miércoles, 31 de octubre de 2018

Matilda o 30 años de ¿¿feminismo??



Este mes de octubre se han cumplido tres décadas desde la publicación de la primera edición de Matilda, una de las obras cumbres de Roald Dahl. Treinta años (se dice pronto) desde que esta niña curiosa y enamorada de los libros entró en nuestras vidas.
Teniendo en cuenta que para un libro, uno que además sigue más vivo que nunca, son muchos años, es lógico que editoriales, librerías, bibliotecas y colegios se hayan hecho eco de los faustos. Se han realizado actividades y talleres, recogido innumerables anécdotas, organizado foros, mesas redondas, y publicado nuevas ediciones para ensalzar las bonanzas de la lectura de este ya clásico.


De entre todas ellas, la que más me han llamado la atención son las que han atendido al cariz feminista de esta obra trascendental de la Literatura Infantil. Indagando en el pasado y remontándome a los años noventa, he descubierto que esta era y es una lectura que se hace con mucha frecuencia (¡Madre mía! ¡Y yo sin saberlo! ¿Seré un bicho raro?). Según muchas opiniones, Matilda es el prototipo de la nueva mujer. Culta, inquieta, valiente, libertaria y decidida. Todo un ejemplo que debe cundir entre pequeñas, jóvenes y mayores para construir un mundo nuevo en el que las niñas tengan los mismos derechos y expectativas que los hombres. Matilda es un símbolo, un estereotipo de lo que muchos anhelan. Incluso  algunos artículos académicos también hablaban del tema. La cosa se puso seria, así que empecé a darle vueltas al asunto. ¿Realmente apunta Matilda a esa dirección? ¿Llenar de personajes femeninos una novela es indicativo de un discurso feminista? ¿Ser feminista implica ser un gran lector, culto e independiente?... Respiré y, dejando a un lado estas interpretaciones desde los foros del empoderamiento de la mujer actuales, intenté buscar puntos que rebatieran esta lectura sobre la relación de Matilda con el feminismo.


En primer lugar hay que decir que, como cualquier otra obra literaria, esta también necesitaba su protagonista. No sé qué llevo a Roald Dahl a elegir una niña en vez de un niño (llamo la atención sobre este punto ya que en las obras de este autor priman los protagonistas masculinos como Charlie, James, George o Billy) pero creo fue una elección más o menos arbitraria y nunca estuvo relacionada con razones de corte feminista.
En segundo lugar y dejando un poco de lado a su heroína, hay que hablar sobre otros personajes secundarios que, a pesar de ser mujeres, dan una visión del género un tanto nefasta. Este es el caso de Mrs. Trunchbull, Mrs. Wormwood y Mrs. Honey.


Si nos centramos en la madre de Matilda observamos que a pesar de soltar perlas que gustan mucho a sus lectoras como “Me temo que los hombres no son siempre tan inteligentes como ellos piensan”, también hemos de fijarnos en la contrariedad que representa ser una mujer que vive a la sombra de un tío mediocre e ignorante que quiere una vida similar para su hija. De feminista, poco...
Pasamos a un peso pesado, Mrs. Trunchbull, la directora de la escuela en la que estudia Matilda. Dahl la describe como una persona horrible, un auténtico antagonista que no sabe de modales ni de educación, algo que despierta una animadversión real hacia el personaje. ¿Por qué Dahl castiga así a una mujer fuerte? ¿Acaso no es esto loable en cualquier caso? ¿Por qué al final la sustituye por un hombre?


Y así llegamos a Mrs. Honey, la maestra que termina adoptando a Matilda (no es de extrañar teniendo en cuenta las afinidades entre ambas... ¿Tendría esto algo que ver con el clasismo?). Aunque muy leída y educada, Mrs. Honey es una pusilánime, se conforma con vivir escondida para no enfrentarse a unos problemas personales en los que tiene mucho que ver Mrs. Trunchbull. Si además tenemos en cuenta que la directora realiza ciertos abusos, sobre todo psicológicos, hacia esta, la cosa no pinta muy bien. Digámoslo claro, ni el carácter apocado de Mrs Honey, ni la relación que se establece entre estas dos mujeres, serían buen ejemplo de sororidad en el discurso feminista de hoy día.


Si a todo esto añadimos el aspecto de los personajes, la cosa es de traca... Les invito a que, sin perder de vista las ilustraciones de Sir Quentin Blake, comparen el físico de Mrs. Trunchbull con el de Mrs. Honey. Agua y aceite. Sale perdiendo la primera claramente. Sabemos que es una mujer por el “pecho prominente” que señala el autor y poco más, ya que tiene que ver más con un toro Miura que con una humana.


Con todo esto no quiero decir que Matilda no este sujeto a este tipo de interpretaciones (Los libros son espejos y cada uno puede mirarse en ellos como le dé la real gana. Es algo maravilloso que debe suceder), pero sí hay que tener en cuenta que reducir los libros al discurso de los ismos puede ser peligroso, sobre todo cuando esos libros desprenden mucha luz (véase el caso).
Por mi parte y obviando la relación que puede o no tener este libro con el feminismo (El caso es que me ha venido bien releerlo), yo me quedaría con los que quizá son los motivos primigenios de Dahl para escribir una obra como esta. 
El primer motivo es literario. Según ha explicado su hija a los medios en alguna ocasión, Dahl quiso reencontrarse con su yo lector a través de este libro. “Matilda fue uno de los libros más difíciles de escribir para él (Roal Dahl). Creo que había un miedo real y profundo en su corazón acerca de esos libros que estaban cayendo en el olvido, y él quería escribir sobre esto.” comentó Lucy Dahl hace unos años. 
El segundo se refiere a otro pilar básico en la obra de Dahl, el desdén hacia el mundo adulto. Tanto en Las brujas, como en Charlie y la fabrica de chocolate o James y el melocotón gigante, los adultos y su universo son ridiculizados, algo que da buena cuenta del carácter subversivo de la obra de este autor, tan afín a los niños.
La última razón es la crítica hacia la institución escolar. Tal y como explica en su Boy. Relatos de infancia, las malas experiencias en este ámbito fueron decisivas para inspirar libros como este donde, a modo de denuncia infantil, narra algunas prácticas indeseables que todavía hoy se llevan a cabo desde la institución educativa. 
El resultado de esta suma fue magnífico, sobre todo porque Dahl hizo lo que mejor sabía hacer: escribir lo que le daba la real gana. Algo por lo que brindaré durante este cumpleaños. ¡Larga vida a Matilda!


NOTA: Todas las imágenes que acompañan a esta entrada excepto la primera pertenecen a la serie de ilustraciones que Sir Quentin Blake ha realizado re-imaginando al personaje Matilda treinta años después.

1 comentario:

miriabad dijo...

Fíjate cómo está las historias que cuando encontramos un gran libro en el que la protagonista es mujer y tiene todos los dones se convierte en heroína y modelo. Sólo podemos dar a Roald las gracias por romper con el estereotipo en un libro...Un gran libro.