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martes, 19 de marzo de 2019

¡De celebración!



El pasado domingo fue San Patricio, el patrón de Irlanda, una de esas fiestas que se han empezado a celebrar por todo el globo a tenor del gasto económico que supone. Como en otras festividades, léase el Oktoberfest, el quid de la cuestión se halla en los millones de barriles de cerveza que aderezan la fiesta, un líquido elemento que acompaña a vestimentas, ropajes, desfiles y cientos de actividades más que llenan las calles de Nueva York, Londres, Tokio, Sidney y, cómo no, Dublín, germen de todas las demás.
Siento cierta simpatía por las gentes del país esmeralda, no sólo porque compartimos puntos de una idiosincrasia católica (creyentes o no creyentes, el hecho cultural bebe de muchas fuentes), sino porque les va la marcha más que a nosotros. Quizá estaría bien un intercambio entre unos y otros (seguramente sacaríamos provecho de su liberalismo económico, de su libertad de prensa o de su concepción política), pero tampoco está mal que cada uno siga manteniendo sus costumbres y festivos, y concedernos de uvas a peras un viajecito a Cork, Galway o Limerick, que son bien pintorescas.


Si ustedes no son muy anglófilos y no han celebrado el día de Eire (Irlanda en gaélico), hoy nos toca celebrarlo con cierto retraso, pues traigo a este lugar de onstruos uno de esos álbumes clásicos que las nuevas editoriales del ramo han vuelto a reeditar para disfrute de los pequeños lectores (también grandes, como yo). El título en cuestión es El violín de Patrick, uno de los primeros libros-álbum del genio Quentin Blake (editorial Blackie Books).
Publicado por primera vez en 1968, este ya clásico nos cuenta la historia de Patrick, un hombre que visita el mercado en busca de un violín que finalmente le proporcionara el señor Cebolla en su puesto. El protagonista, vestido de verde (junto con el nombre, es un claro guiño al color de Irlanda y el símbolo de su patrón, el trébol), empieza a tocar el violín y cosas sobrenaturales comienzan a suceder mientras las notas recorren la campiña.


Seguramente muchos pensarán que este relato adolece de mucha simplicidad, algo con lo que discrepo pues considero que la poesía empapa todas sus páginas. Si se paran a pensar, en ningún lugar se habla de la magia del violín, sino que podemos bucear en los efectos que su música tiene sobre todos los seres que la escuchan. De un escenario bastante neutral, pasamos a un universo de color y fantasía donde la vida más exuberante crece al ritmo de los sones de Patrick, algo que nos permite asociar lo mágico a la bella metáfora de la construcción de un mundo mejor.


Por otro lado me gusta pensar que este libro tiene mucho que ver con la relación que Roald Dahl y Quentin Blake comenzaron en la década de los sesenta, pues quiere recordarme en cierto modo al libro El dedo mágico, uno en el que un simple dedo (hágase extensivo a objetos y cosas) son los desencadenantes de un orden ficcional que poco tiene que ver con lo natural y mucho con el carácter subversivo de los libros infantiles.
Disfruten por las pequeñas cosas de la vida. Brindemos por ellas.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Matilda o 30 años de ¿¿feminismo??



Este mes de octubre se han cumplido tres décadas desde la publicación de la primera edición de Matilda, una de las obras cumbres de Roald Dahl. Treinta años (se dice pronto) desde que esta niña curiosa y enamorada de los libros entró en nuestras vidas.
Teniendo en cuenta que para un libro, uno que además sigue más vivo que nunca, son muchos años, es lógico que editoriales, librerías, bibliotecas y colegios se hayan hecho eco de los faustos. Se han realizado actividades y talleres, recogido innumerables anécdotas, organizado foros, mesas redondas, y publicado nuevas ediciones para ensalzar las bonanzas de la lectura de este ya clásico.


