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lunes, 28 de septiembre de 2026

El lastre de la inconstancia


Seguramente se han percatado de la cantidad de anuncios sobre coleccionables de ciertas que llenan la televisión durante las primeras semanas de septiembre (antiguamente mucho más numerosos). Cromos, reproducciones de coches de época, cartas de Pokemon, discos de vinilo, figuras, una moto a piezas o monedas. Cualquier cosa es susceptible de comprarse por entregas y enganchar a todos aquellos que hagan gala de su constancia, tanto personal, como económica.


Si les soy sincero, les diré que nunca he sido muy aficionado a este tipo de promociones. No solo porque no estoy dispuesto a consentir que mi casa parezca el museo de los horrores, sino porque mi inconstancia no me lo permite. Les puede parecer curioso que alguien que lleva al frente de un espacio como este casi diecinueve años, confiese su volubilidad; pero sí, me encanta catar.
Aprender idiomas, utilizar una controladora de dj, astronomía, un poco de pintura… Quiero probarlo todo (No sufro de FOMO. Ese es el Alfon) y a la vez no centrarme en nada. Es una manía que muchos lastramos desde la infancia: ser diletantes compulsivos. Algunos lo llaman curiosidad desmedida, mientras que otros se encargan de nombrarlo con alguna patología. Dejémoslo en personas inquietas, que al fin y al cabo, es como tener el baile de San Vito orientado hacia derroteros intelectuales.


Ahora que me dedico a la enseñanza, cuando me topo con algún alumno con este rasgo, no sé si compadecerme o alegrarme, pues a veces, tanto interés puede convertirse en lastre. Terminar aburridos, en Babia, en el rincón de pensar o vete-tú-a-saber-dónde. Y es que muchos no saben que controlar esa cabeza tan activa es una tarea nada fácil.


Así llegamos a Juan el inconstante, un álbum escrito por Adalberto Ortiz Ávalos, ilustrado por Gabriel Pacheco y publicado por Diego Pun. En él se nos presenta a Juan, un niño curioso y amable, pero muy cambiante. Le interesan las hormigas, la historia y los misterios del mundo, pero le cuesta mantener la atención durante mucho tiempo. Es tan voluble que incluso su cuerpo parece desmembrarse para hacer varias cosas a la vez. Hasta que un día…


Desde el surrealismo y lo fantástico, los autores nos presentan una narración misteriosa que puede extrapolarse a la realidad desde dos puntos de vista que, si bien pueden complementarse, también exploran situaciones diferentes. Por un lado, el narrador, ese amigo, ese compañero de clase, ensalza la figura de Juan, un chaval diferente por el que siente cierta admiración. Por otro, la lectura más adulta parte desde el ámbito escolar, uno que no da respuesta a esta singularidad y provoca el abandono académico.


Ilustraciones donde el azul cobalto y los detalles en rojo sirven al recorrido visual del espectador, las abundantes metáforas gráficas y un lenguaje cercano, sincero e inocente, este libro nos empuja a reflexionar sobre la diversidad, el déficit de atención y los diferentes ritmos que podemos encontrar dentro del aula. Tres cuestiones nada cruciales cuando hablamos de amistad.

lunes, 15 de junio de 2026

Sobre el futuro


El futuro. Ese lugar incierto. Si hay gente a la que le encanta vivir en el pasado, también la hay obsesionada con el porvenir (¡Qué palabra compuesta tan bonita!). Tanto es así que son un verdadero filón para adivinos y videntes, todo un clásico en esto de vaticinar lo que acontecerá y lucrarse a manos llenas. Cartas, dados, posos de café, entrañas… Hay un sinfín de técnicas que ¿permiten? conocer lo que pasará en unos años.
Yo soy de los que se quedan en el presente porque, a menos que sepas la combinación ganadora de la primitiva o los vaivenes de la bolsa, la mayor parte de las veces es mejor quedarse en el aquí y el ahora. Divorcios, enfermedades, accidentes, guerras o catástrofes naturales. El mañana no debe ser una obsesión. Más nos vale disfrutar de las mieles actuales que preocuparnos por lo que vendrá. Ya habrá tiempo. Y si no lo hay, pues que me quiten lo bailao.


