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lunes, 20 de abril de 2026

Inteligencia a base de palabras


Si hay algo que tenemos claro todos los docentes, es que los estudiantes de hoy en día son mucho más flojos que los de antaño. Y no hace falta remontarse al siglo pasado, una década nos basta. Así que toca hacerse la pregunta de rigor: ¿Qué está pasando?
Según los sociólogos es el llamado efecto Flynn inverso, que es el fenómeno científico que explica la caída de la inteligencia humana en los últimos años. Este concepto contrasta con el efecto Flynn original, que demostró cómo el coeficiente intelectual había subido de manera constante durante todo el siglo XX. Esto se debe principalmente a tres causas.
La primera se refiere a los cambios en los actuales sistemas educativos que han abandonado ese énfasis en el pensamiento analítico profundo y el razonamiento lógico tradicional en las aulas. En segundo lugar tenemos el uso indiscriminado de pantallas en la vida diaria de niños y adolescentes. Esa hiperconectividad y el consumo de contenidos fragmentados (recuerden Instagram y Tiktok) afectan la concentración y la memoria. Por último tenemos un estilo de vida que ha mermado notablemente las horas de sueño en casi todos los grupos de edad.


Si bien es cierto que todas ellas tienen mucho que decir al respecto, poco se habla del libro, ese objeto que tantos siglos ha acompañado al desarrollo de nuestra inteligencia y al que en breve celebraremos. Y es que bajo esa mirada que he ido desarrollando durante más de veinte años dando clase en la escuela pública, puedo afirmar que la lectura tiene mucho que decir en el desarrollo cognitivo de mis alumnos.
El que nunca ha visitado un aula no lo sabe, pero yo les digo que se sorprenderían de la cantidad de palabras que los chavales de hoy día desconocen. Su vocabulario es limitadísimo, algo que se relaciona directamente con una menor comprensión de los textos académicos. Y es que no podemos basar el aprendizaje en el lenguaje comunicativo. Oralidad, hipertextos o cibertextos son corpus lingüísticos pobres (N.B.: Les recuerdo que un quinceañero medio utiliza entre ¡250 y 300 palabras! en su vida diaria) que lastran el camino formativo de cualquiera.
Y no me vengan a defender a Google, Wikipedia, diccionarios y tesauros. El lenguaje es la herramienta que más ha permitido avanzar al ser humano. Aprender los signos que lo constituye, entender las normas que lo articulan y relacionarlas entre sí, nos permite acercarnos a esos mensajes que compartimos. Las palabras son códigos, pero también vínculos que nos enlazan a través del tiempo y el conocimiento, permítanme que les diga, no se hizo de un día para otro.


Por todo esto y como antesala al mal llamado Día del Libro (me parecería más apropiado Día de la Lectura), les traigo El cofre lleno de palabras, un álbum de Rebecca Gugger y Simon Röthlisberger publicado hace unas semanas por la editorial Juventud que nos acerca la historia de Óscar, un chavalín que gusta de cavar hoyos y que un día encuentra un enorme cofre de madera. ¿Qué habrá en su interior? Quizá un gran tesoro. Pero no, en ese cofre hay montones de palabras que no sirven para nada. De repente, Óscar empieza a jugar con todos esos adjetivos que van tomando forma. Erizos fosforescentes, escarabajos monstruosos o árboles melenudos. Todo es posible con las palabras. El problema viene cuando se gastan… ¿Conseguirá Óscar llenar el cofre de nuevo? ¿Cómo lo hará?


Con sencillez y una pizca de magia, los autores suizos consiguen darle vida a una pequeña parábola sobre el poder transformador del lenguaje que se dirige a todas las edades (no pierdan de vista las opiniones de los adultos que aparecen en este libro. ¡La mayoría se merecen un buen tirón de orejas!). Me gusta que la línea narrativa se construya desde lo sorprendente, lo fantástico y lo creativo, tres de los pilares que siempre funcionan con los pequeños lectores. Del mismo modo que se adentra en actitudes muy interesantes como la perseverancia y la curiosidad.


