lunes, 29 de marzo de 2021

Arrullar los sueños


No sé ustedes, pero cada día que pasa, un servidor escucha menos nanas. No es que sean canciones para deleitar a las masas, pero desde que ese interés hiperdesarrollado hacia la infancia se ha hecho más patente durante los últimos tiempos, cabría esperar que se aventaran mucho más estas composiciones musicales para dormir a recién nacidos.
Sí, cantar una nana es un acto muy íntimo, un diálogo entre padres e hijos difícil de disfrutar como espectador, pero también es cierto que después de hablar con muchas madres, empiezo a denotar ciertas carencias en todo lo que se refiere a canciones de crianza. Interesa más poner el móvil cerca y darle a la tecla, que hacer un esfuerzo por entonar sonsonetes cercanos que a modo de letanía arrullen los primeros meses de esos hijos tan deseados.
Hoy les traigo canciones de cuna, para que las recuerden y sobre todo, las intenten.

A dormir, que viene el lobo,
y si no, viene la loba,
preguntando de casa en casa
cuál es el niño que llora.


Pajarito que cantas
en las lagunas,
no despiertes al niño
que está en la cuna.
Estrellitas del cielo,
rayos de luna,
alumbrad a mi niño
que está en la cuna.

A dormir que viene el lobo y Pajarito que cantas.
Nanas tradicionales españolas.
En: Arroró. Antología de nanas hispanoamericanas.
Selección de Pedro C. Cerrillo y César Sánchez Ortiz.
Ilustraciones de Luis San Vicente.
2018. Santa Cruz de Tenerife: Diego Pun Ediciones.



miércoles, 24 de marzo de 2021

Ocultarse fuera para no mirar adentro


Yo creía que estaba como una cabra pero empiezo a sospechar que me hallo entre esa minoría de cuerdos que intentan cambiar el mundo, algo que no va a ser posible teniendo en cuenta el resentimiento que llena la atmósfera circundante. Traumas no superados, heridas abiertas, tontunas enquistadas, dimes y diretes… No sé si es que este mundo va a pegar un trueno o empezamos a acusar un aburrimiento pandémico extremo (cosa que no entiendo… hasta donde yo sé todavía hay muchos teoremas por resolver, muchos libros por escribir y muchas vidas que mejorar).


Personajes anónimos de toda condición toman nota de una Rociito metida a Magdalena y maltratada (con dos millones en el bolsillo, ¡bien podrá!) y se declaran víctimas oficiales sin razones que les amparen. Desde el tercermundismo televisivo y la conmiseración en las redes sociales, padres fallidos, hijos malqueridos, cónyuges despechados, abuelas desatendidas y nietos ninguneados se lanzan al revanchismo a fuerza de palmeros. Claman venganza de opresores varios y exigen las atenciones que nunca tuvieron.


No es que yo me dedique a la justicia, que para eso están los tribunales, pero siempre he pensado que para airear las miserias hay espacios y espacios, y si eliges el menos apropiado, te pones en evidencia ipso facto. Puede que ustedes no lo vean (algunos de mis amigos han perdido el norte con tanta terapia de andar por casa y psicólogo aficionado), pero cualquiera puede considerarse damnificado en un universo auspiciado por el estado y un "mass media" que hace las veces de verdugo familiar.


Dejen de golpes de pecho -¡Viva el barroquismo español!-, de contar(se) lo buenas personas que son, lo competentes y entregados que se consideran: gente excelente donde la haya. ¿Que nunca han cometido un error? ¿Que siempre han sido correctos y humanamente comprometidos? Pues permítanme decirles que se han olvidado de los demás y sólo llegan a mirarse el ombligo. Dialogar no es practicar constantemente el y-tú-más. Aventando sus mierdas no se construye ese mundo nuevo que los mesías pandémicos se han apresurado en anunciar.


Lo primero es nuestra propia amnistía. Mirarse al espejo, saber quiénes somos, qué queremos. Buscarse y luego encontrarse. Luego vienen los demás, pero uno mismo siempre va antes. Que cada uno elija la forma. Los hay que escriben un diario, otros buscan un retrato y los menos lo hacen hurgando en su fantasía. Algo que sucede con Hannah, la protagonista de El escondite, un álbum de Susanna Mattiangelli y Felicita Sala (Edelvives) que pasó un tanto desapercibido por las librerías durante el año pasado.


