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lunes, 24 de febrero de 2014

Nuestra vergüenza


A pesar de creernos afortunados por haber nacido en una sociedad supuestamente avanzada, he de apuntarles la todavía persistente involución que nos lastra a tiempos pasados y en la que, desgraciadamente, gran parte de nuestro país subsiste anquilosada a base de unos grilletes invisibles que lo devoran y consumen día a día. La pobreza, no sólo esa desnutrida de billetes y otros enseres (es curioso constatar que en España no faltan móviles ni ropa de marca), sino la que diezma el alma a base de carencias emocionales y formativas, es nuestra verdadera vergüenza.
Se habla de nuevos proyectos educativos, de nuevas perspectivas sociales, de inteligencia emocional. Se habla de las muchas tonterías que políticos pillastres y arribistas inventan para acallar pensadores y otros monstruos con rumbo fijo y desplegadas velas. Se habla de cómo esos buitres que hablaban de socialismo se convierten en caciques de sus cuarenta y nueve hectáreas. Se habla de los apeaderos que las líneas de AVE tienen en las fincas privadas, de cómo las bocas hambrientas de las rehalas babean por las miserias y otros sobrantes que dejan en el terruño los pudientes. Se habla de nacionalismos paletos y horteras, de escisiones innecesarias y otras maldades inventadas para los ignorantes. Se habla de los mítines domingueros, donde mamporreros insulsos y sin gracia pregonan toda sarta de gilipolleces, envalentonados por su posición privilegiada. Se habla de este país como si nunca se hubiera leído... Pero la mayor herida de este país es, sin duda, nuestra ignorancia… Lo digo a sabiendas de las aldeas, pueblos y ciudades de provincia a las que he sobrevivido. Lugares todos ellos alejados de un mundo donde el pensamiento se ancla en valores obsoletos, en prejuicios estúpidos y en lazos arcaicos. Donde es más importante dejarse llevar, aparentar, fingir, parecer y callar, que vivir…
Pese a ello, sigo recorriendo el frágil hilo de la vida, en estos lugares en mitad de la nada, sitios donde, a veces, a modo de rayos de sol, florecen personas de bondad infinita y gran corazón sobre las que, marchitas por el pesado aire que se respira, lloramos como si de santos inocentes se tratasen.

Delibes, Miguel. 2001. Los santos inocentes. Barcelona: Planeta

jueves, 3 de enero de 2013

Jueves Ilustrados: Delibes Ilustrado





Esperando que se hayan recuperado de los estragos del fin de año -yo todavía ando algo aquejado de la espalda y he de admitir que, menos cargar sacos de pienso, hice de todo…- y que no gasten innecesariamente sus ahorros en las malogradas rebajas -basura y más basura…-, les recomiendo visitar Patria común, Delibes ilustrado, una exposición vallisoletana (que conste que no trabajo en la planta de la que tanto alardea Nestlé en su spot publicitario) que la Fundación Miguel Delibes junto a la Junta de Castilla y León, el Museo ABC de Dibujo e Ilustración, y el Instituto Cervantes,  ha desarrollado durante los tres últimos meses y que termina el 27 de este enero, para exhibirse posteriormente en el Museo ABC de Dibujo e Ilustración de Madrid, desde el 5 de febrero hasta el 21 de marzo, y que constituye una de las actividades más interesantes del arte ilustrado de la actualidad española. Esta muestra de dibujos, acuarelas, grabados y otras manifestaciones artísticas basadas en los libros de Miguel Delibes, unos relatos en los que abundan  personajes infantiles que hacen del conjunto de su obra un ejemplo de una LIJ que, aunque menos ortodoxa, es igualmente eficaz.
Así, me despido hasta mañana, esperando que acudan a la sala cero del Museo Patio Herreriano y se sumerjan en los paisajes castellanos, pongan cara a los protagonistas de El camino, Las ratas o El príncipe destronado y disfruten de la mano de Ajubel, Pablo Auladell, Violeta Lópiz, Raquel Marín o Claudia Ranucci, de la infancia, eso que según Delibes es la patria común de todos los mortales.

