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martes, 23 de diciembre de 2025

De la complejidad migratoria


El ser humano, como otros animales, lucha por la supervivencia y, desde los inicios, se desplaza de unas zonas a otras en busca de los recursos necesarios para subsistir. Esto no plantea ningún problema durante las primeras etapas de la historia. Nuestro planeta es pequeño y nuestra especie no era tan numerosa. Pero todo cambia con el colonialismo y el descubrimiento de los territorios de ultramar. América, África y Oceanía suponen nuevos espacios donde las corrientes migratorias son necesarias para la explotación de los recursos y la expansión del poder. Más tarde llega el siglo XX, el panorama cambia con las crisis económicas y las grandes guerras que provocan desplazamientos humanos por culpa del exilio y las oportunidades laborales. Por último y desde finales del siglo pasado, la migración se transforma en un fenómeno global bastante complejo en el que intervienen numerosos factores como las crisis políticas, económicas y humanitarias.


Si bien es cierto que no es algo nuevo, es un fenómeno cada vez más difícil de gestionar, sobre todo por los intereses creados de países emisores y receptores en un entorno globalizado donde las estrategias geopolíticas se hacen cada vez más tortuosas. Mano de obra barata, tasas de reemplazo generacional, diferencias religiosas y culturales, deseos personales, pérdida hegemónica, inflación, recursos estratégicos, conflictos bélicos, buenismo, prejuicios, presiones de terceros, leyes internacionales, amistades y enemistades históricas…
Poner un poco de orden en esta amalgama de situaciones debe ser una locura, no solo para legisladores, sino para las administraciones competentes, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, los llamados agentes sociales, las ONGs, las embajadas y consulados y, por supuesto, la ciudadanía, una de la que formamos parte los de aquí y los de allí.


Justicia, respeto, cordura, tolerancia… Son palabras que se pronuncian con demasiada ligereza, pues todas dependen de quiénes las practiquen y cómo se administren (recordemos que no son unívocas). Y así, tanto nativos, como migrantes deben sopesarlas con mucha cautela, pues tienen viaje de ida y vuelta. Que si los políticos traducen la realidad en intereses creados, no nos convirtamos nosotros en arma arrojadiza contra nuestros vecinos.


Para ilustrarles al respecto, hoy les traigo tres álbumes que ya he incluido en este monográfico sobre literatura infantil y migración. El primero es Cosas pequeñas y extraordinarias es un libro de Daniela Arroio, Micaela Gramajo (también conocidas como Proyecto Perla) y Nono Pautasso que acaba de lanzar en nuestro país la editorial Limonero.
Cuenta la historia de Ema, una niña de ocho años y medio que colecciona cosas pequeñas y extraordinarias. Su museo está formado por 387 objetos. Desde insectos hasta chicles que va recogiendo de la calle. Pero un día todo empieza a cambiar y todo empieza a llenarse de soldados. Finalmente, tras la desaparición de su tío, un fotógrafo, sus padres deciden abandonar el país y comenzar una nueva vida. ¿Será capaz de reconstruir su museo?


A pesar de utilizar un lenguaje directo y sencillo, este álbum combina elementos que nos ayudan a comprender el complejo entramado de emociones y sentimientos que atraviesa un migrante desde que se va de su país hasta que logra adaptarse a su nueva situación. Desde los cuadernos de campo, hasta la literatura epistolar (me encantan esas misivas que intercambian la protagonista y su abuela) o la catarsis poética de la ballena, todo se llena de metáforas sutiles.
Una lengua desconocida (y creo que inventada), la presencia/ausencia de colores y un retrato final abordan el miedo, la incertidumbre o la esperanza ante una situación que evoca a lo vivido por muchos exiliados en tantas y tantas dictaduras. Porque aquí no solo hay ficción, sino un fiel reflejo a todo que se vivió en Chile, Argentina o Venezuela.


El segundo título de hoy es La panadería, un libro de Lucía Belarte y David Lorenzo que ha publicado Kalandraka durante los meses pasados. El álbum se sumerge en la vida de un panadero y su familia que abandonan la ciudad en busca de un lugar más pequeño en el que desarrollar una vida en comunidad. Tras la mudanza y poner en órbita el obrador, la ilusión se disipa cuando nadie del pueblo se interesa por sus productos, ni siquiera cuando acuden a la plaza para invitar a sus vecinos. La situación empeora cuando un temporal arrasa con todo y los alimentos comienzan a escasear. ¿Se atreverá alguien a comprar algo de pan?


La pareja de autores (fíjense en la dedicatoria) desarrollan una historia de tolerancia y aceptación social a través de una familia de lobos que se integra en un poblado de animales domésticos. A pesar de elegir los animales antropomorfos como vehículo discursivo en una narración inspirada en la vida real, las ilustraciones a grafito destilan una atmósfera cálida y emotiva que aúpa el hecho discursivo.
Composiciones estudiadas, perspectivas cinematográficas, rostros llenos de expresividad, montones de detalles, guiños a los “monigotes” de Keith Haring y un narrador muy especial, hacen de este libro un buen contexto para el debate en aulas de todo tipo.


