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viernes, 5 de junio de 2026

De frutas (casi) veraniegas


Cada semana que pasa, nos quedan menos días de primavera (oficialmente, porque climáticamente, el verano hace tiempo que ha llegado), algo de lo que pueden percatarse visitando fruterías y supermercados. Fresas, cerezas, picotas, albaricoques, nectarinas, algún melocotón despistado, paraguayas (aquí se le dicen fresquillas) y las primeras sandías. Manzanas y peras empiezan a escasear y la naranja valenciana está más seca que el ojo de un tuerto.


Consumo fruta durante todo el año. Desayuno, almuerzo, merienda o cena. Siempre que puedo, cae alguna cosa. Una pena que muchos nutricionistas se dediquen a demonizarla a causa de los azúcares y que el personal se haya vuelto demasiado gandul para lavarla, pelarla y disfrutarla. Además, mucha gente las prefiere deslumbrantes y verdes, en vez de modestas y maduras. Ea…, hay papilas gustativas que se subyugan a la mirada.
Y con dulces manjares, finalizamos la primera semana de junio a golpe de poemario muy afrutado gracias a los versos de José Antonio Lozano y las ilustraciones de Leo Flores.

A (albaricoque)

Se durmió el albaricoque
en la punta de una rama
con su vientre sonrosado,
vocación de mermelada.

Siempre soñó con tener
una piel de porcelana,
y manos de terciopelo
para abrazar a su amada.

Cuando al fin salió la luna
y vio su sábana blanca
le susurró una canción
con colores de alborada.

El fruto, pura pasión,
estrechó fuerte su rama
y entre sueños de algodón
se entregó a la madrugada.

***

C (cerezas)

Siempre en pareja
van las cerezas,
por las mañanas
van a la escuela:
hoy toca clase
de primavera.

Siempre en pareja
van las cerezas,
a mediodía
duermen la siesta,
luego en el viento
se van de fiesta.

De terciopelo
van las cerezas,
baile de fuego,
rubís de seda,
dedos de azúcar
siempre en pareja.

José Antonio Lozano.
En: Abefrudario.
Ilustraciones de Leo Flores.
2026. Valencia: Iglú.


viernes, 29 de mayo de 2026

Sobre la fisiología del pedo


Hay tanto pedorro en este nuevo milenio, que cualquier cosa huele a mierda. Es lo que tiene atiborrarse de fibra. Semillas de chía, lino, frutos secos y lechuga iceberg. Que si regulan el índice de glucemia, vacían el colon y alimentan la flora intestinal. Lo malo viene cuando, con tanta celulosa, se forman las llamadas flatulencias ¡y que empiece la fiesta!
Además del alimento, también intervienen el aire ingerido durante la deglución (mastiquen y traguen despacito, por favor) y los gases producidos durante la fermentación bacteriana. Aunque la mayor parte de estos son inodoros (hidrógeno, metano y dióxido de carbono), también se generan compuestos de azufre que huelen fatal. ¿Y el ruido que hacen? No es ni más ni menos que es la vibración del esfínter anal cuando estas ventosidades lo atraviesan y será más o menos agudo, más o menos prolongado dependiendo del volumen de gas y la apertura de ese músculo circular.


Para valoraciones menos científicas les dejo con el enorme Francisco de Quevedo, un pájaro de armas tomar que, aparte de sacar loco a Góngora, era especialista en sacarle punta a temas escatológicos y un tanto obscenos para, con mucho humor, conseguir el aplauso popular. A los pinceles, Miguel Ángel Díez, un hacha en esto del desenfado que, a base de colorido y expresividad, insufla ese toque tan descarado que siempre arranca sonrisas a pesar de lo escabrosa que sea la temática.

Alguien me preguntó… ¿Qué es un pedo?
y yo le contesté muy serio: El pedo es un pedo,
con cuerpo de aire y corazón de viento.

El pedo es como un alma en pena
que a veces sopla, que a veces truena,
es como el agua que se desliza
con mucha fuerza, con mucha prisa.