Un libro hermoso que, con ilustraciones muy agradables y recursos tipográficos muy dinámicos, establece conexiones entre el mundo visual y textual que ahondan en lo metafórico. Un buen ejemplo de cómo un libro puede, sin abusar del didactismo, dar pie a una buena lectura en voz alta y alguna que otra actividad grupal donde aparquemos las manualidades y nos podamos divertir a base de vocablos, que es de lo que se trata.

lunes, 9 de diciembre de 2024

De luces navideñas y mal gusto


La Navidad ha empezado en Occidente, o al menos, eso dicen Mariah Carey y todos esos alcaldes que compiten por hacer de nuestras calles la mayor horterada jamás conocida. Hacía décadas que no veía tanto subnormal entre los ediles de España. Y no hablemos de los ciudadanos por permitirles derrochar esas cantidades ingentes de dinero y energía.
Se aprovechan de que las bombillas de tipo LED son lo más para llenar de mal gusto cualquier rincón. La elegancia brilla por su ausencia allá donde mires. Y lo peor de todo es que el populacho aplaude semejante circo, incluso se queja cuando alguna calle está sutilmente engalanada.
Los políticos justifican esa alegría artificiosa pensando en los niños y ancianos, en todo ese ganado que pasta a sus anchas del maná navideño y pasa por alto sus triquiñuelas a costa de los presupuestos, unos a los que contribuimos todos a base de tasas y tributos municipales. Nada ha cambiado desde la época de los romanos. Y yo empeñado en hacerles leer más de dieciséis años…


Lo único que me queda claro es que nadie tiene ni puta idea de estética. Ni las corporaciones municipales ni las empresas de iluminación callejera ni ese gran público que se agolpa en las plazas para asistir a esas ceremonias tan ordinarias y chabacanas en las que se encienden las pascuas (y de paso, dejarnos ciegos), saben lo que es una adecuada decoración navideña.
Nadie les ha explicado que menos es más. Que si no sabemos de composiciones de color, con luz blanca es más que suficiente. Los motivos repetidos que sean sencillos, por favor. La música sobra en los espacios abiertos, sobre todo la que tiene letra. Y nada de espectáculos, para eso ya tenemos la feria.


Y hablando de luces, hoy les traigo a Lúa, un libro de Marianna Coppo que nos habla de la vida de una luz. Editado por Juventud, este álbum sobre segundas oportunidades nos cuenta la historia de Lúa, una bombilla de toda la vida, de las incandescentes, de las que inventaron Swan y Edison, que lleva montones de años alumbrando la vida de una pequeña familia. Con el paso de los años, queda relegada a iluminar un pequeño trastero. Le gusta mirar todos los objetos que hay allí, incluso los cuenta. Pero un día, de repente, la desenroscan y la suben en un coche. ¿Adónde la llevarán? ¿Qué pasará con ella?


Utilizando esta historia sobre segundas oportunidades, la autora italiana construye una bonita metáfora sobre el descubrimiento, la existencia, la necesidad de explorar el mundo y encontrar nuevas formas de felicidad. Alternancia de planos, secuencias temporales o simetrías visuales, son algunos recursos narrativos que Coppo utiliza para construir una historia aparentemente sencilla pero con gran carga discursiva.

martes, 24 de septiembre de 2024

Argumentos coloridos


Durante los últimos meses ha llegado a mis manos un puñado de libros donde los protagonistas son los colores, un tema muy recurrente en la Literatura Infantil por varias razones.
En primer lugar se complementa a la perfección con el currículo escolar de educación infantil y el primer ciclo de primaria. Los críos se pasan el día con pinturas de dedos, ceras y lápices y los maestros aprovechan para desarrollar todo tipo de contenidos. 
El segundo motivo es que el ojo, nuestro órgano de la visión, experimenta un enorme desarrollo durante esta etapa de la vida y las criaturas, además de diferenciar los colores básicos, también aprecian tonalidades, texturas y volúmenes, lo que les ayuda a afianzar su percepción sobre el mundo y poder representarlo. 
Por último, los colores y sus características son ideales para hablar de un sinfín de temas entre los que se cuentan la diversidad, los estados de ánimo o cuestiones curiosas.


Si bien es cierto que se utilizan con cierto simbolismo y mucha metáfora en la ficción dirigida a la infancia, lo cierto es que este fenómeno de la naturaleza que sucede en todo el universo conocido al que llega la luz, es útil por otros motivos, como pueden ser los fenómenos de alerta, tanto positivos (¿Por qué las mujeres se suelen pintar los labios de rojo?), como negativos (Recuerden que muchos frutos y animales venenosos se visten de colores llamativos. Es lo que llamamos aposematismo). Puede servir para cazar o escapar de los depredadores (¿Para creen que servían los plumajes variegados de muchas aves o el color tostado del león?), para controlar la temperatura corporal de ciertos reptiles, comunicarse entre individuos de la misma especie o seleccionar al macho o la hembra más adecuado para reproducirse.