Con bastantes reminiscencias al Donde viven los monstruos de Sendak, las autoras exploran los mundos creados de una niña que decide vivir en un lugar real, el parque donde suele jugar como una salvaje durante las tardes y en el que un día encuentra un escondite mientras atraviesa la maleza. Ahí descubre a la Extraña Criatura Peluda, un compañero de viaje que le hará ver los inconvenientes de vivir apartada del resto de sus iguales, centrada en sus miedos y en unas alas que no le sirven para volar…
Con unas coloristas y siempre bien pensadas ilustraciones de Felicita Sala, esta historia con sorpresa final es más que adecuada para personas con ego henchido y dificultad de autocrítica, que al fin y al cabo, son lastres muy habituales en el ser humano.

martes, 23 de marzo de 2021

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XXV): Mitsumasa Anno


Liberado ya de exámenes y evaluaciones me entrego por entero al blog y la temporada de novedades primaverales, una en la que empiezan a irrumpir con fuerza libros de excelente factura como Ocultos en el bosque del gran Mitsumasa Anno, cuya obra será rescatada durante los próximos meses por Kalandraka. Recientemente fallecido, el autor e ilustrador japonés merece un elogio en forma de biografía dentro de la sección Grandes figuras de la ilustración infantil, y sin más dilación, aquí estoy para homenajear la vida y obra de un hombre que tanto bueno nos ha traído a los libros para críos.


Nacido en 1926, Mitsumasa Anno creció en el oeste de Japón, en la ciudad de Tsuwano, una comunidad pequeña y aislada ubicada en un valle rodeado de montañas en la prefectura de Shimane. Desde bien temprano sintió la necesidad de ver el mundo que se escondía tras esas montañas que rodeaban su aldea. "Al otro lado de las montañas había aldeas con campos de arroz, y más allá de estos campos de arroz estaba el océano, que parecía estar muy, muy lejos", recordó el ilustrador en una entrevista para The Horn Book. "Cuando llegué a orillas del océano por primera vez, lo probé para ver si era realmente salado.” Primero fueron las montañas y después el océano, dos barreras naturales que acrecentaron ese deseo de abandonar las islas y viajar. Aunque mostró una aptitud temprana para las matemáticas (algo que se reflejó en muchos de sus libros), Anno se apasionó con el dibujo en la escuela. Fue en esos años en los que empezó a soñar con ser artista.
Cuando terminó la educación primaria, Anno abandonó Tsuwano para acudir a la escuela secundaria regional. Además de estudiar arte y dibujo, se convirtió en un ávido lector, sobre todo de la obra de Hermann Hesse, una de sus grandes influencias y figura con la que se sintió muy identificado a lo largo de su vida. Una vez terminada la secundaria, Anno decidió prepararse como maestro de educación primaria, pero la Segunda Guerra Mundial paralizó esa idea.


Anno fue reclutado por el ejército japonés. Una vez terminó la guerra, retomó su idea y se inscribió en la escuela de magisterio de Yamaguchi, predecesora de la actual Universidad de Yamaguchi. Tras casarse en 1952 con Midori Suetsugu, prima de la emperatriz japonesa Michiko y con quien tuvo dos hijos, Seiko y Masaichiro, obtuvo el título de maestro de educación primaria. Se mudó a Tokio para impartir clases en diferentes escuelas como profesor sustituto y durante más de 10 años, además de impartir matemáticas, una de sus asignaturas favoritas, desarrolló estrategias y materiales para ayudar a sus alumnos. "Como profesor, traté de elaborar material para los alumnos de manera que pudieran ampliar su comprensión y manera de expresarse. Al mismo tiempo, aprendí mucho de ellos. La forma de ver el mundo de los niños es diferente a la de los adultos... Por ejemplo, el sentido de perspectiva en los niños es diferente al nuestro, en parte porque sus rostros son más pequeños y sus ojos están más juntos. Además, su experiencia es más restringida, por lo que tienen menos en lo que basar su juicio."