El pedo es como la nube que va volando
y por donde pasa va fumigando,
el pedo es vida, el pedo es muerte
y tiene algo que nos divierte.

[…]

Francisco de Quevedo.
En: Poema al pedo.
Ilustraciones de Miguel Ángel Díez.
2026. Iglú: Valencia.


viernes, 22 de mayo de 2026

De bolsillos y recuerdos


Mi sobrino parece una urraca. Si algo le llama la atención, ¡al bolsillo! Una piedra, una semilla, tres canicas, un tornillo, una pila de petaca, monedas de otro tiempo… Da igual lo que sea. Siempre encuentra una excusa para la colecta. Todo es necesario. Por si hay un apagón, para defenderse de los villanos, jugar en mitad del aburrimiento o reparar el motor de un avión. Lo peor de todo es que un día de estos se la van a caer los pantalones con tanto peso…


No me extrañaría nada que la autora del poemario de hoy se hubiera inspirado en él o en tantas otras criaturas que gustan del pillaje y el coleccionismo. Así pasa, que conforme leo sus versos, no paro de esbozar sonrisas de las que se guardan en la memoria. Una hebra de lana, un trozo de tiza, migas de pan, conchas marinas y hasta un polluelo. Poco a poco la vida se va llenando de momentos que ya no caben en tan poco espacio. La cometa que surca el cielo y la tormenta que ruge o la nieve que cubre la noche. Eso es la infancia: el vivero de nuestros recuerdos.

Guarda la niña en un bolsillo
un trozo de tiza
para escribir letras, palabras, números
en una pizarra o en las aceras.

Para dibujar.
para hacer marcas
en el camino de un juego
o un laberinto.

Para señalar
en el suelo de la calle
la puerta y las paredes
de una casa.

Para pintar una rayuela
y alcanzar a saltos
la casilla del cielo.

***

Lleva la niña dentro de un bolsillo
-quién sabe por qué-
una hebra de lana azul oscuro.

Quizá porque tiene el color de la noche en verano.
Quizá para atar con ella algún envoltorio.
O para hacer un intercambio:
te doy una hebra de lana si tú…
O para jugar a alguna cosa que se le ocurra.
O a lo mejor es solo por sentir su suavidad
al rozarla con las yemas de los dedos.

Isabel Cobo.
Tiza y Una hebra de lana.
En: Tesoros en los bolsillos.
Ilustraciones de Mar Azabal.
2026. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 8 de mayo de 2026

De rimas y cocinas


El consumo de pescado en España ha descendido un treinta por ciento en la última década. Tanto es así que las pescaderías se ven obligadas al cierre, las grandes superficies están considerando eliminarlas para dedicarse al producto envasado y la variedad de especies que consumíamos antaño ha quedado diezmada por esos paladares tan pueriles que criamos hoy día en el terruño.
Y la cosa no va solo de peces, pues las legumbres y la fruta empiezan a brillar por su ausencia en la cesta de la compra, el cordero y el conejo son testimoniales, la casquería ni verla y lo del pan es para echarse a llorar. Sí, ahora echen mano de su querida IA y constaten la realidad.
Lo más gracioso es que al españolito medio se le llena la boca con la dieta mediterránea y la cocina casera, mientras los pucheros se llenan de polvo en los armarios, los restaurantes y establecimientos de comida preparada hacen el agosto a diario y las familias solo comen como Dios manda los domingos en casa de las abuelas.


No me vengan con rollos. Abundan los cuchiflitos instagrameros, la cocina de fusión, las dietas fit y, sobre todo, la dejadez, la holgazanería y la pereza. Todos tienen tiempo para ir al gimnasio, procrastinar en las redes sociales, atiborrarse de series o irse de cervezas, pero ninguno para encender los fogones. A eso, en mi pueblo, también se le llama no tener vergüenza.
Por eso, yo siempre pienso que el mejor regalo que puede hacerte alguien hoy en día, es cocinarte. Pensar el guiso, ir al mercado, colgarse el delantal y meterse en harina. ¡Eso es amor y lo demás tonterías...! Si además consideramos que todo ese trabajo se resuelve en un instante tan efímero llamado bocado, el gesto merece silencio, respeto y cariño. He dicho.
Así llegamos al libro de hoy, un poemario que toma por bandera sartenes y pucheros y nos invita a probar un menú bien sabroso en el que se intercalan rimas que saben a entrantes, platos principales y postres. Hay de todo. Adivinanzas y chanzas hortofrutícolas, sabores conocidos y desconocidos, juegos refrescantes y palmas con mucho salero. Palomitas de maíz para acompañar la tarde, un café en rica compañía, historias de amor o recetas tan repugnantes como divertidas. ¡Reciten en voz alta y disfruten de la comida!