Del mismo modo, tampoco debemos olvidarnos de cómo esos colores se presentan en la naturaleza. Hay patrones a rayas o a manchas. También hay patrones de coloración que cambian con el ángulo de observación. Son los colores iridescentes. Pero, ¡un momento! Hay que recordar que no todos los animales ven los colores como nosotros. Entonces ¿lo que estamos viendo es subjetivo? Por supuesto, ya que nuestro antropocentrismo a veces nos lleva a cometer errores de interpretación, algo que no sucedería si todos los seres vivos y materiales inertes de nuestro planeta fuésemos albinos. 
Así que, volviendo a nuestra temática colorística, hablemos de libros… 


El primero es el de Ledicia Costas y David Sierra. Su Siete dientes de león, publicado por Nórdica Infantil, es un álbum cuyo texto toma la estructura de un relato tradicional.


En él se cuenta la historia de Iris, una pescadora que habita un mundo gris y que durante sucesivas noches sueña con siete colores diferentes que se transforman en siete infrutescencias de dientes de león. Una mañana decide sembrarlas en el campo y espera que las nubes las rieguen para que florezcan. Pero la cosa parece difícil y tendrá que ingeniárselas para pescar alguna nube que descargue sobre estas semillas tan especiales…


Con ilustraciones de tipo figurativo donde el contraste entre blanco y negro y color imprime dinamismo a una historia que apuesta por los elementos mágicos y la numerología de los cuentos de hadas, también cabe el humor y los guiños a leyendas de otras latitudes como el caldero de los leprechauns irlandeses.


La ciudad gris, el nuevo libro de Torben Kuhlmann publicado por Juventud, su editorial de cabecera en España, aunque bebe de esa línea argumental que, como en el caso anterior, yuxtapone el gris a lo colorista, está ambientado en un universo más realista y actual.


En este álbum, Rita, una niña que acaba de mudarse a una nueva ciudad junto a su padre, se topa con un espacio completamente ceniciento. Incluso la escuela, la ropa de sus compañeros y el cine son de color plomizo. Aquí pasa algo y ella conseguirá descubrirlo gracias a su amigo Alan, unos vecinos muy vitalistas y un libro escondido en una biblioteca clandestina. ¡Esperemos que lo solucione!


Con las siempre detallistas ilustraciones del padre de Lindbergh, ese ratón que tantos éxitos ha cosechado en las librerías, nos encontramos con una aventura llena de misterio y acción que también parece una metáfora sobre la pérdida y los cambios vitales. Con una nota científica al final y una edición impecable, seguro que esta niña les recuerda a la Momo de Ende, otra heroína que luchaba en contra de los mundos tristes e insustanciales.


El color los sentidos escrito e ilustrado por Gustavo Roldán y publicado por Bululú, es el libro más metafórico de esta pequeña tanda.


Con el subtítulo de Un cuento en blanco y negro, a todo color, el autor se adentra en un juego de sensaciones que en gran medida prescinde de representar coloreadas todas las alusiones a las que hace referencia en el texto. Del mismo modo, Roldán quiere invitarnos a una experiencia donde, prescindiendo de la vista, conseguimos recrearnos en sonidos, olores o sabores que también tienen una estrecha relación con los nueve colores que va mencionando en cada doble página.


Ni que decir tiene que el argentino no se olvida de ese humor gráfico tan característico que presentar todos y cada uno de sus libros donde la tira cómica está muy presente y complementa estupendamente a un texto donde campa lo poético.


Terminamos con El rojo orgulloso, un álbum de los uruguayos Alejandra González y Daniel Kondo que tras el éxito cosechado, tanto en su país, como en la Feria de Bolonia, Océano Travesía ha decidido publicar en nuestro país y es la portada de este pequeño monográfico.


Con una puesta en escena que recuerda a otras grandes historias de colores como Flicts de Ziraldo, esta pareja de creadores se da cuenta de que las cerezas, las manzanas, las fresas, Caperucita y la luz más importante del semáforo son rojas, pero ¿quién se cree que es el color rojo para estar siempre llamando la atención? Esta es la historia de cuando el rojo descubrió que era todo menos rojo.