A pesar de desarrollar una carrera como docente, Mitsumasa Anno nunca abandonó su faceta como artista y continuó realizando trabajos puntuales hasta que llega su primera oportunidad como ilustrador profesional de la mano de Mysterious Pictures libro donde realizó todo un alarde de perspectiva y que tomó como inspiración las ilusiones ópticas del artista alemán M. C. Escher. Unos juegos de miradas y figuras imposibles que continuaría dibujando para la revista Suri Kagaku (Ciencia Matemática) durante los dos años siguientes.


Estos trabajos menores abrirían camino a dos de sus éxitos, Topsy-Turvies: Pictures to Stretch the Imagination (1970) y Upside Downers: More Pictures to Stretch the Imagination (1971). El primero toma como línea argumental la arquitectura, mientras que el segundo juega con los personajes de una baraja de naipes. Son dos títulos fantásticos donde se rinde al amor por la percepción visual, trastorna las leyes físicas y su lógica, y presenta (ir)realidades engañando al observador. Tanto fue así que Anno contaba la siguiente anécdota para justificar sus trabajos imposibles: “Un profesor de matemáticas afirma que en una sola imagen ha encontrado doce 'imposibilidades' diferentes... Nada es imposible para los jóvenes, no hasta que se ven atrapados en los problemas de la vida y olvidan creer en ello. Quizás estas ilustraciones mías nos mantendrán a todos un poco más jóvenes, ampliarán nuestra imaginación lo suficiente como para ayudarnos a continuar mágicamente humanos. Eso espero, lo creo así, porque nada es imposible".





A estos dos éxitos le siguió Dr. Anno’s Magical Midnight Circus (1972), un álbum sin palabras donde además de incluir esos juegos visuales, desarrolló un universo onírico y maravilloso: el papel es un lugar donde la imaginación y la multiplicidad discursiva campan a sus anchas. Conceptos que trabajará mucho más en profundidad en su Anno’s Alphabet (1974), un libro innovador en el que me detuve con profusión hace tiempo y que pueden conocer AQUÍ y que inspiró otro llamado The A-E-I-O-U Book (1976) donde se describen las sílabas del hiragana japonés.
En 1975 vino su primer libro sobre aritmética, Anno’s Countig Book, un libro en el que, además de aprender a contar, el autor proporcionó una historia acumulativa para los primeros lectores, dando buena cuenta de su compromiso con la civilización, una idea que vertebra toda su obra: la génesis de pueblos y ciudades como un constructo humano.


Dos años más tarde (1977), se publica la que algunos creen su obra cumbre, El viaje de Anno (edición en castellano por Juventud a partir de 1978 pero descatalogada actualmente). Como hace tiempo le dedique una RESEÑA COMPLETA, solo diré que es el comienzo de una serie de álbumes a caballo entre la ficción y la no ficción, de los que su autor comentó que, a pesar de no tener palabras estaba seguro “de que todos los que miran puede comprender lo que hacen las personas de sus imágenes, lo que piensan y sienten."


Tras este se publicó Ocultos en el bosque (Anno’s Animals, 1979), el libro que acaba de publicar Kalandraka, un tributo a los bosques que rodeaban su pueblo natal. Un álbum frondoso que además de constituir una oda a la belleza vegetal, dirige al lector-espectador en la búsqueda de unos animales que no se ven por ningún lado. Escondidos entre la maleza, los troncos y las hojas, los niños pueden dibujar las siluetas de montones de aves, insectos o mamíferos (si no los encuentran pueden echar mano del listado final, un elemento que este hombre incluiría en muchos de sus libros, aunque en menos de los que desearíamos). Un alarde visual de primer orden que además de sorprender es capaz de interiorizar ese amor por el mundo natural que lleva implícita su defensa.


A pesar de que la mayoría de estos libros publicados durante esta década presentan la tinta y la acuarela como principales técnicas artísticas, durante los primeros años 70 Mitsumasa Anno practica la técnica del papel recortado y lo utiliza para ilustrar una serie de cuentos japoneses como Momotaro, el niño melocotón o La historia del hombre que hacía florecer los cerezos y adaptarlos al kami-shibai, diseñar juegos de cartas tradicionales y adaptar La pequeña cerillera de H. C. Andersen, un cuento que, como veremos más tarde, inspirará otra de sus obras más personales y en la que incluirá también esta técnica.



