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viernes, 4 de octubre de 2019

De unicornios




Llegó la moda del unicornio a nuestras vidas. Todo tiene su época y se ve que los últimos tiempos necesitan rescatar mitos del pasado (remasterizados, claro está). Da igual que hoy sepamos de la existencia del rinoceronte, del narval o de los ciervos mutantes (sí, como lo oyen, hay ciervos que nacen con un solo cuerno): el ser humano sigue honrando a lo mágico. Bien por necesidad, bien por romanticismo, o bien por postureo, lo suyo es que aflore entre los adultos esa credulidad de la infancia, aunque la transformemos en camisetas, diademas y flotadores. ¡Larga vida a lo fantástico!

En altas praderas,
según testimonios,
luego de la lluvia
sale el unicornio.
Es una criatura
de albina elegancia
que caza suspiros,
que bebe fragancias.
Pétalo que llueve,
nieve que desliza,
su paso es un suave
rumor en la brisa.
Lleva un solo cuerno
de nácar su frente,
sus ojos resguardan
luz inteligente.
Dicen que su blanca
cascada de crines
viene de celestes,
lejanos confines.
Y que solamente
se vuelve visible
a los que confían
en lo impredecible.
Su paso sin sombra
dura el breve instante
en que el arco iris
se vuelve gigante.
Un oleaje de aire
se lo lleva al fin,
soplo que se escapa,
fuga de violín.

Lo quisiera cerca,
que nunca se fuera.
Caballito astado,
luna de pradera.

María Cristina Ramos.
Cascada de crines.
En: Desierto de mar y otros poemas.
2013. Buenos Aires: SM.



viernes, 9 de marzo de 2018

Sin patio pero sin prisa


Señoras, señores, ¡hoy no trabajo! Por estos lares celebramos el día del docente y nada, hacerles saber que aunque he cambiado el patio del instituto por la biblioteca (uno, que lleva mucho trabajo atrasado...), acabo de tomar una poesía entre las manos ambientada en los recreos escolares y el origami (ya saben que siento debilidad por el papel plegado), que va dedicada a mis alumnos. ¿Que te parece, Cris Ramos?

Cuando anunciaron recreo
las patitas del reloj,
el silencio se hizo hoja
que una hormiga se llevó.

Y en bullicio galopante
niños y niñas salieron
a poblar todo el espacio
que en el patio consiguieron.

En el aula practicaban
el plegado y la doblez,
por eso traen en sus manos
cien figuras de papel.

[…]

María Cristina Ramos
En: Grulla en el recreo.
Ilustraciones de Valeria Cis.
2014. Buenos Aires: Planeta Lector.


viernes, 3 de febrero de 2017

Cuando el olvido no es olvido


Olvido que sabe a yogur y miel, también a queso frito. Olvido que sabe a besos, a dulce, a campo y tomillo. En lo alto del monte también campa el olvido. Olvido pintado de trigo y las olas de tu flequillo. Olvido que huele todavía, por eso no es olvido. Mientras guardo en mi corazón el mar de tus ojos, de tu sonrisa, lo infinito...

Guardo estrellas en un vaso
y en una caja, suspiros.
Voy haciendo, paso a paso,
el trabajo del olvido.

Todas las letras del nombre
y las calles que anduvimos;
las flores que había en la tarde
la tarde en que no nos vimos.

El color claro del sol
disfrazado de amarillo,
y los diamantes de luz
que soltaba en su flequillo.

La fecha del cumpleaños,
el teléfono y su signo.
Voy haciendo, paso a paso,
el trabajo del olvido.

María Cristina Ramos.
Teolvido del paso a paso.
En: El mar de volverte a ver.
Ilustraciones de Federico Combi.
2014. Buenos Aires: Quipu.



martes, 24 de mayo de 2016

Encuentros de palabras y versos como colofón


Mientras el traqueteo del tren se convierte en la melodía del camino, uno se emboba con el paisaje y empieza a darle al coco, a lo que acontece. Como a lo del pasado sábado...
Me crucé la península cargado de libros (¡Lo que pesa el cartoné!) hasta dar con mis huesos en la comarca del Somontano. Barbastro, para más datos. A media mañana abrí la maleta y fui ¿sacando?... ¡Qué va! ¡Contando! Una a una las historias que había buscado. Y mientras, yo me hablaba, ellos se leían y todos nos ibamos escuchando. Así son los libros, que, desde Huesca a Albacete, van conversando de patos y muertes a las que algunos se muestran reticentes, de bombines y otros utensilios desternillantes, de cómo las rectas conquistan a los puntos, de vacas que la diñan al principio para vivir en muchos finales, del pastel que cocina el bueno de Miguel, de olas salvajes y juguetonas, de hilos que tejen nuestros días, de ratones que miran el mundo con otros ojos, o incluso, de otras geografías.
Lo único que me faltó, y que una voz potente se encargó de recordarme, fue algo más de poesía. Y como el aquí lector, aunque cachondón, también hace las veces de respondón, les ha traído a los docentes del Alto Aragón, un poema como colofón, que, como bien dice Cris Ramos,

A los maestros...
Para que todo mensaje
que pase, pueda volver,
y el amor siga volando
como suele suceder.