De entre todas ellas, la que más me han llamado la atención son las que han atendido al cariz feminista de esta obra trascendental de la Literatura Infantil. Indagando en el pasado y remontándome a los años noventa, he descubierto que esta era y es una lectura que se hace con mucha frecuencia (¡Madre mía! ¡Y yo sin saberlo! ¿Seré un bicho raro?). Según muchas opiniones, Matilda es el prototipo de la nueva mujer. Culta, inquieta, valiente, libertaria y decidida. Todo un ejemplo que debe cundir entre pequeñas, jóvenes y mayores para construir un mundo nuevo en el que las niñas tengan los mismos derechos y expectativas que los hombres. Matilda es un símbolo, un estereotipo de lo que muchos anhelan. Incluso  algunos artículos académicos también hablaban del tema. La cosa se puso seria, así que empecé a darle vueltas al asunto. ¿Realmente apunta Matilda a esa dirección? ¿Llenar de personajes femeninos una novela es indicativo de un discurso feminista? ¿Ser feminista implica ser un gran lector, culto e independiente?... Respiré y, dejando a un lado estas interpretaciones desde los foros del empoderamiento de la mujer actuales, intenté buscar puntos que rebatieran esta lectura sobre la relación de Matilda con el feminismo.


En primer lugar hay que decir que, como cualquier otra obra literaria, esta también necesitaba su protagonista. No sé qué llevo a Roald Dahl a elegir una niña en vez de un niño (llamo la atención sobre este punto ya que en las obras de este autor priman los protagonistas masculinos como Charlie, James, George o Billy) pero creo fue una elección más o menos arbitraria y nunca estuvo relacionada con razones de corte feminista.
En segundo lugar y dejando un poco de lado a su heroína, hay que hablar sobre otros personajes secundarios que, a pesar de ser mujeres, dan una visión del género un tanto nefasta. Este es el caso de Mrs. Trunchbull, Mrs. Wormwood y Mrs. Honey.


Si nos centramos en la madre de Matilda observamos que a pesar de soltar perlas que gustan mucho a sus lectoras como “Me temo que los hombres no son siempre tan inteligentes como ellos piensan”, también hemos de fijarnos en la contrariedad que representa ser una mujer que vive a la sombra de un tío mediocre e ignorante que quiere una vida similar para su hija. De feminista, poco...
Pasamos a un peso pesado, Mrs. Trunchbull, la directora de la escuela en la que estudia Matilda. Dahl la describe como una persona horrible, un auténtico antagonista que no sabe de modales ni de educación, algo que despierta una animadversión real hacia el personaje. ¿Por qué Dahl castiga así a una mujer fuerte? ¿Acaso no es esto loable en cualquier caso? ¿Por qué al final la sustituye por un hombre?


Y así llegamos a Mrs. Honey, la maestra que termina adoptando a Matilda (no es de extrañar teniendo en cuenta las afinidades entre ambas... ¿Tendría esto algo que ver con el clasismo?). Aunque muy leída y educada, Mrs. Honey es una pusilánime, se conforma con vivir escondida para no enfrentarse a unos problemas personales en los que tiene mucho que ver Mrs. Trunchbull. Si además tenemos en cuenta que la directora realiza ciertos abusos, sobre todo psicológicos, hacia esta, la cosa no pinta muy bien. Digámoslo claro, ni el carácter apocado de Mrs Honey, ni la relación que se establece entre estas dos mujeres, serían buen ejemplo de sororidad en el discurso feminista de hoy día.


Si a todo esto añadimos el aspecto de los personajes, la cosa es de traca... Les invito a que, sin perder de vista las ilustraciones de Sir Quentin Blake, comparen el físico de Mrs. Trunchbull con el de Mrs. Honey. Agua y aceite. Sale perdiendo la primera claramente. Sabemos que es una mujer por el “pecho prominente” que señala el autor y poco más, ya que tiene que ver más con un toro Miura que con una humana.