En 1981 se publica Anno's Magical ABC: An Anamorphic Alphabet, quizá el libro más extraño de todos. En cada página se observa una letra del abecedario (realizadas por su hijo Masaichiro) y un objeto que empieza por esa letra (en inglés), pero para poder verlas se necesita un cilindro de metal que se coloca en mitad de la página (y que te proporcionaban al comprar el libro) y sobre el que se reflejan tanto letra como imagen. Otra treta que riza el rizo visual.


Durante los años 80, además de añadir títulos a su colección de viajes, da vida a otros libros...
Libros matemáticos como Anno’s Counting House (1982; existe una edición en castellano llamada Diez niños se cambian de casa publicada en 1991 por Juventud), un libro sobre aritmética que se desarrolla en el interior de dos casas de clara inspiración centroeuropea donde diez personajes hacen vida y acompañan al lector en la búsqueda de los números mientras se mudan de una a otra, y Anno’s Three Little Pigs (en castellano se puede encontrar como Sócrates y los tres cerditos en Fondo de Cultura Económica), un álbum publicado en 1985 y escrito por Tuyosi Mori sobre análisis combinatorio y estudios probabilísticos que puede sacar loco a más de un adulto.


Libros llenos de detalles como Anno’s Flea Market (1984), un álbum delicioso donde los protagonistas se internan en un mercadillo que tiene lugar en una pequeña ciudad amurallada (¿Quizá Francia, los Países Bajos?), cada doble página se detiene en una zona diferente del mercadillo. Los hay de todo tipo: libros usados, máscaras africanas, figuras animales, antigüedades, juguetes, plantas, candelabros… Todo lo que imaginemos ahí está, incluso personajes conocidos y guiños históricos. Ojalá tengan a bien editarlo en nuestro país.



Libros sobre conceptos complejos como su primer libro pop-up, Anno’s Sundial, también llamado Earth Is a Sun Dial (1987), donde se dirige al lector más experimentado para explicarle conceptos complejos como la latitud, la longitud y la división temporal.
Libros muy especiales como All In A Day (1986), un proyecto que coordinó el japonés y en el que participaron otros nueve artistas internacionales de la talla de Eric Carle, Raymond Briggs o Ron Brooks. En él se pretende dar una visión de la vida cotidiana de los niños de diferentes culturas y países utilizando para ello la óptica y estilo variopinto de estos creadores, y representa una de las mejores tentativas de la incipiente globalización que se vislumbraba en el horizonte y que tan manida esta en estos momentos.



Libros de no ficción como El mundo medieval de Anno (1986, existe una edición ya descatalogada en Juventud) un álbum que además de adentrar las revoluciones científicas de una época donde Copérnico y Galileo no fueron entendidos, nos presenta un panorama donde creencias y costumbres del último medievo y primer renacimiento se relacionan con otros avances industriales (la imprenta) o agrícolas. Sin duda hace un ejercicio estético magistral donde las ilustraciones se llenan de indumentarias, arquitecturas, estilos y composiciones a rebosar de símbolos y filigranas que te transportan al pasado. Tengo pendiente una reseña a conciencia de este título.



Libros de ficción como The King’s Flower (1986) o In Shadowland (1988). El primero narra una historia a modo de cuento clásico en la que Anno plantea a sus lectores una pregunta “¿Lo grande es siempre lo mejor?”. En la estela de El traje nuevo del emperador, Anno discurre por senderos donde las diferencias dimensionales sorprenden y dirigen un discurso con múltiples interpretaciones. 


Teniendo en cuenta que sobre la nieve es difícil ver las sombras, Anno aprovecha el segundo para contarnos dos historias en paralelo. Una y como ya hemos hecho referencia antes, es la de La pequeña cerillera, el personaje de H. C. Andersen, y la otra trata del guardián del mundo de las sombras. Ambas se presentan en la misma doble página -para lo que utiliza técnicas de ilustración diferentes-, y conforme avanzamos, observamos cómo se entremezclan ensalzando la unión indisoluble que luces y penumbra acarrean desde antiguo.



Y libros para prelectores como Anno’s Peekaboo (1988), Anno’s Faces (1989) y Anno’s Masks (1990), libros que buscan la interacción con el niño que aprende cómo es el mundo y que necesita productos interactivos. Acetatos, troqueles, frutas y emociones se internan en estos álbumes menos conocidos.