***

El maestro escribía
con letra redondeada
la propuesta del día.
Ni un rumor ni una risa,
sólo las bien peinadas
frasecitas en tiza.

El maestro quería
una carta explicar:
cómo armar su escritura
qué pensar, qué anotar.

Pues la carta -decía-
tiene un efecto tal
que hace que los lejanos
se vuelvan a juntar.

[…]

María Cristina Ramos.
En: Papelitos.
Ilustraciones de Claudia Legnazzi.
2004. México: Fondo de Cultura Económica.


viernes, 22 de enero de 2016

Hablando de LIJ con... María Cristina Ramos


Román Belmonte: Me encanta y me halaga que haya accedido a este tercer grado. Es un honor charlar sobre poesía infantil con una dama rimada. Y a las damas, no hay que tutearlas, más si cabe, cuando las admiras a través de sus palabras... Defínase con unas cuantas.
María Cristina Ramos: Mecer, golondrina, tejido, silencio, sandía, mirada, misterio…
R.B.: Por cierto, ¿con que rima monstruo?
M.C.R.:
Monstruo no sabría con qué rima
pero tengo palabras que se arriman,
que rodean con gracia y que perviven
con los monstruos y el lugar en donde viven.

R.B.: (Boquiabierto)
M.C.R.: Y yo pregunto:
¿Qué es el aire cuando acaba de nacer?
R.B:
Un vuelo suave, tranquilo... Ligera poesía.
M.C.R.:
¿Por qué los cangrejos se dedican a la relojería?
R.B:
Porque ellos, como el tiempo, andan del derecho y del revés

Perdone las dobleces pero, ¿piensa o escribe en verso?

M.C.R.:
Ay, Román, usted siempre con sus treces!
Cabría responderle en dulce prosa
pero usted me provoca con palabras
ligeras y fragantes como rosas.
Si acaso no declina
el entredós,
si acaso no se espina
el tú o el vos,
puedo seguir jugando
en entreversos;
avise usted si pierdo la hebra fina.


R.B.: Recíteme unos versos infantiles en voz alta...
M.C.R.:
Quiero a la sombra de un ala
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

R.B.: Hablando de palabras, versos y rimas... ¿es más fácil hacer un soneto con acento argentino?
M.C.R.: Tal vez...

No sé si fue la madre que cantaba
el revolar de espumas y de olvido.
No sé si algo de luz o algo de nido
tuvo la sombra que el parral me daba.

Si fácil no es la vida, la palabra
¿acaso es pan verbal, casi destino
que se vuelve vitualla en el camino
cuando el cielo sin paz se descalabra?

En agua de sonetos yo he bebido
voz de abuelos lejanos que vivieron
sueños de mar y oleajes peregrinos.

De sus voces secretas he nacido
y está el mar redondeando mi silencio
que habla a solas de todo lo perdido.


R.B.: Somos pocos los divulgadores de la Literatura en general y la Literatura Infantil en particular, que abanderamos versos infantiles en nuestro ideario de forma regular, ¿cree que eso va en detrimento de la visibilidad de un género tan minoritario?
M.C.R.: No somos muchos, pero somos buenos… Y como no atino mucho a responder, ¿podría responder usted?
R.B.: (Risas) ¡No deje la pelota en mi tejado o se llenará de peros!... El pero número uno: ¿Cómo vamos a engordar la poesía con lo pobres de rimas que andan las estanterías?; el pero número dos: ¿Dónde están los poetas cuando se les necesita? (Arrime la oreja, Doña Cristina... Hace un par de años hice un llamamiento a poetas y/o poetisas -N.B.: Como yo no entiendo de connotaciones peyorativas, prefiero prestarle atención a sus palabras y avanzar con la poesía infantil- para poder seguir llenando los viernes de los monstruos con dulce rima, y no se sorprenda si le digo que aún los ando esperando...); y el pero número tres (estoy algo soñoliento): la poesía es a la literatura, lo que la música al arte. Está tan presente que no le importa a nadie.
Cambiando de tercio... Siempre he creído que poetas o poetisas como Gloria Fuertes o María Elena Walsh trascendieron en sus respectivos países dedicándose al público infantil porque fueron aupadas por las instituciones gubernamentales y educativas, así como por los medios de comunicación, algo que en nuestros días es impensable... ¿A que se debe la falta de apoyo a la cultura hoy?
M.C.R.: Disiento un poquito. María Elena Walsh se abrió camino en nuestro país de la mano de la música y de su propia excelencia. Fue una voz fundadora de una sensibilidad en un momento de país.
En cuanto al apoyo institucional, en Argentina ha habido en los últimos años un gran apoyo al libro y la lectura. Aún así hay conexiones rotas que hay que reparar. Seguimos buscando docentes que descubran la poesía y la compartan gozosamente. Y digo poesía, no texto rimado solamente.
R.B.: ¿Por qué la poesía infantil es una parcela la mar de femenina?
M.C.R.: No lo sé. Creo que se impone aún un prejuicio que impide que el mundo masculino se deje impregnar por lo poético.