Con todo esto no quiero decir que Matilda no este sujeto a este tipo de interpretaciones (Los libros son espejos y cada uno puede mirarse en ellos como le dé la real gana. Es algo maravilloso que debe suceder), pero sí hay que tener en cuenta que reducir los libros al discurso de los ismos puede ser peligroso, sobre todo cuando esos libros desprenden mucha luz (véase el caso).
Por mi parte y obviando la relación que puede o no tener este libro con el feminismo (El caso es que me ha venido bien releerlo), yo me quedaría con los que quizá son los motivos primigenios de Dahl para escribir una obra como esta. 
El primer motivo es literario. Según ha explicado su hija a los medios en alguna ocasión, Dahl quiso reencontrarse con su yo lector a través de este libro. “Matilda fue uno de los libros más difíciles de escribir para él (Roal Dahl). Creo que había un miedo real y profundo en su corazón acerca de esos libros que estaban cayendo en el olvido, y él quería escribir sobre esto.” comentó Lucy Dahl hace unos años. 
El segundo se refiere a otro pilar básico en la obra de Dahl, el desdén hacia el mundo adulto. Tanto en Las brujas, como en Charlie y la fabrica de chocolate o James y el melocotón gigante, los adultos y su universo son ridiculizados, algo que da buena cuenta del carácter subversivo de la obra de este autor, tan afín a los niños.
La última razón es la crítica hacia la institución escolar. Tal y como explica en su Boy. Relatos de infancia, las malas experiencias en este ámbito fueron decisivas para inspirar libros como este donde, a modo de denuncia infantil, narra algunas prácticas indeseables que todavía hoy se llevan a cabo desde la institución educativa. 
El resultado de esta suma fue magnífico, sobre todo porque Dahl hizo lo que mejor sabía hacer: escribir lo que le daba la real gana. Algo por lo que brindaré durante este cumpleaños. ¡Larga vida a Matilda!


NOTA: Todas las imágenes que acompañan a esta entrada excepto la primera pertenecen a la serie de ilustraciones que Sir Quentin Blake ha realizado re-imaginando al personaje Matilda treinta años después.

martes, 19 de septiembre de 2017

De monos juguetones


Comienza el curso y me pongo a hablar de alumnos con algún conocido, cosa que hago poco, todo hay que decirlo (eso de tenerlos presentes a todas horas no puede ser bueno para el tracto intestinal), y siempre salen a colación mis preferencias. “¿Los de primero de la E.S.O. o los de segundo de Bachillerato? ¿Los de tercero o los de cuarto? ¿Los del A o los del C?” Yo tuerzo el morro y contesto con cara de duda “Todos porque cada uno tiene sus cosas buenas y malas...” “¡Venga, ¡mójate!...” increpan, “Todo el mundo dice que prefiere a los mayores, que no dan tanto la lata...” “Sí, dan menos la lata en el día a día, pero también es cierto que tienen más ambiciones y por tanto son más pesados con las calificaciones. Son más retorcidos y están más contaminados por el mundo adulto. La mayor parte de los problemas que he tenido en esta profesión siempre han estado relacionados con los alumnos de cursos superiores.” Zanjo.


En el trayecto a casa me pongo a cavilar sobre el tema del favoritismo. Se me vienen a la cabeza mis alumnos de primero. Sus caras de ratoncicos asustados el primer día de curso. Sus mil y una preguntas sobre temas que parecen obviedades. Vergüenzas y miedos... Conforme pasa el tiempo, las aulas se caldean y las maneras van despuntando. Risitas por allí, codazos por allá. Que si me ha dicho, que si me esconde el estuche. Tu quieres a este y yo a aquella.... Siguen los meses y lo que era una balsa de aceite ahora es una madriguera. Seguirán pasando y las aulas se tornarán cuadras, y finalmente, selvas. Y como en todas las selvas abundan los primates, Gorilas, chimpancés, titís y orangutanes, también babuinos, macacos y gibones... Giro la llave, abro la puerta y me topo con un libro en la mesa. Tres pequeños monos, uno de esos pocos libros escritos por Quentin Blake, el ilustrador de cabecera de Roald Dahl, que en este ocasión viene acompañado de las imágenes de Emma Chichester Clark.