Guiños a otros artistas como la brasileña Tarsila do Amaral o el también uruguayo Joaquín Torres García, este libro con cierto aire informativo en el que hay bastante diseño gráfico en un universo claramente infantil, nos aproxima a las disputas infantiles y una resolución sorprendente en la que el lector, además de reírse y extrapolar los hechos a su realidad, descubre datos científicos muy interesantes.
Un libro con cierta enjundia, vistoso y cercano que no se debe perder ni el más pintado. Sean sus colores los que sean.

jueves, 13 de junio de 2024

Ahondar en las semejanzas


El vómito se me viene al gaznate cuando los medios de comunicación hacen públicos todo tipo de estudios que miden el nivel de modernidad que ostenta el ciudadano medio. Votaciones, series televisivas, podcasts, programas de acogida… Todo nos hace creer lo bien educados y solidarios que somos gracias a ese empeño institucional que llega a todos los hogares subvencionado por BlackRock y Vanguard. ¡Tururú! Habría que poner cámaras ocultas en algunos patios de vecinos y constatar la hipocresía que llena la boca del lumpen…


- Ay, nena… Tendrías que ver a mi Jesus… ¡Qué buen chico! Es tan majo que tiene un amigo negro, otro moro y otro chino. No hay quien le gane en tolerancia y respeto…
- ¡Qué bien, Chari! Pos mi Yoni ahora se junta con el maricón de la clase y la orientadora ha decidido que le va a dar la medallica al alumno del mes. ¡Qué bien educao lo tengo…!
- ¡No nos falta de na’! ¡Qué afortunadas somos! Y esperemos que por mucho tiempo. Ojalá esa gentuza no les quite el trabajo a nuestros nenes…


Lo verdaderamente triste de un sentimiento que se generaliza entre la ingente masa, es que es ficticio. Porque, créanme, todavía no estamos preparados para hacer frente a esa sociedad plural que todos los progres del globo nos quieren vender, más que nada porque la envidia prima en este planeta y la solidaridad se vende como un reclamo más del capitalismo abyecto que nos consume.
El rechazo a lo diferente, a lo minoritario, es el pan de cada día. En la cola del supermercado, en el aula de 1º A y en las reuniones de trabajo, toparse con alguien extraño, siempre, en un primer instante, despierta un cierto recelo… Mientras tanto, las matrículas en los centros concertados suben como la espuma, los seguros en materia sanitaria aumentan exponencialmente y las diferencias entre centro y periferia se hacen más notables. Y quien diga que no, es sencillamente necio.
Si lo pensamos bien, muchos libros que tratan esta problemática, son demasiado explícitos y, en parte, también nos empujan a ahondar en las propias diferencias humanas (he aquí las paradojas de muchas lavativas cerebrales que nos ofrezcan en esa llamada esfera cultural). No obstante, a veces uno encuentra libritos multikulti (así los llaman los alemanes, pioneros en eso de lavarse los pecados tras cargarse a más de cinco millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial) que tienen un puntito de elegancia, se centran en las semejanzas y abordan este tema sin esa vis política que tanto gusta en estos círculos buenistas. Véanse aquí tres ejemplos.


Empezamos esta pequeña retahíla. Con estos pelos, un libro de Julia Talaga y Agata Krolak, la editorial Tutifruti se adentra en el universo del cabello para, de una manera ligeramente encubierta, proponernos un juego de observación en el que el pelaje de diferentes personas es la excusa perfecta para hablarnos de diferentes formas de ser y parecer.


Irene, Jeremías, Montse, Rebeca o Pedro son algunos de los personajes que protagonizan las pequeñas historias que se suceden en cada doble página y que nos presentan diferentes situaciones cotidianas en las que un pequeño microcosmos queda articulado por diferentes líneas discursivas que se compenetran en un álbum coral. Peinarse antes de ir al colegio, usar un gorro para nadar, un moño para bailar, imaginarse una cresta o lavarlo antes de irse a la cama son gestos y acciones que muchas personas pueden llevar a cabo independientemente de su procedencia o credo.


Como ya he dicho en otras ocasiones, yo hubiera prescindido del subtítulo y la perorata final de Aga Nuckowski. Me entusiasma la idea de que el lector se haga su propia composición de lugar utilizando las imágenes, un mosaico mental en el que conviven diferentes fisionomías y formas de ser y parecer. No obstante, también entiendo que la editorial haya tenido a bien respetar la edición primigenia. De todos modos, no pasa nada, pues el lector siempre puede hacer caso omiso de esta última doble página y disfrutar con sus apreciaciones con este gran libro.


Soledad Romero Mariño y Mariona Cabassa firman Somos, el segundo álbum de esta tanda y publicado por Juventud. En él y siguiendo la misma línea que el resto, se ahonda en la idea de que todos, independientemente de nuestro origen, compartimos un acervo común de circunstancias. Todos venimos de la unión de un óvulo y un espermatozoide, tenemos un cuerpo similar o nuestra fisiología es más o menos la misma. 


