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viernes, 2 de enero de 2026

Un año lleno de posibilidades


El comienzo del año siempre se carga de muchas sensaciones. Unas veces brilla la esperanza y otras nos aferramos la nostalgia. El miedo se cuela por las rendijas y la incertidumbre pesa en ciertos momentos. Ilusionados, reflexivos, contradictorios o cercanos. Mil y una sensaciones tapizan el camino y nosotros seguimos hacia delante (o no...).
Se abre una puerta. Espacio y tiempo que ocupar. Montones de opciones que nos invitan a lo posible desde lo imposible. Es lo que tiene el mundo. Deambular e imaginar. Dejarnos llevar sin mucho tino. Así descubrimos los que se esconde en las hojas del bosque, en la caricia de un erizo y en las noches que llenan los cuentos (¿o es al revés?).
Palabra a palabra, letra a letra, exploramos las posibilidades de lo venidero. Un sinfín de conjeturas y divertimentos que nos devuelven al pasado y nos transportan a los meses futuros. Y si no saben a qué me refiero, les invito a abrir las páginas de este tablero que, a modo de abecedario ilustrado y juego geométrico, deja escapar veintisiete historias mínimas pero muy inspiradoras. Léanlo y después me cuentan los relatos que les habitarán este año.


Nn

Leer un cuento, apagar la luz y llenar de noche cada rincón de la casa.


Qq

Hay palabras que, al leerlas, abren las alas y sobrevuelan los verdes de Mesoamérica sin advertir las largas y absurdas líneas de las fronteras.


Rr

Los animales se asustan, los pájaros se escapan volando. El rábano ya no se alimenta de agua, se ha vuelto carnívoro.

Joan Rioné.
En: Tablero natural de la A a la Z.
Ilustraciones de Paul Farrell.
2025. Barcelona: Yekibud.

lunes, 9 de junio de 2025

Cuestión de tamaño



Con el tamaño siempre hay debate. Y si no que se lo digan a mis alumnos, expertos en cuantificaciones de todo tipo. Y eso que los profesores de matemáticas viven empeñados en explicar las abstracciones que se amontonan en sus cuadernos. Pero ellos, erre que erre, y yo, hablando de calidades y otras cuestiones más subjetivas.
¿Es más inteligente quien obtiene calificaciones más elevadas? ¿Una persona de gran tamaño se defiende mejor frente a un ataque? ¿Un pecho más grande implica una mayor capacidad para producir leche durante la maternidad? ¿Por qué muchos artistas llegan a la fama gracia a obras de enorme tamaño?


Yo les digo que, este caso, perspectiva y comparativa son fundamentales. Así, los pintores consiguen que un mismo objeto parezca de tamaño diferente sobre un fondo claro y otro oscuro, y los fotógrafos juegan con la luz y la profundidad para engrandecer o empequeñecer las cosas. Ellos se ríen, cambian de tercio y empiezan a hablarme de pornografía, penes y centímetros, mientras yo desisto con la cabeza y alzo la regla con la mano.


Para terminar, zanjo el debate sobre la relatividad del tamaño, apelando a los físicos, unos expertos en esto del juego y la realidad, y que dándoles a las neuronas nos han regaladao paradojas como la de Aristóteles, la de Banach-Tarski, la de Ban-Frassen y la de Hausdorff, cuatro maneras de sacarnos locos al resto de los mortales con el tema dimensional.
Y por si no lo han adivinado, hoy tocan tres libros que se centran en cuestiones de tamaño.


Empezamos con El gigante misterioso, un álbum de Lorenzo Coltellacci y Lorenzo Sangió editado por Kókinos esta primavera. En él se recoge la historia de un gigante muy peludo que visita el pueblo durante la noche. Le encanta mover los bancos y apilarlos unos sobre otros, cambiar los tejados de sitio o patinar con coches atados en los pies. Cuando hace calor, se baña en el lago y se divierte con las barcas. ¿Qué gigante tan extraño? ¿Le pasará algo?


Tonos azules y amarillos que nos hablan de un universo oscuro en el que se reflejan las luces tenues de las farolas y los candiles, el atardecer y también el amanecer en el que los habitantes descubren los cambios que experimenta su entorno cada vez que el protagonista se acerca al pueblo.


Además de ser un libro que se presta a una lectura nocturna que invita a la imaginación a colarse entre las sábanas y los sueños que se llenan de gigantes curiosos y juguetones, es una oda a la infancia vista desde otra perspectiva: la de la gran escala.


