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viernes, 17 de abril de 2026

Habitando entre sombras


El calendario se deshoja. Los días pasan y el sol se eleva. La temperatura sube y la tarde se alarga mientras las sombras se acortan. Proyectadas bajo las copas de los árboles se anuncian como refugio de la densa calima. Ese remanso en el que rendirse al cansancio vespertino. La sombra. Sinónimo de siesta, también de sobremesa. De abrigo y cobijo. De paz y tregua.


Hay sombras que ventean y otras que aventan. Sombras que titilan, que se esparcen y balancean. Las sombras adoptan mil formas. Las hay que amparan y otras que aterran. Incluso la sombra propia, que acompaña silenciosa, que cae en el olvido, que aparece de repente, que se va por sorpresa. Cuando la luz se alza en mitad del verano, sobre el cénit de las cosas.


No es de extrañar que les dediquen libros enteros, extensos poemas y muchas loas. He aquí uno de estos. Uno pequeño, que a modo de carpeta, la guarda con cariño durante el día y la noche. Se abre, se cierra y, entre las hojas, queda quieta o se despierta. Porque así son las sombras: juegan y juegan.

[…]

Se mete en la cama
si yo me constipo
y el pecho le brinca
si a mí me entra el hipo.

Mi sombra me sigue
vaya donde vaya,
sea un alto monte
o infinita playa.

Pero cuando duermo,
siento su figura
que ágil se escabulle
por la cerradura.

Oigo sus pisadas
lejos alejarse,
¿buscando otro niño
con quien fusionarse?

[…]

Nacho Rubio.
En: Mi sombra.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2026. Poio (Pontevedra): Pepa A Loba.

viernes, 2 de mayo de 2025

¡Jugando como en una nube!


Para variar, la primavera nos ha brindado unos días de lo más agitado. Tan pronto truena, como el sol radiante hace saltar los plomos de la Península Ibérica. El tiempo es así y no hay más que decir. Ya llegará el estiaje veraniego y no correrá ni una pizca de aire, agostará a cualquier bicho viviente y nos sumirá en una perrería inhumana. Entonces rezaremos porque nos aceche la tormenta y sople el viento. Aprovechemos ahora.


Fíjense en los críos, se lo pasan en grande. ¿Que llueve? Se mojan hasta las trancas. ¿Que hace calor? Se secan. ¿Qué ventea? Se aferran a los árboles. Todo ello aderezado por un montón de juegos inventados. Imaginación y naturaleza, dos aliadas inmejorables en lo que a infancia se refiere. De eso sabe mucho este poemario, que poniendo de excusa las nubes, se deleita con la capacidad de los niños para sacarle el jugo a cada instante y nos envuelve en esa tibia y agradable neblina.

Un caracol viaja en mi paraguas.
Pasajero imprevisto,
te he visto.
¡Qué listo!

Vas haciendo tus milímetros,
espiral a espiral,
evitando los charcos
que yo quiero saltar.

Compañero discreto,
pegajoso,
jocoso,
¡goloso!

Caracol, caracol,
¡que te comes la col!

***

Miro el verde.
En sus olas
nadan chiches y mariquitas.
Las hormigas se esconden
entre sumergidas grietas.
En sus cuevas ocultan
tesoros de un barco desmigado.

Soy ballena.
Voy despacio,
me sumerjo,
¡emerjo!
Espanto piratas,
gorriones de agua dulce.

Soy explorador.
Ligero de escafandra,
me sumerjo,
¡emerjo!
Bandada de amapolas coralinas.

Soy delfín.
Voy saltando,
me sumerjo,
¡emerjo!

En mi mar verde
respiro
cuando el viento mueve el trigo.

Irma Borges.
Paseo de caracol y Mar de trigo.
En: Bandada de nubes.
Ilustraciones de Mo Gutiérrez Serna.
2025. Barcelona: Akiara Books.


viernes, 25 de abril de 2025

De plumas y trinos


Con este tiempo da gusto regalarse una buena caminata, echarse una cañita acompañada de caracoles o disfrutar de los parques en compañía. Da igual donde estemos. Campo o ciudad, playa o montaña. Cualquier resquicio respira vida. Es lo que tiene esta época del año, que huele a bullicio, risas y, sobre todo, trinos.
Estés donde estés el sonido de los pájaros nos envuelve. Sus gorjeos nos arrullan desde el alba. Pían los polluelos, se cortejan los adultos. Alegres aletean de rama en rama buscando pareja, bañándose en la fuente o buscando comida para sus crías.