Tomate frito

Yo te quiero y te requiero,
como la mera a su mero,
y mi corazón ya late
como si fuera un tomate.

Late así, tomate frito,
que si no yo me derrito,
que me sabes a patatas,
que te meto en una lata.

Yo te quiero y te requiero,
como la mera a su mero,
y mi corazón ya late
como si fuera un tomate.

Late así, tomate frito,
que me lo dijo Pepito.
Comeremos ensalada
y no te daremos nada.

***

Pillo, pillo

Pillo, pillo,
pepinillo,
cebolletas
con barquillo.

Vinagreta,
cuchufleta,
babarillos
en chancletas.

Pillo, pillo,
pepinillo,
entra a casa
que te pillo.

Mar Benegas.
En: Con mucho gusto.
Ilustraciones de Rosa Ureña.
2026. Madrid: Bookolia.

viernes, 1 de mayo de 2026

Pasiones y profesiones


Primero de mayo. Día del trabajo. “Arbeit macht frei”, rezaba aquella inscripción en algunos campos de concentración nazi. Pero se equivocaban, tanto en aquel contexto, como en el de hoy día. De libres nada, sino más bien esclavos y un poco más infelices, sobre todo si nuestro oficio se convierte en un desatino.
Algunos tenemos suerte porque nos encanta lo que hacemos para ganarnos el pan, pero otros lo sufren a diario como un castigo. No solo por obligación, sino también por elección. Es curioso cómo, a lo largo de todos estos años he venido constatando, muchos de mis alumnos, llenos de vida e ilusiones, frescos y joviales, se transforman en seres grises y hastiados. Se han ido contaminando poco a poco de esta forma de vida tan desalmada que va minando el espíritu.


Ahora que voy penando canas, empiezo a pensar que, aparte de nuestra naturaleza (no voy a negar que hay gente a la que le luce poco la vida) y nuestra buena o mala suerte, una de las hojas de ruta para mantenerse lozano y apasionado es despreciar las convenciones de un universo adulto que aboga por lo material, conformarse con lo posible (¿Para qué pensar en lo imposible? ¿Por qué desear lo ajeno?) y aprender a disfrutar de nuestra profesión. Quizá ese fue el secreto de Gianni Rodari, maestro de la LIJ que nunca permitió marchitarse…

A aquel niño le creció
una planta en la cabeza,
le brotaron flores blancas
que olían a primavera.

El niño también creció
y de joven su cabeza
lucía, en vez de cabellos,
una larga enredadera.

El joven se hizo mayor,
al sacudir su cabeza
caían frutas maduras,
ramas rotas y hojas secas.

Cuando aquel niño fue viejo,
una encina en su cabeza
cantaba llena de pájaros,
daba sombra y buena leña.

A aquel niño que vivió
floreciendo en primavera,
hondas raíces de sueños
le crecieron en la tierra.

Juan Carlos Martín Ramos.
Flores en la cabeza.
En: Rondas de Rodari.
Ilustraciones de Neus Caamaño.
2026. Pontevedra. Kalandraka.


viernes, 17 de abril de 2026

Habitando entre sombras


El calendario se deshoja. Los días pasan y el sol se eleva. La temperatura sube y la tarde se alarga mientras las sombras se acortan. Proyectadas bajo las copas de los árboles se anuncian como refugio de la densa calima. Ese remanso en el que rendirse al cansancio vespertino. La sombra. Sinónimo de siesta, también de sobremesa. De abrigo y cobijo. De paz y tregua.