Seguimos con Gigante enano y Enano gigante, un álbum de Werner Holzwarth y Roger Olmos que publicó Takatuka hace unos meses. Una nueva criatura va a nacer en Gigantolandia y todos esperan un bebé de grandes dimensiones. Pero la sorpresa llega cuando el crío en cuestión es canijo, una decepción para todo un pueblo que se desentiende de lo minúsculo. Algo parecido sucede en Enanolandia, otra región habitada por enanos que sufren otro revés monumental cuando ve la luz un enano tan grande como un gigante. Desde bien pequeños, uno y otro sufren una gran presión social, intentando en vano cambiar su propia naturaleza. Y como no hay nada que hacer, ambos son desterrados.


El autor de libros como El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza nos trae una historia con sabor a cuento tradicional que conjuga recursos lingüísticos muy interesantes como la contraposición entre vocales abiertas y cerradas (los gigantes solo utilizan la o mientras que los enanos la i), con otros visuales repletos de comicidad (fíjense en esos protagonistas tan tiernos como grotescos), donde caben muchas interpretaciones.


Crítica social, aceptación propia y ajena, el sentimiento de pertenencia, el rechazo a lo diferente, el reconocimiento entre iguales, metáforas desbordantes o tiernas paradojas habitan un relato sencillo a la par que humano. Seguro que cada lector encuentra su camino.


El penúltimo libro sobre cuestiones de tamaño es La fiesta de grillo, un libro de Rodrigo Mattioli y Joan Negrescolor publicado recientemente por Ekaré. Mañana es el cumpleaños de grillo y decide organizar una fiesta y celebrarlo en compañía de sus amigos. Su madre, precavida como todas, le advierte que la casa es muy pequeña y que debe procurar invitar a gente de más o menos su tamaño. Grillo, entusiasmado, corre a decírselo a su amiga la libélula que, avisada del condicionante, inicia una cadena de invitaciones donde el tamaño relativo y las apreciaciones personales ocasionarán un problema final. ¿Lograrán solucionarlo?



Con un lenguaje visual colorista y muy sugerente, esta fábula selvática con forma de cuento acumulativo nos invita a reflexionar sobre los marcos de referencia (las escalas difieren dependiendo del observador, por eso los de ciencias, obsesionados con la realidad, nos pirramos por los sistemas de medida y nos alejamos de lo relativo) al tiempo que nos habla de la amistad en un contexto donde inclusión y exclusión son las caras de una misma moneda (¿Y cuando no, tratándose del ojo humano?).


Grillos, batracios, hipopótamos, elefantes y un sinfín de animales que se van haciendo más y más grandes conforme pasamos las páginas, consiguen que el espectador se replantee su cosmovisión y acerque la mirada a la gran cantidad de posibilidades que alberga la naturaleza, sin olvidar que siempre hay soluciones que nos acerquen a todos en vez de distanciarnos.


El punto y final lo damos con Pere Juan y Noemí Batllorí. El animal más grande del mundo es un álbum publicado hace unos años por Yekibud. Con el subtítulo de Una cuestión de tamaño, este librito encuadernado en rústica (¡Cómo me encanta la tapa blanda!) nos cuenta la historia de una hormiga que, centrándose en su existencia, decide que ella es el animal más grande del mundo. Todo es una cuestión de perspectiva, pues, anda que te anda, empieza a toparse con otros animales que la superan en tamaño. La rana, el gato o el caballo van enriqueciendo este relato un tanto anidado que nos presenta conceptos y una historia de amistad.


Con tipografía en mayúsculas, el texto recuerda a una fábula clásica que queda un tanto huérfana de moralina gracias a un acertado final en el que la amistad se hace superlativa. Las ilustraciones (creo) han cobrado vida gracias a una técnica digital que recuerda a un híbrido entre el estampado y el collage, para dibujar formas planas que una veces crean escenas de óptica variada y otras se transforman en onomatopeyas que siempre ayudan en esto de la lectura en voz alta.


Un libro muy elegante en el que los animales ayudan a comprender el concepto dimensional gracias a la comparativa que establecen los primeros lectores gracias a sus conocimientos directos y/o indirectos (no creo que muchos hayan visto una ballena…).

viernes, 21 de junio de 2024

Hogares que son bosques


Se aventura el final de curso y toca darle una vuelta a la casa. Después del recogimiento de esos meses que han quedado atrás, empezamos a aventar nuestros hogares. Lavamos las cortinas y los edredones, quitamos el polvo, cambiamos la ropa de los armarios, sacamos brillo a los azulejos, guardamos los abrigos, limpiamos ventanas y persianas, abonamos las plantas y le damos una mano de pintura a manchas y desconchones. Una suerte de ritual que se repite cada año y nos prepara para el estiaje desde la frescura que se respira en una casa limpia y ordenada. Un espacio que, a modo de bosque umbroso, nos acoge en ese largo paréntesis que es el verano.