Para terminar les traigo El unicornio de María, un álbum de Briony May Smith recién editado en nuestro país por Corimbo. Aunque no es una obra que hable de manera explícita sobre las realidades migratorias, sí que se relaciona con cualquier proceso que entrañe comenzar una nueva vida en un lugar desconocido. Es lo que le pasa a María, que su mundo cambia por completo cuando sus padres deciden mudarse a una casa cerca del mar para estar más cerca de su abuela. La aventura comienza cuando su madre la anima a explorar los alrededores y, camuflados entre la niebla, aparece un grupo de unicornios que se acercan a la orilla. Tras desaparecer, María encuentra un pequeño unicornio entre la maleza y se lo lleva a casa. Pasan juntos el otoño y el invierno, pero durante la primavera los unicornios vuelven y....


Con esa candidez que destila su obra, la autora británica nos regala una fábula que ahonda en la capacidad infantil para sobreponerse a situaciones adversas. Así, utilizando la sinergia que establecen la niña y el animal mitológico, hace partícipe al lector de un proceso de crecimiento personal donde la soledad se transforma en confianza y resiliencia. No sé si convendrán conmigo en que ese pequeño unicornio sea el fruto de la mera imaginación, una especie de alter ego metafórico de la protagonista, pero el caso es que esta dulce historia que mira hacia delante funciona a la perfección.


Si a todo ello unimos esas tonalidades pastel, el uso de la luz en cada imagen, una óptica que alterna diferentes tipos de planos y los evocadores paisajes de la campiña inglesa (los brezales, las aulagas y esa bruma que cubre las colinas...), es un librito que bien merece la pena para terminar esta pequeña muestra de libros.

lunes, 18 de diciembre de 2023

La migración en los libros infantiles




La migración ha acompañado, no solo a nuestra especie, sino a muchas otras, desde tiempos remotos. La búsqueda de nuevos espacios en los que desarrollar nuestras actividades diarias libremente y de la manera más óptima, es una necesidad vital del ser humano. Conflictos bélicos, escasez de recursos, oleadas de violencia, necesidades culturales, aprender un idioma o el simple amor, nos llevan a otros lugares diferentes, bien dentro de un mismo país, bien en el extranjero. 
Emigrantes o inmigrantes, caras de una misma moneda que solo depende de la posición del observador, ese que esta dentro, ese que está fuera. El migrante, sea cual sea su origen, sea cual sea el motivo de su huida, suele experimentar situaciones y emociones parecidas. El extrañamiento, la añoranza, el miedo, el rechazo, el desarraigo... Todas son posibles.
Como cualquier otro fenómeno humano más, la literatura en general, y la Literatura Infantil en particular, tiende a hacerse eco de lo que acontece en sus vericuetos y busca las más variadas formas con las que acercarnos la realidad. Por ello, he aquí un buen puñado de estos libros que, desde la ficción o la no ficción, hablan de historias sobre migración. Si ven que algunos títulos están en negrita y color carmín, hagan click sobre ellos porque enlazan con sus respectivas reseñas.



María José Ferrada y Ana Penyas. Mexique. El nombre del barco. Libros del Zorro Rojo.

Empiezo con aquellos volúmenes que nos acercan al viaje migratorio. A pie, volando o en barco. Hay muchas maneras de cruzar océanos, atravesar cordilleras o enormes desiertos. Y todas entrañan numerosos peligros y multitud de pensamientos. 



Liz Lofthouse y Robert Ingpen. Ziba vino en un barco. Lóguez.



Francesca Sanna. El viaje. Impedimenta.






Maxine Trottier e Isabelle Arsenault. Migrante. Planeta.



Sandra Siemens y Bea Lozano. Esa cuchara. Limonero.

En muchos de ellos el formato es importante. Bien porque nos ofrecen una idea de la extensión salvada (véase el formato acordeón) o porque nos ofrecen visiones paralelas gracias a juegos de colores y filtros.



José Manuel Mateo y José Martínez Pedro. Migrar. Kalandraka.



Del mismo modo, en estos libros también se establecen paralelismos. Aves migratorias o maletas pueden ser el hilo argumental para narrar las travesías que llevan a unos y otros a diferentes lugares. Metáforas sutiles que se abren camino entre las olas o las ráfagas de viento. 



Daniel H. Chambers y Federico Delicado. Un largo viaje. Kalandraka.



Núria Parera y María Hergueta. La maleta. Babulinka.

Abro otra nueva categoría para libros migrantes, concretamente aquellos que se centran en la perspectiva de quienes acogen. Si unos tienen miedo al dejar atrás su vida, los otros, más. La incertidumbre ante lo desconocido, lo extraño, abre un espacio negro a los nuevos inquilinos. Miradas furtivas, suspicacias, habladurías... Otra faceta de la que hablan estos álbumes que sirve para poner en el foco en lo humanitario, lo solidario y lo ajeno. 
Islas, colmenas, iglús y furgones son algunas de los elementos que, a modo de metáforas (sobre todo del aislamiento), ayudan a comprender las respuestas que los migrantes perciben por parte de las comunidades autóctonas.