R.B.: Cada vez que visito una librería me doy de bruces con la realidad: cuatro libros de poesía frente a tropecientos de narrativa... ¿Será más difícil parir una poema que una novela? ¿Será más fácil vender párrafos o estrofas?...¿A qué cree que se debe?
M.C.R.: Es un tema complejo. Los libros de poesía se venden menos en parte porque se los asocia con cierta dificultad en la lectura, en un tiempo en que todo debe ser rápido y cambiante, en un mundo que parece alimentarse de vértigos. Es más, la narrativa que se lee mayoritariamente es una narrativa lavada, sin demasiado trabajo de discurso. Si bien estoy generalizando, extraño ese tiempo en que leíamos narrativa y remarcábamos párrafos para volver a leer o para compartir, porque su impacto nos desbordaba, alimentaba nuestra sed de leer. Además, volviendo a la poesía, a veces hay encuentros con textos de estafa. Llamo así a aquellos escritos en verso, que no llevan a la hondura, a la reconfortante alegría o al deslumbramiento de lo poético. Si lo más frecuente es encontrarse con ese tipo de textos es natural ponerse a salvo, huir hacia otra cosa.
R.B.: Los teóricos defienden la poesía infantil, junto a retahílas y canciones, como grandes aliadas a la hora de construir lectores. En un mundo en el que poco queda ya de los juegos a pie de calle y la tecnología sirve de distracción, ¿sigue vigente esa interacción entre rimas y lectura o deberíamos buscar alternativas?
M.C.R.: Las dos cosas me parecen acertadas. Pero en mi experiencia no hay niños que no disfruten de la poesía si se les lee bien. Pero ¿qué es leer bien un poema? Haberlo leído previamente, haber conectado con su mundo de sugerencias, haber encontrado la voz capaz de acompañarlo. Muchas veces descubrimos la belleza de un poema cuando alguien nos lo lee dedicando su tiempo y su voz, donando su propia lentitud, su singular delicadeza.


R.B.: La primera vez que leí su Papelitos, recordé algo... En mis años de escuela, los maestros nos obligaban a memorizar poemas. Todavía me acuerdo de muchas estrofas y, aunque en aquel entonces no comprendía las razones, hoy me alegro de que alguien se empeñara en que guardásemos versos en la cabeza. ¿Sigue siendo el maestro el mayor divulgador de Literatura Infantil?
M.C.R.: Sin dudas, el maestro y el bibliotecario. Y creo que hay que volver a invitar a los chicos a que memoricen poemas. Y digo invitar, que no se trate de una imposición. Memorizar un poema elegido es también encontrar un territorio interior con el cual vincularse cada vez. Y son espacios que necesitan de esa cadencia, de ese acompañamiento de sensibilidad que reside en la palabra poética.
R.B.: ¿Y esos libros dedicados que me iba a enviar? ¿Para cuándo?... No me gustaría que le concedieran el Andersen (ese al que ya ha sido nominada una vez) y no tener en mi poder algo que valdría millones...
M.C.R.: Ahora, cuando cambie la luna.
R.B.: Me chifla jugar, comer y leer... ¿A que le gusta jugar a usted? ¿Y comer? ¿Y leer?
M.C.R.: Jugar sobre todo con las palabras, como en el casi contrapunto del inicio de esta tan linda, refrescante y a la vez seria entrevista que creaste, Román.
Comer, uva moscatel. Leer aquello -que no es fácil encontrar- que me hace detenerme en el tiempo, cerrar los ojos, paladear las frases, sentir que se renueva el mundo.




Aunque la ciudad de Mendoza (Argentina) vio nacer a María Cristina Ramos Guzmán en 1952, esta reside en Neuquén, la Patagonia, desde 1978, desde donde ha ejercido su labor como poeta/isa, escritora, editora, divulgadora y profesora de literatura. De entre el sinfín de libros de poesía infantil que ha publicado destacan Un sol para tu sombrero (Libros del Quirquincho, 1988, Re-ed. Sudamericana, 1999), Maíces de silencio (obra con la que fundó la editorial Ruedamares en 2002), La luna lleva un silencio (Anaya, 2005), Papelitos (FCE, 2007) o Dentro de una palabra (Sudamericana 2014). También ha cultivado la narrativa para niños (Cuentos de la buena suerte, El libro de Ratonio o Belisario), para adultos (La secreta sílaba del beso) y el ensayo (Aproximación a la narrativa y poesía para niños: los pasos descalzos y La casa de aire: la literatura en la escuela). De entre todos los galardones y reconocimientos, destaca su nominación para recibir el premio H. C. Andersen en 2013.

viernes, 13 de febrero de 2015

Versos, palabras y amantes


Y poniendo punto y final a esta semana en la que el amor ha sido la excusa perfecta para hacerles llegar unos cuantos títulos que merece la pena reseñar, les traigo (como acostumbro los viernes) unos versos que también nos hablan de encuentros y sentimientos de mano de Cristina y Claudia, recientemente reconocidas por la Fundación Cuatrogatos (¡mis saludos a Miami!) en su selección anual -que pueden visitar aquí-. 
¡Disfruten de San Valentín! (si pueden…).

