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miércoles, 28 de septiembre de 2022

Madrastras, ¿víctimas o verdugos?


La madre de mi abuela se quedó viuda con cinco hijos y nunca quiso casarse en segundas nupcias. Prefirió ponerse a trabajar como una negra para sacar adelante a la prole, en vez de gobernarse un nuevo marido con el que mantenerse telenda. Sabía muy bien lo que hacía, pues es mejor quedarse pobre pero viva, que buscarse una mortaja buscando un duro. No solo para ella, sino también para sus hijos. Que ella ya había tenido padrastro.
Y no es que todos los padres postizos sean malos. Solo hay que tener un poco de psicología humana y saber algo de biología reproductiva para entender de qué iba el tema en la España de entonces.


Según la teoría general de sistemas, todos sistemas biológicos, incluidos los seres vivos (especies o individuos, ¿qué más da?), tienden a transmitir su información, tanto la contenida en los genes, como la que no (comportamientos), hacia lo futurible. Sean instintivos o no, muchos de nuestros actos están condicionados por el éxito. Y pregunto: ¿qué mayor éxito que sean nuestros propios hijos y no los de otro, quienes trasciendan en el tiempo? He ahí el quid de la cuestión.


Quizá hoy día veamos esto como un atraso, pues el mundo ha cambiado, pero en una época con circunstancias diferentes, cabría esperar que madrastras y padrastros putearan a quienes no fuesen sus hijos. A menos que no tuvieran prole propia o que les sobraran recursos, los hijos del otro pasaban las de Caín. Mulos de carga, mal vestidos, hambrientos, y apaleados. Así era la vida, incluso para los churumbeles biológicos, que en aquel entonces había muchos, no eran tan deseados y la pobreza campaba a sus anchas.


Si esto es así, ¿por qué, teniendo poderío y ningún vástago al que proveer de atenciones, la madrastra de Blancanieves se quiere cargar a la nena? Seguramente habrán leído las explicaciones que psicólogos como Sheldon o Bettleheim han dado sobre el tema, pero hoy le llega el turno a Beatrice Alemagna.
Y es que en su Adiós, Blancanieves, un álbum de gran formato y recién publicado por la editorial Combel, la autora boloñesa toma como referencia la versión primigenia de este cuento clásico recopilado y reescrito por los hermanos Grimm.


Es una buena oportunidad para saber que en la narración original Blancanieves despierta de su sueño debido a un tropiezo y se casa con el príncipe, mientras la madrastra es castigada a danzar sobre unos zapatos de hierro al rojo vivo durante la boda. Y también es la mejor manera para internarse en senderos oscuros que, allende lo literal, discurren por múltiples conflictos ajenos y personales.


En esta ocasión, la figura de la madrastra eclipsa por completo a Blancanieves, la eterna víctima que siempre termina triunfando en la versión clásica. Así se nos presenta una nueva visión, desde el otro lado, el de los celos, la envidia, la vejez, la venganza. Esa representación del mal que se ve auspiciada por emociones básicas que todos hemos experimentado alguna vez, que la relanzan a lo humano y dejan entrever una serie de flaquezas nada ajenas en esta antagonista de cuento.


Un texto en primera persona (¿Acaso pretende ponernos en su pellejo? ¿Acaso sus vidas discurren paralelas?) que se intercala con secuencias de ilustraciones desbordadas sobre la doble página, se entremezclan para crear un discurso inquietante en el que se pueden encontrar muchos matices. Los del sempiterno rosa neón de la Alemagna, los de la negrura del bosque o la terrible melena de Blancanieves, los de tonos ardientes y enfurecidos, los ocres y su dolor, el rojo y la venganza. Un sinfín de reflejos que ensalzan un libro lleno de guiños a Francisco de Goya, Gustav Klimt o la arquitectura clásica desde el expresionismo más sonoro.
Un libro oscuro dedicado a las mujeres y su propia lucha intergeneracional, a las debacles interiores y la tristeza que emana de ellas.

jueves, 24 de junio de 2021

Las luces y sombras de cumplir años


Hoy cumplo años. Conforme se agolpan en el carnet de identidad, ese que nunca engaña, uno se pone a pensar. Muchas sensaciones se vienen a la cabeza. Soledad, vejez, experiencia, alegría, tristeza, añoranza, esperanza, miedo, fuerza… Un sinfín de sustantivos que hablan del futuro, presente y pasado de mí mismo y con los que tengo que convivir durante los 364 días restantes.
No es que me importe (la verdad es que mantengo mi cerebro tan ocupado que se me olvidan), pero sí que está bien ponerse un ratito el año a calentarse el casco y reflexionar sobre quién eres y adónde te diriges, un ejercicio del que no debemos abusar pero que puntualmente nos preña de cierto caos que generalmente se traduce en catarsis.