Andrés Pi Andreu y Kim Amate. La abeja de más. Takatuka.








Susanna Isern y Sonja Wimmer. Los intrusos. Tierra de Mu.



Jesús López Moya y Zuriñe Aguirre. El iglú. Bookolia.



Henri Meunier y Nathalie Choux. ¡Al furgón! Takatuka.

Si hay una categoría dentro de estos libros esa es la de las perspectivas infantiles. Niños que vienen y niños que se van. Que nos hacen partícipes de sus pensamientos, de los sentimientos encontrados, de esa incertidumbre que se genera ante lo desconocido, de la pena que produce la ruptura con la tierra, con los orígenes, con su patria. Las primeras personas y las perspectivas infantiles siempre son muy enriquecedoras, más todavía cuando la inocencia pone palabras a lo que todos sentiríamos en su lugar y emana un discurso que aúna cercanía y lejanía.



Annika Thor y Maria Jönsson. Una niña de muy lejos. Gato Sueco.



Maryam Madjidi y Claude K Dubois. Me llamo Maryam. Blackie Books.



Dentro de esta categoría habría que destacar aquellas historias que hacen uso de diferentes recursos verbales y gráficos para acercarnos a situaciones de extrañeza. Bichos raros, choques culturales, juegos de palabras o parecidos razonables dan buena cuenta de la universalidad de un contexto en el que a nadie le gustaría estar envuelto.






Toño Malpica y Giulia Landonio. El otro. Diego Pun.



Joe Todd-Stanton. El cometa. Andana.








Marcelo Simonetti y María Girón. Los migrantes. Kalandraka.

Como nota curiosa, me gustaría destacar que, son pocos los álbumes ilustrados sobre inmigración protagonizados por niños. Echen la vista atrás y constaten que la inmensa mayoría de las historias sobre migrantes tienen cara de niña. ¿Será porque las niñas lo tienen más difícil a la hora de integrarse? ¿Será que los autores presentan la migración con facciones femeninas para despertar la cara más compasiva de los lectores? ¿Acaso los niños no son igualmente débiles en este tipo de situaciones? Ahí les dejo unas reflexiones con Madani y su partido de fútbol.



Fran Pintadera y Raquel Catalina. La mejor jugada de Madani. Ekaré.

No podía faltar en una selección de este tipo un libro dedicado a la morriña, ese sentimiento tan arraigado entre la comunidad de gallegos en la diáspora. Como la añoranza castellana o la saudade portuguesa, es un sentimiento que solo experimenta el migrante al extrañar unos orígenes que dejó atrás para abrirse camino en otro lugar de este planeta.


Paula Ventimiglia. Morriña. Hércules de Ediciones.

Quizá el que sigue es el más original de todos, pues busca en lo onírico un vehículo en el que encontrarse con todos los continentes desde una perspectiva zoológica. Selvas, desiertos o paraísos submarinos son los espacios elegidos por la imaginación de dos niños que buscan en los animales y la fantasía una forma de regresar a los orígenes de uno de ellos. Una historia de amistad que se desborda en un viaje extraordinario.


Guia Risari y Federico Delicado. El tranvía número flor. Kalandraka.

Mención aparte merecen los tres álbumes no ficcionales siguientes. El primero es la biografía ilustrada de Malala Yousafzai, la activista que tuvo que huir a Inglaterra siendo niña a causa de un atentado y que recibió el premio Nobel en 2014. Los dos que le siguen se centran en las causas de la migración, datos interesantes y todos los problemas en torno a ella.


Fulvia Degl’Innocenti y Anna Forlati. Yo soy Adila. Historia ilustrada de Malala Yousafzai. Ediciones Jaguar/Amnistía Internacional.


Alejandro Reig y Roger Norum. Migrantes. Ekaré.



Eduard Altarriba. Migrantes. Bang.



Laia de Ahumada y Cinta Fosh. Obligados a partir. Akiara.



Vanesa Freixa y Maguma. Migrantes. Savanna Books.


En definitiva, la migración es una constante en una humanidad que busca su propia supervivencia, algo que nos repasa un álbum a caballo entre la ficción y no ficción, teniendo como hilo argumental las grandes diásporas y un amuleto que pasa de mano en mano.



Ilan Brenman y Guilherme Karsten. Refugiados. Algar.

Enlazando con el libro anterior y para despedirme por hoy, les dejo con dos libros publicados recientemente que abordan la migración como resultado de los conflictos bélicos, un efecto lamentable del que ya hablé en esta SELECCIÓN DE LIBROS INFANTILES SOBRE LA GUERRA donde encontrarán muchos más libros sobre refugiados. 



Dora Sales y Enrique Flores. A este lado del Mediterráneo. Iglú.



Rita Sineiro y Laia Domenech. Colas de sueños. Akiara.