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jueves, 20 de noviembre de 2025

Mucho humor y cuentos de siempre


Que los cuentos clásicos dan mucho juego, es una realidad impepinable, sobre todo teniendo en cuenta que las nuevas narrativas y los relatos experimentales para niños y jóvenes están a la orden del día.
Y lo mejor de todo es que jugar con el imaginario tradicional tiene muchas ventajas, sobre todo en lo que se refiere a la aceptación por parte del gran público. Como todos ¿entendemos? el simbolismo y los arquetipos, hay menos problemas a la hora de sacarles punta, o eso creo yo… (Nota: A colación de esto, les invito a disfrutar de El descrédito de los cuentos «tradicionales». (Un caso inquietante de miopía ideológica), un artículo de Antonio Rodríguez Almodóvar que encontrarán en el número 311 de la revista CLIJ).
Si bien es cierto que los cuentos tradicionales les sirven a los autores contemporáneos para hablar de feminismo, tolerancia, pacifismo, violencia de género o ecologismo, a un servidor le gusta más el cachondeo y gusta de libros como el de hoy, en el que los cuentos y sus personajes se vuelven locos y nos invitan a pasarlo bien dejando a un lado el didactismo.


Y es que el libro de hoy es bien simpático. Se llama ¡Papilla, por favor! y es un álbum de Laura Mucha y Marc Boutavant que ha publicado este otoño Combel. Antes de empezar a destriparlo, les diré que doy fe de que consigue hacer sonreír a todo tipo de público (a las pruebas me remito).
Este álbum cuenta la historia de Osito, el pequeño de la familia que se dispone a terminar su libro nuevo. Pero ¡ups!, justo cuando está terminando llama a la puerta Ricitos de Oro en busca de papilla. Osito le sirve un poco y vuelve a su libro, pero suena otra vez la puerta. ¡Es Caperucita Roja que trae mucha hambre! Le sirve otro plato de papilla y, tras dejarla acompañada de Ricitos de Oro, regresa junto al libro, pero… ¡Aparecen los tres cerditos con la misma cantinela! ¿Nadie le va a dejar terminar su libro? También les sirve papilla, se va a la habitación y ¡ahora es la abuela de Caperucita la que espera en el umbral! Un momento… Si Caperucita dijo que el lobo se había zampado a su abuelita ¿quién es esa que ha dejado cenando con sus amigos?


Además de un ritmo trepidante y una estructura de sketch (las comedias de situación siempre se agradecen en el formato del libro-álbum), tiene muchos elementos a destacar.
Este álbum hace un ejercicio de intertextualidad muy interesante gracias al nutrido elenco de personajes de cuento que amalgama en tan solo 48 páginas. Y es que el buen puñado de referencias a los cuentos tradicionales y sus personajes, permite la universalidad (al menos en occidente) y un tratamiento discursivo más que alcanzable para todos los públicos.


Del mismo modo ensalza la figura del libro y el amor por la lectura (Quien se haya visto interrumpido el momento más álgido, empatizará mucho con el protagonista) e integra el propio libro en la narración. ¿O acaso no se han fijado en la página final de la historia? El libro en el libro siempre aporta un plus en lo que metaliteratura se refiere.
También es muy interesante que toda la acción discurre ajena a las figuras paternas (Papá y Mamá Oso llevan arreglando una silla todo el santo crepúsculo), un guiño subversivo y/o fantástico que siempre deja en mal lugar al universo adulto.


Y para terminar… Un final muy humorístico, guardas peritextuales, el uso variado de la tipografía que amplía la versatilidad de las voces, la expresividad a-cartoon-ada de los personajes y ver cómo anochece conforme pasamos las páginas (¿Ven como se oscurece el cielo y la habitación de Osito entra en penumbra? Un notable ejercicio cromático) son algunas de las razones por las que se lo recomiendo en esta semana cuentera.

lunes, 26 de mayo de 2025

La suerte de la fea...


