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lunes, 15 de enero de 2018

Bajando el buche pero comiendo bien


Hablando de morcones con mi compañero el murciano, acabo de darme cuenta de que me he puesto como un trofollo... ¡Qué desastre, dios mío, qué desastre! ¡De cuerpos humanos, de mermas, de lastres! Los años desvanecen el lustre, se diluye la juventud y todo son achaques. Nada. Decidido. Después de un mes padeciendo las bonanzas de polvorones y mazapanes, hay que recuperar la figura...
“Hidratos de carbono”, “abdominales” “colesterol”, “hidratación”, “bajo en calorías” suenan a retahíla, pero estos vocablos son un clásico al principio del año (¿Quién dijo “rebajas” y “cuesta de enero” habiendo kilos de por medio?). Ya saben que nos hemos puesto finos y ahora toca arrancar el año con gimnasios, entrenadores personales, liposucciones y nutricionistas experimentados (¿Qué chirigota decía aquello de “Lo mismo, lo mismo, to' los años lo mismo”...?). ¡Habrá que quitarse las lorzas y prepararse para los cuarenta grados centígrados! Mientras unos sudan en la cinta, otros se pavonean por las clínicas de cirugía estética. Todo vale cuando se trata de lucir palmito, de postureo veraniego. Cada uno saca el mérito de donde lo tiene, unos de la voluntad y otros de la hucha de las propinas, la cuestión es que el Instagram nos luzca, manque pierda.


Yo soy de los de buen comer y mover bastante el fandango. Nada de restricciones agresivas, de hambrunas milagrosas, de bisturís o rutinas macrobióticas. Ejercicio y buenos alimentos es lo básico. Meneen en culo. Yoga, pilates, natación, carrera, un paseo con mueve, bici, fútbol o baloncesto. Después vayan al frigo y echen mano de zumo de limón, naranjas, también miel, queso, abundantes lentejas, garbanzos y arroz, mucha agua, algunos frutos secos, espinacas, acelgas y potajes, cucharas, guisados y pucheros, tomates frescos y aguacate, fibra que no falte, ni vitaminas saludables. Nada de bebidas azucaradas ni ultraprocesados, coma pan con prudencia, evite el exceso de sal y aceites industriales. Desayune con colmo, almuerce con ganas y cene ligero que ahora llega lo peor: acostumbrarse.


¿Quién dijo que haya que renunciar a la buena repostería, a las tortillas de patatas? De eso, nada. Sólo tiene que hacerlos usted mismo. Y si quieren una buena receta, he aquí la de la tortilla española... Casque cuatro huevos hermosos. Bátalos con mucho brío. Añada un vaso de azúcar, otro de aceite, un yogur natural, un chorreón de leche, dos vasos de harina de trigo y un sobre de levadura. Horno a 160º C y ¡voilá!... ¿¡Pero qué digo!? ¡Me traiciona el subconsciente! ¿Será que es lunes o que soy un galgo?... Me habrá pasado como a El ratón que quería hacer una tortilla, un álbum muy divertido de Davide Cali y Maria Dek en el que un buen puñado de animales ponen su grano de arena para echarle un cable al roedor y de paso, endulzarse la vida entre todos.


Les dejo, que hay que darle coherencia a la semana. Lo dicho, hagan el favor de moverse una miaja, porque si le meten kilogramos de alegría al cuerpo y se anclan a la siesta, se pondrán como la Tomata, y no habrá bisturí ni dieta de la piña que valgan.   

jueves, 29 de diciembre de 2016

Contando los sueños uno a uno


Cuando suena la última campanada del día 31 de diciembre y mi madre nos dedica un suspiro acompañado de “Otro año más...”, pienso que debe haber un momento en la vida en el que nos damos cuenta de nuestra propia vejez. Un momento que, debe ser, todavía no me ha llegado. No es que sufra de un alienante complejo de Peter Pan, no. Ni tampoco creo que se deba a pasarme seis horas al día al lado de adolescentes alocados (mi abuela, con casi noventa años, tiene más mueve que algunos de ellos). Quizá tenga algo que ver con mis expectativas de hacer cosas, de curiosear, de aprender..., como si no hubiera fines tras esa metas.


Lo veo en muchos de los que me rodean: "Tengo un marido/una esposa, unos hijos, un trabajo, una casa, un coche, al perro y a la suegra (Nota: Pónganlos en el orden que les plazca, que cada uno tiene sus preferencias), ¿qué más puedo pedir? ¡Ya puedo meterme tranquilo en el sarcófago!..." Cuando oigo cosas como esta me dan ganas de coger una ametralladora, pero luego respiro hondo, me sereno y pienso que hay que respetar los deseos de otros y, mientras no nos salpiquen, dejar que inviertan su vida en lo que quieran aunque no deje de preguntarme “¿Acaso no tienen sueños?”


Cuando yo era pequeño soñaba demasiado (quizá ese sea mi problema/secreto: que lo sigo haciendo). Una temporada me dio por decir que quería ser pastelero, otra quería ser pintor o cantante (ya ven que soy bastante ecléctico)- Lo de dedicarme a la ciencia también quedó en agua de borrajas. Lo de ser carpintero tampoco estaba mal. Hace poco hice mis pinitos literarios, y en estos momentos que ya soy un poquito más mayor, me he dado cuenta de que poco puedo llegar a ser (Riámonos, por favor, para que sigan criticando mi optimismo).


En definitiva, dentro de unos días llegara el final de este 2016, y hoy por hoy, lo mejor que podemos hacer es vivir el presente con miras a un prometedor mañana sin encallarnos en los días pasados (¡Prohibidos los “Ay, si yo hubiera...”!), un ejercicio que hacemos cuando somos niños y dejamos volar la imaginación para con nuestro futuro. No se lo piensen dos veces, lean el encantador Cuando sea mayor de María Dek (Patio Editorial) y vayan apuntando sus sueños uno tras otro para el 2017.