Todo suena muy artístico. Me podría poner a escribir una novela, pintar un cuadro o componer una sonata, pero como no hay mucho tiempo en estos días de correprisas, hoy les escribo una reseña sobre un regalo, concretamente el que me hizo Maite, la seguidora que se esconde tras este perfil de Instagram (no duden en seguirla porque además de ser encantadora, tiene un gusto exquisito), por mi no-cumpleaños hace unos meses.
La primera vez que me encontré con Querida Mili fue en una biblioteca parisina hace la tira de años, quizá quince o más. Estaba junto Al otro lado, una delicia más de Maurice Sendak. Ambas tenían cierto parecido, aunque las separaban unos siete años. Al otro lado era una historia de miedos y deseos infantiles que daba fin a la trilogía formada por Donde viven los monstruos y La cocina de noche, y según muchos especialistas, con Querida Mili, Sendak iniciaría una segunda trilogía (vean En el vertedero con Juan y Pedro) en la que narraría el testimonio de la Segunda Guerra Mundial, la desesperanza ocasionada por el Holocausto y la increíble resistencia del pueblo judío a la masacre, sobre todo la de los niños.


La historia de Wilhelm Grimm, el hermano de Jakob, que incluye este álbum, estuvo oculta durante más de 150 años. La escribiría en un carta que envió a una niña, la tal Mili, en 1816 (de ahí el título del libro) y que su familia conservaría hasta el 28 de septiembre de 1983 en el que se hizo público el descubrimiento.
Trata de una joven llamada Mili que, alentada por su madre, escapa de la guerra escondiéndose en el bosque y, ayudada por la intercesión divina, logra sobrevivir. Sendak sintió que la historia de Mili resonaba a la historia de la vida real de Ana Frank, cuyo escondite visitó en Amsterdam e intentó rendirle cierto tributo en este libro.
Por otro lado, Sendak se llenó del estilo de los grandes pintores europeos para rendir un sincero tributo al arte de los prerrafaelitas, las filigranas y guirnaldas del art nouveu, las composiciones estudiadas del barroco, y referencias a Rembrandt y Van Gogh. Sintetizando, Sendak construye un nuevo universo a partir de sus raíces europeas y ensalza una historia donde conviven ficción y realidad.


Llaman poderosamente la atención dos escenas. En una de ellas Mili está con su ángel de la guarda en el bosque, mientras San José mira desde la izquierda. En el centro Sendak construye sutilmente un monumento al Holocausto y las protagonistas se arrodillan silenciosamente frente a las lápidas con símbolos hebreos. Al fondo podemos ver un coro de niños que Sendak recreó a partir de una fotografía antigua de jóvenes víctimas francesas de la Holocausto, y dirigido por el mismísimo Mozart, su gran ídolo, una presencia divina que comparte protagonismo con el propio San José o el ángel aunque se encuentre de espaldas al espectador.


En la segunda, Mili se pierde en un bosque oscuro y nos sumergimos en una desesperada situación: el ángel de la guarda la ha abandonado cayendo dormido detrás de un tronco, el enmarañado bosque se cierne sobre Mili, los árboles sugieren los cuerpos demacrados de las víctimas de los campos de concentración, un grupo de figuras humanas demacradas cruza el puente y detrás de la espesura aparece la torre de guardia de Auschwitz. Ese bosque es simplemente un lugar espeluznante, embrujado y sobre todo, inquietante.
Sin embargo, Sendak aporta mucha luz a este mundo de sombras, un halo esperanzador que lleno de colores brillantes, de flores hermosas, amarilis y rosas por todos lados, un vergel de colores cálidos, de amaneceres luminosos que acaba con ese universo gris y devastador. Porque Sendak sabía que la vida, como los cumpleaños, además de sombras, tiene mucha luz.



miércoles, 22 de enero de 2014

1000 Caperucitas Rojas



Imagen de portada: Estudio Milimbo.

Si las estanterías están llenas de libros que no lee nadie, la vida está llena de caperucitas rojas. Probablemente todos conozcamos alguna atrapada por un embarazo prematuro, las garras del tráfico de drogas, un padre maltratador o una madre absorbente, la lacra de la anorexia, un novio acaparador, una familia sobreprotectora o la siempre omnipresente inseguridad de vivir. Estas, las caperucitas de hoy día, no tienen nada que ver con esas otras más clásicas narradas por Perrault o los Hermanos Grimm (ya en aquel entonces las versiones corrían de boca en boca y de pluma en pluma), pero igualmente necesarias conforme cambian los tiempos. No sé a qué se debe que este cuento desmenuzado, bien por cualquier estudioso de literatura infantil y/o narrativa oral, incluido el Psicoanálisis de los cuentos de hadas (Bruno Bettelheim), bien por maestros de escuela y guardería, tenga tanto éxito, pero esa niña envuelta en una capa roja, ese lobo malvado, la abuela indefensa y el cazador que viene y va de unas adaptaciones a otras, son partes fundamentales de una historia que ha encandilado, encandila y encandilará a niños y mayores.
Prueba de ello es esta recopilación de unos cuantos (mil son demasiados...) títulos dedicados al cuento por excelencia, que he realizado gracias en parte a un curso sobre lecturas escolares en el que estoy enrolado, y que aquí les dejo para que disfruten estos días.