Después de esta etapa tan prolífica, llega la década de los 90, una a la que Mitsumasa Anno da la bienvenida con seis de sus libros matemáticos. La primera es la trilogía Anno's Math Games, tres álbumes con juegos matemáticos de diferente dificultad que nunca han sido editados en castellano. Por otro lado tenemos tres historias de ficción-no ficción que desarrollan conceptos de mayor complejidad. Todavía se encuentran editados en castellano por Fondo de Cultura Económica. Trucos con sombreros (publicado por primera vez en 1993 y con texto de Akihiro Nozaki), Las semillas mágicas (1995) y El misterioso jarrón multiplicador, que realiza junto a su hijo Masaichiro en 1999. El primero trata de resolver problemas mediante el análisis y los juegos de lógica, los otros dos hablan de factoriales y multiplicaciones varias. 




Al empezar el nuevo milenio, Anno baja el ritmo en sus proyectos personales. Termina con un par de volúmenes de sus viajes y realiza ilustraciones para otros autores, experimentando con nuevas técnicas como el grabado japonés en bloques de madera, un tipo de ilustración que destaca en libros como The Animals: Selected Poems y The Magic Pocket, dos obras del poeta japonés Michio Mado que supusieron un desafío para él ilustrador nipón teniendo en cuenta que la poesía posee una elevada carga estética per sé y hacer “ilustraciones descriptivas para un poema mostrarían realmente una falta de gusto." Anno dixit.


A pesar de ser conocido por su obra gráfica dirigida a la infancia, Mitsumasa Anno también desarrolló el campo de las artes pictóricas para adultos. Algunas de sus obras se pueden contemplar en el museo que se erigió en 2001 en Tsuwano, su ciudad natal, y que lleva su nombre. Dado que pilla bastante lejos, también pueden disfrutar de él en The Unique World of Mitsumasa Anno: Selected Works (1968-1977), un libro que incluye cuarenta de sus obras más aclamadas. Entre estas destacan las obras que Anno elaboró con la técnica tradicional del emakimono (pigmentos y oro sobre seda) para ilustrar El cuento de Heike, un clásico de la literatura japonesa del siglo XIV, la serie de 79 ilustraciones que realizó para la revista Books durante siete años, o las coloridas acuarelas sobre paisajes urbanos y rurales cercanos a Kioto que se incluyeron en el periódico Sankei Shimbun entre 2011 y 2016 y que tituló Dentro y fuera de la capital.



Además de ser el protagonista de varias exposiciones entre las que destaca la realizada en la Japan House London en 2019, recibió numerosos premios nacionales e internacionales entre los que destacan la manzana de oro de la Bienal de Bratislava, varios reconocimientos en la Feria de Bologna, una mención en el certamen Kate Greenaway y el Hans Christian Andersen, el llamado Nobel de la LIJ, en 1984.
Anno continuó su vida como leyenda viva de la ilustración hasta que el día de Nochebuena de 2020 falleció víctima de una cirrosis hepática, noticia que no se hizo pública hasta pasadas unas semanas de la despedida en la más estricta intimidad.


Como verán, les invito a conocer a este genio de la ilustración que ha sido reconocido por lectores de todas las edades, pero que en los últimos años parece haber caído en el olvido. Por su originalidad, por sus juegos de perspectiva, por su capacidad de desarrollar la observación y curiosidad, por hacer fáciles los conceptos más difíciles, por su hondo compromiso con el mundo científico y la infancia, por su humor sutil y sobre todo, por la universalidad de su trabajo.
Anno apuntó en cierta ocasión que alguien dijo al ver sus dibujos "Te diviertes engañando a la gente" A lo que él respondió, "No puedes dibujar sin un espíritu travieso... Mis dibujos son como mapas que quizás sólo yo puedo entender. Por eso, al seguir mis mapas algunos viajeros se pierden. Hay quienes se enojan cuando descubren que han sido engañados; pero también hay quienes entran en esos laberintos de buena gana, en un intento de explorar su precisión por sí mismos."