Caminan y se vuelan
desarrapadamente
en el aire ondulado
que les deja la gente.

De vereda en vereda
se les va la mirada;
la tarde inventa lluvia
de pequeñas palabras.

Pero gira el silencio,
y en un viraje vivo
deja caer su pluma
de mensajes esquivos.

Si la esquina los junta
frente a frente a los dos,
¿se dirán con los ojos
lo que en palabras no?

María Cristina Ramos.
Tal vez.
En: Dentro de una palabra.
Ilustraciones de Claudia Degliuomini.
2014. Santiago (Chile): Editorial Sudamericana.


sábado, 8 de febrero de 2014

Elegía al amor perdido


Aunque resulte difícil creerlo, me he pasado los días buscando palabras para hacerte un regalo en este día, el mismo en el que, dos años atrás nos cruzamos... Y no he encontrado ninguna. Se me han ido tan lejos como tú…
Tras cortarte la vida el pasado lunes y quebrar nuestro férreo abrazo, aguardo mudo el día en el que regresen. ¿Me ayudarás a cazarlas de nuevo? ¿Con tus ojos claros y la sonrisa luminosa que gastabas? ¿Con la dulzura de tus besos y ese flequillo mimbreño?... Y desde las nubes, ¿harás brotar en mi boca nuestros recuerdos? 

Un leve y claro cristal leve,
un pétalo que roza lo indecible,
el lazo de un matiz que se desata,
la pasión de la luz que se despide.
Un leve y claro paso leve,
un rumor de plumaje fronda arriba,
sendero que pierde en la espesura,
un color en quietud de siempreviva.
Un leve y claro sueño leve,
el ámbar que destilan los relojes,
una espera de párpados adentro,
una espiga que cae sobre la nieve.
Un leve y claro viaje leve,
lo que está y de repente ya se ha ido,
la huella que en el aire se deshace,
lo que se muere y lo que no se muere.

María Cristina Ramos.
Huella.
En: En un claro del mundo.
2010. Ruedamares: Neuquén.


Imágenes: Rob Ryan

viernes, 24 de enero de 2014

Tropiezos caminando


De niños juguetones está el mundo lleno, sobre todo los patios de recreo, las guarderías y los parques y jardines, lugares todos ellos donde pueden dar rienda suelta a sus pies primerizos para gatear, patalear, andar y correr. La pena es que algún patoso, dé un traspiés, y sufra desconsolado, más de lo debido, a tenor de lo cual se suelen unir en coro los llantos de los demás y se arma un jaleo descomunal. ¡Menos mal que siempre hay alguien que sabe calmarlos y consolarlos!

[…]
Le dio una pizquita
de ruda marchita
para el mal de ojos,
dijo que cumplieran
todos sus deseos,
todos sus antojos.
Y como lloraban
todos los Juanitos
por el indispuesto,
a aquel le brotaron
nuevos corazones
que llevaba puestos.
[…]

María Cristina Ramos.
Caminadito de los Juanes.
En: Caminaditos.
Ilustraciones de Elsa Arguilé.
2013. Madrid: Los Cuatro Azules.


lunes, 8 de febrero de 2010

Regalo de cumpleaños


A la hora de recordar las fechas señaladas, suelo combinar los dígitos a mi libre albedrío, asunto muy propio que a veces da buenos resultados y otras se resume en sonora catástrofe. También ocurre que en ocasiones, la memoria me abandona por entero y lo único que resta es un vago recuerdo. Creyendo que hoy es mi día de suerte y que he dado con el regalo apropiado, te deseo que cumplas muchos más, pajarico.

Péiname
cuando me peines
con peinecitos de escarcha,
porque los peines de luna
me despeinan las pestañas.

Lávame
cuando me laves
con jaboncitos de trébol,
pues los jabones sin suerte
se escurren entre los dedos.

Sécame
cuando me seques
con un toallón sin puntillas
pues los hilitos finitos
se pegan en mis cosquillas.

Préstame
todos los días
un sombrero para el sol,
un sol para mi sombrero
y una sombrita de amor.

