro de artista. Delacroix para el Fausto de Goethe, Picasso para La metamorfosis de Ovidio, Monet para El cuervo de Allan Poe..., a lo largo de la historia son muchos los ejemplos de pintores que han colaborado con escritores y viceversa, pero siempre en calidad de “iluminadores” que amplifican lo literario. Algo de lo que ya hablé cuando me pregunté ¿Es arte la ilustración?



Suzy Lee. Alice in Wonderland.

Pero lo que más diferencia (y define) al libro-álbum infantil es el aspecto comunicativo hacia la infancia, un obstáculo enorme para muchos libros de artista en los que la complejidad del discurso necesita una mirada más formada e integradora. Por esta razón hay pocos libros de artista dentro del álbum ya que, además de transgredir la mirada, alcanzan la universalidad discursiva gracias a su legibilidad artística. Algo que sucede con, entre otros, las versiones de los cuentos clásicos de Warja Lavater, el MN1 de Bruno Munari, el Hasta el infinito de Kveta Pacovska, o el Alice in Wonderland de Suzy Lee (cuyo original se encuentra en la Tate Modern de Londres).


Afinando con estas propuestas de sobra conocidas, hoy les traigo a este espacio de monstruos ávidos de contenido gráfico, otros dos libros que destilan cierto sabor a los libros de artista.


El primero es Cuaderno Arcaico Muralis, un libro de Pablo Auladell exquisitamente publicado por la siempre dedicada editorial alicantina Degomagom. Con el subtítulo y siete consideraciones para emboscados, este proyecto personal nos presenta una serie de dibujos recogidos en uno de los cuadernos del artista, concretamente el utilizado entre julio de 2018 y mayo de 2020. Algo que nos da la oportunidad de conocer las ideas generatrices de muchas obras que están por venir, así como nos invita a participar del viaje canónico realizado por el artista a través de sus páginas.



Al tiempo que transcienden la subversión y rompen las convenciones, esta secuencia de imágenes se acompañan de siete textos extraídos de sus charlas y talleres para invitarnos a la reflexión de las paradojas y sutilezas del proceso creativo, y otras miserias artísticas y, por qué no, también humanas.


El segundo es la Enciclopedia visual de los sonidos, un trabajo de Isidro Ferrer del que nos hace partícipes A buen paso, una de esas editoriales con buen gusto hiperdesarrollado. En esta quimera con vises de abecedario, libro de actividades, cuaderno de artista, libro alterado y diario de pandemia, se recopila la experiencia realizada por el doblemente premiado con el Nacional de Diseño y el Nacional de Ilustración gracias a una iniciativa del Museo Nivola (Cerdeña, Italia). En ella se pretendía dar voz silenciosa a muchos de los sonidos que nos envolvieron durante el silencio de los confinamientos y que hasta entonces pasaban desapercibidos en el tumulto de nuestras vidas cotidianas.



Búhos, aviones, conejos, mordiscos, tortugas o bombillas fueron algunos de los elementos escogidos por Isidro Ferrer para hacernos escuchar con la mirada todo aquello a lo que sus oídos habían dejado de prestar atención, y de paso nos invita a elaborar nuestro propia enciclopedia. ¿Os atrevéis?



*    *    *

Para saber más sobre libros de artista podéis echar mano de algunos recursos como:

- Ángela Cabrera Molina. 2015. El libro-arte y la infancia. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense.

- Riva Castleman. 1994. A Century of Artists Books. Nueva York: MoMA. Edición digital AQUÍ

- Salvador Haro González. 2013. Treinta y un libros de artista. Una aproximación a la problemática y a los orígenes del libro de artista editado. Marbella: Fundación Museo del Grabado Español Contemporáneo.

- Sabina Alcaraz i Gonzalez. 2012. El libro de artista. Historia y contemporaneidad de un género artístico. Valencia: Universidad de Valencia.

viernes, 10 de febrero de 2017

Buscando preguntas para tantas respuestas


Como el tiempo sigue a tompicones en este mes tan dicharachero (Febrerico loco, si malo es un día, peor es otro), va siendo hora de hacer el hatillo y marcarse una escapada. ¡Y que soplen otros vientos que despeinen los pensamientos! ¿Nacerán las respuestas y morirán las preguntas? Espero, que no son pocas...

Son los senos de las sirenas
las redondescas caracolas?

O son olas petrificadas
o juego inmóvil de la espuma?

No se ha incendiado la pradera
con las luciérnagas salvajes?

Los peluqueros del otoño
despeinaron los crisantemos?