No sé ustedes, pero a veces, el futuro asusta. Comida con forma de cápsula (Si creen que no, fíjense en todo esos suplementos que se toman algunos a diario), robots humanoides (¿Y si llevara razón Isaac Asimov?), vehículos autónomos (Imagínense que cortocircuitan y aceleran en vez de frenar) o armamento letal (Adiós, querida humanidad) me ponen los pelos de punta.
Aunque mejor no nos pongamos agoreros y pensemos en avances que nos pueden facilitar mucho la vida, como nuevos medicamentos que permitan sobrevivir a enfermedades raras o incurables, nuevas máquinas que nos ayuden en diferentes tareas del hogar (¡Me pirro por una que limpie el polvo de los libros!) o teletransportarse a cualquier parte del planeta (Cuanto menos jet-lag, mejor).
Por cierto, ¿saben que hay un Día Mundial de los Futuros? Creo que se celebra en diciembre y lo más curioso es su nombre, ya que los nombra en plural, pues ya saben que hay muchas posibilidades ulteriores y todas caben en este mundo incierto.


De todo esto y mucho más nos habla el último libro de Shinsuke Yoshitake publicado en España gracias a la editorial Pastel de Luna. Tantos futuros como puedas imaginar (el título ya nos lo deja más o menos claro) nos cuenta la historia de una chiquilla que pasa la tarde encerrada en casa por culpa de la lluvia. Su hermano llega del colegio empapado y, ni corto ni perezoso, le espeta que el futuro será terrible. Hambre, conflictos, plagas, alienígenas… Parece que todo va a ser una mierda cuando se hagan mayores. La cría, asustada por el pesimismo de su hermano, va en busca de su abuela y juntas le darán una vuelta de tuerca al concepto.


Como no podía ser de otra manera, el autor japonés sigue utilizando su humor surrealista para divertirnos al tiempo que nos interpela. Desde ese diálogo intergeneracional, el lector bucea en un sinfín de propuestas donde el tándem posibilidad-imposibilidad se ponen a bailar en pro de ese optimismo al que se aferra la infancia.
Al mismo tiempo, este álbum conceptual nos invita a ejercitar la inventiva, desafiar la lógica adulta y abogar por la subversión desde lo cotidiano. Futuros en los que se coman salchichas a diario, vayamos todo el día en pijama o en los que tu habitación carezca de gravedad son cuestiones en las que detenerse a pensar. Que podamos cumplir trescientos años o reencarnarnos en un osito de peluche. Todo esto unido al catálogo de huevos que incorpora (de-men-cial), hace reír a cualquiera.
Por último, un consejo: ustedes, como la protagonista de este libro, pueden fantasear lo que quieran, pero nunca olviden que, como cualquier otro tiempo, el futuro no se elige, se vive.

domingo, 31 de mayo de 2026

Una gallina muy quijotesca


Para el que no lo sepa, los huevos de las gallinas son óvulos, concretamente la yema del huevo. Como el resto de las aves, el óvulo puede estar fecundado o no dependiendo de si su dueña se ha apareado con un gallo o no. Generalmente, los de granja no lo están porque los distintos sexos se encuentran separados o porque la gallina se encuentra aislada en una jaula. Si están todos juntos, no se extrañen si se encuentran un embrión en formación cuando rompan la cáscara.
Pero ¿qué pasa con el resto de partes que hay en el huevo? Se van añadiendo como cubiertas nutritivas y/o protectoras a lo largo de un proceso que dura entre 24 y 26 horas. Normalmente, las gallinas hacen su puesta por la mañana, aunque alguna vez se les hace un poco tarde. Algo de lo que el resto del corral se percata gracias al característico cacareo que emiten al terminar.


