El Alfon siempre dice que, a la hora de ligar, los hombres altos siempre juegan con ventaja porque destacan entre la muchedumbre. Son más llamativos y los posibles pretendientes se fijan más en ellos. Sin embargo, los bajitos, lo tienen más difícil. Quizá esa sea la razón por la que desarrollan estrategias que les permiten hacerse patentes en sociedades donde el físico dice tanto.
Marcado sentido del humor, seguridad mental, inteligencia emocional, maneras elegantes o personalidad arrolladora. No es de extrañar que las personas de escasa estatura se las ingenien para salir a flote, sobre todo desde el lado intelectual.
Y si no me creen, piensen en Napoleón Bonaparte, Edith Piaf, Mozart, la Reina Victoria, Gandhi, Truman Capote o Frida Kahlo. Hay todo un elenco de personajes que han hecho historia a pesar de no levantar un palmo del suelo. Una realidad nada desdeñable que da buena cuenta de qué sale ganando en esa ecuación compleja donde coexisten el ser y el parecer.
Por eso hoy les acerco la gesta de un personaje pequeñito, pero matón (que eso de lanzarse al mar en una cáscara de nuez para dar con la famosa ballena tiene mucha enjundia). Una historia inventada por Julian Tuwim, autor de poesía infantil polaca que, recordando a la Pulgarcita de Andersen o el Juanito Diminuto de Wilhelm Busch, nos invita a sonreír con esta epopeya tan contemporánea como surrealista que ha inspirado a muchas generaciones de críos e incluso se ha llevado al cine de animación.
Y recuerden: los buenos perfumes se venden en frascos pequeños (y el veneno, también).
Don Diminútez, minúsculo
como un granito de avena,
lo ha conocido y lo ha visto
todo, salvo una ballena.
Y siendo un hombre pequeño,
el más pequeño que ha habido,
es además muy curioso,
viajero y muy atrevido.
Don Diminútez, por tanto,
no está tranquilo y se apena
por no haber visto en la vida
a la grandiosa ballena.
“Si el bicho vive en el agua”,
piensa por fin de una vez,
“construyo un bote, y el casco
lo hago vaciando una nuez”.
Con algodones por dentro
le hace mullida la panza;
para sacar cuatro remos
un solo fósforo alcanza.
Reúne víveres, tienda,
saco, barril de jerez,
bicicleta y herramientas;
todo lo lleva a la nuez.
También gramófono, radio,
cañón, fusil, munición,
botas, abrigo y dos mudas:
todo que va al cascarón.
Julian Tuwim.
Don Diminutez y la ballena.
Ilustraciones de Bohdan Butenko.
Versión y traducción de José Mateo Puig y Xènia Dyakonova.
Edición bilingüe.
2026. Barcelona: Vacamú.



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