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viernes, 9 de enero de 2026

Un abecedario vanguardista


Dos viernes y dos abecedarios. Parece que el 2026 quiere alfabetizarnos. Cosa que no me extraña. Viendo el panorama...
Si la semana pasada dedicábamos a desentrañar un abecé inspirado en la naturaleza, hoy le llega el turno al que Piu Martínez, Cibrán Rico y Suso Vázquez han parido desde la editorial Fabulatorio en colaboración con la Fundación Luis Seoane.


Titulado ABC Seoane, este álbum gráfico hace un recorrido por las letras del abecedario gracias a veintitrés obras que el artista gallego realizó con diferentes técnicas como el dibujo, el grabado o el óleo. Una miscelánea de imágenes y palabras que recorren el ideario de un creador poliédrico que, inspirado por Matisse, Picasso o Klee, aunó vanguardia y lirismo.
Para el que no lo sepa, Luis Seoane fue una figura muy relevante de la cultura española fuera y dentro de nuestras fronteras a la que, desgraciadamente y como a otros muchos, maltrató la Guerra Civil. Entre otras cosas, fue un reconocido pintor y grafista (véanse sus carteles abstractos para las marcas Cinzano y Otard Dupuy en Argentina), y desarrolló iniciativas culturales como el Laboratorio de Formas, que intentó recuperar la Cerámica de Sargadelos, fundó la editorial Ediciós do Castro y le dio vida al Museo Galego de Arte Contemporáneo Carlos Maside.


Haciendo hincapié en esa mirada tan infantil por la que todo artista transita y que seduce a cualquier espectador (¿Acaso no lo consigue cualquier garabato?), Seoane desarrolla una cosmovisión muy potente basada en la composición y el color. Maneja diferentes medios y técnicas que resuelven escenas tan localistas como plurales. Cubiertas de libros, portadas de revistas, murales o vajillas. Soportes cotidianos que alcanzan cualquier estrato social desde un lenguaje tan universal como certero, algo muy interesante cuando hablamos de arte.


Trazos firmes y expresivos. Litografías, xilografías o serigrafías. Sus trabajos desprenden fuerza y determinación. Un espíritu moderno que se relanza con una estética exquisita gracias al buen hacer de la editorial gallega. Encuadernación en espiral, páginas en rojo, azul, amarillo y rosa, tipografía en mayúscula, letras como antesala, créditos de cada obra… Para derretirse jugando a las adivinanzas.


Aunque está en gallego, no permitan que esa nimiedad les aleje de un álbum muy singular que podría compararse al libro de artista. Por último, mi pequeña lista de palabras/imágenes favoritas: la B, la D, la N, la Ñ, la P, la S y la Z (prometo enseñarles algunas en Instagram). ¿Y las suyas?

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Contando estrellas


Hay gente que se pasa la vida contando. Contando los días que faltan para su cumpleaños (yo prefiero la cuenta atrás que me lleve a las vacaciones), contando las décimas que le faltan para llegar al aprobado, contando los amigos que tiene con los dedos de la mano, contando las putadas que les han hecho sus familiares y derivados o contándole las habichuelas a los demás (españolada al canto).
No sé muy bien de dónde viene esta afición, pero el caso es que quién la tiene, la desarrolla hasta cotas insospechadas. Podríamos decir que contar forma parte de su vida. Cosa extraña, pues muchos no saben ni hacer la declaración de la renta, que es para lo único y realmente imprescindible que sirve esto de la aritmética (o eso o que son más listos que Hacienda…).


Por el contrario, hay personas que prefieren obviar lo cuantitativo y centrarse en lo cualitativo. ¿De qué te sirve ser millonario si no tienes en que invertir el dinero? ¿De qué te sirve un aprobado si no comprendes el enunciado? ¿De qué te sirven las vacaciones si no tienes dónde o con quién disfrutarlas? ¿De qué te sirve saber lo que los demás en el banco si desconoces lo que tienes tú?
Como una vez me dijo un sabio, las matemáticas son un juego, un invento muy curioso que unas veces resulta muy útil y, otras tantas, demasiado inerte (Seguro que han visto esos perfiles de numerología que llenan las redes sociales de moda. Tan absurdos como encantadores). Con esto no quiero decir que las matemáticas sean una ciencia inerte o una herramienta sin sentido. Más bien lo contrario (a veces hay que ponerse gallego…).


Y cuenta que te cuenta (ya podría ser descuenta), nos topamos con uno de esos libros que de golpe y porrazo nos desbaratan a los monstruos. El libro se llama Números (en castellano, pues la edición es plurilingüe, como se merece), lo ha ilustrado Álvaro Valiño y ha sido publicado por Fabulatorio, una pequeñísima casa editorial gallega que sabe hacer muy bien lo que hay que hacer.
El título breve y conciso nos acerca una idea de lo que nos vamos a encontrar al abrirlo. Sin embargo, nuestras preconcepciones se transforman en revelación cuando empezamos a disfrutar de una narrativa visual que nos recuerda a títulos de grandes autores del diseño gráfico como Bruno Munari.


Primero va el uno, luego, el dos, más tarde el tres, y así sucesivamente hasta llegar al diez gracias a cincuenta y cinco puntos que se van dibujando en cada doble página mediante unos pequeños troqueles con forma de punto (¿Recuerdan El punto rojo de David A. Carter? Yo todavía lo busco con mis sobrinos). Acompañados de formas sencillas y colores planos que dibujan insectos, corazones, planetas (¿8 o 9?), manos o pies recorremos este viaje matemático sobre fondo amarillo (otro guiño a Marion Bataille) que se refleja en la cara de cualquier espectador boquiabierto.


Si a ello añadimos un formato de acordeón que permite jugar con dos historias (la del haz y la del envés), tras contar hasta el diez descubrimos un firmamento negro tachonado de estrellas que puede acompañar los más diversos sueños. Un libro ideal para dar las buenas noches, para disfrutar de lo cercano o dejar volar la imaginación.