"La suerte de la fea, la guapa la desea". Una frase que viene al pelo teniendo en cuenta cómo está el patio. Tanto es así, que el otro día, haciendo scrolling en Instagram, me apareció uno de esos entrenadores emocionales que defendía a un buenorro metido a llorón. El guaperas estaba siendo linchado por sus followers a cuenta de unas declaraciones en las que confesaba el descontento con su físico, pues a pesar de encuadrarse dentro de lo normativo, no se reconocía a sí mismo como el it-boy que era.


La fantasía no era pequeña y la encontré realmente sugerente, pues estas paradojas de la vida moderna me mantienen boquiabierto día tras día. La banalidad inunda las redes sociales y se desborda entre una chusma cada día más estúpida. Gente que rellena su vida inerte con fuegos de artificio y mucho confeti buscando la aprobación de sus iguales para no pegarse un tiro, mientras alardean de vulnerabilidad y falsa modestia. ¿En serio?
No me extraña que un tío del montón, pero con la cabeza bien amueblada se coma con patatas a este tipo de elementos cuya máxima es inspirar en los demás pena y admiración a partes iguales. Ante algo así es inevitable salir corriendo. Y quien no lo haga, que dios le pille confesado, porque acabar con un ególatra metido a donnadie puede causar una muerte lenta y agónica.


¿La legona o la fregona? Elige. Cualquiera podrá quitarte la tontería. Y si no, te la quito yo a golpe de lanzallamas, que eso de quemaros a lo bonzo da mucho gustirrinín. Además, yo soy más partidario de la gente que me hace reír. Normalitos, con alegría y buena conversación.  Me podrían encuadrar en diversexual o demisexual, que las amebas y las esponjas me inspiran más bien poco. Yo necesito charlar en igualdad. Y si lo que quieres son palmeros, practica el cante jondo, que yo no estoy dispuesto a acompañarte a ningún tablao.


Hablando de guapos de cara, llegamos a La bella Griselda de Isol, un librito que acaba de ser reeditado por la editorial Takatuka y hay que reseñarlo como merece. Para quien no conozca esta historia le diré que tiene como protagonista a Griselda, la doncella más guapa del reino. Su belleza no tiene parangón y hombre que la mira, hombre que acaba decapitado. Ella, orgullosa y divertida, cuelga de las paredes la testa de todos ellos a modo de ¿trofeo? Como ninguno le dura un asalto y lo que ella quiere es enamorarse, encuentra la forma: engatusar al chico más miope del lugar. Tras un breve noviazgo, el gachó tiene la misma suerte que el resto, pero la deja embarazada y…


Además de construir una alegoría evidente sobre los daños colaterales de la belleza, la importancia de la humildad o el poder de lo insignificante, la autora argentina crea un relato complejo donde caben otras interpretaciones, léanse la escala de prioridades que establece cada individuo, la incesante búsqueda de la maternidad y las consecuencias de esta. Un discurso con muchos rincones en los que hurgar, encontrar sorpresas y, sobre todo, simpatía, esa misma que triunfa ante tanta vanidad.


Pasiones extremas y amores imposibles en un álbum teñido de cobalto, oro y estampados digitales en el que luces y sombras, estampas diurnas y nocturnas, interiores palaciegos y exteriores medievales enmarcan una historia con guiños a Cenicienta o el jinete sin cabeza de la mitología irlandesa.