Acompañado de unas imágenes coloristas y muy simbólicas, el texto se articula con un juego tipográfico donde mayúsculas y minúsculas, negritas y letras normales nos van presentando una característica común a todos los seres humanos para desarrollarla más tarde gracias a ejemplos cercanos y sencillos.


Poético y simbólico, no solo se adentra en lo material, sino también lo que no vemos. Emociones, sentimientos, miedos y deseos también tienen su espacio en un libro positivista que con poca moralina (cosa que se agradece) nos habla de la especie humana en sus facetas más genéricas.


El penúltimo título de esta pequeña selección es un álbum de la editorial Gato Sueco que encontré por casualidad en una librería. Todo el mundo alguna vez... escrito e ilustrado por la finlandesa Liisa Kallio, se adentra en esas pequeñas cosas que compartimos los seres humanos y, a modo de hilo invisible, nos acercan los unos a los otros.


Adultos, ancianos y muchos niños llenan las páginas de este álbum con situaciones muy cercanas donde el juego, el estudio y los quehaceres cotidianos establecen escenarios para hablar de la soledad, la alegría, la frustración o la tristeza. Emociones y actividades que todos hemos experimentado y realizado en mayor o menor grado y que también nos permiten acercarnos a los que sienten como nosotros. 


Ilustraciones con mucho desenfado que utilizan ceras y lápices de colores para crear un buen puñado de personajes que son el vehículo (y el reflejo... ya saben que los libros son espejos... y también ventanas) de esa diversidad de sensaciones y estares que nos laceran a todos sin excepción. Y si no, vamos poniéndonos en situación para cuando nos toque, que seguro que nos llega la hora tarde o temprano.


Termino con Lo que nos hace humanos, el libro escrito por Víctor D. O. Santos e ilustrado por Anna Forlati que ha publicado La Maleta en colaboración con la Unesco y que sirve de portada a este pequeño post. De excelente factura, este libro que va en la línea de los anteriores, va paso a paso, desvelando poco a poco qué es eso que tan diferentes, pero tan iguales nos hace.


Con una mirada poética de gran calidad, el escritor de origen brasileño y la ilustradora italiana recurren al simbolismo y las metáforas para hilvanar, gracias a motivos como la torre de Babel, alusiones a las nuevas tecnologías y, sobre todo, las palabras, una defensa del lenguaje como elemento de unión entre razas y pueblos terrícolas. 


Si bien es cierto que en otros libros prescindiría de las consideraciones más o menos institucionales, en este caso pongo en valor el pequeño epílogo que aporta unas notas expositivas sobre la temática del libro, los autores y el fin de una publicación de este tipo, ya que, además de hacer de él un libro a caballo entre la ficción y la no ficción, da pie a una continuidad en otros contextos, sean estos académicos o no.

P.S.: ¡Se me olvidaba! Estos cuatro títulos pueden enlazar perfectamente con otros dos que ya reseñé AQUÍ ¡Échales un ojo porque merecen mucho la pena!

miércoles, 31 de enero de 2024

Acabar y empezar


Parecía que enero no iba a terminar nunca, pero mira por donde le decimos adiós. Es lo que tiene el calendario, que van cayendo las hojas y no vuelven a brotar. Una suerte de árbol que siempre mira hacia delante y nunca hacia atrás. Cosas del tiempo, esa paradoja.
Los años, los días, las horas son como cada uno se las toma. Los hay que se instalan en el pasado, alimentados por la nostalgia, cebados por lo que han dejado. Otros viven el presente, el aquí y el ahora, como si el ayer y el mañana se hubieran esfumado. Los terceros echan mano de agenda y viajan al futuro con sus metas y deseos. ¿Quiénes son los más acertados?


A pesar de encontrarme en el último grupo, siempre he creído que los segundos afrontan el tiempo con más cautela, con cierto sosiego. Caminan plácidamente sobre sus ocupaciones, no ven frustrados sus planes ni sueños y se alejan de recuerdos, traumas y miedos enquistados.
Que las manecillas del reloj son muy traicioneras porque puedes caer en la conmiseración, el victimismo, la decepción o el desencanto muy fácilmente. Cada uno somos lo que vivimos y si te desligas del momento, bien por exceso, bien por defecto, los minutos corren y no los recuperas.