Cuanto más joven es la gallina, más huevos pone. Entre el primer y el tercer año de vida se alcanza el máximo de puesta (seis o siete huevos semanales), y a partir del tercer año va decayendo esa producción. Al llegar a los ocho años, la gallina cesa completamente de poner huevos y toca echarla al puchero (ya saben que “gallina vieja hace buen caldo”).
Además de todo esto, hay que tener en cuenta que, cuantas más horas de luz haya durante el día, más ponen las gallinas. Por eso, en primavera y verano encontraremos más huevos (se superan las 12 horas de sol) que en otoño e invierno (abunda la oscuridad). Esta es la razón por la que en muchas granjas tienen focos para estimular a estas aves (de estas prácticas, poco se habla…).


Y así, entre gallináceas y ese producto tan encarecido últimamente, nos topamos con Una gallina de altos vuelos, un álbum de Carla Novillo que acaba de publicar la editorial madrileña Pastel de Luna para suerte de todos los monstruos. Este libro nos cuenta la historia de Alonso Quijano, el hijo de un panadero, que cuida de Clotilde, su gallina. Para que no salga volando la suelen atar a una bota vieja, pero a la gallina no le gusta y ha dejado de poner huevos. Alonso decide cambiar la bota por un zapato de baile de su abuelo. Pero como es más ligero, ¡ups! Clotilde echa a volar con el zapato y todos sus huevos. ¿Cómo hará las madalenas el padre de Alonso sin ellos? ¿Conseguirá el niño dar con ella?


Inspirado en una costumbre muy antigua, la autora nos brinda una obra ecléctica en la que combina lo humorístico, lo interactivo y lo poético con un guiño rotundo al amor entre Don Quijote y Dulcinea. Ambientado en la llanura manchega y sus típicos molinos de viento, esta historia protagonizada por dos niños, tiene mucho de la obra magna de Cervantes a pesar de estar protagonizada por el vuelo de una gallinácea que anhela la libertad.


Fiel al estilo utilizado en El arenque volador, Novillo recupera el ocre del papel, los diagramas, elementos modernos y antiguos, el collage, diferentes tipografías y ese perfil tan característico de sus personajes que engatusa a todo tipo de lectores. Capas más lúdicas (fíjense en esos laberintos angulosos y sinuosos) y capas más idílicas se entremezclan en un álbum donde todo parece muy casual, aunque no lo sea, incluidos la receta y los croquis mecánicos finales. Un libro ideal para celebrar este 31 de mayo con un toque muy manchego.

lunes, 11 de mayo de 2026

Seis historias fraternales


Aunque “parientes y trastos viejos, pocos y lejos”, hoy toca hablar de hermanos. Por mucho que les pese, les recuerdo que haberlos, haylos. Cada vez menos, porque la vida ya no está para muchos hijos, pero algunos seguimos teniendo con quien discutir.
Teniendo en cuenta que cualquier niño de 11 años, pasa un 33% de su tiempo libre con sus hermanos (que ya es…), menos nos debe extrañar que los hermanos se peleen entre sí. Eso es lo que constatan muchos estudios, que coinciden en que los hermanos entre 3 y 7 años se pelean 3,5 veces en una hora.


Más todavía si entran en juego los padres. Y es que, a pesar de repetir hasta la saciedad que quieren por igual a todos sus hijos, las investigaciones apuntan a que esa no es la realidad. El 65% de las madres y 70% de los padres tienen preferencias sobre uno de sus hijos. Un hecho muy curioso es que, en la mayoría de las familias numerosas, los hijos pueden decir quién es el favorito de toda la prole.


En lo que a diferencias reales se refiere, podríamos hablar del coeficiente de inteligencia. Según algunos estudios, los hermanos mayores presentan índices más elevados. Una explicación puede ser que pasen mucho tiempo enseñando a los pequeños y eso les ayude a reforzar sus propios conocimientos y capacidades. Eso sí, esto sucede durante los primeros años, porque todos se ponen al mismo nivel cuando alcanzan los doce años aproximadamente.