Si hay gente que les tiene pánico (ornitofobia lo llaman), un servidor tiene debilidad por estos seres vivos. Será por su plumaje, su porte (hasta las gallinas me parecen bonitas), sus huevos (todas las mañanas los disfruto en el desayuno) o sus cantos, pero el caso es que me chiflan. 
Por eso también me ha encantado este poemario con vis de libro informativo que acaba de publicarse y que recoge un total de veintisiete aves de todo el mundo, una por cada letra del alfabeto (de ahí su nombre). El herrerillo, la oropéndola, el sinsonte o el extinto dodo se describen con rima distendida en cada doble página. Un álbum híbrido ilustrado con montones de detalles explicativos que harán las delicias de los pequeños aficionados a este mundo. ¡Les dejo con las tres primeras letras!

Te tragas a las orugas que pican
y casi ni las masticas.
Para defenderte, empiezas a oler mal,
¡qué truco tan genial!
Llevas una cresta molona
que me apasiona.
Eres la más punki de las aves,
¡tú sí que sabes!

***

Cada vez que voy a Monfragüe,
mis ojos parecen desagües,
porque el animal que más quiero
es el buitre carroñero.

Es calvo, sin pelambre
y le define su hambre.
Con casi tres metros de envergadura
come de todo, menos verdura.

***

Ave romántica de leyenda,
con tanto simbolismo que quizá te sorprenda.
Sobrevuela el cementerio
diciendo “cras, cras”, muy serio.

Se posa en el hombro de Odín,
aconsejándole que no se meta en ningún jardín.
En un famoso poema lo encontrarás
gritando “¡Nunca más!”

Laura Vila.
Abubilla, Buitre y Cuervo
En: Avecedario. Mi primera guía ornitológica.
Ilustraciones de Violeta Cano.
2025. Madrid: Nórdica Infantil.



viernes, 18 de abril de 2025

De la paternidad a la niñez


Los hijos traen alegría, pero también mucho padecimiento. La llegada de un hijo debe ser algo bastante difícil, sobre todo si es el primero. Una mezcla de sentimientos encontrados. Por un lado te sientes pletórico, pero por otro te caes del guindo y sabes que ya nada va a ser igual que antes, no solo por la responsabilidad que esto supone, sino por los cambios que se avecinan. Y no me refiero a la crianza, sino a ese lado más personal en el que se extrapolan la niñez, la madurez y la vejez, se mezclan los deseos frustrados con la resignación, se abusa de la contención emocional y se pone a prueba la resiliencia. Un caro peaje que probablemente han explorado muchos poetas. He aquí la muestra.

Rueda que irás muy lejos.
Ala que irás muy alto.
Torre del día eres,
del tiempo y el espacio.

Niño: ala, rueda, torre.
Pie. Pluma. Espuma. Rayo.
Ser como nunca ser.
Alborear del pájaro.

Eres mañana. Ven
con todo de la mano.
Eres mi ser que vuelve
hacia su ser más claro.
El universo eres,
que gira esperanzado.

Pasión del movimiento:
la tierra es tu caballo.
Cabálgala. Domínala.
Y brotara en su casco
su piel de vida y muerte
de sombra y luz, piafando.

Asciende, rueda, vuela,
creador del alba y mayo.
Alumbra. Ven. Y colma
el fondo de mis brazos.

Miguel Hernández.
Niño.
En: 12 poemas de Miguel Hernández.
Ilustraciones de Pep Carrió.
2025. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 11 de abril de 2025

¿Qué tendrá el mar?


Algo en el aire me suena a espuma. Algo en el agua me suena a sal. No debo ser el único, pues todos se encaminan hacia la orilla. Algo nos llama desde el mar. ¿Qué será? Quizá los días de asueto que se avecinan. Quizá las ganas de desconectar. Quizá pisar la arena con los pies desnudos. Quizá recrearse en un tiempo fugaz.