Hay sombras que ventean y otras que aventan. Sombras que titilan, que se esparcen y balancean. Las sombras adoptan mil formas. Las hay que amparan y otras que aterran. Incluso la sombra propia, que acompaña silenciosa, que cae en el olvido, que aparece de repente, que se va por sorpresa. Cuando la luz se alza en mitad del verano, sobre el cénit de las cosas.


No es de extrañar que les dediquen libros enteros, extensos poemas y muchas loas. He aquí uno de estos. Uno pequeño, que a modo de carpeta, la guarda con cariño durante el día y la noche. Se abre, se cierra y, entre las hojas, queda quieta o se despierta. Porque así son las sombras: juegan y juegan.

[…]

Se mete en la cama
si yo me constipo
y el pecho le brinca
si a mí me entra el hipo.

Mi sombra me sigue
vaya donde vaya,
sea un alto monte
o infinita playa.

Pero cuando duermo,
siento su figura
que ágil se escabulle
por la cerradura.

Oigo sus pisadas
lejos alejarse,
¿buscando otro niño
con quien fusionarse?

[…]

Nacho Rubio.
En: Mi sombra.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2026. Poio (Pontevedra): Pepa A Loba.

viernes, 10 de abril de 2026

Serendipias que compartir


Siempre he pensado que mi labor como prescriptor de lectura, una subcategoría dentro de los llamados mediadores, es dar visibilidad a todos aquellos libros que merecen la pena dentro del panorama editorial, una tarea que no siempre es fácil.
Las distribuidoras, las editoriales, las librerías…, aunque piensen que yo soy omnipresente y estoy al corriente de todo lo que se publica, esto de cribar los catálogos es una odisea. Bucea por las páginas web, las redes sociales, echa mano de los premios y listados con cierta enjundia, visita salones del libro, ferias, librerías y biblioteca, solicita ejemplares de cortesía, afloja la cartera y luego lee, valora y escribe. Nadie sabe el tiempo y la energía que muchos invertimos en esto. Ahora la pregunta del millón: “¿Merece la pena, Román?” Muy poco. Ya se lo digo yo.


A veces te topas con libros como el de hoy. Libros que han pasado de puntillas por el mercado de novedades, que para ti suponen un hallazgo sin parangón y que quieres que todo el mundo lea, sin excepción. Más todavía si se trata de poesía infantil, el género más residual junto con el teatro.


Un álbum pequeño, colorista, sin pretensiones y que brilla en la oscuridad. Que toma por bandera la aritmética, que te enseña a contar. Hacia delante y hacia atrás. Versos sin rima, pero con mucha cadencia en los que se funde lo cotidiano y lo fantástico. Que juegan con las palabras, las imágenes, los números, las sumas, las restas y las ideas. Pero sobre todo se desborda, lacera el subconsciente y nos invita a imaginar ese bosque imaginario gracias a lo simbólico. Hay libros que te llenan y hay que compartirlos.

Un reptil + un arcoíris = un camaleón.
Un reptil + una llama = un dragón.
Una mujer + una aleta = una sirena.
Un hombre + un toro = un minotauro.

***

Un diente. Tres dientes. Un tridente.
Un diente. Cuatro dientes. Un rastrillo.
Un diente. Diez dientes. Una peineta.
Un diente. Tres mil dientes. Un tiburón.

***

Tres pasos. Diez pasos. Una caminata.
Dos vueltas. Diez vueltas. Un baile.
Un baile. Diez bailes. ¡Una fiesta!

Ángeles Quinteros.
En: De la rama al bosque.
Ilustraciones de Ángeles Vargas.
2025. Barcelona: Thule.


viernes, 20 de marzo de 2026

La magia del balcón


Mi espacio favorito de la casa es la terraza. Si bien es cierto que no es demasiado grande, tiene las dimensiones perfectas para albergar una mesita de acero y un par de sillones de mimbre que viven rodeados de todas las plantas que voy recogiendo en mis viajes (Ea… tengo esa manía…). Así, cuando llega el buen tiempo, puedo disfrutar del sol y la luna durante momentos fugaces. A veces, cuando las paredes se te echan encima, solo tienes que girar el picaporte y respirar hondo. 