Sí. Isol le da una vuelta de tuerca a muchos cuentos tradicionales empezando por la portada, una en la que aparece la protagonista mirándose en un espejo… ¿Acaso no les recuerda a la malvada madrastra de Blancanieves? ¿La misma que pugnaba por el trono de la belleza con su hijastra? Es un buen punto de partida, pues, como veremos más tarde, Griselda quedará destronada por quien menos se lo espera. ¿Le importa? ¿Se enfurece? Fíjense bien en la expresión de su rostro. A mi juicio, parece más que satisfecha...

jueves, 21 de noviembre de 2024

Cuentos de nueva factura


Como ya os conté AQUÍ hace un par de temporadas, una de las razones por las que al álbum también se le llama cuento es porque su típico formato (32 páginas encuadernadas a la italiana en cartoné) es idóneo para este tipo de creación literaria. Por esa razón, muchas de las creaciones que encontramos hoy día en este soporte se asimilan a esa estructura. Por ello y durante esta semana tan cuentera, he decidido hacer una pequeña miscelánea de todos aquellos libros que, tomando como ejemplo este tipo de relatos, se abren camino en las librerías con historias de nueva hornada que tienen ese sabor de antaño.


El primero de estos libros es Acuerdo bajo las estrellas, un álbum de Susana Rosique publicado por Cuento de luz que se sirve de su técnica mixta (estampados e ilustración digital) y las realidades naturales (animales diurnos y animales nocturnos) para crear una pequeña fábula con cierta vis ecologista.


Hace muchos años, el bosque lo llenaba todo, pero poco a poco, se ha ido haciendo más pequeño debido al ser humano, sus cultivos y sus ciudades. Con tan poco espacio, la convivencia entre los animales cada vez es peor, ya que los recursos escasean y se estorban unos a otros. Como la cosa no puede seguir así, deciden nombrar un comité de emergencia que propone una solución: repartir el tiempo de uso del espacio en vez de compartirlo físicamente. ¿Conseguirán solucionar el problema?


Con esta fábula que aboga por la resolución de conflictos de manera civilizada, la autora nos presenta una historia que aborda temas muy humanos como el diálogo, la empatía y la solidaridad, pilares sobre los que descansa toda convivencia. Así, el tejón, el zorro, negocian y se adaptan a las necesidades ajenas para alcanzar el equilibrio dentro del ecosistema. Ideal para leer ante cualquier asamblea de vecinos.


Llegamos a El pájaro de las mentiras de Msuswa P. Mabena y Dale Blankenaar (Ekaré). Con un sabor muy étnico, este cuento que parece haber salido de las hogueras que todavía llenan el continente africano (se lo digo por experiencia propia), nos cuenta la historia de Makambacha, un niño que se siente solo porque sus hermanas no quieren jugar con él. Un día, se topa con un pájaro travieso que no escatima en manipular la verdad a su antojo para salirse con la suya. Al principio es divertido, pero después, las situaciones terminan complicándose.



Con un formato clásico y pedagógico (no se olviden del Pinocho de Collodi), la historia de Msuswa P. Mabena bebe de esa magia tan animal (Me encanta que las hermanas sepan hablar con las abejas) que se interna en cualquier producción africana, más todavía si está acompañada por las ilustraciones de Dale Blankenaar. Figuras sencillas, colores planos y contrastes vibrantes, recuerdan a las composiciones geométricas del tradicional ndebele sudafricano.


El tercer título es La promesa de Lena, un libro de Nanen (García Contreras) publicado por Bookolia, su ya editorial de cabecera. La obra narra la historia de Lena, una niña que, ante la tardanza de la llegada de la primavera, decide coger camino y manta (nunca mejor dicho) para hablar con la montaña. Esta tiene que cambiar la nieve que cubre sus laderas por los prados llenos de flores. Pero Lena no regresa y la gente del pueblo comienza a preocuparse. ¿Habrá quedado atrapada allí? ¿Tendrán que rescatarla?


El relato se inspira en rituales ancestrales europeos que celebran el final del invierno y el inicio de la primavera, como los joaldunak en Navarra, los zafarrones en León, los kukeri en Bulgaria o los busójárás en Hungría. Unos rituales que, en la misma línea que el carnaval, incluyen máscaras y ruidos para ahuyentar al invierno y dejar entrever la nueva estación.