Ya llegará el otoño y caerán las hojas. Ya llegará el invierno con su manto blanco. Respiremos ahora en mitad de la calma, cojamos aliento para lo venidero. Detengámonos a escuchar el susurro de lo acontecido. Démonos un respiro. Reposemos sin recelo. Siempre tranquilos.

La flor de la maceta
dentro de casa, muy quieta.
Sueña cada mañana
con volver a ser montaña.

***

La partitura del verano
la teje la araña,
la interpretan chicharras,
los sapos y ranas,
la voz de los grillos
e intensas urracas.

Yo solo cierro los ojos
y escucho desde mi ventana:
teje la araña, teje
y la vida canta, canta.

Mar Benegas.
En: Para decir un bosque.
Fotografías de Ima Garmendia.
Ilustraciones de Laura Borràs.
2024. Barcelona: Yekibud.


lunes, 8 de abril de 2024

Filosofía de vida


Si la higiene, el deporte, el sueño o la lectura son importantes en esta época que nos ha tocado vivir, también lo es la filosofía con la que nos tomemos los días. A pesar de lo que muchos odian esta asignatura de la educación secundaria, parece ser que no es para tomársela a guasa (la tónica general en este país de pandereta).
Es cierto que los comentarios de texto sobre el mito de la caverna de Platón o el superhombre de Nietzsche son todo un despropósito (sobre todo cuando lo que te va es Bad Bunny o Karol G). Y si hablamos de Kant o Hume, más de uno preferirá recoger ajos, que al menos te pones moreno. Sin embargo, eso de pensar es más útil de lo que creemos.


Pensando se puede llegar muy lejos. Podemos sopesar las consecuencias de nuestras acciones, podemos ayudar a los demás e incluso ahorrarnos un pico en la cesta de la compra. Acudir como participante a los concursos televisivos, urdir una estrategia para llevarnos de calle a quien nos gusta o ganar el partido final de la liga. Si pensamos, y además lo hacemos bien, la vida nos puede sonreír.


No todo es tan bonito en la difícil tarea de darle al coco, pues a veces se sufre más de la cuenta con tanto darle a la manivela. Lo negativo se apodera de nuestra mente y no damos pie con bola. Frustraciones, miedos, complejos, traumas, momentos difíciles… Todo eso y mucho más nos obliga a pensar en la dirección equivocada. A veces los tontos viven mejor. Dejarse llevar también es muy buena opción.


Lo mejor de todo es que, decidas lo que decidas, tus pensamientos, si sabes como llevarlos, siempre te hacen caso. Lo mejor es entrenarlos y utilizarlos positivamente. Y cuando se pongan tontos y no atiendan a razones, sentarlos en el banquillo el rato que creamos oportuno y dedicar nuestro tiempo a tareas que no requieran demasiada concentración ni albedrío neuronal.


Y hablando de pensamientos, acaban de llegar a nuestro país Filonimal, una colección muy filosófica que ningún monstruo se debe perder. El cuervo de Epicteto y El puercoespín de Schopenhauer, La mariposa de Chuang Tzu y El Lagarto de Heidegger son las cuatro primeras historias de esta serie protagonizada por animales que filosofan sin cesar. Escritos por Alice Brière-Haquet e ilustrados por varios artistas, estos libritos (me encanta esa correlación entre su tamaño y la profundidad) aterrizan en las estanterías gracias a la editorial Yekibud.
El primer título ilustrado por Olivier Philipponneau, nos cuenta la historia de un puercoespín, bueno, de muchos. De cómo se buscan, se encuentran, se acercan y, finalmente, de cómo se evitan. Se parecen a las personas, que quieren vivir juntos, pero no revueltos. Cada uno tenemos nuestro espacio, intentamos no molestar al vecino y vivir en paz, pero a veces eso es inevitable… ¿Terminarán los puercoespines viviendo en sociedad?


Csil ilustra el segundo libro. En él, un cuervo grazna y todo el mundo empieza a hacer conjeturas sobre lo que augura. ¿Querrá anunciarnos algo bueno o algún desastre? ¿Será un enviado de los dioses? ¿Seremos más o menos felices? A saber… Por ello es mejor enfrentarse a los días con la mejor de las sonrisas, que al fin y al cabo eso es el estoicismo.