Sobre el carácter, hay que apuntar que, durante la infancia, los hermanos más jóvenes suelen ser más extrovertidos, rebeldes y creativos. Quizá porque tratan con más gente, necesitan destacar en medio de una prole numerosa o que los padres, más experimentados y relajados después de otras crianzas, son más permisivos con sus vástagos.


Para terminar con este pequeño listado de curiosidades, decirles que, en promedio, los hermanos pequeños suelen tener una mejor salud y viven más tiempo que los mayores ya que están expuestos a menor estrés y responsabilidades, así como tienen un sistema inmune más debilitado debido a un mayor aislamiento durante la infancia como apuntan varias investigaciones japonesas y alemanas.


Mientras cotejan esto con su propia realidad, pueden echar mano de algunos de los álbumes protagonizados por hermanos que he querido reunir en este post para pasar un buen rato o regalárselo a sus hermanos en el caso de tenerlos.



Para empezar, Adrien Albert nos regala Un beso para mi hermano gracias a la editorial Libros del Zorro Rojo. Tobías y Simón han pasado el día juntos haciendo un montón de cosas. Tomarse unas instantáneas en un fotomatón, subir en patinete, visitar una tienda de pelucas o ver una película. Al final de la tarde hay poco tiempo y Tobías sube al autobús apresurado. Se dicen adiós con la mano, pero les falta lo más importante: un beso de despedida. Ese es solo el comienzo de una sucesión de casualidades que dan unos cuantos giros a la narrativa construyendo el final que todos deseamos.


Es así como un beso entre dos hermanos se convierte en el interruptor de una epopeya cotidiana que transita lo inverosímil. Con viñetas que cambian de tamaño y que se superponen a otras imágenes, esta historia que juega con el tiempo y sus ritmos nos presenta una aventura llena de incidentes un tanto loca (N.B.: Que no se me olvide decirle a mi conductora de autobús favorita echar unos cartuchos de dinamita en la guantera), pero igualmente entrañable.
Dos conejos en un mundo de humanos (es muy curioso como los lectores identifican animales con niños… ¿Será cosa del ideario?), carambolas y ternura fraternal. Inevitablemente, solo me falta hacerles una pregunta: ¿Qué serían ustedes capaces de hacer por un beso? ¿Y por sus hermanos?



Continuamos con Hermanos, un álbum escrito por Marie Le Cuziat e ilustrado por Hua Ling Xu (editorial Eccomi) que nos presenta a la pareja de hermanos más realista de esta tanda. Martín tiene el pelo castaño como el café y Telmo es rubio como el trigo. Uno es alto y otro es bajito. A uno le gusta leer y el otro se divierte tocando el teclado. Martín es muy observador, mientras Telmo no puede parar quieto. ¿De verdad son hermanos? La gente lo duda constantemente e incluso siembra la duda a ellos. ¿Qué es lo que les hace ser hermanos?


Con un texto muy poético, este libro nos encamina a una historia intimista que nos plantea las diferencias entre hermanos como un valor intrínseco a la hora de compartir espacio y tiempo. Todo ello ensalzado por unas ilustraciones realizadas en acrílico que juegan con diferentes planos para articular una relación ambientada en un periodo estival. Riachuelos, prados, árboles, olas y arena se unen en pro de una lectura llena de luz y lazos invisibles.



De la misma editorial que el libro anterior, llegamos a ¡El bebé soy yo!, un libro de cartón firmado por Georgette. El protagonista va a tener un hermanito. El nuevo bebe, como le dicen sus padres. Pero él lo tiene claro, en esta familia ¡el bebé es él! No hay sitio para el nuevo bebé en la trona, ni en la bañera, ni en la cuna, ni en el cambiador. Pero sus padres le advierten: “Ya eres mayor” ¿Qué pasará entonces?