Imágenes: (1) Pablo Auladell, (2) Elena Odriozola, y (3) Mónica Gutiérrez Serna.

lunes, 1 de octubre de 2012

Derecho de réplica




Aunque les parezca increíble, hoy he de ponerme serio.
Si mal no recuerdan los que me siguen con frecuencia, durante la semana pasada, utilizando como excusa los Cuentos de Chejov, realicé una crítica sobre la situación poco deseable que están sufriendo la mayor parte de los funcionarios de este país, entre los que me incluyo, abanderando así la necesidad de realizar una serie de ajustes y recortes presupuestarios dentro de la clase política, otra (si no la mayor…) de las causas que han desmoronado la estructura económica española.  
He de hacerles partícipes de que, a tenor de ello, durante el pasado fin de semana he recibido en mi correo electrónico personal sendos mensajes un tanto amenazantes, suscritos por dos partidos políticos de distinto signo (para que luego digan que aquí no hay democracia… sigo con mi acidez, que espero no me llegue nunca al píloro), a los que contesto hoy con esa educación prusiano-espartana que recibí en la niñez…
En primer lugar, señalar que me siento halagado de que presten tanta atención a mis palabras, esas que les punzan los tuétanos. ¡Ojalá sigan entrando a este lugar donde viven los monstruos y se rebocen a sus anchas del barro que son los libros!
 Seguidamente, decir que, el hecho de que se sientan malhumorados, agraviados, e incluso heridos, es una prueba fundamentada de que mi capacidad crítica tiene las contraindicaciones esperadas, lo que me llena de orgullo, no sólo porque he sabido transmitir un mensaje, sino porque he conseguido ese golpe de efecto con el que muchos sueñan, lo que no resta para admitir que siento la ironía que gasto.
Por otro lado, también he de lamentar su incapacidad para autoevaluar sus acciones. No sólo se ponen en evidencia al remitirme mensajes vergonzantes y de tan poca categoría, esa rayana a lo bajuno, sino que dan mayor credibilidad a lo que digo. Es penoso llegar a este punto, ese en el que lindan la libertad, la coacción y la censura.
Por todo ello, añadiendo un toque de literatura a esta réplica, y poniendo punto y final a incidente tan deleznable, les conmino a todos, lectores de cualquier ideología, a leer El disputado voto del señor Cayo, un tirón de orejas que Miguel Delibes dedicó en su día a todos los que creen que la política es la solución a todos nuestro males, incluidos los personales.

sábado, 13 de marzo de 2010

Se nos fueron las palabras...




De cuitas esta hecho el mundo, tántas que ya he perdido la cuenta. Penas dulces y, las más, amargas, han sembrado los caminos de sinsabores y otras malas yerbas, que de bordes y tercas se enredan en los arados y vertederas que cruzan los campos de nuestros días… No lo afirmo por crédula misericordia, sino en aras de la sinceridad, porque oigan, los lectores también lloran, lloramos por las palabras que perdimos.
Hoy ha muerto el último que escribió en mi lengua, el castellano, ese al que llamaron Miguel Delibes. Y un servidor, aunque de nula jaez y poca imaginación, quiere rendirle homenaje.
Descubrí a Don Miguel tarde, algo polvoriento y bastante mermado. Lo cogí de un estante y lo guardé allí donde cupo. Pasé las páginas de hito en hito, de tarde en tarde. Quizá no fue el comienzo deseado, pero bien me acompañó durante aquel verano. Luego siguieron otras sombras bajo otros árboles, en las que, digámoslo así, gané todos los colores: el rojo, el gris, y, si me apuras, hasta la claridad de alguna lágrima; porque perder, lo que se dice perder, perdí poco, tan solo un mentiroso guiño…
Y sí. La prosa del maestro vallisoletano no se puede considerar estrictamente infantil aunque ocurra en las tres edades del existir, pero he de afirmar, y aunque parezca insano confesarlo, que nunca he leído a Delibes, él me leyó a mí. Me recorrió por dentro, cada gota de sangre, cada arrebato, cada callada emoción. Y eso, les digo, bien vale mi infancia, la de todos nosotros. ¿Qué más podemos pedir?
Porque a los príncipes que hablan como sabios, no los destrona la guerra, ni la mano caudilla o la indiferencia postrera, sino que sólo la muerte se encarga de callarlos.

jueves, 7 de enero de 2010

De caminos que comienzan...