Pablo Neruda.
En: Libro de las Preguntas.
Ilustraciones de Isidro Ferrer.
2006. Valencia: Media Vaca.


jueves, 30 de junio de 2016

Este verano, ¡juegos y caracolas!



¿Hoy es 30 de junio...? ¡Qué rápido ha pasado el curso! Sin darme cuenta, la verdad... Parece mentira que hace unos meses empezara a hacerme eco de las novedades (siento que algunas, a pesar de su calidad, se hayan quedado en el tintero..., la semana tiene siete días y cada día, veinticuatro horas, que estiro bastante, todo sea dicho), a elaborar selecciones temáticas (tengo varias en mente para el curso que viene), entrevistar a gente que orbita por el universo lijero, recitar poesía con rima o sin ella y, sobre todo, a disfrutar como un enano.



A pesar de todo, el cansancio nos va minando y hay que tomar un respiro, no sólo para coger aliento (que ya llevo la lengua fuera), sino para desconectar del cartoné, de los viajes, de ponencias, de lecturas especializadas, de librerías y bibliotecas, de los envíos editoriales, de las redes sociales, de los ataques, las caricias y la indiferencia de otros monstruos, de las verdades y mentiras del sector, y de que todo sea tan maravilloso y a la par tan dantesco (N.B.: ¡Pero qué pijo! ¡Hasta la Literatura Infantil tiene su cara y su cruz!.. No les voy a negar que a veces me resulta cansino todo este tinglao... Tánto postureo literario que empobrece y aburre a partes iguales, tánta pasión enlatada por los libros, tánta cultura y cultureta, tánto tole-tole me provoca tal sopor que, unido al estío, me deja medio molido en pro del encefalograma plano).



Así que, este verano, por solidarizarme con mis alumnos, esos que también se hallan hartos de tanta sabiduría, me dejaré caer por la playa para jugar a las palas, mojarme el culo en mitad de las olas, cantar con las sirenas, hacer un bonito castillo de arena y recoger alguna que otra Caracola, como las que recoge Pema (¡Me trae tantos recuerdos este apelativo!) en el libro desplegable que Alex Nogués Otero y Silvia Cabestany han ideado junto a la editorial Tres Tistres Tigres.
Espero que entre la brisa del mar y las gafas de buceo, no me olvide de todo lo bonito que conlleva la escuela, esa que a veces es una tortura. Es por ello que he metido entre la toalla el especial Cuaderno de vacaciones de Grassa Toro e Isidro Ferrer (editado por Libros del Zorro Rojo en España), un genial propósito para poner en solfa que las vacaciones son para disfrutarlas.



Sin más que apuntillar, les deseo unos meses chispeantes (a los de este hemisferio) o un dulce invierno (a los del otro), y si son con un libro bajo el brazo (el que ustedes quieran, sin críticas ni especialistas de por medio: déjense llevar), MEJOR.

¡Hasta septiembre!


martes, 29 de marzo de 2016

Bienvenida seas, primavera



Hace una semana que comenzó la primavera y, entre pitos, flautas y la semana santa, no le hemos dado una bienvenida como la que se merece en este lugar monstruoso. Así que... ¡al quite!
La primavera se erige como esa transición (no sé a qué se deberá mi predilección por estas estaciones que sirven de nexo a los rigores de otras menos señalables), como la antesala al calor estival, que, a pesar de las típicas y hermosas connotaciones que tiene, suele ser bastante descontrolada y, en algunas ocasiones, hasta furiosa (no les tengo que hablar de hormonas, astenia, alergias y climatología desapacible, que suelen acarrear más de un disgusto...).


Así que, poniendo enmienda a esta demora que han traído los días de asueto (uno necesita también hacer el mono), este último martes de marzo iniciamos el tercer trimestre del curso con dos obras primaverales de alto contenido poético: Osa de Lucía Cobo (ilustraciones) y José Ramón Alonso (texto), editado por Narval, y Un jardín, con Isidro Ferrer a las ilustraciones, María José Ferrada a las palabras y A buen paso a los cuidados editoriales.


El primero es un álbum ilustrado metafórico que nos desvela a través de imágenes preciosistas y cargadas de gran simbolismo, los cambios que se suceden en la naturaleza con la venida de esta época. El vehículo elegido por los autores para escenificar el transcurso del otoño a la primavera es la figura de una osa. Con un estilo figurativo y surrealista (el frío abriendose camino, descubriendo en la nieve de las lomas el dormitar del mundo; una primavera que dibuja la sombra de los árboles reviviendo y hace brotar la vida) narra lleno de romanticismo el viaje hacia la maternidad, un recurso de estilo literario bastante común.