Editada en castellano por Siruela, esta divertida historia que tiene como protagonistas a tres pequeños simios y su madre adoptiva, además de hacer uso de la repetitividad de situaciones cotidianas que a modo de retahíla ingresan al lector en la narración de situaciones cotidianas, destaca dos formas narrativas más. Por un lado está la dualidad de lo esperado-inesperado, esa de lo predecible-impredecible, una que desemboca en juego cuando el lector expectante pasa las páginas aguardando con una mezcla de sorpresa y antelación qué nueva travesura se traerán entre manos unos pequeños protagonistas con los que seguramente se sentirá identificado. Por otro lado me ha encantado la in-expresividad (autómata diría yo) de estos monos incansables que, con ojos abiertos como platos e inmutables, se enfrentan a la desesperación de la señora Hilda, lo que imprime ironía y parodia a cada situación, algo que seguramente es un guiño al “Yo no he sido” que frecuentemente apelan los niños cuando alguna de sus correrías no tiene un final feliz.
Pues eso, que mañana me tocan unas cuantas horas con los chavales de primero..., y me persigno.


viernes, 2 de enero de 2015

De camas y comida


Esto de las fiestas supone una grave alteración en los hábitos alimenticios… Comer a deshoras, con resaca, ingestas copiosas y sin sentido, reflujo gástrico a granel, panzas en modo lavadora… Vamos, que después de la Navidad y con unos cuantos kilos de más (calorías vacías aparte… el alcohol es lo que tiene), lo mejor será acudir a una cura de ayuno en una famosa clínica marbellí (es lo único que me jode de ser pobre: no cuidarme como un rico) o, en su defecto, ponerse en manos de un guía nutricionista.
En cualquier caso y sin ánimo de joderles los ágapes que les restan hasta la venida de los reyes de oriente, les recomiendo que, en vez de una cama comedor (Sí, sí, de esas en las que además de dormir se pueden poner tibios a comer), sean más condescendientes con sus curvas y pidan en sus cartas (¡viva la escritura a mano!) una faja térmica porque, bien pensado, ¡el verano está a la vuelta!

Si tarde, a medianoche,
te entra el apetito,
en la Cama Comedor
nunca falta un bocadito.

La almohada de pan
para una dentellada certera
y la máquina automática
instalada en la cabecera.

Pulsando allí con el dedo
y sin necesidad de dinero
puedes sacar pollo frío
y hasta un pastel entero.

Sylvia Plath.
En: El libro de las camas.
Ilustraciones de Sir Quentin Blake.
2014. Barcelona: Libros del Zorro Rojo.


lunes, 13 de diciembre de 2010

Novedades y navidades


Regresando de otros mundos, los del caos y la miseria, me topo paradójicamente con la navidad, una buena excusa para hacer de tripas corazón y dejar rienda suelta a la efusividad consumista (si es que la paga extra me deja…). Y entre el bullir de las calles y el silencio de los comercios -cosas de las crisis-, voy metiendo el hocico (no procede la conjugación del verbo “hozar” hasta que mi señora madre compre el ya clásico lebrillo de mantecados “made in Confitería Conchi”, los más afamados de la “cité”) entre este y aquel estante para ver si doy con alguna joya literaria que echarme en la mariconera.
Por lo pronto, en el día de hoy les voy a recomendar la lectura de una de las estrellas que estos días titila en el firmamento de la LIJ, 1001 Libros infantiles que hay que leer antes de crecer, libro de consulta que, bajo el criterio de Quentin Blake (cosa que puede resultar muy interesante para muchos ilustradores: hay miradas y miradas…) y Julia Eccleshare, reseña una buena representación de libros dirigidos al público infantil (una inmensa mayoría de álbumes ilustrados de todas las épocas y para todas las edades).
Defiendo del hilo al pabilo publicaciones como estas, tan necesarias para dar a conocer el género librero que nos hace babear a los monstruos que aquí vivimos, pero como soy “el chico de los peros”, me toca sacarle la tara:
Aunque editado al castellano por Grijalbo, denoto cierto sabor anglosajón que no acabará de llenar al público “lijero” de lengua castellana en general, aunque también es cierto que para los paladares más especializados (bibliotecónomos e investigadores) se puede antojar un exquisito bocado, por lo que la adquisición del mismo lo dejo en manos de cada cual, no sea que con tanta animación lectora salgan jaurías de detractores apaleándome los riñones.