Utilizando la alegoría del príncipe destronado, la ilustradora francesa especializada en libros para prelectores nos invita a adentrarnos en una historia que trata los sentimientos encontrados que experimenta un niño ante la llegada de un hermano y el cambio de etapa del desarrollo. Un relato sencillo pero que bebe de los conflictos internos y experiencias complejas. Esperemos que el protagonista no lance al nuevo bebé por la ventana…



¡Y yo más! de Tami Harel y Einat Tsafarti publicado por Kókinos. Seguramente alguna vez se han visto envueltos en una competición con sus hermanos. Si uno es grande, el otro lo es más: si el otro es fuerte, el uno todavía más. Esto es lo que le pasa a una pareja de hermanos antes de irse a la cama. Así hasta que sucede algo que pone a los dos en el mismo rasero… ¡Descúbrelo!


Con ese toque de comedia de situación que tanto nos gusta a los monstruos, este simpático boardbook (junto con el anterior están incluidos también en la selección de libros de cartón de este curso) se desarrolla en el mismo marco espacial: una habitación con dos camas enfrentadas donde un chavalín y su hermana mayor se sumergen en el juego de las comparaciones. Este recurso no solo da pie a fijarse en los detalles (que no se les escape ni el reloj-gato ni el peluche de grandes orejas), sino a marcar una secuenciación rítmica que los prelectores siempre agradecen. Más todavía si la historieta termina de manera tan entrañable…



Andana publica en nuestro país El mejor hermano mayor del mundo, un álbum de Ben Mantle que ahonda en los encontronazos que a veces surgen entre hermanos. Nano y Félix, Félix y Nano. Dos hermanos que aparentemente tienen una relación “supiguay”. Y digo aparentemente porque, aunque Nano idolatra a su hermano, Félix está un poco harto de él. Le resulta un tanto pesado porque lo sigue a todas partes y quiere hacer lo mismo que él. Por eso mismo, un día, Nano acude a la cabaña que Félix ha construido en el árbol y se encuentra con un cartel que le prohíbe la entrada. Así que Nano, un tanto enfadado, decide alejarse de su hermano y decide construir su propia cabaña en mitad de la lluvia. ¿Lo conseguirá?


Como en otras de sus obras, el estilo expresivo y desenfadado de Mantle hace más liviano el enfrentamiento entre los hermanos protagonistas, añadiendo humor y ligereza a una situación bastante difícil (si tienen hermanos o varios hijos sabrán a qué me refiero). Así es como el relato transita por el rechazo, el orgullo, el asombro, el reconocimiento y la reconciliación desde diferentes puntos de vista que consiguen convivir en aras del cariño.



Aunque se publicó hace un par de temporadas, recupero en esta pequeña selección el Hermanos de Iris de Moüy (Babulinka Books) para poner el punto y final a esta pequeña selección. Una hermana pequeña hace aparición. Es tan pequeña que su hermano no puede jugar con ella, por lo que decide darle leche. Tanta leche le da que la hermana crece lo suficiente para acompañarle en sus correrías. Cabalgan a lomos de una cebra, escapan de las fauces de un león, viajan hasta planetas desconocidos y nadan entre sirenas. Pero lo mejor de todo es que pueden…


Con un texto muy económico, la autora consigue darle forma al vínculo tan estrecho que surge entre dos hermanos gracias a la alternancia entre ilustraciones en blanco y negro y a color que diferencian las dos etapas en las que se divide la acción. Por un lado tenemos un universo realista adscrito a la espera y por otro los momentos de juego en los que la imaginación se desborda conjuntamente. Por último, dos cosas que me encantan: el formato (parecido a un flexi-book) y ese final a modo de flip-book. ¿A quién no le roba el corazón tanta sencillez?

domingo, 3 de mayo de 2026

Madres o ecosistema de lectura


Cuando les pregunto a mis alumnos de bachillerato sobre la posibilidad de que el feto humano sea un parásito, siempre se quedan boquiabiertos. No me extraña, pues están acostumbrados a esas sentencias empalagosas sobre la maternidad que la cultura se ha encargado de ensalzar por los siglos de los siglos (amén), en vez de darle a la ciencia para comprender aquello de “dar mucho y pedir poco” o “amor grande, amor de madre”.
Nadie habla del flaco favor que los hijos hacemos a las madres durante la gestación. Pensamos que nuestras progenitoras son seres todopoderosos que dan la vida y nos acogen incondicionalmente en su seno sin sufrir daños colaterales. Pies no, señores, nada más lejos de la realidad.