Pacovska, Kveta & Rubio, Esther. Caperucita Roja. Ed. Kókinos.



Frisch, Aaron & Innocenti, Roberto. La niña de rojo. Ed. Kalandraka.



Serra, Adolfo. Caperucita roja. Ed. Nórdica (antigua edición en Ed. Narval).



 Brasseur, Philippe. El pequeño libro rojo. Ed. Océano.



Benoît Jacques. La noche de la visita. A buen paso.



Beatrix Potter y Helen Oxenbury. Caperucita Roja. Ed. Juventud.



Mar Ferrero. Lo que no vio Caperucita Roja. Ed. Edelvives.



Almagro, Inés & Mardones, Mikel. Las manoplas de Caperucita. Ed. OQO.



Perrault, Charles & Sourdais, Clementine. Caperucita Roja. Ed. Blume.



Martín Vidal, Beatriz. Little Red. Ed. Thule.



Pasamar, Concha. Caperucita Roja. Bookolia.



Negrín, Fabián. Boca de lobo. Ed. Thule.




Perles, Pedro. Caperucita roja. Mil y un cuentos M1C.




Giovanna Ranaldi. El bosque, la niña y el lobo. NubeOcho.



VV.AA. Caperucita Roja. Ed. Nórdica Libros.



Ayabo & VV.AA. Érase veintiuna veces Caperucita Roja. Ed. Media Vaca.



Rowe, Louise & Rodrigo, Javier. Caperucita Roja. Ed. La Osa Menor.


Grimm, Wilhem & Jacob. Y recuerda… Ed. Milimbo.



Roald Dahl & Blake, Quentin. Caperucita Roja. En: Cuentos en verso para niños perversos. Ed. Alfaguara.



VV.AA. El gran libro del lobo feroz. Ed. Juventud.




Bethan Woollvin. Caperucita Roja. Ed. Unaluna



Luis Noriega y Carmen Saldaña. La verdadera historia de Caperucita Roja. Ed. Lumen.



Attilio. Caperucita Roja. Ed Edebé.



Biagio Bagini. ¿Caperucita... qué? Ed. Picarona.


Battut, Eric & Nadal, Alfonso. Caperucita Roja. Ed. Juventud.



Perrault, Charles & Moon, Sarah. Caperucita roja. E.G.A./Ratón Pérez


Rackham, Arthur & Nadal, Alfonso. Caperucita Roja. En: Los mejores cuentos de la literatura universal. Ed. Juventud.



Baruzzi, Agnese & Natalini, Sandro. La verdadera historia de Caperucita Roja. Ed. Ediciones B.



Almodóvar, A. R. & Taeger, Marc. La verdadera historia de Caperucita Roja. Ed. Kalandraka.



Lavater, Warja. Le petit chaperon rouge. Ed. Adrien Maeght.



Martín Gaite, Carmen. Caperucita en Manhattan. Ed. Siruela.



Iguerabide, Juan Cruz & Solé Vendrell, Carme. Caperucita y la abuela feroz. Ed. Edebé.



Pescetti, Luis María & O’Kif. Caperucita Roja: (tal y como se lo contaron a Jorge). Ed. Alfaguara.



Leray, Marjolaine. Una caperucita roja. Ed. Océano.



del Mazo, Margarita & Salaberria, Leire. 2014. Feroz, el lobo. OQO.



Iglesias, Gracia & Moreno, Cecilia. 2019. Circulita Roja. En: El rombo feroz. Canica Books.



Munari, Bruno & Agostinelli, Enrica. 2001. Caperucita Roja, Verde, Amarilla, Azul y Blanca. Anaya.



Mistral, Gabriela & Paloma Valdivia. 2014. Caperucita Roja. Amanuta / Diego Pun.



Pacheco, Gabriel. 2021. Caperucita roja (primero sueño). Diego Pun.



Daly, Niki. 2006. La pequeña caperucita africana. Intermón Oxfam.



García, Sergio & Moral, Lola. Caperucita Roja. Dibbuks.



Pilar Serrano & Mar Azábal. Lobo sólo buscaba wifi. Amigos de Papel.



Chabbert, Ingrid & Guridi. 2016. El enorme y malvado Feroz. Cubilete.



Murillo, Luis & Ordás, Emi. 2014. Cadavercita Roja. Algar.



Gianni Rodari & Alessandro Sanna. 2011. Confundiendo historias. Kalandraka.



Agostino Traini. 2017. El caperucito rojo. Picarona.


Y para terminar, una dirigida a estudiosos...


Catherine Orenstein. Caperucita al desnudo. Ed. Ares y Mares.



Tomi Ungerer. 1971. Póster.