Mucha gente prefiere acristalar balcones y terrazas para poner otra nueva barrera al polvo, no hay suficientes con puertas y ventanas. Pero yo estoy la mar de contento con mi propia atalaya en la que me siento vigía del pequeño universo que me rodea. Es lo que tiene disfrutar del exterior desde una parcela interior.

Una jungla pequeña
intenta escapar de casa.
¡La plaza está tan cerca!
La libertad se intuye.
Casi se puede tocar
a través de los barrotes.
Petunias, yedras, geranios,
tres pulgones,
dos orugas
y yo.
Observando la fuente,
un señor que pasea
y unos perros que juegan
desde el balcón.

M. Carmen Aznar.
Cárcel con vistas.
En: En casa.
Ilustraciones de Raquel Catalina.
2026. Barcelona: Akiara.


viernes, 13 de marzo de 2026

Nocturno. Siempre nocturno.


Estoy harto del concepto del tardeo. Yo que siempre he sido ave nocturna tengo que exprimir todas mis energías durante la tarde del sábado por culpa de amigos viejunos y padres hastiados. No sea que no puedan levantarse al día siguiente para cuidar a la prole o sufran durante tres días consecutivos la temida resaca. ¡Estamos buenos!


Donde estén la nocturnidad y la alevosía, que se quiten la cháchara y el bailoteo vespertino. Que digo yo que un ratico de puesta de sol está más que agradable, pero a este paso, uno no puede confundirse entre la multitud.

He salido
a buscar la noche.
Dejo que me cubra
Y que me descubra.
Que lo apague todo
Y que encienda un grito
intermitente,
insistente,
permanente,
entre las estrellas.
Chispas del brasero
sin medida
que me abriga
a millones de años luz
de mi mirada
nebulosa.

El chotacabras
emite su consigna
eterna
y la eleva
como una plegaria.
O quizás
como una brisa de risas
que nace
de un antiguo chiste
que los dioses
de todo lo que existe
escriben
en la sombra del cielo,
en mi anhelo
y en mi asombro.

Alex Nogués.
He salido a buscar la noche.
En: Volátil.
Ilustraciones de Elena Monpó.
2026. Barcelona: Akiara Books.


sábado, 14 de febrero de 2026

Verbalizar el amor


San Valentín se abre paso en pleno carnaval y, aunque sea poco, hay que celebrarlo. Que si bien es cierto que un servidor ya no está para demasiados arrumacos, otros le dan mucha importancia al 14 de febrero y hay que contentarlos.
Y como ayer le di prioridad al teatro, hoy toca una pizca de poesía, un género que siempre se agradece cuando se trata del corazón y sus bondades. Así recupero un álbum que bien vale una visita y les invito a disfrutar de ese amor tan verbal que en él se recoge.


Si no lo conocían, ya pueden acercarse a su librería más cercana y hacerse con un ejemplar. Para leerlo en compañía, susurrarlo o regalarlo. No se preocupen, estoy seguro que darán en el clavo. Juegos de palabras, realismo metaliterario, líneas sinuosas, formas grotescas, erotismo a raudales, lo mínimo, libertad y espacio, signos ortotipográficos y el rojo, siempre el rojo. ¿Qué más se le puede pedir al amor?

Dale la vuelta al amor,
busca el significado,
y quédate
con el contrario.

Eso es lo que
siento por ti.

Yo te escribía
y tú me leías.

Aunque no por mucho tiempo.

Pues yo era ilegible
y tú indescriptible.

***

Me encadené a ti,
y tú a mí.
Así de enamorados
anduvimos,
-que no andamos-,
en el pasado.

Te acompañé
a casa.

En el vano de la puerta
te conté
un cuento
antes de dormir.

