Mostrando entradas con la etiqueta Alicia Varela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alicia Varela. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de marzo de 2026

Jardines muy personales



Aunque enero y febrero nos han regalado agua a manta (los que vivimos en un clima subdesértico estamos embobados), ya veremos si no llega demasiado pronto el verano y achicharra los brotes verdes ipso facto. Que teniendo en cuenta lo loco que anda el clima últimamente, es lo más probable.
No obstante, hasta que esto ocurra, disfrutemos del verdear de los campos, las yemas reventonas y las semillas germinando. En un par de semanas aparecerán las primeras flores engalanando los parterres, se abrirán camino nuevos colores y todo cambiará su aspecto. Despuntarán tulipanes, jacintos, peonías, narcisos y lirios. Almendros, ciruelos, melocotoneros y albaricoqueros se vestirán de rosa y blanco.


Incluso nosotros nos avivaremos. Saldremos de nuestras cuevas y escondrijos. Para disfrutar del sol, de otros como nosotros, encontrarnos con los amigos e incluso con el amor. Es curioso como la naturaleza sigue su camino dentro y afuera. Baja el interruptor y un millón de sensaciones se agolpan en nuestro interior.
Nos preguntamos y nos respondemos, como los pájaros en su vuelo. Vivarachos como ratones y hacendosos como las hormigas. Nos enredamos en nuestros pensamientos y nos liberamos de esa hojarasca que se quedó adherida. También hurgamos en los demás. Abonamos el futuro mientras regamos el presente. ¿Y el pasado? A la primavera no le trae cuenta.


Y así, nos adentramos en Un jardín propio, el álbum de Marta Ardite y Alicia Varela (Babulinka) que nos invita a acompañar a una niña en su paseo intimista por un lugar de recreo muy particular. Y es que el sendero vital de la protagonista es, como el de cualquier otro lector, un cúmulo de ideas y reflexiones que lanza sin ninguna cautela. Acompañada por un lapicero y una rana garabateada, la cría se cuestiona, baraja posibilidades y va forjando un pensamiento embebido de existencialismo.


Además, gracias a metáforas visuales y un lenguaje poético, el trabajo de las autoras se complementa para lanzarnos mensajes con mucho sabor. Como ese trazo que divide la página horizontalmente y a través del que Alicia Varela define dos mundos, uno subterráneo y otro aéreo, por los que deambula la acción. Quizá reflejos, quizá no. Lo que está claro es que uno y otro se complementan, como el cielo y la tierra, como el yin y el yan.


Una obra muy enriquecida en la que, además de hacer referencia a la Wood Wide Web, aprovechan para homenajear las obras de grandes artistas del siglo XX. Picasso, Mondrian, Calder, Matisse, Kandinsky, Pollock, Hopper, Klimt, O’Keeffe, Delaunay, Lamorisse, Rothko, Magritte o Klee se entremezclan con las ilustraciones de Varela gracias a composiciones que permiten la interacción entre unos elementos y otros. Sin olvidar a Virginia Wolf y Una habitación propia, este libro tiene muchas aristas por las que desbordarse, sobre todo, para los lectores competentes.

sábado, 1 de noviembre de 2025

Bregando con la muerte


Aunque nadie en su sano juicio quiere morir, sí que existen diferentes formas de afrontar la muerte. Algo que depende, lógicamente, de las circunstancias que nos rodeen. Mientras que el niño ve el fin de la vida desde el miedo que motiva una posición inexperta en la que los sueños por cumplir marcan el rumbo, el anciano comienza a resignarse cuando ha visto cumplidas muchos (o algunos) de sus deseos. También el entorno juega un papel fundamental, pues no es lo mismo que todos tus amigos y conocidos estén vivitos y coleando, que normalices acudir al cementerio cada dos por tres.


A pesar de esto, hay muchas pinceladas que detallan la visión que cada uno tiene de esa dualidad que nos acucia. El grado de satisfacción vital, una enfermedad, muchas alegrías, las posibilidades y las imposibilidades, el azar y sus caprichos, las creencias y el hecho cultural, traumas y demás demonios. Cada percepción va moldeando la actitud con la que unos y otros generan esa lucha interna. Y así, cada uno va tomando conciencia de ese tránsito finito como puede.


Incluso los libros infantiles pueden jugar un papel muy importante en esas lides, ya que nos aproximan la perspectiva que muchos autores nos hacen llegar a través de palabras e imágenes. Percepciones que, de procedencia más que variopinta, van sumando en la de cada lector. Un concepto de múltiples facetas que nos ayuda a confrontar la realidad una vez suceda.
Es por ello que hoy les traigo tres libros de última hornada sobre un tema que tanto nos apasiona a algunos monstruos y del que hace ya tiempo realicé ESTE MONOGRÁFICO donde pueden encontrar montones de títulos relacionados.


