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viernes, 17 de abril de 2026

Habitando entre sombras


El calendario se deshoja. Los días pasan y el sol se eleva. La temperatura sube y la tarde se alarga mientras las sombras se acortan. Proyectadas bajo las copas de los árboles se anuncian como refugio de la densa calima. Ese remanso en el que rendirse al cansancio vespertino. La sombra. Sinónimo de siesta, también de sobremesa. De abrigo y cobijo. De paz y tregua.


Hay sombras que ventean y otras que aventan. Sombras que titilan, que se esparcen y balancean. Las sombras adoptan mil formas. Las hay que amparan y otras que aterran. Incluso la sombra propia, que acompaña silenciosa, que cae en el olvido, que aparece de repente, que se va por sorpresa. Cuando la luz se alza en mitad del verano, sobre el cénit de las cosas.


No es de extrañar que les dediquen libros enteros, extensos poemas y muchas loas. He aquí uno de estos. Uno pequeño, que a modo de carpeta, la guarda con cariño durante el día y la noche. Se abre, se cierra y, entre las hojas, queda quieta o se despierta. Porque así son las sombras: juegan y juegan.

[…]

Se mete en la cama
si yo me constipo
y el pecho le brinca
si a mí me entra el hipo.

Mi sombra me sigue
vaya donde vaya,
sea un alto monte
o infinita playa.

Pero cuando duermo,
siento su figura
que ágil se escabulle
por la cerradura.

Oigo sus pisadas
lejos alejarse,
¿buscando otro niño
con quien fusionarse?

[…]

Nacho Rubio.
En: Mi sombra.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2026. Poio (Pontevedra): Pepa A Loba.

viernes, 4 de abril de 2025

Guarros pero naturales


Desde que una catedrática nos explicó que si los extraterrestres nos visitaban, les pareceríamos organismos cubiertos de mocos, empecé a entender el mundo de la escatología desde otro prisma.


No es por nada, pero la cera de los oídos, la grasa del pelo, el sudor, las lágrimas o el esmegma son secreciones que los seres vivos producimos para combatir la sequedad ambiental. Como nuestro origen es acuático y abandonamos ese medio para conquistar los nichos ecológicos terrestres, tuvimos que protegernos del medio aéreo gracias a moléculas que, como los polisacáridos, retuvieran agua en su seno.



No obstante, nunca viene mal algo de higiene y decoro, que si nos dejamos llevar por nuestra naturaleza, podemos terminar como los protagonistas del poemario de hoy: eructando, llenos de caspa y con uñas kilométricas. Todo un catálogo de chiquillos muy cochinos que merece la pena conocer y disfrutar a carcajada limpia.

En el pañal de Juanito,
he encontrado un meteorito
y un rabo de lagartija
enganchado a una sortija.

Varias teclas de piano,
dos lombrices y un gusano.
Trozos de tiza y de tela,
de crayones, de una vela.

El cordón de algún zapato,
bigotes del pobre gato,
las pelusas del salón
y la llave del buzón.

Plumas, canicas, tornillos,
saltamontes y hasta grillos.
No es, por tanto, de extrañar
que nunca quieran cenar,

pues cuanto se encuentra y toca
va y se lo mete en la boca,
y por más que se lo diga,
todo acaba en su barriga.

¡Menudo cajón de sastre
el pañal de este pillastre!
¿Qué hemos de hacer con Juanito,
el glotón de mi hermanito?

Nacho Rubio.
En el pañal de Juanito.
En: Los niños guarros.
Ilustraciones de Marc Taeger.
2025. Poio (Pontevedra): Pepa A Loba.


martes, 26 de noviembre de 2024

Historias nocturnas


Durante las semanas pasadas han ido llegando a la redacción de este blog un buen puñado de libros ambientados en el maravilloso mundo de la noche y como la temporada pasada y la anterior elaboré una pequeña selección de libros dedicados a la cena, las buenas noches, las historias nocturnas o los intríngulis del sueño, este año vuelvo a hacer lo propio con libros que tratan estos temas tan recurrentes en la LIJ y que tanto gustan a pequeños y grandes antes de acudir a la cama. Sin más dilación aquí les dejo con ellos. Y no pierdan de vista esta entrada porque seguramente vaya sumando alguno más a lo largo de este curso.


Empezamos con Cuernamanteca, un libro de Magali Bonniol y Pierre Bertrand, editado por entreDos. Esta historia empieza a la hora de la cena, esa en la que Pedro se niega a tomarse la sopa, algo que trae de cabeza a toda la familia. Su padre le advierte que si no se la termina, la bruja Cuernamanteca vendrá en mitad de la noche y lo asustará hasta que se tome la sopera entera. Pedro no hace ni caso y se va a la cama con el estómago vacío como otras muchas veces. Pero esa noche, el armario se abre con un chirrido espantoso y aparece en la habitación la temida bruja que empieza a crecer y a enfurecerse. ¿Acabará Pedro comiéndose la sopa?


