Cada semana que pasa, nos quedan menos días de primavera (oficialmente, porque climáticamente, el verano hace tiempo que ha llegado), algo de lo que pueden percatarse visitando fruterías y supermercados. Fresas, cerezas, picotas, albaricoques, nectarinas, algún melocotón despistado, paraguayas (aquí se le dicen fresquillas) y las primeras sandías. Manzanas y peras empiezan a escasear y la naranja valenciana está más seca que el ojo de un tuerto.
Consumo fruta durante todo el año. Desayuno, almuerzo, merienda o cena. Siempre que puedo, cae alguna cosa. Una pena que muchos nutricionistas se dediquen a demonizarla a causa de los azúcares y que el personal se haya vuelto demasiado gandul para lavarla, pelarla y disfrutarla. Además, mucha gente las prefiere deslumbrantes y verdes, en vez de modestas y maduras. Ea…, hay papilas gustativas que se subyugan a la mirada.
Y con dulces manjares, finalizamos la primera semana de junio a golpe de poemario muy afrutado gracias a los versos de José Antonio Lozano y las ilustraciones de Leo Flores.
A (albaricoque)
Se durmió el albaricoque
en la punta de una rama
con su vientre sonrosado,
vocación de mermelada.
Siempre soñó con tener
una piel de porcelana,
y manos de terciopelo
para abrazar a su amada.
Cuando al fin salió la luna
y vio su sábana blanca
le susurró una canción
con colores de alborada.
El fruto, pura pasión,
estrechó fuerte su rama
y entre sueños de algodón
se entregó a la madrugada.
***
C (cerezas)
Siempre en pareja
van las cerezas,
por las mañanas
van a la escuela:
hoy toca clase
de primavera.
Siempre en pareja
van las cerezas,
a mediodía
duermen la siesta,
luego en el viento
se van de fiesta.
De terciopelo
van las cerezas,
baile de fuego,
rubís de seda,
dedos de azúcar
siempre en pareja.
José Antonio Lozano.
En: Abefrudario.
Ilustraciones de Leo Flores.
2026. Valencia: Iglú.



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