Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Pérez Hernando. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Pérez Hernando. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de abril de 2022

Chirimiri


Chimiriri, decían. ¡Y un pijo! De chirimiri, nada, que ha llovido en un mes lo que suele caer en toda la temporada. Y eso que estamos en la España seca, esa casi desértica, como bien rezan en los telediarios. Y es que aquí, cuando nos ponemos, lo hacemos bien. La juerga, la comida, el humor y hasta la nieve suelen ser abundantes. Que no se diga que los manchegos somos unos roñosos.
Menos mal que mi madre tuvo el detalle de agenciarme un paraguas plegable en los Invasores (el que no sepa qué es, que lo busque en la Wikipedia) al que le he sacado la pringue a base de bien. Eso y unas botas de Almansa que son gloria bendita.
Y después de ponernos hasta los ojos de agua y barro, después de lucir todo este armamento invernal, hoy la cosa pinta mejor, sobre todo porque el frente se ha esfumado hacia otras latitudes y tendremos algo de sol, que también se agradece.


Ese sol de primavera, que calienta el casco que no veas, el de las primeras flores, el que calienta poco a poco la mañana y se apaga hacia el final de la tarde. Ese que penetra entre las nubes e invita al paseo matutino, a huir de la sombra, a la cañita soleada del mediodía. Ese sol que necesita de un poco de abrigo, de una gorra, de un brazo que lo acompañe, de una sonrisa. Ese sol de primavera que anima los parques y los paseos, que hace bien en los huesos y también en la barriga.
Esperemos que no vuelva a hacer aparición la lluvia, y si lo hace, resguárdense en casa y lean Chirimiri, un álbum de Fernando Pérez Hernando (Kalandraka) que seguro entusiasma a grandes y pequeños.
Este libro cuenta cómo Mamá pájaro regresa a su árbol junto a sus cuatro polluelos, Rut, Thor, Lilí y René. Cada uno de ellos sólo sabe hablar con la vocal que aparece en su nombre. Rut con la u, Thor con la o, Lilí con la i y René con la e. De repente una nube se posa sobre el árbol y empieza a llover sobre Rut, que le pide permiso a Thor para bajar a su rama. Sigue lloviendo y estos le piden permiso a Lilí para ir a la suya. Y así sucesivamente.


Ni que decir tiene que el libro es bastante especial. Combina juegos de palabras (esto de las vocales siempre los vuelve locos, como bien saben los maestros), historias familiares (si hay madres e hijos, mucho mejor), cuentos de fórmula (¡a repetir se ha dicho!) e historias acumulativas (en este caso lingüísticas).
A todo eso, que ya es bastante, hay que añadir unas ilustraciones bien simpáticas y bien pensadas donde la caracterización de los personajes y la excelente composición (ese escenario piramidal a modo de árbol que permite la complementariedad textual y visual es más que acertado) son las principales bazas.
Y esperando que no se tuerzan los días, aquí les dejo disfrutando de un libro que probablemente pueda convertirse en boardbook.


miércoles, 2 de mayo de 2012

¿Conducir es fácil?



A todos aquellos que no tienen permiso de conducir o han sufrido horrores para obtenerlo


¿Es el carné de conducir una bendición o un castigo? De entre las obligaciones que marca nuestro Estado, es, con muchos honores, la más democrática, ya que, tanto los de alta cuna, como los de baja cama, tienen que apoquinar el precio estipulado por las tan odiadas autoescuelas, y presentarse a los exámenes tantas veces como sea menester para obtener la deseada calificación de “apto”. Esta claro que el sistema de obtención de esta licencia en nuestro país es un negocio en toda regla… Tráfico, inspectores médicos, profesores de autoescuela…: todos quieren que aflojemos la cartera, y así pasa, que en época de vacas flacas, ni El Tato se saca el dichoso carné.
En cualquier caso, analicemos el tipo de personal que acude a las autoescuelas del país, seguramente la mejor de las materias primas para elaborar varias tesis doctorales… Por norma general, el alumnado en estos centros de formación, ronda los veintitantos, aunque siempre hay alguno en primera fila que sobrepasa la cuarentena y que, a base de preguntas que jamás saldrán en el examen y pagar las tasas una docena de veces, obtiene ese papelote que otrora lucía rosa. Entre inmigrantes necesitados y algún que otro energúmeno becado por el INEM (¡menos mal que ya se acabaron tales subvenciones!), destaca esa niña bien del barrio a la que papá le ha regalado un Mini, un automóvil que terminará por conducir el novio de turno. También esta Pepito, ese chico tan majo que, aunque no obtendrá el certificado de E.S.O. jamás, está la mar de aplicado en estos menesteres, actitud que propiciará el henchido orgullo paterno y los desmesurados deseos carnales de las “honeys” del barrio. Más allá, jugando con el móvil, está La Mari… Incorregible… Se ha matriculado cinco veces en la autoescuela y se ha desmatriculado otras tantas, debido a inconfesables razones que, sobre un péndulo, la acercan y apartan del maravilloso mundo del automovilismo. Dos amigos, en un alarde de sacrificio, han decidido invertir los ahorros de toda una vida para intentar circular con un camión y así facilitarles las cosas, una vez que esto despegue en septiembre… Y así, uno tras otro, llegamos a un chico que sin saber porque, pasará los dos meses de verano intentando hacerse con un trozo de plástico que, según todos dicen, le abrirá nuevos caminos, nuevas sendas, que den alas a su libertad.

Pérez Hernando, Fernando. 2012. Conducir es fácil. Barcelona: A buen paso.