No soy de los que consideran que la generación filial de los mamíferos sea un parásito estricto por dos razones. Una es que se trata de una relación intraespecífica, es decir, interaccionan individuos de la misma especie. Y otra es que va encaminada a la reproducción. No obstante, conviene llamar la atención sobre el riesgo que supone el embarazo para una mujer.
En primer lugar, los seres humanos se desarrollan en el útero materno, es decir, están alojados en el seno de otro individuo. Aunque esta estructura esté orientada exclusivamente para ello, supone modificaciones anatómicas, más todavía tratándose de un proceso relativamente lento. En segundo lugar hay que hablar de los cambios fisiológicos en los que intervienen hormonas y metabolitos que modifican el funcionamiento del organismo. Además, y aunque ambas generaciones compartan acervo genético, hay que llamar la atención sobre la serología y el sistema inmune, pues suelen actuar como enemigos de lo ajeno y a veces entran en conflicto. Por último, tras el parto y considerando que los humanos no alcanzamos una independencia temprana, las madres estirazan de los hijos unos cuantos años (dos, según la biología).


Así que, el que crea que detrás de cada madre no hay una buena dosis de sacrificio, que se lo vaya mirando para celebrar este día tan maternal. Y si de paso echa mano del Dulzura de Emília Nuñez y Anna Cunha, mejor que mejor.
Publicado en nuestro país por la editorial tinerfeña Diego Pun y con tan solo una palabra, la de su título, nos cuenta una historia que entremezcla el amor maternal, las relaciones intergeneracionales y la lectura como vínculo. Todo esto gracias a la vida de una mujer que, mientras está encinta, planta una semilla. Tanto su hija como la semilla se abren camino gracias a sus cuidados. La niña se hace mayor y abandona el hogar para labrarse un futuro como maestra. Regresa a casa para darle a su madre la noticia de que está embarazada y la madre le hace un regalo: ese libro que tanto leyeron cuando era una niña.


Galardonado con el premio Jabuti en su convocatoria de 2023, este álbum explora diversos puntos de vista desde una perspectiva coral que descansa sobre dos pilares fundamentales: la familia y los libros. Sin pretensiones ni demasiados golpes de efecto, la narrativa que construye este libro, además de honesta, es muy calmada gracias a esas tintas medias que llenan las imágenes y el ritmo pausado que desprenden sus composiciones estáticas.


Historias paralelas, metáforas vegetales, referencias cromáticas, rostros desdibujados y un final tan dulce como su título, hacen de este libro un buen ejemplo de lenguaje multimodal que facilita el acceso a cualquier tipo de lector. Así, poco a poco, vamos desentrañando un mensaje polifónico tan cotidiano como hermoso que indaga en la familia como ecosistema lector, contexto inspirador y empuje vocacional, algo que, bien mirado, ya es bastante.

jueves, 30 de abril de 2026

Combatir el insomnio


Anoche dormí fatal. Mea culpa. Lo admito. Y lo peor de todo es que eso de “en casa del herrero, cuchara de palo” es una gran verdad. Algo que se podría hacer extensivo a lo de “consejos vendo que para mí no tengo”, pues antes de acostarme me salté unas cuantas reglas de oro que recogí en A pierna suelta para conciliar el sueño.
La primera es que me dio por ver una película bastante más tarde de lo que acostumbro. Teniendo en cuenta que mi televisión no funciona desde hace un lustro y que dependo del ordenador para el disfrute audiovisual, eso de mirar una pantalla durante dos horas afectó a mi capacidad de conciliar el sueño.
En segundo lugar, me puse hasta las trancas de adobo. Y miren ustedes que un servidor no suele entregarse a la gula nocturna, pero estaba con un apetito de mil demonios tras recuperar la rutina después del fin de semana (trabajo, ejercicio, quehaceres domésticos…), abrí el frigorífico, me dejé llevar por el ansia viva y Morfeo me pasó factura…