Que no se te vaya el santo al cielo pensando en los recreos solitarios, los cumpleaños tristes, las discusiones fraternales o los besos no correspondidos. Tampoco pretendas ganar el Nobel, tener una familia perfecta o dar la vuelta al mundo. Disfruta de esta pequeña reseña y tiempo al tiempo.


Fíjate en mí, acabo de leer El tiempo es una flor, un álbum de la canadiense Julie Morstad publicado por la editorial Juventud, y no he podido ni esperar un minuto para reseñarlo, pues se interna en ese concepto del tiempo desde un prisma enriquecedor y muy poético. Otra visión distinta a la mía que seguro te endulza el instante.


La vida de una flor, la transformación que sufre una montaña, una puesta de sol, cómo cambian nuestras facciones conforme crecemos o los álbumes de fotos simbolizan el devenir del tiempo desde diferentes perspectivas que pueden servir para ilustrar a pequeños y grandes lectores.


En él, la autora, haciendo gala de una mirada tan elegante como sutil, despliega un amplio abanico de recursos narrativos para explicarnos las múltiples facetas del tiempo, tan subjetivas, como inspiradoras. Movimientos seriados (la ilustración de la tapa y la contratapa es deliciosa), viñetas secuenciales, el reflejo cambiante sobre las gafas de sol o las luces y sombras que se producen en el interior de nuestros hogares son ideales para abordar un tema que a muchos les resulta peliagudo.
Mañana empieza febrero, el mes que menos me gusta del año. Lo tomare con calma. Sin pensar en lo que fue. Tampoco en lo que será. Tan solo en dejarme llevar.

miércoles, 25 de octubre de 2023

¡Todos a la cama!


Por si acaso no se han fijado, existen montones de rituales que los seres humanos desarrollamos antes de meternos en la cama, una cuestión que empezó a llamarme la atención cuando empecé a compartir piso y viajar con diferentes personas hace muchos años.


Unos gustan de rezar a los pies de la cama, otros leen un libro (y se quedan durmiendo en la primera página), la de más allá prefiere untarse diligentemente la cara con todo tipo de cremas anti-edad, hay gente que necesita quemar un poco de incienso y meditar sobre la paz mundial, y los que se dan un buen masaje de pies después de pasar el día sobre unos tacones de quince centímetros.


Recuerdo que, siendo un niño, lo más importante era cenar temprano, terminar de hacer las tareas pendientes, preparar la mochila para la mañana siguiente (que siempre se nos olvidan cosas importantes) y meterse pronto en la cama (que en mi casa solo había una tele sobre la que mandaba mi padre).


Ahora ya, estoy tan contaminado como el resto de los mortales occidentales y soy capaz de pasarme las horas con la pantalla de la televisión, el ordenador o el móvil, correr media maratón a las 10 de la noche o zamparme media despensa momentos antes de irme al sobre. Unas costumbres mucho peores.


Y si sus hábitos son parecidos a los míos, llega el momento de sumergirnos en unos cuantos libros en los que inspirar nuestras costumbres nocturnas. Les recuerdo que al ser un tema muy recurrente en la Literatura Infantil, ya lo he tratado en todos los libros incluidos en la etiqueta Álbumes y buenas noches, así como en otras pequeñas selecciones como esta o esta otra. ¡No se las pierdan e inspírense!


Empezamos con Todos a dormir, un álbum con texto de la gran Astrid Lindgren e ilustraciones de Marit Törnqvist que nos regala este otoño Niño Editor. En él se nos presenta una visión poética de los momentos previos al sueño.


El cielo cambia de color y los tonos cálidos del crepúsculo se abaten sobre la granja. El niño ya está en la cama pero su gato decide hacer la última ronda antes de que el sol se oculte en el horizonte. Los terneros, los potros, los cerdos y los corderos, todos se disponen a descansar. También los animales del bosque, los pájaros sobre la copa de los árboles. El silencio y la oscuridad lo embriagan todo en un viaje misterioso hacia la tierra de Morfeo.


Con imágenes de colores vibrantes y juegos luminosos, esta invitación al sosiego y a la calma se llena de detalles en los que sumergirse momentos antes de cerrar los ojos. Un recorrido por ese mundo rural que tanto defendería Astrid Lindgren en sus obras.


Seguimos con Buenas noches, Cangrejo, un álbum de Marianna Coppo y editado por Juventud con el que les auguro muy buenos ratos. Pez y Cangrejo son amigos y viven en una pecera. Llega la noche y, como el resto de habitantes, se van a la cama. Pero cuando se disponen a dormir, un miedo se adueña de Pez. Cangrejo le pide que vomite todo lo que no le deja pegar ojo y así podrá dormir tranquilo.