Estabas pendiente
de mis labios…

Geert de Kockere.
En: Amo amar, amor.
Ilustraciones de Sabien Clement.
Traducción de Goedele De Sterck.
2012. Albolote: Barbara Fiore.


viernes, 16 de enero de 2026

La mejor de las miradas


La perspectiva lo es todo. O al menos, eso parece. No es lo mismo asumir la realidad desde una mirada cruda, que hacerlo desde otra más surrealista. Y así, las ideas cambian aunque los hechos sean objetivos. Probablemente esa sea la magia del arte, transformar la realidad para hacerla más digerible, más abrupta o más ligera. El relato, aunque anclado a unos principios, suele ser mutable.


Así, donde unos ven una guerra, otros ven un juego. ¿Un beso o una ofensa? Desde aquí miran de frente a la mentira y los de más allá se quedan prendados por la verdad. El mundo tiene millones de facetas, un caleidoscopio de pareceres que atormentan o acarician. Pero sin duda, la mejor percepción es la de la inocencia. Acertada o no, permite transitar el tiempo a nuestra manera. Dejándonos llevar. Imaginando. Sin control. Sin medida. Desbordados…

Hay pies
con plumas negras de gallina,
que se hunden en los grises
de la arena,
flotan en el azul
del agua del río,
se ensucian
de verde y marrón
al subir a la colina.
Y si vuelan,
se manchan
de amarillo y naranja.

***

Los tejados de los niños
son telas tendidas al sol
y velas gastadas
colgadas del palo mayor.
Tejas bordadas,
caídas
de mesas de madera.
El desgarrón en el tejido
es una ventana,
un catalejo,
un guiño.
Un libro abierto
de páginas suaves.
Una chimenea.

Franca Perini.
Pies y Tejados.
En: Y cien tesoros más.
Ilustraciones de Anna Pedron.
2026. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 19 de diciembre de 2025

Fabricando trinos


Siempre he creído que la palabra “creación” se utiliza muy a la ligera. Sobre todo en lo que se refiere a lo literario. Y no es que me vaya a meter en un berenjenal retórico, sino más bien intentar lanzar una crítica constructiva a novelistas o poetas, pues si bien es cierto que cualquiera puede crear una obra literaria, no toda creación sería sinónimo de literatura. Seguramente dé para un debate más que extenso en el que entren en juego etimología, epistemología y dialéctica, pero yo prefiero centrarme en la estética, ya que sin ella, no hay arte posible.


Y así, columpiándome en la poiesis, la esencia y la belleza, les dejo caer sobre la mesa el delicioso poemario que ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía para la Infancia en su edición del 2022. Con él, el chileno Felipe Munita sigue dando buena cuenta de su calidad creativa, pues no solo domina las palabras, sino que las hacer cantar a su antojo. No pueden ser indiferentes a su arte. No solo fabrica, también deleita. ¡Qué menos esperamos de un poema!

Llegada del poema

Escurridizo cual pez
visitante fugaz, ¡rayo!
el galope de un caballo
que escuchas pero no ves
pluma que cae a tus pies
(un cosquilleo florece)
hay días que el verso crece
y días en que se esfuma
como en la ola la espuma
que viene y desapar


Árbol y sueño

Mi sueño es un árbol: crece
en silencio y sin apuro
lo alimento, lo aventuro
cada día que amanece
así fluye y reverdece
como agüita de arroyuelo
enraizado en un anhelo:
que nadie me lo derribe.
Mi sueño es un árbol: vive
entre la tierra y el cielo.

Felipe Munita.
En: Trinares.
Ilustraciones de Sozapato (Diana Sofía Zapata).
2024. México: Fondo de Cultura Económica.


viernes, 5 de diciembre de 2025

Marte habitado


¿Qué tiene Marte que a todos encandila? Lo primero es que es nuestro planeta vecino. Si bien es cierto que la distancia que nos separa varía dependiendo de nuestras respectivas órbitas, podríamos decir que nos separan unos 225 millones de kilómetros (¡Ahí es nada!). A pesar de ello, lo podemos ver desde la Tierra a simple vista.
En segundo lugar hay que decir que se parece un poco a nuestro planeta, ya que pertenece a los llamados planetas terrestres (naturaleza rocosa y cercanos al sol), una condición que le permitió desarrollar una atmósfera (menos densa que la nuestra, es verdad) y tener agua líquida en su superficie (ya no, así que no podremos darnos un baño). Quizá esas sean dos razones para pensar que una vez pudo tener (o tenga, quién sabe…) vida.