lunes, 22 de marzo de 2021

De putas, inquisidores y escondites


En los ochenta los parques estaban a reventar de críos y, mientras nosotros hacíamos el mono, las madres (por aquel entonces muchas no trabajaban fuera de casa) solían hablar de los temas que les preocupaban. El consumo de heroína o la prostitución eran cuestiones con las que los chavales del barrio estábamos muy familiarizados. Encontrábamos jeringuillas por cualquier lado y algunos vivían en un callejón atestado de prostíbulos.
Estas mujeres que habían visto cambiar España con la Transición hablaban sin tapujos sobre legalización de drogas y putas. Por un lado estas prácticas pasarían a tener un mayor control gubernamental y económico, y por otro, el declive del mercado negro dificultaría el entramado mafioso que tanto daño había hecho a familias de toda condición.


En el caso de la prostitución se dejaban misas y prejuicios a un lado para decantarse por una vis más práctica. Avanzar tenía mucho más sentido que dedicarse a señalar a otras mujeres que, por diversas circunstancias, se habían visto abocadas a ejercer la profesión más vieja del mundo. Estaba comprobado que diferentes países que habían regularizado esa tarea estaban controlando un negocio donde chulos y meretrices ejercían de dueños y señoras de la explotación sexual, y de paso dar un giro a las redes de trata de blancas. Un futuro diferente en el que, al menos, esas mujeres adquirieran unos derechos laborales y sociales gracias a un trabajo que llevaba existiendo miles de años.


Y ayer me entero de que la vicepresidenta del gobierno, en aras de su corona de santa, anuncia que su partido, autodenominado “progresista”, va a presentar una ley para “abolir” la prostitución. ¿Mandeeee? Lo primero es que la prostitución en España se define como ilegal/alegal (dependiendo de quienes la ejerzan o consuman) y por tanto el termino "abolir", aunque se refiere a una tendencia legislativa sobre esta problemática, es incorrecta. Lo segundo es preguntarse qué pretenden. Alucino con la banda de demagogos que está al mando. Son capaces de darle la vuelta a la tortilla para seguir sin regularizar una situación que podría beneficiar a muchos sectores. ¿Qué pretenden? ¿Continuar cooperando con los cárteles de la prostitución? Se ve que les interesa... Y seguro que tampoco se olvidan de exprimirnos a impuestos para, supuestamente, ofrecer alternativas a la prostitución y quedar como ¿salvadores de la integridad humana?
El problema de la prostitución es complejo y hay que tener en cuenta muchas consideraciones. Veamos unas cuantas... Hoy día ha dejado de ser un problema exclusivamente femenino y tampoco se circunscribe a los estratos sociales más desfavorecidos; interacciona con otros ámbitos como el de la inmigración, el acceso al mercado laboral, el turismo, la economía sumergida, la religiosidad o la liberación sexual; y plantea problemas éticos y morales del tipo: Si alguien quiere ejercer la prostitución, ¿no puede hacerlo porque es una forma de "esclavitud"? ¿Y quien quiera consumirla, un "esclavista"?
Ideólogos de pacotilla, hay que vivir en el mundo real, ver lo que yo veo en las redes sociales, en las universidades o en los despachos de las grandes multinacionales. Dejen de mirar a otro lado y háganse cargo de los problemas en vez de lanzar peroratas a sus palmeros.


Con esta nueva Inquisición al mando (tan progre, como retrógrada... ¡qué paradoja!) he decidido buscar un buen escondite y salvaguardar mi integridad mental y física, no sea que me abduzcan con celeridad y ya no pueda deleitarles con nuevos descabellos. 
Lo mejor que he podido hacer es coger Escondites. Manual de lugares secretos, un álbum de Mateusz Wysocki y Agata Królak, un catálogo inmejorable de lugares secretos que publicó Limonero hace un par de años.
Si tienen que ocultar algo (o por el contrario, descubrirlo), deben leerlo, pues les proveerá de muchas claves para que nadie lo vea. O si lo ve, para volverlo a esconder. Lugares tan habituales como el altillo, debajo de la alfombra o sobre el estante más alto (mi padre es especialista en usar el del frigorífico para almacenarlo todo para que se eche a perder) y tan poco sospechosos como la boca, un bolsillo agujereado o detrás del espejo.
Y de paso que nos inspiramos, descubrimos los pequeños rincones de lo cotidiano con mucha poesía y una pizca de humor, algo que últimamente escasea. Escóndanse y sean libres, que cada día que pasa, lo somos un poco menos.