En Un jardín, no sólo hay que atender a su gran belleza visual (el llamativo formato de un libro desplegable de casi 180 centímetros, el texto tranquilo y pausado, y las ilustraciones a modo de grabado), sino que hay que apuntar a un complejo argumento que lo hace delicado y sutil, potente y extraño. Se erige como un canto a los cambios personales que funden sueños y realidad, a la ligereza de la vida y, quizás, también de la muerte. La buena elección del formato (aporta una mayor sensación de amplitud y continuidad), los pequeños detalles en las ilustraciones (Lo limitado de la paleta de color... La dicotomía entre las escenas en las que aparece el señor Wakagi, ¿qué nos querrá decir?...) y la ambientación oriental, son tres bazas en este álbum de difícil clasificación.


¡Y bienvenida seas, primavera!

viernes, 25 de enero de 2013

De pelo y tijeras



Pese a la ciclogénesis explosiva (no entiendo a qué viene tanta tontería para darle nombre a una borrasca de toda la vida…) del pasado fin de semana y a las lluvias que nos han puesto en remojo durante los pasados días, he decidido raparme la cocorota y dejar que el viento frío se abra paso entre las pocas ideas que pueblan mi testa… Y cómo no… ¡para que el cuero cabelludo se refresque!

Peluquero de mi pelo,
no me cortes, por favor,
que me pegan cocotones
en la escuela, si me pelo.
El que se pela, ¡se estrena!

Marisa  López Soria.
Peluquero.
En: Diversopoemas.
Ilustraciones de Isidro Ferrer.
2002. Madrid: Ajonjolí – Hiperión.

lunes, 27 de octubre de 2008

¡De muerte!




Para Encarnita, que sé lo que le gustan estas cosas....


En épocas de crisis como la que estamos sufriendo, esto de pensar no es recomendable para la salud... Al final, uno acaba embadurnado de pesimismo y no ve la luz al final del túnel. Supongo que esta situación no vaticina el final de nuestra existencia, a lo sumo, la dificulta, así que no debemos augurar epitafios tremendistas. De todos modos, aquí, en este terruño, lo único que no perdona es la muerte. No vea el lector grandes desgracias en estas palabras pues no es momento de tragedias griegas. 



La muerte es lo único efectivo, tanto, que nos deja bien tiesos –como Hacienda…, siempre jodiendo-. Sin ánimo de frivolizar, hay que ponerse en el pellejo de los moribundos, que, lejos de angustiarse por haber perdido la nómina, arruinarse con las acciones de Vallehermoso® o quedar embargados por el banco, están pendientes de sujetar la vida al pellejo a base de grapas de tapicero, de esas bien recias. Esta claro que si nos ponemos a perder, prefiero perder los cuatro duros que tengo ahorrados, a dejar por el camino ese soplo divino que me mantiene vivo.



Aunque la temática del álbum ilustrado ha cambiado considerablemente desde los inicios del género y suele ser de lo más variada, no es muy frecuente hablar de ataúdes y ritos funerarios en este formato, pues se sobreentiende que los lectores más pequeños no entienden de cosas tan ¿siniestras? Lo cierto es que tampoco hay que monopolizar el género con historias tétricas, así que, conformémonos con los buenos ejemplos existentes en el mercado. 



De entre los pocos títulos que versan de muertes, por hablar de uno (advierto que me chiflan casi todos), elijo Una casa para el abuelo, de Grassa Toro e Isidro Ferrer (Libros del Zorro Rojo, otrora en la editorial Sins-entido). Nos cuenta de los preparativos que una familia lleva a cabo para honrar a la figura del abuelo, es decir, de costumbres y ritos funerarios. No quedando contentos con su enterramiento, deciden construir una vivienda sobre el túmulo (asunto muy oscuro pero que, con cierto toque de humor negro, nos aproxima a una realidad insalvable). 



Para mi gusto es de lo mejorcito que han hecho este tándem maño. Por un lado el texto parco y sincero que desde la voz de un nieto nos narra una acción donde caben el humor, la tristeza, la dulzura y el entendimiento. Por otro las bien llevadas ilustraciones elaboradas en técnica mixta por Isidro Ferrer. De gran proximidad y coloristas nos ayudan en ese viaje hacia el duelo y el viaje interior.
Léanlo. A mí me encandila. Decidan si es también de su agrado.



Jacques-Louis David. 1793. La muerte de Marat.