miércoles, 14 de abril de 2010

Personajes y personas


Si algo bueno tiene la calle, es que provee al creador literario de todo tipo de personajes para las obras que hornea con tanto mimo. Desde seres mundanos hasta los de otra galaxia son bienvenidos en este repertorio sin límites de edad, sexo u oficio. Contemplen este surtido catálogo. Es gratuito y sin obligación de compra (¡estaría bonico!). Puede usted encontrar jueces venidos a menos por ganarse favores de unos a costa de la basura de otros, faranduleros con pose de eruditos, politicastros corruptos de pelo engominado que aspiran a usureros sin dignidad o ministras que quieren mudar la piel de la tradición oral a favor de intereses partidistas…
Pero otra cosa les digo: si yo me dedicara a esto de la narrativa, optaría por personajes más llamativos, que ando harto de tan copiosa realidad y me veo carente de esa suculencia que derrochan aquellos que se tambalean sobre los pasos de peatones mientras intentan esquivar lo raudo de los automóviles. Alguien como yo, como usted, no como ellos… Nosotros tenemos cosas más hermosas, más extrañas, más ladinas, más cínicas, más divertidas, más tortuosas, más grises y más tórridas que contar. ¿A que sí? Y mientras espero que a través de sus comentarios me cuenten asuntos algo inconfesables (y aquí viene lo difícil) relacionados con ustedes y los libros, les presento al personaje con el que Quentin Blake y la editorial Kalandraka pretenden hacernos sonreír estas tardes de tierra mojada… Lola. Conózcanla y ábranle la puerta de su risa, y si no encuentran el picaporte, búsquenlo en Los bolsillos de Lola, creo que es el lugar más indicado para encontrarlo…

martes, 27 de octubre de 2009

Hoy: padres


Si la semana pasada me dediqué a ensalzar la pulcritud de mi madre, esta semana es el turno de mi señor padre (pongo en su conocimiento que con ello no tengo intención de reseñar Mi papá de Anthony Browne…, uno tiene recursos para todo y prefiero guardarme ese título en la recámara ya que nadie sabe cuando tendré que usarlo como artillería pesada).
Por si no lo sabían, la publicidad, la televisión y lo políticamente correcto han intentado vendernos en los últimos años ese producto llamado “padre ejemplar”, hombres bien cuidados, sensibles, limpios y aseados, con dotes para la cocina, la costura y el planchado, padres comprensibles y dulces maridos a los que nada parece alterar. Aunque parece que es un “concepto” irreal, tengo constancia de que va afianzándose en la sociedad –digo lo que veo, aunque sea de vez en cuando-. Pero, ¡manténgase alertas!: todavía nos queda esa realidad del “padre clásico”, ese hombre parco en palabras con su familia y muy charlatán en otros círculos sociales, dueño y señor de un buen sillón que con el pulular por los canales televisivos ha ido horadando una horma que encaja a la perfección con su columna vertebral, más descuidado que el hombre de Neanderthal y muy poco dado a las manualidades caseras, véase pucheros, costureros y otro instrumental de difícil manejo… Tamaño desastre tenía que quedar recogido, no en un libro, sino en varios, y como muestra, hoy les invito a leer una novedad de la editorial Combel, firmada por André Bouchard y Quentin Blake -sobran las palabras…- y titulada Con la cabeza en otra parte, una jocosa historieta que arranca muchas sonrisas a base de un metafórico inicio que da pie a bastantes situaciones absurdas, todo ello para hacernos recapacitar sobre lo poco valorada que está la figura de los padres. Recomendada sin más.
Y ahora que lo pienso…¡Mi padre no es de esos..! ¿O quizá sí…? El caso es que es mi padre, y como sólo tengo uno, lo mejor que puedo hacer es quererlo