viernes, 19 de marzo de 2021

Lo que duelen las palabras


Más de 70 millones de personas en el mundo tartamudean, es decir, un 5% de los humanos. De estos, un 4% son niños y un 1% adultos, lo que quiere decir que esto de hablar a trompicones, realizar pausas inesperadas o atropellarse con ciertas palabras es mayormente un problema infantil que se soluciona con el paso del tiempo en la mayoría de los casos.
Actualmente este problema de la sincronización del habla se relaciona con factores neurológicos y empiezan a desterrarse las creencias clásicas que consideraban otros factores como una lengua y laringe defectuosas, ataques de ansiedad y timidez, diferentes tipos de traumas o incluso una mala crianza. Aunque todavía queda mucho por estudiar, los científicos piensan que existen interferencias en las conexiones de diferentes áreas cerebrales que impiden que el discurso sea fluido.


Probablemente si tus padres tartamudearon cuando eran pequeños o lo siguen haciendo, tú tienes todas las papeletas para hacerlo también, ya que este problema tiene un alto componente genético, más todavía en los hombres –dos terceras partes de los tartamudos son hombres-.
A pesar de ser tan común, la mayor parte de los tartamudos se sienten estigmatizados socialmente, un rechazo que en parte tiene que ver con las mofas recibidas durante la infancia por parte de amigos y compañeros que no comprenden el problema, sobre todo cuando se trata de casos muy extremos.
En realidad, debería darles igual. Ser tartamudo o no, no está relacionado con la capacidad intelectual. No quiere decir nada. Personas tan inteligentes como Oscar Wilde o Marilyn Monroe eran tartamudos, así que nervios y vergüenza fuera.


Personalmente, siempre me ha parecido un mal menor que con mucho respeto, una pizca de paciencia y alguna técnica que otra se puede corregir sin demasiado sacrificio. Como siempre, lo grave llega cuando todo se magnifica y quienes sufren el problema se vuelven demasiado introspectivos, se refugian en los complejos y quedan sepultados por sus propios miedos.
Es ahí donde entramos en juego los adultos, los encargados de aligerar el lastre de los niños, de hacer ver que la perfección es inhumana, y sobre todo, de acompañarlos en su camino interior. ¿Cómo? Es muy difícil saberlo. Desde una bronca monumental, hasta una simple metáfora pueden ser el empujón que necesita un crío para oscilar del miedo a la aceptación, de la tristeza a la alegría. Las palabras duelen, pero también curan.


Prueba de ello es Hablo con el río, un libro de Jordan Scott y Sydney Smith que se convirtió en la sorpresa del mercado angloparlante el año pasado. Publicado en castellano por Libros del Zorro Rojo, esta historia autobiográfica se adentra en los problemas que el autor tuvo durante la niñez debido a su incipiente tartamudez. Narrada desde la primera persona esta catarsis en forma de álbum, también quiere ser reflejo y agradecimiento. Reflejo para todos aquellos se sufren el mismo problema y agradecimiento para un padre que encuentra el resorte necesario para moderar el dolor e insuflar entereza.
Poderoso y complejo, este álbum lleno de detalles transita caminos difíciles gracias a un texto directo y sobrio donde el río, metáfora del habla, vertebra turbulento, quieto o sinuoso una narración llena de sinceridad. Acompañado de unas ilustraciones donde la luz, el enfoque y los juegos de planos se antojan matices discursivos de primer orden, tenemos un producto enriquecido muy necesario para todas las edades.


Si a todo ello añadimos la tipografía y el desplegable central que a modo de puerta nos sumerge en los recuerdos del protagonista, el lector-espectador desarrolla una óptica evocadora que, además de deleitarnos estéticamente, favorece la apropiación emocional de la obra, algo muy necesario en este tipo de álbumes donde la visibilidad de los problemas infantiles supone un problema narrativo añadido.


Desnudez, indefensión, expiación, culpabilidad, entendimiento, o superación. Toda una suerte de vericuetos sentimentales que ensalzan las relaciones entre padres e hijos, y que se agradecen más que nunca en un día como este, 19 de marzo.



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