María Cristina Ramos
Todos los días.
En: Un sol para tu sombrero.
Ilustraciones de Raúl Fortin.
1999. Editorial Sudamericana: Buenos Aires.
Ilustracion del post: Isabelle Arsenault.

viernes, 24 de abril de 2009

Mapirisas


Y este viernes de poesía, por continuar con la cuestión zoológica les traigo unos versos de María Cristina Ramos, que ya saben que es una de mis poetisas favoritas… Siempre es agradable terminar la semana con un poco de rima, así que ya saben…

En la marirronda
de las mapirosas,
maricuriosea
una marirrosa.
Traía un vestido
muy mariposeado,
pero un viento loco
se lo ha despintado.
Y risa que riza,
blanca mapirisa,
buscando colores,
girando en la brisa.
Largas patas largas,
maribailarina,
baila un bailecito
sobre las espinas.
Junta la retama
gotas amarillas,
soles en las alas

de la maripilla.

María Cristina Ramos
Una mapirisa risa que riza.
Ilustraciones de Claudia Legnazzi.
2008. Barcelona: Océano Travesía.

viernes, 13 de febrero de 2009

Mensajes en la lluvia


Querida María Cristina Ramos,

Desde el otro lado del charco te envío mi enhorabuena. Una vez más, has conseguido que me enamore de esta lengua que compartimos. Nunca nos hemos visto, tampoco hemos estrechado las manos, ni hemos disfrutado de un ameno paseo, pero a pesar de ello, me dirijo a ti como si fueses una vieja amiga, ya que, de vez en cuando, entreabro tus libros y dejo que tus palabras envuelvan mi mundo, ese pequeño lugar que habito desde hace unos cuantos años. Los libros son como el vuelo de las aves que, entre las plumas, engarzan mensajes y cruzan los océanos, llevando y trayendo pensamientos, derribando los muros que tantas veces nos asolan.
Sin más motivo que desearte un espléndido día, se despide uno de tus lectores.
Román Belmonte Andújar

El cielo es una mata
de gotitas en vuelo,
parece que la tierra
fuera a beberse el cielo.

Llueve sobre los campos,
en las ciudades llueve;
la montaña no deja
de pensar en la nieve.

[…]
María Cristina Ramos
Barcos en la lluvia.
Ilustraciones de Claudia Legnazzi
2007. México: FCE

jueves, 6 de noviembre de 2008

Amigos


Al ser humano, la mayor parte de las veces, le es tremendamente pudoroso dedicar unas palabras a las personas que quiere. Es extraño que nos resulte tan difícil regalar unas palabras cariñosas a nuestros amigos. Es casi un tópico, pero muy cierto, eso de que a quien más apreciamos, nunca se lo recordamos, así que, este tren de palabras, va volando para mis amigos…


Ando buscando palabras
para llevarle a mi amigo.

Montoncito de pelusas
que con ramas se han tejido;
lugar tibio con pichones…
Pero mejor, no lo digo.

Ando buscando en la torre
un algo para mi amigo.

Con un vestido de bronce,
badajo, golpe, sonido.
De tañidos puebla el aire…
Pero mejor, no lo digo

Ando buscando en la noche
algo en luz para mi amigo.

Gotita escasa de luna
que apaga y prende su brillo.
Fugaz destello en la sombra…
Pero mejor, no lo digo.

Pizca de luz y de sones,
y un manojito de trinos,
que alcancen para decirle
las cosas que no le digo.


María Cristina Ramos
Palabras
En: La luna lleva un silencio.
Madrid: Anaya.

martes, 17 de junio de 2008

Poemas en un día de sol




YO QUIERO REÍR
Antonio García Teijeiro

Yo quiero reir.
No quiero llorar.
Yo quiero sentir
el verde del mar.

El verde del mar
y el azul del cielo.
Yo quiero, yo quiero
tal vez navegar.

Sí, sí, navegar
arriba, en el cielo.
Tratar de volar
de espaldas al suelo.

Un pájaro, un pez,
yo quisiera ser
y poder cruzar
las nubes y el mar.

VELA
María Cristina Ramos

Ha zarpado un barco
blanco de papel.
La mesa le ha dado
un mar de mantel.
Pirata de miga
lo mira zarpar
desde la cercana
torre de la sal.
Un faro de aceite
le guiña su ojo,
el vinagre envía
mensajes en rojo.
La noche está en vela,
no sabe por qué
ha zarpado un barco
blanco de papel.

SI TU BOQUITA FUERA...
Luis Pescetti

Si tu boquita fuera de mayonesa
yo me la pasaría besa que besa
Y besa que besa, la mayonesa.

Si tu boquita fuera de chocolate
yo me la pasaría bate que bate
Y bate que bate, el chocolate
y besa que besa, la mayonesa…

Si tu boquita fuera de calabaza
yo me la pasaría masa que masa
Y masa que masa, la calabaza
Y bate que bate, el chocolate
y besa que besa, la mayonesa…

Si tu boquita fuera de limón verde
yo me la pasaría muerde que muerde
y muerde que muerde, el limón verde
Y masa que masa, la calabaza
Y bate que bate, el chocolate
y besa que besa, la mayonesa…
Si tu boquita fuera terrón de azúcar
yo me la pasaría chupa que chupa
Y chupa que chupa, terrón de azúcar
y muerde que muerde, el limón verde
Y masa que masa, la calabaza
Y bate que bate, el chocolate
y besa que besa, la mayonesa…