En clave de humor y muy bien pensado, este libro no solo se adentra en el universo del insomnio más inerte y tortuoso, sino en esas personalidades un tanto obsesivas con las que algunas personas sacan de quicio su propia existencia y las de los demás. Miedos infundados, pensamientos recurrentes e ideas inverosímiles se dan la mano en una conversación nocturna que nos arranca más de una carcajada.


Con mucha imaginación, una caracterización de los personajes deliciosa (recuerdan a las eternas parejas de la alta comedia), unas guardas estupendas y algún recurso narrativo del mundo del cómic, corran a hacerse con él porque sé que se convertirá en el libro favorito de muchas familias.


Apuntamos otro álbum que, si bien ha pasado bastante desapercibido en nuestro país, es tan elegante y preciosista que merece un espacio en esta pequeña selección. Gaspar en la noche, un libro escrito e ilustrado por Seng Soun Ratanavanh y editado por Pijama Books nos acerca a las peripecias de un niño que siente cierta animadversión a la oscuridad nocturna.


A Gaspar le asusta, le molesta la noche, ese espacio solitario y desconocido que a veces nos hace sentir incómodos e indefensos. Después de leer un libro, Gaspar se va a la cama azorado e intranquilo, cuando de repente, descubre a una pequeña ratoncita debajo de la cama. Ni corta ni perezosa, decide hacerle un tour guiado por las diferentes estancias de la casa, presentándole a otros habitantes como el topo, el conejo, el pingüino o el panda que también compartirán experiencias, perspectivas y miedos con él. 


En consonancia con otros libros suyos como Espera, Miyuki o Mi isla, la autora francesa nacida en Laos nos invita a borrar los límites entre el interior y el exterior, lo artificial y lo natural, para bucear en un universo lleno de metáforas visuales donde plantas, animales y diferentes ecosistemas invaden habitaciones aparentemente inertes y nos ayudan a explorar el mundo que nos pertenece desde una amalgama enriquecida de saberes y estares. Contrastes entre color y oscuridad, juegos de luces y sombras (¿Han visto quiénes se esconden en ellas?), sugerentes geometrías y composiciones muy estudiadas, convierten cada doble página en estampas evocadoras aptas para todas las miradas. 


Gaspar en la noche, no solo es un álbum para invitar al sueño o enfrentarse al miedo nocturno, sino que es un alegato a la imaginación y su poder, al mismo tiempo que constituye una invitación al redescubrimiento de los lugares cotidianos como las estancias de nuestros hogares, su mobiliario o los objetos que atesoramos. Pero sobre todo, es un canto a la amistad desde un punto de vista onírico y delicado, un valor humano sin el que a veces no podemos hacer frente a la adversidad.


La cuarta sugerencia sobre libros con los que irse a dormir es El sueño perdido, el nuevo álbum de Anete Melece, autora de El kiosco, que ha publicado en nuestro país Libros del Zorro Rojo para disfrute de todos aquellos que gusten de un poco de humor y fantasía.


A llegado la hora de dormir y Estela y su padre se dirigen a la cama mientras mamá se queda trabajando. Estela y su padre acaban de leer nueve cuentos y nadie sabe porqué no se queda dormida. Todo es un poco raro. Quizá sea falta de sueño. Su padre llama a la empresa que lo suministra y les pide un poco. El encargado dice que no es posible porque hace rato que ya enviaron una buena dosis. ¿Qué habrá pasado entonces con el sueño de Estela? ¿Quién lo habrá recibido? No pasa nada. Gracias a la ayuda de Hippo y Flamenco, conseguirán dar con su sueño perdido.


La autora letona vuelve a hacer gala de sus ocurrencias y nos presenta una historia llena de intriga donde el surrealismo está servido gracias a un elenco de secundarios más que divertidos. Juguetes que hablan y otros que se quedan dormidos participan en una acción llena de puntos simpáticos que nos invitan a imaginar nuestra propia historia.


En este recorrido muy casero (de la cama a la nevera y de la nevera al fregadero), prestamos atención a los detalles que se nos presentan en un libro que mezcla elementos del álbum y el cómic y que, irremediablemente recuerda a otras historias como el ¿Entonces? de Kitty Crowther. No se pierdan el final porque es la guinda de esta tarta familiar.


Hora de soñar, un álbum de Concha Pasamar y la editorial madrileña Bookolia, es otra de esas creaciones en las que nos sumergimos en el ritual fantástico que se desarrolla en cada familia antes de irnos a dormir.