Sea lo que sea, es lo que hay: a todos nos hipnotiza el vaivén de sus olas y su horizonte infinito. Dicen los que viven cerca que es como un imán, que si te alejas de su sonido, tarde o temprano, a él volverás. Dicen los que viven lejos que es como las sirenas, que si te acercas a su canto, no podrás escapar.
Unos y otros dicen. También escriben y también lo dibujan. El océano es una fuente inagotable de inspiración. Véase como ejemplo este poemario, una suerte de ponto que, a golpe de versos y metáforas ilustradas, nos acercan su rumor. No se lo pierdan y disfrútenlo estos días mientras se regalan un chapuzón y coleccionan caracolas.

Había un pirata
que leía el mar.

El mar de los mapas
y el mar de verdad.

Reflejos de luna,
brillos de cristal,
la estela que un barco
dejaba atrás.

Leía y leía
sin pestañear
las olas que vienen,
las olas que van.

Lejano horizonte,
estrella polar,
tesoros hundidos,
islas de coral.

Había un pirata
que leía el mar.

Leía y leía
para navegar.

Leía y leía y leía y leía,
de su biblioteca
no salió jamás.

Juan Carlos Martín Ramos
El pirata que leía el mar.
En: La suerte de encontrar una caracola.
Ilustraciones de Rosa Ureña Plaza.
2024. Valencia: Iglú.



viernes, 4 de abril de 2025

Guarros pero naturales


Desde que una catedrática nos explicó que si los extraterrestres nos visitaban, les pareceríamos organismos cubiertos de mocos, empecé a entender el mundo de la escatología desde otro prisma.


No es por nada, pero la cera de los oídos, la grasa del pelo, el sudor, las lágrimas o el esmegma son secreciones que los seres vivos producimos para combatir la sequedad ambiental. Como nuestro origen es acuático y abandonamos ese medio para conquistar los nichos ecológicos terrestres, tuvimos que protegernos del medio aéreo gracias a moléculas que, como los polisacáridos, retuvieran agua en su seno.



No obstante, nunca viene mal algo de higiene y decoro, que si nos dejamos llevar por nuestra naturaleza, podemos terminar como los protagonistas del poemario de hoy: eructando, llenos de caspa y con uñas kilométricas. Todo un catálogo de chiquillos muy cochinos que merece la pena conocer y disfrutar a carcajada limpia.

En el pañal de Juanito,
he encontrado un meteorito
y un rabo de lagartija
enganchado a una sortija.

Varias teclas de piano,
dos lombrices y un gusano.
Trozos de tiza y de tela,
de crayones, de una vela.

El cordón de algún zapato,
bigotes del pobre gato,
las pelusas del salón
y la llave del buzón.

Plumas, canicas, tornillos,
saltamontes y hasta grillos.
No es, por tanto, de extrañar
que nunca quieran cenar,

pues cuanto se encuentra y toca
va y se lo mete en la boca,
y por más que se lo diga,
todo acaba en su barriga.

¡Menudo cajón de sastre
el pañal de este pillastre!
¿Qué hemos de hacer con Juanito,
el glotón de mi hermanito?

Nacho Rubio.
En el pañal de Juanito.
En: Los niños guarros.
Ilustraciones de Marc Taeger.
2025. Poio (Pontevedra): Pepa A Loba.


viernes, 28 de marzo de 2025

¡Oh, la luna!


Yo soy como los ajos, que si los siembras en creciente, se salen de la tierra. Y dirán que son chorradas, pero la luna nos altera. A unos más que otros, también es verdad, pero teniendo en cuenta que nuestro planeta y su satélite funcionan como un sistema, no es de extrañar que sea capaz de influir en los seres vivos.
Por si no lo sabían, la luna afecta a los patrones de actividad, reproducción y migración de muchos animales, también se relaciona con el sueño y con el movimiento de la savia de las plantas. Por si esto fuera poco tiene un papel más que importante en el origen de las mareas y como estabilizador del clima.


