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miércoles, 14 de enero de 2009

Ediciones y aspecto exterior


Me río un poco de aquellos que, o por pura hipocresía, o por ganarse el cielo, exclaman a los cuatro puntos cardinales que la belleza, el aspecto, la apariencia o como quieran llamarlo, no les interesa lo más mínimo. Y es que claro, esta sociedad de la imagen nos hace creer en la superficialidad y así, no se puede… (noten mi ironía). En fin, que además de la violencia de género (no sé qué tipo de mentecato habrá acuñado este término: de por sí, la violencia ya es detestable, ¿alguien encuentra algún sentido a su clasificación y taxonomía?), la anorexia y demás trastornos alimenticios de origen psicológico, el acoso escolar, el acoso laboral, el acoso sexual (todos ellos conocidos hace un tiempo como “pute-arte”) y otras trepanaciones colectivas, el mundo de la imagen tiene la culpa del paro y demás afecciones nacionales.
Y hablando de libros, que es lo que nos toca, también el aspecto, la imagen y las ediciones tienen su parte de culpa a la hora de la elección.
Hace poco una de mis fans “blogueras”, Miriam, me pedía consejo sobre una edición elegante de El último mohicano (reseñado en este espacio hace unas semanas) y antes de sufrir un ataque de risa nerviosa le respondí que desconocía su existencia y que si daba con alguna, me pondría en contacto con ella. Y es que la culpa de que muchas obras canónicas no tengan la acogida esperada se debe a la labor editorial, que no se plantea en ningún momento hacer un lavado de cara a las ediciones obsoletas e ilegibles de muchos títulos clásicos. Y aunque digan lo contrario, yo sigo con mi “tole-tole”: hallábame una tarde de noviembre por uno de esos lugares conocidos como “biblioteca” deambulando entre estanterías, cuando di con un libro que me llamó la atención… El velo alzado… George Eliot (para quién no lo sepa le diré que es el pseudónimo de una de las mejores novelistas inglesas, por no decir la mejor, Mary Ann Evans -¡Feministas del mundo! ¡Aquí hay otra gran mujer!). De tapa blanda y tamaño de libro de bolsillo (adviértanse dos características que abaratan bastante la edición), descubrí un relato de gran belleza y un lenguaje exquisito. Por supuesto que no podemos compararlo con Middlemarch, pero sí creo que es una buena forma de que los adolescentes se familiaricen con autores clásicos.
Así que, lo dicho: libro bien editado es bienhallado.