Ilustrada por Raphaële Enjary, la siguiente fábula se centra en el dilema realidad-ficción gracias a la mariposa que aletea en el sueño de Chuang Tzu. Mientras duerme, se siente mariposa que flota en el aire, pero cuando despierta, se encuentra con sus pies en la tierra. ¿Quién es? ¿La mariposa o el hombre? Es curioso como se pueden confundir las sensaciones...


Con imágenes realizadas por Sophie Vissière, El lagarto de Heidegger nos habla de la conexión que existe entre todos los elementos que configuran el universo, relaciones casuales que por unas razones u otras, coexisten en un mismo lapso espacio temporal. Una curiosa metáfora de cómo un lagarto, una piedra, un niño y el sol funcionan al mismo (o distinto, según se mire) son.
Aptos para todos los públicos, les aseguro que no les van a decepcionar estas pequeñas y hondas fábulas, que, lejos de la pedagogía, intentar interpelarnos. Para mí han supuesto un hallazgo, no solo en lo que se refiere a la materialidad del libro (vean el troquel de la portada, el tipo de papel o el uso de las tintas), sino a ese ser que vive en mí y que se debate a diario con sus propias circunstancias y pensamientos. Espero que para ustedes supongan, si no lo mismo, algo parecido.

martes, 8 de febrero de 2022

Una simbiosis artística


Aunque febrero está aquí, todavía se pueden plantear una New Year resolution, o en cristiano, un propósito para este 2022. A más de uno le habrá dado por el yoga, el crochet o el alemán. Pero yo prefiero decantarme por la pintura.
Con tanto inglés, tanto deporte, tanta pandemia, tanto blog, tanta red social y tanta hostia, no me queda ni un minuto para darle rienda suelta a mi faceta más artística. Hace unos años me concedía la mañana del sábado para coger los pinceles y practicar, pero de un tiempo a esta parte, naranjas de la China.


No les voy a decir que un servidor sea un artista disciplinado. De eso nada. Regalos, algún encargo, ilustraciones o simples ejercicios han sido los acicates en esta intermitente carrera como aficionado. Cualquier excusa ha sido buena para empujarme a esto del dibujo. Eso sí, también diré que soy bastante terco, y cuando decido pintar algo, me gusta acabarlo.
También soy bastante perfeccionista, como mi madre. Ella siempre ha creído que ese “don del dibujo” (como dice ella) lo he heredado de mi padre. Yo no estoy muy de acuerdo, pues más vale paciencia y constancia, que fiarse de talentos y habilidades (prueba de ello son algunos de los platos con los que nos suele “deleitar” el buen hombre…).


Prueba y error, prueba y error… Muchas cuestiones de la vida giran en torno a ese matrimonio de vocablos, pero también es cierto que en cada disciplina hay un puntito de magia que nos aproxima a la excelencia, y en esto del arte, tiene que ver con el estilo, ese algo innato, especial y diferente que también hay que saber cultivar.
Sí, mi madre es incapaz de dibujar un monigote pero hace otras cosas la mar de bien, como por ejemplo, bordar, algo que a mí, personalmente, me costaría horrores. Es por ello que admiro a todas las que, con hilo y aguja son capaces de engalanar cualquier bastidor y prenda de vestir.


Algo parecido debió pensar Miguel Ángel Pérez Arteaga cuando vio por primera vez los bordados de Práscedes Alastuey, la hermana de su bisabuela. Unas pequeñas obras de arte que colgaban de un marco sobre las paredes de la casa del pueblo desde hace décadas y que le inspiraron para contar una bonita historia en su álbum Me gusta dibujar que fue publicado hace unos meses por la editorial Yekibud.
Cuenta el autor que fueron hechos en 1898 y que mientras contemplaba un día aquellas letras, personajes y motivos de toda condición, empezó a brotar en su imaginación una historia donde, tomando como hilo conductor aquellas puntadas de colores, podían encontrarse dos familiares con inquietudes artísticas que habían sido cuyas vidas había separado más de un siglo.


Una vez más el autor maño nos vuelve a sorprender echando mano del diseño tipográfico, la fotografía y las técnicas tradicionales (en este caso el bordado) para aupar un álbum pequeñito donde conviven en perfecta simbiosis dos perspectivas artísticas diferentes a base de cuento sumativo y narrativa casi circular. Y de paso rinde un homenaje a todas aquellas personas que, como Práscedes, dedican parte de su tiempo a darle forma a sus ideas como mejor les parece.
Un canto a la tradición y la creatividad desde una visión compartida de la belleza que nos rodea.