Sencilla pero muy colorista, esta historia que parece inspirarse en los pueblos eurasiáticos (¿Han visto esas cabañas cubiertas de pieles? ¿Sus adornos geométricos?). Del mismo modo que se interna en el valor de la tradición, la autora se atreve con composiciones simétricas (Fíjense en las escenas de la ventana. En el adentro y en el afuera) y una paleta de color tan agradable como una historia donde los seres humanos y la naturaleza entran en diálogo gracias a la metáfora.


Tomando como hilo conductor una fantasía ilustrada, la autora E. K. Mosley nos regala La última perra estelar (editorial Corimbo), un álbum que bebe de las antiguas recopilaciones con constan de un hilo conductor sobre el que se van desarrollando historias secundarias a modo de cuentos (léanse los clásicos Las mil y una noches o El asno de oro de Apuleyo).


La protagonista de este libro se pregunta si habrá otras como ella en algún lugar del cosmos. ¿Lo ha soñado o es realidad? Movida por un golpe del destino, aterriza en nuestro mundo con su corona de estrellas hecha añicos. Y así empieza una aventura muy existencialista en la que una mariposa nocturna, un cuervo, una rana y un tigre se convierten en sus compañeros de viaje en busca de un lugar en el que existir y una comunidad en la que sentirse queridos.


Con referencias a la mitología griega (¿Ven a Caronte reencarnado en esa rana?), este relato lleno de matices que serpentea por la obra de autores como Rudyard Kipling o Hayao Miyazaki, despliega un universo muy imaginativo donde los detalles, las composiciones o el color, recuerdan a los maestros del art nouveau como Alphonse Mucha o Ivan Bilibin, en cuyas obras aparecen muchas referencias al mundo natural.


Una delicada parábola sobre las paradojas del viaje, los testimonios personales y la amistad en forma de álbum preciosista plagado de metáforas.


El penúltimo libro de esta tanda corre a cargo de Sebastià Serra y lleva por título El cuento que nunca acaba. Publicado por Algar, además de la opera prima de este autor e ilustrador, se encuadra dentro de esos cuentos que, como una matrioska, va añadiendo intrahistorias que, además de enriquecer una trama muy alocada, permite aunar en un mismo libro elementos que abundan en los cuentos de toda la vida.


Todo empieza con una princesa con jaqueca, una bruja resfriada y una poción mágica adulterada por un moco. Caballeros andantes, magia, poder,… Ningún ingrediente escapa a esta historia surrealista en la que cabelleras descontroladas, ogros ignorantes y niños perspicaces se unen en pro de la risa y el entretenimiento creando una historia circular.


Con ilustraciones digitales donde las composiciones pensadas y los tonos medios son protagonistas, este álbum con reminiscencias de la Strega Nona de Tomie DePaola (uno, espaguetis y el otro, pelambrera aunque sin aprendiz de por medio), trae mucha frescura sin demasiada pedagogía ni aditivos buenistas a esto de los cuentos mutantes que tanto han hecho por la LIJ en las últimas décadas.


Terminamos con los Cuentos diminutos de Joseph Coelho. Editado en español por Océano Travesía, este recopilatorio cuenta con el trabajo de un buen puñado de ilustradores del panorama internacional entre los que destacan Alex T. Smith, Shaun Tan, Mariachiara Di Giorgio o nuestra Jùlia Sardá.


Así, en este volumen se recogen un total de veinte mini-relatos ilustrados. Cada uno se resume en diez palabras acompañadas por una imagen (o quizá al revés), una idea que no es nueva, algo que podemos ver tras leer, por ejemplo, Los misterios del Sr. Burdick de Chris Van Allsburg. Historias sobre mundos submarinos, hámsters demoníacos, osos en el espacio exterior y portales a lugares desconocidos se desbordan en la imaginación del lector-expectador, que utiliza la imagen para contextualizar la historia y las palabras para desbordar su creatividad.