Con todo esto, no es de extrañar que el gran Ramón Gómez de la Serna, le dedicara unas cuantas greguerías a este cuerpo celeste que nos acompaña desde hace millones de años. Breves, concisas e ingeniosas, son la mejor fórmula para describir las naturalezas más sugerentes y misteriosas. Unas cuantas palabras llenas de giros en las que conviven pensamiento, poesía y humor. Disfruten de su agudeza y clarividencia con este breve compendio que, ilustrado con mucha elegancia por Marc Taeger y bellamente editado por Kalandraka (me encantan los detalles de las fases lunares, así como los epílogos), rinde tributo al astro que rige la noche.

El reflejo de la luna en el lago
es como el teclado de luz de un gran piano de agua

***

En el fondo de los pozos suenan los discos de la luna

***

Claro de luna:
Ya está ahí la luna tocando la mandolina

Ramón Gómez de la Serna.
En: 12 greguerías de luna.
Selección de Manuela Rodríguez y Antonio Rubio.
Ilustraciones de Marc Taeger.
2025. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 14 de marzo de 2025

Palabras salvajes y divertidas


Es muy curioso cómo funciona el lenguaje. Y no me refiero a sintagmas nominales, complementos circunstanciales o métrica poética. Me refiero a ese campo tan subjetivo llamado semántica en el que interactúan muchos parámetros. Esfera social, recuerdos, sonoridad, de quién vienen o adónde van, la entonación, la repetitividad del relato… El significado de lo que escribimos o decimos toma un camino u otro dependiendo de su contexto multifactorial. Al menos, eso (mal)pensamos los adultos, que todo lo llevamos al extremo con nuestros prejuicios enfermizos. Lo mejor es pensar como un niño, que a pesar de sus experiencias, limitadas, evidentemente, suelen tener una corteza cerebral más plástica y moldeable.
Las palabras se cargan de sentido cuando nos empeñamos en dárselo. Literal o figuradamente las conducimos hacia nuestros derroteros, por eso, lo más fácil, es dejarlas a su libre albedrío, como si manaran de un joven riachuelo, juguetonas y saltarinas. Que giren y giren, sin miramientos. Palabras y solo palabras que, salidas de un conjuro divertido, se lanzan contra nosotros y dibujan un escenario en el que mojarnos de risa es el único fin.
Y si todavía lo dudan, aquí les dejo el segundo volumen de la colección Aún aprendo que, con muchos pies y más cabeza, les recomiendo. Pues no solo recoge un buen puñado de recetas verbales sin (¿o con?) mucho sentido de toda la vida, sino que de una experiencia en la que los críos son los protagonistas gracias a unos talleres artísticos que se desarrollaron en la Biblioteca Central de Córdoba durante mayo y junio de 2023. No se lo pierdan porque además de su excelente factura, cualquiera va a disfrutar. Dejando a un lado su significado, esa es la magia de las palabras: reunirnos en torno a ellas.

Doña zírriga, zárriga, zórriga,
trompa pitárriga,
tiene unos guantes
de pellejo de zírriga, zárriga, zórriga,
trompa pitárriga,
le vienen grandes.

Pomponata pota pon y otras palabras salvajes.
Ilustraciones y textos creativos de Adrián, Antonio, Celia, Claudia, Estela, Jorge, Lucía, Rafael, Valeria F., Valeria M. y Olga. 
A partir de un taller de Ramona y juegos de palabras tradicionales.
2024. Valencia: Media Vaca.


viernes, 13 de diciembre de 2024

¡Cuidado con la ortografía!


Más de un alumno se va a encontrar con una bajada considerable de nota gracias a sus descuidos con la escritura. ¡Y menos mal que no son galos! Porque si bien es cierto que la ortografía española es bastante complicada, la francesa se lleva la palma. Con los diptongos y sus acentos diacríticos es el único idioma europeo de los que he estudiado que me ha resultado imposible. No pasé del primer curso y eso que oralmente resulta de lo más agradecido para un hispanohablante. Yo no daba pie con bola. El circunflejo y las letras olvidadas me llevaban por el camino de la amargura. Desistí tras el primer curso.
Algo parecido le debió pasar al protagonista del librito de hoy, un ratoncillo que ha perdido la letra n y se ha quedado en “rato”. Como no la encuentra, va por la calle pidiendo enes, lo que, a pesar de ser poca cosa, puede resultar bastante tedioso, porque ya saben ustedes que, con una letra que falte, cambia todo el significado. Un librito para prelectores y pequeños lectores que, con un poco de rima, juegos de palabras y un guiño a una conocida fábula, bien vale un positivo en ortografía. 
¡Recomendadísimo a todos los maestros para justificar los suspensos!