Una vez hemos dado fin a los polvorones (es extraño que muchos todavía sigan atragantándose con ellos, aunque sostengo que las próximas navidades su consumo va a ir en crescendo), los regalos, la sidra a raudales y los cientos de besos con los que solemos felicitar el Año Nuevo, hemos de levantarnos al alba y regresar a los quehaceres diarios, por ello, aquí estoy. ¡Comenzamos!...
He de confesar que estas fiestas les he hecho poco caso (el caso es que intuyo que tampoco he tenido tiempo de hacérmelo a mi mismo…), asunto que siento enormemente, pero he de ponerles sobre aviso de que, durante los próximos seis meses, no tendré tanto tiempo como hasta ahora para dedicarlo a esto de la LIJ, puesto que tendré que poner codos a la obra y estudiar a piñón fijo y sin bajarme de la bicicleta. Por todo ello la frecuencia de actualización de este Donde viven los monstruos será menor… Ea, es lo que tiene este año 2010…
Les sorprenderá si les comento que estos días, además de corromper los lóbulos hepáticos con todo tipo de ingredientes tóxicos, he leído bastante. Intenté hacer una selección variada que incluyese libros más o menos breves, de diferentes autores y temática diversa..., pero he de reconocer que uno de ellos me colapsó hasta un punto insospechado. El camino me colapsó por muchas cosas… Por el humor que desata (a veces demasiado), por cómo compagina las tres edades del hombre pese a estar centrada en las situaciones de la niñez y juventud, la claridad en la exposición, los estupendos giros del lenguaje utilizado y por, si fuera poco, ser imperecedera. Insospechado fue porque ya había leído varias obras de Miguel Delibes, su autor, y ninguna me había calado tan hondo como esta última, cuestión que me sorprendió notablemente. Por último he de añadir que le encontré cierto regusto al costumbrismo de las obras de Juan Farias –o al revés…, ya se sabe quién es más talludito-, cosa que también es de mencionar, sobre todo para aquellos que adviertan una inclinación hacia este tipo de narrativa.
Empiecen el año con esta novela. Es casi una orden. Si no fuese así se perderían un cachito de ustedes mismos.

martes, 9 de septiembre de 2008

Letras por los libros


Animar a lectura es una tarea bastante difícil, bien lo saben muchos escritores, por este motivo, algunos, nos acercan a la lectura desde sus propias obras. Es bastante frecuente encontrar en los libros fragmentos que nos inviten a la lectura, al mundo de las palabras. En el último libro del que estoy disfrutando, además de hallar unos renglones de estas características, he encontrado unas líneas que hablan sobre la literatura infantil… Y con ambos, les dejo hoy:

[…] Amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido. Ella entendía que el vicio o la virtud de leer dependían del primer libro. Aquel que llegaba a interesarse por un libro se convertía inevitablemente en esclavo de la lectura. Un libro te remitía a otro libro, un autor a otro autor, porque, en contra de lo que solía decirse, los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad del lector siempre quedaba insatisfecha. Y, al apelar otros títulos, iniciabas una cadena que ya no podía concluir sino con la muerte. […]

[…] Le conoció en la Biblioteca Nacional, la tarde que presentó una colección de libros de cuentos. El salón, como era lógico, estaba lleno de gente relacionada con la literatura infantil, pero la tesis que sostuvo Primo fue que los cuentos no interesaban en absoluto a los niños, que lo que los niños deseaban leer eran los libros que sus padres cerraban con llave en su biblioteca. […]

De: Señora de rojo sobre fondo gris. 1992. Miguel Delibes. Ediciones Destino: Barcelona. Col. Áncora y delfín. Vol. 677. ISBN 84-233-2100-2.
Fotografía: David Escobar y Sara López.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Antígona y la educación de los ciudadanos


No suelo dedicarme a la lectura del género teatral… Excepto algunas obras de Shakespeare, Calderón de la Barca y Cervantes, no he leído demasiado, entre otros motivos porque se me hace algo difícil la comprensión de una obra que esta escrita para ser espectador más que lector (lo sé, soy un lector mediocre…). Pero esta semana, siguiendo una sugerencia de Luis Daniel González, toda una autoridad en lo que a LIJ se refiere, he hecho una excepción por el género y me he leído un drama, un señor drama, y comulgo con su opinión de que, Antígona (1), de Sófocles, uno de los dramaturgos clásicos griegos, es una obra más que vigente, ya que trata del enfrentamiento de los valores personales, la libertad individual, las creencias, el valor de los sentimientos y la figura de la familia, contra el poder del estado, la autoridad y el paternalismo de los gobiernos. También recomienda González su lectura como un punto de partida, como origen de una reflexión sobre la nueva asignatura que se ha enmarcado en la Educación Secundaria de nuestro país, “Educación para la Ciudadanía”, a lo que yo añado que, no sólo debe ser una lectura que incite al profesorado o al público en general a preguntarse sobre la adecuación de esta materia dentro del contexto educativo, sino una lectura obligada dentro de la misma para todo aquel alumno que la curse, si es que lo que pretenden las autoridades es formar ciudadanos, claro está… cosa que dudo.
Y para finalizar, una adenda: ¿es una necesidad educativa de primera magnitud crear y reglar una asignatura que dogmatice, que se interne en los principios del individuo? Es evidente que necesitamos nuevas estrategias que hagan frente a los cambios sociales, pero de ahí a que tenga que ser la Escuela la última responsable de hacer frente a esta realidad de propiedad comunitaria, va un trecho… Por no hablar del empeño del Estado en guiarnos como ovejas por linde... Pero en fin, habrá que aguantar que las autoridades intenten dirigir hasta “el rincón más íntimo del alma” (2), que no es poco.