El tercer error fue de principiante. Cambié mi edredón antes de tiempo y con el fresco que nos han traído los últimos coletazos del invierno (de madrugada el mercurio ha bajado hasta los 5ºC en estas latitudes), la noche se hizo un tanto desapacible. No olviden que necesitamos una temperatura óptima para dormir.
Creo que esta noche, y teniendo en cuenta la maratón que me espera mañana con esto del puente del primero de mayo, me retiraré de los quehaceres informáticos temprano, practicaré el ascetismo en lo que a gastronomía se refiere e intentaré cubrirme con una mantita por si reaparece el frío nocturno. Pero sobre todo, echaré mano de un remedio infalible: leer un poquito. Y teniendo en cuenta que tengo el salón a rebosar de lecturas pendientes, no será difícil.


Y es que, como le sucede a la protagonista de Menuda nochecita, padecer insomnio es una lata. Nos lo cuenta Bruno Zocca, el autor de ¿Y si fuera otra cosa? gracias a Liana editorial. La chica no puede coger el sueño por más que lo intente. Quizá haya olvidado algo durante el ritual previo… Lavarse los dientes, ponerse el pijama, darle las buenas noches a su padre y apagar la luz. Pero nada, no consigue quedarse dormida. Por eso decide darse un paseo nocturno. Primero por la casa y después decide salir afuera. Todos duermen. Su padre, el perro, las ardillas, los pájaros, los ratones e incluso la luna. ¡Un momento! ¡Hay alguien que sigue despierto! ¡Un oso gigantesco! ¿Qué pasará?


Con un final sorprendente pero encantador y mucho humor blanco, el autor italiano presenta un álbum con estructura de sketch que es ideal para relanzar dos ideas. La primera es la establecer rutinas para que críos sean independientes en aspectos importantes de su mundo cotidiano, y la segunda sienta las bases para aupar la lectura como compañera inmejorable a la hora de tener dulces sueños.


Como aspectos destacables en las ilustraciones, he de apuntar la presencia de una familia monoparental (ponerlo en evidencia con naturalidad y sin pedagogía me resulta muy agradable), la caracterización de los personajes (Recuerdo a Klassen. Los ojos, los ojos. Siempre los ojos), el sinfín de detalles que convierten cada doble página en un juego de búsqueda, la alternancia de marcos entre las imágenes que me trasladan a tiempos pasados y algunas composiciones deliciosas (como la utilizada en la tapa). Una buena propuesta para pestañear plácidamente.

miércoles, 15 de abril de 2026

Pequeños catálogos


Siempre que me topo con libros como el de hoy, me viene a la cabeza el título del disco que El último de la fila publicó en 1990. Nuevo pequeño catálogo de seres y estares. Era el favorito de mi madre. No sé cuántas veces lo pondríamos. Toda la familia nos sabíamos de memoria las letras de aquellas canciones de pop noventero. Músico loco, Cuando el mar te tenga, En mi pecho, Todo el día llovió… Un manojo de temas que he ido guardando en mi subconsciente durante todos estos años y que siempre aflora cuando me encuentro con estos libros-manuales.


Si bien es cierto que este tipo de álbumes híbridos entre la ficción y la no ficción abundaron durante un tiempo, cada vez los encontramos menos en las librerías. No obstante, siempre aparece alguno que nos recuerda a aquellas obras tan disfrutonas de los años 80 o 90, incluso del nuevo milenio que aupaba el sector más comercial de la LIJ (no se olviden el Princesas olvidadas o desconocidas de Dautremer y todos esos que incluí en este post.


Quizá esta realidad se deba al auge del álbum informativo estricto, pero eso no quita para darles un poco de vuelo cuando caen en nuestras manos, pues si bien es cierto que son productos con mucho tirón, también tienen una parte fantástica más que destacable y desbordan ciertas temáticas con imaginación y elegancia. Como los tres libros que traigo hoy.