El ratón distraído
llora y llora solito,
que, entre juego y juego,
Su n ha perdido.

Busca en la despensa…
Busca bajo las tejas…
La n voló y voló
hasta una chimenea.

Por más que la busca,
no encuentra la letra.
Ayuda pide a todos,
y a todos pregunta.

-¿Mi señor pino,
Me prestas tu n?
-No, que entonces pío.

-¿Amiga planta,
Me prestas tu n?
-No, que sería plata.

[…]

Lucía Solana.
El ratón distraído.
Ilustraciones de Miguel Ángel Díez.
2024. Ibi (Alicante): Degomagom.


domingo, 6 de febrero de 2022

De amores, bichos y otras bestias


Últimamente me ha dado por pensar en las falacias del amor. No por los demás, que también, sino por las mías propias, que no son pocas. Aun siendo verdaderas, tendemos a idealizar las relaciones, las personas, nuestros sentimientos, como si fueran únicos y eternos. Pero no lo son: son los de ese momento. Si se quedan, que lo hagan, y si no, que se vayan. Hay muchas formas de amar y permanecer. Que a veces estar no es sinónimo de ser.


Te busqué entre los grillos
saboreando vino.
Y me encontró la noche
en el camino.

Te busqué entre los grillos
con un vaso vacío.
Esperaba llenarlo
con el rocío.

Las estrellas se mecen
en una copa,
duermo y los grillos duermen
entre mi ropa.

El amor suena a grillos

***

Cuando desperté,
el dinosaurio
todavía estaba allí.
Le abrí la puerta,
pero su sombra
se quedó junto a mí.

La sombra del dinosaurio (y de Monterroso)

Leire Bilbao.
En: Bestiapoemas y otros bichos.
Ilustraciones de Maite Mutuberria.
2021. Pontevedra: Kalandraka.



viernes, 28 de enero de 2022

Ofendidos por nuestras propias miserias


Que Peter Dinklage, el actor acondroplásico de Juego de tronos, piense que Blancanieves es un cuento "retrógrado y discriminatorio" por el mero hecho de que él sea enano, nos debería preocupar, sobre todo cuando este tipo de ejemplos victimistas empiezan a ser más que habituales en cualquier ámbito, e incluso terroríficos. Agárrense los machos que ahí va una buena anécdota… 
Como el currículo de cierta asignatura optativa recoge que debemos desarrollar el sentido crítico, todos los años vemos en clase el documental Supersize Me, una producción sobre las consecuencias de la comida basura con poca vis científica pero con gran impacto mediático, para analizarla a posteriori.
Tras la primera sesión, se me acercó una alumna y me dijo que ponía en mi conocimiento que el día anterior se había marchado a su casa con un ataque de ansiedad provocado por los comentarios ofensivos que se hacían en el documental hacía personas que, como ella, sufrían obesidad, y me pedía que la dejásemos de ver.
A mí, que llevo muy mal la censura, se me abrieron los ojos como platos y le dije que si no quería ver el documental, era libre de marcharse. El Bachillerato es una etapa no obligatoria de la educación reglada y por tanto, puede cursarla o no. Sinceramente, no entendía su queja. Yo no había manifestado mi acuerdo con esas opiniones, ni creía que debiera privar a sus compañeros de verlo y establecer un debate, solo porque ella no quisiera enfrentarse a una situación incómoda. 
Me pareció una pataleta sin pies ni cabeza alentada por el sistema de ofendidos que se está instaurando en estas sociedades occidentales de la piel fina. Por otro lado, y si tan orgullosa está de su condición, podría haber denunciado al programa de "Escuelas saludables" que desarrolla la administración educativa por hacer apología de la ingesta de comida sana, o al profesor de educación física. Pero no, siempre hay que ir a lo fácil...
Todos tenemos miedos, complejos y problemas que encaramos con mayor o menor empaque, pero querer capar el mundo para que nada ni nadie nos incomode, me parece una opción tan ilógica, como egoísta. Es como si la Cenicienta del siguiente cuento le pidiese indemnización al príncipe azul… Pa' habernos matao.