De aspecto entelado y con mucho dinamismo, no solo nos propone un ejercicio de literatura creativa (algo que siempre se echa de menos cuando los autores vomitan sus intenciones a las criaturas lectoras), sino que apuesta por un libro a veintiuna manos para configurar un espacio de estilos muy diverso en el que perderse de vez en cuando.


martes, 19 de noviembre de 2024

Cuentos mutantes


Todos los estudiosos del tema suelen aludir a la capacidad mutable de los cuentos, sobre todo si tenemos en cuenta que estas creaciones populares corren de boca en boca y de hoguera en hoguera. Como nuestros propios genes, pueden ser modificados gracias a las aportaciones que cada narrador hace en su relato, y no nos debería extrañar que existan numerosas versiones de cada uno de ellos, más todavía teniendo en cuenta la de años que han pasado desde que la especie humana comenzó a usarlos.
Bien por necesidades del guion (añadir un poco de salsa siempre realza los sabores), las tendencias y modas (como el largo de la falda, los cuentos también se adaptan al gusto del público) u otras triquiñuelas (ya saben… cuitas palaciegas, intereses maquiavélicos, revoluciones populares y doctrinas varias, también meten la cuña publicitaria en los cuentos), estas narraciones han ido cambiando su forma.


Parece que todo cambia con Gutemberg y su invento, pues eso de la letra impresa pone freno a que todo el mundo colabore con sus aportaciones en esto del entretenimiento lingüístico. O al menos, eso creemos, pues incluso de esta manera, también hay que hablar de libros destruidos o perdidos, editores entrometidos, traductores desafortunados, correctores incorregibles y lectores juguetones.


Precisamente de estos últimos toca hablar hoy gracias al último libro de Jon Klassen que se publica en nuestro país gracias a Blackie Books. La calavera, que así se llama el título de este álbum, está basado en un cuento tradicional tirolés que Klassen leyó en una biblioteca de Alaska mientras esperaba que comenzase una de sus presentaciones.
La historia nos habla de Otilia, una niña que huye en mitad de la noche. Atraviesa el bosque mientras escucha su nombre, hasta que se encuentra con una casa. Al acercarse, se da cuenta de que la puerta esta cerrada y, tras llamar y preguntar si hay alguien, una voz le contesta. Al alzar la cabeza, ve a una calavera asomada a una ventana que, finalmente, le ayudará a entrar. La calavera le cuenta su historia mientras le enseña la casa y la invita a pasar la noche no sin antes confiarle un secreto: le tiene que ayudar a escapar de un esqueleto sin cabeza que la persigue todas las noches.


En este cuento un tanto misterioso, Klassen despliega todo su arte narrativo en un álbum extenso (unas ciento veinte páginas son bastantes para un álbum) en el que utiliza diferentes recursos. Lo primero de todo es que estructura la obra en cinco partes con título múltiple. Esto es algo que extraña bastante en un relato corto como un cuento, pero del mismo modo tiene su sentido, ya que así establece una serie de ideas clave que permiten al lector, no solo recordar lo que acontece en él, sino anticipar, a modo de funciones de Propp, esos hilos argumentales que tanto resuenan en unos cuentos y otros. Del mismo modo, dilatar el lapso temporal también le ayuda a mantener la tensión en un relato intrigante y un tanto terrorífico en el que las sorpresas y el efectismo tienen su función.


En segundo lugar, hay que hablar de la paleta de color. Siluetas grises, sombras negras y reflejos tornasolados de hogueras y amaneceres invernales, llenan unas ilustraciones donde el uso variado de los planos imprime bastante ritmo cinematográfico. Me encanta la escena del baile de máscaras (¡Me resuenan tantas películas y novelas…!) y la plasticidad que adquieren algunas figuras (Ese esqueleto cayendo es una maravilla).