Empezaré con El pirata. Ganador de una mención especial en el premio Bologna Ragazzi del año 2024, este libro del japonés Masakatsu Shimoda acaba de ser publicado en nuestro idioma por Corimbo.
El álbum nos cuenta la historia de un malvado pirata que, tras ser atravesado por un sable, termina con sus huesos en el fondo del océano. Mientras cae a las profundidades, se va topando con diferentes habitantes marinos. Un tiburón, un pulpo o una pareja de peces abisales van pidiéndole objetos personales o partes de su cuerpo de las que el pirata se irá desprendiendo a cada visita, hasta que…


Con un lenguaje cercano donde abundan los soliloquios y los pequeños diálogos, el autor nos plantea una reflexión sobre el ciclo de la vida en el que los seres vivos interaccionan entre sí para transformar los cuerpos inertes en nuevos espacios que habitar. Primero nos deshacemos de lo terrenal, para más tarde descomponernos gracias a la intervención de otros seres vivos. Al principio, el cadáver del protagonista intenta resistirse a los cambios, pero conforme pasamos las páginas observamos un cambio de actitud, una especie de redención que lo libera del apego a lo mundano.


Con un planteamiento que me ha recordado sobremanera a La madre y la muerte de H. C. Andersen, uno de mis cuentos favoritos, el relato se articula sobre una secuencia de imágenes donde el cambio del color del fondo y la disposición de los elementos, simulan una caída lenta desde la superficie hasta las llanuras abisales. Un recorrido vertical por los diferentes estratos marinos (zona epipelágica, mesopelágica, batipelágica, abisal y hadal) surcados por los seres más variopintos.


El segundo título del que hablaré hoy es ¡Duqui! ¿Dónde estás?, un libro de Émilie Boré y Vincent Di Silvestro. Si bien es cierto que debería haberlo incluido en la última selección de cómics por su carácter híbrido, me ha parecido conveniente abrirle un hueco es esta pequeña selección de libros dedicados a la muerte.
Cuando el protagonista despierta esa mañana, nota que su madre ha estado llorando. Cuqui, su gato de Angora, se ha ido después de una larga enfermedad. ¿Pero dónde? pregunta el niño. Su madre se monta una película para intentar responderle y termina en mitad de un buen lío. Lo que no sabe esta es que su hijo tiene una explicación mucho más bonita que la suya para explicar la muerte de su mascota.


Como otros muchos libros que abordan este tema, la muerte de un animal de compañía sirve como hilo conductor para hablar del duelo. Si bien es cierto que se centra en los tópicos (el cielo, siempre el cielo) y los mensajes positivos, esta historia da una vuelta de tuerca y confronta el (sobre)proteccionismo paternal al realismo infantil (los críos son mucho más perspicaces y naturales de lo que piensan los adultos). Además, y como sucede en la vida real, añade pinceladas de humor a la hora de tratar los recuerdos del animal perdido, lo que imprime un carácter muy entrañable a la narración.


Mucho dinamismo, una caracterización impecable de los personajes (N.B.: Me encanta la cara embobada del chiquillo, su madre sobreactuada y ese padre emocionalmente torpe) y alguna metáfora visual (por ejemplo, la capa del felino o el charco de lágrimas que asoma en la planta baja), lo hacen muy apto para lectores competentes que disfrutan de las situaciones familiares.


Para terminar, nos toca El viaje de Malka, una historia de Mónica Rodríguez con ilustraciones de Alicia Varela que acaba de ser publicada en nuestro país por Diego Pun. La abuela de Malka ha muerto y ella siente cierto extrañamiento. ¿Será verdad lo de aquel viaje en barca del que tanto hablaba su abuela? Tras compartir unas palabras con sus amigas del colegio, decide salir a buscar a su abuela con su marioneta y, de paso, aclarar la existencia de ese Dios del que han charlado.


Lejos de caer en la sensiblería, El viaje de Malka aborda el tema del duelo desde una atalaya muy plural donde caben numerosas voces e interpretaciones. Del mismo modo, la imaginación se convierte en un experimento catártico que ayuda a comprender el concepto de la muerte y a lidiar con el dolor, la pena y la incertidumbre a la que obliga el fallecimiento de un ser querido.
Nacida de una conversación entre la autora y su hija, esta historia desprende muchas cuestiones, no solo relativas a la muerte o la religión, sino que también ahonda en preguntas más o menos existenciales, más o menos filosóficas que, desde tiempo inmemorial, laceran al ser humano.