Si tu boquita fuera una fresita (de frutillita)
yo me la pasaría "mmm" rica que rica
Y rica que rica, que es la fresita
Y chupa que chupa, terrón de azúcar
y muerde que muerde, el limón verde
Y masa que masa, la calabaza
Y bate que bate, el chocolate
y besa que besa, la mayonesa…

Si tu boquita fuera de caramelo
yo por esa boquita me tiro al suelo
Me tiro al suelo, por caramelo
Y rica que rica, que es la fresita
Y chupa que chupa, terrón de azúcar
y muerde que muerde, el limón verde
Y masa que masa, la calabaza
Y bate que bate, el chocolate
y besa que besa, la mayonesa…
Ilustraciones: Gustavo Aimar y Leonor Pérez

martes, 6 de mayo de 2008

Cartas y carteros en la Literatura Infantil


Escribir de buena mañana es una sensación bastante placentera, pero lo que no me explico todavía es cómo el encéfalo se encuentra despejado para estas ocurrencias después de un colapso a base de vino de cartón…
Hablando de escribir, hace tiempo que no escribo carta alguna. Creo que la última se remonta al pasado abril. Recuerdo la sensación de la tinta sobre el papel, de cómo me las ingeniaba para ahorrar sobres, de los errores manuscritos, de su sabor tangible, real, de esa emoción al recibir la correspondencia… Todo está extinto. Todo empezó con el telegrama, siguió con el teléfono, el e-mail y el WhatsApp. No es de extrañar que el mundo avance, que las nuevas tecnologías suplan a las antiguas y que la pérdida del romanticismo sea otra de las muchas consecuencias de este mundo loco, fugaz.


NOTA: Fíjese, amigo lector, si mi mente está activa, que acabo de tener una idea pasmosa… Mañana, a no más tardar, mis queridos pupilos deberán escribir una carta al científico que deseen, de tal forma que, en ella, deben incluir, de manera indirecta, datos biográficos de éste y algunos de sus descubrimientos y/o investigaciones. Perfecto: otra actividad más. Lástima que estas contribuciones no se contemplen en el salario.


Tan importantes han sido las cartas en la cultura, que me vienen a la mente un montón de libros que tratan de cartas y carteros. He aquí todos lo que conozco para que ustedes le saquen rentabilidad y puedan hablarles a los niños que hace no mucho, en vez de estar todo el día con el móvil, nos enviábamos misivas utilizando sellos y sobres.
Empiezo con uno de mis favoritos. Los versos del Papelitos de María Cristina Ramos y Claudia Regnazzi (Fondo de Cultura Económica) hablan de cómo vuelan los mensajes de un lado a otro de la clase mientras el maestro explica qué es una carta. Una hermosa paradoja que comienza así:

El maestro quería
una carta explicar:
cómo armar su escritura,
qué pensar, qué anotar.
Pues la carta –decía-
tiene un efecto tal
que hace que los lejanos
se vuelvan a juntar.

Otro gran ejemplo de lenguaje epistolar lo encontramos en la obra de Lygia Bojunga Nunes (imprescindible), concretamente en su relato El bistec y las palomitas incluido en su recopilación de relatos Adiós donde la denuncia social y la amistad se encuentran gracias a la gastronomía. Por desgracia está descatalogado, así que hagan uso de sus impuestos y diríjanse a una biblioteca.


También encontramos cartas en un buen puñado de libros que tienen como protagonistas a destinatarios muy especiales. Papá Noel, los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez son personajes de la cultura popular a quienes los niños suelen enviar cartas. En la actualidad son el último bastión del correo físico ya montones de críos aprenden cómo escribir una carta o qué es un buzón de correos gracias a ellos. 


J. R. R. Tolkien. Cartas a Papá Noel. Minotauro.



Yukiko Tanno y Mako Taruishi. La carta de Papa Noel. Corimbo.


Elvira Lindo. Olivia y la carta a los reyes magos. Ilustraciones de Emilio Urberuaga. SM.


Antonia Rodenas. Cartas a Ratón Pérez. Ilustraciones de Carme Solé Vendrell. Anaya.



Emma Yarlett. Una carta para Papá Noel. Edelvives. 

¿Se acuerdan de aquellas secciones que había en periódicos y revistas para entablar relaciones por correo? Seguramente si las vieran los niños de hoy se extrañarían, pero lo cierto es que fueron las precursoras de las actuales redes sociales y apps de contactos, prueba de que el hombre es el ser comunicativo por excelencia (NOTA: Por cierto, en esta selección hay un libro basado en aquellas secciones de "amigos por carta"). 
Esa es la razón por la que las cartas son protagonistas en muchos libros que nos hablan de amores y amistades, la mejor de las excusas para coger papel y boli y dedicarle unas bonitas  palabras a esas personas. Seguro que se te ocurren las palabras idóneas, y si no, siempre puedes probar una y otra vez hasta que las encuentren. Aquí siguen cuatro historias que bien merecen atención (hay otras muchas que he ido añadiendo a lo largo del post, pero he tenido que elegir estas para ilustrar esta consideración).