viernes, 1 de octubre de 2021

Disfrutar de las palabras


Una de las conversaciones (y discusiones) favoritas del Camino se centraba en la capacidad que tiene la lengua de permanecer viva entre los hablantes, qué hace que esto suceda y si las lenguas que se han recuperado por intereses políticos serían capaces de permanecer vivas. Las opiniones eran de lo más variopintas. Todos acordábamos que preservar un acervo cultural estaba de puta madre, pero se abría cierto debate sobre las limitaciones comunicativas de las lenguas minoritarias, lo artificioso de las lenguas normativas -véase el euskera batúa-, sobre la necesidad de subvencionarlas e imponerlas para conservarlas, y sobre la poca trascendencia que ciertas lenguas que se mantenían en el uso privado habían tenido sobre el ámbito público a pesar de ser de obligado uso.
En estas yo me puse a mirar a un lado y otro de la senda para disfrutar de la vegetación norteña. Montones de helechos, brezos y labiadas. Cogí una muestra al azar y no sé quién me preguntó el nombre científico. Todos pusieron cara de tontos al oír el latinajo. Prueba evidente de que hasta las grandes lenguas se esfuman como la niebla.
No se lo piensen. Disfruten de todos los idiomas que puedan. En forma de palabras de amor, de discusiones interesantes, reuniones divertidas, refranes, trabalenguas, y montones de dichos populares como los que hoy nos amenizan en forma de versos más que elegantes.


Yo sé algo que tú no sabes.
tú no sabes que yo sé algo.
Algo que tú no sabes yo sé.

¿Ah, sí?

Un pajarito me lo contó.
Me lo contó un pajarito.
Un pajarito contómelo.

***

Babia,
ese lugar
del firmamento
al que solo se va
con el pensamiento.

Fran Nuño
Me lo ha dicho un pajarito y Estar en Babia.
En: Del dicho al verso. Divertimento poético con frases populares.
Ilustraciones de Jan Barceló.
2020. Barcelona: Yekibud Editores.



lunes, 27 de septiembre de 2021

Un alfabeto hermoso y una pregunta para darle al coco


Aparte de agendas escolares y todo tipo de material de oficina (creo que las papelerías son uno de esos vicios que comparten muchos docentes), los maestros empiezan a aprovisionarse de todo tipo de recursos para desarrollar en las programaciones didácticas del curso que empieza.
Fichas descargables, fotocopias, ideas antiguas con una vuelta de tuerca… Cualquier cosa es susceptible para desarrollar un contenido, un procedimiento o una actitud (o como los quiera llamar la ley de turno), algo que siempre se agradece teniendo en cuenta que detrás de cada propuesta siempre hay cierto trabajo que, por mínimo que sea, merece un respeto.


Cuando llega esta época y sobre este tema, siempre me asalta la misma pregunta: ¿Y dónde queda el libro literario como recurso educativo? 
A veces me respondo que donde tiene que estar, en las estanterías, que para eso las compró la administración de turno. 
Otras me digo “Román, que un libro es una cosa muy seria para transformarla en un recurso”. 
Las menos me acuerdo de los buenos maestros que conozco y, haciendo alarde de optimismo, siento que el libro está ahí, que habla cuando le toca por las voces de unos y otros, e incluso hay quien se lo lleva a su casa para leérselo a los que ya no van a la escuela.
Disfrutón, didáctico, silencioso… Lo importante es que el libro infantil esté y no pase a ser invisible, que muchas veces es lo que sucede en ese maremágnum pedagógico en el que se ha convertido la escuela.



Para que vayan tomando nota de títulos más que interesantes, no solo como recurso, sino como divertimento (que ya saben que es lo que más me gusta de un buen libro), les dejo Un árbol crece y nadie le pregunta por qué, un álbum de Eugénio Roda y Cecilia Afonso Esteves que publicó hace meses la editorial Yekibud.
Y es que este álbum nos acerca al universo de los abecedarios desde un prisma muy especial en el que grafismo y lirismo se dan la mano para despertar nuestro lado más juguetón y reflexivo, más obvio y poético.


Partiendo del llamado alfabeto del ser, los autores de esta delicada y potente creación nos proponen un buen puñado de definiciones que, acompañadas de otros tantos aforismos, nos sumergen en una cotidianidad repleta de belleza. 
Palabras como “memoria” “quién” o “indecisión” se van sucediendo en una suerte de juego interactivo en el que el libro propone y el lector dispone. 
Mención aparte para unas ilustraciones bien pensadas y ejecutadas donde el color azul y las aves son una constante que invitan a la calma, pero también al vuelo, sobre todo imaginativo.
Y así se aprende pero también se desaprende, porque no todo en la vida se mira desde el mismo ángulo, ni mucho menos con los mismos ojos.