Empiezo con El libro de los gnomos, una pequeña enciclopedia sobre estos seres ideada por Loes Riphagen y que ha sido recientemente publicada por Kókinos. Aunque les recuerde a Los gnomos, el volumen enciclopédico que Wil Huygen y Rien Poortvlietde desarrollaron sobre estos seres fantásticos, el aquí reseñado, tienen un aire mucho menos solemne y se dirige a prelectores y primeros lectores por varias razones.


Aunque está dividido en diferentes secciones (la familia, la casa, la ropa o el colegio), todo se orienta al conocimiento de un universo mágico desde una perspectiva más lúdica. Si bien es cierto que esta compartimentación facilita la lectura por parte de lectores menos competentes, ayuda a organizar el contenido de una manera más reconocible por los primeros lectores, como pueden ser las actividades cotidianas. Por otro lado, siempre hay lugar para anécdotas, recetas o actividades sencillas que pueden expandir el conocimiento del mundo real e invitar a la interactividad.


Inventos como el levantaánimos o el lenguaje de signos, los disfraces que usan o los peligros más comunes a los que se enfrentan estas criaturas, son una buena excusa para leer y releer sus páginas una y otra vez. Textos breves, pequeñas historietas y cierta perspectiva humorística hacen de este libro una buena apuesta en lo que a álbumes-manual se refiere


Seguimos con Érase una vez… Los récords de cuento, un libro escrito por Laura Ortega Vesga e ilustrado por Anna Aparicio Català (editorial Flamboyant). Con apariencia de revista, este libro de grandes dimensiones y a todo color hace un recorrido por los personajes de cuento y otros hechos maravillosos que recogen ciertas obras de la literatura infantil.


Reunidos por categorías, las autoras nos hablan de la cabellera de Rapunzel, la nariz de Pinocho o la sensibilidad de la protagonista de La princesa y el guisante. Tampoco se olvidan del espejo de la madrastra de Blancanieves, el mal humor de Campanilla o de esos duendes que ayudaron al zapatero. Un sinfín de cuestiones que nos llevan a conocer estas creaciones tradicionales o clásicas desde un punto de vista muy desenfadado.


Con entrevistas al Gato con botas, el Lobo Feroz o uno de los tres cerdidos, un apéndice final en el que podemos encontrar todos los títulos de las obras que recoge este manual y un desplegable interior que reúne a lo más florido de la LIJ, hace de este libro una apuesta muy interactiva con la que ahondar en ese acervo colectivo, así como descubrir elementos curiosos y llamativos que invitan a la lectura (o relectura) de estos.


Terminamos con la Enciclopedia de medicina fantástica que Pedro Mañas y Mariana Alcántara acaban de publicar gracias a la editorial Thule. Como el título sigue así: “…de la doctora Anastasia Cienmales. Con el apoyo del Colegio de Médicos expulsados del Colegio Oficial de Médicos”, ya nos podemos imaginar que este compendio médico tiene mucho de inverosímil, algo que se agradece teniendo en cuenta la de sinsabores que nos acarrea esta ciencia experimental cuando no hay cura para ciertos problemas.
Así uno se puede tomar las patologías como un invento más, cosa que bien vale una lectura, pues ya está bien de dramas. Es hora de hacer las delicias de todos aquellos que fantasean con la medicina como disciplina mágico-artística.


Empezando con una breve historia de la enfermedad firmada por su supuesta autora y terminando con una serie de contratiempos para pasar el tiempo como la miopía inversa o la intoxicación cosmética, ya se pueden imaginar lo que les espera. La fiebre del baile, el mal del contorsionista o el aliento tóxico, son algunas de las enfermedades que pueden conocer a través de sus páginas.


Alejado de toda realidad fisiológica, este libro juega con las palabras, modifica expresiones conocidas, diagnostica lo imposible, pero sobre todo, nos hace reír, que al fin y al cabo, es la mejor de las medicinas.