viernes, 17 de abril de 2009

Bichos


¡Qué lata esto de la primavera! Unos días asándonos y otros nevando, bufando y lloviendo… ¡No hay quién la entienda!... Pero lo peor de esta estación llega con los bichos, esos que no te dejan dormir, los que te matan a picotazos, los que te impiden comer tranquilamente… ¡Qué asco de bichos!...
Es muy de agradecer que en mi nación
no encuentres casi nunca un escorpión.
Dicen que es muy difícil que en tu cama
lo encuentres una noche, ya que ama
países más calientes que los nuestros
como afirman expertos y maestros.
Yo sé que un escorpión es escamoso,
que es negro, que es maligno y venenoso
y por eso aconsejo, afirmo y digo
que un bicho así no es bueno como amigo.
Si ves un escorpión, corre y escapa
porque, si se te acerca, si te atrapa,
lo vas a pasar mal y es muy seguro
que vas a verte en un terrible apuro.
Es bicho de una idea, de una sola:
¡clavarte el aguijón que hay en su cola!,
y siempre intentará, sucio y artero,
¡clavarte ese aguijón en el trasero!
-Muchacho, ¿Qué te ocurre? ¿Qué ha pasado
que tienes esa cara de asustado?
-Hay dentro de mi cama un bicho extraño
y temo que me ataque y me haga daño.
¡Qué susto, qué mieditis, qué aprensión!,
¿y si aquí dentro tengo un escorpión?
-Jamás una bobada tal oí,
¡no hay bichos de esa clase por aquí!
-Me corre por la pierna, trepa y sube,
¡jamás tanto terror, tal miedo tuve!
Lo tengo ya en el muslo, en el derecho…
¿Tú crees que me va a subir al pecho?
¡Mamá, cázalo pronto, venga, va,
Si no lo cazas ya, me picará…!
¡Ay, que lo noto ya por el trasero!
¡Ay, ay, ayayayay… que yo me muero…!

Roald Dahl.
El escorpión.
En: ¡Qué asco de bichos!
Ilustraciones de Quentin Blake.
1985. Madrid: Altea.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Viejos artistas


Como todo hijo de vecino, un servidor estuvo su tiempo en la cola del paro. La razón es obvia: de la empresa más grande de España, no se escapa ni “La Intemerata”. Y aparte de esperar para hacer algún curso de ¿formación? e ir a cuñar cuando te toque, poco más se hace en la citada cola, así que uno opta por buscarse las habichuelas, que ya está bien la broma… Hice de todo en aquel tiempo, desde contar cuentos, hasta hablar de la “Agenda 21 Local” (pásmense). Recuerdo que presente tres actividades para la “Guía de recursos de animación a la lectura” de mi comunidad autónoma, una especie de choteo bien vestido para toda clase de artistas. Entre los proyectos que presenté (les digo que desestimaron todos… ¡Hay que ver lo mediocre que soy!), ideé uno para personas de la tercera edad (no me gusta nada esta denominación… ¡con lo que le deben muchos y muchas a los viejos!). Se trataba de un par de sesiones en las que, un grupo de mayores y yo, hablábamos de libros ilustrados y textos que tratasen aspectos familiares para ellos..., poquita cosa. Y resulta que esta mañana, zigzagueando por las esquinas de una librería, ¡me he topado con un plagio! Si no fuese porque al que ha copiado mi idea lo considero un ídolo, lo denunciaría ipso-facto… El bribón en cuestión es Quentin Blake y la obra que lo delata se titula Sólo se es joven… ¡dos veces! Editado en castellano por la editorial Océano, este libro-álbum se compone de una serie de ilustraciones que hacen referencia al mundo de los mayores, de los ancianos. En su prefacio, Quentin Blake defiende la cualidad narrativa de cualquier ilustración así como los libros ilustrados para todas las edades (cosa con la que muchos comulgamos). En definitiva, un tributo a todos los ancianos y ancianas que, como las amas de casa, bien ayudan a la economía estatal ejerciendo de chachas, esclavos y marmotas de manera altruista para que luego los olvidemos en cualquier institución de beneficencia. ¡Y que vivan los viejos y viejas de este país!