Cenicienta estaba gorda
y lo pasaba fatal
pues siempre se le rompían
los zapatos de cristal.

Iba cada noche al baile
y en un rincón se sentaba,
pero siempre daban las doce
y el príncipe no llegaba.

Porque aunque ella fuese por dentro
más hermosa que una flor,
es un cuento eso que cuentan
de la belleza interior.

Que cuando te has de poner
las braguita con tenazas
ni el hada madrina puede
conjurar las calabazas.

Si quieren contarte un cuento,
tú mejor hazte la sorda,
pues nunca el príncipe azul
sacó a bailar a la gorda.

Aunque ella estaba en forma
(forma de telecabina)
empezó a tomar su leche
poniéndole sacarina.

Incluso el hada madrina
intentó quitarle el pan
haciendo de su varita
una barrita de all-bran.

Pero la varita mágica
Cenicienta la fue a usar
para hurgarse en la garganta
y empezar a vomitar.

A los veinte la ingresaron
por debajo de los treinta,
se le había ido el color,
tenía la piel cenicienta.

Si quieren contarte un cuento
es mejor que no lo creas,
que nunca el príncipe azul,
quiso bailar con las feas.

Como los días pasaban
sin ver al príncipe guapo,
Cenicienta aceptó un día
Salir a cenar con un sapo.

A sus amigas les cuenta
que no es tanto lo que pierde
cambiando a un príncipe azul
por un lindo sapo verde.

Moraleja

Mira, mira, niña tonta,
mira que yo no te miento:
por cada príncipe azul
hay sapos verdes sin cuento.

Dino Lanti.
Cenicienta kilos y medio.
En: Cuentos cruentos.
Ilustraciones de Pere Ginard.
2015. Barcelona: Thule.


sábado, 15 de enero de 2022

De lápices, gomas y otros matrimonios perfectos


Mis alumnos tienen una aversión horrible hacia el lápiz y la goma. No entiendo muy bien el porqué, ya que son los mayores aliados a la hora de equivocarse, algo con lo que los jóvenes han de convivir a todas horas. Será un tema de reafirmación personal (la tinta es menos lábil y su huella se hace permanente), será que están creciendo y ya no son los niños que cometían errores, será una cuestión de diligencia, pues eso de usar varios utensilios, además de parsimonia, va en contra del tiempo. Sea lo que sea, no lo entiendo, que yo me paso el día con la tiza y el borrador, otro matrimonio perfecto.


Un lápiz de dibujar
y una goma de borrar
se montaron una boda
a la penúltima moda.

Él se encasquetó un sombrero
de perfecto mosquetero
y ella se calzó un zapato
que la hizo sufrir un rato.

Él dibujo un gran banquete
con fricandó al cacahuete
y ella borró un pedacito
para ponerle arroz frito.

Al llegar por fin la fiesta,
él fue el director de orquesta,
y ella borró un tambor
que le causaba pavor.

Después de bailar un trecho,
él no cabía en el lecho
y lo tuvo que alargar
como un día sin jugar.

Y cuando ella se acostaba,
vio que el culo le sobraba
y hubo que borrar un canto
para liberarlo un tanto.

Él soñó el castillo aquel
donde el rey era como él,
y ella le borró el palacio
para hacerse más espacio.

Miquel Desclot.
La boda del lápiz y la goma.
En: ¡A que sí!
Ilustraciones de Christian Inaraja.
2021. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 20 de noviembre de 2020

Churumbeles pandémicos


Aunque se habla mucho del virus, no sabemos hasta qué punto esta suerte de agente patógeno habrá alterado la natalidad en nuestro país. Mientras Amazon nos avisa del aumento en la venta de artículos para bebés durante el segundo semestre del año (las compras de carritos o  cunas han aumentado entre un 39 y un 45%), otros guardamos cierta cautela a la hora de hablar de un baby-boom a finales de año. 
Sí, sabemos que muchos han cogido con entusiasmo el confinamiento (sobre todo al principio, que la gente tragaba, dormía y f.... de lo lindo), pero habrá que esperar las cifras oficiales para saber si este mundo se llenará de “pandemials” (así de ocurrentes son los anglo-hablantes a la hora de colocar sambenitos), pues si bien es cierto que la cosa empezó con ganas, viendo cómo se las gastaban los hijos que ya estaban en este mundo (¡Qué útiles son los maestros, maño!), los respectivos cónyuges, la economía y los servicios sanitarios, muchos no tardarían en echarse atrás (¿quiere decir esto que en febrero y marzo la cosa bajara con estrépito?). 
No obstante eso de tener un churumbel siempre se traduce en alegría (casi siempre, que cuando llegan las noches en vela, tela) y hay que acompañar los ratos con algo de poesía, que si no se disfruta del embarazo, mucho menos del parto. Así que aquí les dejo con un librito tan simpático, como delicado, para cualquiera que se atreva a conocer los pormenores más humanos de la gestación. 