Martin Baltscheit. El león que no sabía escribir. Lóguez.


Megumi Iwasa y Jun Tanabatake. Jirafa africana. FCE.





Toon Tellegen. Cartas de todos para todos. Ilustraciones de Jessica Ahlberg. Noguer.



Toon Tellegen y Axel Scheffler. Cartas de la ardilla a la hormiga. Blackie Books.


También hay libros en las que las cartas son una vía para fortalecer los lazos sociales (o romperlos). En unos libros es el cartero quien las escribe para poner algo de orden en el vecindario, otras esconden historias muy personales, y en otros, las palomas se permiten la licencia de repartirlas entre quienes van al parque. Una idea hermosa sobre la que seguramente descansan otros libros.


Philippe Lechermeier y Delphine Perret. Cartas escritas con plumas y pelos. Pípala.



Susanna Isern y Daniel Montero Galán. Cartas en el bosque. Cuento de Luz.



NiñoCactus y Celilia Varela. Las palomas del parque. Libre Albedrío.


Son muchos los autores que se han dedicado al género epistolar, tanto dentro de la literatura Infantil, como fuera de ella. Libros enteros donde podemos leer cartas enteras que nos transportan a lugares jamás vistos e historias que no podríamos imaginar. 
El género epistolar nos envuelve por completo en la acción ya que, por un lado utiliza el lenguaje directo (el autor parece hablarnos) y por otro, eso de inmiscuirse en la correspondencia ajena tiene un puntito excitante que no deja indiferente (saltarse las prohibiciones a base de voyeurismo). 
Ensayos, biografías o como marco espacio-temporal de una novela, las cartas tienen su hueco en el universo de la ficción y la no ficción infantil desde que el género alcanzara su cumbre en el siglo XVIII. 
Cabe destacar que en los últimos tiempos, este género ha continuado pero con formato de correo electrónico, que sigue siendo lo mismo pero exento de ese romanticismo que tiene la supuesta tangibilidad. Obras como Pomelo y Limón de Begoña Oro dan prueba de ello.


Rudyard Kipling y Mauro Evangelista. Carta a un hijo. Edelvives.



Christine Nöstlinger. Querida Susi, querido Paul. Iustraciones de Julia Bereciartu. SM.



Leo Meter. Cartas a Bárbara. Lóguez.



Anna Sakowicz. Cartas al señor A. Ilustraciones de Ewa Beniak-Haremska. Thule.



María Inés Falconi. Cartas para Julia. Loqueleo-Santillana.



Bram Stoker. Drácula. Anaya.



Mary W. Shelley. Frankenstein o El moderno Prometeo. Ilustraciones de Elena Odriozola. Nórdica.



Begoña Oro. Pomelo y Limón. SM.


Llegamos a la sección estrella de esta selección en la que hablaré de la ingente cantidad de páginas que se han dedicado al oficio de cartero y otros mensajeros en la Literatura Infantil. No se deben extrañar pues es una profesión que da mucho juego. Conocen gente de todo tipo, realizan una labor social, son los perfectos intermediarios, portadores de buenas (y malas) noticias y tiene mucho encanto (más todavía si son amables y simpáticos, que hay algunos por ahiiií...). 
Anécdotas llenas de humor, líos de todo tipo y alguna que otra víctima llenan estos libros sobre la vida de unos personajes que gustan mucho a los pequeños lectores.



Ruth Villar y Arnal Ballester. Don Queharé. La Galera.



Antonis Papatheodoulou e Iris Samartzi. Una última carta. Kalandraka.




Lilith Moscon y Francesco Chiacchio. Un regalo para Nino. A buen paso.



Jutta Bauer. El mensajero del rey. Lóguez.



Kate Hindley. Marcelo, el cartero. Edelvives.



Marianne Dubuc. La ruta del ratón cartero. Juventud



Tor Freeman. Otto el perro cartero. Blackie Books.



Michael Escoffier y Matthieu Maudet. Hola, cartero. Océano Travesía.



Caracolino y Canizales. Carteras y carteros. NubeOcho



Mercedes Pérez Sabbi y Renata Gallio. Las dentaduras de Paco Palma. OQO



Alfredo Gómez Cerdá. El cartero que se convirtió en carta. Ilustraciones de Emilio Urberuaga. Edelvives.



Guillaume Perreault. El cartero del espacio. Juventud



Ruth Brown. El viejo árbol. Juventud.


Susana Peix y Sara Sánchez. El cartero que no sabía leer. Triqueta.


Si lo piensan bien hay montones de historias que comienzan con una carta. Perdidas, importantes, estúpidas, llenas de sentimientos, informativas o informales. Las cartas son interruptores narrativos de primera magnitud en torno a los cuales se desarrolla cualquier tipo de acción. Conspiraciones de poder, embrollos familiares, denuncia social, misterios sin resolver, enfrentarse a la timidez, el cuidado del medio ambiente, y mucha magia y fantasía. Prueba de ello aquí tienen un buen montón de historias donde pueden sumergirse.