Sobre los elementos narrativos de las imágenes caben destacar la delicada relación entre texto e imágenes, las guardas peritextuales, todas las metáforas que incluye (el viaje, el mar, faros y arcoíris) y una cuidada edición.

domingo, 14 de enero de 2024

Esas pequeñas cosas


Empezamos el año y toca plantearse lo que viene. Sin retos ni propósitos, mejor, que al final se disuelven en agua de borrajas. Yo prefiero cejar en el empeño y mirar hacia delante, que no hay nada mejor que ir soltando lastre. Detenerme en las pequeñeces de la vida que te hablan sin decir nada. 
Un beso, una burbuja, un garbanzo, una hormiga o un grano de arena pueden ser el interruptor de momentos entrañables o ideas suculentas. Será por eso que Pep Molist y Alicia Varela han construido su personal catálogo de historias mínimas. Treinta y cinco poemas clasificados en cinco categorías. Bestiales, naturales, cotidianas, cercanas y fantásticas. Un buen puñado de insignificancias ilustradas a base de rojo, amarillo y azul, tres colores básicos que nos recuerdan el trabajo de Miró.
Y para que se aventuren en la poesía, aquí les dejo dos rimas con mucho mensaje para animarles en este enero tan empinado.

PELDAÑO –para leer de abajo arriba-

                                                                                                                                    ARRIBA
                                                                                                                           Verso a verso
                                                                                                                   Ris ras
                                                                                                          Tranquilamente
                                                                                                  Tris tras
                                                                                         Poco a poco
                                                                                Palmo a palmo
                                                                       Trozo a trozo
                                                              Paso a paso
                                                    Peldaño a peldaño.
                                            ABAJO



AGUJA

Encontrar una aguja en un pajar perdido
es como buscar setas en un bosque marchito,
como pedir a un ratón que haga el nido
bajo la cola peluda de un gato con apetito.

Pep Molist.
Peldaño y Aguja.
En: Pequequeñeces.
Ilustraciones de Alicia Varela.
2023. Barcelona: Babulinka Books.


viernes, 12 de mayo de 2023

Un color tras otro


No sé si llamarlo primavera o verano, pero el caso es que ya ha llegado y viene cargado de todo tipo de sensaciones. Olores, sonidos, sobres, pero sobre todo, colores. Me encanta disfrutar de las rojas encarnadas, de la yerba verdear, el azul irisado de las libélulas, amarillos limones y el naranja de los albaricoques. Es una fiesta, un bailes, una verbena que alegra mis días. 
El año es como una cadena, donde cada eslabón 


Uno de los continentes
más fascinantes
del marfil
se halla en el colmillo
tan elegante
del narval.

***

El azul del cielo
es diferente
según el tiempo
o el momento.

El azul celeste
es color único,
da igual el tiempo
o el momento.

***

Hay tantos tonos de piel y pelaje
en el mundo,
como formas de equipaje
para el vagabundo.

Pep Molist.
Marfil, Celeste y Carne.
En: Hilera de colores.
Ilustraciones de Alicia Varela.
2021. Barcelona: Babulinka.



lunes, 5 de noviembre de 2012

Novedades con parecido razonable (3)




Renovarse o morir, he ahí el dilema…, ese que, como pelota de ping-pong, ha estado yendo y viniendo de mi cabeza en estos día de asueto. Y al final, ganó el “renovarse”… Así que, si son observadores, se habrán percatado de que en la columna de la derecha, tienen los logotipos de “facebook” y “twitter” desde donde pueden suscribirse a los espacios que un servidor ha creado en dichas redes sociales y hacer realidad ese sueño que es la LIJ 2.0… Aunque algo reacio en los planteamientos (trabajo con quinceañeros que se pirran por inmiscuirse en mi vida privada…), creo haber encontrado un modo de hacer crecer este sitio sin menoscabo de mi realidad diaria. Añadido a todo esto, hacerles saber que he creado una cuenta de correo-e específica para el blog, dvlm.lij@gmail.com (también la tienen en los enlaces laterales), de tal manera que sea más fácil establecer una conexión más específica entre ustedes y yo sin pasar por mi correo personal.
Tras este apunte, termino con esta sección de literatura infantil comparada (¡ya no sé qué inventar!), poniendo hoy el ojo sobre dos novedades (o al menos, eso parecen…) que tienen un estilo similar: El arenque rojo, de Gonzalo Moure y Alicia Varela (SM), y El papagayo de Monsieur Hulot, de David Merveille a partir del personaje de Jacques Tati (Kalandraka). Ambos son libro-álbumes para primeros lectores, de tipo mudo -sin texto- en los cuales, a través de un hilo conductor, curiosamente un animal en los dos títulos (en el primero es un arenque volador y en el segundo un papagayo harto de vivir en una jaula), dan pie a la imaginación del lector para que construya su propia historia sirviéndose de la infinidad de situaciones recogidas en las escenas de cada doble página.
He de reconocer que, aunque cada uno tiene sus defectos (ninguno podría considerarse una obra maestra) y virtudes (utilizan una narrativa poco corriente), me gusta más El arenque rojo, no sólo por ser más evocador (en parte me ha recordado a las sugerentes ilustraciones de Chris van Allsburg), sino por entretener más al lector y ser más interactivo, que a fin de cuentas, es lo que toca en estos tiempos, ¿acaso no ven mi ejemplo? Ciberoptimista hasta las trancas… ¡hasta que me hinche!