Tomando como excusa la fiesta de la lectura que muchos progenitores establecen con sus vástagos en esos instantes previos, la autora navarra nos invita a participar de una fábula en la que madre  e hijo se preparan para sumergirse en el mundo de los sueños.

[...]
Pero hay ciertas normas,
hay cierto patrón:
un vaso de leche
o una canción,
ahuecar la cama,
arrullos de amor...
    Dime de estas cosas,
    ¿cuál es la mejor?
[...]

A golpe de rima y verso, el libro en cuestión tiene tres lecturas. La verbal, la iconográfica y esa lectura emergente entre ambos lenguajes. Por eso hay que abrir bien los ojos y no perder detalles que nos conduzcan a ellas.


El papel de las paredes (¿Ven quienes protagonizan la escena que se repite una y otra vez en el papel pintado de la habitación? ¿Tienen algo que ver con el libro que lee el niño? ¿Y con las sombras chinescas que se proyectan sobre la pared?), una merienda que recuerda a otras meriendas de libro (yo he visto a la Alicia de Carroll, ¿Y ustedes?), personajes que se esconden detrás de las puertas, y el bosque, ese bosque donde se pierden cuentos e imaginación, son el mejor acicate para un libro lleno de sueños.


Nos acercamos a otro libro para dar las buenas noches ambientado en el atardecer, un momento muy propicio para marcharse a casa, comer algo y meterse en la cama. Pero antes, Cuando el sol se marcha, es necesario acudir a ver como se esconde detrás de las montañas, un ritual que Alicia Acosta y Mar Ferrero nos traen en este álbum en formato boardbook editado por NubeOcho.


El sol empieza a caer y todos los críos están deseando disfrutar del espectáculo. Por ello urgen a sus padres para no llegar tarde al evento. El elefante, la jirafa, el tigre, el loro o el rinoceronte meten prisa a sus padres, madres y abuelos con tal de ver los reflejos de los últimos rayos sobre el cielo, para después disfrutar de las sábanas felices y contentos.


Animales, medios de transporte y diversidad familiar son algunos de los puntos a favor de una historia cotidiana que está enmarcada en un universo selvático lleno de colores cálidos, paisajes evocadores y mucho amor familiar.


Seguimos con ¡Un beso de buenas noches!, un álbum para primeros lectores de Amy Hest y Anita Jeram editado por Kókinos. En él y como en otros muchos libros de esta categoría, nos encontramos con Sam, un osito, y su madre. Afuera cae la noche. Está oscuro y lluvioso y llega la hora de dormir. 


Sam se mete en la cama y su madre le pregunta que si está listo. Sam responde que no, quiere leer su libro favorito. Mamá osa lo arropa y le pregunta después de la lectura si está listo ya. Sam dice que no y su madre le prepara un vaso de leche. Pero Sam tampoco está preparado después de bebérsela. ¿Cuándo estará todo en orden para que Sam cierre los ojos? 


Con una historia sobre las pequeñas rutinas cotidianas, las autoras crean una pequeña fábula costumbrista protagonizada por osos (ya saben que tengo una selección de libros protagonizados por estos animales) que, bebiendo de la estructura de sketch, cierta melancolía (la ambientación en la noche lluviosa me encanta) y recursos muy efectivos, como las onomatopeyas o las fórmulas repetitivas, logran captar la atención de prelectores y lectores en torno a la lectura en voz alta.


Le llega el turno a Diez en la cama, un libro de Katrina Charman y Guilherme Karsten publicado por la editorial Combel. El león, la vaca, el perro, el gato, el oso, la oveja, el pato, el perezoso, la serpiente y la gallina. Diez animales se disponen a dormir en la misma cama. Arropados y con la luz apagada, se disponen a dormir, pero, de repente, gira que te gira, el león se cae de la cama. A este le sigue la vaca y, sucesivamente ¿caerán todos? 
 

Este álbum aritmético (el lector cuenta del 10 al 1), además de jugar con las onomatopeyas y la zoología (un clásico básico en los libros para niños), desarrolla lo interactivo gracias a unas páginas que van disminuyendo en tamaño para crear movimiento y nuevos escenarios donde el espacio y el tiempo se alternan en la secuenciación del libro sumativo.


Un libro casi circular, sin desperdicio y con un final tierno y sorprendente que seguro les hace pasar muy buenos momentos. Sobre todo si son de esos lectores que, con tanto moverse entre las sábanas, acaban en el suelo.