También hay que considerar que Marte tiene dos lunas a las que los griegos llamaron Phobos y Deimos, el Miedo y el Terror, los dos hijos gemelos de Ares, el dios de la guerra al que los romanos bautizaron como Marte.
Pero sin duda, lo que más llama la atención de este planeta, es su color rojo debido a la gran cantidad de óxidos de hierro que presenta en su superficie.


Sea lo que sea, Marte nos sugiere muchas cosas e inspira nuestras fantasías más locas. Por eso, Lázaro Izael imagina un planeta a punto de estallar habitado por gallos que no saben contar con los dedos, conejos que son peces pequeños y árboles que fructifican pájaros. Formas poéticas con las que plantearse nuevas posibilidades si la Tierra desapareciera, imágenes que hablan de lo desconocido desde las infinitas formas que habitan las ideas, diálogos que nos interpelan, versos que abren interrogantes.

MARTE ES DE HOJALATA
de curvas rojas y azules,
como un móvil
de burbujas pegadas al suelo.
Marte deja polvo en los ojos
y sabe a gusanos,
a pequeños caracoles escondidos.
Marte guarda el sonido celeste del mar.
Este planeta es una cochinilla envuelta en su caparazón.
Marte son puras barrancas coloradas
y un aire que silba friolento,
piel de gallina.
En Marte hay muy pocos árboles frutales
que cuelgan de cabeza,
con sus raíces como trenzas
se columpian
sobre el lado conquistando la cima más alta.
En Marte los frutos de los árboles son pájaros.

***

¿A QUÉ SABE LA LLUVIA ESPACIAL?
Gallo, ¿los barcos en Marte flotan?
¿Cómo se flota donde no hay gravedad?
Botas para la lluvia,
un paraguas amarillo,
botas para un gallo,
un impermeable
y sombrero de pescador.
Gallo, ¿podremos pescar marcianos?
¿Cómo son los charcos en Marte?
¿Son de color neón?
Gallo, ¿la lluvia de estrellas
también puede provocarnos un resfriado
si nos mojamos los pies?

Lázaro Izael.
En: Gallo, el planeta estalla
Ilustraciones de Israel Barrón.
Ganador del Premio Hispanoamericano de Poesía para la Infancia 2023.
2025. México: Fondo de Cultura Económica.


viernes, 28 de noviembre de 2025

Disyunción poética



A veces, como si de una revelación se tratase, nos topamos con libros que abordan la narrativa desde una perspectiva diferente a la habitual. Y no tiene nada que ver con tener una estructura más o menos lineal, sino con ese gran cajón desastre llamado discurso multimodal, tan en boga hoy día en el ámbito de la LIJ.
Sin lugar a dudas uno de los recursos que más ponen en evidencia esa condición de relato caleidoscópico es el de la disyunción narrativa. Cuando palabras e imágenes parecen ir por dos caminos totalmente diferentes, pero que se complementan dando forma a una historia completamente novedosa como resultado de las individuales, sientes una especie de revelación que te recorre los intestinos.


Quizá sea un tanto efectista (para gustos, los colores), pero a mi forma de entender las sinergias entre los diferentes lenguajes que convergen/divergen en este producto editorial que es el álbum, siempre es un aliciente eso de cambiar la perspectiva y encontrar nuevos significados
Eso le pasa a este poemario, que saltando de verso a imagen y de imagen a verso, empiezas a ser consciente de que germina, trepa, se adhiere y te ahoga. Con metáforas, con calma, con un poco de disyunción poética. Ese instante en que te habla y tu conversas, es mágico. 

La lagartija
duerme junto a la puerta.
Nada le falta.

***

Mi madre canta.
Su voz se escapa, alegre,
por la ventana.