                                Séptimo mes

Papa no dice nada 

Yo doy una patada, 
mamá se pega un susto, 
papá no dice nada. 

¿Qué profesión tendrá? 
-se pregunta mamá- 
¿Artista? 
¿Dentista? 
¿Taxista? 
¿Flautista 
quizás? 
Si fuera futbolista… 
Eso dice mamá 
y en su imaginación 
me ve como un balón. 

Papá no dice nada, 
más doy otra patada 
y papá grita ¡Gooool! 

Esperanza Ortega 
En: ¿Qué pasó en aquellos nueve meses? 
Ilustraciones de Ana Suárez. 
2020. Barcelona: A Buen Paso.


domingo, 15 de noviembre de 2020

Veroño


Si pensaban que este otoño iba a ser de lumbre y castañas, de boniatos y madejas de lana, de historias al calor del puchero, de lluvia y paraguas, les aviso (por si acaso todavía no se han dado cuenta) de que no. Este veroño, como nos descuidemos, nos vamos a tener que proteger del sol, pues excepto niebla no vamos a ver mucho más. Ni frío hace. Ea, tendremos que alimentar esta estación con los versos del cantor… 

Una vieja que vive muy pobre 
en la parte más alta del pueblo, 
que posee una rueca inservible, 
una virgen y dos gatos negros, 
mientras hace la ruda calceta 
con sus secos y temblones dedo, 
rodeada de buenas comadres 
y de sucios chiquillos traviesos, 
en la paz de la noche tranquila, 
con las sierras perdidas en negro, 
va contando con ritmos tardíos 
la visión que ella tuvo en sus tiempos. 

[…] 

Federico García Lorca.
En: Santiago.
Ilustraciones de Javier Zabala.
2020. Barcelona: Libros del Zorro Rojo.


domingo, 8 de noviembre de 2020

El poeta que se fue


Todavía no había decidido con qué versos engalanar la casa durante este fin de semana, hasta que unas palabras atravesaron la ventana: “Miki Naranja ha coronado el Everest”. Y mientras las lágrimas impregnaban Instagram, seguía pensando en la importancia de este mundo al revés. De si es, de si fue. Pues nada queda y todo es. 
Me llevaron a pensar en esos poetas que, buscando nuevos cobijos, aventaron sus trinos en las redes sociales, un medio algo vulgar (decían los académicos) para el ejercicio de la belleza, esa que, paradójicamente, puede estar en cualquier parte. La cosa siguió creciendo, y mientras algunos cayeron por evidentes e impostores, otros siguieron escalando. 
De entre todas esas voces crecidas al amparo de las sociedades del “like”, la única que se atrevió con los poemas para niños, esos que de fáciles son muy complicados, fue la de Miguel Ángel Herranz, y estaría feo que habiendo hecho junto a Lorena Martínez Oronoz un trabajo, a mi juicio, delicioso, no estuviera aquí, más en estos días en los que se nos ha ido, tan joven, tan callado. Por ello, que el aire fresco se eleve y haga volar sus palabras honestas y humanas. 

Mi padre tenía una vespa 
y una librería. 

Me subió a las dos 

y me demostró, sin 
gestas, lo grande 

que es el mundo 

y lo pequeño que era yo. 

*** 

Mi papá insiste 
levantando mucho las manos 
hay que bajar la ropa 
la lavadora no se pone sola. 

Yo ya lo sé: 

nada se quita ni se pone solo 
ni siquiera el sol 

que a pesar de ser tan grande 
necesita que todo el mundo 
siga girando 

a su alrededor. 