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Personificación y recursos literarios


Creo que todos, de pequeños, para pasar el rato y divertirnos a tutiplén, nos hemos inventado historias, gigantescas superproducciones en las cuales, los juguetes (pocos o muchos, dependiendo del poder adquisitivo de la época y la familia) cobraban vida y se tornaban personajes de las más surrealistas escenas. En mi casa, las estrellas eran las “barbis” y los “argamboys”, dos clásicos de la industria juguetera.
Esto ha pasado desde tiempos inmemoriales hasta hoy día, véanse las muñecas de marfil romanas o los modernos robots.
Soldaditos de plomo, muñecas de trapo, camiones, coches de juguete, un poco de imaginación y… nos sobra para ser felices por un momento.
Esto de la personificación es algo muy utilizado en todo tipo de literatura, de un modo más común en la Literatura Infantil. Son muchísimos los personajes literarios que han adquirido vida y han sido presa de las más azarosas aventuras, desde el cascanueces de E.T.A. Hoffmann, hasta el trompo y la pelota de Andersen. Pero la cosa no queda ahí… Dos de mis álbumes ilustrados favoritos recurren a este recurso para desarrollar un par de buenas historias, y se da la casualidad que los dos personajes de ambos libros sean dos marionetas.
En primer lugar cito Clown, genial obra de Quentin Blake que, sin palabras y con su colorido acostumbrado, nos relata el periplo de un payaso muy especial (les aviso que no está editada en España, cosa que me sorprende dado su éxito arrollador en los países anglo-hablantes).
El segundo puesto es para Gabrielle Vincent y La pequeña marioneta. Esta vez, el trazo de lápiz tan característico de la autora nos narra las peripecias de una marioneta, su titiritero y un niño que asiste a la función. Esta última, sí está disponible en nuestro país. Disfrútenla.

martes, 9 de diciembre de 2008

Pon un/a bibliotecario/a en tu vida



Si usted quiere proveerse de algo literariamente bueno, ponga un bibliotecario en su vida, y si no es de su propiedad, al menos compártalo, aunque sea un par de horas, con los usuarios de la biblioteca más cercana. Yo no sé cómo lo consigo pero, allá donde me dirige la docencia, allí que me topo con algún/a bibliotecario/a dispuesto a saciarme de buenas lecturas ¿O seré yo el que los atraiga?... en fin, que lo mismo da, que da lo mismo, la cuestión es aproximarse al mundo de los libros, que para eso hemos venido: a toparnos con un título desconocido, a chismorrear sobre qué lee el de al lado, que mira que edición tan inapropiada, que si cómo te gusta esa escritora, que si a yo a Boston y tu a California… Para eso están las bibliotecas y los/as bibliotecarios/as.
Y hablando de ambos, la lectura que hoy me he sacado de la manga no podía ser más indicada. Es un título que destila mucho cariño entre el personal de las bibliotecas, tiene un no-sé-qué, algo especial… El secuestro de la bibliotecaria (supongo que Margaret Mahy y Quentin Blake se habrán hecho de oro con esta obra) es un ejercicio de amor por el gremio bibliotecario (sobre todo por las féminas que desempeñan dicha labor), las bibliotecas y los libros escrito con mucho buen humor. Conservo dos recuerdos de este libro. El primero, que me encantó en su día, y me sigue encantando, es esa escena donde los bandidos, convalecientes de sarampión, escuchan los relatos de la bibliotecaria con verdadera pasión… El segundo son sus ilustraciones, con las cuales, no sólo me he deleitado mientras leía el libro, sino en una exposición que realizó el British Council junto con la Biblioteca Nacional hace unos cinco-seis años en Madrid: verdaderamente deliciosas.