Con elementos muy recurrentes de los cuentos de hadas (esa bruja tan estereotipada, un héroe muy ingenioso y rimas consonantes que suenan a hechizo), los autores nos presentan una historia cotidiana aderezada con la mejor de las fantasías que bebe de la literatura infantil más subversiva (el triunfo de Pedro ante las normas del universo adulto queda muy claro). De dimensiones apaisadas, seguro que este álbum les arranca más de una sonrisa cuando busquen una cuchara…


Seguimos con Buenas noches, Álex Álvarez, un clásico de Gunilla Bergström recuperado por la editorial entreDos. Publicado por primera vez en 1972, nos cuenta la historia de un chiquillo de cuatro años que ha encandilado a millones de lectores. Como cualquier otro, no para ni un segundo. Tan pronto se porta bien, como se convierte en un demonio, ríe a ratos y llora otros. Primero, el cuento, después, lavarse los dientes, luego, un vaso de agua… ¡No deja en paz a su padre! El hombre solo quiere que se quede durmiendo y deje de dar la lata. ¿Será capaz de ello?



Con mucho humor, la autora sueca nos presenta una de esas situaciones tan comunes en los hogares con niños pequeños. Así pasa, que los padres viven esclavizados por sus hijos, unos que no saben diferenciar juegos y obligaciones. Menos mal que al final será Álex Álvarez quien ponga ese puntito de ternura a un libro sin pretensiones que solo pretende robarnos una sonrisa con una realidad muy recurrente.


Buenas noches, cariñito, un álbum de Muriel Zürcher y Stéphane Nicolet (Petaletras), también se adentra en el momento de las buenas noches. A Cariñito (no les digo más...) le han contado un cuento, le han dado el beso de buenas noches y se dispone a dormir. De repente, alguien llama a la puerta. Es su madre preguntándole si ha ido al baño. Que siiii. Vuelven a llamar. Es su padre cantándole una nana. Termina y se va. ¡Toc, toc! ¿La van a dejar tranquila de una vez? ¡Ella solo quiere dormir!



Aunque utiliza el mismo escenario narrativo que el anterior, el mensaje es completamente opuesto, pues realiza una crítica a ese modelo de paternidad actual que tanto ha calado en muchas familias donde el sobre-proteccionismo y el empalague alcanzan cotas insospechadas. Apelativos edulcorados y mucho diminutivo ridiculizan a unos padres que se muestran excesivos e impertinentes ante una hija que tiene más sentido común que ellos.


Conejito de luna de Choi Young Ah y editado por Libros del Zorro Rojo es otro de esos libros que nos sumergen en el mundo de la noche de la mano de un conejito que intenta devolverle a la luna un pedazo que se le ha desprendido por culpa de una estrella fugaz. El conejito intenta alcanzar a nuestro satélite utilizando mucho ingenio, pero no consigue acercarse tanto. ¿Conseguirá llevar a buen término su reto?



Basado en una leyenda tradicional que pulula por muchos países asiáticos, este libro nos habla de cómo enfrentarnos a las adversidades, aunque sea a trancas y barrancas. La autora coreana nos presenta una historia sin palabras utilizando elementos del cómic y esas ilustraciones a caballo entre el anime, la técnica digital y el dibujo tradicional donde el paisaje y la naturaleza cobran mucha importancia. Alternancia de planos, secuencias y movimientos, mucha carga emotiva y un final lleno de júbilo juegan a favor de un libro muy agradable.


Como en una selección de libros nocturnos no podía faltar uno sobre miedos infantiles, para terminar les traigo ¿Quién dijo miedo?, el bautizo editorial de Ana Sánchez Garea, gracias a la editorial gallega Pepa A Loba. A Eli no le gusta la oscuridad y su padre le pide que cierre los ojos al tiempo que le va enumerando los montones de cosas hermosas que suceden cuando el sol se apaga. Brillan las luciérnagas, se oye el crepitar de las hogueras, estallan los fuegos artificiales e incluso florecen algunas plantas.



Con mucho virtuosismo, la autora da vida a unas ilustraciones muy evocadoras donde los planos generales y los primeros planos van dibujando estampas bucólicas y realistas que dan valor a esos momentos en los que la luz se abre paso en la oscuridad y la llena de significado. Momentos festivos, otros más íntimos, donde hay mucha belleza y también sorpresa. Aprender a poner en valor las cosas por poco que nos gusten, también es necesario a la hora de conocer el mundo que nos rodea y despejarlo de supuestos peligros y miedos infundados.
¡Buenas noches, queridos monstruos!