Miguel Ángel Herranz alias Miki Naranja. 
Cuestión de tamaños y La lavadora
En: Érase una pez. Pequeños poemas para niños gigantes
Ilustraciones de Lorena Martínez Oronoz. 
2019. Barcelona: Penguin Random House.



domingo, 18 de octubre de 2020

Oda al bolígrafo


Si los bolígrafos hablaran, probablemente más de uno nos moriríamos de vergüenza. No sólo por los errores cometidos durante la escritura, sino por las barbaridades a las que le damos forma mientras nos evadimos sobre esas últimas páginas de los cuadernos y en las que, como un reducto de lo secreto, exponemos nuestros miedos y deseos. 
Pero no teman. Amigos y confidentes, los bolígrafos son los más leales compañeros. Nunca te delatan ni son esquivos. Están disponibles a cualquier hora para recrearse en las páginas de los diarios, anotar ideas inesperadas, resolver crucigramas o rellenar formularios. 
Lo único malo que tienen los bolígrafos es que no son eternos. Rara costumbre esta, la de hacer historia mientras se van vaciando. 

Convertirse en un buen domador de bolígrafos 
no resulta nada fácil. 
No sólo hay que ser fuerte y muy valiente 
también tienes que escribir a la vez con 
las dos manos 
y saber de memoria 
todas las letras de 
la palabra hipopotomonstrosesquipedaliofobia 

*** 

Estimado señor: 
Es usted un pequeño tonto. 
Es usted un idiota mediano. 
Es usted un gran imbécil. 
Firmado: 
El bolígrafo enmascarado. 

Javier González. 
Domadores de bolígrafos y Cuando nadie se atreve. 
En: El bolígrafo enmascarado. 
Ilustraciones de Eva Rodríguez Góngora. 
Ganador del XII Premio de Poesía para niños El príncipe preguntón. 
2020. Publicaciones de la Diputación de Granada: Granada.



lunes, 5 de octubre de 2020

Un lunes dulce y limpio


Como la semana pasada anduve bastante liado con la ponencia que expuse en el 2º Congreso de Creatividad y Literatura Infantil organizado por la asociación alicantina Va de cuentos, no tuve tiempo de publicar mi “reseña” poética de los viernes. Como no soy río y voy por la vida a mi antojo, he decidido resarcirme este lunes y de paso, llevar a la práctica lo que defendí al mismo tiempo que les traigo un poco de belleza en forma de versos con uno de esas obras de poesía muy especiales que se merecen un rincón en esta casa de monstruos y palabras. 
Haciendo alusión al libro de hoy cuando todavía no estaba editado en nuestra lengua, decía Juan Senís que toda la poesía infantil -como la adulta- debía ser limpia como un cerdito y dulce como un pepinillo. No sé si llevaba razón en su asimilación (desde entonces he visto muchas cosas sucias y empalagosas ascendiendo a los altares), pero lo tengo clarinete que este libro rompe muchos esquemas, no sólo formales, sino también discursivos de la poesía infantil contemporánea. 
Fresco, complejo, vivaracho, reflexivo, locuaz o absurdo, podrían ser un buen puñado de adjetivos para referirse a esta veintena de poemas que se publicarían por casualidad en 1964. Si bien es cierto que no existe mucha conexión con el resto de la obra de esta autora americana, bien podríamos decir que explora como pocos el ideario humano. Y eso, señores, es, al fin y al cabo, en lo que consiste la literatura. 

¿A qué altura está el cielo? 

El cielo está más alto que un árbol que yo me sé. 
Y más alto que un avión, también. 
Pero en noches repletas de estrellas 
miro y pienso: ¿qué está más alto, 
el cielo o ellas? 


A veces me pregunto 

¿Por qué iba a preguntarme dónde está dondequiera? 
Dondequiera son las tiendas y los niños, los árboles y el aire, 
la valla de casa, nuestro jardín: todo esto es dondequiera. 
Pero a veces, mamá bonita, papa querido, me pregunto: 
¿dónde está ninguna parte? 

Carson McCullers 
En: Dulce como un pepinillo, limpio como un cerdito. 
Ilustraciones de Rolf Gérard. 
2020. Madrid: Siruela.