Por último, no hay que olvidar el humor que destila Klassen en todas sus obras. Por un lado, tenemos uno muy blanco que nos hace sonreír (lo de que una calavera coma peras y beba té es tan absurdo como los chistes de Faemino y Cansado). Por otro, uno muy negro, sobre todo cuando descubres que detrás de la apariencia inocente de Otilia, hay una persona con muchas intenciones y nada inofensiva, sobre todo cuando se trata de conservar el paraíso prometido y el lector conoce el final de la historia original (no se olviden de leer la nota del autor).

jueves, 16 de noviembre de 2023

Cuentos y leyendas en un nuevo formato


Como ya dije el año pasado en este artículo, el libro-álbum es uno de los formatos más elegidos a la hora de recuperar estos productos de la tradición oral y/o escrita. Es por ello que he creído interesante ir recogiéndolos para disfrute de los monstruos que sienten debilidad por ellos.
Versiones íntegras o adaptadas, dan buena cuenta de que diferentes culturas han ido creando relatos de todo tipo que explican muchos aspectos de la vida cotidiana conocidos y desconocidos, un patrimonio que está cayendo en el olvido generacional y que debemos conservar gracias a los nuevos formatos que traen las literaturas gráficas. ¡A por ello!


El primero es Los hijos del sol, un álbum de Micaela Chirif y Juan Palomino que recoge la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo, un relato en el que se narra la fundación de la ciudad de Cuzco, la capital de la civilización inca, una cultura que se extendió desde Perú a otros territorios como Bolivia, Chile o Ecuador.


En mitad de un mundo salvaje en el que los hombres vivían salvajes, el dios Sol se vio reflejado en el lago Titicaca. Tanto se acercó, que una chispa de fuego cayó en sus aguas y de ella nacieron dos hermanos, Manco Cápac y Mama Ocllo, a quienes encomendó la tarea de fundar la primera ciudad. Para ello les hizo entrega de una vara y les dijo que el lugar donde esta se clavara fácilmente, sería el sitio donde la tendría que erigir. ¿Lo conseguirán? ¿Tendrán alguna ayuda?


Con un texto muy asequible y enriquecido por ese sabor tan exótico que siempre nos traen los autores latinoamericanos, esta historia se adentra en la iconografía de las civilizaciones precolombinas. Ocres, azules y grises se funden en unas ilustraciones que en parte recuerdan a las pinturas primitivas, un estilo muy adecuado para hablar de orígenes. Formas sinuosas que nos hablan de los caminos, circulares y espiraladas que nos hablan de comunión, recortadas y angulosas que nos hablan de lo abrupto y lo complicado.


Representaciones de la fauna silvestre, dibujos de la flora agrícola que recuerdan a los códices antiguos, y unas guardas a modo de prólogo y epílogo, son la guinda de una leyenda redondita y muy bien traída.


Seguimos con lo nuevo de Suzy Lee. Este libro nació en gracias a una actividad propuesta dentro de Vacance, un grupo formado por autores de libros ilustrados, que invitaba a contar una historia tradicional utilizando un nuevo formato. La artista coreana se decidió por El joven que compró la sombra del árbol, un cuento coreano recogido en forma de libro-acordeón y que acaba de publicar Barbara Fiore.


En él se narra la historia de un joven viajero que llega a una aldea y se dispone a descansar bajo la sombra de un árbol. Tras presenciar el despotismo del hombre rico y egoísta que les prohíbe estar en su propiedad, el viajero decide darle un puñado de monedas a cambio de esa sombra. El hombre codicioso no se lo piensa dos veces y acepta el dinero. De ese modo todo el mundo puede disfrutar de una umbría que, conforme va cayendo la tarde, se hace cada vez más larga y…


Con unas ilustraciones sencillas y elegantes en las que el color nos ofrece una transición por los diferentes momentos del día, Lee nos seduce con una pequeña fábula sobre cómo la búsqueda del bien común, puede acarrearnos un triunfo personal. Al mismo tiempo, el formato de concertina ayuda a imprimir continuidad a una historia en la que los personajes se divierten rodando por el suelo y disfrutando de una sombra que cada vez se hace más grande y ahonda en el sentido de unidad.