jueves, 28 de agosto de 2008

Feliz no-cumpleaños junto a Rald Dahl


Si presta atención al calendario verá que, para la numerología, hoy es un día especial… Fíjese…, día veintiocho del mes ocho del año dos mil ocho… Y si a todo ello le añadimos que esta es la noticia número ochenta de este espacio, sin haberlo pensado está usted inmerso/a en un mundo casi mágico… lleno de palabras, imaginación y ocho mil cosas maravillosas, donde puede ocurrir casi de todo. Este mundo se llama Literatura, un buen lugar para perderse, ¡pero ojo! No olvide una buena brújula que le indique bien la dirección, tampoco pierda las ganas de disfrutar de todo lo que le acontezca y ni se le ocurra olvidarse de compartirlo. La Literatura está viva gracias a los ojos de todos los que leen, vive si hablamos de ella, si la comentamos, si utilizamos ocho marcapáginas distintos en un libro. La Literatura sigue nutriéndose de nuestra imaginación. La Literatura está ahí, simplemente hay que cogerla.
Por todo ello, y partiendo de esta fecha, he decidido celebrar el día de hoy por todo lo alto (casi podría ser uno de los no-cumpleaños de Humpty Dumpty en A través del espejo de Lewis Carroll -no una idea del Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo, celebración que sólo sucede en la versión cinematográfica de Alicia en el país de las maravillas, de autor homónimo, adaptada por Disney, ya que en el libro no ocurre tal cosa-…), con un invitado de lujo, con uno de esos escritores que crean universos especiales, personajes inolvidables, uno de esos autores que llenan sus historias de humor con el toque mágico de su pluma, una persona que gracias a sus narraciones se ha hecho inmortal. Hablo de Roald Dahl. Y qué mejor propuesta literaria para conmemorar un no-cumpleaños tan literario como este, que sus Cuentos en verso para niños perversos, una joya de la Literatura Infantil y Juvenil actual que aúna tradición oral, renovación narrativa, humor y rimas vivarachas. Ni qué decir tienen las ilustraciones de Quentin Blake.
¡Que disfruten de este no-cumpleaños!

jueves, 3 de julio de 2008

El libro triste


Una tarde, disfrutaba paseando entre las calles que forman las estanterías de la sección infantil de la Biblioteca Pública de mi ciudad, Albacete, cuando de repente, mis ojos chocaron con un lomo de color miel. Lo leí:
“Blake… El apellido que lo dice todo… Rosen… ¿Rosen?... ¡Rosen! El de “Vamos a cazar un oso”… ¿Y el título?... A ver… “El libro triste”… Prometedor, muy prometedor.”
Lo saqué con cuidado del estante, tomé asiento en una de las minúsculas sillas y comencé mi lectura. Fue un momento extraño, diferente, silencioso e íntimo, de esos lapsos de tiempo que hacen especial una lectura, que convierten al libro en protagonista, y este lo fue… Me abrumó la soledad que transmitían las palabras, sus ilustraciones. La carga de sinceridad fue tan pesada que oprimió mi corazón, inmóvil bajo un yunque de tristes pensamientos.

A veces la tristeza es muy grande. Está por todas partes. Me envuelve. Y no puedo hacer nada para evitarlo. […] A veces estoy triste sin saber porqué. […] Quizá sea porque las cosas ya no son como eran hace unos años. Como mi familia, que ya no es la que era hace unos años. Así que lo que pasa es que dentro de mí hay un sitio triste, porque las cosas ya no son como antes. […]

Pero aunque la tristeza envuelva una gran parte de esta hermosa historia autobiográfica y alguna tímida lágrima se esboce en el párpado, queda un resquicio para la esperanza, una parte amable que nos invita a hacerle frente a esa emoción que a todos nos apoca alguna vez:

Pero a veces me sorprendo a mí mismo mirando cosas: gente en la ventana, una grúa y un tren lleno de gente… […] Y los cumpleaños… me encantan los cumpleaños. No sólo el mío, también el de los demás. […]

Uno de mis libro-album favoritos y un ejemplo extraordinario de la buena conjunción entre imagen y texto, interdigitados en pro de una obra de gran redondez (Nota de humor: ¿Acaso mi vocabulario podría ser más periodístico?... Creo que estoy perdiendo la capacidad de expresarme con corrección… Definitivamente: no sé usar ésta, la lengua más hermosa del orbe, el castellano… Triste tristeza…).