***

Fuera, el zorzal
entona su canción
o su lamento.

***

Las flores blancas
preguntan al almendro:
“¿Por qué no bailas?”.

***

El olmo viejo
se aferra a sus raíces.
Nada le aterra.

Fran Pintadera
En: Haikus para detener un tren.
Ilustraciones de Ina Hristova.
2025. Almería: Libre Albedrío.


viernes, 14 de noviembre de 2025

Divertimentos numéricos


Las matemáticas nunca han sido mi fuerte. Sobre todo en lo que se refiere al cálculo. Todavía no sé lo que es una derivada ni una integral. A mí, que me pongan a resolver ecuaciones y despejar incógnitas, pero que no se les ocurra hablarme de áreas ni pendientes. Soy un tarugo o tuve malos profesores. Una de dos o un poco de ambas.


Con razón se habla de pensamiento abstracto y pensamiento analítico. Mientras que uno se enfoca en conceptos, pensamientos y patrones que no están ligados a lo concreto, el otro descompone problemas en partes más pequeñas y las examina de manera metódica para comprenderlos mejor. Aunque todos los seres humanos tenemos parte de los dos, algunas personas desarrollan más el primero y otras, el segundo.


A veces, todo puede mezclarse de manera homogénea y encontramos matemáticos que cultivan las letras (acuérdense de Lewis Carroll) y poemas que nos hablan de aritmética, léanse como ejemplo estos tres divertimentos de Antonio Rubio. Y es que si despojamos de toda seriedad cualquier tema, las ideas fluyen de manera natural y, sobre todo, juntas.

En medio del agua-0

En charcos recién llovi-2
se bañaba don Fort-1
todos sus huesos moja-2
y sin paraguas ning-1

Transeúntes asusta-2
pillabanes y pillas-3
lo miraban desola-2
temiendo grandes desas-3

Pero el pobre don Fort-1
con los ojos empaña-2
cantaba muy oport-1
El aria de los osa-2

Literales

Diez son cuatro,
ya lo ves.

Once son cuatro,
también.

Y doce, cuatro,
¡rediez!
y, sin embargo,
mil
solo son tres.

Ecuación

v = e/t
vivir = estar / temporalmente
o
estar partido por el tiempo

Antonio Rubio.
En: Divertimentos. Juegos poéticos.
Ilustraciones de Carmen Queralt.
2025. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 7 de noviembre de 2025

Asoma el otoño


Por fin se atisba el otoño por las rendijas de noviembre. Parecía que nunca iba a llegar. Lluvia, viento y frío, una tríada necesaria para continuar con el ciclo del año, ese que sigue tan alterado a expensas del llamado cambio climático. Seguramente no vendrá de golpe, pues ese tiovivo que es el termómetro, subirá de nuevo los próximos días. Me da Todavía tendremos tiempo de acalorarnos…
Mientras tanto, los días se acortan y las hojas se van dorando. El olor de las castañas asadas invade las calles y todo afuera parece aletargado. Adentro, la vida. En las casas, en los bares, en las librerías, en los teatros y en los centros comerciales. Unos alimentan el buche y otros los corazones, pero todos se afanan con las provisiones.
Y para los que hagan acopio de lecturas con las que abrigar el tiempo que se avecina, aquí un poemario lleno de juegos de palabras y vaivenes musicales para disfrutar del ritmo del calendario.

Están desnudos los chopos
porque el otoño ha venido,
y con sus manos de viento,
les fue quitando el vestido.
¡Ay, cómo tiemblan sus ramas!
¡Cómo tiritan de frío!
Y están ahora esperando,
en las orillas del río,
una nueva primavera,
para que venga a vestirlos.

***

Al son del viento,
ritmo sonoro,
las hojas secas,
alados gnomos,
danzan y danzan
jugando al corro.

Dorada lluvia
de hojas de oro.
Hasta el robledo,
llegó el otoño.

Carlos Reviejo.
Esperanza verde y Ballet de otoño.
En: Versos a la luz de la luna.
Ilustraciones de María Rico.
2025. Valencia: Iglú.