Sí, amigos, Suzy Lee lo ha vuelto a conseguir, aunque en esta ocasión se haya desligado del comportamiento infantil y haya buceado en la tradición oral de su tierra natal desde un prisma novedoso sin faltar a la esencia.


El siguiente título también está basado en un cuento de Camerún, versionado por Boniface Ofobo, narrador oral especializado en historias africanas, e ilustrado por Marc Taeger, diseñador gráfico catalán afincado en Galicia. El elefante que perdió su ojo es un álbum recién publicado por Kalandraka en el que se aborda la importancia de la tranquilidad a la hora de resolver los problemas.


Un elefante muy juguetón gusta de sacarse el ojo derecho y lanzarlo al aire. Siempre lo coge al vuelo hasta que un día, por culpa de un despiste, el ojo cae al agua y el elefante no lo encuentra. Le pregunta a la rana, el cocodrilo y a la tortuga. Nada. ¿Y si está en la selva? El elefante pregunta en este lado y en este otro. Se pone nervioso, deambula, vuelve a interrogar a todo el mundo. ¿Será capaz de recuperarlo?


Tan simpática, como sugerente, esta pequeña fábula del continente de los colores nos invita a sumergirnos, no solo en la fauna del lugar, sino en una situación fácilmente reconocible en la que el nerviosismo y el estrés se adueñan de nuestro ser para, en un momento de relajación y tranquilidad dejarnos pensar la manera más plausible de solucionar nuestros problemas.


Seguimos con El pañuelo del sultán, un cuento popular marroquí editado por Yekibud en un formato muy interesante y con ilustraciones de Pia Wortham. En esta historia, un sultán se enamora de Zakia, la hija de su visir, y le pide su mano. Pero Zakia accede con una condición: solo se casará con él si el sultán aprende un oficio. De entre todos, el sultán eligió aprender el arte de tejer y para terminar de conquistarla hizo un hermoso pañuelo con una rosa en el medio. Pero como la historia no acaba aquí, debes hacerte con este libro y seguir leyendo. 


Con adaptación de Ramiro Matas, este cuento se integra en esos cuentos en los que el papel de la mujer se ensalza a través de lo juicioso y la cautela, pues la paciencia, como siempre, es buena consejera y demuestra inteligencia. Del mismo modo, esta pequeña fábula se interna en la tradición desde el amor y la aventura que destila su ambientación oriental que, deliciosa, exótica y llena de matices, nos incita al viaje.


Sobre las ilustraciones decir que son muy acertadas, pues la técnica mixta que combina acuarela, collage y paper weaving, no solo recogen la esencia de la historia, sino que recuerdan esas geometrías orientales tan típicas donde la repetitividad de los motivos y el contraste de los colores son esenciales. Si a todo esto unimos la tapa blanda y un sentido de lectura horizontal, este libro tiene mucha miga para los que gustamos del álbum como artefacto.


Llegamos a El búfalo azul, una adaptación de Cristina González Esteban AKA Cristina Salamanca sobre un jataka, un tipo de cuento budista en el que a través de personajes no humanos se explican las etapas de Buda en su camino hacia la sabiduría. Publicado por Narval, este álbum nos cuenta la historia de un búfalo grande y poderoso que soporta con paciencia infinita las bromas pesadas de una familia de monos. Pero como a todo gorrino le llega su San Martín, un día los simios se equivocan de búfalo y aprenderán una lección que no los dejará indiferentes.


Las coloridas ilustraciones de la autora construyen un ambiente selvático muy adecuado para una fábula oriental donde incluso el protagonista exhibe adornos budistas. Del mismo modo, hay pequeños detalles humorísticos (¿ven a ese mono tullido?) que nos invitan a reír en el contexto de un par de enseñanzas profundas y bien traídas que nos sirven a cualquiera, sobre todo a los niños traviesos que no paran de dar la turra.