(1) En: Tragedias. 1986. Sófocles. Editorial Gredos: Madrid. ISBN 84-249-0099-5
(2) De: El hereje. 1998. Miguel Delibes. Ediciones Destino: Barcelona. Col. Áncora y delfín. Vol. 827. ISBN 84-233-3036-2.

martes, 26 de febrero de 2008

Viajes literarios


Hace bastante tiempo que me debo una escapada a otro lugar, uno que sea placentero. De esos viajes en los que disfrutas de todo lo que te rodea. Me encanta ser engullido por el destino, sobre todo si es diferente a lo cotidiano. Ir y quedarme con el recuerdo (es la única forma de no convertirlo en rutina). No sé si soy o no buen viajero. Viajante creo que sí, pero viajero… El que viaja aprende en su tránsito, el camino le enriquece y le enseña nuevas experiencias, distintas emociones y palabras, muchas palabras. Pero claro está, el viajero tiene que cumplir la indispensable cualidad de no temer a la aventura. Entonces, el sin arrojo, el temeroso, ¿no viaja? Y aquel al que la economía no le permite recorrer el paisaje, ¿tampoco? Quizás sí, quizás no, lo que sí sé es que viaja el que lee.
Durante el curso pasado, con eso de que me encontraba anquilosado en unas permanentes coordenadas UTM, me decanté por la literatura viajera. Prefería viajar con la mente a no hacerlo con ninguna otra parte de mi humana geografía. De vez en cuando se agradece adquirir un pasaje gratuito hacia tierras extrañas, sin saber lo que te espera, con toda la incertidumbre en una mano y el deseo de lo desconocido en la otra…

- Por favor, un billete para África, señorita.
Y la dependienta de esa agencia de viajes literaria así me lo dispensó. -Viajará usted en globo, caballero, de la mano de nuestro piloto, Julio Verne (1), durante cinco semanas recorriendo el vasto continente.
- También me gustaría visitar los bosques americanos. Tan salvajes, tan agrestes… ¿Podría conseguirme un buen guía para recorrer la tierra de los mohicanos?
- Sin dudarlo, ese es James Fenimore Cooper (2), el mejor de nuestros serpas en dicho territorio. Aunque le confieso que, últimamente, con esto de la escasez de trabajo, creo que se ha dado al alcoholismo. ¡Es tan difícil encontrar gente interesada en la aventura!
- Toda una pena…- Añadí.- Me hubiera gustado recorrer las sendas de los últimos guerreros americanos…
- Lo siento… ¿No estaría interesado en algún recorrido por tierras nórdicas? ¿Suecia tal vez?
- Una sugerencia muy apetecible, pero ya la recorrí el verano pasado con mi amiga Selma Lagerlöf (3)… ¿Y Centro-Europa? ¿Hay algo asequible?- Inquirí.
- Déjeme ver… está usted de suerte, tenemos un combinado por tierras alemanas, suizas y francesas. La encargada de organizarlo es una tal Judith Kerr (4).
- ¿Y el precio?- Pregunté.
- No más que sus ojos, algo de tiempo y la imaginación.- Concluyó la joven.

NOTA DE LA EMPRESA: Estos no son los únicos paquetes disponibles para nuestros clientes. Si su interés sigue marcado por recorrer algunas ciudades europeas siguiendo los itinerarios marcados por las palabras de James Joyce -Dublín- (5), Miguel Delibes -Valladolid- (6) o Manuel Mujica Láinez -Roma- (7), visite nuestra agencia en los próximos días.

(1) Verne, Julio. 1989. Cinco semanas en globo. Anaya: Madrid
(2) Cooper, James Fenimore. 1997. El último mohicano. Cátedra: Madrid.
(3) Lagerlöf, Selma. 1970. El maravilloso viaje de Nil Holgersson a través de Suecia. Labor: Barcelona.
(4) Kerr, Judith. 2007. Cuando Hitler robó el conejo rosa. Alfaguara: Madrid.
(5) Joyce, James. 1999. Ulises. Catedra: Madrid.
(6) Delibes, Miguel. 1998. El hereje. Destino: Barcelona.
(7) Mujica Láinez, Manuel. 1990. Bomarzo. Seix Barral: Barcelona.