Julia Donaldson y Axel Scheffler. Las tres cartas de oso. Juventud.



Philip C. Stead y Matthew Cordell. Entrega especial. Océano Travesía.



Roser Rimbau y Rocio Araya. La carta. TakaTuka.



Txabi Arnal Gil y Julio Antonio Blasco. La ladrona de sellos. Edelvives.



Jacques Goldstyn. El prisionero sin fronteras. Picarona.



Michael Morpurgo y Jim Field. La carta del abuelo. Andana.



Cat Min. Tímida Willow. Pijama Books.



Dawn McNiff y Patricia Metola. Cartas desde mi cielo. SM.



Magali Attiogbé. La carta. Un viaje extraordinario. mtm



Sergio Lairla y Ana G. Lartitegui. La carta de la señora González. A buen paso.



Alex Cousseau y Éva Offredo. Murdo. Una investigación disparatada. Librooks.



Meritxell Martí y Rocío Bonilla. El consultorio de la señora Ánser. Flamboyant.



Irene Verdú y Verónica Aranda. Una carta. Algar.



Vicente Muñoz Puelles. Óscar y el león de correos. Ilustraciones de Noemí Villamuza. Anaya.



Beatriz Osés. Los escribidores de cartas. Ilustraciones de Kike Ibáñez. SM.



Daniel Hernández Chambers. La chica que coleccionaba sellos y el chico que esperaba un tren. Ilustraciones de Xavier Bonet. Anaya.



Ana María Machado. De carta en carta. Ilustraciones de Juan Ramón Alonso y Natascha Rosenberg. Loqueleo-Santillana.



John Bellairs. La carta, la bruja y el anillo. Alfaguara. (De la serie La casa del reloj en la pared).



Marcos Sánchez Calveiro. El cartero de Bagdag. Edelvives.



Andreu Martín y Jaume Ribera. El cartero siempre llama mil veces. Anaya.



Amaia Cía Abascal. Nada o qué tienen en común un mago y un aprendiz de cartero. Edelvives.



Tonke Dragt. Carta al rey. Siruela.


Manuela Santoni. La carta perdida en el tiempo. Libre Albedrío.


Cuando hablamos de cartas en el universo del libro-álbum tenemos que referirnos irremediablemente a la carta como objeto. Y es que unir en un mismo formato eso de pasar las páginas con abrir un sobre para descubrir lo que hay dentro, tiene mucho encanto.
Todo lo que tenga que ver con la manipulación tiene mucho sentido en el objeto-libro algo de lo que ya he hablado en muchas ocasiones con el libro pop-upel libro-juego, los peritextos o los libros de artista, es por ello que cuando nos encontramos con libros como El cartero simpático o unas cartas especiales de Janet y Allan Ahlberg que aúna ambos espacios narrativos -libro-álbum y carta- quedamos gratamente sorprendidos gracias a un discurso emergente que brilla en multitud de facetas. Metaliteratura, juego de descubrimiento, literatura epistolar, humor implícito y explícito, reinterpretación actual de los clásicos... Los textos multimodales son así y hay que valorarlos como merecen. 
Otros libros a los que quiero apuntar aquí son aquellos cuyo formato bebe de las colecciones de tarjetas postales y que además sirven como galería de arte de ilustradores que articulan su discurso en base a una línea narrativa que puede ser continua o fragmentada. Una poética textual y narrativa que en cierto modo recuerda al arte postal (en inglés"mail art") que tanto se cultivó durante los siglos XIX y XX, gracias a los movimientos vanguardistas y contemporáneos.


Janet y Allan Ahlberg. El cartero simpático o unas cartas especiales. Baobab.



Filippa Widlund. Cartas desde el país de las Maravillas. Tutifruti. (Basado en la obra de Lewis Carroll e ilustraciones de Sir John Tenniel).



Emma Yarlett. El correo del dragón/. Edelvives.



Jacques Prévert. Carta de las Islas Baladar. Faktoría K de libros.



Giusi Quarenghi y Anna Castagnoli. Postales para un año. A buen paso.



Alejandra Correa. Si tuviera que escribirte. Libros de las malas compañías.


Para finalizar también hay que hablar de aquellos álbumes que utilizan como línea argumental mensajes que van de mano en mano, una cadena de destinatarios que alarga la vida de las cartas, crea confusiones y juega a las adivinanzas desde una perspectiva detectivesca. Aquí un ejemplo estupendo en formato acordeón y totalmente desplegable.


Pilar Serrano Burgos y Daniel Montero Galán. La nota. Kalandraka.


Y con este selección, me despido hasta la próxima con un cómic que me encanta, que no podía faltar en una selección como esta y que todos deberíamos regalar a nuestros carteros, profesionales a los que desde aquí enviamos un saludo por su labor.